domingo, 26 de febrero de 2017

Cristal

"Nunca jamás metas la polla en nada que esté hecho de cristal."

Charles Bukowski

Ya sabéis, seguid los consejos del viejo indecente, que por algo llegó a viejo, a pesar de todo.

lunes, 6 de febrero de 2017

Raúl Arévalo, Mariano Rajoy y los Premios Goya

Dice Rajoy que él no va al cine, que no tiene tiempo para esas fruslerías, y que, en todo caso, si va, no es para ver una película española. Y esto lo dice el capitán del barco, y se queda tan pancho. Así son los patriotas de chichinabo. Mucho hablar de España, mucho cacarear y presumir de la Marca España, pero la gente de este país, incluidos los que hacen películas, o mejor dicho, sobre todo los que hacen películas, se la traen requetefloja. Así que Raúl Arévalo, actor y director, que estaba nominado en varias categorías y anoche se llevó el premio gordo por Tarde para la ira (Goya a la mejor película del año 2016, Goya al mejor director novel, Goya al mejor Actor de Reparto -el genial Manolo Solo, que hace un papel en la película que ni Al Pacino en sus mejores momentos-, y Goya al mejor guión original -compartido entre Raúl Arévalo y David Pulido) se dejó caer el otro día por la sede del PP y le regaló al Presidente un dvd de su peli, otro de El hombre de las mil caras, del director sevillano Alberto Rodríguez y un tercero de Azuloscurocasinegro, de su primo Daniel Sánchez Arévalo, tres magníficas películas made in Spain, o como tanto les gusta decir a los del PP, Marca España, que representan la cultura de este país muchísimo mejor que, por ejemplo, Rafa Nadal.
El gesto de Raúl Arévalo es muy significativo, cargado de simbolismo, y si me apuráis de rabia y de reivindicación del trabajo bien hecho, el propio y el de sus compañeros, pero no creo que sirva para nada más allá del golpe de efecto. Rajoy no va a ver esas pelis y si las viera, que no lo hará, ya os digo yo que no le gustarán, porque carece de la sensibilidad necesaria para que le gusten. A él le gusta el fútbol, leer el Marca, fumarse un puro, y recortar el déficit público. Lo demás se la pela. Y el cine y la cultura, no digamos. Es como si lo estuviera viendo ahora mismo, sentado en un salón de la Moncloa, arrellanado en el sofá, dándole chupadas al puro, acompañado de Soraya Sáenz de Santamaría y de Rafael Hernando, delante de la pantalla, diciendo eso tan manido de “es que a mí el cine español, como que no, que sólo son tetas, coños y cosas de la guerra”.
A lo mejor, algún asesor del Presidente debería contarle que Raúl Arévalo, hijo del extrarradio madrileño, ha tardado 9 años en sacar adelante su proyecto, currando como una mula de carga para que la película llegase a buen puerto, y que nadie le ha regalado nada, y que la productora de la película, Beatriz Bodegas, tuvo que hipotecar su propia casa para conseguir la financiación necesaria para hacer la película. Y ya puestos, ese mismo asesor, u otro cualquiera de los que tenemos mantenidos, que le diga también que en España, el país que gobierna, sólo el ocho por ciento de los actores y actrices pueden vivir de su trabajo, porque el cine, el teatro, el arte, están en la UCI, y él y su gobierno son culpables en un gran porcentaje, por ejemplo, manteniendo un IVA cultural que es el más alto de toda la UE. Y si no es mucho pedir, que alguien le pase también los datos económicos relacionados con el cine, con el teatro, con la literatura, con la música, y que se entere de una vez de cuánta gente se gana la vida en este sector, y de cuánto aporta este sector al PIB nacional. Lo mismo hasta se sorprende.
Y para acabar sólo añadir que me alegro del éxito de Raúl Arévalo, porque yo sí he visto la película, pagando mi entrada en el cine, y es una maravilla, y porque Raúl, por su constancia, por su esfuerzo, por su honestidad, entre otras muchas cosas, se lo merece. Sí señor, Raúl Arévalo, de Móstoles, de barrio obrero, de escuela pública, de padres trabajadores, uno de los nuestros.

