martes, 30 de junio de 2009
El sueño europeo
domingo, 28 de junio de 2009
La banda sonora de una parte de mi vida
1. Cuatro rosas, de Gabinete Caligari.
2. El blues de la frontera, de Pata Negra.
3. La ley del mar, la ley del desierto, de Radio Futura.
4. A santa compaña, de Golpes Bajos.
5. Enemigos de lo ajeno, de El último de la fila.
6. El ritmo del garage, de Loquillo y Trogloditas.
7. El eterno femenino, de La Mode.
8. Casualidades, de Miqui Puig.
9. Honestidad brutal, de Andrés Calamaro.
10. Deseo Carnal, de Alaska y Dinarama.
11. La vida mata, de Los enemigos.
12. Hermanos Carnales, de Surfin' Bichos.
13. Salitre 48, de Quique González.
14. Los Ilegales (el primer lp), de Los Ilegales.
15. Más de cien lobos, de 091.
16. Mujer y sentimiento, de Los Coyotes.
17. Un soplo en el corazón, de Family.
18. Heliotropo, de Vainica Doble.
19. Noches de rock'n'roll, de Burning.
20. Omega, de Enrique Morente y Lagartija Nick.
21. Buena disposición, de Nacha Pop.
22. En beneficio de todos, de Siniestro Total.
22. Tormenta de tormento, de Javier Corcobado.
23. La leyenda del tiempo, de Camarón.
24. Veneno (el primer lp), de Veneno.
25. Sinfonía de las horas, de Julio Bustamante.
26. 19 días y 500 noches, de Joaquín Sabina.
27. En el Olimpia, de Paco Ibáñez.
28. Canciones de amor desafinado, de Diego Vasallo.
29. Corre, Corre, de Leño.
30. El acto, de Parálisis Permanente.
Crónica de una noche mágica
Tengo que reconocer que fue una noche estupenda. Todo salió a pedir de boca. Por la tarde estuvimos preparando aquello un poquito, poniendo las sillas, colgando algunos cuadros de Manu para que la sala se viese bien bonita, preparando el catering... En el acto intervino Juanfran Molina, autor del prólogo que abre el libro, y una de las personas que conozco que más saben de música, y que ha colaborado con sus artículos en publicaciones como El batracio amarillo o Ruta 66. Actualmente se le puede leer en su blog Música para psicocamaleones. Os recomiendo que os déis un garbeo por allí.
Habíamos calculado que vendrían unas 30 personas. Al final nos juntamos más de sesenta por lo que tuvimos que poner más sillas. La gran mayoría eran amigas y amigos, aunque algunas caras no me sonaban de nada. Juanfran habló sobre el libro y sobre la poesía en general y después yo leí unos cuantos poemas, no muchos, para no ponernos pesados, los suficientes para que la gente se pudiera hacer una idea más o menos exacta de lo que contiene el libro. Luego nos tomamos unas cervecillas, firmé algunas dedicatorias cual un Antonio Gala de primera regional y, luego, la traca final. Nacho, uno de los dueño de la academia, que es un músico como la copa de un pino, había preparado con otros colegas (gracias a Vicente, a Julián y a Paco), una versión del "Walk on the wild side", del maestro Lou, y la gente se quedó flipada y con ganas de más. Total, una noche magnífica. Eché de menos a algunos colegas que por una u otra razón no pudieron venir. Pero creo que conseguimos un pleno al diez. Sólo me queda dar las gracias a todas y todos los que compartisteis conmigo una gran noche. Ojalá que haya otras como esta.
viernes, 26 de junio de 2009
Mala leche
Tom Waits
Hoy me he levantado
escupiendo mala leche.
No sé qué hostias me pasa,
pero detesto a todo el mundo:
a los políticos (se entiende),
a los imbéciles presentadores
de programas de televisión
(también es comprensible),
a la gente que va en coche,
y a los que pasan,
caminando, junto a mí
(esto se entiende menos,
pues ni tan siquiera los conozco).
