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domingo, 23 de octubre de 2016

La gran traición



Al final, como ya esperábamos y sabíamos casi todos, se consumará la gran traición. El partido Socialista Obrero Español se abstendrá para que Mariano Rajoy siga siendo el presidente del gobierno. O lo que es lo mismo. El Partido Socialista Obrero Español se abstendrá para que nada cambie, para que todo siga siendo como ha sido hasta ahora. Los que pidieron el voto para luchar contra la corrupción, para eliminar la LOMCE y la Ley Mordaza, para que ninguna persona en este país se quedara sin techo (aunque la mitad ya se habían quedado sin él precisamente por culpa de ellos: aún recuerdo a la ministra Salgado diciendo que los suelos de las hipotecas daban seguridad al sistema económico español), los que se vendían a la opinión pública como los únicos que podían parar a una derecha despiadada y absolutamente deshumanizada, los que, en definitiva, nos proponían limpiar de mierda este país, los van a ayudar a perpetuarse en el poder y van a permitir que la mierda siga campando a sus anchas.
En la introducción al programa electoral con el que el PSOE se presentó a las elecciones de junio se podía leer el siguiente párrafo.
“Después de cuatro años de gobierno de la derecha, el cambio es necesario y urgente. Un cambio que una. Que repare a un país fracturado social y territorialmente. Que reconcilie a la sociedad con sus instituciones democráticas. Que nos vuelva a encaminar al diálogo y al acuerdo como forma normal de la política. ”
Cuatro meses después, todos sabemos que esas palabras no sirven para nada. Este país volverá a padecer la lacra de un gobierno conservador dirigido por un gran inepto, Mariano Rajoy Brey. Y todo ello se lo debemos a los hombres y mujeres del Partido Socialista, el partido que fundó un tipógrafo hace 120 años para defender los intereses de los trabajadores, de los desfavorecidos, de los pobres, de los parias de la tierra. Pero ahora, en octubre del año 2016, ese mismo partido, está más por la labor de defender los intereses de los ricos, de los del Ibex35, de los que no pagan sus impuestos, o de los que usan las tarjetas black. Así es la vida.     
La experiencia nos dice que los socialistas no son de fiar. No hay más que volver un poco la vista atrás: la OTAN, las reconversiones industriales, los GAL, el engaño a IU en el gobierno andaluz de la pasada legislatura, etc., etc. Con esta abstención completan definitivamente su viraje a la derecha. A partir de ahora los socialistas nunca más podrán hablar de socialdemocracia, de izquierda, de igualdad, o de justicia social. O mejor dicho, podrán hacerlo, faltaría más. Pero nadie en su sano juicio volverá a creerlos. Nadie confiará en la palabra de un socialista, porque están demostrando que esa palabra carece por completo de valor.
Que les quede muy claro a todos los socialistas que el próximo fin de semana, cuando con su abstención cobarde y mentirosa, sus diputados permitan que Mariano Rajoy pueda volver a formar gobierno, estarán dando un sí como una catedral a la corrupción, a la desigualdad, a la injusticia social, a la mentira y al dolor de varios millones de personas que han sufrido el shock neoliberal de los últimos años.
Que les quede muy claro: el pueblo español no les perdonará jamás la gran traición.

