miércoles, 30 de junio de 2010

Europa ha muerto (o casi)

A principios de la década de los ochenta, cuando España comenzaba a despertar de su siniestro letargo de cuarenta años, el grupo asturiano de rock Los Ilegales, publicó una canción que se titulaba “Europa ha muerto”. En ella, los de Gijón hacían recuento de los símbolos más importantes del viejo continente, para concluir que la vieja Europa ya no sería nunca más ese territorio ilustre y humanista que durante siglos había marcado el rumbo filosófico, artístico, sociológico y político del resto del mundo. Hoy, treinta años después de que aquella canción fuese compuesta, la profecía implícita en el título de la canción está a punto de cumplirse.
Y es que la ola de políticas de carácter neoliberal que recorre Europa estos días, nos está conduciendo a un callejón sin salida, un punto de no retorno del que, valga la redundancia, será difícil escapar. Veamos algunos ejemplos.
En Alemania, corazón financiero de Europa y uno de los países del mundo donde el Estado del Bienestar ha alcanzado cotas más altas, la Canciller conservadora Angela Merkel ha puesto en marcha un plan de recortes sociales y subidas de impuestos sin precedentes en la historia, y todo ello, a pesar de haber ganado las últimas elecciones con la promesa de que los impuestos no se subirían ni un solo céntimo y de que el Estado de Bienestar germano seguiría siendo como hasta ahora.
En Grecia, el gobierno socialista de Yorgos Papandreu está llevando a cabo las reformas más duras y restrictivas en la historia del país helénico: reforma radical del sistema de pensiones, recortes salariales para los empleados públicos de hasta un 25%, aumento de 35 a 40 años el número de años cotizados para recibir la pensión máxima, subidas leoninas de impuestos a las clases medias y bajas y otras recetas de carácter neoliberal.
En Italia, Silvio Berlusconi y sus socios neofascistas de la Liga Norte, han puesto en marcha un plan de recortes de 25.000 millones de euros para los dos próximos años en inversiones públicas.
En Reino Unido, tan solo unos días después de tomar posesión, el nuevo Premier, el conservador David Cameron, se dirigió a la nación para anunciar que había llegado el momento de ajustarse el cinturón de tal manera que, probablemente, el sistema de vida británico, no volvería a ser el mismo nunca más.
En Francia, Nicolas Sarkozy hizo público, hace unos días, por mediación de su Primer Ministro, François Fillon, su proyecto para retrasar la jubilación hasta los sesenta y dos años. Un auténtico mazazo para un sistema, el francés, que siempre ha mostrado con orgullo sus avances sociales y que era espejo para el resto de los estados europeos.
En Rumania, el gobierno que preside Traian Basescu, ha puesto en marcha un plan para recortar los sueldos a los empleados públicos en un 25% y las pensiones en un 15%.
Y el mismo tipo de medidas han sido tomadas o están a punto de serlo en Portugal, Hungría, Irlanda, España y otros estados de la Unión Europea. Y es que los sumos sacerdotes del capitalismo más depredador (léase el Fondo Monetario Internacional, el Banco Central Europeo, la OCDE, a nivel internacional; o aquí en nuestro país, el Banco de España, la CEOE, el Grupo de los Cien, etc.), han hallado en esta Europa sumisa y desnortada su mejor campo de pruebas. De esta manera, día sí día también, nos encontramos con medidas despiadadas que siempre afectan (negativamente, por supuesto) a los mismos: clases trabajadoras, parados, pensionistas, jóvenes y, en general, a los sectores más desfavorecidos de la sociedad europea. Entre algunas de estas medidas, tenemos, por ejemplo, reformas laborales cuyo objetivo principal es poner fin a los convenios colectivos y conseguir el despido libre, elevar los años necesarios para jubilarse, bajar sueldos a empleados públicos y a pensionistas, etc., etc. Y sin embargo, no se han puesto en marcha ningún tipo de medidas (o al menos, no de manera seria y eficaz) encaminadas a reformar el sistema financiero, a poner fin a los paraísos fiscales o en definitiva, a hacer que las medidas restrictivas recaigan en los culpables del colapso económico. De esta manera, mientras que la mayor parte de la población europea tiene que hacer unos esfuerzos de contención terribles para poder llegar a fin de mes, para poder pagar sus hipotecas, o simplemente para poder vivir dignamente, los culpables de la crisis, los que especulan a su antojo en los mal llamados “mercados” siguen viviendo en la ostentación, en el derroche y en los lujos, algo que a todas luces nos parece, cuando menos, injusto e inmoral.
En una de las numerosas manifestaciones que tuvieron lugar en Grecia durante el pasado mes de mayo, un grupo de trabajadores colgó una pancarta en la Acrópolis, en la que se podía leer: People of Europe, rise (Pueblos de Europa, levantaos). Aún estamos a tiempo, las gentes de Europa, en España, en Reino Unido, en Alemania, en Italia, en Grecia, y en cualquier otro sitio, por diminuto que sea, de salir a la calle, de levantarnos, de rebelarnos, de mostrar nuestro rechazo, de plantar cara a este sistema capitalista, deshumanizado y asesino, en el que es más importante la salud del Ibex35 que el hambre que pueda estar pasando un ser humano. Aún estamos a tiempo de decir a los gobernantes de Europa que esto no es lo que queremos los europeos. Si no lo hacemos con contundencia y a la mayor brevedad posible, el fatídico título de la canción de Los Ilegales, ya no será una profecía. Será una realidad. Y eso no pinta nada bien.

(Este artículo se puede leer también en la edición de hoy, 30 de junio, de Rebelión)

martes, 29 de junio de 2010

Cosas que pasan (II)

Hay días (muy pocos, en realidad) que uno abre el periódico y se encuentra con una noticia que lo reconforta con el mundo y con la gente que lo puebla. Ayer, sin ir más lejos, leí algo en el Diario Ideal que me sorprendió muy gratamente. En la playa de Torrenueva, una de las playas del término municipal de Motril, vive una chica que se llama Ángeles. Hace unas semanas, Ángeles abrió un chiringuito para ganarse la vida. Lo bautizó con el nombre de “El último”. Esta mujer había invertido en su negocio los ahorros de veinte (se dice pronto) años de duro trabajo. Y según cuentan (yo no lo vi), el local merecía la pena. Todo de madera, decorado con buen gusto, cerca del mar. Para colmo, su dueña colocó un cartel bien a la vista en el que se podía leer: “Precios anticrisis”. Se conoce que hay alguien en Motril a quien no le van los precios anticrisis, y ni corto ni perezoso (hablo en masculino, pero no tengo ni idea de si es hombre o mujer, que conste), con nocturnidad y alevosía, prendió fugo al chiringuito de Ángeles y adiós muy buenas, los ahorros y el duro trabajo de veinte años tirados por la borda. A todo esto hay que añadir el pequeño detalle de que Ángeles no había sacado un seguro para su local. Ya sabéis todos lo que significa eso, que esta modesta empresaria lo había perdido todo gracias a un hijo de puta que no la quiere bien. Durante dos días la pobre mujer no dejó ni un instante de llorar. No era para menos. Pero al tercer día, Ángeles pensó que llorando no arreglaba nada y empezó a patearse los bancos y cajas de Motril. Por supuesto, de los buitres no pudo sacar ni un solo euro. Cuando ya empezaba de nuevo a desfallecer, alguien, una amiga o un amigo o un primo o una prima o una amiga de un primo o un primo de una amiga, qué más da, le dijo que le podía prestar un poco de dinero, no mucho, porque los tiempos van mal para casi todos (para Emilio Botín no, pero ese no presta el dinero así como así), sin intereses, sin malos rollos, para que se los devolviese cuando el viento soplara de cara, y luego llegó otra persona y le dijo más o menos lo mismo, y luego otra y otra. Así hasta que Ángeles pudo reunir sesenta mil euros, y se ha puesto manos a la obra y ha vuelto a levantar su chiringuito, con una pequeña ayuda de sus amigos, como decía la canción de los Beatles. Y esta vez la dueña de “El último” sí que ha sacado un seguro para su negocio. Porque sabe por experiencia propia que hay gente a la que no le gustan los precios anticrisis. Y eso no mola. Pero también ha experimentado en sus propias carnes que hay gente que da sin pedir, gente solidaria que no tiene problemas a la hora de echar una mano. Y eso sí que mola. En fin, que queréis que os diga, que leyendo esta noticia en el periódico, llegué a pensar que aún no está todo perdido. Que a lo mejor sólo es cuestión de tiempo.

lunes, 28 de junio de 2010

La primera vez que la besó

La primera vez que la besó, lo recordaba con todo lujo de detalles, fue como si un huracán se le metiese por la boca y bajara, centímetro a centímetro, hasta el centro del estómago y, una vez allí, arrasara todo a su paso. Y lo más sorprendente es que, mientras la besaba, en su cabeza sólo era capaz de visualizar a Jimi Hendrix, guitarra en ristre, tocando “Purple Haze” en el festival de Woodstock. Y no porque él hubiese estado en Woodstock aquel mítico 18 de agosto de 1969, que no lo había hecho, sino porque lo había visto en una película.

