domingo, 26 de junio de 2011

Corruptos

Si afirmo con rotundidad que España es un país de corruptos no estoy descubriendo nada que no sepamos ya. No obstante, conviene repetir las cosas para que no se nos olviden, tan dados como somos los seres humanos a olvidar lo que no nos conviene recordar. España es un país de corruptos.
Y no me estoy refiriendo sólo (que también, por supuesto) a los grandes corruptos, los number one del mangoneo, del tocomocho, del estoy aquí para llevármelo calentito, esos personajes que manejan cientos de millones de euros (antes de pesetas, y mucho antes, de la moneda que estuviese en vigor) y que hacen sus apaños para que sus empresas construyan edificios donde no se puede o no se debe construir; no me estoy refiriendo sólo (que también, por supuesto) a los que aceptan regalos multimillonarios para favorecer en sus chanchullos a sus amiguetes, o a los amiguetes de sus amiguetes, o a sus familiares directos o indirectos; no me estoy refiriendo sólo a los políticos que votan leyes que van en contra de todo el mundo, incluidos sus electores, aquellos incautos que con su voto le entregaron también la virginidad de su confianza, como doncellas medievales.
No me estoy refiriendo sólo (que también, por supuesto) a los grandes banqueros y directores generales de multinacionales, que quieren pasta a manos llenas, a costa de quien sea y de lo que sea, lo mismo da que se desahucie a familias enteras como que se tengan que quedar en el paro docenas de miles de trabajadores.
No me estoy refiriendo sólo, (que también, por supuesto) a los que durante años, han tejido una red de clientelismo político en ayuntamientos o comunidades autónomas, para tener la sartén cogida por el mango, para ejercer el control en la vida cotidiana de la gente, que al fin y al cabo, es lo que de verdad importa, de mil y una maneras distintas.
Pues no, no me refiero sólo a esos. Estoy hablando de esos corruptos de baja intensidad, pero no por ello, menos peligrosos y malvados. Me estoy refiriendo, por poner un ejemplo, a esa gente que preside un tribunal de oposiciones y no tiene ningún problema a la hora de favorecer a quien estime oportuno, sin importar mucho que esa persona no sea la más cualificada para obtener ese puesto de trabajo ni que otros muchos se hayan deslomado estudiando durante muchos meses para conseguir su plaza, pongamos, por ejemplo, en el sistema educativo andaluz. Además, se da la casualidad de que ese tipo de gente, no son sólo corruptos, también suelen ser unos mediocres de categoría superior.
Me estoy refiriendo a esos maestros y maestras que eligen los libros de sus alumnos en función de lo que le van a regalar las editoriales, práctica esta bastante extendida, sin pararse a evaluar la calidad del material, o simplemente, sin preguntarse siquiera si esos libros son los más adecuados para su alumnado.
Me estoy refiriendo a esos pequeños corruptos que tienen la capacidad de decidir que un niño pueda entrar en tal o cual colegio, y se pasan la Ley por el arco del triunfo, y el niño en cuestión acaba en el colegio donde no tendría que estar porque su puntuación es menor que la de otros niños.
Me estoy refiriendo a esos corruptos que mueven todos los hilos que tienen a su alcance para no pagar una multa de tráfico o a esos otros que sin ningún pudor, muestran su orgullo porque en su última declaración de hacienda han pagado un puñado de euros menos de los que legalmente les correspondía. O a esos médicos que trabajan en el SAS pero te echarán una mano para que te operes antes si vas a su casa y pagas al contado. Me estoy refiriendo a aquellos que, tomando un café con ellos, si les manifiestas abiertamente tu rechazo a ese tipo de prácticas caciquiles, directamente te dicen que sí, que muy bien, pero que todo el mundo lo hace, y si todo el mundo lo hace, tú no vas a ser más tonto que nadie. Esí que vuelvo al principio. España es un país de corruptos.

viernes, 24 de junio de 2011

El suicida

Decidió taponar la herida a lo grande, saltando desde la terraza de su piso, un décimo recién estrenado, decorado con un exquisito gusto y con hermosas vistas a Sierra Nevada. De la pared principal de su salón colgaba un cuadro que costaba setenta mil euros. Lo había comprado en la última edición de ARCO y lo había pintado el último descubrimiento de la crítica especializada neoyorquina, un pintor sudafricano de nombre imposible. En su cocina guardaba unas cuantas botellas de vino que costaban un ojo de la cara. Pero todo eso, ahora, carecía de importancia. Como aquel había sido un año de abundantes nieves, todavía se podían ver restos del invierno allá a lo lejos, a pesar de que hacía varias semanas que el calor sobrepasaba los treinta grados. Mientras se preparaba para saltar, sonó el teléfono de manera insistente, ocho o nueve veces, pero decidió que no lo cogería, no fuera a ser que algo se interpusiera entre él y su decisión. De todas formas, pensó, seguro que es alguien que se ha equivocado de número. O peor aún, alguien que quiere que me cambie de compañía telefónica, o que domicilie la nómina en su banco, o que me haga un seguro de vida. Así que siguió adelante con su plan. En medio del salón, de espaldas al cuadro del pintor sudafricano, primero se descalzó. Después se quitó los calcetines. Siempre le había parecido de muy mal gusto dejarse los calcetines cuando el resto del cuerpo está desnudo. Por supuesto, se quitó los pantalones y los calzoncillos. La camisa no, por la sencilla razón de que no la llevaba puesta. Por el calor. Cuando estuvo completamente desnudo, haciendo gala de una gran agilidad y destreza, se subió a la pared de la terraza y respiró hondo. Cerró los ojos. Luego se dejó caer sin pensar en nada, con la mente en blanco. El cuerpo se estrelló contra el asfalto caliente y se rompió como lo haría una botella de cristal, en mil pedazos pequeños. A unos metros había un hombre sentado en un banco, a la sombra de un álamo centenario que, sin saber muy bien cómo ni porqué, había resistido al terrorismo medioambiental del que venía haciendo gala el ayuntamiento de la ciudad en los últimos años. El hombre que estaba sentado en el banco a la sombra del álamo centenario, al escuchar el golpe seco del cuerpo en el suelo, levantó la vista del Marca y, durante unos segundos, no supo muy bien qué había ocurrido. Cuando se dio cuenta de lo que había pasado, se levantó del banco y se alejó andando deprisa, porque era una persona de orden, que durante toda su vida, en la medida de lo posible, había evitado los problemas, y ahora, a su edad, no iba a ser tan insensato como para comerse aquel marrón. Mientras se alejaba del cadáver despanzurrado en el suelo, pensó que suicidarse en verano era una obscenidad, y que nadie debería, bajo ningún concepto, suicidarse en verano.

lunes, 20 de junio de 2011

miércoles, 15 de junio de 2011

La noticia (escándalo sexual)

Aquella mañana de finales de primavera, los principales periódicos del país llevaban en primera página una noticia sobre el Presidente del Gobierno de la nación. Dicha noticia sobre el Presidente del Gobierno de la nación originó un escándalo sin precedentes en la historia del país, un tremendo escándalo sexual. Lo que no se alcanza a entender es cómo los servicios de inteligencia más próximos al Presidente no fueron capaces de detectar la filtración. O tal vez se podría pensar que sí, que lo hicieron, pero que no les convenía silenciarla. Sea como fuere, lo que está claro es que la noticia, nada más saberse, se extendió como un reguero de pólvora, y no hubo un solo ciudadano que no comentase tal o cual aspecto de la noticia, que no diese su opinión al respecto o que no maldijera para sus adentros sin acabar de creerse al cien por cien lo que comentaban todos los medios de comunicación. En internet se formaron grupos a favor y en contra del Presidente. En los programas de cotilleos de la telemierda, los tertulianos tuvieron carnaza fresca para dar y regalar. Las llamadas telefónicas fueron tan abrumadoras que colapsaron las centralitas de todas las cadenas de televisión. Y es que lo que se hizo público aquel día sobre las costumbres sexuales del Presidente del Gobierno era algo tan sorprendente que muchos dudaron de que en realidad no fuese más que una exageración malintencionada para minar su credibilidad pública: el hombre que regía los destinos de más de cuarenta millones de compatriotas, el que tomaba las decisiones más comprometidas, el que decidía sobre los destinos de aquel país, el Presidente del Gobierno de la nación era un monógamo. Este hombre había estado follando con la misma mujer durante más de cuatro décadas. Y para colmo, esa mujer era su esposa.

lunes, 13 de junio de 2011

Vicente Núñez en la voz de Martirio

Estos días la cantante onubense Maribel Quiñones, Martirio, tiene nuevo disco en las pocas tiendas de música que aún quedan abiertas (si es que queda alguna). Es un proyecto compartido con el pianista y compositor cubano José María Vitier, titulado El aire que te rodea. Se trata de una magnífica selección de poetas y poemas iberoamericanos. Calderón de la Barca (de quien se musicalizan dos poemas), San Juan de la Cruz, Federico García Lorca, Gabriela Mistral, Rubén Darío, Fina García-Marruz (la madre del propio Vitier), Julio Herrera y Reising, Salvador Díaz Mirón o Ernesto Cardenal forman parte de esta nueva colección de canciones, de emociones y de sentimientos de estos dos grandes artistas que son Martirio y Vitier. El disco es un compendio de distintos ritmos y sonoridades latinas, como la bossa-nova, la rumba, el bolero, el jazz o el son cubano, ribeteado, como no podía ser de otra manera, con los aires flamencos que van dejando, aquí y allá, la guitarra, el tres y las percusiones de ese talento salvaje que es Raúl Rodríguez.
Y viene todo esto a cuento porque, para cantarlo en este disco, Martirio ha elegido un precioso poema de Vicente Núñez, titulado “A lo divino”. Se trata de un soneto publicado en 1990, y que originalmente el poeta aguilarense incluyó en La gorriata, una breve plaquette publicada en Antequera, dentro de la colección “Luz de la Atención”. El poema ha sido musicalizado, como el resto del disco, por el maestro Vitier. No es esta la primera vez que la autora de “Estoy mala” proclama a los cuatro vientos su pasión por la obra de Vicente Núñez, pues ya en Coplas de Madrugá, aquel extraordinario disco de 1997 grabado con el pianista gaditano Chano Domínguez, se incluía una cita de otro poema de Vicente Núñez, en este caso, el elegido era el poema X de Teselas para un mosaico. Aunque sí que es ahora, por primera vez, cuando Martirio se atreve a poner voz, esa voz de terciopelo azul, a los versos hirientes de Vicente Núñez. Ojalá que no sea la última.

