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lunes, 11 de mayo de 2020

Juan Navarro Baldeweg

Una de mis portadas favoritas de la historia de la música es la del disco de Radio Futura “La canción de Juan Perro”. Se trata de una acuarela en la que se ve una pequeña camioneta en tonos rojos, blancos y amarillos, que se desliza sobre una superficie de color azul y rodeada del negro nocturno que empieza a ceder a la luz del alba. El cuadro en cuestión se titula “El canto del gallo” y su autor es el pintor, escultor y arquitecto Juan Navarro Baldeweg, un santanderino muy aficionado a la poesía china que nació en 1939, gran amigo de Santiago Auserón, al que conoció a través de la Galería Buades Lootz. Como el propio autor de la portada ha comentado en más de una ocasión, la iconografía del cuadro está inspirada en la obra de Juan Rulfo. 
La carrera de Navarro Baldeweg está plagada de premios: el Premio Nacional de Artes Plásticas, en 1990; la Medalla de Oro Heinrich Tessenow, en 1998; la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes, en 2007; o el Premio Nacional de Arquitectura en 2014, son algunos de los galardones más importantes de cuantos ha obtenido este artista al que algún crítico ha definido como un “inclasificable” del arte Una prueba más de que Radio Futura siempre fue una banda absolutamente personal que cuidaba hasta el más mínimo detalle de su obra.
Esta colaboración no sería la última entre el pintor y la familia Auserón. En 1999, otro cuadro del pintor santanderino ilustró la portada del libro “Caminos bajo el agua”, de Catherine François, editado por Pre-Textos.