viernes, 25 de junio de 2010

Patricia Highsmith: la débil frontera entre el bien y el mal

Patricia Highsmith (Fort North, Texas, 19 de enero de 1921 – Locarno, Suiza, 4 de febrero de 1995) detestaba a Hemingway y amaba a los gatos. Prefería la más absoluta soledad de su casa de Locarno, en Suiza, a cualquier actividad relacionada con la vida social. Para el gran público es una escritora de género (suspense, novela negra, policíaca, etc.) pero ni una sola de sus novelas está protagonizada por un policía o detective privado. Alcohólica, comunista, lesbiana militante, desgraciada en amores durante toda su vida. Supo defender como nadie, a veces con uñas y dientes, su espacio vital y artístico en un mundo, el editorial, dominado completamente por hombres. Simpatizaba con causas como la del pueblo palestino o el kurdo. Sentía una extraña relación de amor/odio por su país, los Estados Unidos, lo que la llevó a autoexiliarse en Europa desde 1963. Jamás regresó. Patricia Highsmith poseía una personalidad compleja, lo que la convirtió en una rara avis dentro de la literatura mundial.
Desde muy niña, demostró una extraordinaria capacidad para el arte: la pintura, la escultura y la literatura parecían formar parte de su código genético. Como casi todos los niños solitarios, fue una lectora voraz. Quizás por ello la balanza se inclinó del lado de la escritura. En sus entrevistas solía contar cómo, de niña, se había sentido completamente fascinada por las novelas de Dostoievski, de Poe, de Conrad. Con este bagaje, muy pronto empezó a escribir. Publica algunos relatos en revistas especializadas y fracasa en sus primeros intentos de escribir una novela. Pero en 1950 aparece Extraños en un tren, la primera de una larga serie de obras maestras. En ella ya están todos los ingredientes de su universo particular: la falta de escrúpulos morales de sus personajes, la débil frontera que separa lo que está socialmente aceptado de lo que no lo está, y la más débil aún entre el bien y el mal; la hipocresía de la sociedad pequeño burguesa, la infelicidad cotidiana que asfixia a unos personajes incapaces de escapar de sus destino, o mejor dicho, cuya única posibilidad de escape es una huida hacia adelante, la mayoría de las veces simbolizada por el crimen y el asesinato. También su estilo narrativo queda perfectamente definido desde el comienzo. Abundancia de diálogo, concisión extrema, cuasi gélida, economía discursiva, escasez de metáforas. Para qué utilizar cien palabras si se puede contar con cincuenta, parece decirnos. Sus descripciones están más cerca de un cuadro impresionista que de la literatura al uso. Con unas cuantas pinceladas es capaz de situarnos en la página escrita de una manera cercana a la perfección. Esa sería durante toda su carrera una de las marcas de la casa.
En 1951 Alfred Hitchcock adapta para la gran pantalla Extraños en un tren y la catapulta a la fama que no había conseguido con la publicación del libro. Extraña relación entre el arte y la cultura de masas. No sería la última vez que un libro de la autora americana sea llevado al cine. Otros directores de la talla de Wim Wenders, Anthony Minghella o René Clément lo harán en el futuro.
Escribió más de treinta libros, entre novelas, colecciones de relatos y un ensayo, El arte del suspense. No obstante, es la saga de novelas protagonizadas por Tom Ripley, la que la consagró. A lo largo de cinco novelas (A pleno sol, La máscara de Ripley, El amigo americano, Tras los pasos de Ripley y Ripley en peligro) Patricia Highsmith nos muestra a un personaje amoral, capaz de mentir, falsificar, suplantar identidades, asesinar y llevar a cabo cualquier acto imaginable que tenga que ver con el delito, con tal de vivir una vida repleta de lujos y exquisiteces. Mención aparte merece su novela Carol (publicada originalmente como El precio de la sal en 1952, y firmada con el pseudónimo de Claire Morgan). Carol es la única de sus novelas que escapa a la etiqueta de novela de género. Y es que ni la crítica literaria ni los propios editores han sabido nunca muy bien cómo entendérselas con esta obra. Carol es un canto al amor, al derecho a ser diferentes, y a mostrar esa diferencia con orgullo. Una historia de amor lésbico que en la mojigata, sociedad americana de la década de los cincuenta levantó más de una ampolla. En el prólogo a la reedición de 1984, la autora cuenta el origen de la historia que dio lugar al libro y lo que supuso para ella escribir esta novela sobre dos jóvenes lesbianas. Lo más interesante es que la obra tiene un final feliz, esperanzador, lo que rompía con una tradición puritana y ultraconservadora en la que toda historia protagonizada por personajes homosexuales acababa en tragedia. “Antes de este libro —escribe Highsmith en el prólogo— en las novelas estadounidenses, los hombres y mujeres homosexuales tenían que pagar por su desviación cortándose las venas, ahogándose en una piscina, abandonando su homosexualidad (al menos, así lo afirmaban), o cayendo en una depresión infernal.” Pero ella se atrevió, una vez más, a ser diferente, a romper con lo establecido, a ir por un camino que nadie antes había transitado.
En cierta ocasión, Wim Wnders señaló sobre las novelas de Patricia Highsmith: “Al leer estas historias nos observamos a nosotros mismos. De una pequeña mentira inocente, de una confortable traición, se deriva de golpe una historia horrible (…) Esto puede ocurrirnos a todos. Es por ello por lo que sus historias son verdaderas, por lo que casi hablan de la verdad, pese a toda la ficción. Constatan que las pequeñas cobardías y la indulgencia mediocre hacia uno mismo o hacia los demás son las cosas más peligrosas que hay.” No sé puede explicar de manera más acertada.

martes, 22 de junio de 2010

Mi pistola

Tengo una pistola.
A veces la saco
del estuche negro de madera
donde la tengo guardada.
La miro.
La acaricio.
La mimo.
Hablo con ella
como se habla a los gatos.
Me pongo frente al espejo
y digo con voz grave,

Alto a la guardia civil,

sólo por sentirme importante.
O también:

Arriba las manos. Esto es un atraco
,

por sentir lo que siente un delincuente.
Otras veces,
simulo que soy Kurt Cobain
y que me vuelo la tapa de los sesos.
Luego,
la vuelvo a dejar
en su estuche negro de madera.
Bien guardada.
Sólo por si las moscas.

(De Versos de alambre de espino, Editorial Alhulia, 2009)

lunes, 21 de junio de 2010

Maldito Amor

¿Qué gano con nombrarte?
¿Acaso consigo algo con decirte?
Mi decisión está tomada:
nunca más volveré a pronunciar
tu nombre, maldito Amor.

sábado, 19 de junio de 2010

Bye-bye, Ilegales

En el momento de escribir estas palabras, aún me retumban los oídos. Y es que Los Ilegales, sobre un escenario, son punto y aparte. Anoche lo demostraron con creces en la sala El tren, aquí en Granada. El concierto estaba enmarcado en la gira de despedida que el grupo viene ofreciendo en las últimas semanas, y que durará algún tiempo más, ya que van a tocar por casi toda España y gran parte de Hispanoamérica. Durante treinta años, el grupo de Jorge Martínez ha demostrado que son una de las mejores bandas de este país, o como le gusta presumir al propio Jorge, "la mejor banda en lengua española". Ayer en El tren se les veía con unas ganas locas de despedirse a lo grande. Tocaron durante dos horas y media, y los tres músicos que había sobre el escenario sonaban como una auténtica apisonadora. A estas alturas de la peli, ya ni siquiera vamos a hablar del virtuosismo instrumental de Jorge. Eso ya es vox populi. Sin embargo, no estaría nada mal reivindicar su faceta como letrista. En mi opinión, el líder de Ilegales es uno de los más aventajados alumnos de Bukowski, (siempre he tenido la duda de si Jorge conoce la obra del autor americano: apostaría a que sí) abanderado del realismo más sucio que uno se pueda imaginar, cuando aquí no habíamos oído hablar en nuestra puta vida de eso. Y esto que digo no es una boutade. Ahí están para demostrarlo temas grandiosos, como "Yo soy quien espía los juegos de los niños" (ojalá a mí alguna vez se me ocurriera un título como ese), "El corazón es un animal extraño", "Tiempos nuevos, tiempos salvajes", "La chica del club de golf", "Regreso al sexo químicamente puro", "Ángel exterminador", "Chicos pálidos para la maquina", la surrealista "Problema sexual" o la magistral, hermosa, melancólica, "Enamorados de Varsovia", tal vez la mejor canción que ha parido esa cabecita iconoclasta y heterodoxa que Jorge tiene sobre los hombros. Por supuesto, anoche tocaron todos estos temas, y un puñado más. Y pusieron el punto y final a una actuación hiperbólica, con ese himno nihilista y punk, descreído y visionario, tan apto para estos tiempos convulsos que nos han tocado en suerte: "Destruye".
Querido Jorge, si por casualidad lees esto, sólo me queda darte las gracias por todos los momentos buenos que me has hecho pasar durante todos estos años. Salud.

viernes, 18 de junio de 2010

La banda sonora de una parte de mi vida (IV)

Dejo una lista con algunos de los discos que me han acompañado durante los últimos meses de una manera más o menos permanente. Como siempre, el orden es aleatorio, y el desorden, manifiesto.

- Las consecuencias, de Enrique Bunbury.
- Daiquiri blues, de Quique González.
- Ultimate collection, de Small Faces.
- La hora de los gigantes, de Coque Malla.
- Forever Changes, de Love.
- La fortaleza de la soledad, de Parade.
- No me quieras tanto (Quiéreme mejor), de Malevaje.
- Odelay, de Beck.
- En primer plano, de Los Modelos.
- Física del equipaje, de Pauline en la Playa.
- Blown about moon, de Dakota Suite.
- 11 songs from Abilene, de Micah P. Hinson.
- Volver (BSO de la película de Pedro Almodóvar), de Alberto Iglesias.
- Together through life, de Bob Dylan.
- El día que cumplimos veinte años, de Los Ilegales.
- The Essential, de Kris Kristofferson.
- Ambassador, de Elliot Brood.
- The best, de Siouxsie and the Banshees.
- Solo Rot, de Ariel Rot.
- Retrospective, de Buffalo Springfield.
- Vivir para creer, de Maderita.

jueves, 17 de junio de 2010

Realidad: como la vida misma

El fútbol no me interesa absolutamente nada. Hace muchos años que no veo un partido de fútbol, por la sencilla razón de que no encuentro placer estético en ello. Creo que el fútbol, como el resto de los deportes de masas hoy en día, es simple y llanamente un negocio que mueve miles de millones y que pone de manifiesto la peor cara del capitalismo: la avaricia, la insolidaridad, la competitividad desmedida, etc.. ¿Y a qué viene todo esto? Evidentemente, al mundial de Sudáfrica. Como he dicho, yo, el otro día, no estuve sentado frente al televisor viendo el partido de la selección española. Así que no sé si los jugadores españoles jugaron bien o mal, si sudaron o no la camiseta o si el árbitro se tragó dos o cuarenta y cuatro penaltis. Y sin embargo, alucino. Alucino con la gente que sale en la televisión con rostros compungidos, alucino con los medios de comunicación, alucino con ese ataque de patriotismo verbenero (un inciso: decía el poeta Ángel González, que sí era aficionado al fútbol, que cuando jugaba la selección y veía todas esas banderas rojigualdas, le entraba un ataque de pánico). En fin, que alucino bastante. La mayoría de los aficionados de este país piensan (o pensaban, hoy tal vez ya han cambiado de opinión) que España va a ser campeona del mundo. Aunque no hubiesen jugado ni un solo minuto y teniendo en contra el peso innegable de la historia. Para mí, lo que ocurrió en el partido de fútbol entre Suiza y España, no deja de ser una gran metáfora de lo que abunda en este país: una falta de humildad que tira de espaldas. Es como si viviéramos en una burbuja que nos aisla del resto del mundo y sólo nos deja ver lo que queremos. Aún recuerdo al presidente Zapatero, no hace mucho, decir que la economía española era la séptima del mundo, por delante de Italia, y que muy pronto adelantaría a la francesa. Unos meses después, estamos a la cola de Europa en todo, salvo en desempleo y en recortes sociales, que en eso, este país sí que es campeón del mundo mundial. Con la selección ocurre exactamente lo mismo: los que iban a ser campeones del mundo, un equipo repleto de estrellas con sueldos estratosféricos, perdieron con Suiza. En fin, no hay nada como la realidad para poner las cosas en el sitio que le corresponden.
Por otra parte, cuando uno se entera de las primas que cobrarían los jugadores de la selección si se proclamasen campeones del mundo, a uno le entra una mala leche increíble. Y es que en el hipotético e improbable caso de que la selección española ganase el mundial, cada uno de los veintitrés jugadores se llevaría para su paraíso fiscal particular, la escalofriante cifra de 600.000 euros, es decir, cien millones de pesetitas (yo, por lo que pueda pasar, voy a recuperar el término peseta porque me da que el euro va a durar poco). Con la que tenemos encima, plantear siquiera que alguien pueda ganar esa cantidad jugando al fútbol, me parece una auténtica aberración. Así que, por el bien de la hacienda pública, espero y deseo que la selección no gane el mundial. Mucho más barato nos saldrá a todos. Y además ese dinero se podrá emplear en otros menesteres más provechosos para la sociedad.

martes, 15 de junio de 2010

Historia española del siglo XX

Primero hubo una monarquía,
con su rey y su nobleza,
con sus cotos de caza
y su derecho de pernada,
y sus privilegios eclesiásticos,
y todas esas pamplinas
que tienen las monarquías.
Y los de abajo estaban bien jodidos.
Después llegó la República
y el rey se dio el piro
y vino el Presidente,
y en Cádiz, Asturias,
la Campiña cordobesa,
las fábricas textiles de Cataluña
o los arrabales de Madrid,
los de abajo estaban bien jodidos,
aunque esta vez,
albergaban unas gotitas de esperanza.
Luego llegaron los fascistas
con la dialéctica de las pistolas y las bombas,
y con su (mala) poesía,
alabando el pasado glorioso
y las banderas victoriosas,
e impusieron su dictadura
cuartelera y asesina,
y se quedaron durante una larga temporada
y los de abajo siguieron estando bien jodidos,
y además, cautivos y desarmados.
Pero no hay mal que cien años dure,
como dice el refrán,
así que un buen día,
como quien no quiere la cosa,
el telediario nos dijo,
españoles, la Dictadura ha muerto,
Viva el Rey,
y el Rey volvió a vivir.
El único problema radicaba
en que había un exceso de fachas
y no se sabía muy bien qué hacer con ellos,
así que se inventó un plan para reciclarlos
y se le llamó Transición.
Y los chicos de las camisas azules,
se travistieron de demócratas de toda la vida,
y aquí paz y en los cielos gloria,
y los de abajo, para no variar,
estuvieron bien jodidos, aunque esta vez,
como ya había ocurrido antes,
volvían a albergar ciertas esperanzas.
Y en esto llegó el PSOE,
que ya no era marxista,
pero era postmoderno,
y nos trajo el Mundial de fútbol
con su Naranjito y su Clementina,
y nos trajo la OTAN y el AVE,
y las reconversiones industriales
y el veinte por ciento de desempleo,
y las hipotecas y la biutiful pipol,
y Luis Roldán y Juan Guerra,
y la Movida madrileña y la Expo ’92.
Y resulta que, después de todo,
los de siempre, los de abajo,
continuaron estando bien jodidos.

lunes, 14 de junio de 2010

¿Quién dijo depre?