Me siento repleto de ira.
Mis venas rebosantes de odio
lo expanden, poco a poco,
por las zonas más recónditas
de mi estúpido cuerpo.
Ten cuidado si te acercas a mí.
Podría contagiarte,
y eso sí que sería terrible.
Seríamos dos cuerpos
llenos de mala leche.
Poema incluido en el libro Versos de alambre de espino, de Rafael Calero Palma (Editorial Alhulia, Salobreña, Granada, 2009).
miércoles, 24 de junio de 2009
La poesía urgente de Rafael Calero Palma (Reseña de Isabel Rodríguez)
Y por eso, porque mantiene una inapagable fe en la palabra, en la palabra poética, como herramienta transformadora necesaria, como “arma cargada de futuro” —así en “Palabras” o “La poesía es un arma…”— , empuña los poemas de este libro como una protesta, una denuncia, un grito de imparable rabia creadora, en poemas de lenguaje deliberadamente agrio y fuerte —“Hijos de puta”, “Mala leche”— o de una ironía a veces feroz, como “Economía” o “Recesión”; o como una propuesta de autenticidad, lejos de los eslóganes y de la artificiosa programación de una vida supuestamente perfecta —“Miedo”, “Tristeza”, “Invierno”—.
Reconozco en este poemario muchas de las claves poéticas de Rafael Calero: su noción agridulce del amor, el toque de arraigada melancolía que dejan sus versos —“Sucios poemas de amor”, “La de tiempo que hace que nadie me besa así”—; el universo literario que reconoce, en el que se siente confortable y al que rinde un homenaje sin paliativos: la literatura norteamericana, la sombra reconocible de Walt Whitman en “Todo me pertenece”, encabezado, además, por una cita de Kerouac; y las explícitas citas que hace de los escritores que más lo acompañan —Melville, Twain, Dickinson, Dos Passos, Bowles, Auster, Highsmith…,— a los que engloba, junto a sí mismo, en un común territorio de soledad de animal acorralado; Bukowski, uno de sus grandes iconos literarios — “Realismo sucio” —. Y el jazz, el cine. Las canciones de Tom Waits como fondo de algunos poemas. El espléndido poema “Cicatrices”, en que lo cinematográfico queda enmarcado entre un dolorido pórtico y un definitivo, lapidario final: “La vida. / Pequeñas cicatrices / en la línea de flotación”. Si bien el cine tampoco se libra del afilado bisturí de su crítica afilada: “La última película de James Bond”.
Pero esas claves poéticas reconocibles se enriquecen con una visión de humana cercanía a la historia, en poemas directamente narrativos, como el estremecedor “Enterrar a los muertos”. Y con un cálido acercamiento a otros poetas que también empuñaron la palabra como un arma pacífica y transformadora, como “Poetas” o “Gloria”. Y ese texto impresionante: “Escribir un poema”, en que se concitan en logradísima conjunción el homenaje a poetas como Machado, Lorca, Bukowski, Carver, con la expresión de una poética directamente explicitada, una poética caliente, viva, en que, como quería Juan Ramón, la palabra “sea la cosa misma”: “… sentir que tus manos/ se mojan al escribir la palabra río”.
Esta poética caliente, auténtica, aferrada a la verdad de lo real, encuentra una forma de expresión sumamente ajustada y eficaz en esos poemas en que Calero engarza una serie de sintagmas nominales que no hacen sino mostrarnos sin ropajes, sin retórica, en esa forma directa y limpia tan característica de su autor, esa realidad que constituye nuestro mundo, interno y externo, esa realidad que se nos impone y que en manera alguna podemos, y seguramente ni siquiera queramos, eludir. Así, el ya citado “Literatura norteamericana II”, “La vida a traición” y el bellísimo poema final que cierra el libro, a pesar de todo, con un último grito de esperanza, con una definitiva afirmación de vida. Pues hay, entre toda la miseria, la podredumbre y la mentira, una serie de cosas irrenunciables, pequeñas y verdaderas, que también son parte de la realidad, que también nos constituyen y a las que diariamente nos aferramos para no abandonar, para no ceder. Esas “99 razones (a pesar de todo)” que le siguen dando un sentido a la vida.