domingo, 12 de junio de 2011

John Fante: Oro en el basurero (III)

Retrato del artista adolescente

La primera novela de la tetralogía, Espera a la primavera, Bandini, fue publicada el día 10 de octubre de 1938, recibiendo alabanzas por parte de la crítica. Dos importantes diarios, el San Francisco Chronicle y el Chicago Daily News, la eligieron como la mejor novela de aquel año.
En 1938, John Fante ya había publicado numerosos relatos en revistas literarias, e incluso, había escrito una primera novela, Camino de Los Ángeles, que permanecía inédita. No estamos, pues, ante un autor novel, sino ante un escritor bien definido, cuyas características técnicas y temáticas ya están perfectamente delimitadas. Como afirma Juan Francisco Molina, Fante

no era un escritor fraguado al calor de elevaciones léxicas, ni un metódico artesano de argumentos que hicieran época; ni amigo de vanguardias, ni comprometido políticamente. Barrió la tentación de malabarismos narrativos y cualquier tipo de vocación culturalista de sus páginas, sólo quería contar las cosas de forma directa y bien, aunque eso no descartaba la presencia de pinceladas líricas.

En Espera a la primavera, Bandini nos encontramos a un Arturo Bandini de catorce años, un adolescente que tiene que enfrentarse a un sinnúmero de cosas que le desagradan: sus hermanos pequeños, las monjas que dirigen el colegio, su padre, que abandona a su esposa y a sus hijos por una rica y hermosa mujer; su madre, que está al borde de la locura, etc. A Bandini sólo le queda una manera de escapar de la mezquina realidad que le rodea: inventar un universo paralelo en el que refugiarse, un universo donde él es una estrella del béisbol que vuelve locas a las chicas, sobre todo a su amada Rosa Pirelli.
En esta novela, la única de la saga narrada en tercera persona, John Fante nos presenta a un Arturo Bandini repleto de contradicciones que afectan a todos los ámbitos de su vida: su familia, sus creencias religiosas, sus orígenes italianos y su deseo de ser escritor, como se puede comprobar en este fragmento:

Se llamaba Arturo, pero odiaba ese nombre y quería que lo llamaran John. Su apellido era Bandini pero él quería que fuera Jones. Su madre y su padre eran italianos pero él quería ser americano. Su padre era albañil, pero él quería ser el pitcher de los Chicago Cubs. Vivían en RocKlin, Colorado, un pueblo de diez mil habitantes, pero él quería vivir en Denver, que distaba cincuenta kilómetros. Era pecoso, y deseaba no serlo. Iba a un colegio católico, pero él quería ir a una escuela pública. Le gustaba una chica llamada Rosa, pero ella lo odiaba. Era monaguillo, pero se comportaba como un demonio y odiaba a los monaguillos. Quería ser un buen chico, pero al mismo tiempo tenía miedo de ser un buen chico porque temía que sus amigos le llamasen buen chico. Se llamaba Arturo y quería a su padre, pero vivía con el temor de que llegara el día en que le tuviera que dar a su padre una paliza. Sentía pasión por su padre pero a su madre la consideraba una cobarde y una imbécil.


Sin ningún género de dudas, Espera a la primavera, Bandini es una de las grandes obras sobre la época de la depresión norteamericana de los años treinta. Una novela dura y amarga pero que, al mismo tiempo, destila una enorme ternura, y en la cual el humor juega un papel determinante.

viernes, 10 de junio de 2011

Cosas que escuecen por ahí dentro (II)

Que me amaría siempre
Que yo había sido lo mejor de su vida
Que no soportaría vivir sin mí

Eso fue lo que me dijo antes de irse
Eso y otras cosas que escuecen por ahí dentro

martes, 7 de junio de 2011

Maradona

Ya no hay jugadores de fútbol como Diego Armando Maradona. Y no lo digo por su técnica, por esa forma maravillosa de acariciar la pelota, por sus regates de prestidigitador o por sus lanzamientos espectaculares de faltas. Me refiero a su actitud dentro y fuera del campo, pero más, si cabe, fuera de la cancha. Las estrellas actuales del fútbol son uno tipos simplones, insulsos, metrosexuales, más preocupados por su aspecto físico y por sus cuentas bancarias en paraísos fiscales que por cualquier otra cosa, incluida el fútbol. Pero Maradona, o dios, eso son palabras mayores. Un tío que se drogaba, y encima se atrevía a hacer anuncios publicitarios aconsejando a la juventud de la época que se alejara de las drogas. Un tío que salió de uno de los barrios más pobres de una de las metrópolis más grandes y violentas del mundo. Un tío que coló uno de los goles más importantes de su vida con la mano y lo justificó sin ningún tipo de problema moral diciendo que aquel gol respondía a una ayudita divina. Un tío que, aleluya, grabó un dueto musical con Pimpinela. Diego Armando Maradona, con su leyenda negra, sus putas, sus hijos bastardos, su Coronel Parker particular (me refiero a su representante, Guillermo Coppola), sus amigos mafiosos, etc. Maradona, un tipo capaz de viajar del Paraíso al Infierno en menos de un cuarto de hora. Y salir ileso de ese viaje. El gran Diego. El diez. No me extraña que los argentinos lo idolatren. No es para menos.

sábado, 4 de junio de 2011

Parados

Con los últimos días del mes, llegan, una vez más, los datos del desempleo. El mes de mayo ha aflojado un poco el nudo de la soga. Si hemos de hacer caso a los datos que ofrece el Ministerio de Trabajo e Inmigración, el número de desempleados en mayo es de 4.189.659 personas, de los cuales 2.064.581 son hombres y 2.135.078 son mujeres.
Estos datos son alarmantes. Y sin embargo, son mejores que los de los meses anteriores. No en vano, en este mes de mayo recién acabado, el paro bajó en nuestro país un 1’87% con respecto al mes de abril, lo que en cifras absolutas significa que 79.701 personas han encontrado un trabajo. Me alegro por ellos y por sus familias.
No obstante, de lo que yo quería hablar es de aquellas personas que han perdido su derecho a seguir cobrando el desempleo tras agotar la prestación. Sigo tomando los datos del Ministerio de Trabajo e Inmigración. Durante los primeros cuatro meses de 2011, 199.050 personas han perdido este derecho. Si nos remontamos a hace un año, la cifra sube hasta los 328.674 parados. Es decir, de los 4.189.659 parados oficiales que hay en nuestro país, sólo 2’8 millones de parados cobran una prestación económica. El resto, se las tiene que apañar como dios les dé a entender: viviendo de los familiares que puedan echar una mano, tirando de los escasos ahorros que queden, si es que aún queda algo, etc.
Y lo peor está por llegar, ya que en los próximos meses, el número de personas que dejarán de cobrar cualquier tipo de prestación aumentará considerablemente, si tenemos en cuenta que 2009 fue el año en que más empleo se destruyó en España. Es decir, todos aquellos que perdieron su trabajo hace dos años están a punto de perder ahora su prestación por desempleo. Una auténtica bomba de relojería social.
Llegados a este punto del artículo, me he parado a releer lo que llevaba escrito. Me doy cuenta de que la frialdad de las cifras no transmite lo difícil que tiene que ser para toda esta gente la vida, lo cuesta arriba que se les ha puesto la supervivencia y la poca esperanza que deben albergar, sobre todo, la gente que ya lleva dos, tres o incluso más años sin trabajar o haciéndolo tan esporádicamente que ya ni se acuerdan de cómo es ir al tajo. Nadie que no haya pasado por la misma situación puede entender la desesperación que produce el desempleo y la falta de oportunidades, la degradación moral de las personas que, teniendo edad, ganas, experiencia y capacidad para trabajar, no pueden hacerlo porque, sencillamente, no tienen donde hacerlo. Me paro a pensarlo y me lleno de rabia. Piensen un momento en ello.

jueves, 2 de junio de 2011

Hasta el final del amor (Leonard Cohen)

Tarde de domingo. El frío otoñal atraviesa el corazón como una pequeña flecha de cristal lanzada desde un arco invisible. La luz tenue impregna la vida, que parece tener un aire como de extrañeza. Té caliente con menta y una canción de Leonard Cohen -"Dance me to the end of love"- y no hacer nada, sólo sentarnos a ver cómo pasa el tiempo, con su rostro de cazador furtivo y sus manos de asesino en serie. Y luego bailaremos hasta que el amor llegue a su fin.

