El hombre luce una inquietante sonrisa. La mujer, parapetada tras una humeante taza de té, le lanza fugaces, furtivas miradas. No es sólo la sonrisa. Son los ojos. Grandes, oscuros. Casi hipnóticos. El hombre de la sonrisa inquietante está en la barra, tomando un café. Ella, en cambio, está sentada sola en una mesa. Su intención era leer tranquilamente El País, pero ahora le resulta imposible concentrase. Nunca se ha acostado con otro hombre que no sea su marido. Pero hoy sabe que si ese hombre se acercara y le dijera “vamos a follar”, lo seguiría sin pensarlo un segundo. Son los ojos. Y la sonrisa.
16 de mayo: un año sin paco cumpián o qué veloz el tiempo cuando no quieres
contarlo
-
Y no dejé la lucha
pues mantengo la guardia
Como un pájaro poso
mi cuerpo sobre un árbol
y recojo las alas
Ante mí la planicie
conocida entrañable
y lu...
Hace 2 días
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.