lunes, 31 de agosto de 2009

El fin del verano

Parece mentira, pero uno llega a cansarse hasta de estar de vacaciones. Al menos ese es mi caso. Las vacaciones de verano en el lugar donde yo vivo (Salobreña, un pueblo costero de la provincia de Granada) llegan a ser una auténtica tortura. Para alguien que lea esto en un pueblo del interior peninsular, y que no haya disfrutado de vacaciones le puede parecer que estoy alucinando. Pues no, es totalmente cierto. Esta localidad no está preparada para la avalancha de gente que recibe durante el mes de julio y, sobre todo, en agosto. Lo mimo me comentan otras personas que viven en lugares como Chiclana o Zahara de los Atunes, en Cádiz. La vida cotidiana durante estos días veraniegos se vuelve un auténtico coñazo. Acciones tan simples como ir al supermercado, a la biblioteca pública, aparcar tu coche cerca de tu casa y no digamos ya si uno se pone malito y tiene que ir al centro de salud, son auténticas odiseas, dignas de super héroes de la Marvel o de la antigua Grecia. Así que hoy, último día de este agosto realmente caluroso que hemos vivido, me devuelve mi buen humor, y mañana, con la llegada de septiembre, la vida cotidiana regresa para quedarse otros diez meses. Ya sólo me queda esperar unas semanitas para que el verano meteorológico se vaya y venga el otoño, esa maravillosa estación del año con sus noches frescas, sus hojas de los árboles por el suelo, sus castañas y sus nueces, sus primeras lluvias, su manga larga y cada uno en su casa, incluidos mis ruidosos vecinos. Please, que alguien le diga a Obama que suprima el verano. Al menos yo se lo agradecería.

sábado, 22 de agosto de 2009

El crimen organizado en Salobreña

Hace unos meses, saltaba a los medios de comunicación de todo el país, una rocambolesca noticia que tenía que ver con el Ayuntamiento de Salobreña (municipio donde resido desde hace varios años) y un cabrero de la localidad. Hoy aparece publicada en el diario Ideal una noticia que afecta de lleno al crimen organizado en el pueblo de Salobreña. Y es que ya se sabe, en la costa, la mafia campa a sus anchas. No me resisto a transcribir el texto completo, tal y como se puede leer en la edición de hoy, 22 de agosto de 2009, en el diario granadino:

Condenado a un año y medio de prisión por robar chotos y cabras de un corral en Salobreña
Un juzgado de Motril ha condenado a un año y medio de prisión a un vecino de Salobreña (Granada) de nacionalidad francesa que robó de un corral catorce chotos y cuatro cabras.
Además, este individuo, de iniciales M.G.S., deberá indemnizar al propietario de la explotación con 1.300 euros, cifra en la que estaban tasados los animales, según la sentencia, a la que ha tenido acceso Efe.
El acusado, "con ánimo de ilícito beneficio" en la madrugada del 11 de abril de este año, junto a otras personas no identificadas, fue a una explotación ganadera y, tras intentar forzar el candado de la cancela, saltaron la valla y robaron de su interior los chotos y las cabras.
El acusado fue detenido posteriormente en una furgoneta que conducía y que había sido sustraída el mismo día, donde había además abundantes excrementos de ganado caprino y un choto muerto, que fue reconocido como uno de los robados por su propietario.

Un reproche inexpresado: Breve semblanza de Vicente Núñez

A Vicente Núñez, in memoriam

“En el silencio de tu muerte

Hay un reproche inexpresado”

Boris Pasternak

Yo nunca hablé con Vicente Núñez. Nos cruzamos por las calles de nuestro pueblo decenas de veces. Lo vi, con bastante frecuencia, escribiendo en El Tuta, o bajándose —sólo una vez— de un coche con su amiga Carmen Romero. Leí sus poemas en las calurosas tardes de Aguilar, sus Sofismas para el Diario Córdoba, sus entrevistas en El País. Disfruté de sus escasas apariciones televisivas con Jesús Quintero. Pero nunca crucé una palabra con él.

Con motivo de la publicación de mi primer poemario, Los poemas del frío, en cuya presentación participaba una gran amiga y admiradora suya, la poeta María Rosal, le envié mediante un amigo común, una invitación para dicho acto. Esa misma tarde, por medio de otro amigo común, Vicente se disculpó alegando no encontrarse demasiado bien de salud. Le hice llegar un libro en el que escribí la siguiente dedicatoria: “Con mi admiración y respeto, para el maestro.” Tampoco he sabido nunca, y es una duda que a veces me intriga, qué opinión le merecieron mis versos, tan distintos de los suyos, tan alejada su poética de la mía, tan diametralmente opuestas nuestras formas de entender el mundo.

Algunos meses más tarde, en la ciudad de Córdoba se celebraba la Feria del Libro y fui invitado para dar a conocer mis poemas. El poeta que me acompañaba aquella espléndida tarde de abril, Pablo García Casado, habló de la poesía que se hacía en Córdoba, y también lo hizo, cómo no, de la figura de Vicente Núñez. En ese momento fui realmente consciente de la importancia que el autor de Los días terrestres tenía en la lírica cordobesa, y por extensión, en la que se escribe en toda Andalucía.

En abril de ese mismo año, y cuando ya estaba bastante enfermo, se le rindió un merecidísimo homenaje en Aguilar. Aunque me habían invitado, por motivos ajenos a mi voluntad, me resultó imposible asistir. Parecía como si el Destino no tuviese a bien permitir que nos conociésemos.

Con frecuencia, algunos amigos, sabiendo de mi pasión por la poesía y de mi condición de filólogo, me han preguntado cuál era, en mi opinión, el sitio que le correspondía a Vicente Núñez en el Olimpo de la literatura española de la segunda mitad del siglo XX. Mi respuesta siempre ha sido la misma: merece un lugar de privilegio en la poesía que se ha escrito en Castellano durante el siglo pasado.

Autor de culto, ajeno a modas y fanfarrias publicitarias, heterodoxo e incluso, para una parte de la crítica, colindante con el malditismo. Yo me resisto a creer que fuera un maldito. Quiero pensar que más bien estaba por encima de lo que, de manera tan miserable, se ha dado en llamar la Popularidad, ese monstruo de tres cabezas que devora y deforma todo a su paso. Fiel a su modus vivendi hasta el último instante, eligió vivir en Aguilar de la Frontera —su mítica Poley—, apartarse de los cenáculos literarios, mantenerse impasible ante los cantos de sirena que lo llamaban desde Málaga, Sevilla o Madrid. Eligió la poesía —o tal vez fue al revés, quién sabe— en una época en la que escribir poemas es poco más o menos que luchar contra los molinos de viento.

De la docena de poemarios que publicó, mi favorito es Ocaso en Poley, de 1982, libro por el cual se le concedió el Premio de la Crítica de ese mismo año. Y de los cuarenta y siete poemas que componen la obra, me quedo, sin lugar a dudas, con esos poemas breves, directos, que en palabras de Guillermo Carnero, “actúan gracias a la densidad de la concisión y el poder evocador de la sugerencia”. Me estoy refiriendo a poemas como “Del amor”, “Fracaso”, “Una carta” o “Todo en tu amor dolíame”. No obstante, de todos los poemas que escribió, el que más me gusta, es ese soneto sublime que tituló “La limosna”, que cerraba Ocaso en Poley, y que no me resisto a reproducir aquí:

LA LIMOSNA

Una noche de invierno, de tantas en la vida,
sintiéndome el más pobre de los pobres del mundo,
me arrojé por las calles en busca de sustento
mientras la lluvia hería mi rostro como un látigo.
Como pude, arrastrándome en aquel torbellino
de vértigo y de frío, logré alcanzar su casa.
Llamé con la ternura que precede a la muerte;
besé, con el helor que en mis labios traía,
aquellos aldabones que yo soñé imposibles.
Salieron a la puerta tus hijos, como rosas
en el trono encendido del hogar que vibraba.
Yo no sé qué limosna pedí ni con qué harapos
quise ocultar mi fiebre, mi amor y mi miseria.
Del fondo de la casa, del fondo de la vida,
sentí su voz decirme, mientras agonizaba
mi corazón: perdone. Por Dios, perdone, hermano.

En “Vicente Núñez o el reino de este mundo”, el prólogo que Carnero escribió para su Poesía (Diputación Provincial de Córdoba, 1988 y 1995), se le definía como “un poeta de léxico escogido y precioso, sin caer en la retórica de las ornamentaciones ni en la búsqueda sistemática de lo insólito”. Y Abel Feu, en Panorama de la poesía andaluza desde la posguerra hasta la actualidad (CEC, Junta de Andalucía, 1999), nos lo muestra como “una figura destacada y admirada por los jóvenes, un poeta puro que vive y escribe su obra en su pueblo y que es una referencia inexcusable en la poesía de su generación.”

A mí, que siento cierta aversión hacia las etiquetas literarias, me gusta pensar en él tan sólo como un Poeta, es decir, una persona dotada de una sensibilidad especial para jugar con el significado de las palabras, con la retórica, con los sentimientos. Una persona que dispone de un don único para provocar en sus lectores pasiones vehementes, una persona que ve pasar ante sus ojos la vida, la capta, la aprehende y luego, nos la devuelve servida en bandeja de plata. Eso era, en mi modesta opinión, Vicente Núñez.

(Este artículo fue publicado con anterioridad en la revista digital Granada, ciudad poética, que dirigía mi amigo Ventura Camacho.)

jueves, 20 de agosto de 2009

Enemigos públicos, de Michael Mann

Anoche estuve en el cine viendo la última peli de Michael Mann, Enemigos públicos, interpretada, entre otros, por Johnny Depp y Marion Cotillard. La película cuenta la vida de John Dillinger entre 1933 hasta su muerte, acaecida en julio de 1934. Dillinger fue un famoso atracador de bancos que puso en jaque a la policía americana durante un tiempo. Mann ha intentado contar una historia al estilo de las viejas pelis de gansters de los años treinta. Estéticamente la película es asombrosa. Me encantó la escena del primer atraco al banco, por ejemplo. También la banda sonora, con la canciones de la gran Billie Holiday o la ambientación, con esos trajes tan elegantes y esos coches de época que quitan el hipo. No obstante, tengo que decir que no conecté con el personaje de John Dellinger. En mi opiinión no deja de ser un robabancos de tres al cuarto, obsesinado con la idea de ser millonario. Carece por completo de ese halo romántico de otros forajidos míticos, bien sean de ficción o reales. Aunque también es verdad que durante la época de la Gran Depresión, Dillinger era admiradísimo, casi tanto como se odiaba a los banqueros. Decía Carlos Boyero hace unos días en El País que esta película tenía todos los ingredientes para ser un clásico a la altura de Uno de los nuestros, El último refugio, Al rojo vivo, El precio del poder o incluso El padrino. En mi opinión, la película de Mann está bastante bien y uno pasa un rato excelente viéndola. Pero de ahí a ser un clásico hay un gran trecho.

miércoles, 19 de agosto de 2009

Hasta los cojones de...