(Este relato está incluído en mi libro La mirada del jazz, Editorial Alhulia, 2006 y está dedicado, por supuesto, al viejo Leonard, flamante Premio Príncipe de Asturias de las Letras 2011)

miércoles, 1 de junio de 2011

Vinilo

Ahora que todo el mundo escucha música en los mp3 y mp4, ipods e ipads, tabletas y portátiles, yo he vuelto a los vinilos. Aunque en realidad no debería usar el verbo “volver” porque nunca los abandoné del todo. Lo que quiero decir es que ahora escucho, casi exclusivamente, vinilos. He cambiado mi viejo tocadiscos “pioneer” de 1990 por un “technics” de más o menos la misma edad, pero mucho más potente, con una calidad que sienta de culo. El aparato en cuestión suena como un cañón. Por supuesto, lo he comprado de segunda mano. Así que estoy revisando toda mi colección de vinilos. Abro el mueble y saco, por ejemplo, “la canción de Juan Perro”, de Radio Futura. Con la maravillosa portada que hizo el pintor Juan Navarro Baldeweg. O “Le Chat Bleu” de Mink Deville. Un disco que supura rocanrol por cada uno de sus surcos. O el “Deseo Carnal” de Alaska y Dinarama, que casi treinta años después de su grabación, sigue siendo una de las cumbres de la música española. También he vuelto a comprar vinilos. Algunos de segunda mano y otros muchos nuevos. Por ejemplo, me he comprado “La zona sucia” de Nacho Vegas o el nuevo de Guadalupe Plata. O el nuevo de Abraham Boba. O el nuevo de Fernando Alfaro. O algunos de la colección “Vinilíssimo” que edita Munster Records (Vainica Doble, Solera, Burning, etc.).Viejas reediciones de discos antiguos. Los nuevos discos de vinilo son, sencillamente, alucinantes. Están hechos en vinilo de 180 gramos que pesa como el mármol de Macael. Una maravilla. Mucha gente dice que no soporta las deficiencias técnicas del vinilo como soporte sonoro. Y es que la fricción de la aguja produce un sonido como de huevo echado a freír. Otros muchos se quejan de que hay que darle la vuelta al disco con demasiada frecuencia. Y limpiarlo de manera más o menos cuidadosa para que no se estropee más de la cuenta. A mí nada de esto me molesta. Es más, me atrevería a decir que ahí radica precisamente el encanto del vinilo. En sus imperfecciones. Y luego están esas portadas repletas de encanto. Y las fotos interiores. Y las letras de las canciones. Todo eso se perdió con la llegada del cd y los soportes digitales, tipo mp3, le han puesto la puntilla. De todas maneras presiento que a mí me espera un verano intenso de vinilos. Ya se me está haciendo la boca agua.

lunes, 30 de mayo de 2011

Los ojos de Adela

Los ojos de Adela son la antesala de un sueño
infinito.

En los días claros
de verano
si los miras con atención
verás en ellos
pájaros temblorosos
que vuelan
como arrastrados por el viento
hacia el norte.

O un pequeño incendio
de luciérnagas
desnudas.

viernes, 27 de mayo de 2011

Bruja

No me cabe la menor duda de que es una bruja.
Anoche me dio una vuelta en su escoba.

miércoles, 25 de mayo de 2011

Lo que nos cuestan los partidos

Para quien piense que los partidos políticos se financian con el dinero de su afiliación y que no le cuesta nada a su bolsillo, le aconsejo que lea este artículo hasta el final porque a lo mejor se lleva una gran sorpresa.
Una vez pasadas las elecciones y con todo el pescado vendido, papá Estado ha decretado que cada partido político se reembolsará la cantidad de 276,86 euros por concejal electo y 0,55 euros por cada voto recibido el pasado domingo. Así que me he puesto a hacer las cuentas de lo que se llevarán los partidos más votados y esto es lo que me sale:


PP: el partido de Mariano Rajoy obtuvo el domingo un total de 8.474.031 votos que se traducen en 26499 concejales. Si sumamos la pasta que se lleva por ambos conceptos nos sale un total de 11.997.230 euritos. Ahí es nada.

PSOE: el partido de Zapatero, a pesar de haber sido el gran derrotado en estos comicios, se reembolsará la nada despreciable cifra de 9.478.258 euros, por sus 6.276.087 votos y sus 21.767 ediles.


CIU: La coalición nacionalista catalana se lleva 1.497.506 euros pues el domingo lograron 3.862 concejales y 778.679 votos.


IU: El pasado domingo 1.424.119 personas depositaron en las urnas una papeleta de IU. Esto se traduce en 2.230 ediles, todo lo cual asciende a 783.265 euros.


ERC: Esquerra Republicana, que a estas elecciones acudía en coalición con otros grupos catalanes, se llevará 536.568 euros, por sus 1.399 concejales y sus 271.349 votos.


Bildu: a la coalición formada por EA, Alternativa e independientes le corresponden 487.343 euros por sus 1.134 ediles y 313.231 votos.
Podríamos seguir así con todos los demás partidos PNV, BNG, PA, UPyD, etc., pero creo que con estos datos ya se entiende el mensaje).

A las cantidades reseñadas hasta ahora, hay que sumar otra subvención prevista por la Ley Electoral para el envío de propaganda (sí, esa que, en el mejor de los casos, echamos a reciclar a los treinta segundos de haberla recibido), y que será de 0,22 euros por elector en las circunscripciones donde el partido o la coalición hayan obtenido representación, siempre y cuando hayan presentado listas en, al menos, la mitad de los municipios de mas de 10.000 habitantes. Esto supone otro pastizal. En fin, como podéis observar una buena cantidad de dinerito. Además de todo esto, a los dos grandes partidos, la banca española, cada equis tiempo, le condona las deudas millonarias, a cambio de no se sabe qué oscuros favores, cosa que no ocurre con ningún ciudadano de a pie, y si no, prueba a no pagar la hipoteca el próximo mes.
Ahí queda eso.


(Nota: La información para elaborar este articulo la he obtenido de Kaos en la red)

lunes, 23 de mayo de 2011

Presentación de "El placer de ver morir a un ángel" en Salobreña


El próximo viernes, 27 de mayo, a las 22:00 horas estaremos presentando mi nuevo poemario, El placer de ver morir a un ángel, en Salobreña. Será en un lugar mítico de la localidad, el Pub Studio J. A. que regenta mi amigo Mariano Navas. Si te pilla cerca de Salobreña y no tienes mejor plan para la noche del viernes, te aconsejo que te pases por allí, y mientras te tomas una cerveza fresquita, puedes escuchar algunos de los poemas de este libro en la voz de su autor y algunas hermosas melodías interpretadas al piano por el pianista Carlos de la Torre. Os aseguro que merece la pena. Nos vemos por allí.

viernes, 20 de mayo de 2011

Anarquistas

Los viejos anarquistas

eran tipos duros


como rocas milenarias,


hombres de mirada fiera,


que compartían lo poco que tenían,


con cualquiera que estuviera


cerca de ellos.


Los viejos anarquistas eran hombres


a los que no les importaba dar la vida


(la vida no vale nada, decían),


por defender los ideales


en los que creían ciegamente.


Los viejos anarquistas,


de alpargatas baratas


y ropa gastada,


de manos callosas


y rostros curtidos como el cuero,


trabajaban de sol a sol


y aprendían a leer


después del trabajo,


con libros derrengados


como sus propios cuerpos,


libros que iban pasando


de mano en mano,


de boca en boca,


como consignas incendiarias,


libros escritos con frases que sonaban


maravillosas y grandilocuentes,


libros con títulos ampulosos


como La conquista del pan,


de Kropotkin


o Dios y el Estado,


de Bakunin.


Los viejos anarquistas


llevaban en sus estómagos


un hambre de siglos,


un hambre que no se saciaba sólo con pan,


un hambre que necesitaba de palabras


como justicia, razón o libertad,


palabras, como todos sabemos,


ricas en vitaminas y minerales,


capaces, por si solas, de derribar fronteras


y vencer ejércitos.


Los viejos anarquistas


eran hombres valientes,


un poco locos,


dispuestos, siempre,


a enfrentarse, con tesón,


a los molinos de viento,


aunque, al final, los molinos de viento


resultasen ser gigantes.


Los viejos anarquistas


llevaban
en sus corazones

un mundo nuevo,


un mundo teñido


de rojo y negro.