sábado, 1 de octubre de 2016

La caja abierta de Duchamp



Antonio Orihuela (Moguer; Huelva, 1965) se ha convertido, por derecho propio, en los últimos años, en la figura más destacada de la corriente poética a la que el crítico Alberto García Teresa ha etiquetado de manera bastante acertada como “poesía de la conciencia”, “poesía del conflicto” o simple y llanamente, “poesía crítica”. A Enrique Falcón, otro de los poetas perteneciente al grupo, debemos la definición más atinada de lo que es la “poesía de la conciencia: “literatura de voluntad crítica y pulso resistente en tiempos sin embargo como los nuestros, de macdonalizada pacificación e innegable injusticia social”. Desde 1995, año de la publicación de Si Rocky viera ese gato y Perros muertos en la carretera, los dos primeros poemarios de Orihuela, hasta su último y más reciente libro, Salirse de la fila, editado el año pasado por la editorial Amargord, el poeta onubense ha ido conformando, obra a obra, un corpus poético extremadamente singular, en el cual subyace todo un planteamiento moral y ético frente a la realidad capitalista que abruma al ser humano contemporáneo. El propio autor, con la contundencia que lo caracteriza, lo deja bien claro:
Seamos nosotros quienes descodifiquemos las señales de humo de las chimeneas de las fábricas de sulfuro como lo que son y no como lo que nos dicen que son de beneficiosas, volvámonos contra los mensajes de las paredes, contra las vallas publicitarias, contra los contenedores y las cabinas de teléfonos... que en todos estos sitios, los mensajes nos sonrían, que hablen de nosotros, que nos reconozcamos en ellos como una huella nuestra. Descubramos, en realidad, a qué huelen las cosas que machaconamente nos dicen que huelen tan bien. Escuchemos y traduzcamos el sonido, el alarido de la ciudad y la necesidad de volver a componer la música callada de las cosas. Distingamos, aún sin el maniquí, donde comienza el escaparate y donde la verdadera vida de la calle. Si salimos así de dispuestos, preparados para iniciarnos en estas prácticas, estaremos devolviendo la poesía a la calle, volverá a haber poesía en la calle, paseará la poesía, de nuevo, de nuestro brazo, por la calle.
Y sin embargo, la faceta literaria de Antonio Orihuela, no se restringe solamente al ámbito de la poesía. Orihuela, que se doctoró en Historia por la Universidad de Sevilla es, además de poeta, ensayista. Un fino y certero, me atrevería a decir, escritor de ensayos. Así lo viene demostrando en obras referenciales como Historia de la prehistoria: el suroeste de la Penínsual Ibérica, Moguer, 1936 (donde lleva a cabo un estudio detallista del golpe militar fascista y la posterior represión en su pueblo natal en 1936); o Poesía, pop y contracultura en España, un libro imprescindible para entender la cultura underground en el estado español, durante una época, el tardofranquismo y la Transición, y en el que se hace un repaso riguroso a todas y cada una de las figuras de la contracultura española, desde el flamenco-rock al mundo del tebeo, pasando por la pintura, escultura, cine, etc., etc.
La caja verde de Duchamp y otras estampas cifradas es el título del más reciente ensayo de Antonio Orihuela, una obra que ha sido publicada por El Desvelo Ediciones, una pequeña editorial independiente con sede en Santander. A través de 21 ensayos, Orihuela lleva a cabo un recorrido por la historia del arte, desde la Grecia clásica hasta la posmodernidad más reciente, estableciendo un diálogo, no exento de ironía — me atrevería a decir que incluso el humor está presente en muchas páginas de este libro—, y siempre rebosante de esa actitud crítica, anticapitalista y libertaria, tan certera e incisiva, que se ha convertido en marca de la casa.
La caja verde de Duchamp está divida en dos partes: la primera de ellas agrupa un total de dieciséis ensayos que giran en torno a otros tantos artistas imprescindibles en la historia del arte, aunque por desgracia, muchos de ellos, no ocupen siempre en la actualidad el lugar que merecen. De esta manera por las páginas de este libro pasean nombres como los de Masaccio, Caravaggio, Jan Van Eyck, Clouet, Gerard Von Honthorst, George de la Tour, Jan Steen, Jean Cousin, Fernand Knopff, William Hogarth, y muchos otros. Orihuela entabla una serie de diálogos con las obras referenciadas, tratando de arrojar un poco de luz sobre sus simbolismos, al mismo tiempo que penetra en los códigos ocultos que se esconden detrás de estas obras, e investiga cuáles fueron las razones de sus autores para llevarlas a cabo, las pasiones secretas que albergan cada una de ellas: amores homosexuales, relaciones incestuosas, consumo de sustancias psicotrópicas, etc. Sin duda, de esta primera parte, mi ensayo favorito, el que más me ha impresionado, es el que se titula “La biosfera: parque temático del ecoterrorismo”, en el cual Orihuela hace un pormenorizada crítica del Earth Art, esa tendencia artística tan en boga en la década de los setenta del pasado siglo que consistía, básicamente, en “llevar el Arte Pop y su cultura urbana hasta los entornos naturales que utilizarán como entorno y soporte”. Algunos de los earth-workers más venerados fueron artistas como Christo, Robert Smithson, Michel Heizer o Nancy Holt, que alcanzaron bastante notoriedad con sus transgresiones y sus manipulaciones estéticas.
La segunda parte del libro está dedicada íntegramente a la figura de Marcel Duchamp. Cinco ensayos sobre el artista al que Orihuela define como “un precursor del arte conceptual, del pop art, del minimal, de la performance, del arte procesual, del multimedia, y prácticamente de todas las tendencias por las que ha discurrido el Arte desde la segunda mitad del siglo XX.” Antonio Orihuela no tiene ningún tipo de duda a la hora de declarar a Duchamp como el más influyente artista del siglo pasado. “Dejó de pintar porque, decía, había llegado a un punto muerto, pero sus ideas continúan vivas, parecen un manantial que fluye constante y vigoroso impregnándolo todo, borrando la frontera entre el arte y la vida, liquidando los presupuestos de lo estético, haciendo estallar el canon y la norma, socavando para siempre las viejas concepciones de artista, obra de arte y proceso creativo.”
La caja verde de Duchamp constituye una magnífica ocasión para aproximarse a un escritor, Antonio Orihuela, y a su particular mundo estético, simbólico, metafórico y referencial. Un libro hecho de fragmentos, de pequeñas piezas que, nosotros, los lectores, hemos de sacar de esa caja verde para que todo termine encajando de manera perfecta.        