Todos estamos hasta los cojones (o hasta el coño, tanto da) de algo o de alguien. Os invito a que dejéis en este blog vuestras quejas (podéis hacerlo en los comentarios a esta entrada), aunque sólo sirvan de desahogo momentáneo. Para empezar, dejo mi queja:
Estoy hasta los cojones de las hordas de veraneantes maleducados, vocingleros, irrespetuosos que han tomado al asalto Salobreña, sus calles, sus supermercados, la biblioteca, la playa, etc. Dejad de jodernos con vuestra mala educación, cabrones. Gracias.

martes, 18 de agosto de 2009

Quique González: Peleando a la contra de nuevo.

Hace unos días la revista digital Efeeme publicaba una entrevista con el gran Quique González, uno de los músicos más interesantes y honestos de cuantos pululan por los caminos polvorientos de esta España nuestra. En dicha entrevista, Quique daba cuenta de numerosas novedades relacionadas con su carrera. La más importante es la grabación en Nashville, cuna de la música country, de su nuevo álbum, titulado Daiquiri blues. El disco ha sido porducido por Brad Jones y ha contado con la participación de jóvenes músicos de la escena local y con la colaboración estelar de un músico de primera categoría, el inconmensurable Al Perkins, con su steel guitar. Para quien no lo sepa, apuntaremos que el rastro de Perkins se puede seguir en discos de los Stones, de Dylan, de Cash, e incluso en el disco de Ariel Rot Cenizas en el aire. En la entrevista Quique habla de muchas cosas, pero tal vez lo más destacable es lo que cuenta sobre su vuelta a las barricadas. Quique es un caso curioso: empezó su carrera en una multinacional, fue expulsado, recuperado por la misma multi, vuelto a expulsar, creó su propia casa de discos, en la que vieron la luz dos trabajos excelentes, Kamikazes enamorados y La noche americana. Después fichó por Discos DRO, con quienes ha publicado dos cds, y ahora, anuncia de nuevo su vuelta a la independencia. De hecho, la grabación del nuevo álbum la ha pagado de su propio bolsillo. Y es que ante el cariz que están tomando los acontecimientos en la industria musical, este tipo de actitudes es cada vez más común. Ya lo hacen otros nombres importantes como Lapido o Juan Perro, y seguro que Quique no va a ser el último. Según cuenta el cantautor madrileño en la entrevista de Efeeme, ante la escasez de ventas, las discográficas están intentando llevarse una parte de las ganancias en concepto de conciertos. Y por lo que se ve, Quique no está dispuesto a semejante chanchullo: "No quiero levantarme un sábado para ir a tocar a La Coruña y pensar que estoy trabajando para otros", confiesa Quique en la entrevista. Así que, ni corto ni perezoso, ha decidido que no, que el que quiera peces que se moje el culo. Qué queráis qué os diga. Pues que esta decisión me parece estupenda, que Quique demuestra una vez más su integridad, su valentía, y que, siguiendo la consigna del viejo Buk, no le importa pelear a la contra cuántas veces haga falta. Nosotros, mientras tanto, esperamos con impaciencia que llegue el otoño, y que el viento de octubre nos traiga los nuevos temas de Quique, sin duda, uno de los mejores.

domingo, 16 de agosto de 2009

martes, 11 de agosto de 2009

María Teresa León: Melancolía en la memoria

El nombre de María Teresa León permanece indisolublemente unido al del poeta Rafael Alberti. No en vano, María Teresa fue su compañera, su camarada, su amante, su amada, y ante todo, su amiga inseparable durante más de cuatro décadas. Pero María Teresa León, a pesar del desconocimiento general en el que ha sido sepultada su figura en estos últimos años, fue mucho más que un nombre ligado al del genial poeta del Puerto de Santa María.
María Teresa León fue una excelente escritora —novelista, ensayista, dramaturga, traductora— con una extensa obra que abarca más de veinte libros, algunos de ellos conmovedores hasta la médula, por ejemplo, su libro de recuerdos, Memoria de la melancolía.
Pero empecemos por el principio. María Teresa León Goyri había nacido en Logroño, el 31 de octubre de 1903. Hija de Ángel León, militar, y de María Olivia Goyri de la Llera, una mujer nada
convencional para su época. Desde muy pequeña, María Teresa vivió en un hogar donde los libros eran abundantes y en el que las visitas de intelectuales eran bastante frecuentes. No era raro encontrarse en su casa, por ejemplo, a Doña Emilia Pardo Bazán. Debemos destacar el hecho de que María Teresa fuese sobrina de María Goyri, la primera mujer que en España asistió a la universidad. Todo esto hizo que la niña se convirtiera en lectora voraz, que admiraba a Víctor Hugo, a Alejandro Dumas, a Benito Pérez Galdós y a otras grandes figuras de la literatura universal. Como afirma Benjamín Prado en su ensayo “María Teresa León, la mujer inventada”, a propósito de su niñez, “(esta) fue la de una niña rica y disfrutó de todas las comodidades...” Algo que llama poderosamente la atención, si tenemos en cuenta el profundo viraje ideológico que años más tarde tomaría su existencia.
No es nuestra intención llevar a cabo una cronología exhaustiva de su vida. Baste citar, a modo de ejemplo, algunos de los acontecimientos más importantes en los que se vio envuelta. Por ejemplo, María Teresa fue una de las primeras mujeres que en nuestro país ejerció su derecho al divorcio, cuando éste fue legalizado en 1931 (su primer matrimonio con Gonzalo de Sebastián Alfaro, del cual nacieron dos hijos, Gonzalo y Enrique, fue una completa ruina) para casarse algún tiempo después con el autor de Marinero en Tierra. María Teresa fue una ferviente defensora de la Segunda República Española, miembro del Partido Comunista, y sobre todo, una incansable luchadora a favor de la cultura y de la igualdad entre hombres y mujeres, amiga de innumerables intelectuales, que van de Ernest Hemingway o Pablo Neruda a Pablo Picasso o la actriz María Luisa Ponte.
Al finalizar la contienda civil, se vio obligada a emprender un éxodo forzoso —como tantos otros compatriotas— que la llevó junto a Alberti por diferentes países: Francia, Argentina, donde permanecieron durante más de veintitrés años y donde nació su única hija, Aitana, y por último, Italia. Al final, cuando ambos pudieron regresar a España con la desaparición de la dictadura franquista, la escritora ya estaba enferma de Alzheimer y poco pudo disfrutar de su regreso a nuestro país, ella que siempre había deseado volver a entrar en Madrid montada en un caballo blanco. María Teresa León murió en la capital de España el día 14 de diciembre de 1988 y está enterrada en el cementerio de Majadahonda. Sobre su tumba, están escritas estas palabras de Rafael: “Esta mañana, amor, tenemos veinte años.”
Dejando a un lado la dimensión política de María Teresa y centrándonos en su carrera como escritora, —aunque bien visto, no deja de ser una toma de postura política la decisión que tomó a finales de los años veinte: ser escritora—, su bibliografía abarca diferentes géneros literarios y más de veinte títulos. Escribió cuentos infantiles (Cuentos para soñar, 1928; La bella del mar amor, 1930; Rosa fría, patinadora de la luna, 1934); relatos cortos (Cuentos de la España actual, 1935; Morirás lejos, 1942; Las peregrinaciones de Teresa, 1950; Fábulas del tiempo amargo, 1962) novelas (Contra viento y marea, 1941; Juego limpio, 1959); libros de memorias (La historia tiene la palabra, 1944; Memoria de la melancolía, 1970) biografías noveladas (El gran amor de Gustavo Adolfo Bécquer, 1946; Cervantes, el soldado que nos enseñó a hablar, 1978) y traducciones (entre otros tradujo a Voltaire, Eminescu, Atghezi, Éluard y una colección de poesía china junto a su marido).
Me gustaría terminar este pequeño texto recordatorio con las siguientes palabras de Benjamín Prado, una de las personas que más han hecho por reivindicar la figura y la obra de María Teresa: ”Parece como si hubiese sido una militante comunista, una agitadora cultural y una defensora de la República, pero no una escritora que publicó más de veinte libros (...), que hizo obras de teatro y guiones para el cine, publicó cientos de artículos, preparó conferencias...”

lunes, 10 de agosto de 2009

DÍAS DE FERIA (Santiago Auserón)

El músico ambulante,
agotado, se detiene.
Se limpia el sudor.
Bebe un largo trago
de agua fresca.
Respira profundamente
el olor a salitre
que arrastra la tarde.

Luego, silbando una vieja
canción de Radio Futura,
sigue su camino
entre el terciopelo
de las flores
y las blancas paredes de cal.

A lo lejos, el llanto de un niño
quiebra la quietud de la siesta.

(Poema incluido en mi libro La mirada del jazz, Editorial Alhulia, 2006, dedicado, obviamente, al músico más importante de este país: Santiago Auserón.)

domingo, 9 de agosto de 2009

A veces...

A veces, esta sociedad me resulta completamente incomprensible y sus dirigentes, locos, subnormales o delincuentes. Muchas veces, las tres cosas a un tiempo.

lunes, 3 de agosto de 2009

GERALD BRENAN EN AGUILAR DE LA FRONTERA

De todos es bien conocida la atracción que España en general, y Andalucía en particular, ha ejercido sobre los intelectuales europeos y norteamericanos de diferentes períodos históricos. Por ejemplo, los poetas románticos alemanes y británicos del siglo XIX sintieron una gran fascinación por las tierras andaluzas, en las que, según ellos, cohabitaban mitos y leyendas inmemoriales con bandoleros, terratenientes, cante y baile, etc. Muestra de ello es la famosa novela Carmen, del escritor francés Prosper Mérimée (1803–1870) publicada en 1845, en la que se relataba la pasión incontrolada que un soldado francés llega a sentir por una gitana de Sevilla. Otra muestra interesantísima de escritor internacional fascinado por Andalucía y sus gentes, sus monumentos, sus costumbres, etc., lo constituye el norteamericano Washington Irving (1783–1859), quien en dos magníficas obras tituladas Crónica de la conquista de Granada y Cuentos de La Alhambra, dejó patente su amor por Granada y Andalucía, fruto de una estancia en nuestra tierra que se prolongó durante diecisiete años.
Pero no sólo los escritores del siglo XIX sintieron esa atracción por Andalucía. También numerosos intelectuales del siglo XX pasaron largas épocas de su vida en nuestro país, estudiando nuestra literatura, nuestra música popular o determinadas cuestiones sociológicas y políticas. Me atrevería a afirmar, sin miedo a equivocarme, que el más famoso de todos ellos, el más riguroso en su trabajo y, quizás, el más importante, es sin duda, Gerald Brenan (1894–1987).
Este hispanista británico —aunque nacido en la isla de Malta— dedicó la mayor parte de su carrera profesional a viajar, estudiar y vivir en España, estableciendo definitivamente su residencia en el pueblo malagueño de Alhaurín el Grande. Entre las obras más interesantes escritas por Gerald Brenan encontramos ensayos como El laberinto español, en el que lleva a cabo un profundo análisis de las circunstancias sociopolíticas que condujeron a la Guerra Civil; Al sur de Granada, La literatura del pueblo español, San Juan de la Cruz —un estudio biográfico sobre el poeta místico— y La faz actual de España.
Es precisamente en este último libro, La faz actual de España, donde se narra el viaje que Gerald Brenan y su esposa, la escritora estadounidense Gamel Woolsey realizaron desde el centro de la Península Ibérica hasta las tierras del sur, a finales de la década de los años cuarenta, justo en el punto álgido de la posguerra.
El profesor Juan Antonio Díaz López, en un excelente libro en el que hace un repaso exhaustivo de la obra de Gerald Brenan, explica sobre La faz actual de España que

se aparta un tanto del libro de viajes tradicional, ya que aunque personalmente (Brenan) estaba cansado de la política española, se vio obligado a transcribir lo que las gentes españolas que encontraba y con las que hablaba estaban ansiosas de contar, casi siempre referido a la situación interna del país.