lunes, 16 de mayo de 2011

Promesas que no valen nada

Estos días estamos inmersos en la vorágine de una –otra más— campaña electoral, para las elecciones municipales y autonómicas que tendrán lugar el próximo domingo, 22 de mayo. Como ya os habréis dado cuenta, porque no hay que ser un lince para eso, la clase política, estos días, no deja de hacer promesas.
Unos y otros nos prometen que habrá más trabajo, que nuestros sueldos serán más altos y nuestras condiciones laborales ya no serán tan penosas como han sido hasta ahora. Nos prometen sin sonrojo que nuestro pueblo o nuestro barrio será un lugar mucho más habitable, con más y mejores parques, con servicios que hace tan solo unas semanas eran impensables. Nos prometen que nos sacarán de la crisis en la que andamos metidos hasta el cuello, como si ellos, todos ellos, no hubiesen puesto jamás su granito de arena para que el mundo sea la puta mierda en la que se ha convertido. Nos prometen que en los próximos cuatro años nuestra vida será de color de rosa, porque tendremos actos culturales día sí día también, porque nuestros colegios e institutos serán los mejores del mundo mundial, y nuestros hospitales y centros de salud se convertirán en sucursales del Paraíso en los que dará gloria bendita enfermar. En los próximos cuatro años habrá actividades deportivas para cada hijo de vecino —quien no practique ningún deporte será porque es un vago, y no porque el ayuntamiento de su pueblo no haya puesto todos los medios a su disposición—, abundarán las fiestas populares y la diversión estará garantizada. Todos los jóvenes que deseen independizarse dispondrán de viviendas, baratas y buenas, por supuesto, sin miedo a los vaivenes del euríbor ni a la especulación capitalista. Nuestros medios de transporte público serán seguros, ultramodernos y gratuitos. En definitiva, habrá felicidad a espuertas, de la buena, de la que hace que uno se levante por las mañanas con una sonrisa de oreja a oreja y con unas ganas de vivir que tiran de espalda.
No obstante, entres esas promesas que inundan mi televisor y los periódicos, que se cuelan en mi casa por las ondas de la radio o por mi conexión adsl, echo en falta algunas promesas que sí podrían ser reales, algunas promesas que son tan fáciles de cumplir como contar hasta tres. Por ejemplo, se me ocurre así, de repente, sin tener que pensar mucho, en lo fácil que sería para cualquier candidato prometer —y cumplir— que si gana las elecciones, ni el alcalde ni los concejales de su municipio, van a cobrar ni un solo euro por estar al frente del ayuntamiento. “Trabajaremos gratis por ti”, podría ser el eslogan de ese partido político. Otra buena promesa sería, por ejemplo, comprometerse a que no entrará en los ayuntamientos ni un solo enchufado y, más aún, que los que entraron de manera fraudulenta, irán a la calle. Otra promesa que podrían hacer los candidatos —y ya puestos, cumplir— es que no se van a cambiar de chaqueta al día siguiente de las elecciones, llegando a pactos en los que no sólo se traiciona la confianza de los electores sino la de los propios principios ideológicos que sustentan su discurso político —si tal cosa existe—. Mucho me temo, sin embargo, que este tipo de promesas no saldrán jamás de la boca de un político. No sé para ti, pero para el que esto escribe, las promesas de un político son, como decía aquella canción de los Piratas, “promesas que no valen nada”, promesas que se irán “como lágrimas en la lluvia”. Y dentro de cuatro años, más.

sábado, 14 de mayo de 2011

La Biblioteca Pública de Berja

El viernes 13 por la tarde, estuve en la Biblioteca Pública de Berja, en Almería, leyendo una selección de mis poemas, en una de esos encuentros con autores que organiza el Centro Andaluz de las Letras. No era esta la primera vez que me acercaba por Berja por motivos literarios, pues ya en mayo de 2008, estuve impartiendo un taller poético del cual guardo un gratísimo recuerdo. Las personas que se acercaron ayer a escuchar mis poemas eran, básicamente, las mismas que habían estado en las cuatro sesiones que duró aquel taller. No obstante, pude ver otras caras nuevas e incluso la de algunos amigos, como Javier y Natalia, a los que hacía tiempo que no veía, y con los cuales pude compartir un buen rato de poesía y de amistad.
Pero vamos a lo que realmente importa. Al frente de la Biblioteca Pública de Berja está Rocío Domínguez, una excelente profesional y mejor persona que, con poquísimos recursos, pero dosis ingentes de imaginación y de trabajo, realiza una labor de divulgación literaria que merecería no un premio, sino todos los premios del mundo. Rocío ha puesto en marcha un Club de lectura, en el que, mensualmente, un grupo de personas se reúne en torno a un libro, casi siempre una novela, para cambiar impresiones, ideas, emociones, etc. Todo esto compartiendo una taza de té o un café y una pastas. Además del Club de lectura, hay otras muchas actividades, tales como presentaciones de libros, cuentacuentos o juegos para niños.
Creo que en muchos municipios andaluces tener una biblioteca pública tan dinámica como la de Berja es una suerte y me da la impresión que la mayoría de los vecinos del pueblo (de los políticos municipales ni me voy a molestar en hablar) no saben valorar en su justa medida el hecho de contar, al frente de su biblioteca, con una persona tan activa, tan emprendedora, tan imaginativa, y al mismo tiempo tan humilde como es Rocío Domínguez. Sinceramente, cada vez que he ido por la Biblioteca de este hermosísimo pueblo almeriense he sentido una sanísima envidia de ver el grupo tan compacto de mujeres (sobre todo) y algunos hombres que se mueven en torno a este espacio cultural. Y sólo me queda añadir que leer mis poemas ante este grupo humano fue, en la tarde del viernes, un lujo y un placer.

jueves, 12 de mayo de 2011

John Fante: Oro en el basurero (II)

Del frío Colorado a la cálida California

John Fante era hijo de emigrantes italianos. De religión católica, pasó los primeros años de su vida en un internado jesuita y, más tarde, completaría sus estudios en la Universidad de Colorado. Empezó a escribir en 1929, publicando su primer relato en la revista The American Mercury, en su número de agosto de 1932. Se trata de un relato titulado “Monaguillo”, que ya hacía vislumbrar muchas de las características del futuro narrador: una prosa repleta de ironía, escrita en un tono confesional y autobiográfico, con un estilo realista y lineal. Durante unos años se dedicó exclusivamente al relato corto, y hasta 1938 no publicaría su primera novela, Espera a la primavera, Bandini. Con esta novela inauguraría la saga de obras protagonizadas por su alter-ego, Arturo Bandini, un italo-americano empeñado en convertirse en el escritor más importante de los Estados Unidos. En otras obras utilizaría otros nombres para su álter ego, tales como Jimmy Toscana o Henry J. Molise, pero tras estos nombres, siempre se parapetaba el propio Fante. Tras esta primera novela vendrían la ya citada Pregúntale al polvo (1939), Sueños de Bunker Hill (1982) y Camino de Los Ángeles (1985, póstuma). Además de la tetralogía protagonizada por Arturo Bandini, Fante escribió numerosas historias cortas, recopiladas en Dago Red (1940) y El vino de la juventud (1985) y otras cuatro novelas: La hermandad de la uva (1977), Un pésimo año (1985), Al oeste de Roma (1986), y Llenos de vida (1988), estas tres últimas con carácter póstumo. Durante la década de los cuarenta y cincuenta, trabajó como guionista en Hollywood, participando en una docena de películas y series de televisión, como Repleto de vida —una adaptación de su propia novela—, Jeanne Eagel, Mi hombre y yo o Walk on the wild side. John Fante odió siempre el oficio de guionista, un trabajo, en su opinión, castrador y simplón. En una carta dirigida al editor H. L. Mencken, Fante calificaba la escritura de guiones como “el trabajo más desagradable del Reino de Dios.”
Desde 1955 se vio obligado a convivir con la diabetes que, como ya ha quedado dicho, lo fue dejando ciego poco a poco. Desde 1978 hasta su muerte, John Fante vivió en una ceguera perpetua, pero nunca dejaría de escribir, gracias a la ayuda de su esposa, Joyce Fante, a la que dictaba los textos. John Fante no alcanzó el éxito comercial con sus novelas y no fue hasta la década de los ochenta, y en gran medida gracias al apoyo que le brindó Charles Bukowski, que su nombre se hiciera relativamente popular y sus novelas se volvieran a editar e incluso, muchas de ellas, fueran publicadas por primera vez.

lunes, 9 de mayo de 2011

Fotos de la presentación de "El placer de ver morir a un ángel" en Subterránea







Dejo algunas fotos de la presentación de El placer de ver morir a un ángel el sábado pasado en la librería Subterránea de Granada. Las fotos son cortesía de la Estrella Nazarita, a quien aprovechamos para darle las gracias públicamente por su generosidad. También me gustaría darle las gracias a Paco Cano por su ayuda y por cederme tan gustosamente su espacio. Por cierto, si alguien está interesado en comprar un ejemplar de mi nuevo libro, lo puede hacer en Subterránea.

domingo, 8 de mayo de 2011

John Fante: Oro en el basurero (I)

Una forma distinta de escribir

Principios de los años treinta. Biblioteca Pública de Los Ángeles. Un joven llamado Charles Bukowski pasa allí la mayor parte de su tiempo. Su único deseo es llegar a ser escritor. Como por arte de magia, descubre una novela titulada Pregúntale al polvo. Su autor, un tal John Fante (Denver, Colorado, 1909 – Los Ángeles, California, 1983).
Finales de los años setenta. Asilo para veteranos de la industria del cine y la televisión en Woodland Hills. John Fante no es más que un escritor sepultado por el peso implacable del olvido, postrado en una cama, ciego y con ambas piernas amputadas a causa de una terrible diabetes. A pesar de haber publicado varias novelas y colecciones de relatos cortos, a pesar de haber trabajado en numerosos guiones para la industria cinematográfica, a pesar de haber luchado constantemente en pos de una fama y un éxito que siempre se le habían escurrido de las manos en el último momento.
Pero volvamos a Charles Bukowski. En 1978, publica una novela titulada Mujeres. En ella reconoce que su autor favorito es un escritor desconocido para el gran público, un italo-americano llamado John Fante. “¿Por qué le gusta?”, le preguntan en una rueda de prensa a Henry Chinaski, alter ego de Bukowski en la obra. “Emoción total. Un hombre muy valeroso”, es su respuesta.
A partir de este momento, el nombre de John Fante empieza a pasar de boca en boca. El primer sorprendido es John Martin, factótum de la editorial Black Sparrow Press, que se encarga de la edición de la obra de Charles Bukowski. Martin se interesa por John Fante y pone en circulación, de nuevo, Pregúntale al polvo, la primera novela que impactó al joven Bukowski en los lejanos días de la Biblioteca Pública de Los Ángeles. John Martin le pide al viejo indecente que se encargue de prologar la reedición de la novela. En ese prólogo, Charles Bukowski explica cómo descubrió la obra de Fante y qué experimentó ante tal descubrimiento:

Yo era joven, pasaba hambre, bebía, quería ser escritor (...) pero nada de cuanto me caía en las manos tenía que ver conmigo, con las calles, ni con las personas que me rodeaban. (...) Había excepciones, pero eran tan escasas que se agotaban rápidamente y uno se quedaba sin saber qué hacer ante las filas interminables de libros insípidos.