En suma, un poemario urgente, que a veces nos quema las manos y a veces nos calienta el corazón, y a momentos nos penetra con una fina y segura melancolía; lo que, sin duda, no logra este libro es dejarnos en ninguna ocasión indiferentes.
lunes, 22 de junio de 2009
Manuel Villar Raso: África en el corazón
Sin lugar a dudas, una personalidad que podríamos calificar de polifacética unida a su insaciable ansia de sabiduría han hecho de Villar Raso uno de los grandes narradores de la literatura española de las últimas décadas. En opinión del crítico Francisco Morales Lomas, Villar Raso “nos tiene acostumbrados a una narrativa de gran calidad literaria, sin duda de lo mejor que se ha escrito en este país en los últimos veinte años.” Y para el escritor chicano Miguel Méndez, “las huellas letradas de Manuel Villar raso brillan con luz particularísima. Como suele decirse, no requiere de escándalos para lucir,” Una afirmación que suscribimos completamente.
Pero Villar Raso no es sólo un gran novelista: ha dedicado gran parte de su vida a la docencia, enseñando Literatura de los Estados Unidos en la Universidad de Granada; ha traducido a poetas norteamericanos de la talla de Walt Whitman o Emily Dickinson; ha escrito guiones para documentales de televisión; ha dirigido tesis doctorales; colabora habitualmente con sus certeros artículos en diarios como Ideal y en revistas literarias especializadas como Ficciones, Hora de poesía o Camp de L’Arpa, y ha llevado a cabo numerosas expediciones al mismísimo corazón del continente africano —“el corazón de las tinieblas”, como lo bautizara Joseph Conrad en aquella vigorosa novela que inauguró el siglo XX—.
Nacido en el pueblo soriano de Ólvega en 1936, se trasladó a Granada cuatro décadas más tarde, atraído por la belleza y la luz del sur, una decisión que, a pesar de no haber favorecido en absoluto su carrera literaria, más bien todo lo contrario, no se arrepiente de haber tomado. Su primera novela, Mar ligeramente sur, (Barcelona: Destino, 1976) fue finalista del prestigioso premio Eugenio Nadal en 1975, año en que se alzaría con el primer premio la novela Las ninfas, de Francisco Umbral. A esta primera obra le han seguido: Hacia el corazón de mi país (Barcelona: Destino, 1976), Una república sin republicanos, (Bilbao: Albia, 1978), La pastora, el maqui hermafrodita (Bilbao: Albia, 1978), Comandos Vascos (Barcelona: Noguer, 1980), El laberinto de los impíos, (Barcelona: Noguer, 1981), Últimos paraísos (Barcelona: Planeta, 1986), El último conquistador, (Barcelona: Noguer, 1992), La casa del corazón, (Soria: Centro soriano de estudios tradicionales, 2001 y Granada: Ediciones Dauro, 2003), Encuentros en Marbella, (Salobreña, Granada: Alhulia, 2002), La larga noche de Ángela, (Salobreña, Granada: Alhulia, 2004), Desnuda en lo real (Salobreña, Granada: Alhulia, 2008) y Las montañas de la luna (Salobreña, Granada: Alhulia, 2008).