Durante este viaje, y a su paso por la provincia de Córdoba, Brenan y su esposa, Gamel Woolsey, pasaron unos días en Aguilar de la Frontera, lo que queda recogido con todo lujo de detalles en dicho libro. Aquellas personas jóvenes que deseen acercarse a esta obra, descubrirán en ella una gran fuente de información sobre nuestro pueblo que la mayoría de nosotros desconocemos por completo, debido a nuestra edad. Pero también a las personas que ya habían nacido en aquella época les puede ser de gran ayuda, ya que, al estar escrito por un autor extranjero, expresa la realidad de la época desde otro punto de vista, y con la libertad que le permitía publicar su obra en un país, el Reino Unido, donde la libertad de expresión era una realidad y no simplemente un deseo colectivo, como sucedía en el estado español.
Así pues, en el capítulo tercero de La faz actual de España, titulado “Pueblos de la Sierra de Andalucía”, Gerald Brenan narra su paso por Aguilar, Cabra, Lucena y Priego, poniendo de manifiesto las impresiones y sensaciones que experimentó en nuestro pueblo.
Su relato comienza con una breve descripción de Aguilar:

Aguilar es un pueblo de unos 15.000 habitantes que se levanta sobre una baja estribación que sobresale sobre la campiña. Sus casas son blancas con tejados de color marrón, y parecen gaviotas con sus alas rojizas, y a su alrededor hay claridad y luminosidad. En la cima de dicha estribación se encuentran los restos de una fortaleza, el Castillo de Poley. Poco queda de él, pero desde su emplazamiento, se ven unas vistas amplísimas hacia el norte, el sur y el oeste.

En opinión de Gerald Brenan, en el Castillo podemos encontrar la aportación histórica de Aguilar:

Tras la reconquista de Córdoba en 1236, se convirtió en una de las principales fortalezas que protegían las tierras cristianas de las incursiones que llevaban a cabo las caballerías moriscas. Por esta razón, el nombre del pueblo se puede encontrar en numerosas canciones populares, mientras que sus Condes ocupaban el segundo lugar en el rango de la nobleza andaluza, tras los Condes de Cabra.

Tras esta breve pincelada histórica, Gerald Brenan cuenta lo que va encontrando por el pueblo y la opinión que le merece todo ello:

En la taberna donde fuimos a almorzar —tenía el extraño nombre de Fonda de las Moscas— una anciana de cara triste estaba sentada en una mesa redonda que tenía debajo un brasero de orujo.

Cuando el escritor y su esposa le preguntan a la dueña de la taberna cómo van las cosas por el pueblo, ésta contesta:

Muy mal. No hay comercio, ni trabajo, ni pan. Nos estamos pudriendo. No hay nada que hacer sino esperar a que los enterradores vengan a enterrarnos. (...) Todo el mundo se muere de hambre. El racionamiento que nos dan no es suficiente para alimentar a un perro. ¿Y quiénes sino los ricos se pueden permitir el lujo de comprar en el estraperlo? Incluso cuando hay trabajo, mire los sueldos que nos pagan. ¡Doce pesetas! ¿Cómo puede un hombre dar de comer a su familia con eso? Lo que yo le diga, la gente de este pueblo, se está muriendo poco a poco.

De la misma opinión que la dueña de la taberna se muestran otras personas con las que habla el escritor. Por ejemplo, el conductor del autobús, mientras toma un café con los dos visitantes, les comenta:

Sí, las cosas aquí van muy mal, dijo. Hay una sequía terrible, así que no hay nada que hacer en el campo. Hace dos semanas el ayuntamiento proporcionó trabajo en los caminos, pero ahora los fondos se han terminado. No sé lo que va a ocurrir.

El conductor del autobús les sirve de guía por el pueblo y les aclara detalladamente todo aquello por lo que los dos extranjeros muestran interés:

Pasamos junto a un convento donde las monjas criaban a los hijos de los fusilados (...) Había diecisiete y cada uno recibía un plato de sopa al mediodía.

Tras el paseo por Aguilar, Gerald Brenan llega a la conclusión de que el pueblo está sumido en la pobreza:

Volvimos por la parte más pobre del pueblo. Sus calles eran limpias y agradables pero sólo había que echar un vistazo a los harapos que vestían las mujeres para darse cuenta de la pobreza.

Sirvan estos breves ejemplos que acabamos de ver para darnos cuenta de que Gerald Brenan nos ofrece una visión de Aguilar que muchos de nosotros desconocíamos, y de la que sólo teníamos referencias por las historias que alguna vez nos han contado nuestros abuelos y nuestros padres. Dos magníficas razones, a mi modo de ver, avalan la lectura de esta obra. Por un lado, su gran calidad literaria; por otra parte, el hecho de que la memoria colectiva de un pueblo no debe desaparecer nunca. Por el bien de todos. Estoy convencido de ello.

sábado, 1 de agosto de 2009

Paisajes Impresionistas (Chet Baker)

Chet Baker tiene un alma surcada por miles de cicatrices. Chet baker tiene un alma rebosante de heroína, de alcohol de garrafa, de humo azul noche. Chet Baker tiene un alma que ha sido golpeada, una y otra vez, por los puños de acero de la vida. Chet Baker, a veces, toma entre sus fragilísimas manos su trompeta y, con elegancia, se pone a tocar. Chet Baker es un músico de jazz que pinta, con música, paisajes impresionistas.

(De La Mirada del jazz, Editorial Alhulia, 2006.)

miércoles, 29 de julio de 2009

41 disparos sobre la piel americana

El día cuatro de febrero de 1999, un hombre llamado Amadou Diallo murió asesinado en las calles de Nueva York. Esto tiene poco de particular. En realidad son cosas que pasan, pensarán algunos. En una ciudad como Nueva York muere gente a cualquier hora del día o de la noche de manera violenta. No obstante, la historia de Amadou sí tiene algo de particular. Y es que este hombre, africano, guineano para más señas, 23 años, que había emigrado a los Estados Unidos buscando la tierra prometida, encontró la muerte a manos de la policía de Nueva York. Amadou recibió 41 disparos cuando cuatro agentes confundieron su cartera con una pistola. Cuarenta y un disparos. No uno, ni cinco, ni veinte. No. Cuarenta y uno. Amadou no era un delincuente, no traficaba con drogas, ni había cometido ningún tipo de delito. Sólo trataba de matricularse en la universidad para estudiar informática y poder buscarse la vida de la mejor manera posible. Muchos son los que han contado la historia de Amadou en canciones, películas, poemas, etc. Bruce Springteen escribió una canción a la que llamó "American Skin (41 shots)" que levantó una terrible polvareda. La Policía de Nueva York intentó por todos los medios silenciar al Boss, pero, evidentemente, no lo consiguió.

viernes, 24 de julio de 2009

Sólo porque te amo, de Langston Hughes

Sólo porque te amo.
Por esa razón
mi alma se llena de color
como las alas de una mariposa.


Sólo porque te amo.
Por esa razón
mi corazón es una hoja de álamo temblorosa
cuando pasas a mi lado.

jueves, 23 de julio de 2009

La grandeza de Omega

El otro día me volví a comprar un ejemplar de Omega, el trabajo conjunto que en 1996 realizaron el cantaor granaíno Enrique Morente y sus paisanos, los Lagartija Nick. Digo que me lo volví a comprar porque ya en su momento, cuando apareció a mediados de los años 90, lo compré, pero me lo robaron y ahora, aprovechando que ha sido reeditado y remasterizado, me lo he vuelto a conseguir. También, quizás, influido por el hecho de que el día 9 de julio los estuve viendo en Córdoba, en el Festival de la Guitarra.
Por cierto, el cd me lo compré en Subterránea, la magnífica tienda de música, tebeos, libros y otras hierbas que mi amigo Paco Cano tiene en Granada, frente al Planta Baja. Os la recomiendo fervorosamente.
En fin, vamos a lo que nos interesa: Omega. Vaya pedazo de disco. Es tremendo. Supongo que ya lo conocéis, pero en el hipotético caso de que no sea así, ya estáis tardando en comprarlo. Mira que los Lagartija Nick no son santos de mi devoción, pero en estas canciones están inconmensurables. En Omega se dan la mano varios universos paralelos: la genialidad poética del Lorca neoyorquino y surrealista; un Leonard Cohen racial y metafísico; el caos absoluto de los Lagartija y la libertad creadora del maestro Morente. De esta amalgama sólo podía surgir un milagro. Y así fue. Trece temazos de los cuales es difícil quedarse con uno, pero donde destacan, sobre todo, el propio "Omega" ("El poema de los muertos" de Federico) con sus samplers de cantaores del primer tercio del siglo XX; "La aurora de Nueva York", con música de Vicente Amigo; la versión del "Aleluya" de Cohen, donde se puede escuchar la voz de una jovencísima Estrella Morente y "Vuelta de paseo", mi tema favorito del cd y probablemente el mejor momento musical de los Lagartija Nick en toda su carrera con un Erick tocando la batería de manera apabullante. Pero esto por decir algo, pues en realidad, desde la primera a la última nota del disco, estremece, escuece y duele. Y al final, te deja como en trance. En ese orden. Obra maestra. Y punto.

sábado, 18 de julio de 2009

Enterrar a los muertos

La vida te dirá quién es Dios
Ramiro Pinilla

En julio de mil novecientos treinta y seis
María tenía siete años.
Su hermana pequeña, Isabel, tres.
En noviembre de dos mil ocho
son dos ancianas de pelo blanquísimo
y rostro arrugado y bondadoso.
Están en el Informe Semanal
y miran directamente a la cámara
al contar su historia.
La cámara ofrece un plano corto, cortísimo
de unos ojos negros como una noche sin luna.

Llegaron de madrugada
—cuenta María—.
Me acuerdo como si lo estuviera viendo
ahora mismo.
Mi padre abrió a medio vestir.
Entraron como caballos, dando voces,
culatazos con las escopetas…
Eran siete. Falangistas de nuestro pueblo.
No se me olvidará en la vida.
A mi padre le dijeron de todo:
Ateo cabrón, hijoputa, maricón,
anarquista de mierda.
Nos vamos a follar a tu mujer.
Eso también lo decían.
Mi madre gritaba y lloraba sin parar
con mi hermana Isabel en los brazos.