domingo, 12 de junio de 2016

El montaje de Ciudadanos

El sábado, en un mitin de Albert Rivera en Barcelona, un grupo de jóvenes irrumpió gritando eslóganes independentistas, feministas, anticapitalistas, al mismo tiempo que intentaban colocar una pancarta en un sitio visible pidiendo la independencia de Cataluña.  
El sábado, en una mesa informativa que Ciudadanos tenía puesta en una calle del barrio madrileño de Vallecas, un grupo de diez tíos con, según Rivera, mucha malaleche,  por supuesto, todos ellos anti demócratas y extremistas de izquierda, se acercaron a la mesa a insultar a los moderados centristas de Ciudadanos, con la intención de amedrentarlos y que levantaran el chiringuito.
A simple vista, todo parece tan claro, que es casi transparente.  Y precisamente porque todo es tan claro, tan evidente, tan innegable, yo, incrédulo por naturaleza, no me lo creo.
Estoy absolutamente seguro de que lo que ocurrió ayer en Barcelona en el mitin de Ciudadanos, lo que vimos por televisión, y lo que pasó en Madrid en el barrio de Vallecas, no es más que un montaje del propio partido, una burda representación con actores contratados, con guión previo y con, ante todo, una intención: desprestigiar a la izquierda, en general, y a los independentista, en particular.
No me voy a creer a estas alturas de la película que a las cabezas pensantes de Ciudadanos, que tan listos son, se les colara en su mitin un grupo de barbudos, malencarados, con sus tatuajes, sus piercings y sus camisetas llenas de eslóganes y estrellas rojas, con aspecto de haberse citado allí para asaltar  el palacio de invierno. Ni de coña me trago eso.
También me parece un poco sorprendente que siempre sea a Rivera al que insultan en la calle, al que tiran huevos, al que persiguen. Me parece tan extraño, que me atrevo a decir que eso es falso. No sería la primera vez que vemos como partidos políticos se inventan ataques de este tipo para obtener réditos electorales. Esa estrategia es más vieja que el hambre. No en vano, la manipulación es fundamental para alguien que pretende ganarse la vida profesionalmente con la política.
De hecho, no habían pasado ni veinticuatro horas del supuesto ataque radical y extremista, cuando Rivera culpaba a Pablo Iglesias y a la gente de Unidos Podemos de esos ataques. A ver, ¿pero no habíamos quedado en que los radicales de Barcelona pertenecían a una organización llamada Arran, que está en la órbita de la CUP? Albert Rivera, ¿me puedes explicar qué cojones tiene que ver la CUP con Unidos Podemos?  Ah, ya comprendo, que los de Vallecas si eran de Unidos Podemos, ¿no?

Seguramente, en su reciente viaje a Venezuela, Rivera ha aprovechado para hacer un cursillo acelerado de manipulación con sus amigos neoliberales y fachas venezolanos, que tan bien dominan el tema. No me extrañaría nada que lo próximo de Ciudadanos sea comparar a Pablo Iglesias y Alberto Garzón con Hitler y los nazis, ¿que no? ¿Quién se apuesta algo? 

domingo, 31 de enero de 2016

El susanazo o quítate tú que me ponga yo



Son muchos los hombres y mujeres de este país que ven con estupor lo que está ocurriendo en torno al tema de la investidura del nuevo presidente del gobierno. La cosa, tal y como yo la veo, está de esta manera: Rajoy, que quiere pero no quiere; Sánchez, que está deseando pero no lo dejan en su partido; Rivera, al que le encantaría pero se ha dado cuenta de que las elecciones reales no tienen nada que ver con las encuestas e Iglesias, que tiene ganas pero los otros no lo quieren ni en pintura.
En mi opinión, Rajoy no tiene nada que hacer. Pasó su momento. Así de simple. Su única posibilidad sería la gran coalición, pero parece que los socialistas tienen claro que no entrarán en ese juego (o al menos eso dicen ahora), a pesar de los cantos de sirena de los otrora sacrosantos sumos sacerdotes y jefes de la tribu, Felipe González y Alfonso Guerra.
Así que la única posibilidad que tiene Pedro Sánchez para sentarse en el sillón de la Moncloa sería un pacto a varias bandas, principalmente con Podemos e Izquierda Unida pero sin olvidarse de otros partidos como PNV, ERC, e incluso alguno más.  
Da la impresión de que Sánchez está por la labor de que ese pacto llegara a buen puerto. Él es consciente de que esta es su única posibilidad de llegar a ser presidente del consejo de ministros. Es ahora o nunca. Así que, en mi opinión, va a poner toda la carne en el asador. De ahí esa estrategia anunciada ayer en el comité federal de su partido de consultar a las bases. Sánchez y sus colaboradores más allegados saben que los socialistas de a pie no quieren otros cuatro años de Rajoy y de gobierno del PP ni locos. Ellos también están sufriendo, en sus propias carnes, los recortes, la onda expansiva de la reforma laboral, la poca calidad de esta democracia nuestra de regional preferente. Muchos de ellos también han sido desahuciados y obligados al copago. Queremos creer que a ellos también les da asco la corrupción. Así que si por ellos fuera, el PP no volvería a gobernar.
Pero como ocurre con demasiada frecuencia, una cosa es lo que opinan las bases y otra muy distinta, lo que piensan los mandamases. Y en este caso, se terminará haciendo lo que digan los de arriba. Es más, casi me atrevo a decir que, en este tema de los pactos y de la presidencia del gobierno, se terminará haciendo lo que diga la hija putativa de Chaves y Griñán, o sea, la presidenta de la Junta de Andalucía, la simpar Susana Díaz.
Y no hay que ser un lince de la alta política para darse cuenta de por dónde van los tiros. Susana sabe que si permitiera finalmente que los pactos entre PSOE y Podemos salieran adelante, su esperanza de ser presidenta del gobierno de España sufrirían un grave revés.  Porque vamos a imaginar por un instante que Sánchez e Iglesias llegan a un acuerdo. Y que el gobierno surgido de ese acuerdo funciona medianamente bien, como está ocurriendo en Madrid, en Barcelona, en la Comunidad Valenciana, en Aragón, y en otros sitios. Entonces la presidenta andaluza se podría ir despidiendo de presidir el gobierno español. Pero si Sánchez no alcanza un acuerdo y se han de repetir las elecciones, ahí estará ella, alerta, preparada para lanzarse sobre el secretario general de su partido y devorarlo en unos segundos.
A mí no me cabe ninguna duda de que no habrá pacto. Y de que habrá nuevas elecciones en primavera. Y si las selecciones se repiten, el candidato socialista no se llamará Pedro Sánchez. Se llamará Susana Díaz. Y entonces ella habrá conseguido su objetivo. Quitarlo a él para ponerse ella.