jueves, 2 de febrero de 2017

La tarjeta black de Virgilio Zapatero



Virgilio Zapatero fue ministro en dos de los gobiernos de Felipe González, ahora no recuerdo ni de qué ni en cuál de esos gobiernos. Ni siquiera me voy a molestar en buscarlo en internet. Total, no me interesa lo más mínimo. Lo que me interesa es que este señor, fue consejero de Caja Madrid y dispuso de una de esa tarjetitas mágicas con las que su portador podía gastar a mogollón en restaurantes de lujo, en gasolineras, en la sección de lencería del corte inglés, en su puticlub favorito, en un spa o donde le saliera de los cojones (¿por cierto, hubo alguna mujer que tuviera tarjeta black? Y si la hubo, ¿también gastó a mogollón?). Zapatero gastó en torno a 25000 euros, que es poco si lo comparamos con lo que gastaron los otros mamones, pero que a mí me parece una cantidad desorbitada, dado que no era su dinero y dado que él sospechaba que aquello no era muy legal. En fin, hoy, que ha sido la última sesión del juicio, el único que ha hecho uso de su derecho a hablar ha sido este hombre, para decir, básicamente, que se sentía fatal por toda esta movida, que nunca obró de mala fe y que siempre actuó con mesura y diligencia con la dichosa tarjeta. En fin, qué no seáis cabrones, que el pobre hombre no quería gastar ese dinero, y que si lo hizo no fue con mala fe. Qué os habíais creído, que sois muy mal pensados.

miércoles, 1 de febrero de 2017

Maldita pobreza

En la edición de hoy de El País, se publica un artículo que confirma lo que muchos pensábamos. La pobreza es, y cito textualmente, “un agente que afecta a la salud de forma tan sólida y consistente como el tabaco, el alcohol, el sedentarismo, la hipertensión, la obesidad y la diabetes.” Según un estudio realizado por la revista médica The Lancet, en el que se ha tomado una muestra de un millón setecientas mil personas, ha quedado ampliamente demostrado que la pobreza es mucho peor que cualquiera de los otros items, exceptuando el tabaco, que es el peor de todos. Según Martin Tobias, especialista del Ministerio de Sanidad de Nueva Zelanda, el estudio basa "su argumento no en ideología política sino en ciencia rigurosa". Sostiene Tobias que tener bajo nivel socioeconómico "significa ser incapaz de determinar el propio destino, privado de recursos materiales y con oportunidades limitadas, que determinan tanto el estilo de vida como las posibilidades vitales".
No obstante, estoy seguro de que el Ministerio de Sanidad no va a hacer nada para prevenir la pobreza y, por tanto, aumentar la esperanza de vida de la gente. ¿Apostamos?