Ahora,
la cámara enfoca a la hermana menor,
que aún no ha dicho ni una palabra.
Sólo lágrimas transparentes,
diminutas metáforas de una vida silenciada.
María coge la mano de su hermana,
la acaricia,
como si aún fuese una niña chica,
y sigue con su relato:

Se llevaron a mi padre y a mi hermano Miguel.
Tenía quince años
y los ojos más hermosos que he visto en mi vida.
Trabajaba con mi padre en el campo.
Un sol, eso era mi hermano.

En este punto,
María no puede contener las lágrimas
y las deja que salgan en tropel,
mientras se las enjuga con un pañuelo.

Mi padre trató de defenderse,
porque otra cosa no,
pero valiente era como el que más.
Uno de ellos se acercó y le pegó
con la escopeta en la barriga.
Nosotras tres seguíamos llorando y dando gritos.
No me dio tiempo ni a darles un beso.
Los subieron en un camión
con otros vecinos del pueblo
y se alejaron en la oscuridad.
Nunca más volvimos a verlos.
Ni vivos ni muertos.
Durante cuarenta años
no podíamos ni nombrarlos.
Mi madre se murió con esa pena en el corazón.
No pasó ni un solo día sin que llorara por su marido
y por su hijo Miguel.
Cuando llegó la democracia,
el conductor del camión nos señaló
la fosa común,
junto a la carretera,
donde están enterrados.
Lo único que nosotras queremos
antes de morir
es enterrar a nuestros muertos.
Enterrarlos como Dios manda,
en una tumba del cementerio,
enterrarlos como se entierra a las personas,
no como se entierra a los perros rabiosos.
Es lo único que le pedimos a Dios.


Este poema pertenece a mi libro Versos de alambre de espino. Su título está tomado del magnífico libro de Ignacio Martínez de Pisón, Enterrar a los muertos. Está dedicado a todas aquellas personas que, a día de hoy, 18 de julio de 2009, siete décadas después del terrible golpe de estado fascista, tratan de recuperar los restos de algún ser querido fusilado en la Guerra Civil o en la interminable posguerra. Ya sabemos que las trabas burocráticas son tremendas, porque hay mucha gente interesada en correr un tupido velo sobre este macabro episodio, No obstante, creo que merece la pena seguir luchando por recuperar la memoria, y sobre todo, los restos, de todas aquellas mujeres y hombres. Para que su muerte no fuese en vano.

jueves, 16 de julio de 2009

Esta máquina mata fascistas

Érase una vez un joven americano. Tocaba la guitarra. Cantaba canciones. Viajaba por todo su país en trenes de mercancía, desde Seattle hasta Los Ángeles, desde Nueva York a Nueva Orleans. Caminaba sin rumbo por caminos polvorientos o se dejaba empapar por tormentas de verano. Dormía al aire libre y a veces comía y otras veces no. Alegraba con sus viejas melodías de blues y de folk a los recolectores de fruta de California o a los trabajadores de los campos petrolíferos de Texas. Sus canciones hablaban de hombres sencillos, hombres como ellos, de sus inquietudes, de sus problemas, de sus sueños. Este hombre era odiado por los patronos, por los capitalistas, por la policía de cualquier pequeña población. Pero el pueblo trabajador, la gente corriente, las mujeres y los hombres que habían perdido sus hogares durante la Gran Depresión, los que luchaban como titanes para sacar a sus hijos adelante, los que no tenían donde caerse muertos, esos, digo, lo adoraban. Ese hombre se llamaba Woody Guthrie y en la caja de madera de su guitarra se podía leer: Esta máquina mata fascistas.

martes, 14 de julio de 2009

Ciento trece años

El día 14 de julio de 1896 (hace exactamente hoy ciento trece años) venía al mundo en la ciudad de León, José Buenaventura Durruti Domange, hijo de Santiago Durruti y Anastasia Dumange. Obrero, militante anarquista desde su juventud, luchador infatigable en pos de la Revolución proletaria, defensor de mil y una causas, rebelde hasta el tuétano, valiente y solidario, perseguido durante toda su vida por "pistolas amarillas y caballos", como cantó el poeta Victoriano Crémer en su "Fábula de Buenaventura Durruti". Una vida vivida al límite, repleta de cárceles, de condenas a muerte, de difamaciones, de hambre y miseria, pero por encima de todo una vida repleta de dignidad, la dignidad que otorgan la razón, la verdad, la honestidad y el valor. Buenaventura Durruti, anarquista...

lunes, 13 de julio de 2009

REALISMO SUCIO (Charles Bukowski)

Sucio.

Como las calles de una gran ciudad.
Como las ropas de un vagabundo.
Como las manos de un psychokiller.
Como el alma del Presidente de los Estados Unidos
de América.
Como los deseos de un pederasta.
Como la parte de atrás del Paraíso.
Como un corazón en descomposición.
Como el cráneo de un suicida que acaba de apretar
el gatillo.
Como las venas de un yonki.
Como las treinta monedas de plata que cobró Judas
el Iskariote.

Sucio.

Eso es.

Completamente sucio.

(Este es otro de los poemas incluido en mi último poemario, Versos de alambre de espino. Este poema está dedicado, obviamente, a la memoria de mi escritor favorito: Charles Bukowski, un tipo que hizo durante toda su vida lo que le salió de la polla, un escritor que jamás se sometió a las reglas macabras del mercado, un poeta que vivió totalmente al margen del establishment cultural norteamericano, dominado por el conservadurismo universitario y por la estupideszdel bestseller. Y a pesar de las críticas malintencionadas de los bienpensantes, su obra perdurará en el tiempo mucho más allá de lo que podamos imaginar. Como los grandes clásicos.)

sábado, 11 de julio de 2009

Contestador automático

Estoy en guerra con tu contestador,
estás llamando al 958363004,
odio la fría voz automática,
en estos momentos no puedo atender tu llamada,
que pretende ser tú,
deja grabado tu mensaje al oír la señal,
y siempre me cuenta las mismas mentiras,
y me pondré en contacto contigo,
pero nunca haces nada parecido,
a la mayor brevedad posible.



Este poema está incluído en mi primer poemario, Los poemas del frío, publicado en el año 2000 por la editorial granadina Ediciones Osuna. Se trata de un primer libro ambicioso, pero imperfecto, como suelen ser casi todas las primeras obras de cualquier autor, pero al que yo tengo bastante cariño y del que creo que tenía una calidad media bastante aceptable. También creo que en sus páginas ya estaban todas las coordenadas que más o menos he ido desarrollando posteriormente. Se puede decir que este libro contiene un puñado de buenos poemas, que no es poco. Además, Los poemas del frío estaba envuelto en una hermosísima, gélida, dura portada de, una vez más, Rafael Quintero. Para quien no lo haya visto nunca, se trata de una serie de agujas que atraviesan un papel, dispuestas a la manera de los versos de un poema. De este libro, el novelista Manuel Villar Raso hizo una reseña que se publicó en la revista Ficciones, y que acababa con este párrafo: "Rafael Calero (...) es lírico y decriptivo a un tiempo. Con palabras sencillas, que suenan en todo momento como disparos de fusil, nos cuenta historias en cada poema y sus frases son de una sensualidad tierna, llevan una fuerza insaciable. Su mundo tiene ciertamente un claro olor a sangre, como si bordeara en cada línea el filo de una navaja; pero sin abandonar en ningún momento ese rico tapiz de aromas, luces y colores que provocan una lectura deslumbradora."
Por supuesto, Los poemas del frío está completamente descatalogado, así que si te encuentras por casualidad un ejemplar en una tienda de segunda mano, píllalo. Creo que merece la pena.

viernes, 10 de julio de 2009

Un poema de Stephen Crane (La traducción es mía)

In the desert
I saw a creature, naked, bestial,
Who, squatting upon the ground,
Held his heart in his hands,
And ate of it.
I said: “Is it good, friend?”
“It is bitter–bitter,” he answered;
“But I like it
Because it is bitter,
And because it is my heart.”


En el desierto
Encontré a una criatura, desnuda, bestial,
Que, agachada en el suelo,
Sostenía entre las manos el corazón,
Y lo mordía.
Le pregunté: “¿Está bueno, amigo?”
“Está muy amargo,” me respondió;
“Pero me gusta
Porque está amargo,
Y porque es mi corazón.”

lunes, 6 de julio de 2009

Globalización

Un ejecutivo de una multinacional japonesa deja sin trabajo a quinientos obreros en Linares, Jaén. El motivo alegado es que las previsiones macroeconómicas para este año habían sido erróneas.

Cuatro adolescentes senegaleses mueren ahogados en las luminosas playas de Gran Canaria al hundirse el cayuco con el que pretendían acceder al sueño europeo. Un grupo de turistas suecos miran, entretenidos, sin acabar de entender muy bien de qué va la película, mientras se tuestan al sol y beben ron con coca-cola.

Una familia rumana compuesta por el padre, la madre, y cinco hijos menores de doce años viven debajo de un puente construido con materiales alemanes de primera calidad y mano de obra portuguesa, en Carmona, provincia de Sevilla.

Una mujer de mediana edad pierde las dos piernas al pisar una mina anti-persona en el sur de la República del Congo. Antes de explosionar, en la mina se podía leer el siguiente rótulo: made in the European Union.

En un mercado de Bagdad, un joven soldado americano nacido y criado en Des Moines, Iowa, dispara con su metralleta automática australiana a un comerciante iraquí al que ha confundido con un terrorista suicida.

Un jubilado belga se folla a una niña de siete años en un barrio pobre de Bangkok. Al terminar le da a la madre de la niña una moneda manoseada de un euro.

domingo, 5 de julio de 2009

La mirada del jazz

La música de Louis Armstrong animando todos los burdeles que surcan el Misisipi. La voz hiriente que sale de la garganta de Bessie Smith. La máquina de hacer swing de Count Basie. Duke ellington y sus mil razones para vivir. Sydney Bechet y las viejas melodías de Nueva Orleans. Billie Holiday y su manera única de decir el blues. La poesía vanguardista de Lester Young escrita con su saxo tenor. La tristeza sutil de Sarah Vaughan. Charlie Parker haciendo llorar de belleza a Kerouac en un club de Chicago. Miles Davis, de espaldas al público, tocando “Time after time”. Una habitación mugrienta en un hotelucho de Ámsterdam donde Chet Baker va a saltar por la ventana. Una lágrima azul, bajando, despacio, por la mejilla negra de Nina Simone. Sonny Rollins leyendo, de madrugada, una novela de Chester Himes. Josephine Baker leyendo, de madrugada, un poema de Langston Hughes. La mano izquierda de Django Reinhardt. El alma negra de Benny Goodman. La libertad total de Dizzy Gillespie. Thelonius Monk paseando, el día de Navidad de mil novecientos cincuenta y siete, por las calles gélidas de Harlem. Ella Fitzgerald, que nunca conoció a su padre. La melancolía desgarradora de Bill Evans sentado al piano. Art Blakey y sus antepasados africanos. Ornette Coleman y el significado de la palabra revolución. John Coltrane paseando por caminos que aún no existen. El cáncer de hígado que arrebató la vida de Stan Getz. Fats Waller, viajando en un tren nocturno con destino a la muerte, el quince de diciembre de mil novecientos cuarenta y tres.
Miradas de jazz.