martes, 5 de enero de 2016

Rajoy y Sánchez

Esta mañana Rajoy ha sido entrevistado en la cadena COPE. Por si alguien aún tenía dudas sobre las diferencias entre el PP y el PSOE, por si a estas alturas aún queda algún despistado/a que considera al PSOE un partido de izquierdas, el presidente del gobierno en funciones lo ha dejado bien clarito:
"Son más las cosas que nos unen que las que nos separan y debemos hacer de la necesidad virtud", ha dicho, abogando por la Gran Coalición que defienden los Mercados (y no precisamente los de frutas), el neoliberalismo europeo y mundial con Merkell a la cabeza, los medios de (in)comunicación españoles, el Ibex35 y hasta la Conferencia Episcopal.
A ver chicos listos: los que que piensen que habrá Gran Coalición, que levanten la patita (derecha), por supuesto. Uy, uy, uy, esto está mucho peor de lo que pensaba. Y 5.530. 693 personas que han votado socialista engañados como chinos. En fin, hay gente que nunca aprende.

domingo, 13 de diciembre de 2015

España en serio



Los del PP, según he podido leer en sus (horrorosos) carteles electorales, han decidido tomarse España en serio. De este eslogan electoral se deducen, a bote pronto, un par de cosas: la primera es que hasta ahora se la habían tomado en broma; la segunda es que a partir del día 21 de diciembre, si vuelven a ganar las elecciones legislativas y vuelven a gobernar España, van a cambiar su mentalidad y su manera de enfrentarse a los problema y, ahora SÍ, se van a tomar la cosa en serio.
No tengo ni idea de quién habrá sido el inventor de tan desacertada frasecita, no sé si el poeta iluminado que se ha devanado las meninges para inventarse tan hilarante lema se llamará Jorge Moragas o Pedro Arriola, pero creo que el efecto que consigue es el contrario al deseado. Cuando voy caminando por la calle y veo el careto de Rajoy (o el del candidato al Congreso por la provincia donde vivo, Carlos Rojas) con la dichosa frase escrita debajo, a mí, lo que me produce, son ganas de reír. Es como si alguien me contase un chiste, pero eso sí, malo de cojones. Porque la verdad, no tiene ninguna gracia que los señores del PP hayan decidido a estas alturas del partido tomarse España en serio, cuando han tenido cuatro años largos para hacerlo. Y en lugar de eso, ¿qué han hecho? Pues tomarse las cosas en broma. O mejor dicho, MUY en broma.  
No sé qué tendrán en la cabeza estos tipos cuando hablan de tomarse España en serio. Pero mucho me temo que para ellos tomarse España en serio es más de lo mismo, o sea, aplicar medidas similares a la Ley mordaza, a la Ley Wert, al IVA cultural, a los recortazos en sanidad, en dependencia, en educación, en medioambiente, en construcción de carreteras y autopistas, en medidas sociales, etc. Me pregunto si para los dirigentes del Partido Popular tomarse España en serio será dejar a uno de cada tres niños españoles en riesgo de pobreza o exclusión social (datos de la ONG Save the cildren); o tal vez será dejar a más de 3.700.000 parados sin ningún tipo de prestación por desempleo, (datos de la EPA del segundo trimestre de este mismo año); o quizás tomarse España en serio sea reducir el gasto público de vivienda en un 50% en una legislatura o llevar a cabo 600.000 desalojos hipotecarios desde que empezó la crisis-estafa. Aunque bien pensado tomarse España en serio puede ser también dejar a miles de estudiantes de las universidades públicas fuera del sistema porque carecen de recursos económicos para seguir estudiando (44.000 en el curso 2012/2013). O puede que tomarse España en serio sea permitir que miles de personas no puedan ni siquiera ducharse a diario porque carecen de agua caliente en sus casas o comer caliente porque caen dentro de eso que ahora se llama pobreza energética pero que toda la vida se ha llamado simplemente pobreza. Todo eso es para Mariano Rajoy tomarse las cosas en serio.      