Hasta que, finalmente, continúa Charles Bukowski, un día en que no esperaba encontrar nada que mereciera la pena,

(…) cogí un libro, lo abrí y se produjo un descubrimiento. Pasé unos minutos hojeándolo. Y entonces, como el hombre que ha encontrado oro en el basurero, llevé el libro hasta una mesa. Las líneas rodaban con facilidad por la página, había fluidez. Cada renglón poseía energía propia y lo mismo sucedía con los siguientes. La esencia misma de los renglones daba entidad formal a las páginas, la sensación de que allí se había esculpido algo. He aquí, por fin, un hombre que no tiene miedo de los sentimientos. El humor y el dolor se mezclaban con una sencillez soberbia. Comenzar a leer ese libro fue para mí un milagro tan fenomenal como imprevisto.

De esta manera, el joven Charles Bukowski, que es socio de la Biblioteca Pública de Los Ángeles, se lleva el libro a su casa, y tumbado en la cama, comienza a leer y, mucho antes de haber acabado, supo “que había dado con un autor que había encontrado una forma distinta de escribir.”

martes, 3 de mayo de 2011

Cada vez que disparas a un ángel

Cada vez que disparas a un ángel,

y ves

cómo cae,

agonizante,

sin vida,

sobre el asfalto,

piensas que ya nada volverá a ser igual,

que a partir de ese momento todo cambiará.


Pero todo permanece intacto.


(De mi libro El placer de ver morir a un ángel, Huerga y Fierro Editores, 2011).

domingo, 1 de mayo de 2011

Firma de ejemplares en Subterránea, Granada




El próximo sábado, 7 de mayo de 2011, a las 19:00 horas, estaré firmando ejemplares de mi nuevo libro, El placer de ver morir a un ángel, en Granada. El acto tendrá lugar en la tienda de cómics, discos y libros de mi amigo Paco Cano, Subterránea. Para quien le interese el acto y no sepa por dónde cae, se encuentra situada en la calle Horno de Abad, frente al pub Planta Baja. Después de la firma de ejemplares tomaremos una cervecilla. Será todo un placer veros a todas y a todos por allí. Ah, y traeros a vuestra novia, novio, amante, amigo, amiga, esposo o esposa, compañero de trabajo, vuestro jefe o jefa, incluso podéis traer a vuestro ángel de la guarda. Todos serán bienvenidos.

sábado, 30 de abril de 2011

El emir de Catar

Esta semana han estado en nuestro país, de viaje oficial, el Emir de Catar, Hamad Bin Jalifa al Thani, y su esposa, Moza Bint Nasser. La pareja ha sido recibida con todos los honores habidos y por haber (y más aún, si ello es posible) por las más altas instancias del Estado español, léase el Rey y la Reina del Reino, los Príncipes de Asturias, el Señor Presidente del Gobierno, la Ministra de Asuntos Exteriores, el jefe de Estado Mayor de la Defensa (JEMAD), el Líder de la Oposición, el Alcalde de Madrid, etcétera, etcétera.
En honor a estas dos insignes figuras, el Emir y su esposa, digo, se han desarrollado numerosos actos protocolarios, tales como recepciones reales, con bailes de gala y cenas opíparas incluidas (eso sí, sin una gota de alcohol, faltarías más), desfiles de la guardia real con pase de revista a una compañía de dicho cuerpo, etc. No obstante, el acto central de este viaje, el acontecimiento sobre el que ha pivotado todo este derroche de amistad y buenas intenciones, de sonrisitas y besamanos, de desfiles de modelitos por parte de la sección femenina de los mandamases, no es otro que el almuerzo en el Palacio de la Moncloa con el simpar Presidente del Gobierno de España, el socialista José Luis Rodríguez Zapatero.
Tras el almuerzo, Zapatero y Hamad bin Khalifa Al-Thani han firmado varios acuerdos de carácter económico, básicamente. Porque Catar se ha convertido, por arte de birlibirloque, en uno de los países con más intereses económicos en nuestro país, después de comprometerse a llevar a cabo una inversión en torno a los tres mil millones de euros en los próximos años. Algunas de estas inversiones van dirigidas a recapitalizar las cajas de ahorro; otras, a la compra por parte de Catar, de una parte de Iberdrola.
Otro de los momentos estelares de este encuentro bilateral, ha sido la entrega, por parte del Alcalde de la Ciudad de Madrid, Alberto Ruiz-Gallardón, de las Llaves de Oro de la Ciudad de Madrid al Emir del Estado de Catar, con una recepción en la Plaza de la Villa. Un acto repleto de palabras vacuas y frases grandilocuentes, que a más de dos, ha arrancado una lagrimita y no precisamente de emoción, más bien de asco y amargura. Por cierto, que esta entrega de las Llaves de Oro, ha sido muy similar a la que ya tuvo lugar cuando se le entregaron dichas llaves al Coronel Gadafi allá por dos mil siete, cuando el coronel libio aún no había caído en desgracia y los países aliados no bombardeaban los parques y plazas de su país.
Y es que como todo el mundo sabe, Catar es una de las grandes Democracias (con D mayúscula, que inspira más respeto) del mundo mundial. Este pequeño estado del golfo Pérsico es una Monarquía absoluta, como si el tiempo se hubiese detenido en la Edad Media. Allí no existe el sufragio universal, los partidos políticos o sindicatos están totalmente prohibidos, y el Emir, este personaje al que han entregado las Llaves de oro y al que el Rey de España cuenta chascarrillos ocurrentes, si hemos de hacer caso a las imágenes de la televisión, dicta las leyes. En Catar los derechos humanos brillan por su ausencia, las mujeres no valen ni la mitad que los hombres, y la pena de muerte es legal y está a la orden del día. En este estado la homosexualidad es un delito castigado, en el más benévolo de los casos, con cien latigazos, pero que puede costarle a alguien incluso la vida (a finales de dos mil diez, veintisiete personas consumían sus días esperando a ser ejecutadas). En fin, una muestra más de la hipocresía que se gastan los gobernantes europeos, a los que en casa se les llena la boca de democracia, de derechos humanos, de libertad y pacifismo, pero luego no tienen ningún reparo en llevar a cabo sus oscuros negocios con todo tipo de sátrapas. Lo cual da mucho que pensar.

jueves, 28 de abril de 2011

Presentación en Almería de "El placer de ver morir a un ángel"



El próximo miércoles, 4 de mayo de 2011, a las 19:00 horas, estaré presentando mi nuevo libro, El placer de ver morir a un ángel, en la ciudad de Almería. El acto tendrá lugar en la Carpa Juan Goytisolo, que se encuentra situada en el Muelle de Levante del Puerto de Almería. No hace falta decir que si vives cerca de Almería, será un placer verte por allí.

miércoles, 27 de abril de 2011

Como cada día

Dicen que un chute de heroína es como besar a Dios

Don Winslow


Como cada día

durante los últimos diez años,

el ángel yonki se sentó

en el único sillón

que quedaba en la casa.

Así comenzaba el ritual.

Sacó

una pequeña cantidad

de heroína pura

—parecía azúcar moreno—

de una bolsita transparente.

La colocó cuidadosamente

en una cucharilla de café,

añadió unas gotitas de agua

y, después, aplicó un hilillo de calor

con la llama azulina

de un mechero barato.

Mientras la mezcla se cocía,

su olor iba expandiéndose

por toda la sala.

Era un olor difícil de describir,

pero a él siempre le hacía pensar

en pájaros volando después de la lluvia.

Luego se ató

un trozo de goma

en la parte superior del ala.

Tomó entre sus dedos

sarmentosos

una jeringuilla de plástico

—no acertaba a comprender

cómo algunos yonkis

odiaban la jeringa—,

la acercó a la cucharilla

y absorbió la mezcla.

Respiró hondo,

una, dos, tres veces

y acercó la finísima aguja a la vena,

a punto de explotar.

La clavó despacio.

Y empezó a apretar el émbolo.

El néctar —este era el nombre

que a él le gustaba usar—

se abría paso por la marea roja

con la fuerza de un huracán.

Y llegaba hasta el rincón

más alejado de su cuerpo.

Un sonido fino, brillante,

como de mercurio líquido

—ahora pensaba en Dylan—,

empezaba a llenar la habitación.

Una felicidad invisible

se iba apoderando,

milímetro a milímetro,

de todo su ser.

Y la oscuridad daba paso

a la luz más hermosa

y el dolor dejaba de ser

una sensación física

para convertirse

en un recuerdo borroso

y él volvía a creer

—aunque fuese sólo

por unos instantes—

en la bondad infinita

del universo.

Y en esos momentos

no le preocupaba,

en absoluto,

haber sido expulsado

del Paraíso

para toda la Eternidad.


(De El placer de ver morir a un ángel, Huerga Y fFerro Editores, 2011)

martes, 26 de abril de 2011

La Estrella Nazarita se hace eco de la aparición de "El placer de ver morir a un ángel"

En el blog de La Estrella Nazarita (http://estrellanazarita.wordpress.com/), se puede leer este breve comentario sobre mi nuevo poemario:

Desde el mismo título, “El placer de ver morir a un ángel”, inquieta y a la vez seduce e invita a la lectura. El lector que se aproxima al nuevo poemario de Rafael Calero no deduce, a través de su portada, la fuerza de los versos que va a encontrar en su interior. Se trata sin dudas, a mi juicio, del poemario más redondo y más intenso de este autor.