No obstante, desde mi modesto punto de vista, lo que destaca sobremanera en la extensa carrera de Villar Raso, lo que lo convierte en un escritor de primera magnitud en la ficción escrita en nuestro idioma, lo que hace que su obra sea genuinamente personal e intransferible, es su tetralogía africana compuesta por las novelas Las Españas perdidas (Granada: Editoriales Andaluzas Unidas, 1983 y reeditado en Granada: Comares, 1995), Donde ríen las arenas (Sevilla: Algaida, 1994), El color de los sueños, (Barcelona: Planeta, 1998), La mujer de Burkina, (Oviedo: KRK Ediciones, 2001) —obra que le supuso ganar la XXII edición del Premio de narrativa Casino de Mieres–– y la obra que citábamos anteriormente, África en silencio (Córdoba: Almuzara, 2005 y reeditado en Madrid: Alianza, 2007). Los lectores que se adentren en las páginas de cualquiera de estos cinco libros encontrarán la visión que su autor tiene del continente africano, un universo único, rebosante de descripciones extraordinarias, ágiles, sorprendentes, una visión casi de cámara fotográfica. Totalmente recomendado. De nada.
domingo, 21 de junio de 2009
jueves, 18 de junio de 2009
Ginebra y lágrimas
GINEBRA Y LÁGRIMAS
Cormac McCarthy
Al final de la calle,
un tipo con pinta de John Wayne,
bebe, sentado en la acera,
ginebra barata directamente de la botella
mientras fuma un cigarrillo.
Viste vaqueros desteñidos
y una camiseta blanca,
llena de manchas,
con la frase Jesús te ama
escrita en letras negras.
Un viejo pastor alemán
merodea, despistado, a su alrededor.
Un coche rojo pasa a toda velocidad
escupiendo los acordes de Heartbreak Hotel.
Los ojos del hombre tienen
un brillo extraño,
como si hubiesen vuelto
de un viaje sin retorno,
como si hubiesen visto
ante ellos un ejército
destruido y olvidado,
como si hubiese perdido el alma
jugando a los dados,
como si ya nada importase.
martes, 16 de junio de 2009
Hijos de puta
Fito Páez
El mundo es un lugar lleno de hijos de puta.
Sin miedo, salen de sus madrigueras,
tomando el control, poco a poco, de todo:
supermercados, galerías de arte, pastelerías,
tiendas de pianos, empresas de pompas fúnebres.
Los puedes encontrar en cualquier sitio,
por muy extraño que parezca.
Trabajan en los bancos, en los hospitales,
en las peluquerías o en los bares de moda.
A veces llenan el depósito de tu coche
de gasolina o enseñan a leer a tu hijo pequeño;
otras veces te venden una pizza recién hecha,
una película porno o el último premio planeta.
Conducen camiones, autobuses urbanos, taxis.
Algunos son famosos: salen en televisión,
en los periódicos, en las revistas.
Los hay millonarios y están aquellos otros, que,
literalmente, no tienen donde caerse muertos.
Hombres y mujeres.
Jóvenes lozanos y ancianos decrépitos.
Pueden ser hermosos, atractivos, elegantes.
Pueden ser feos, deformes, malolientes.
Morenos y rubios.
De largas melenas o alopécicos.
Solteros, casados, divorciados.
Algunos votan en todas las consultas electorales:
elecciones municipales, autonómicas, generales,
referendos o plebiscitos sobre cualquier asunto:
otros no lo han hecho nunca (ni piensan hacerlo).
Algunos son donantes de sangre, de semen,
de riñones, de penas. Otros, sin embargo,
no dan ni la hora a la madre que los parió.
¿Qué le vamos a hacer? Así es el mundo,
un maravilloso lugar lleno de hijos de puta.