El jueves pasado el Partido Socialista Obrero Español estaba de celebración. Y es que ese día, 10 de junio, se cumplían cien años desde que Pablo Iglesias, fundador de dicho partido, obtuviera su acta de diputado. Por primera vez en la historia de España, un representante de un partido obrerista, se sentaba junto a los oligarcas, terratenientes y caciques con la intención de, se suponía, mejorar por vía del parlamentarismo, las penosas condiciones laborales y sociales de los trabajadores de la época. Así que, para conmemorar una fecha repleta de connotaciones, se juntaron todos los socialistas habidos y por haber, todos los que fueron y los que son, todos los que en algún momento de la democracia han ocupado un escaño como diputado en el Congreso, para soplar las cien velitas y entonar, con una sola voz, el cumpleaños feliz. La sala estaba presidida por una foto gigante del padre fundador, formada por pequeñas fotos de todas las mujeres y hombres que durante estos cien años han sido diputados. A la celebración asistieron desde Alfonso Guerra a José Bono, desde Manuel Chaves a Carmen Alborch, desde Narcís Serra a Rosa Conde. Así hasta 700 personas. Todos y todas. Ellos y ellas. Por supuesto, en fecha tan señalada para los socialistas, no podía faltar el hombre que durante años dirigió los destinos del Partido: Felipe González. El ex Presidente del Gobierno participó en una mesa redonda con el actual Presidente, José Luis Rodríguez Zapatero, en la que trataron, como no podía ser de otra manera, la actual situación económica que atraviesa el país. En un momento dado de la conversación, González dijo (y cito de memoria) que “en momentos como los de ahora, en los que los socialistas están con la depre, es cuando toca la militancia pura y dura.” Zapatero, al oír lo de la depre, puso cara de póquer y respondió que los socialistas de depres, nada de nada. Que no hay razones para eso.
Si uno se para a pensar en las palabras del Presidente con detenimiento, pues resulta que a uno no le queda más remedio que darle la razón a Zapatero. Y es que es verdad, que los socialistas no tienen razones para estar depres. Pongamos por caso a la Secretaria de Organización del PSOE. ¿Puede estar con la depre alguien que gana vente mil euros al mes? En mi opinión, no. Tomemos otro ejemplo. El ex ministro Jesús Caldera. Cobra un sueldo por haber sido ministro y otro por dirigir la "Fundación Ideas para el progreso". Además ha dejado la primera línea del frente político, con lo cual su desgaste es mínimo. ¿Tiene este hombre motivos para estar depre? ¿Y Manuel Chaves? ¿Y Fernández Bermejo? ¿Y Magdalena Álvarez? ¿Y todos los que ocupan cargos de confianza en los ayuntamientos, diputaciones, comunidades autónomas (sólo en la Junta de Andalucía hay cuatro mil), empresas públicas, y un largo etcétera? Evidentemente, no. No deberían estar depres. En cambio, la lista de los que sí tienen razones para estar depres es inacabable: los pensionistas, con sus pensiones congeladas; los policías y bomberos que en la manifestación del martes en Granada lanzaba consignas contra el Presidente y el PSOE; los maestros, profesores de secundaria, profesores universitarios, médicos de familia, cirujanos, enfermeras, celadores, jueces, funcionarios de prisiones y demás funcionarios que han visto cómo un cinco por ciento de su sueldo se esfumaba como por arte de magia; la mujer que espera un bebé para los primeros días de enero y sabe que no contará con ayuda estatal; los cuatro millones y medio de parados que están en sus casas cruzados de brazos; un gran número de trabajadoras y trabajadores que saben que su empleo pende de un hilo; los que tienen una pequeña empresa y ven, que un día sí y otro también, los encargos no llegan y tienen que despedir a un trabajador, que además es su amigo o un miembro de su familia; los que regentan un pequeño comercio y se pasan las horas sin vender absolutamente nada porque la gente, en general, no tiene dinero para gastar; los agricultores que han visto en los últimos años que el campo español se ha ido por el sumidero; todas las personas que han perdido sus viviendas a manos de los bancos y cajas porque no tienen para pagar sus hipotecas, todas las trabajadoras y trabajadores que saben que a la vuelta de la esquina les espera una reforma laboral con las fauces abiertas, y que supondrá un recorte terrible de los derechos laborales, etc., etc. Todos estos sí tienen razones más que de sobra para estar con la depre.
Así que el Presidente Zapatero debería darse una vuelta por la vida real de este país, y verá que sí hay gente con la soga al cuello, gente que lo está pasando bastante mal, gente que tiene que hacer mil y un malabarismos para sobrevivir día a día. Tal vez muchos más de los que él imagina. Aunque no sean socialistas.

Este artículo también se puede leer en la edición digital de Rebelión del sábado 12 de junio de 2010 y en Aguilar Digital (www.aguilardigital.es).

viernes, 11 de junio de 2010

Poema tonto para que me quieras más (si puede ser)

Este poema no es verde,
ni es rojo, ni de color azul.
No tiene forma de esfera,
ni es un octógono,
ni tan siquiera es triangular.
No se encontrarán aquí
hermosas metáforas,
símiles complicados,
encabalgamientos
con forma de serpiente.
Por no tener
carece incluso
de los más elementales
fundamentos
del arte poético:
rima, ritmo, métrica,
altisonantes juegos semánticos.
En este poema
no hay versos
del tipo
la noche es un telón que anuncia el final de la obra,
o del tipo,
tus ojos me guían en el fuego de la tarde estival.
Este poema no es nada más
que una excusa (tonta)
para pedirte
que me quieras más
(si puede ser).

(De Hablando de amor con el cobrador del frac, Editorial Alhulia, 2006)

jueves, 10 de junio de 2010

Reunión de cerdos

Como ya sabéis, hoy se reúnen el Presidente del Gobierno de España, José Luis Rodríguez Zapatero, y el Papa, Benedicto XVI, para hablar de sus cosillas. Por ejemplo, seguro que hablarán de la pasta que Zapatero le regala a la Iglesia Católica para que esta siga preparando a sus cuadros de mando para el futuro, para que siga transmitiendo de generación en generación su fascismo y su intransigencia y para que siga controlando el cotarro, que en definitiva, es lo que mola. Seguro que hablan de la visita del Papa a España. Lo que no sé si le dirá es que ese viaje va a costar 25 kilitos de euros. En fin, viéndolos así, tan amiguitos, se me viene a la cabeza aquella canción que cantaba La Polla Records en su primer disco, el memorable Salve, que decía: "Reunión de cerdos, todas las mañanas, compramos países y vendemos almas..." Puajjjjj.

miércoles, 9 de junio de 2010

Si algo

Si algo llega a nuestra orilla o es mierda o son restos de un naufragio.

Vasili Grossman

martes, 8 de junio de 2010

Press reset

Cambio climático mundial,
guerras y hambrunas despiadadas,
racismo, terrorismo, violencia de género,
desempleo y ERE’s a mogollón,
pornografía infantil y esclavitud sexual,
abusos de cualquier tipo de poder,
destrucción del medio ambiente,
fundamentalismo religioso,
ultra conservadurismo y corrupción política,
capitalismo asesino e inhumano,
miseria generalizada en todo el planeta
y el copón bendito en versos alejandrinos.
Yo no sé qué pensarás tú,
pero yo lo tengo cada día más claro.
Por favor, que alguien apriete el botón de RESET
que el mundo se ha quedado colgado.

(De Versos de alambre de espino, Editorial Alhulia, 2009)

lunes, 7 de junio de 2010

Sobran los motivos

El pasado 12 mayo, el Presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, anunció en una comparecencia ante el Congreso de los Diputados su plan de choque para atajar la crisis económica que asola nuestro país. Entre otras medidas, Zapatero anunció la congelación de las pensiones para el año 2011, el recorte en un 5% de los salarios de los empleados públicos a partir del mes de junio de 2010 y su congelación para el 2011, el retraso en la edad de la jubilación parcial a los 61 años, la reducción del gasto farmacéutico, la reducción de la ayuda al desarrollo de los países pobres, una fuerte disminución de las inversiones públicas, un recorte de la financiación de ayuntamientos y comunidades autónomas, la supresión del cheque-bebé, etc.

El mismo Presidente Zapatero que durante más de dos años negaba las evidencias y despilfarraba el dinero a manos llenas poniendo en marcha medidas que dejaban de ingresar fuertes sumas de dinero para las arcas públicas, se desenmascaraba con una serie de medidas directas al corazón mismo del sistema de bienestar y que descansaban sobre los hombros de las clases populares: jubilados, trabajadores, futuras mamás, etc.

Como ya hemos señalado, una de las medidas de Zapatero ante la crisis ha sido el recorte en un 5% de los sueldos de los empleados públicos. Ante este ataque frontal contra los derechos laborales de un colectivo que aglutina a cinco millones de trabajadores, a los sindicatos mayoritarios, UGT y CC. OO, hasta ahora sumisos ante una situación a todas luces injusta, esto es, la masiva destrucción de empleo, no les ha quedado más remedio que convocar una huelga general en la función pública para el día 8 de junio, huelga que apoyan y convocan prácticamente todas las demás organizaciones sindicales del sector público.

Desde USTEA, segundo sindicato en representación entre el sector del Funcionariado de la Junta de Andalucía, y con representación en otros sectores, como el docente, el personal laboral de la Junta de Andalucía, y el PAS de la Universidad de Granada, hacemos un llamamiento a todas las trabajadoras y trabajadores de lo público, para que el próximo martes, 8 de junio, secunden esta huelga, porque a los que trabajamos, creemos y defendemos la red pública de servicios, nos sobran los motivos. Entre otros:

1) Está claro que no hemos sido nosotros, los empleados públicos, los responsables de esta crisis económica, luego no es de justicia que seamos nosotros quienes tengamos que pagarla. Es una gran tomadura de pelo pedir a “los inocentes” que hagan sacrificios, mientras que “los culpables” campan a sus anchas, llenándose los bolsillos a costa de los demás.

2) La reducción salarial lleva pareja un fuerte deterioro en los servicios públicos. Es evidente que si la gente no cobra lo que merece por su esfuerzo y trabajo, la eficacia de dicho trabajo queda puesta en entredicho.