En las elecciones de 2011 pedían a la ciudadanía que se sumara al cambio, y anunciaban, a bombo y platillo, que estaban Centrados en ti. Cuatro años más tarde, hemos visto que eso no era más que otra de sus mentiras, que en realidad estaban centrados en sí mismos, en su puto culo, en sus negocios y chanchullos, en sus buenos sueldos y en llevárselo todo, como en efecto han hecho (compartiendo, eso sí, con sus amigos del Ibex35).
Resumiendo: que hay que ser un poco tonto del culo para creerse, en serio, el lema del PP.   

jueves, 10 de diciembre de 2015

El Abuelo Cebolleta y los derechos humanos



Una de las cosas más terribles de las campañas electorales es que los partidos abren los trasteros y sacan de lo más recóndito de ellos a las viejas glorias que un día, tiempo ha, fueron vanguardia. De  esta manera, antiguos pesos pesados vuelven a sentirse, siquiera por un rato, importantes, rememorando los días de vino y rosas que ya hace mucho que quedaron atrás y en los que ellos eran los reyes de la baraja. Uno de los que más juegan a este juego, es sin duda, Felipe González, más conocido últimamente como el Abuelo Cebolleta. Los del PSOE, viendo que Pedro Sánchez por sí solo no se va a comer un colín, han puesto al Abuelo Cebolleta a dar vueltas por España, contando batallitas de cuando él sacaba mayorías absolutas y mangoneaba sin que nadie dijese ni mú. 
Al Abuelo Cebolleta, últimamente, entre reunión y reunión del consejo de dirección de Gas Natural, le ha dado por defender los derechos humanos. Y para ello, en vez de defenderlos aquí en España, como si aquí no hiciese falta, el buen señor, se ha puesto a defenderlos en Venezuela, según él, la peor dictadura del mundo mundial.
Como la memoria es selectiva y cada uno se acuerda de lo que le da la gana, el Abuelo Cebolleta ha formateado el disco duro de su cerebro, y ya no se acuerda de que en la España que él presidía, los derechos humanos dejaban mucho que desear, y que, por ejemplo, en sus comisarías, cuando uno entraba, ya sabía que le iban a dar hostias hasta debajo de las pestañas, como bien se encargó de recordarle el genial Javier Krahe, en aquella coplilla que le valió la exclusión ad infinitum de la TVE y de los contratos para cantar en los ayuntamientos socialistas de la época, o sea, prácticamente todos. Parece ser que al Abuelo Cebolleta se le ha olvidado también aquel secuestro legal que se perpetraba en este país contra todos los varones cuando cumplían los 20 años, y que se llamaba servicio militar, más conocido como la mili. Durante un número determinado de meses, el estado, legalmente te secuestraba por el solo hecho de ser varón y joven, y te obligaban a hacer el moñas encerrado, privado de libertad, en los cuarteles, durante un año o más de tu vida. Parece ser que también se ha olvidado de todos aquellos chicos, conocidos como insumisos, a los que se les condenaba a prisión, por decir no a la mili.
El Abuelo Cebolleta tampoco suele hablar de sus compañeros de viaje. Gente como un tal Luis Roldán, un tal Mariano Rubio, un tal Juan Guerra, un tal José Barrionuevo, un tal Rafael Vera, un tal Julián Sancristóbal, un tal García Damborenea, un tal Galindo, y etc., etc. porque si seguimos no terminamos en varias horas. Como todos sabemos, esta gente, al igual que el propio Abuelo Cebolleta, sabían mucho de derechos humanos, así que ahora podrían, todos ellos, dedicarse a dar conferencias por ahí, contando a quien quiera escucharlos, mil embustes sobre Venezuela y sobre su presidente, Nicolás Maduro. Eso sí, cobrando cada una de ellas a cincuenta o sesenta mil euros, que ya sabemos que los socialistas son muy suyos para eso de poner la mano.