domingo, 14 de junio de 2009
Flores de luna
Para quien no esté al tanto, Flores de luna cuenta la historia del barrio madrileño del Pozo del Tío Raimundo, en Vallecas. A través de varias generaciones de habitantes del barrio. Juan Vicente Córdoba hace una radiografía de lo que fue, de lo que es y de lo que pudo haber sido. Los más mayores van contando cómo llegaron a un lugar que era tan solo el campo, en medio de la nada, procedentes de las zonas latifundistas de Andalucía y Extremadura, y cómo haciendo un esfuerzo titánico consiguieron levantar sus chabolas, consiguieron llenar sus barrigas y las de su prole, y cómo prosperaron, aunque fuera de manera humilde y trabajando de sol a sol. Por supuesto, estos hombres y mujeres, sentados ante la cámara de cine, nos hablan de un mundo que de tan lejano, a veces parece ficticio. Pero, joder, no nos engañemos, aquel mundo era real como la luz del sol. La película destaca, ante todo, el alto grado de solidaridad de aquellas personas que nada tenían, pero que si hacía falta, prestaban a sus propios hijos con tal de que unos recién llegados levantaran cuatro paredes y la policía no las echara abajo. Y frente a la solidaridad, el esfuerzo, la capacidad de superación de aquellos primeros colonos del Pozo, está la incultura, el racismo, la insolidaridad, la pereza, la autocomplacencia, la adoración del Dios Dinero por parte de la juventud actual del barrio. Y es que por poner sólo un ejemplo, el Pozo del Tío Raimundo es, a día de hoy, uno de los lugares con más fracaso escolar de España (setenta por ciento, que se dice pronto). Hay un momento en la película en el que un hombre de una cierta edad comenta: "Nosotros, que carecimos de todas las oportunidades, nos moríamos por tener cultura, y los jóvenes, que lo han tenido todo en sus manos para conquistarla, la desprecian." Así de deprimente es el asunto Pero aún hay más. Los nietos de aquel lumpen proletariado procedente de los arrabales andaluces y extremeños más miserables y desarraigados, los nietos de aquellos anarquistas, comunistas, socialistas, odian con todas sus fuerzas a los ecuatorianos, a los rumanos, a los marroquíes, que como sus abuelos hace unas décadas, vienen hoy buscando una vida mejor, porque según dicen, "huelen mal y vienen a quitarnos el trabajo". Vivir para ver.
Mención aparte merece el Padre Llanos, toda una institución en el barrio. El Padre Llanos, de quien se recuperan imágenes y entrevistas de hace tiempo, evolucionó desde la ideología fascista (fue confesor del mismísimo Franco) en la posguerra hasta su afiliación al Partido Comunista a finales de los años setenta. Un tío que decidió dejar la riqueza y la seguridad que le ofrecía Madrid, para convertir a los rojos del Pozo y que acabó, oh, dulce providencia, convertido en rojo. Y es que la vida tienes estas cosas.
jueves, 11 de junio de 2009
La de tiempo que hace que nadie me besa así
Para aquellas personas que me han preguntado dónde se puede encontrar mi nuevo libro, les diré que, además de poder comprarlo en las presentaciones, también va a tener distribución en algunas tiendas. En Granada, por ejemplo, estará en Subterránea Comics, y en Babel. Supongo que en la Casa del Libro también estará, pero hay que tener un poquitín de paciencia, ya que aún no ha dado tiempo ni a distribuirlo. Si alguien desea conseguir este libro u otro cualquiera de mis libros anteriores, se puede poner en contacto conmigo en rafaelcalero@gmail.com. Será un placer ayudar.
Se admiten comentarios.
LA DE TIEMPO QUE HACE QUE NADIE ME BESA ASÍ
Ella es muy hermosa.
El pelo negro, no muy largo,
le cae descuidado sobre los hombros.
Los ojos profundos, oscuros, invernales.
Ojos de mujer.
Viste tan sólo una camiseta de tirantes
y unas braguitas. Todo blanco.
Está echada sobre la cama y sonríe.
Él no es guapo
pero, por alguna extraña razón
que se te escapa,
vuelve locas a las chicas.
Hablan de amor
con palabras que no son reales.
De repente, ella se levanta. Se acerca hasta él.
Le acaricia el rostro y se besan.
Un beso poema épico.
Un beso distorsión.
Un beso gusano del mezcal.
Un beso cuchillo frío.
Un beso resurrección de la carne.
Un beso madrugada de insomnio.
Un beso diluvio universal.
Un beso collage técnica mixta.
Un beso arenas movedizas.
Un beso copa rota.
Un beso tatuaje.