(De La Mirada del Jazz, Editorial Alhulia, 2006)

sábado, 4 de julio de 2009

Un regalo

Hoy te espero.
Sé que no vendrás
y te espero.
Espero que,
de un momento a otro,
suene el timbre
y aparezca
tu sonrisa tierna,
tus ojos transparentes,
abierto, tu vientre, ante mí,
tu sombra erguida
contra la pared,
y, como si tal cosa,
me preguntes:
¿Yo, por qué te quiero tanto?



Este poema está incluido en mi libro Desorden, un breve poemario (contenía sólo quince poemas, la mayoría de ellos, además, muy breves) publicado en una edición no venal en el año 2002 por la Concejalía de Cultura del Ayuntamiento de Salobreña, y fue fruto de una iniciativa cultural que yo mismo puse en marcha y dirigí durante un año, un Aula poética por la que pasaron otros poetas de diferentes sensibilidades como José Luis González Vera, Miguel Ávila Cabezas, Anunciatta Vinuesa o Enrique Morón. Ni que decir que el libro es completamente inencontrable.

jueves, 2 de julio de 2009

Mañana seré humo

María atravesó el espejo
mordiéndose los labios,
en busca de un sendero
q
ue llevara al otro lado.
Palpó a tientas en la semioscuridad
de aquel espacio geométrico
y allí, adivinó,
una estrella emergente
de color amarillo
y un beso de papel celofán,
no sabía muy bien
si naranja o rojo.
Se descalzó suavemente
sintiendo en sus pies
la calidez de un instante lejano
y garabateó sobre un muro,
Mañana seré humo,
con el dedo corazón
de su mano derecha.
Después se sentó a descansar
silbando una canción
que aprendió siendo muy niña
y ese momento
se congeló eternamente
en algún punto perdido
de su memoria.
Y súbitamente entendió
toda la magia
que se esconde
en las pequeñas cosas,
como el fuego purificador
que todo lo limpia,
como una lágrima transparente
que se escurre papel abajo,
como una uña inexperta
que se clava, ansiosa,
sobre la piel morena
que cubre el hueso,
como las olas nerviosas
que rompen en la playa.

Este poema está incluído en mi libro Hablando de amor con el cobrador del frac,
(Salobreña, Granada: Editorial Alhulia, 2004)

miércoles, 1 de julio de 2009

La banda sonora de una parte de mi vida II: canciones

En un post anterior dejé una lista de treinta discos españoles que han marcado alguna etapa de mi vida. Hoy dejo una lista de canciones, que, de igual manera, han supuesto un punto de inflexión en algún momento de mi existencia. He intentado hacer una lista de temas más o menos poco machacados, dejando a un lado las canciones que pueden resultar más obvias. (tipo "La chica de ayer", "Déjame" o "Cadillac solitario"). (¡¡¡Coño, me acabo de dar cuenta de que cada día me parezco más al protagonista de Alta fidelidad, aquella magnífica novela de Nick Hornby, en la que el tío se pasaba la vida haciendo listados de sus cosas favoritas!!!)
Y sin más dilación estas son las treinta elegidas:

1. La mala rosa, de Los Esclarecidos.
2. El futuro, de Kiki D'aki
3. Disco pocho, de Derribos Arias.
4. El dolor o la nada, de Nacho Vegas.
5. Corazones de cartón, de Enrique Urquijo y Los Problemas.
6. Gheishas en Madrid, de Ariel Rot.
7. Procuro olvidarte, de Bambino.
8. Haffa Cafe, de Luis Eduardo Aute.
9. No será, de Fangoria.
10. En tu nuca, de Estereocéano.
11. Un error de apreciación, de La Dama se esconde.
12. La edad de oro, de Loquillo y Trogloditas.
13. Sábado a la noche, de Moris.
14. Días de escuela, de Asfalto.
15. Mi primer amor, de Albert Pla.
16. Ese pedazo de onda, de Les Sales Biscuits.
17. La línea del frente, de Kortatu.
18. El lobo López, de Kiko Veneno.
19. Estación espacial, de Parade.
20. Mi rock perdido, de Los Rodríguez.
21. Nunca me enamoraría de noche (Jack Nicholson no miente), de Duncan Dhu.
22. Segundo premio, de Los Planetas.
23. Enamorados de Varsovia, de Los Ilegales.
24. Se nos rompió el amor, de Bernarda y Fernanda de Utrera.
25. El invierno secreto, de Santi Campos y Los Amigos Imaginarios.
26. Sol de mediodía, de Pablo Guerrero.
27. Rosa's Motel, de Las Ruedas.
28. Sin ti, de Los Elegantes.
29. La costa oeste, de Los Cardíacos.
30. El Polígono Sur, de Dogo y Los mercenarios.

martes, 30 de junio de 2009

El sueño europeo

Mientras en España, un montón de gente (bueno, los afortunados que aún tienen trabajo, porque los cuatro millones de parados no creo que estén para estos menesteres y los que ven su empleo peligrar tampoco estarán para muchas algarabías) se prepara para empezar mañana miércoles, uno de julio, sus vacaciones, ayer, junto al Faro de Trafalgar en Barbate (Cádiz) al menos siete personas perdían la vida intentando cruzar el Estrecho de Gibraltar en patera, en busca del sueño europeo, que más que sueño, es una auténtica pesadilla para estas pobres gentes. Ni que decir tiene que algún cabronazo se habrá echado al bolsillo unos pocos de euros a costa de estas siete vidas. Ya lo cantaban los PVP hace unos años: Somos la raza canibal...

domingo, 28 de junio de 2009

La banda sonora de una parte de mi vida

Os dejo una lista de discos españoles que han marcado alguna etapa de mi vida. El orden no es significativo, es decir, carece por completo de importancia. Lo verdaderamente importante es que cada uno de estos discos, sus canciones, sus músicas, sus letras, me acompañaron, y muchos de ellos, aún hoy me siguen acompañando, tras cientos y cientos de escuchas, en los buenos y en los malos momentos. A esta lista se podrían añadir un buen puñado de discos más, pero cada uno de estos, ha sido imprescindible en algún momento de mi vida.

1. Cuatro rosas, de Gabinete Caligari.
2. El blues de la frontera, de Pata Negra.
3. La ley del mar, la ley del desierto, de Radio Futura.
4. A santa compaña, de Golpes Bajos.
5. Enemigos de lo ajeno, de El último de la fila.
6. El ritmo del garage, de Loquillo y Trogloditas.
7. El eterno femenino, de La Mode.
8. Casualidades, de Miqui Puig.
9. Honestidad brutal, de Andrés Calamaro.
10. Deseo Carnal, de Alaska y Dinarama.
11. La vida mata, de Los enemigos.
12. Hermanos Carnales, de Surfin' Bichos.
13. Salitre 48, de Quique González.
14. Los Ilegales (el primer lp), de Los Ilegales.
15. Más de cien lobos, de 091.
16. Mujer y sentimiento, de Los Coyotes.
17. Un soplo en el corazón, de Family.
18. Heliotropo, de Vainica Doble.
19. Noches de rock'n'roll, de Burning.
20. Omega, de Enrique Morente y Lagartija Nick.
21. Buena disposición, de Nacha Pop.
22. En beneficio de todos, de Siniestro Total.
22. Tormenta de tormento, de Javier Corcobado.
23. La leyenda del tiempo, de Camarón.
24. Veneno (el primer lp), de Veneno.
25. Sinfonía de las horas, de Julio Bustamante.
26. 19 días y 500 noches, de Joaquín Sabina.
27. En el Olimpia, de Paco Ibáñez.
28. Canciones de amor desafinado, de Diego Vasallo.
29. Corre, Corre, de Leño.
30. El acto, de Parálisis Permanente.

Crónica de una noche mágica

Como ya sabéis, el viernes pasado, 26 de junio, tuvo lugar la presentación de mis Versos de alambre de espino, en Salobreña, lugar en el que resido desde hace unos cuantos años. Para quien no conozca el pueblo, decir que se trata de un hermoso pueblo costero, de la provincia de Granada, blanco, blanquísimo, que cuelga de una peña, con un castillo árabe que mira desde las alturas al mar Mediterráneo, donde hace unos años, abundaban las actividades culturales, y donde ahora, por desgracia, lo que abunda es la desidia y la apatía. Aunque sigue habiendo algunas iniciativas interesantes, como por ejemplo, la Editorial Alhulia, que dirigen Antonio Jiménez y Pedro Márquez, o la academia Centar, de mis buenos amigos Nacho y Manu, en cuyo sala "Angela Pacheco" tuvo lugar la presentación de mi libro.
Tengo que reconocer que fue una noche estupenda. Todo salió a pedir de boca. Por la tarde estuvimos preparando aquello un poquito, poniendo las sillas, colgando algunos cuadros de Manu para que la sala se viese bien bonita, preparando el catering... En el acto intervino Juanfran Molina, autor del prólogo que abre el libro, y una de las personas que conozco que más saben de música, y que ha colaborado con sus artículos en publicaciones como El batracio amarillo o Ruta 66. Actualmente se le puede leer en su blog Música para psicocamaleones. Os recomiendo que os déis un garbeo por allí.
Habíamos calculado que vendrían unas 30 personas. Al final nos juntamos más de sesenta por lo que tuvimos que poner más sillas. La gran mayoría eran amigas y amigos, aunque algunas caras no me sonaban de nada. Juanfran habló sobre el libro y sobre la poesía en general y después yo leí unos cuantos poemas, no muchos, para no ponernos pesados, los suficientes para que la gente se pudiera hacer una idea más o menos exacta de lo que contiene el libro. Luego nos tomamos unas cervecillas, firmé algunas dedicatorias cual un Antonio Gala de primera regional y, luego, la traca final. Nacho, uno de los dueño de la academia, que es un músico como la copa de un pino, había preparado con otros colegas (gracias a Vicente, a Julián y a Paco), una versión del "Walk on the wild side", del maestro Lou, y la gente se quedó flipada y con ganas de más. Total, una noche magnífica. Eché de menos a algunos colegas que por una u otra razón no pudieron venir. Pero creo que conseguimos un pleno al diez. Sólo me queda dar las gracias a todas y todos los que compartisteis conmigo una gran noche. Ojalá que haya otras como esta.

viernes, 26 de junio de 2009

Mala leche

Veo que el mundo está del revés
Tom Waits


Hoy me he levantado
escupiendo mala leche.
No sé qué hostias me pasa,
pero detesto a todo el mundo:
a los políticos (se entiende),
a los imbéciles presentadores
de programas de televisión
(también es comprensible),
a la gente que va en coche,
y a los que pasan,
caminando, junto a mí
(esto se entiende menos,
pues ni tan siquiera los conozco).
Me siento repleto de ira.
Mis venas rebosantes de odio
lo expanden, poco a poco,
por las zonas más recónditas
de mi estúpido cuerpo.
Ten cuidado si te acercas a mí.
Podría contagiarte,
y eso sí que sería terrible.
Seríamos dos cuerpos
llenos de mala leche.