martes, 24 de noviembre de 2015

La dinamita cerebral de Ferran Aisa-Pámpols



Muy pocos escritores de la legión que puebla el estado español pueden presumir de tener una obra tan prolija y variada como la del poeta, historiador, biógrafo, ensayista, y mil cosas más, —escrita tanto en su lengua materna, el catalán, como en castellano—Ferran Aisa-Pámpols. Y es que este catalán, nacido en Barcelona en 1948, ha tocado todos los palos habidos y por haber. No obstante, de esta variadísima bibliografía habría que destacar sus trabajos sobre la obra del poeta catalán Joan Salvat-Papasseit (una de sus grandes pasiones). También ha publicado numerosos trabajos sobre la historia del movimiento obrero en Cataluña, centrándose básicamente en el movimiento anarcosindicalista, del cual, Aisa-Pámpols, es, con toda probabilidad, el erudito número uno. En el terreno del ensayo histórico, hay que destacar su gran obra CNT, la força obrera de Catalunya, publicada en 2013, entre otros muchos títulos. Por otra parte, en su faceta como poeta, formada por más de nueve poemarios, sobresalen títulos como Todo el fuego sobre el mar, Ceniza y asfalto y sobre todo Balada dels temps difícils / Balada de los tiempos difíciles, una jugosa antología poética bilingüe, publicada por Ediciones Amargord en 2014, en catalán y en castellano, que reúne lo mejor de su obra poética y que es altamente recomendable.
Hace unas semanas, Aisa-Pámpols publicó la que es su última obra hasta el momento, bajo el sugerente título de Dinamita cerebral: cultura, literatura, arte y poesía anarquista (Calumnia Editions, 2015). El escritor barcelonés vuelve con este libro al ensayo y pone la vista en uno de sus temas preferidos: la historia del anarcosindicalismo en Cataluña. Parten las páginas de este libro de la conferencia que su autor impartió el pasado mes de julio en Moguer (Huelva) dentro de los encuentros poéticos Voces del extremo, que dirige otro insigne poeta ácrata: Antonio Orihuela, y que tienen lugar cada verano en la Fundación Zenobria Juan Ramón Jiménez de la localidad onubense, y en la cual se dan cita los más destacados creadores poéticos de la poseía crítica y disidente del estado español e incluso de otros países. Tuve la suerte de estar presente en aquella ponencia y os puedo asegurar que  a nadie dejó indiferente.
En las 136 páginas del libro, su autor lleva a cabo un análisis histórico de lo que supuso el ámbito cultural para aquellos anarquistas, hombres y mujeres, de finales del siglo XIX y primer tercio del siglo XX. El título del libro está tomado prestado de Josep Llunas i Pujals, un libertario del siglo XIX quien anteponía la acción directa, con sus bombas y sus pistolas, a la dinamita cerebral, con la que intentaba “emancipar al ser humano a través de la cultura y de la educación”. De esta manera, Aisa-Pámpols lleva a cabo un análisis relacionado con determinados aspectos culturales, desde el punto de vista de la producción anarquista, aspectos tales como la Escuela Moderna, de Ferrer y Guardia; la poesía de Salvat-Papasseit; las novelas proletarias, con autores como Ramón J. Sender y sus Siete domingos rojos; Pio Baroja, con su trilogía Aurora roja, o el primer Azorín, autor de una ingente obra de sesgo libertario, por poner sólo tres ejemplos de los autores más conocidos. También se habla en estas páginas del teatro proletario, puesto en marcha por dramaturgos ácratas como Felip Cortiella y su agrupación teatral “Vetllades Avenir”, una de las más importantes de cuantas funcionaron en la época.    
El libro está repleto de jugosas anécdotas, con protagonistas como García Lorca, Dalí, José López Montenegro, Cels Gomis o Emili Guanyavents y leyendo estas páginas, me he enterado, por poner sólo un ejemplo sorprendente, de que el origen de la Caixa, fue una caja de resistencia puesta en funcionamiento por obreros anarquistas en el siglo XIX.
Si, como yo, eres de los que creen que para entender el presente y predecir el futuro, debemos conocer el pasado, búscate un ejemplar de Dinamita cerebral, cultura, literatura, arte y poesía anarquista, y léelo con fruición. Merece la pena.