Un beso coche-bomba
que dinamita los cimientos de la ciudad.
Un beso antorcha que provoca mil incendios pequeños
Y tú, sentado ante la pantalla del televisor, piensas:
La de tiempo que hace que nadie me besa así.
martes, 9 de junio de 2009
Versos de alambre de espino, de Rafael Calero Palma
Diecisiete temazos de Tom Waits
2. (Looking for) The Heart of Saturday Night
3. Nobody
4. The Piano Has Been Drinking (not me)
5. Burma Shave
6. Wrong Side of the Road
7. Jersey Girl
8. Broken bicycles
9. Frank's Wild Years
10. Downtown Train
11. Cold Cold Ground
12. I Don't Wanna Grow Up
13. The Last Rose of Summer
14. Cold Water
15. Kommienezuspadt
16. God's Away in Business
17. Make It Rain
sábado, 6 de junio de 2009
¿Dónde están mis magnolias?, de Isabel Rodríguez
El viejo gramófono suena en la oscura habitación. La trompeta de Chet Baker desagarra el aire con su aguda melancolía empapada en alcohol y lo llena de colores, de los colores de las pinturas impresionistas que sus melodías desgranan en la atmósfera viciada de la alcoba. En la pantalla del televisor un documental sin sonido se mueve entre icebergs y glaciares, en alguna tierra lejana. “Aquí no hay icebergs”, piensa, “eres un iceberg: una parte fuera. Fría, helada, fuerte. Diez partes subterráneas, ardientes, más fuertes y con flores: magnolias (planta que sólo crece con el verano)”, eso le había escrito él una tarde, en la servilleta del bar en que tomaban copas, y ella había guardado la servilleta, todavía la tenía, doblada cuidadosamente entre las páginas de un libro de poemas. Era un local donde se escuchaba jazz y también entonces sonaba Chet Baker, el íntimo desgarro de esa trompeta inigualable… El iceberg se derrite en la pantalla, como parece derretirse la tarde en una lluvia interminable que se desliza suave, lentamente, por los cristales; porque es una tarde lluviosa. Una de esas tediosas tardes de domingo que anuncian el final del paréntesis del fin de semana, el paréntesis de las diarias rutinas, levantarse, acudir al trabajo apretujada en el metro entre decenas de cuerpos soñolientos como el suyo, desvaídos y grises, las inacabables horas colgada al teléfono, aguantando impertinencias, respondiendo a todo con una voz neutra, profesional, que no deje transparentar su irritación, su cansancio, su deseo de estampar el teléfono contra la pared y salir huyendo…
Tiene el ordenador encendido y la página en blanco del archivo que acaba de abrir parece retarla desde su albo silencio. Sobre la mesa, la caja metálica con la jeringuilla, las gomas… Teclea unas líneas, las lee, lo borra todo. “Cuando me pongo a escribir nunca se me ocurre nada. Y lo poco que llego a escribir es una basura. No sé por qué me empeño. Se está acabando el plazo para presentar el libro y no he pasado del tercer poema…” La trompeta se eleva en un agudo desgarrador que le corta el aliento. “Después de todo, tampoco importa. Ya sé que no lo voy a escribir ni lo presentaré al premio, y además da igual…” Todo da igual desde aquella mañana imborrable, fija para siempre en su memoria y en su vida, aquella mañana en que el niño, su niño, sólo suyo, porque sola lo tuvo y sola con él vivió sus horas más difíciles y también las más felices; aquella mañana en que el niño salió con su pequeña cartera hacia el colegio y ella se asomó al balcón para despedirlo y vio cómo el automóvil, aparcado en la esquina, arrancó inesperadamente, y el golpe, y su grito, su grito desgarrando el aire como la trompeta de Chet Baker, ese agudo sonido empapado de alcohol y desesperanza… Y ya nunca volvieron los días soleados, el corazón caliente, la cara del niño, esos días perdidos, cuando él soñaba despierto y ella cantaba en la noche canciones de cuna que llenaban sus sueños de luces y de mariposas. Ya sólo tiene el tedio de un trabajo irritante, de un empeño imposible, de una ausencia que todo lo contagia de negrura.