Poema incluido en el libro Versos de alambre de espino, de Rafael Calero Palma (Editorial Alhulia, Salobreña, Granada, 2009).

miércoles, 24 de junio de 2009

La poesía urgente de Rafael Calero Palma (Reseña de Isabel Rodríguez)

Rafael Calero abre su nuevo poemario, Versos de alambre de espino con un breve poema al que titula “Autorretrato”. Y que, en efecto, lo es, un autorretrato breve, sencillo y esencial. El poeta se auto describe y esa descripción entraña una declaración de principios: una mirada lúcida, distante y cercana a la vez, un posicionamiento nítidamente realista —“Aún no he aprendido a volar”, una ilimitada fe en la palabra: “Prefiero una palabra a mil imágenes”—.
Y por eso, porque mantiene una inapagable fe en la palabra, en la palabra poética, como herramienta transformadora necesaria, como “arma cargada de futuro” —así en “Palabras” o “La poesía es un arma…”— , empuña los poemas de este libro como una protesta, una denuncia, un grito de imparable rabia creadora, en poemas de lenguaje deliberadamente agrio y fuerte —“Hijos de puta”, “Mala leche”— o de una ironía a veces feroz, como “Economía” o “Recesión”; o como una propuesta de autenticidad, lejos de los eslóganes y de la artificiosa programación de una vida supuestamente perfecta —“Miedo”, “Tristeza”, “Invierno”—.
Reconozco en este poemario muchas de las claves poéticas de Rafael Calero: su noción agridulce del amor, el toque de arraigada melancolía que dejan sus versos —“Sucios poemas de amor”, “La de tiempo que hace que nadie me besa así”—; el universo literario que reconoce, en el que se siente confortable y al que rinde un homenaje sin paliativos: la literatura norteamericana, la sombra reconocible de Walt Whitman en “Todo me pertenece”, encabezado, además, por una cita de Kerouac; y las explícitas citas que hace de los escritores que más lo acompañan —Melville, Twain, Dickinson, Dos Passos, Bowles, Auster, Highsmith…,— a los que engloba, junto a sí mismo, en un común territorio de soledad de animal acorralado; Bukowski, uno de sus grandes iconos literarios — “Realismo sucio” —. Y el jazz, el cine. Las canciones de Tom Waits como fondo de algunos poemas. El espléndido poema “Cicatrices”, en que lo cinematográfico queda enmarcado entre un dolorido pórtico y un definitivo, lapidario final: “La vida. / Pequeñas cicatrices / en la línea de flotación”. Si bien el cine tampoco se libra del afilado bisturí de su crítica afilada: “La última película de James Bond”.
Pero esas claves poéticas reconocibles se enriquecen con una visión de humana cercanía a la historia, en poemas directamente narrativos, como el estremecedor “Enterrar a los muertos”. Y con un cálido acercamiento a otros poetas que también empuñaron la palabra como un arma pacífica y transformadora, como “Poetas” o “Gloria”. Y ese texto impresionante: “Escribir un poema”, en que se concitan en logradísima conjunción el homenaje a poetas como Machado, Lorca, Bukowski, Carver, con la expresión de una poética directamente explicitada, una poética caliente, viva, en que, como quería Juan Ramón, la palabra “sea la cosa misma”: “… sentir que tus manos/ se mojan al escribir la palabra río”.
Esta poética caliente, auténtica, aferrada a la verdad de lo real, encuentra una forma de expresión sumamente ajustada y eficaz en esos poemas en que Calero engarza una serie de sintagmas nominales que no hacen sino mostrarnos sin ropajes, sin retórica, en esa forma directa y limpia tan característica de su autor, esa realidad que constituye nuestro mundo, interno y externo, esa realidad que se nos impone y que en manera alguna podemos, y seguramente ni siquiera queramos, eludir. Así, el ya citado “Literatura norteamericana II”, “La vida a traición” y el bellísimo poema final que cierra el libro, a pesar de todo, con un último grito de esperanza, con una definitiva afirmación de vida. Pues hay, entre toda la miseria, la podredumbre y la mentira, una serie de cosas irrenunciables, pequeñas y verdaderas, que también son parte de la realidad, que también nos constituyen y a las que diariamente nos aferramos para no abandonar, para no ceder. Esas “99 razones (a pesar de todo)” que le siguen dando un sentido a la vida.
En suma, un poemario urgente, que a veces nos quema las manos y a veces nos calienta el corazón, y a momentos nos penetra con una fina y segura melancolía; lo que, sin duda, no logra este libro es dejarnos en ninguna ocasión indiferentes.

lunes, 22 de junio de 2009

Manuel Villar Raso: África en el corazón

“Fui a Tombuctú en 1981 para investigar una historia inédita, la conquista del imperio songhai por 4.000 moriscos españoles, que asentaron su capital en esa ciudad en 1591. Desde entonces, y ya tocado por la pasión africana, he vuelto por Tombuctú siempre que he podido, en ocasiones solo, que es la mejor manera de viajar por África.” Este párrafo abre África en silencio, un libro mezcla de novela, ensayo sociológico, libro de viajes, crónica histórica, reportaje periodístico y mil cosas más, escrito por Manuel Villar Raso, un escritor que según sus propias palabras se convirtió en narrador para superar la terrible muerte de su hermano David en la mina, acaecida cuando él era un niño de apenas diez años. Para Manuel, la muerte de su hermano resultó un golpe tan traumático que acabó convirtiéndolo “en escritor, pues fue tal el vacío que dejó en mi corazón, que decidí escribir con la idea de no morir del todo, de dejar algún tipo de legado que me sobreviviera”, confesaba Villar Raso en una entrevista.

Sin lugar a dudas, una personalidad que podríamos calificar de polifacética unida a su insaciable ansia de sabiduría han hecho de Villar Raso uno de los grandes narradores de la literatura española de las últimas décadas. En opinión del crítico Francisco Morales Lomas, Villar Raso “nos tiene acostumbrados a una narrativa de gran calidad literaria, sin duda de lo mejor que se ha escrito en este país en los últimos veinte años.” Y para el escritor chicano Miguel Méndez, “las huellas letradas de Manuel Villar raso brillan con luz particularísima. Como suele decirse, no requiere de escándalos para lucir,” Una afirmación que suscribimos completamente.

Pero Villar Raso no es sólo un gran novelista: ha dedicado gran parte de su vida a la docencia, enseñando Literatura de los Estados Unidos en la Universidad de Granada; ha traducido a poetas norteamericanos de la talla de Walt Whitman o Emily Dickinson; ha escrito guiones para documentales de televisión; ha dirigido tesis doctorales; colabora habitualmente con sus certeros artículos en diarios como Ideal y en revistas literarias especializadas como Ficciones, Hora de poesía o Camp de L’Arpa, y ha llevado a cabo numerosas expediciones al mismísimo corazón del continente africano —“el corazón de las tinieblas”, como lo bautizara Joseph Conrad en aquella vigorosa novela que inauguró el siglo XX—.

Nacido en el pueblo soriano de Ólvega en 1936, se trasladó a Granada cuatro décadas más tarde, atraído por la belleza y la luz del sur, una decisión que, a pesar de no haber favorecido en absoluto su carrera literaria, más bien todo lo contrario, no se arrepiente de haber tomado. Su primera novela, Mar ligeramente sur, (Barcelona: Destino, 1976) fue finalista del prestigioso premio Eugenio Nadal en 1975, año en que se alzaría con el primer premio la novela Las ninfas, de Francisco Umbral. A esta primera obra le han seguido: Hacia el corazón de mi país (Barcelona: Destino, 1976), Una república sin republicanos, (Bilbao: Albia, 1978), La pastora, el maqui hermafrodita (Bilbao: Albia, 1978), Comandos Vascos (Barcelona: Noguer, 1980), El laberinto de los impíos, (Barcelona: Noguer, 1981), Últimos paraísos (Barcelona: Planeta, 1986), El último conquistador, (Barcelona: Noguer, 1992), La casa del corazón, (Soria: Centro soriano de estudios tradicionales, 2001 y Granada: Ediciones Dauro, 2003), Encuentros en Marbella, (Salobreña, Granada: Alhulia, 2002), La larga noche de Ángela, (Salobreña, Granada: Alhulia, 2004), Desnuda en lo real (Salobreña, Granada: Alhulia, 2008) y Las montañas de la luna (Salobreña, Granada: Alhulia, 2008).

No obstante, desde mi modesto punto de vista, lo que destaca sobremanera en la extensa carrera de Villar Raso, lo que lo convierte en un escritor de primera magnitud en la ficción escrita en nuestro idioma, lo que hace que su obra sea genuinamente personal e intransferible, es su tetralogía africana compuesta por las novelas Las Españas perdidas (Granada: Editoriales Andaluzas Unidas, 1983 y reeditado en Granada: Comares, 1995), Donde ríen las arenas (Sevilla: Algaida, 1994), El color de los sueños, (Barcelona: Planeta, 1998), La mujer de Burkina, (Oviedo: KRK Ediciones, 2001) —obra que le supuso ganar la XXII edición del Premio de narrativa Casino de Mieres–– y la obra que citábamos anteriormente, África en silencio (Córdoba: Almuzara, 2005 y reeditado en Madrid: Alianza, 2007). Los lectores que se adentren en las páginas de cualquiera de estos cinco libros encontrarán la visión que su autor tiene del continente africano, un universo único, rebosante de descripciones extraordinarias, ágiles, sorprendentes, una visión casi de cámara fotográfica. Totalmente recomendado. De nada.

jueves, 18 de junio de 2009

Ginebra y lágrimas

Dejo otro poema de mis Versos de alambre de espino, para que os hagáis una idea más exacta de lo que contiene en su interior. Como siempre, podéis dejar vuestros comentarios, vuestras opiniones, con total libertad.