miércoles, 4 de diciembre de 2013

Santiago Sierra, sin pelos en la lengua

De su obra se ha dicho que es incómoda, controvertida, irritante, combativa, epatante, provocadora, violenta, minimalista, conceptual, proletaria, y mil cosas más. Y sin embargo ninguno de estos adjetivos recoge con exactitud todos los matices que encierra su ya larguísima trayectoria artística. Joseph Beuys o Marcel Duchamp son tan solo dos de los prestigiosos nombres con los que se le suele asociar.  
En el año dos mil diez Santiago Sierra saltó a todos los telediarios y periódicos nacionales y a muchos internacionales por ser el primer artista español que rechazaba un premio concedido por el Ministerio de Cultura. En la carta que hizo pública argumentado su actitud, escribió: “el arte me ha otorgado una libertad a la que no estoy dispuesto a renunciar. Consecuentemente, mi sentido común me obliga a rechazar este premio”. Y en opinión de Santiago Sierra, para un artista radicalmente comprometido con el ser humano y con la libertad creativa como él, resulta inaceptable entrar en el juego de un Estado “que participa en guerras dementes alineado con un imperio criminal. Un estado que dona alegremente el dinero común a la banca. Un estado empeñado en el desmontaje del estado de bienestar en beneficio de una minoría internacional y local.” Por eso, básicamente, rechazó aquel premio, a pesar de que los treinta mil euros de la dotación económica, eran una zanahoria bastante jugosa. A la Ministra de Cultura del Gobierno socialista que presidía Rodríguez Zapatero, Ángeles González-Sinde, todavía se le deben remover las tripas cuando escucha su nombre.
Y es que Santiago Sierra (Madrid, 1966) es el intelectual y artista español contemporáneo más libre, más sincero y, con toda seguridad, uno de los más inteligentes de cuantos pululan por las carreteras sin asfaltar del arte contemporáneo. Un creador sin pelos en la lengua, al que le gusta llamar a las cosas por su nombre y para el que no están hechos los eufemismos. Resulta evidente que cuando se inventó la etiqueta de lo “políticamente correcto” no se hizo pensando en el artista madrileño, porque él siempre dice las cosas como las siente. Partiendo de una actitud radicalmente libertaria y nihilista, casi punk, se ha convertido por derecho propio en el artista español más internacional. Cada vez que estrena un nuevo proyecto, el mainstream artístico se echa a temblar. En alguna ocasión se ha autodefinido como “un minimalista con complejo de culpa” y otras como “un megaobrero que ha superado el anonimato y cuyos productos rebosan plusvalía”. La escritora bonaerense Graciela Speranza ha dicho de él: “Sierra no es un narrador omnisciente, no representa, no documenta, no registra, no es ejemplar, no alecciona, no pretende cambiar el arte ni el mundo. No es un activista. Crea situaciones que nos abruman por la claridad de los enunciados y nos arrojan a un abismo de sinsentido”. Sea como fuere, lo que tenemos muy claro es que Santiago Sierra es mucho Santiago Sierra.
Algunos de sus trabajos han levantado auténticas polvaredas mediáticas. Transformó una sinagoga alemana en una cámara de gas, ha tatuado a gente para denunciar las aberraciones del sistema capitalista y organizó una gran sodomización colectiva llevada a cabo en la ciudad de Barcelona. No obstante, la obra que lo ha hecho inmensamente popular ha sido el NO, Global Tour, donde, a modo de road movie, ha paseado un gigantesco NO negro como los tiempos que nos han tocado en suerte, a lo largo y ancho del planeta. Sus proyectos Los encargados y El trabajo es la dictadura atacaban directamente la línea de flotación de la política española y del sistema neoliberal que ha clavado sus garras con ferocidad sobre el mundo entero.
Buceando en Internet, he recopilado algunas de sus opiniones sobre lo divino y lo humano. A buen seguro, no dejarán a nadie indiferente, pues Sierra reparte leña a diestro y siniestro, sin detenerse ante nadie ni nada. Señoras y señores, a continuación, el diccionario básico para adentrarse en el personalísimo universo del artista Santiago Sierra:

Academicismo: En la academia se aprende a la inversa, por lo que es de suma importancia hacer exactamente lo contrario de lo que ahí te digan. No suele fallar. Las academias de arte son en su inmensa mayoría lugares para la castración de las artes y por ende de la libertad creativa del artista.

Artistas: “(…) lo que normalmente muestran los medios es que el artista es un señor con corbata que hace muy bien las genuflexiones. Es una imagen desastrosa que ha hecho mucho daño al propio artista. A mí a veces me da vergüenza decir que soy artista, porque se te asocia con una serie de cosas con las que no tienes nada que ver.”

Autogestión: Que la gente sea dueña de su propia vida. La autogestión de nuestros recursos, de nuestra vida y de nuestros pensamientos. Que nos hagamos cargo de nuestra vida, que nadie nos la ocupe.

Clase política: “La clase política me parece algo absolutamente repugnante.” “Estos tipos son imparables. Tienen unas formas de dominio de la población que son alucinantes. Nos hacen todo eso y todavía la gente los va a votar, va a elegir a su dictador. A través del fútbol y los deportes se le impone a la sociedad una lógica de competencia. Competir en vez de colaborar, masacrarse el uno al otro, que esté bien visto el hecho de que mi felicidad se base en la ruina del otro. Y esto no se puede cambiar porque hay un aparato propagandístico muy pensado. Si los nazis eran hábiles en la manipulación de los cerebros de la gente, ni qué decir ahora. Cuando me quiero dar cuenta, ya estoy repitiendo una frase que he leído en el periódico o escuché en la tele.”

Corrupción: La corrupción no es una anécdota. La corrupción es el Régimen y la extorsión, su método. 

Crisis: se trata de un éxito del sistema financiero. Necesitaban mucho dinero para hacer burbujitas y ahí lo tienen. Claro está que para el resto de mortales esto es un atraco. Pero ese resto cuenta cada vez menos, y es que el dominio de las élites sobre la población parece ser otro éxito aplastante. La democracia es notablemente una estafa.

Democracia: la democracia es la otra cara del fascismo, es tan solo una estafa: se elige dictador. Puro fascismo. Los fascistas no suelen parecerse a Hitler, son más bien de corbata y buen corte de pelo, y usan carné de partido, de cualquier partido (…).

Esperanza: (…) mis trabajos buscan acorralar al espectador negándole todo mensaje esperanzador, por la sencilla razón de que no veo ningún motivo para la esperanza. (…) Y como están las cosas, ¿esperanzas de qué? (…) Y creo además que no tener esperanza es muy útil: una persona que no tiene esperanza y no tiene miedo es muy peligrosa para el sistema. Y mejor ser peligroso que pusilánime.

Estado: El Estado es un cuerpo parasitario y su objetivo nunca será el bien común sino el privado, el bienestar de clase, de su clase.

España: En España tenemos una Administración colonial que hace lo que le digan fuera a cambio de impunidad en sus desfalcos. (…) España es una monarquía por la gracia del Pentágono. (…) Después de la Guerra Civil, España pasó a depender del fascismo centroeuropeo, lo que prácticamente la convirtió en un protectorado, donde todas las decisiones importantes son tomadas en el exterior. Tenemos una elite política colaboracionista con el fascismo centroeuropeo, penetrada por el crimen organizado, un país en que la jefatura del Estado la lleva un militar franquista, en fin... un desastre.