3) En el fondo, lo que subyace tras esta medida, es el deseo de nuestros gobernantes de privatizar los servicios públicos. Para ello, todo vale, incluso la puesta en marcha de una terrible campaña de descrédito contra los empleados públicos, tachándolos de indolentes, ineficaces, insolidarios, y otros adjetivos por el estilo.

4) Porque estos recortes suponen la punta de lanza de una serie de ajustes que se avecinan contra toda la clase trabajadora de este país. Tras los recortes en los sueldos de los empleados públicos, llegarán otras medidas, aún más restrictivas, de carácter neoliberal, y culminará (tiempo al tiempo) con el despido libre.

5) Porque es una medida que vulnera la negociación colectiva y desacredita las mesas sectoriales. La propia Vicepresidenta del Gobierno, María Teresa Fernández de la Vega, ha firmado, en esta misma legislatura, un acuerdo con diversas organizaciones sindicales por el cual se garantizaba el mantenimiento del poder adquisitivo para todo el colectivo.

6) Porque es una medida contraproducente para potenciar el consumo y, por ende, la reactivación económica. Como consecuencia, llevará aparejada más destrucción de empleo, sobre todo en el comercio y la pequeña y mediana empresa.

7) Cuando se habla de funcionarios, no se está hablando sólo del personal que atiende servicios burocráticos. Estamos hablando de personal sanitario, maestros y profesores, monitores de guarderías, bomberos, Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, personal de ayuntamientos, profesores y el resto de trabajadores de las universidades, asistentes sociales, jueces y personal de los juzgados, funcionarios de prisiones, Ejército, etc., y que, como profesionales, merecen todo el respeto de sus conciudadanos.

8) Una de las grandes falacias en torno a los empleados públicos tiene que ver con la cuantía de los sueldos. La mayoría de la población se ha mostrado en contra de la congelación de las pensiones a los jubilados pero a favor de la bajada de sueldo a los empleados públicos. No obstante, existen bastantes pensionistas cuyas pensiones son más altas que los sueldos de muchos funcionarios. Baste decir que la gran mayoría del personal laboral de la Junta de Andalucía está compuesta por empleados mileuristas.

9) Porque las medidas puestas en marcha por el Presidente Zapatero son las medidas del FMI, de la OCDE, de la UE, y de otros organismos internacionales de marcado carácter conservador. Está claro que si para ellos son buenas, no pueden serlo para el resto de la población, pues sólo buscan la retroalimentación de un sistema, el capitalista, voraz y deshumanizado, y de los mercados financieros, insaciables a la hora de buscar beneficios, olvidándose por completo de los intereses y el bienestar de las trabajadoras y trabajadores. Esto ya ha ocurrido antes en otros países: Colombia, Argentina, etc., y los llevó a un nivel de empobrecimiento sin parangón.

Por todo ello, desde el Sindicato USTEA hacemos un llamamiento a todo el sector público de este país para que secunden la huelga del próximo día 8 y asistan a las manifestaciones que tengan lugar a las en sus ciudades, porque sólo movilizándonos frente a estas medidas duras e injustas, de manera organizada, podremos plantarles cara. Nuestro futuro depende de nosotros mismos. ¿No vamos a hacer nada por cambiarlo?

viernes, 4 de junio de 2010

Ella me dijo...

Mientras comíamos,
ella me miró,
sonriendo,
a los ojos,
y me dijo,
así,
como si tal cosa,
que me amaba,
y sentí un calambre
pequeñito
por ahí dentro,
pero supe contenerme
a tiempo
y logré disimular,
como si en realidad,
no pasara
absolutamente
nada.

jueves, 3 de junio de 2010

Se busca

Rafael Calero,
ciento setenta y cuatro centímetros
de altura,
setenta kilos de peso
(este dato no es muy fiable),
anarcobolchevique,
anticlerical,
adicto a la novela negra,
una estrella pequeñita de cinco puntas
tatuada en el hombro derecho.

Poeta de medio pelo.

miércoles, 2 de junio de 2010

Mierda caliente y mierda fría

A finales de la década de los sesenta, el gran poeta y novelista Charles Bukowski escribió un artículo en su columna Escritos de un viejo indecente para la revista contracultural Open City, en el que aludía a los dos principales candidatos que concurrían a las elecciones presidenciales de los Estados Unidos de 1968: Richard Nixon, aspirante por el Partido Republicano, y Hubert H. Humphrey, el candidato del Partido Demócrata. Entre otras muchas cosas, el viejo Bukowski decía: “Que te den la oportunidad de elegir entre Nixon y Humphrey es como que te den la oportunidad de elegir entre comer mierda caliente y mierda fría.”

Si cambiamos el escenario americano de los últimos años de la década de los sesenta por la España de nuestros días, y los nombres de Richard Nixon y Hurbert H. Humphrey por los de José Luis Rodríguez Zapatero y Mariano Rajoy, o lo que es lo mismo, el proyecto político del Partido Socialista y el del Partido Popular, resulta que tenemos el mismo menú que anunciaba Bukowski para aquellos Estados Unidos de 1968: plato único. Sólo varía la temperatura: uno se servirá caliente; el otro frío. El problema es, además, que no sabemos muy bien quién es el caliente y quién el frío.

Porque, a día de hoy, ¿quién es capaz de establecer diferencias reales entre los proyectos económicos, políticos y sociales de ambos partidos? La sociedad española está viviendo, durante estas últimas semanas, en un estado de confusión que bordea la paranoia. El partido en el gobierno, el PSOE, de corte socialdemócrata, está llevando a cabo las políticas más reaccionarias y antisociales de todo el continente europeo. A saber: congelación de las pagas de los jubilados, fuertes recortes en los sueldos de los empleados públicos, reducción drástica de las ayudas para los países subdesarrollados, anulación del cheque-bebé, recortes en las ayudas a la aplicación de la Ley de Dependencia y un recorte drástico en las inversiones públicas en obras e infraestructuras. Por otro lado, hemos asistido durante los últimos años de mandato socialista a una serie de medidas surrealistas e, incluso, injustas. Pongamos un par de ejemplos esclarecedores. El famoso cheque-bebé que se suprime a partir del uno de enero del próximo año: durante el tiempo que ha estado vigente, cualquier mujer ha recibido dos mil quinientos euros por el nacimiento de un bebé, independientemente de su nivel de renta. Es decir, si eres multimillonaria y tienes un bebé, el Estado te premia con dos mil quinientos euros. Exactamente lo mismo que si no tienes donde caerte muerta. Lo mismo ha ocurrido con la gratuidad de los libros de texto, o con los famosos ordenadores para los niños de quinto y sexto de primaria y con otras muchas cosas. Se trata de la política del “café para todos”, o mejor dicho, de derroche generalizado, al que son tan aficionados los socialistas, que nos ha llevado al punto en el que nos encontramos ahora.

¿Y qué ocurre con el principal partido de la oposición? A pesar de que el pasado 27 de mayo votaron en contra del decreto del Gobierno que atenta contra la misma base del Estado del Bienestar de nuestro país, todos sabemos que en su fuero interno se alegran enormemente de estas medidas, ya que son las disposiciones de la derecha, neoliberales y reaccionarias. Exactamente lo mismo que ocurrió en los años ochenta con Felipe González y su reconversión industrial, con la permanencia de España en la OTAN, etc., etc. Y es que la derecha española ya está acostumbrada a que el PSOE le haga el trabajo sucio cuando gobierna. Hace unos días el diario británico Financial Times entrevistaba al ex presidente Aznar, reconvertido ahora en el cerebro en la sombra del sector más duro de la derecha española. Entre sus principales recetas para atajar la crisis económica, a la que, por cierto, él tanto contribuyó con su política de apoyo al ladrillo, están: Privatizar los servicios públicos de empleo y reducir las prestaciones por desempleo, bajar los impuestos, potenciar la energía nuclear y suprimir las ayudas a las energías renovables, bancarizar las cajas, recortar las pensiones y aumentar la edad de jubilación, privatizar todas las empresa públicas dignas de ser privatizadas y reformar la negociación colectiva. Como se puede ver, en la mayoría de estas medidas coinciden tanto la socialdemocracia como la derecha pura y dura. En nuestras manos está darle un giro a esta Europa de los mercaderes, del capitalismo salvaje y caníbal que tratan de imponernos. Así que ya sabes, cuando te den a elegir entre la mierda caliente y la mierda fría, no te dejes embaucar: que se la coman ellos.

(Este artículo se puede leer también en la edición de hoy, día 2 de junio de 2010, de www.rebelión.org)

martes, 1 de junio de 2010

lunes, 31 de mayo de 2010

Sangre

Anoche soñé que llovía sangre, una gran tormenta de sangre, sangre a borbotones, mares de sangre. Grandes goterones cubrían el paisaje con un extenso manto de color rojo. Todo se teñía de ese color: los coches, los árboles y las flores, los tejados, los aparcamientos, las pistas polideportivas, las autovías, las estaciones del tren, los perros callejeros y los vendedores de periódicos. Todo rojo. Era un espectáculo de una belleza inusitada, extraña, violenta, psicodélica. Las gotas que caían del cielo tenían una temperatura difícil de explicar: se antojaban cálidas, pero estaban frías como el hielo. También su textura resultaba extraordinaria: al tocar aquella lluvia con los dedos, uno no era capaz de relacionarla con nada conocido anteriormente por el ser humano. Al despertar, me asomé a la ventana a respirar un poco de aire fresco y vi que el cielo se estaba transformando en una gran sábana de terciopelo rojo.

viernes, 28 de mayo de 2010

Ummmmm

Ummmmm, -exclamó el niño, con cara de sorpresa, al entrar en aquella estancia. -¡Aquí huele a poesía! ¡A poesía fresca!

jueves, 27 de mayo de 2010

miércoles, 26 de mayo de 2010

Entró en mí...

Entró en mí como un veneno,
navegando por mis venas,
atacando mis células sanas,
controlando mis actos reflejos,
adueñándose, a su antojo, de mi cuerpo.

lunes, 24 de mayo de 2010

Tijeretazo, 1; Impuestazo, 0

Estaba cantado. Después del cruce de declaraciones entre distintos ministros y vicepresidentas del consejo de ministros sobre la subida de impuestos a "los ricos", la gente pensaba que sí, que esta vez sí, que los socialistas no se han vuelto locos y no se han cambiado de chaqueta, que el presidente del gobierno tenía el valor suficiente para subir los impuestos a las clases más pudientes del país. Pero, hete aquí, que no, que el presi, como le gusta llamarlo a la vicepresidenta María Teresa Fernández, dice que este no es el momento. Y entonces, ¿se puede saber cuándo es el momento? ¿No es este, según Zapatero, un momento histórico, en el que todo el país tiene que hacer un esfuerzo considerable para sacar nuestra economía de la crisis (crisis, por cierto, que provocaron los que ganaron mucha pasta especulando en los mercados financieros y con el ladrillo)? Pues así están las cosas. Este no es el momento. Claro. Faltaría más. Este es el momento de congelar las pensiones a los pensionistas, de recortar el sueldo de la gente que trabaja en el sector público, de recortar la ayuda al desarrollo (qué poco se está hablando de esto, pero qué importante es esta medida) y de desmantelar el poquito estado de bienestar que tanto ha costado edificar en la sociedad española. Así que, si hay algún rico leyendo esto, que no se asuste, que Zapatero no lo va a obligar a pagar más por su yate, por su mercedes, por el abrigo de visón que tiene pensado regalarle a su chica, ni por las vacaciones que se va a meter dentro de unas semanas de safari en Tanzania. Ricos de España, no os asustéis, los miembros del consejo de ministros velan por vuestro dinero. Y a los demás, que nos den por culo.