(...) En él, lejos de los versos de amor y vida a los que ha tenido acostumbrados a sus lectores, desnuda (si es que alguna vez estuvieron vestidos) el interior de una serie de ángeles de hiriente humanidad. Sus errores, sentimientos, miedos y frustraciones. Su propia muerte de ángel revestida de angustiosa cercanía.

Versos para leer poco a poco, perdiéndose en cada uno de los ángeles. Versos para replantearse el verdadero sentido de muchas cosas. Versos que Rafael Calero nos deja para que nos deleitemos con un placer tan efímero como el de ver morir a un ángel.

viernes, 22 de abril de 2011

La vida sin libros

Y al principio fueron los tebeos. Yo debía andar por los siete años más o menos. No recuerdo muy bien cómo pero un día uno de ellos cayó en mis manos. Y yo caí en sus redes. Los tebeos me atraparon por completo. Mis personajes favoritos eran Mortadelo y Filemón, Pepe Gotera y Otilio, Zipi y Zape, El Capitán Trueno, Anacleto, agente secreto, Súper López, y los excéntricos personajes del edificio de la Rue del Percebe, 13. Pero no le hacía ascos a nada. Cada nuevo ejemplar que llegaba a mis manos se convertía en una fiesta. Lo leía con avidez, lo devoraba. Me encerraba en mi habitación y allí pasaba horas y horas, leyendo, releyendo, partiéndome de risa.
El paso siguiente, estaba cantado, eran los libros. A los once años leí Estudio en escarlata, de Sir Arthur Conan Doyle. Fue la primera vez que tuve conciencia de lo maravilloso que podía ser un libro. Sherlock Holmes y el Doctor Watson me tuvieron, durante unos días, completamente absorto. En esas páginas, que habían sido escritas casi un siglo antes, fui consciente de que se podían conocer otros mundos sin salir de las cuatro paredes de mi habitación. Y mi enfermedad se hizo incurable. Y vinieron otros libros. El misterio del cuarto amarillo y El tapón de cristal, de Gaston Leroux los recuerdo de manera muy especial. En esos días leía, como no puede ser de otra manera, sin orden ni concierto. Pasaba de un autor a otro, de una época a otra, de un estilo a otro, sin solución de continuidad. Y casi todo servía. Y seguía con los tebeos.
A los diecinueve años descubrí a Bukowski. La senda del perdedor llevaba un par de años deambulando por mi casa y un día de finales de septiembre, buscando algo que leer, decidí que era el turno de aquella novela. Ah, el viejo Bukowski fue como una descarga eléctrica, como una tormenta de verano. O un regalo de los dioses. Aquel libro me dejó noqueado. Las andanzas del joven Chinaski, con su rostro masacrado por el peor caso de acné vulgaris que jamás se había visto en el Hospital del Condado de Los Ángeles, con sus borracheras diarias y sus deseos irrefrenables de ser escritor, con sus broncas con el cabrón de su padre, me fascinaron. Me fui comprando todos y cada uno de los libros del escritor americano: Factótum, Se busca una mujer, Cartero, Música de cañerías, etc. Y Bukowski me llevó a otros: Fante, Hemingway, Steinbeck, Kerouac, Carson McCullers. Porque esa es una de las cosas apasionantes de la literatura, de los libros. Te van llevando de un lugar a otro sin miedo a perderte. Un autor te remitirá, sin remedio, a otro. Y ese otro, a otro más, y así sucesivamente.
Y luego están todos esos personajes que ya forman parte de mi vida. Don Quijote y Sancho. La Celestina y el Lazarillo. El Inspector Méndez y Pepe Carvalho. Madame Bovary y la Señorita Havisham. Bevilacqua y Chamorro. Fortunata y Jacinta. Lestat el vampiro y Frankesntein. Ataúd Ed Johnson y Sepulturero Jones. Y Harry Bosch. Y Sierva María de Todos los Ángeles. Y el Azarías. Y Bernarda Alba. Y Heathcliff. Y Puck. Y Philip Marlowe. Y Maigret. Y el Capitán Ahab. Y el Pijoaparte. Y también Ignatius J. Reilli, Hortensia Romero, Arturo Bandini, Tom Ripley, Young Sánchez, Tess de los D’Urbervilles, el Conde de Montecristo, Max Estrella, Hercules Poirot, Ana Karenina, el Coronel Kurtz, Pascual Duarte, Paul Bäumer, Joe Bonham, Horacio Oliveira, Ana Ozores y muchos otros que, a veces, muchas veces, son más reales que la propia gente que te rodea.
Y todos esos poemas maravillosos, los que te estremecen y te arrancan un suspiro, los que te atrapan y no te abandonan durante días, los que encierran una imagen mágica, los que cantan al amor y al dolor, los que recuerdan la muerte de la madre o del padre o del hijo, los que te transportan a tierras lejanas y exóticas, los que hablan del exilio, los que denuncian la barbarie de la guerra, los que invocan a Dios, los que lo niegan, los que te hacen reír, los que dibujan el mar o la estepa siberiana, los de Whitman, los de Lord Byron, los de Gloria Fuertes, los de José Agustín Goytisolo, los de Federico García Lorca, los de Rafael Alberti, los de Garcilaso de la Vega, los de Rosalía de Castro, los de Mario Benedetti, los de Antonio Gamoneda, los de Cesare Pavese, los de Marina Tsvetáyeva, los de Rilke, los de Pablo Neruda, los de Langston Hughes, los de Omar Kayán, los de Miguel Hernández, los de Antonio Machado, poemas hechos con versos que encierran la verdad, que fueron escritos desde la desolación o la felicidad, que mantuvieron viva la llama de la esperanza, que denunciaron a los tiranos y les plantaron cara. Poemas y versos que han sido, durante siglos, alimento para el espíritu.
Y en esas sigo, con mi adicción a cuestas, comprando, regalando, escribiendo, criticando, leyendo, amando, necesitando los libros como necesito la comida o el oxígeno. Porque para mí, como para otras muchas personas, la vida sin libros sería un disparate.

miércoles, 20 de abril de 2011

Virginia Woolf, feminismo y compromiso

“Bueno, ya está, he tenido mi visión.” Con estas palabras termina Al faro, la novela más importante de Virginia Woolf. Y esas mismas palabras podrían servir como epitafio a toda una vida dedicada al arte, a la literatura —novela y crítica literaria—, y al compromiso más honesto con el feminismo, el izquierdismo político, el pacifismo, el antifascismo.
Virginia Woolf había nacido en la ciudad de Londres el 25 de enero de 1882, en el seno de una familia de clase media-alta, donde la cultura era considerada, sin duda alguna, el bien más preciado que una persona podía poseer. No pretendo llevar a cabo en este artículo un repaso biográfico exhaustivo de la genial escritora británica. Recomiendo a los lectores que deseen acercarse a la obra de Virginia Woolf, la magnífica biografía homónima escrita por su sobrino, Quentin Bell. No obstante, se hace necesario comentar algunos aspectos que nos parecen interesantes.
En primer lugar, debemos señalar que Virginia Woolf vivió su sexualidad con una libertad absoluta, sin ocultarse de nada ni de nadie, para asombro de las mentes bienpensantes de su época. Nunca ocultó su condición de bisexual —a lo largo de su vida mantuvo romances con, entre otras, Violet Dickinson y con Vita Sackville-West— a pesar de su feliz matrimonio con el también escritor Leonard Woolf.
En segundo lugar, hemos de destacar sus problemas de salud. Virginia Woolf sufrió terribles depresiones nerviosas durante toda su vida, agravadas cada vez que terminaba una nueva novela. Esto provocó varios intentos de suicidio, que finalmente fructificaron el día 28 de marzo de 1941, cuando encontró la muerte adentrándose en las frías y turbulentas aguas del río Ouse con los bolsillos repletos de piedras.
Otro aspecto a destacar, desde mi punto de vista, es su fuerte compromiso social, tanto con la izquierda de la época, como con el feminismo más militante. Fue una pacifista convencida durante la mayor parte de su existencia, mostrando su rechazo más enérgico al uso de la fuerza en la Primera Guerra Mundial, aunque durante la Segunda Guerra Mundial fue consciente de que el nazismo y el fascismo sólo serían vencidos si se les derrotaba en las trincheras. Siempre mostró sus preferencias por el Partido Laborista y durante la Guerra Civil Española apoyó abiertamente al legítimo Gobierno Republicano.
Por otra parte, no resulta descabellado afirmar que Virginia Woolf es una de las madres del feminismo contemporáneo. En octubre de 1928, dictó dos conferencias en Cambridge sobre la relación existente entre literatura y mujer. Llegó a la conclusión de que una mujer, para poder escribir, sólo necesitaba independencia económica y personal y esto se resumía en una sola cosa: una habitación propia. Bajo este título reuniría algún tiempo después ambas conferencias en un único volumen que sentaría las bases del pensamiento feminista de la segunda mitad del siglo XX.
Virginia Woolf fue pionera entre las mujeres intelectuales de su tiempo. En agosto de 1912 contrajo matrimonio con Leonard Woolf. A partir de este momento se dedica plenamente a la literatura en una doble faceta: como editora y como escritora. Junto a su esposo fundó la editorial The Hogarth Press, que editó a importantísimos escritores en lengua inglesa de la época: desde E. M. Foster a T. S. Elliot pasando por Katherine Mansfield, entre otros. Como escritora publicó más de una treintena de libros entre novelas y ensayos, destacando: Fin de viaje, Noche y día, El cuarto de Jacob, La señora Dalloway, Al faro, Orlando, Las olas, Los años, Entre actos, Una casa encantada, entre las obras de ficción; y Una habitación propia, Las mujeres y la literatura, Escenas de Londres y Viajes y viajeros, entre los ensayos.
La principal cualidad de Virginia Woolf como narradora es el uso del flujo de conciencia o monólogo interior, un técnica mediante la cual la autora se adentraba en los personajes, rompiendo todas la convenciones literarias que dominaban la narrativa hasta ese momento, creando universos independientes en los que la descripción de personajes, de escenarios, de situaciones, pasaba a un segundo plano o ni siquiera aparecía, ya que lo que realmente importaba tenía lugar en el interior de dichos personajes. A partir de escritores como Joyce, Foster o la propia Virginia, la novela contemporánea empieza a transitar caminos impensables hasta ese momento.
Sería interminable resaltar todos los logros de una persona de la talla moral de Virginia Woolf. Durante toda su vida, con sus mejores armas, la palabra y la literatura, intentó luchar contra los convencionalismos estúpidos con los que se enfrentaba cualquier mujer de su época. Ésa fue su gran aportación. Su pequeña victoria.