GINEBRA Y LÁGRIMAS

¿Qué le dices a un hombre que reconoce no tener alma?
Cormac McCarthy

Al final de la calle,
un tipo con pinta de John Wayne,
bebe, sentado en la acera,
ginebra barata directamente de la botella
mientras fuma un cigarrillo.
Viste vaqueros desteñidos
y una camiseta blanca,
llena de manchas,
con la frase Jesús te ama
escrita en letras negras.
Un viejo pastor alemán
merodea, despistado, a su alrededor.
Un coche rojo pasa a toda velocidad
escupiendo los acordes de Heartbreak Hotel.
Los ojos del hombre tienen
un brillo extraño,
como si hubiesen vuelto
de un viaje sin retorno,
como si hubiesen visto
ante ellos un ejército
destruido y olvidado,
como si hubiese perdido el alma
jugando a los dados,
como si ya nada importase.

martes, 16 de junio de 2009

Hijos de puta


El mundo está lleno de hijos de puta
Fito Páez

El mundo es un lugar lleno de hijos de puta.
Sin miedo, salen de sus madrigueras,
tomando el control, poco a poco, de todo:
supermercados, galerías de arte, pastelerías,
tiendas de pianos, empresas de pompas fúnebres.
Los puedes encontrar en cualquier sitio,
por muy extraño que parezca.
Trabajan en los bancos, en los hospitales,
en las peluquerías o en los bares de moda.
A veces llenan el depósito de tu coche
de gasolina o enseñan a leer a tu hijo pequeño;
otras veces te venden una pizza recién hecha,
una película porno o el último premio planeta.
Conducen camiones, autobuses urbanos, taxis.
Algunos son famosos: salen en televisión,
en los periódicos, en las revistas.
Los hay millonarios y están aquellos otros, que,
literalmente, no tienen donde caerse muertos.
Hombres y mujeres.
Jóvenes lozanos y ancianos decrépitos.
Pueden ser hermosos, atractivos, elegantes.
Pueden ser feos, deformes, malolientes.
Morenos y rubios.
De largas melenas o alopécicos.
Solteros, casados, divorciados.
Algunos votan en todas las consultas electorales:
elecciones municipales, autonómicas, generales,
referendos o plebiscitos sobre cualquier asunto:
otros no lo han hecho nunca (ni piensan hacerlo).
Algunos son donantes de sangre, de semen,
de riñones, de penas. Otros, sin embargo,
no dan ni la hora a la madre que los parió.
¿Qué le vamos a hacer? Así es el mundo,
un maravilloso lugar lleno de hijos de puta.

domingo, 14 de junio de 2009

Flores de luna

El viernes pasado, en el programa Versión española de la 2, pasaron la película documental Flores de luna, de Juan Vicente Córdoba, guionista, productor y director de varias películas, entre las que destacan Aunque tú no lo sepas y A golpes. Tengo que empezar por decir que la película, a) me sorprendió en muchos aspectos; b) me encantó; c) me dejó un amargo sabor de boca.
Para quien no esté al tanto, Flores de luna cuenta la historia del barrio madrileño del Pozo del Tío Raimundo, en Vallecas. A través de varias generaciones de habitantes del barrio. Juan Vicente Córdoba hace una radiografía de lo que fue, de lo que es y de lo que pudo haber sido. Los más mayores van contando cómo llegaron a un lugar que era tan solo el campo, en medio de la nada, procedentes de las zonas latifundistas de Andalucía y Extremadura, y cómo haciendo un esfuerzo titánico consiguieron levantar sus chabolas, consiguieron llenar sus barrigas y las de su prole, y cómo prosperaron, aunque fuera de manera humilde y trabajando de sol a sol. Por supuesto, estos hombres y mujeres, sentados ante la cámara de cine, nos hablan de un mundo que de tan lejano, a veces parece ficticio. Pero, joder, no nos engañemos, aquel mundo era real como la luz del sol. La película destaca, ante todo, el alto grado de solidaridad de aquellas personas que nada tenían, pero que si hacía falta, prestaban a sus propios hijos con tal de que unos recién llegados levantaran cuatro paredes y la policía no las echara abajo. Y frente a la solidaridad, el esfuerzo, la capacidad de superación de aquellos primeros colonos del Pozo, está la incultura, el racismo, la insolidaridad, la pereza, la autocomplacencia, la adoración del Dios Dinero por parte de la juventud actual del barrio. Y es que por poner sólo un ejemplo, el Pozo del Tío Raimundo es, a día de hoy, uno de los lugares con más fracaso escolar de España (setenta por ciento, que se dice pronto). Hay un momento en la película en el que un hombre de una cierta edad comenta: "Nosotros, que carecimos de todas las oportunidades, nos moríamos por tener cultura, y los jóvenes, que lo han tenido todo en sus manos para conquistarla, la desprecian." Así de deprimente es el asunto Pero aún hay más. Los nietos de aquel lumpen proletariado procedente de los arrabales andaluces y extremeños más miserables y desarraigados, los nietos de aquellos anarquistas, comunistas, socialistas, odian con todas sus fuerzas a los ecuatorianos, a los rumanos, a los marroquíes, que como sus abuelos hace unas décadas, vienen hoy buscando una vida mejor, porque según dicen, "huelen mal y vienen a quitarnos el trabajo". Vivir para ver.
Mención aparte merece el Padre Llanos, toda una institución en el barrio. El Padre Llanos, de quien se recuperan imágenes y entrevistas de hace tiempo, evolucionó desde la ideología fascista (fue confesor del mismísimo Franco) en la posguerra hasta su afiliación al Partido Comunista a finales de los años setenta. Un tío que decidió dejar la riqueza y la seguridad que le ofrecía Madrid, para convertir a los rojos del Pozo y que acabó, oh, dulce providencia, convertido en rojo. Y es que la vida tienes estas cosas.

jueves, 11 de junio de 2009

La de tiempo que hace que nadie me besa así

Este poema es uno de los que se pueden leer en mi libro Versos de alambre de espino, editado por la editorial Alhulia, de Salobreña (Granada). También se puede encontrar en la Antología del beso: poesía última española, editada por la editorial Mitad Doble de Málaga.
Para aquellas personas que me han preguntado dónde se puede encontrar mi nuevo libro, les diré que, además de poder comprarlo en las presentaciones, también va a tener distribución en algunas tiendas. En Granada, por ejemplo, estará en Subterránea Comics, y en Babel. Supongo que en la Casa del Libro también estará, pero hay que tener un poquitín de paciencia, ya que aún no ha dado tiempo ni a distribuirlo. Si alguien desea conseguir este libro u otro cualquiera de mis libros anteriores, se puede poner en contacto conmigo en rafaelcalero@gmail.com. Será un placer ayudar.
Se admiten comentarios.


LA DE TIEMPO QUE HACE QUE NADIE ME BESA ASÍ

Ella es muy hermosa.
El pelo negro, no muy largo,
le cae descuidado sobre los hombros.
Los ojos profundos, oscuros, invernales.
Ojos de mujer.
Viste tan sólo una camiseta de tirantes
y unas braguitas. Todo blanco.
Está echada sobre la cama y sonríe.
Él no es guapo
pero, por alguna extraña razón
que se te escapa,
vuelve locas a las chicas.
Hablan de amor
con palabras que no son reales.
De repente, ella se levanta. Se acerca hasta él.
Le acaricia el rostro y se besan.
Un beso poema épico.
Un beso distorsión.
Un beso gusano del mezcal.
Un beso cuchillo frío.
Un beso resurrección de la carne.
Un beso madrugada de insomnio.
Un beso diluvio universal.
Un beso collage técnica mixta.
Un beso arenas movedizas.
Un beso copa rota.
Un beso tatuaje.
Un beso coche-bomba
que dinamita los cimientos de la ciudad.
Un beso antorcha que provoca mil incendios pequeños
en el alma.

Y tú, sentado ante la pantalla del televisor, piensas:

La de tiempo que hace que nadie me besa así.

martes, 9 de junio de 2009

Versos de alambre de espino, de Rafael Calero Palma

Hoy, día nueve de junio de 2009, por fin, mis Versos de alambre de espino están recién salidos del horno, así que ya podéis imaginarlo, me siento como un niño pequeño la mañana del seis de enero. Después de algunas vicisitudes, mi séptimo libro (los poemarios Los poemas del frío, Desorden, Hablando de amor con el cobrador del frac, El amor es un helado de fresa derretido en el asfalto y La mirada del jazz y el ensayo sobre la obra de Bukowski) acaba de ver la luz. Un libro compuesto por 46 poemas, y 23 dibujos del pintor cordobés Rafael Quintero Osuna. Mi gran amigo Juanfran Molina, colaborador habitual de publicaciones como Ruta 66 o Irreverendos, firma la autoría del magnífico prólogo. Los poemas de este nuevo libro están impregnados de un fuerte componente social, cuasi político, me atrevería a decir, aunque eso sí, pasados por mi particular visión de la realidad. Muchos de ellos son poemas de denuncia, casi un grito desesperado, con los que trato de poner de manifiesto cuál es mi postura vital en estos tiempos asesinos, de deshumanismo creciente, que nos han tocado en suerte. No obstante, he tratado de no perder el sentido del humor a la hora de retratar distintas situaciones, diferentes personajes, etc. Y creo que lo he conseguido. La influencia de autores como Gabriel Celaya, como Blas de Otero, como Ángel González o Gloria Fuertes, a quienes dedico un poema de manera expresa, es más que evidente. También sigue siendo evidente mi pasión por autores norteamericanos, en este caso, a Charles Bukowski, un clásico desde que empecé con esto de la poesía, debemos unir otros nombres como Barry Giddford, el autor de Perdita Duranto. En mi parcialísima opinión el libro ha quedado precioso, envuelto en la cuidada portada que ha hecho mi amigo Rafael Quintero. Porque esa es otra. Los dibujos de Rafa son poemas en sí mismos. Y todo esto por sólo diez euritos de nada. Son estas las cosas que lo reconfortan a uno con el proceso creativo. En fin, ya iré dejando por aquí información sobre presentaciones, presentadores y otras hierbas.

Diecisiete temazos de Tom Waits

1. Martha.
2. (Looking for) The Heart of Saturday Night
3. Nobody
4. The Piano Has Been Drinking (not me)
5. Burma Shave
6. Wrong Side of the Road
7. Jersey Girl
8. Broken bicycles
9. Frank's Wild Years
10. Downtown Train
11. Cold Cold Ground
12. I Don't Wanna Grow Up
13. The Last Rose of Summer
14. Cold Water
15. Kommienezuspadt
16. God's Away in Business
17. Make It Rain

sábado, 6 de junio de 2009

¿Dónde están mis magnolias?, de Isabel Rodríguez

El viejo gramófono suena en la oscura habitación. La trompeta de Chet Baker desagarra el aire con su aguda melancolía empapada en alcohol y lo llena de colores, de los colores de las pinturas impresionistas que sus melodías desgranan en la atmósfera viciada de la alcoba. En la pantalla del televisor un documental sin sonido se mueve entre icebergs y glaciares, en alguna tierra lejana. “Aquí no hay icebergs”, piensa, “eres un iceberg: una parte fuera. Fría, helada, fuerte. Diez partes subterráneas, ardientes, más fuertes y con flores: magnolias (planta que sólo crece con el verano)”, eso le había escrito él una tarde, en la servilleta del bar en que tomaban copas, y ella había guardado la servilleta, todavía la tenía, doblada cuidadosamente entre las páginas de un libro de poemas. Era un local donde se escuchaba jazz y también entonces sonaba Chet Baker, el íntimo desgarro de esa trompeta inigualable… El iceberg se derrite en la pantalla, como parece derretirse la tarde en una lluvia interminable que se desliza suave, lentamente, por los cristales; porque es una tarde lluviosa. Una de esas tediosas tardes de domingo que anuncian el final del paréntesis del fin de semana, el paréntesis de las diarias rutinas, levantarse, acudir al trabajo apretujada en el metro entre decenas de cuerpos soñolientos como el suyo, desvaídos y grises, las inacabables horas colgada al teléfono, aguantando impertinencias, respondiendo a todo con una voz neutra, profesional, que no deje transparentar su irritación, su cansancio, su deseo de estampar el teléfono contra la pared y salir huyendo…