jueves, 20 de mayo de 2010

Cosas que pasan

Aviso a navegantes: lo que voy a contar es completamente real. Me lo contó el otro día una compañera de profesión que trabaja en un colegio de un pequeño pueblo de la costa granadina, en el que hace tan solo dos o tres años no había desempleo y la gente nadaba en la abundancia. Como digo, mi amiga es maestra en este cole y además, su hija pequeña, es alumna del colegio. En el cole hay una niña a la que llamaremos T, de seis años, de origen ecuatoriano, aunque T ha vivido la mayor parte del tiempo en este país. Conviene aclarar que en este cole no hay comedor. Es raro, pero es así. El otro día los niños del colegio vieron a T recoger un trozo de bocadillo que alguien había tirado a la basura y comérselo. Los niños se lo comentaron a mi amiga, que vigilaba el recreo. Mi amiga se acercó hasta T y le preguntó si era verdad aquello que contaban los niños. T agachó la mirada y dijo que sí con la cabeza. Es que mi mamá hoy no me ha echado merienda, contestó. Aquella misma tarde mi amiga tuvo oportunidad de hablar con la mamá de T, una chica amable y simpática, muy trabajadora, pero a la que las cosas, últimamente, no le van nada, pero que nada bien. Según mi amiga, la mamá de T fue muy clara: no trabajo desde hace seis o siete meses, no tengo dinero ni para comer, no tengo ayuda de nadie, ¿qué puedo hacer? Desde aquel día, mi amiga. cada mañana, cuando prepara el bocadillo para su hija, hace otro para T, del mismo tamaño y de las mismas características que el de su hija. Creo que mi amiga está haciendo lo correcto. Por supuesto, yo mismo lo haría, pero todo esto me hace preguntarme algunas cosas: ¿qué pasará cuando, además de T, haya otros niños en la misma situación? ¿Sabe Francisco Álvarez de la Chica, Consejero de Educación de la Junta de Andalucía, que en muchos coles de nuestra tierra se dan siutaciones iguales o peores, si ello es posible, que la de esta niñita? ¿Lo sabe José Antono Griñán? ¿Lo sabe Zapatero? ¿Lo sabe Leire Pajín? ¿Qué coño está pasando en este país? ¿Cómo podemos permitir que ocurran cosas como esta? Creo que no es nada justo que haya gente viviendo estas situaciones tan dramáticas en su lucha diaria por la vida y que, por ejemplo, en la televisión pongan un programa que se llama Mujeres ricas. O que cada día nos estemos enterando de los sueldos multimillonairos y de las pensiones estratosféricas de unos pocos afortunados y que niñitas como T tengan que coger de la basura lo que otros han tirado para poder comer. A mí que no me vengan con monsergas macroeconómicas ni hostias. Lo único que tengo claro es que hay gente que tiene mucha pasta y gente que no pude ni comer todos los días. Y creo que ya va siendo hora de que eso cambie.

miércoles, 19 de mayo de 2010

Edgar Neville y la otra Generación del 27

Que Edgar Neville (Madrid, 28 de diciembre de 1999/Madrid, 23 de abril de 1967) fue uno de los pioneros de la industria cinematográfica española es algo que está fuera de toda duda, cuando nos referimos a su faceta como director de cine. Lo que quizá no esté tan claro para muchos cinéfilos, es que también fue pionero al establecer una fecunda y próspera relación entre dos mundos tan, a priori, distantes como son el del cine y el de la literatura, y que esta relación fue llevada hasta extremos que hoy nos resultan sorprendentes.
Desde su juventud, Edgar Neville mostró un gran interés por el arte, en general, y por la literatura, en particular. El origen de este interés lo podemos hallar en el hecho de que en el primer tercio del siglo XX, se asentaron en Madrid numerosos escritores, pintores y pensadores, y se creó un caldo de cultivo intelectual al cual era muy difícil escapar.
Siendo prácticamente un adolescente, Neville escribe una obra teatral titulada La vía láctea, que pasó por los escenarios madrileños con más pena que gloria. A partir de ese momento, nunca dejaría de escribir: novelas, crónicas de guerra, relatos cortos, poesía y, sobre todo, obras de teatro. A lo largo de su vida colaboró en revistas humorísticas como La codorniz o Buen Humor; diarios como El Sol, La Época o ABC, e incluso la mismísima Revista de Occidente, de Ortega y Gasset.
El escritor granadino José López Rubio, en su discurso de ingreso en la RAE en 1983, acuñó el término “La otra Generación del 27” para referirse a un grupo de escritores contemporáneos de los miembros de la Generación del 27 (los Alberti, Lorca, Altolaguirre, Guillén, Cernuda, Prados, etc), entre los que se contaban Miguel Mihura, Antonio de Lara, Jardiel Poncela, el propio López Rubio y, cómo no, Edgar Neville. Como característica principal del grupo, López Rubio destacaba la utilización del humor, colindante con las vanguardias, que tantos discípulos ha dado posteriormente, no sólo en el cine sino también en la literatura de nuestro país. Pensamos, por ejemplo, en Luis García Berlanga, Rafael Azcona, Pedro Almodóvar, Álex de la Iglesia, por referirnos sólo al ámbito cinematográfico. Como ejemplo de ese humor, José María Torrijos hace referencia a un relato de Neville aparecido en la revista Gutiérrez, “sobre la vaca María Emilia, que se enamora de un inspector de Hacienda.”
La obra literaria de Neville está integrada por novelas, como Don Clorato de Potasa (1929) o La Familia Mínguez (1946); relatos cortos y artículos de prensa, recopilados en volúmenes como Eva y Adán (1926),
Música de fondo (1936), Frente de Madrid (1946), Torito Bravo (1955) y Producciones García S.A. (1956). En toda su prosa se puede rastrear con facilidad la influencia de las Greguerías de Ramón Gómez de la Serna, a quien Neville consideraba su maestro, tanto desde el punto de vista intelectual, como del vital. Así mismo, es fácil encontrar influencias del surrealismo.
Neville también cultivó el género poético, creando una poesía en la que se oyen ecos de un modernismo tardío, en la línea de Manuel Machado y Campoamor. Sus poemas son, principalmente, poemas amorosos, retratos de personajes famosos de su época, tales como Lorca, Ortega, Belmonte, la Argentinita, etc. No obstante, el género literario en el que Edgar Neville destaca poderosamente es el teatro. Desde su primer estreno en un teatro comercial en el año 1934, titulado Margarita y los hombres, Neville nunca dejaría de escribir y estrenar, sobre todo en la década de los cincuenta y sesenta. Obras como La niña de la calle del Arenal (1953), Adelita (1955) o La extraña noche de bodas (1963) pasaron, con mayor o menor fortuna, por los escenarios madrileños y por los de otras ciudades españolas.
Sin embargo, las dos obras teatrales que representan el clímax en la carrera de Neville son El baile (1952) y La vida en un hilo (1959). Estas dos obras de teatro también conocieron versiones cinematográficas. Bastante curioso es el caso de La vida en un hilo, que nació como guión para el cine en 1945, siendo un fracaso comercial estrepitoso y, sin embargo, cuando su autor decidió transformarla en obra teatral, consiguió el éxito que se le había negado a la película en el momento de su estreno, haciendo justicia a una historia hermosa y divertida y, posiblemente, la mejor salida de la pluma de su autor. Sin duda, eran otros tiempos.
La vida en un hilo trata de lo que pudo haber sido y no fue, de la influencia que tiene el azar en nuestras vidas, de cómo éstas pueden variar simplemente por elegir a un compañero de taxi o a otro en un momento determinado, y de cómo un acontecimiento tan nimio puede llegar a determinar la felicidad futura.
También fue Neville pionero en tomar prestados textos ajenos para realizar sus películas. Curiosamente, todas las adaptaciones que llevó a cabo como director de cine fueron de obras literarias contemporáneas, dejando a un lado los clásicos, que se ajustaban menos a sus gustos. Entre las más importantes destacan El malvado Carabel, de Wenceslao Fernández Flores; La señorita de Trevélez, de Carlos Arniches (esta obra conocería años más tarde una segunda adaptación realizada por Juan Antonio Barden con el título de Calle Mayor); Santa Rogelia, de Palacios Valdés; La torre de los siete jorobados, de Emilio Carrerre o Nada, de Carmen Laforet, famosa novela que se alzó con el primer Premio Nadal de Literatura, en la que se narran las peripecias de una estudiante recién llegada a la Barcelona de posguerra dentro de una familia nada convencional, y cuya adaptación corrió a cargo de Conchita Montes, el gran amor de Neville durante toda su vida.
Así pues, Edgar Neville compaginó a lo largo de su carrera artística su gran pasión por el cine y por la literatura, sin dejar de lado ninguna de las dos. No me gustaría acabar sin citar unas palabras del director de cine Pedro Almodóvar que, en mi opinión, valoran en su justa medida la obra no sólo de Neville, sino de los demás componentes de “la otra Generación del 27”: “Y no debo olvidarme de una generación que me deslumbran cómo escriben, cómo viven, cómo hacen cine y cómo se divierten, que es una generación extravagante que no se vuelve a dar en España: la de los Neville, Poncela, Mihura, Tono... Me parece una generación inaudita para la España de su tiempo.”

lunes, 17 de mayo de 2010

El Rey y la sanidad pública

Como ya sabrá (casi) todo el mundo en este país, a Juan Carlos I de Borbón y Borbón, alias el Rey, el Monarca, el Soberano, Su Majestad, etc., le acaban de extirpar un nódulo benigno del pulmón derecho. La operación se llevó a cabo en el Hospital Clínic de Barcelona. El pasado sábado, en el programa de TVE Informe Semanal pusieron un reportaje sobre la operación, en el que entre otras personas, habló Laureano Molins, Jefe de cirugía torácica del Clínic, o sea, el cirujano que intervino al Rey. También se pudieron escuchar declaraciones de la Reina, del Principito, y de otras personalidades de la cosa pública. Hacia el final del reportaje aparecieron unas imágenes del momento en el que al Rey le dieron el alta. En la pantalla se vio un plano americano del hombre saludando al personal sanitario, bromeando con ellos —tan campechano, tan buena gente él, siempre con una palabra amable en los labios, — y debía estar diciendo algo muy gracioso porque todos se partían de risa. Se ve por las imágenes que emitieron en la televisión que antes de salir del hospital el Rey hizo unas declaraciones públicas. Muy emocionado, dio las gracias varias veces a todo el mundo: médicos, enfermeras, gente de la limpieza, periodistas, etc., etc. Y aquí viene lo sorprendente: El Rey hizo una alocución alabando la sanidad pública española. Tengo que confesar que me sorprendió muy gratamente que el Rey se hubiese sometido a una operación en un hospital público, sabiendo como sabemos, que tanto él como los demás miembros de su familia siempre han mostrado una gran querencia hacia la sanidad privada (y no sólo por la sanidad, también, cómo no, por la educación privada). Por poner un ejemplo ilustrativo, todos sus nietos han nacido en hospitales privados y todos estudian en colegios elitistas. Pero según la información que daba el Informe Semanal, no cabía ninguna duda: Hospital Clinic de Barcelona. Sanidad pública. Financiado con la pasta de todos. En fin, parece que algunas cosas están cambiando, pensé.