domingo, 29 de enero de 2017

La trilogía libertaria de Fernando Barbero Carrasco



A Fernando Barbero Carrasco (Madrid, 1949) tuve la suerte de conocerlo en el verano de 2013 y digo suerte porque este hombre es una extraordinaria persona, un magnífico conversador, un hombre solidario y comprometido, y es, ante todo, una enciclopedia viviente sobre el anarquismo, entre otros muchos temas.
Como digo, Fernando Barbero Carrasco es un madrileño de Vallecas, con residencia en Alcalá de Henares, hijo del pueblo, militante de la cultura y la sabiduría, creyente nada sectario de las ideas de Mijail Bakunin, luchador cuando hace falta luchar y, sin embargo, pacifista hasta la médula. Pero Fernando Barbero Carrasco es, ante todo, un escritor con las ideas muy claras. Con cada una de sus obras, el autor madrileño va rescatando del olvido que impone la historia y sus vencedores a una serie de personajes que, por diversas circunstancias, habían quedado más o menos sepultados por el alzhéimer colectivo en el que vivimos. Y todo ello desde el prisma libertario, pues es en este espectro ideológico donde nuestro hombre se desliza como pez en el agua.
Así ocurría con Anarquistas vengadores (Atentados reivindicativos en el mundo del siglo XIX y principios del siglo XX), el libro con el que yo lo descubrí. Se trata de un volumen que escribió en el año 2013 y de cuya publicación se encargó la editorial madrileña Queimada Ediciones. En aquel volumen, el autor  rescataba de las fauces del olvido a un puñado de valerosos anarquistas de los siglos XIX y XX, con un rasgo distintivo común: todos ellos habían participado, movidos por motivos diversos, en atentados contra políticos, monarcas, banqueros, obispos, aristócratas y otra gente de mal vivir, que diría el propio Fernando. De esta manera, por las páginas de Anarquistas vengadores se pasean hombres como Sante Caserío, Lluís Nicolau Fort, Pedro Mateu, Mateo Morral, Ramón Casanellas, Manuel Pardiñas Serrano, y otros muchos que un día decidieron tomarse la justicia por su mano y vengar siglos y siglos de afrentas y humillaciones soportados por mujeres y hombres de condición humilde a lo largo y ancho del mundo.
En 2015, se publica Palabras de Barricada (Una recopilación de anarcoversos), un jugosísimo volumen de poesía, de cuya edición y compilación se encargó el propio Fernando y cuya edición corrió a cargo, una vez más, de Queimada Ediciones. Palabras de barricadas es, como indica su subtítulo, una recopilación de versos que, de una u otra manera, guardan relación con el tema favorito de nuestro hombre: el anarquismo. Más de cuarenta poetas, mujeres y hombres, entre los que me cuento, se daban cita en esta antología poética tan especial y tan recomendable. El propio Fernando, dejaba claro en una entrevista, cuál había sido el propósito de esta antología poética :
Hemos buscado en esta recopilación de anarcoversos, no sólo la rabia y la decepción, sino, sobre todo, la fuerza y belleza poéticas, que salen de corazones ácratas. Y hemos conseguido un poemario de una calidad excepcional, que además se puede leer como una exposición del pensamiento libertario.    
Y el tercer lado de este triángulo literario libertario es De guerras y revoluciones (Historias de derrotados que vencieron), el trabajo más reciente de Fernando Barbero Carrasco, publicado una vez más por Queimada Ediciones en 2016. De guerras y revoluciones es un libro de relatos, protagonizados por personajes históricos. Veintiún relatos conforman esta obra en la que la espina dorsal se sostiene en esos personajes que, siendo todos ellos perdedores, por casualidades del destino, acaban venciendo, aunque sea de menara tangencial e inesperada. Con prólogo del poeta Matías Escalera Cordero e ilustraciones de César Llaguno, De guerras y revoluciones es un libro altamente recomendable, divertido a ratos, didáctico y ameno siempre.
Como señala Matías Escalera en el prólogo, “Estas Historias de derrotados que vencieron, resultan, pues, todo un placer para los ojos y para la mente; pero, sobre todo, para el alma, para la esperanza y la confianza de que, a pesar de todo, la lucha no está decidida del todo, que torres más altas han caído. Que donde menos se espera surge el héroe dispuesto a jugársela.”
No se me ocurre mejor manera de adentrarse en la historia que hacerlo a través de un puñado de personajes pertenecientes a lo que habitualmente se denomina intrahistoria, y que no es otra cosa que las bambalinas de esa otra Historia escrita por los que ganan, por los que tienen el dinero y parten y reparten el pastel. No hace falta decir que en las páginas de este libro no ocurre eso. Aquí no ganan los generales, ni los reyes, ni los banqueros. Aquí, los vencedores son personas humildes, a veces atracadores de bancos (o expropiadores, como sería más justo llamarlos), viejos revolucionarios de la Guerra Civil española, anarquistas argentinos que luchan enconadamente contra la corrupción policial y política, soldados vietnamitas que se enfrentan al todo poderoso ejército yanqui, etc., etc. En estas páginas lo que importa de verdad son los pequeños gestos y nunca, bajo ningún concepto, los hechos grandilocuentes que nos han intentado vender como heroicos.
Para mí, la prueba irrefutable de que un libro es muy bueno, es la rapidez con que lo leo. Si lo empiezo y no quiero soltarlo en las siguientes horas, es que ese libro me ha cautivado. Y eso precisamente es lo que me ha pasado con De guerras y revoluciones, el último libro de Fernando Barbero Carrasco, que lo he leído de una tacada. Si tienes ocasión, léelo. Seguro que no te arrepientes.