Tiene el ordenador encendido y la página en blanco del archivo que acaba de abrir parece retarla desde su albo silencio. Sobre la mesa, la caja metálica con la jeringuilla, las gomas… Teclea unas líneas, las lee, lo borra todo. “Cuando me pongo a escribir nunca se me ocurre nada. Y lo poco que llego a escribir es una basura. No sé por qué me empeño. Se está acabando el plazo para presentar el libro y no he pasado del tercer poema…” La trompeta se eleva en un agudo desgarrador que le corta el aliento. “Después de todo, tampoco importa. Ya sé que no lo voy a escribir ni lo presentaré al premio, y además da igual…” Todo da igual desde aquella mañana imborrable, fija para siempre en su memoria y en su vida, aquella mañana en que el niño, su niño, sólo suyo, porque sola lo tuvo y sola con él vivió sus horas más difíciles y también las más felices; aquella mañana en que el niño salió con su pequeña cartera hacia el colegio y ella se asomó al balcón para despedirlo y vio cómo el automóvil, aparcado en la esquina, arrancó inesperadamente, y el golpe, y su grito, su grito desgarrando el aire como la trompeta de Chet Baker, ese agudo sonido empapado de alcohol y desesperanza… Y ya nunca volvieron los días soleados, el corazón caliente, la cara del niño, esos días perdidos, cuando él soñaba despierto y ella cantaba en la noche canciones de cuna que llenaban sus sueños de luces y de mariposas. Ya sólo tiene el tedio de un trabajo irritante, de un empeño imposible, de una ausencia que todo lo contagia de negrura.

Y tiene también la puerta abierta, la evasión, el olvido. Así, sobre la mesa, al alcance de su mano. La única dicha que puede administrarse por sí misma. “Soy como un iceberg. Y voy al encuentro de mis diez partes sumergidas. Mis magnolias…” Y la dicha corre por sus venas y un calor dulce la invade y se deja ir lenta, dulcemente. “Mi niño…” Va hacia el balcón, allí lo encontrará, escucha su llamada. Lo abre y se derrumba despacio, en una inercia dulce, entre luces azules y blancas mariposas, bajo la lluvia que cae interminable sobre sus magnolias encontradas…

Entre las rejas del balcón asomaba su zapato y en la alcoba oscura el viejo gramófono seguía sonando y el aire vibraba bajo las notas dolidas de Chet Baker.


A Rafael Calero y a su “Mirada del Jazz”, a cuya sombra se escribieron estas líneas.

Isabel Rodríguez

Mayo 2009

viernes, 5 de junio de 2009

Burma Shave (Tom Waits)

Burma Shave es un lugar que sólo existe en una canción de Tom Waits. Una canción de Tom Waits es un tren nocturno que atraviesa las calles frías de un poema. Las calles frías de un poema están repletas de deseos urgentes. Cada deseo urgente es un trozo de arco iris desnudo. Dentro de un arco iris desnudo cae una lluvia de confeti que empapa el rostro de las chicas enamoradas. Las chicas enamoradas guardan en su interior tres secretos azules. Los secretos azules, cuando menos te lo esperas, se derraman como una botella de champán. Cada botella de champán encierra en su interior un océano de lágrimas de colores. Las lágrimas de colores viajan a toda velocidad por la autopista de Burma Shave.
Burma Shave es un lugar que sólo existe en una canción de Tom Waits...

jueves, 4 de junio de 2009

El dinero fácil de Jens Lapidus

Estos días he leído (más apropiado sería decir que me he devorado las 616 páginas que lo forman) una magnífica novela negra que responde al nombre de Dinero fácil. Su autor, un joven escritor sueco llamado Jens Lapidus, se ha estrenado con esta trapidante obra que retrata el mundo de los bajos fondos en la ciudad de Estocolmo. La novela, según se anuncia en la portada del libro, es la primera parte de una trilogía bautizada con el elocuente título de Trilogía negra de Estocolmo. Así que es de suponer que en un futuro no muy lejano tendremos otras dos entregas de Lapidus.
Dinero fácil narra la historia cruzada de tres personajes de la Suecia contemporánea: Jorge, un inmigrante chileno que se dedica al tráfico de cocaina; Mrado, un hampón serbio que extorsiona, amenaza, pega, viola y mil cosas más por el estilo y JW, un joven ultra pijo que se siente fascinado por el lujo y que no se para ante nada ni nadie con tal de conseguir la pasta que necesita para seguir aparentando ante su novia y sus amigos. Lapidus retrata magistralmente la sociedad sueca contemporánea, una sociedad que aparentemente es la máxima expresión de las ventajas sociales pero que con sólo escarbar un poco en su epidermis, deja translucir toda la miseria y toda la podredumbre que se asocian con otros lugares, como puede ser el sur de Italia o la Costa del Sol.
Dinero fácil se une a la gran cosecha de excelentes novelas negras que en los últimos años ha llegado del frío, especialmente de Suecia, pero también de Noruega o Dinamarca. Jens Lapidus es un nombre a tener en cuenta en los próximos años, para colocarlo en la estantería junto a Menkel, Larson o a la pareja Sjöwall y Wahlöö, de quienes uno de estos días, escribiremos algo.

miércoles, 3 de junio de 2009

Cualquier sistema, de Leonard Cohen

Cualquier sistema que montéis sin nosotros
será derribado
Ya os avisamos antes
y nada de lo que construisteis ha perdurado
Oídlo mientras os inclináis sobre vuestros planos
Oídlo mientras os arremangáis
Oídlo una vez más
Cualquier sistema que montéis sin nosotros
será derribado
Tenéis vuestras drogas
Tenéis vuestras Pirámides, vuestros Pentágonos
Con toda vuestra hierba y vuestras balas
ya no podéis cazarnos
Lo único que revelaremos de nosotros
es este aviso
Nada de lo que construisteis ha perdurado
Cualquier sistema que montéis sin nosotros
será derribado

(Traducción de Alberto Manzano)

domingo, 31 de mayo de 2009

EL INFLUJO LORQUIANO DE LA BÚSQUEDA

El mundo del arte, en general, y el de la música, en particular, se rigen por reglas que, en el fondo, nadie acaba de comprender al cien por cien. Escribo esto a propósito de uno de los grupos musicales más personales, genuinos e inteligentes del panorama musical de este país, pero al mismo tiempo, uno de los más incomprendidos y desconocidos: La Búsqueda.
La Búsqueda nació en el ya lejano 1985, en Mallorca, en torno a la figura del guitarrista, compositor y cantante Xisco Albéniz, uno de los músicos más inclasificables que ha dado esta España mía, esta España nuestra. Pero hasta 1988 no apareció su primer disco, de título homónimo, y publicado por DRO. Un mini elepé de seis temas que ya contenía el embrión de lo que sería el universo personal e intransferible de estos músicos: raíces folk, instrumentos atípicos en el mundo del pop (trompetas, cellos, violines, castañuelas, etc.), un profundo conocimiento de la tradición que los lleva, al mismo tiempo, a coquetear descaradamente con las vanguardias, los aromas mediterráneos que impregnan sus composiciones, los toques fronterizos y unos textos poéticos como pocos se han escrito por estos lares, siendo particularmente destacable la influencia del Lorca más trágico, más cercano a la muerte. No en vano, en aquel primer álbum, destacaba una maravillosa adaptación del Romance lorquiano “Reyerta” al que ellos titulan “Los ángeles del barranco”. A la sombra de aquel primer disco, visitan México, Francia, Portugal y otros países europeos. Hay que destacar el éxito (siempre entre comillas, por supuesto, pues tratándose de La Búsqueda todo es minoritario) que cosecharon en Francia, llegando a participar en festivales de renombre en el país vecino.
En 1991 graban su segundo disco, editado también por Discos DRO: La rueda de la fortuna, con una de las portadas más hermosas de la historia de la música española. Este segundo álbum, grabado con más medios técnicos, y por tanto, con mejor sonido, ahondaba en las mismas coordenadas estéticas que ya hemos mencionado y contenía temas hermosísimos como “Testigos de mi querer”, “Carmencita” o “La rueda de la fortuna”.
Pero un cambio de miembros en la formación y un cambio de compañía discográfica, hace que su siguiente disco, Psicolatin, no aparezca hasta 1996. Ahora se decantan por una pequeña compañía independiente, Disc Medi/Blau, y, aunque las canciones que conforma este álbum, siguen teniendo ese genuino sabor misterioso y exótico de los dos discos anteriores, está claro que ahora el grupo se decanta por otros derroteros. Psicolantin mama directamente de los Rolling Stones de Brian Jones, de aquellos discos donde se funden sin complejos Oriente y Occidente. Diez temazos a cada cual mejor, letras hermosas, rebosantes de belleza, con una sonoridad propia, con una voz profunda y emocionante. Diez temas de los cuales es difícil quedarse con alguno, pero si tuviera que elegir entre uno de ellos, me quedo con “Mi prisión de fuego”, donde la magnética voz de Xisco Albéniz canta versos como: “Mi prisión de fuego serás tú / y mi hogar las tabernas del sur / no necesito nada más / Dios dirá si tengo que pagar.”
Después de Psicolatin, se produce una nueva remodelación entre los miembros de La Búsqueda y un nuevo parón. Hasta que en el año 2004, publican el que hasta la fecha es su último disco: Los penitentes (Grabaciones en el Mar, 2004). Entre ambos discos, Xisco Albéniz compone la banda sonora del cortometraje Zu Vercaufen (2000), del director Pere Salom, con la que gana el Premio a la Mejor Banda Sonora Original en el Festival Internacional de Sitges, concedido por la SGAE en la Sección de Cortometrajes. Los penitentes viene precedido por el CD single Las cosas que no se ven, editado en 2002 por Isladencanta Records.
Los penitentes es una magnífica colección de canciones, trece en total, donde el grupo parece renegar del sonido de su anterior disco, y vuelve a sus orígenes, es decir, al predominio de la guitarra española, a los aires fronterizos con un ligero toque western, a las cuerdas, al gusto poético más lorquiano, o tal vez sería más preciso decir más granadino que nunca, en temas como “Tambores de Boabdil”, “Occidente se muere” o “Mi duende”, donde se habla explícitamente de la Alhambra y de las Alpujarras.
No sabría decir si a día de hoy La Búsqueda sigue existiendo como grupo o si han sucumbido, hastiados ante tanta mediocridad musical con la que nos toca vivir día a día y hartos del desprecio de una industria que no ve más allá de su nariz. Ojalá que no haya sido así y que un día de estos, por sorpresa, se acerquen hasta Granada a regalarnos uno de sus maravillosos conciertos.