Sin embargo, como uno es desconfiado por naturaleza, y sobre todo en asuntos relacionados con el Jefe del Estado y con su familia, me pongo a rascar un poco en la superficie de la noticia y me entero de que nones, que el Rey no ha sido intervenido en un hospital público, sino en uno privado. ¿Y cómo se come esto?, os estaréis preguntando en este momento. Pues muy sencillo. Resulta que el Hospital Clínic de Barcelona dispone de lo que se podría denominar una zona VIP, situada en su séptima planta. Un área privada, de pago, dentro del hospital público, en la que trabajan los mismos profesionales y en la que se utilizan los mismos equipos. La diferencia es que los que entran en esa zona tienen que pagar, y no poco, por cierto. A cambio disponen de diecisiete habitaciones individuales, equipadas lujosamente, con camas para los acompañantes, conexión a internet, cuartos de baño hechos con materiales antideslizantes, sofás y un montón de detallitos más que hacen que estar allí sea algo poco menos que encantador. Y por supuesto, un personal sanitario que rebosa simpatía y amabilidad por los cuatro costados. Coño, para que se hagan una idea, ¡hasta la comida es buena!

Y ahora yo me pregunto: ¿a qué viene decir que el Rey ha estado en un hospital público? ¿A qué viene esa alabanza hacia la sanidad pública, cuando en realidad, a esta gente, la sanidad pública le importa un rábano? Está claro que detrás de esas declaraciones de Juan Carlos de Borbón se esconde una estrategia bien orquestada. Se trata de mostrar una imagen de la corona como una institución cercana al pueblo, con sus mismos problemas y con sus mismas soluciones para esos problemas. Que usted enferma y tiene que ser operado en la sanidad pública, no se preocupe, si hasta el Rey de España ha sido operado en esa sanidad pública tan denostada y criticada. Y si la sanidad pública es buena para esta gente, imagínate para nosotros, pobres plebeyos. Por supuesto que este hombre tiene todo el derecho del mundo a acudir a lo privado para que le resuelvan sus problemas, pero claro, jode un poco que el dinero para costear esos servicios privados proceda de las arcas públicas. Y mucho más en estos tiempos de tijeretazos en el sector público y en lo social. Y sobre todo, lo que jode, lo que molesta sobremanera, lo que no tiene nombre, es que nos traten como a tontos y nos cuenten milongas. Por favor, que alguno de esos mil quinientos asesores de dios sabrá qué que pululan por Madrid le cuente al Rey que se ha operado en un hospital privado, exclusivo, VIP, para ricos, en el que la gente normal y corriente como tú y como yo, jamás en nuestra puta vida vamos a entrar. Y ya puestos que alguien le explique la diferencia entre público y privado. Más que nada para evitar confusiones. Gracias.

viernes, 14 de mayo de 2010

Carta abierta a Leire Pajín

Estimada Leire Pajín:
No sé muy bien cuál es la razón, pero últimamente siempre acaba usted apareciendo en mis conversaciones. Se habla de usted, por ejemplo, cuando en el descanso del trabajo tomamos un café y comentamos las medidas anticrisis que ha puesto en marcha el gobierno de Zapatero. Se habla de usted cuando el tema es la juventud de los políticos profesionales. Se habla de usted cuando se trata el tema de los salarios millonarios. Pero sobre todo se habla de usted cuando cualquiera quiere poner un buen ejemplo de lo que es vivir (de puta madre) sin dar un palo al agua. Como puede ver, a los españoles nos gusta hablar de usted. El único problema de todo esto es que lo que se suele decir de usted no es, precisamente, agradable. No sé cuánto de real existe en lo que se comenta a propósito de su sueldo (aunque más preciso sería hablar de “sus sueldos”, a tenor de lo que se dice por ahí) o si todo es una leyenda urbana, una especie de mito propagado por los del PP (hay que ver lo envidiosos que son estos tíos y la mala leche que se gastan) y por los curas, para desprestigiar a una política progresista (yo sé que a usted le gusta usar esta palabra para referirse a sí misma, por eso la uso, sin ánimo de ofender) con tan buena estrella como es usted (tan apañá, que dicen en mi tierra). Y es que se oyen unas cosas que ponen los pelos de punta. Se oye, por ejemplo, que usted, por ser senadora por la Comunidad Valenciana cobra 5.500 euros al mes. También se oye por ahí que usted, por ser Secretaria de Organización del Partido Socialista (un inciso: ¿este era el de Pablo Iglesias, verdad?) cobra 6.500 euros mensuales y que además, a todo esto, hay que añadir los 103.000 euros anuales que recibe como compensación de cuando fue Secretaria de Estado de Cooperación Internacional (un cargo que le venía como anillo al dedo, oiga usted). Además me ha dicho un pajarito que usted cobra 1823 euros mensuales en concepto de dietas y manutención, a pesar de que usted come prácticamente de gorra día sí y día también, teniendo en cuenta la gran cantidad de saraos, presentaciones de “cosas” diversas, mítines, reuniones, etc., etc., a los que usted, por motivos obvios (inherentes al cargo), asiste todos los días. Vamos, que usted sale mes sí y mes también a unos 20.000 euros. Resumiendo: si hemos de hacer caso a lo que se dice por ahí, en mi opinión, usted gana mucho dinero al mes. Tanto que no tendrá tiempo ni para gastarlo. Y todo eso con apenas 35 años. En cambio, mi padre, que tiene 78 y que ha trabajado toda su vida en el campo en condiciones durísimas, no llega a una pensión de 600 euros y el gobierno de su amigo Zapatero se la va a congelar (y para más inri mi padre es de los que confió en su amigo Zapatero y puso su pequeño grano de arena para que su amigo de usted fuese Presidente del Gobierno de España). Por otra parte, yo, que acabo de cumplir 40, que he estudiado la mayor parte de mi vida duramente para labrarme un futuro, con becas del Estado (evidentemente, por motivos obvios), trabajando los fines de semana y durante los períodos vacacionales, que acabé una carrera y conseguí aprobar una oposición estudiando duramente, que trabajo en un colegio situado en un barrio marginal (al que por cierto, el gobierno de su amigo José Antonio —llamadme Pepe, por favor— Griñán, no ayuda en absoluto) con todo lo que ello implica, gano 1780 euros al mes y el gobierno de su amigo Zapatero (a quien no voté, por cierto, porque yo estoy a la izquierda de usted y de su amigo Zapatero) me lo va a bajar un 5%. Así que qué puedo decir. Pues que usted y sus sueldos me dan una envidia tremenda (como buen español que soy, aunque no sea nada patriótico, sí que soy bastante envidioso) y, al mismo tiempo, me tocan los cojones. También puedo decir que usted de socialista tiene lo mismo que yo de científico astrofísico y que, en mi opinión, a usted habría que quitarle todos esos sueldos y dejarle una cantidad de, pongamos por caso, dos mil euros, que no está nada mal (aún así, usted seguiría ganando más que la mayoría de la gente de este país). También le puedo decir que usted y los que son como usted me producen, a partes iguales, asco y rabia. Y también le puedo decir que usted y los que son como usted tienen un morro del copón. Y que yo y los que son como yo, somos unos capullos integrales, básicamente por consentir que existan personas como usted y los que son como usted. En fin, usted ya me entiende. A propósito, los que me rodean dicen que me estoy volviendo una persona muy radical. Y a veces hasta yo mismo lo creo.
Salud

jueves, 13 de mayo de 2010

Y al final...

Y al final, la crisis la pagaron los de siempre.
Zapatero, vete a tomar por culo.

jueves, 6 de mayo de 2010

El agravoqui

Me gusta soñar con cosas que no existen. Desde que tengo uso de razón ha sido así. Nunca me han gustado los sueños como reflejo de lo cotidiano. Para que se me entienda con claridad: no me gusta soñar con vacas. O con árboles frutales. O con estadios de fútbol llenos hasta la bandera de forofos vociferantes. Eso siempre me ha parecido algo muy vulgar y a mi sólo me atrae lo extraordinario, lo que rompe la norma, lo que se sale de lo común, lo que va y viene por senderos extraños, lo que se bifurca y después se vuelve a bifurcar y luego otra vez y así hasta el infinito. Últimamente tengo un sueño recurrente. En él aparece un gigantesco agravoqui, ya sabéis, ese pájaro cuyas plumas son mitad fuego, mitad nieve, que come solamente pétalos de tulipán —sus favoritos son los de color negro— y bebe agua de tormenta recién caída del cielo. En mi sueño, el agravoqui me mira a los ojos y con una voz gutural que recuerda a un viejo cantante de música country, me dice: creo que contigo no tengo futuro.

viernes, 30 de abril de 2010

La vida a traición

“¿No es más seguro, incluso más prudente, creer que la vida
carece por completo de sentido?”
Patricia Highsmith
La mirada turbia de la desesperanza.
El último aliento del suicida.
La lluvia herida de la madrugada.
La biblia manoseada del sacerdote pederasta.
El semen agrio del violador.
La lápida negra en la tumba del que murió de cáncer.
La basura guardada en el alma del que no perdona.
El salario mínimo interprofesional.
Las utopías en las que ya nadie cree.
El testamento del avaro.
Las llagas en la boca del que no ha dicho la verdad.
El eclipse en los ojos de quien lo ha visto todo.
Los crisantemos mustios en las avenidas de la muerte.
La máquina de escribir moribunda del escritor
fracasado.
El ángel de la guarda del que ha muerto en una patera.
Las drogas de diseño del hombre de negocios.
El vino barato del vagabundo.
Las piedras usadas para lapidar a la adúltera.
La manera de ver el mundo del disidente.
La corona de espinas del rey de los judíos.
La invisibilidad más absoluta de la miseria.
La mano que toma una pistola y aprieta el gatillo,
una,
dos,
tres
veces.
El primer dolor del recién nacido.
La zona cero en el corazón de quien sufre por amor.
El centro del cerebro del que ha puesto un pie
en el infierno.
El silencio ensordecedor que envuelve al náufrago.
La mentira feroz del capitalismo salvaje.
Las uvas de la ira del soldado americano.
La piel verdosa del obrero fusilado contra el muro
de un cementerio.
La Ley, hecha a medida del poderoso.
El fuego devastador que asoló el Paraíso.
La neblina oxidada que cubre los sueños del perdedor.
El beso de amor del anarquista.
El ego desbordado del triunfador.
La canción triste de las despedidas.
El arte de amar de quien no tiene a quien amar.
El incendio rojo de las palabras.
La soledad del espantapájaros.
El ruido de fondo de la vida cotidiana.
El tiempo lento de quien espera en el corredor
de la muerte.
Las gafas de sol de la estrella de rock.
Los besos postizos de la puta de lujo.
La mirada perdida del yonqui.
La escala de valores del asesino a sueldo.
Las dudas del que no lo sabe todavía.
La verdad que nos hará libres.
Los pies de barro de quien se piensa indestructible.
El imperativo categórico de lo que sí y lo que no.
Los parias de la tierra.
Las mentiras que nos contaron sobre Romeo y Julieta.
Las tetas de silicona de un travesti mejicano.
Las consignas que han pasado de moda.
La profecía que se cumple a sí misma.
La promesa que nunca se cumplió.
La autopsia que se practica sobre el cadáver del amor.
El clavel que tapa la boca del fusil.
Y la muerte, que nos joderá a todos.


(De Versos de alambre de espino, Editorial Alhulia, 2009)

jueves, 29 de abril de 2010

Los volcanes

Hoy
es uno
de esos días
en que estallan
los volcanes.