lunes, 18 de abril de 2011

sábado, 16 de abril de 2011

El placer de ver morir a un ángel

Ya, por fin, está en la calle mi nuevo libro, El placer de ver morir a un ángel, editado por Huerga y Fierrro Editores. Con prólogo de la escritora Isabel Rodríguez y con una hermosa portada ilustrada con un sugerente dibujo del pintor sudanés Rashid Diab. Próximamente será presentado en diferentes lugares. Seguiremos informando.

viernes, 15 de abril de 2011

Internet según Nick Hornby

Se juntan siete fans australianos, tres canadienses, nueve británicos y un par de docenas de norteamericanos, y se empieza a hablar todos los días de alguien que no ha grabado nada en veinte años. Para eso es Internet. Para eso y para la pornografía.

(Nick Hornby en Julieta, desnuda, su última novela, publicada en España por Anagrama.)

jueves, 14 de abril de 2011

Poetas

Hay hombres que plantan
un olivo con sus manos
y son Federico García Lorca
escribiendo en Nueva York
y la lluvia bajaba por las calles decidida a mojar el corazón.

Hay hombres que riegan
la tierra con el sudor de su frente
y son Antonio Machado en Colliure
anotando bajo la nieve
Estos días azules y este sol de la infancia.

Hay hombres que siegan la espiga
con el dolor de sus huesos
y son Miguel Hernández en la cárcel
de Alicante preguntándose
¿Para qué quiero la luz si tropiezo con tinieblas?

Hay hombres que arrancan el mineral
de las entrañas de la tierra
y son Rafael Alberti en Buenos Aires
gritando de rabia al mundo
hasta a la mar la sangre quita el sueño.

Hay hombres que se enfrentan
a la injusticia, a la mentira, a la infamia
y son León Felipe en la España destrozada
de 1938, quejándose amargamente
Ya no hay locos, amigo, ya no hay locos en España.

(Este poema está dedicado a la memoria de todas las mujeres y hombres que aquel 14 de abril de 1931 se echaron a la calle, alegres y esperanzados, a celebrar la llegada de la República.)

martes, 12 de abril de 2011

Madres y padres en pie de guerra

Las alumnas y alumnos del CEIP Sacratif de Carchuna, en Granada, no han ido hoy al colegio en protesta por el abandono al que las autoridades municipales y provinciales han condenado a su centro educativo. Desde hace bastante tiempo, las instalaciones del CEIP Sacratif vienen sufriendo una serie de desperfectos de los que nadie quiere hacerse responsable. Las diversas autoridades se culpan unos a otros pero nadie hace nada por arreglar los desperfectos.
Entre los daños más graves se encuentran las goteras en el tejado. Desde hace unos tres años, el tejado del colegio presenta numerosas filtraciones. Pero también hay deficiencias en los cristales (no se sustituyen los que se rompen por otros nuevos), en las persianas, en la red eléctrica, etc.
A todo esto, hay que añadir el hecho de que, desde hace unas semanas, el patio del colegio se ha convertido en el botellódromo del pueblo. Así que no es nada raro que, algunas mañanas, cuando el alumnado llega al colegio, los restos de botellas rotas, cajetillas de tabaco vacías, etc., estén esparcidos por las instalaciones del colegio. Incluso se han llegado a encontrar restos de una jeringuilla.
En palabras de Antonio Palomares, portavoz de las madres y padres y miembro del Consejo Escolar del centro, "unas administraciones nos han dicho (de palabra) que los arreglos son competencia de otras y los padres no entendemos de quién es la culpa, sólo sabemos que un día puede ocurrir una desgracia si siguen sin hacer nada". Según Palomares, el colegio sufre un grave problema de "goteras y recalos de humedad de la techumbre", lo que supone un serio "peligro de desplome de parte del voladizo del tejado y de desprendimiento de las persianas y tubos fluorescentes".
Las madres y padres del centro, hartos de que las diferentes administraciones den el silencio por respuesta, decidieron el pasado miércoles, en una asamblea democrática, que iban a poner en marcha diferentes medidas con la intención de que la situación se arregle de una vez por todas. El primer paso lo han dado esta mañana, haciendo visible el problema e impidiendo que sus hijas e hijos entren al colegio.

domingo, 10 de abril de 2011

martes, 5 de abril de 2011

Vídeopoema: Ocho letras

Los realizadores Gustavo Pérez y Antonio Cáceres han grabado dos videopoemas con mis poemas "Ocho letras" y "Desnuda". Ambos han sido seleccionados para la final de concurso de vídeopoemas de Cosmopóetica, el festival de poesía de Córdoba. No han sido los ganadores pero no está nada mal teniendo en cuenta que la participación ha sido altísima y los seleccionados para la fase final sólo ocho, entre los que se encontraban estos dos vídeos. Hoy dejo el primero, "Ocho letras". La próxima entrada será el segundo, "Desnuda". Comentarios, bienvenidos.

viernes, 25 de marzo de 2011

Tu nombre de mujer

quisiera levantar un muro
con mis manos

después encalarlo

y sobre la cal blanca
escribir con pintura roja

tu nombre de mujer

miércoles, 23 de marzo de 2011

Señor de la guerra



Habéis propagado el peor de los miedos
"Masters of War", Bob Dylan

Sabíamos que es un incompetente.

Sabíamos que miente más que habla.

Sabíamos que es de derechas.

Sabíamos de su hipocresía desmesurada.

Sabíamos que es un lameculos de Obama, de Merkell y de Sarkozy.

Sabíamos que roba a los trabajadores para dárselo a los ricos.

Sabíamos que es el rey del disparate.

Sabíamos que ha multiplicado los parados como Jesús multiplicó los panes y los peces.

Sabíamos que es un incongruente.

Sabíamos de su ignorancia supina.

Sabíamos que está al servicio de las multinacionales, de los bancos y de los mercados financieros.

Sabíamos que es incapaz de plantar cara a la iglesia católica.

Ahora también sabemos que es un Señor de la Guerra.

martes, 22 de marzo de 2011

Barcos en la oscuridad

barcos en la oscuridad
Dennis Lehane

barcos que atraviesan el océano

tratando de romper

la espesura de la noche


barcos que buscan

la luz de un faro

entre las rocas del acantilado


barcos que dan vueltas

sin rumbo

confundidos y asustados


barcos que se cruzan

en la oscuridad de la noche

solitarios

sábado, 19 de marzo de 2011

Para ti, Adela

Para ti

que has venido a llenar
este aire vacío de la tarde

que me has enseñado a escuchar
el sonido dorado de los rayos del sol

que escribes en el espejo la palabra nieve
y después la derrites con tu aliento

que modelas con tus manos frágiles
la textura imposible de las olas del mar

que me regalas tu mirada tibia
sin pedirme nada a cambio

que saldrás de la infancia
como se sale de un resfriado

que ríes con desmesura
que lloras con todas tus ganas

Adela
para ti
escribo este poema.