Indignados: Obviamente, razones para estar indignado sobran. Pero la indignación me parece muy poco. Yo no estoy indignado, estoy hasta los cojones de esa gentuza. En mi país hay cuatrocientos mil políticos. ¡Cuatrocientos mil políticos robando! Y además con sus familias. Imagínate… Sus hermanos, sus tíos, sus primos… No hay cuatrocientos mil artistas en España, ¿o sí? Yo creo que estamos en una situación en la que quien no oiga los tambores de guerra está sordo. Estamos al borde de una explosión de cuidado.

Lenguaje: el lenguaje es nuestra conciencia en acción y debe ser independizado de las consignas de la televisión y de Hollywood. No podemos seguir hablando como locutores automáticos de telediario, como héroes fascistas de cine o como tertulianos farisaicos. Nos han robado el leguaje palabra por palabra (…) Apagar la tele ayuda mucho [a recuperarlo], no ir al cine y pasear más por las calles también.

Libertad: La libertad es una palabra robada y mancillada por las élites. Si alguien declara ir a buscar la libertad a no sé donde, ya sabemos a lo que va, a robar. Libertad es un concepto que debe ser recuperado (…).

Monarquía: No tolero que un tipo vaya por la calle diciendo: “Yo soy el rey”. ¿El rey de qué? ¿Del mambo? Y no, lo dice muy serio y se pone una corona... Hombre, a mí esas cosas me repatean. Ya ni siquiera es una cosa de mentalidad o de teoría política. Es algo en las entrañas...

OTAN: Es la mayor organización terrorista de la historia del planeta y principal sospechosa de los atentados del 11M en Madrid, entre otras muchas desgracias.

Partidos políticos: Los partidos políticos son (…) organizaciones criminales cuyos esfuerzos  van destinados a meter mano en la caja común y repartirse el botín de lo público entre sus cuates, jefes y familiares. Ni izquierda ni derecha. Aquí la única dirección reseñable es arriba y abajo: ellos arriba y los demás abajo, obviamente. Los partidos políticos pertenecen a la banca, que es quien los financia.

Premios: “(…) no creo que ellos [el Ministerio de Cultura] sean quiénes para premiarme. Eso en primer lugar. Me siento devaluado, creo que ha habido un rollo por parte de los gobiernos en general de políticas de premios constantes hacia los artistas, que lo que fomentan es la docilidad; te chupan el prestigio y te quedas seco. A un artista que se le da un premio tan importante se le acaba su carrera; hace el ridículo en un telediario, dándoles la mano a las autoridades; y la verdad es que no me veo en ese papel. No puedo acercarme y saludar a una gente a la que detesto bastante.”  

Prensa: La prensa es la voz de los lobbies, representa grupos de poder y gana su dinero con la publicidad de las corporaciones y del Estado. Los que escriben en la prensa saben bien lo que deben o no decir, son mayoritariamente mercenarios (…).

Trabajo: El trabajo no es necesario (…) el trabajo siempre es explotación. Es necesario huir de los imaginarios que dignifican al trabajador sin cuestionarse la naturaleza misma del trabajo. El trabajo es la dictadura (…) El trabajo no nos hace libres. Tampoco dignifica. La dignidad del hombre no procede del trabajo.

Unión Europea: La UE es una auténtica cueva de piratas, desde donde un día se ordena desmantelar la industria para contentar a los industriales del Norte; otro, desmontar la agricultura para contentar a la agroindustria de Francia; o, como vemos últimamente, jalean el robo a espuertas sobre la población peninsular. La UE nos quiere como camareros y albañiles, con la ciencia prohibida y la cultura de rodillas, sin universidades: brutos, pobres y enfermos.

Vaticano: o mafia de Roma, que entiende la sodomía como un método pedagógico perfectamente aceptable.