Así
que es mejor
mantenerse
alerta.
Por si acaso.

martes, 27 de abril de 2010

Camino al Paraíso

¿Al Paraíso?
Sigue recto
unos tres kilómetros.
Encontrarás una glorieta.
Toma la última salida
y continúa otros tres
o cuatro kilómetros
más o menos.
Una vez allí
toma el primer desvío
que hay a la izquierda.
Sigue todo recto
y verás una gasolinera.
Justo al lado
hay un edificio
con un gran letrero
donde se puede leer
en grandes letras rojas:
Bienvenido al Paraíso.
Allí es.

lunes, 26 de abril de 2010

Telediario

El caos se hizo evidente. Una gran nube de humo negro lo envolvió todo. Había cuerpos diseminados por la calzada, algunos enteros, otros completamente fragmentados. Los gritos de los supervivientes eran desgarradores. De repente, la cámara tomó un primer plano de una mochila azul y amarilla con un dibujo de una gatita. La voz del locutor guardó silencio en ese preciso instante pero todo el mundo entendió lo que aquello significaba. Luego, la cámara pasó a un plano general.
Un cliente habitual del bar le grita al camarero que cambie de canal, que ponga los deportes, que ya están hasta los huevos de la puta guerra de Irak.

viernes, 23 de abril de 2010

La bolsa blanca

Sobre el banco verde hay una bolsa blanca. Es de plástico. Una bolsa normal y corriente, de esas que dan en los supermercados cuando hacemos la compra. A simple vista no se aprecia nada que la haga especial, salvo el logotipo de una gran superficie comercial escrito en letras rojas. El hombre que está sentado en el banco de al lado lleva un rato mirándola, sin atreverse a cogerla. Tiene miedo de que alguien lo pueda ver y lo acuse de haberla robado. No sería la primera vez que pasa algo parecido. Menudo bochorno. No obstante, el hombre siente una curiosidad malsana por averiguar cuál es el contenido de la bolsa. ¿Qué habrá dentro?, se pregunta. Porque está claro que hay algo dentro de la bolsa. ¿Será dinero? El hombre descarta esta opción. Le parece que la bolsa es demasiado vulgar para llevar una importante suma de dinero en su interior. Además, él nunca ha tenido tanta suerte. ¿Serán unos documentos importantes, por ejemplo, la escritura de un piso de lujo en el centro de la ciudad, olvidada por su dueño? ¿O tal vez son unos documentos —lucha antiterrorista, lucha contra el crimen organizado— que comprometen la seguridad misma del Estado? El hombre empieza a sentir un ligero dolor de estómago. Y le sudan las manos a pesar de que hace frío. Los nervios, piensa. Siempre que me pongo nervioso, me duele el estómago y me sudan las manos. Y también: Si estuviera aquí mi ex mujer me habría dicho que parezco bobo, dándole vueltas y vueltas a las cosas, sin atreverme a actuar. Hijo, si es que parece que estás alelado. Esa era una de las frases favoritas de mi ex. Mientras piensa todo esto, barre con la mirada todo el parque. No hay nadie. O al menos él no ve a nadie. Así que, por una vez en su vida, decide pasar a la acción. El hombre, con disimulo, se levanta del banco donde está sentado y en unos segundos anda los nueve o diez metros que lo separan del banco donde está la bolsa blanca. Se sienta. La coge. Está temblando. No puede evitarlo. Es superior a sus fuerzas. Vuelve a pasear la vista por todo el parque por si alguien lo ha visto coger la bolsa. Pero el parque está desierto a esas horas. Así que se decide a abrir la bolsa con sus manos temblorosas. Un libro. Eso es lo que contiene la bolsa. Un pequeño libro de bolsillo. Es de color marrón. Se titula Hambre y la persona que lo ha escrito es un tal Knut Hamsun. Resulta evidente que el libro es antiguo. Por el olor y por el color. Huele a papel viejo y las páginas del libro están amarillentas. Pero está nuevo. Además está forrado con un plástico transparente, lo que, sin duda, ha contribuido a su buen estado de conservación. El hombre no ha oído, jamás en su vida, hablar de ese libro. Tampoco de ese autor. Ni una sola vez. Cosa que, por otra parte, no es rara. Hace más de veinte años que no lee un libro. De ningún tipo. Él no es, precisamente, lo que se entiende por una persona culta. Y ahora está allí sentado, en aquel banco verde de aquel parque desierto de aquella ciudad más desierta aún, sosteniendo en las manos un ejemplar viejo de un libro que se titula Hambre y cuyo autor es un tal Knut Hamsun. El hombre se siente un poco decepcionado, para qué negarlo. Hubiese preferido que en la bolsa blanca de plástico hubiese habido cualquier otra cosa: una bufanda de lana virgen, por ejemplo. Eso le habría venido muy bien para combatir el frío de aquel invierno. O un cd de Juanito Valderrama o Antonio Molina. Para él, los dos cantantes más importantes de todos los tiempos. O una revista pornográfica. O incluso un juguete, un trenecito de madera o una pelota de tenis, por ejemplo. Un buen regalo para su nieto. O ya puestos, si al menos el libro hubiese sido una novela del oeste, de las de Marcial Lafuente Estefanía o de las de Silver Kane o aquel otro, cómo se llamaba, ah, sí, Keith Luger. ¡Aquellos sí que eran buenos libros! ¡Aquellas viejas novelas que publicaba Bruguera! Cuando joven, hubo un tiempo en que se aficionó a leer novelas del oeste. Fue en aquella época en que trabajó de vigilante nocturno en una fábrica de ladrillos. Debió ser hacia mil novecientos cincuenta y… Uff, ya había llovido algo desde entonces. Y sin embargo todavía recordaba algunos títulos: La mascota de la pradera, Te enterrarán en día de fiesta, Un puñado de caraduras. Aquellos libros sí que eran entretenidos. Y emocionantes. Ahora, en este mismo momento, el hombre sostiene el ejemplar de Hambre en sus manos. Lo mira por delante y por detrás. Lo observa con detenimiento. Lo pone bocabajo por si, de entre sus páginas, cae un papelito. Busca algún nombre escrito en él que delate su procedencia, que indique quién ha sido su dueño. Alguna dedicatoria. Él nunca ha regalado un libro pero sabe que hay gente que sí lo hace y escribe cosas en ellos del tipo: “Deseo que las páginas de este libro te atrapen como me atraparon a mí.” Y otras cosas por el estilo. Pero no encuentra nada. Absolutamente nada. Ni papelitos, ni dedicatorias, ni nombres. Es como si aquel libro no hubiese pertenecido jamás a nadie. Como si hubiese aparecido allí, en aquel banco verde, dentro de la bolsa blanca de plástico, por arte de magia. De repente, el hombre se da cuenta de que no sabe qué hacer con el libro. Evidentemente puede levantarse en ese preciso instante y largarse, dejándolo allí. Asunto terminado. Pero no es capaz. Simplemente, no puede hacerlo. No tiene motivos para actuar así. O mejor dicho, si actúa así, luego le pesará. Le da un poco de pena abandonar el libro en aquel parque solitario, a aquella extraña hora del día. ¡Cualquiera sabe en qué manos puede caer! Movido por algún extraño resorte, el hombre abre el libro por la primera página y empieza a leer el primer párrafo: “Era el tiempo en que yo vagaba, con el estómago vacío, por Cristiania, esa ciudad singular que nadie puede abandonar sin llevarse impresa su huella…” El hombre siente una agradable sensación en las yemas de los dedos. Es algo muy placentero. Así que sigue leyendo. Al principio le cuesta trabajo. La falta de costumbre, razona el hombre. Ha de hacer un esfuerzo considerable para entender las palabras escritas en las páginas amarillentas. Poco a poco, el hombre se va relajando con la lectura de aquel libro. Y se va adentrando en la historia, en las aventuras y desventuras del héroe, en los pormenores de su existencia. De repente, se da cuenta de que casi ha caído la noche. Y de que ha bajado la temperatura. No sabe cuánto tiempo lleva allí. Pero deben ser unas cuantas horas. Lo único que tiene claro es que se va para su casa, con el libro metido en la bolsa blanca, y que una vez allí, se dará una ducha caliente, y después cenará algo ligero, probablemente una tortilla francesa y una ensalada. Y reanudará la lectura de aquel extraño libro. Un libro que alguien ha dejado abandonado, en una bolsa blanca de plástico, sobre un banco verde de un parque, hasta llegar a la palabra FIN.


(Dedicado con todo mi cariño y admiración a aquellos autores de novela popular que hicieron, con su imaginación y su incansable pasión por la literatura, que la vida en la dura España de posguerra, fuese un poco más llevadera. Para mi admirado Francisco González Ledesma, sin duda, el mejor.)

jueves, 22 de abril de 2010

Libros como sueños

Cada vez que abres un libro,
Sancho es gobernador de la Ínsula Barataria,
Tom y Huck se bañan en el Mississippí,
mientras Philip Marlowe toma un
gimlet
en un antro de Los Ángeles.
Cada vez que abres un libro
Frederic y Catherine huyen de la guerra por amor,
Ulises busca el camino de regreso a Ítaca
y Celestina, vieja puta, hechiza el joven corazón de Melibea.
Cada vez que abres un libro,
Segismundo sueña que toda la vida es sueño,
Neruda escribe los versos más tristes esta noche
y el doctor Frankenstein juega a ser Dios en su laboratorio.
Cada vez que abres un libro,
Madrid es una inmensa colmena de gris hormigón,
Platero juega con los niños de Moguer
y alguien, en algún lugar, espera a Godot.
Cada vez que abres un libro
el mundo se vuelve un poco mejor.

(De
Desorden, 2001)

Feliz Día del Libro a todas y todos los que entráis por aquí. Ya sabéis, comprad libros, usad las bibliotecas públicas, regalad libros. Y ya puestos, que sean de calidad. Salud)

miércoles, 21 de abril de 2010

Poética (textil)

Quitarse la chaqueta.
Luego la camisa.
Despojarse, primero, de un zapato.
Después del otro.
Los calcetines, también fuera.
Bajarse los pantalones.
Y por último, los calzoncillos.

Desnudo

como mi madre me trajo al mundo.

Como cuando escribo un poema.

martes, 20 de abril de 2010

Miguel Hernández, comunista

A propósito del Centenario del nacimiento del poeta Miguel Hernández (Orihuela, Alicante, 30 de octubre de 1910- Alicante, 28 de marzo de 1942), que conmemoramos este año con numerosos actos a lo largo y ancho de la geografía española, hemos tenido oportunidad de leer en las últimas semanas en la prensa española bastantes artículos en torno a su figura y a su extraordinaria obra poética. Y tengo que confesar que estoy alucinado, cabreado y asqueado. Y es que la mayoría de esos artículos tratan de minimizar, cuando no directamente de ocultar, la militancia política del autor de Viento del pueblo. No sé qué pasa ni por qué razones se hace (aunque, las intuyo, por supuesto) pero ninguno de esos articulistas dice abiertamente que Miguel Hernández fue comunista. De hecho, es moneda corriente que al hablar del insigne poeta alicantino, no se utilice el término “comunista” ni una sola vez. Como si el adjetivo, por sí solo, fuese el detonante de todos los males habidos y por haber. Pues sí, Miguel Hernández fue comunista, y eso, a finales de los años treinta y principios de los cuarenta, tenía un significado simbólico que, no hay que ser muy listo para darse cuenta, no es el mismo que en nuestros días. Miguel Hernández vivió una tremenda evolución personal que lo llevó desde el cristianismo de su juventud a convertirse en el gran Poeta del Pueblo, con sus poemas de combate, de denuncia, de esperanza, de dolor y de tragedia, sobre todo, los que forman sus poemarios El hombre acecha y Viento del pueblo.

En una carta fechada el 29 de noviembre de 1935, su amigo y mentor hasta ese momento, Ramón Sijé, le reprocha, abiertamente, su profundo viraje ideológico, así como su acercamiento poético y estético (su coqueteo con las vanguardias y el surrealismo) a poetas como Neruda, Aleixandre o Alberti: “Transformación terrible y cruel”, la denomina Sijé.