martes, 8 de diciembre de 2015

Fantoches



Yo no vi el debate. Es más, me olvidé por completo del debate. No sabía ni la hora a la que iba. No me interesaba. No me interesaba nada de nada. No voy a perder ni un segundo de mi tiempo escuchando a cuatro fantoches (tres fantoches y una fantocha, dado que el cuarto fantoche, el principal, ni siquiera estaba), contando mentiras, hablando sobre futuribles que jamás se cumplirán, ofreciendo datos que, en el mejor de los casos, no son ni siquiera verdad. Todos ellos me parecen unos impresentables.
Sáenz de Santamaría ha formado parte de uno de los gobiernos más despiadados que ha tenido este país. A ella y a sus compañeros de gobierno y de partido les debemos la situación comatosa en que se encuentra el estado de bienestar. Ahora pueden decir lo que quieran pero sólo han gobernado para una plutocracia. Y todo eso por no hablar de la banda de ladrones que cobijan en sus filas. Sus resultados están ahí y eso no mienten: millones de desahuciados, millones de parados, infelicidad a espuertas. Ojalá se pudran en el infierno.
Pedro Sánchez es el heredero directo del zapaterismo, o lo que es lo mismo, cómo decir una cosa y hacer todo lo contrario. Un ejemplo ilustrativo de ahora mismo: hoy he entrado en la página web del PSOE, porque sentía curiosidad por saber quién es el candidato o candidata al congreso por Granada, y veo con asombro que han puesto un mensaje contra las cláusulas suelo de las hipotecas, esas que según la ministra de economía de Zapatero, Elena Salgado, no se podían quitar porque la economía española se hundiría. Podríamos poner trescientos ejemplos como este. Y quizás no cubriríamos todas sus mentiras.
De Albert Rivera sólo voy a decir que es un tipo que me da miedo. Esa carita de niño bueno y esos modales de colegio de pago no pueden esconder nada bueno. Mi abuelo, que llegó a vivir 92 años y que a su manera era un hombre bastante sabio, decía siempre que no hay nada peor en la vida que la gente que nada y guarda la ropa, que era como decir, pero con otras palabras, que uno no se puede fiar de los ambiguos. Y Rivera, otra cosa no, pero ambiguo lo es hasta las trancas. Se nota a la legua que está deseando pillar cacho. Siempre se le ha visto esa ambición en el brillo de los ojos. Y ahora que la varita mágica de las encuestas le ha dicho que está a punto de conseguirlo, no va a permitir que nada ni nadie se lo joda.
Pablo Iglesias, con quien a priori podría tener bastantes puntos de encuentro, me ha defraudado soberanamente. Su proyecto podría haber sido un soplo (real) de aire fresco, con planteamientos absolutamente democráticos, y en torno al cual se podría haber articulado un proyecto real de cambio de la gente y para la gente. Desde el primer momento pensé que Podemos era IU 2. 0, pero al final he visto que no, que tan solo es PSOE 2. 0.
Resumiendo: que no vi el debate. Ni falta que hizo.