(Para mi pequeña Adela)

martes, 15 de marzo de 2011

Entrevista en Onda Cero de Córdoba

Si vivís en la ciudad de Córdoba o cerca, el próximo viernes, 18 de marzo, podréis escuchar en la cadena de radio Onda Cero la entrevista que Mertxe Manso y Pilar Sanabria me van a hacer a propósito de mi nuevo poemario El placer de ver morir a un ángel (Huerga y Fierrro Editores, 2011). Dicha entrevista se emitirá en el espacio cultural que la periodista Pilar Sanabria dirige y presenta, entre la una y las dos menos cuarto de la tarde. Hablaremos, entre otras cosas, de mis nuevos poemas, del estado de la poesía, en general, y de la que se escribe y publica en Córdoba, en particular, de Cosmopoética y de otros temas interesantes. Así que ya sabéis, si el viernes a la una de la tarde tenéis una radio cerca, sintonizad el 89.7 en el dial.

domingo, 13 de marzo de 2011

Las novelas de Bukowski (VII y final)

Dedicado a la mala escritura: Pulp

Dos semanas después de su muerte, aparece publicada la última novela de Charles Bukowski, Pulp. Bukowski había estado trabajando de manera intermitente en esta novela durante los dos últimos años de su vida, cuando ya estaba enfermo de leucemia y la muerte acechaba al escritor californiano.
Pulp es un sentido homenaje a un tipo de literatura que Bukowski admiraba: la “pulp fiction”, es decir, las novelas de detectives que se publicaban para ser comercializadas en los quioscos y que gozaron de notable éxito entre las décadas de los veinte y los cincuenta en los Estados Unidos y en otros muchos lugares del mundo. Eran ediciones hechas en papel barato, imperfectas, escritas la mayoría de las veces en unos días, pero emocionantes, que los lectores devoraban más rápidamente de lo que habían sido escritas.
Aparentemente, esta novela es la menos autobiográfica de todas las obras de Bukowski, ya que es la única cuyo protagonista no es Henry Chinaski. En Pulp, Charles Bukowski nos cuenta las desventuras del detective privado de Los Ángeles Nick Belane, un detective “de cincuenta y cinco años”, que lleva una Luger debajo del sobaco y tiene los “ojos tristes, los zapatos viejos” y al que, según sus propias palabras, nadie quiere. Nick Belane es un detective de seis dólares la hora, alcohólico, barrigón, violento, tres veces casado y tres veces divorciado, “un perdedor”, “un detective incapaz de resolver nada”, al que le gusta apostar en el hipódromo. Por supuesto, como buen detective privado, tiene una visión bastante pesimista tanto de sí mismo como del mundo en el que le ha tocado vivir. En su opinión, la “inmensa mayoría de la gente estaba loca. Y los que no estaban locos estaban furiosos. Y los que no estaban locos ni furiosos eran idiotas. No tenía escapatoria.” Cuando Belane se mira en el espejo sólo atina a ver “depresión y derrota. Unas bolsas oscuras debajo de los ojos. Ojillos cobardes, los ojos de un roedor atrapado por un jodido gato.”
Al comienzo del libro, Belane nos cuenta:

Yo estaba sentado en mi oficina, mi contrato de alquiler había vencido y McKelvey estaba empezando los trámites para desahuciarme. Aquel día hacía un calor del demonio y el aire acondicionado se había roto.

En esas se encuentra cuando la señora Muerte, una hermosa mujer de voz sexy, con un vestido “tan apretado que casi le estallaban las costuras”, visita su despacho para encargarle un escabroso asunto: debe encontrar a un tal Céline, que “se ha pasado varias veces por la librería de Red (Koldowsky), ha estado hojeando libros, preguntando sobre Faulkner, Carson McCullers, Charles Manson…” Corre el rumor de que ese hombre podría ser el escritor maldito Louis Ferdinand Céline, el “escritor más importante de Francia”, que no habría muerto en 1961. Al mismo tiempo, un tipo llamado John Barton le encarga encontrar al Gorrión Rojo, y si lo consigue le dará “100 dólares mensuales de por vida.” Barton no tiene evidencias de que el Gorrión Rojo exista, pero sabe que si es así, sólo Belane podrá encontrarlo. Estos dos casos se mezclan con un caso de infidelidad conyugal, con deudas de juego del propio Belane y con una invasión de extraterrestres del planeta Zaros. Como se puede imaginar, una mezcla explosiva.
Aunque a grandes rasgos Pulp es una parodia/homenaje de la novela de detectives, podemos afirmar que es algo más que eso. Pulp esconde entre sus divertidas páginas una profunda reflexión sobre la muerte. A lo largo de la novela, son abundantes las referencias a la muerte: “El hombre ha nacido para morir. ¿Qué quiere decir eso? Perder el tiempo y esperar.” O este otro fragmento:

Maldita sea, la muerte está en todas partes. Ni hombres, ni pájaros, ni fieras, ni reptiles, ni roedores, ni insectos, ni peces, ninguno tenía una oportunidad. El final estaba fijado. No sabía qué hacer. Me empecé a deprimir. Ya saben, veo al dependiente del supermercado metiendo en la bolsa lo que he comprado y a continuación le veo metiéndose en su propia tumba junto con el papel higiénico, la cerveza y las pechugas de pollo.

Y en otro momento de la novela, Belane visita una funeraria y al abrir un ataúd, se ve a sí mismo dentro:

La persona que estaba en aquel ataúd era yo. El ataúd estaba forrado de terciopelo y yo tenía una sonrisa de cera. Llevaba un traje marrón oscuro arrugado y tenía las manos cruzadas sobre el pecho con un clavel blanco.

También en el libro podemos encontrar numerosos pasajes en los que Bukowski expone, usando la voz de Nick Belane, lo que podríamos denominar su filosofía vital:

Considerándolo todo, había hecho bastante más de lo que me había propuesto hacer durante toda mi vida. Había conseguido algunas jugadas bastante buenas. No estaba durmiendo en la calle. (…) Yo había tenido suerte, pero también es verdad que algunas de las jugadas me las había pensado bien antes. Pero, considerándolo todo, era un mundo bastante horrible y a menudo me sentía deprimido por la mayoría de la gente que lo habitaba.

Este párrafo avala la tesis de Iñaki Esteban cuando afirma que “Belane es un disfraz de detective hecho a medida para Bukowski.” En la misma línea se expresa Benjamín Prado cuando escribe que,

El detective Nick Belane comparte muchos de los rasgos del propio Bukowski, pasa tantas tardes como lo hizo él apoyado en las barras de los bares pensando en la diferencia entre todas las mujeres que le gustaría tener y en las únicas que puede tener, le gustan las peleas aunque siempre suele sacar la peor parte de ellas, tiene tanta esperanza en el género humano como una manada de ovejas en un lobo hambriento y, finalmente, está convencido de que no hay nada que no pueda solucionarse con un trago y un par de buenas mentiras.

No nos cabe ninguna duda de que la última novela de Charles Bukowski es algo más que un intento de parodiar u homenajear la literatura detectivesca. Así lo señala Fernando Baeta al afirmar que,

Pulp pretende, y consigue, ser una parodia irreverente, descarnada y divertida de la novela negra norteamericana, un intento de quitarle a Bogart la gabardina y dejarlo en pelota picada; Pulp pretende ser, y lo consigue, otra vuelta de tuerca más de Bukowski para despertarnos a todos de ese sueño americano que sólo produce pesadillas. Además, Bukowski consigue, posiblemente sin pretenderlo, escribir un tratado de su Filosofía, un libro de bolsillo sobre un estilo de vida, sobre el determinado estilo de vida que el gran zafio practicó hasta el final y que él reivindica como esta última voluntad a la que todo condenado a muerte tiene derecho.

A pesar de las reticencias iniciales hacia el género novelístico y de que empezó a cultivarlo mucho después que la poesía o el relato corto, Charles Bukowski fue un gran novelista. A lo largo de sus seis novelas, creó su propio universo literario, poblado por esos personajes que tanto le gustaban, pues según confesaba en una entrevista con Fernanda Pivano, siempre había sentido especial predilección por “el forajido, el hijo de puta." Y añadía:

No me gustan los buenos chicos de pelo corto, corbata y un buen empleo. Me gustan los hombres desesperados, los hombres con los dientes rotos y el cerebro roto… Me interesan más los pervertidos que los santos.

Todas estas coordenadas lo convirtieron en uno de los novelistas norteamericanos contemporáneos más innovadores y arriesgados de la segunda mitad del siglo XX. Meneses sintetizaba de esta manera el espíritu de la obra bukowskiana:

Para muchos Charles Bukowski sólo era un torrente de desvergüenzas. Un sucio desnudador de cuerpos, cuando lo que desnudaba eran conciencias. Esos muchos no se detenían a pensar en las razones que conducían al escritor a tales historias. En cambio, había —hay— otro público que lo leía con voracidad. No dominado por el placer de leer páginas impregnadas de sexualidad. Más bien degustando la hermosa voz del fracaso lanzada sobre el mundo de los fáciles triunfadores. El hablar de marginados, el meterse en el alma de los alcohólicos o el correr las cortinas de la alcoba y permitir que se vea lo que ahí está pasando, no era el espíritu de sus historias. Eso era sólo el ropaje. La esencia estaba en su afán de mostrar la debilidad del éxito. La inconsistencia del triunfo de quienes no lo merecen. Y. por supuesto, en utilizar personajes que como Sísifo suben para luego caer aunque éstos por su propia voluntad. Bukowski escribía con la vitalidad de un muchacho. Y parecía, por su lealtad con sus propias ideas, un poeta maldito del romanticismo. O un maldito a la usanza de Baudelaire o Rimbaud.


jueves, 10 de marzo de 2011

Juncos tronchados por el viento

Esta tarde, cuando conducía de regreso a casa desde el trabajo, he matado a un gato. El pobre animal ha tenido la desgracia de cruzar justo por delante de mi coche cuando yo pasaba, sin darme tiempo a pisar el pedal del freno o a dar un volantazo que evitara el fatal atropello. Y aunque conducía a menos de treinta kilómetros por hora, no he podido impedir que las dos ruedas de la parte izquierda del coche le pasaran por encima. Se ha escuchado un leve crack y nada más. Sólo eso. La muerte no tiene sonido. Allí ha quedado el gato, completamente roto, apenas una mancha negra sobre el asfalto mojado, las patas levantadas hacia el cielo, como una figura de porcelana defectuosa. Todo ha sido muy rápido. Diez, doce segundos. No más. Tal vez menos. Una extraña sensación me ha invadido al verlo por el espejo retrovisor, tirado en la carretera, sin movimiento, sin vida, una imagen congelada de sí mismo, un daguerrotipo frío y estático. Una pequeña conmoción ha recorrido mi espina dorsal. Me ha hecho pensar en juncos tronchados por el viento.