Sin duda la amistad con el poeta chileno Pablo Neruda es importantísima para esa transformación ideológica. Así pues, en los primeros balbuceos de la Guerra Civil, Hernández no duda en alistarse como voluntario en el Quinto Regimiento, de tendencia comunista. En el mes de octubre de 1936, es nombrado Comisario de Cultura del batallón El Campesino, y se le asigna la importante misión de escribir para los milicianos del frente, con el objeto de elevarles la moral. En marzo de 1937 contrae matrimonio por lo civil, lo cual supone toda una declaración de principios, y en agosto de ese mismo año viaja a la Unión Soviética como miembro de una delegación cultural para conocer el teatro que se estaba haciendo en aquellos momentos en la URSS. ¿No supone todo esto un posicionamiento ideológico determinado?

En muchos de esos artículos a los que me refería antes se habla de Miguel Hernández como un “referente estético”. Me parece que reducir la figura de este gran poeta a eso (que también lo es, ojo), es un insulto a su memoria. ¡Qué estuvo en el Quinto Regimiento, por favor! ¡Qué pudo haberse exiliado como hicieron muchos otros y no lo hizo! Hernández optó por quedarse. Quiero creer que, porque además de un magnífico poeta, era un hombre valiente, comprometido hasta la médula con ese pueblo al que veía sufrir ante el avance demoledor del fascismo, o vete tú a saber por qué lo hizo. El resultado es que no se fue cuando pudo haberlo hecho. Y que murió sin renegar de su ideología política, el comunismo.

A nadie con dos dedos de frente se le escapan las razones de esta manipulación. Para los medios de comunicación de masas no existe lo que no se nombra. Es así de simple. Ya lo hemos visto en otros muchos casos. La mentira va creciendo y creciendo, como una gran bola de nieve. No me imagino, por ejemplo, al actual presidente de la Generalitat Valenciana, el ultraconservador Camps, o al Rey, alabando la figura del poeta comunista en uno de esos actos manipuladores y surrealistas (todavía me produce vergüenza ajena ver al pobre viejecito que era Rafael Alberti en sus últimos meses de vida, visitado por el entonces presidente del gobierno José María Aznar). Sin ningún género de dudas, resultarán más fáciles de digerir las alabanzas hacia el intelectual cristiano o hacia el “referente estético” que hacia el poeta comprometido con la lucha trágica del pueblo.

Dejó escrito Miguel Hernández: “Los poetas somos viento del pueblo: nacemos para pasar soplando a través de sus poros y conducir sus ojos y sus sentimientos hacia las cumbres más hermosas”. Eso lo escribió el hombre, el poeta y el comunista. Por ese orden. Le pese a quien le pese.

(Este artículo ha sido publicado en la edición del día 20 de abril de 2010 en Rebelión)

lunes, 19 de abril de 2010

Hasta los cojones de... (II)

- Franco y los fascistas que campan a sus anchas por los juzgados, por el Tribunal Supremo, por el Constitucional y hasta por los de oposiciones. Resulta bochornoso que, treinta y cinco años después de la muerte del ser más abyecto que ha dado este país, siga siendo intocable.
- De los curas pederastas (de los que no lo son, también) por haber abusado de niños y niñas indefensos, por haberles amargado la vida, por ser tan cabrones, y del Papa, que no tiene la valentía ni la humildad necesarias para afrontar la verdad y reparar (si es que tal cosa es posible) el daño irreparable (valga la redundancia) que les han hecho a estas personas.
- De los niños y niñas que hacen la primera comunión por los regalos y de sus padres, que lo consiente.
- De que aún exista la primera comunión.
- De que siempre gobiernen los mismos (aunque el partido sea otro, ahí radica el truco del almendruco) y de que mi voto no sirva absolutamente para nada, porque la Ley electoral es, como casi todo en este país, una gran estafa.
- De que la gente hable de la SGAE sin tener ni puta idea de qué, cómo, cuándo y por qué.
- Del afán recaudatorio de la SGAE.
- De los premios literarios (esto ya lo he dicho antes).
- De los subnormales maleducados (casi siempre son tíos) que pueblan las carreteras españolas, como si les perteneciesen, increpando a los demás, saltándose las normas, insultando y poniendo en peligro la vida de la gente, etc., etc.
- De que en la vida real, al contrario de lo que sucede en las películas americanas, siempre ganen los hijoputas.
- De Cristiano Ronaldo.
- De Fernando Alonso.
- De que Tim Burton malgaste su talento en bodrios como Alicia en el país de las maravillas (Tim, man, what's wrong with you?).
- De los escritores que no saben poner tildes.
- De la TDT de los cojones.
- De que el diario El País ataque a Hugo Chávez y no ataque a Manolo Chaves.
- De los políticos corruptos de hoy y de los de mañana.
- De que nombren Consejero de la Junta de Andalucía o Ministro del Gobierno al tonto del pueblo.
- De que Joaquín Sabina malgaste su talento en bodrios como Vinagre y rosas (Joaquín, man, wtha's wrong with you?).
- De que se hable bien de los muertos, aunque no lo merezcan.

sábado, 17 de abril de 2010

Un zapato rojo

La calle estaba oscura. La temperatura muy por debajo de los cero grados. Algunos gatos próximos a agotar su séptima vida merodeaban por los contenedores de basura, en busca de algo que aliviara el hambre atrasada y aquel terrible frío siberiano. La quietud de la noche amplificaba la sinfonía de maullidos. El camión de la basura iluminó la calle. Se detuvo junto a los contenedores. Dos personas bajaron de él. Cogieron un contenedor. Lo vaciaron. La operación se repitió varias veces. En el tercer contenedor, lo vieron. Un cuerpo de mujer. Sólo llevaba encima un zapato rojo. No hace falta decir que estaba muerta.

viernes, 16 de abril de 2010

Hay días que son una gran estafa

Todo es
confuso como un buque entre la niebla
José Agustín Goytisolo
Hay días en los que:

Ayudas a una anciana a cruzar la calle y luego ella te da
las gracias y te sonríe.

Entras en una habitación vacía y se te enturbian, sin
remedio, los ojos.

Lees un verso de Miguel Hernández y te preguntas qué
hará tu hija dentro de veinte años.

Sabes de antemano que no es verdad, aunque te haces el
despistado y finges no saberlo.

Ves en televisión a una tenista que ha ganado el Roland
Garros y piensas en un ángel verde.

Le ayudas a preparar la cena y te dan ganas de besarla
y la besas y después hacéis el amor como si fuéseis
Jack Nicholson y Jessica Lange en El cartero siempre
llama dos veces.

Estás de compras en unos grandes almacenes y anuncian
por la megafonía que un niño rubio, delgado, bajito,
con pecas, de unos siete años de edad, se ha perdido y
está buscando a sus padres y no para de llorar.

Oyes a una compañera de trabajo contar una anécdota
sobre su luna de miel en Cancún y no le haces ni puto
caso.

Recuerdas una noche de verano de mil novecientos
ochenta y seis roja, roja, roja como el Diablo.

(De Versos de alambre de espino, Editorial Alhulia, 2009)

jueves, 15 de abril de 2010

Coqueteos con el jazz

Miles de palabras para agradecer los mil ratos de placer que Tom Waits, Chet Baker, Lou Reed, Leonard Cohen, Robert Allman o Raymond Chandler han sido capaces de inventar. El libro La mirada del jazz recrea con una estética forzosamente nocturna poemas y dibujos dedicados a los genios de la música, la literatura y el cine a quienes el escritor Rafael Calero y el diseñador Colín Bertholet deben "tantas cosas. Con él queremos pagar las deudas por los muchos e intensos momentos de felicidad que estos músicos nos han ido regalando a lo largo de nuestras vidas". Ése es el propósito de los autores de una obra que edita Alhulia y que ya está en las librerías granadinas –se presentó el pasado mes de agosto en el XV Festival de Tendencias de Salobreña y lo hará en el mes de octubre en Granada–. El resultado del trabajo conjunto de dos amigos que una vez miraron al jazz y a quienes el jazz devolvió la mirada, aunque todo comenzase como un coqueteo casual.
"A mí una vez se me ocurrió escribir un poema sobre Chet Baker, uno de nuestros músicos favoritos. Se lo regalé a Colín y él más tarde me mandó una ilustración a partir de ese poema y con lo que la melodía de Baker le inspiraba… Así surgió nuestro libro", como explica Rafael Calero, cordobés afincado en Salobreña y doctor en Filología Inglesa por la Universidad de Granada.
No obstante, además del jazz aparecen otras muchas artes recogidas en la obra. "No entiendo el cine sin la música, o a ésta sin la literatura... Para mí la cultura es unitaria. Dylan, por ejemplo, es un hombre que escribe poemas y luego los canta. David Lynch es otro que hace poesía con una cámara de cine...". Por eso, no sólo se habla de música en el libro, pero es el tema central y sobre todo su razón de ser. "De ahí que escogiésemos el título de La mirada del jazz. Además de porque creo que el jazz es la última música romántica –en el buen sentido de la palabra– que existe, resume más o menos lo que hay dentro", afirma el poeta. Tanto en el contenido como en la estética de la obra.
Si el 'flirteo' con el jazz nació por azar "una noche de humo, de copas, de buena conversación, de risas, de amistad", como recuerdan en el prólogo del libro los autores, ha terminado convirtiéndose en algo muy serio. Cincuenta páginas de auténtico homenaje en el que están "los músicos que nos gustan. Desde autores del jazz clásico a otros del rock, como Tom Waits, mi preferido... Son músicos que tienen algo que decir, gente con un camino personal que no va por sendas trilladas sino que aportan algo muy personal con todo lo que hacen".
"Les debemos mucho a esos buenos músicos. Si escuchas un disco de Bob Dylan 7.000 veces, te dará 7.000 buenos momentos. Además yo, en mi forma de escribir, reconozco su influencia".
Poemas con Robert Johnson, Chet Baker, Tom Waits, Van Morrison, Roy Orbison, Miles Davis, Santiago Auserón, Lou Reed, Billie Holiday, Charlie Parker, John Coltrane, Cole Porter o Leonard Cohen como motivo de inspiración se unen a ilustraciones y fotografías con guitarras, pianos y saxos como protagonistas que dan al libro un sabor a jazz muy intenso. Colores rojos, intensos, que tocan una música sin partitura pero muy elaborada.
El autor de los dibujos, Colín Bertholet, es un belga que lleva viviendo en Salobreña desde los once años y que comparte con Calero no sólo una gran amistad, sino su gusto por la música. De hecho, tiene en Radio Salobreña un programa, Los Martes del Jazz, donde lo demuestra. "Casi todas las ilustraciones han partido de los textos". Describen la visión particular de Bertholet sobre la música.
Así, una melodía de Chet Baker, la voz herida de Billie Holiday, un riff de guitarra de Lou Reed, un verso de esos que te erizan la piel escrito por Leonard Cohen, un instrumento de percusión inventado por Tom Waits o una escena de una película de Robert Allman encuentran por azar en este libro un gracias con mayúsculas de dos admiradores anónimos. "En este sentido –explica Calero–, creo que la mayoría de las cosas chulas de la vida surgen casualmente. Pienso muy parecido a Paul Auster. Las cosas que tienen chispa en la vida aparecen sin una explicación lógica".
Seguramente, tal y como nacieron en la cabeza de los músicos de los que hablan en su libro las increíbles melodías. Incluso los silencios de los que Miles Davis hablaba como los más fuertes de los ruidos.

(Este artículo de Manuela de la Corte apareció publicado en el diario Granada Hoy el día 1 de octubre de 2006)