Y tiene también la puerta abierta, la evasión, el olvido. Así, sobre la mesa, al alcance de su mano. La única dicha que puede administrarse por sí misma. “Soy como un iceberg. Y voy al encuentro de mis diez partes sumergidas. Mis magnolias…” Y la dicha corre por sus venas y un calor dulce la invade y se deja ir lenta, dulcemente. “Mi niño…” Va hacia el balcón, allí lo encontrará, escucha su llamada. Lo abre y se derrumba despacio, en una inercia dulce, entre luces azules y blancas mariposas, bajo la lluvia que cae interminable sobre sus magnolias encontradas…
Entre las rejas del balcón asomaba su zapato y en la alcoba oscura el viejo gramófono seguía sonando y el aire vibraba bajo las notas dolidas de Chet Baker.
A Rafael Calero y a su “Mirada del Jazz”, a cuya sombra se escribieron estas líneas.
Isabel Rodríguez
viernes, 5 de junio de 2009
Burma Shave (Tom Waits)
Burma Shave es un lugar que sólo existe en una canción de Tom Waits...
jueves, 4 de junio de 2009
El dinero fácil de Jens Lapidus
Dinero fácil narra la historia cruzada de tres personajes de la Suecia contemporánea: Jorge, un inmigrante chileno que se dedica al tráfico de cocaina; Mrado, un hampón serbio que extorsiona, amenaza, pega, viola y mil cosas más por el estilo y JW, un joven ultra pijo que se siente fascinado por el lujo y que no se para ante nada ni nadie con tal de conseguir la pasta que necesita para seguir aparentando ante su novia y sus amigos. Lapidus retrata magistralmente la sociedad sueca contemporánea, una sociedad que aparentemente es la máxima expresión de las ventajas sociales pero que con sólo escarbar un poco en su epidermis, deja translucir toda la miseria y toda la podredumbre que se asocian con otros lugares, como puede ser el sur de Italia o la Costa del Sol.
Dinero fácil se une a la gran cosecha de excelentes novelas negras que en los últimos años ha llegado del frío, especialmente de Suecia, pero también de Noruega o Dinamarca. Jens Lapidus es un nombre a tener en cuenta en los próximos años, para colocarlo en la estantería junto a Menkel, Larson o a la pareja Sjöwall y Wahlöö, de quienes uno de estos días, escribiremos algo.
miércoles, 3 de junio de 2009
Cualquier sistema, de Leonard Cohen
será derribado
Ya os avisamos antes
y nada de lo que construisteis ha perdurado
Oídlo mientras os inclináis sobre vuestros planos
Oídlo mientras os arremangáis
Oídlo una vez más
Cualquier sistema que montéis sin nosotros
será derribado
Tenéis vuestras drogas
Tenéis vuestras Pirámides, vuestros Pentágonos
Con toda vuestra hierba y vuestras balas
ya no podéis cazarnos
Lo único que revelaremos de nosotros
es este aviso
Nada de lo que construisteis ha perdurado
Cualquier sistema que montéis sin nosotros
será derribado
(Traducción de Alberto Manzano)
domingo, 31 de mayo de 2009
EL INFLUJO LORQUIANO DE LA BÚSQUEDA
La Búsqueda nació en el ya lejano 1985, en Mallorca, en torno a la figura del guitarrista, compositor y cantante Xisco Albéniz, uno de los músicos más inclasificables que ha dado esta España mía, esta España nuestra. Pero hasta 1988 no apareció su primer disco, de título homónimo, y publicado por DRO. Un mini elepé de seis temas que ya contenía el embrión de lo que sería el universo personal e intransferible de estos músicos: raíces folk, instrumentos atípicos en el mundo del pop (trompetas, cellos, violines, castañuelas, etc.), un profundo conocimiento de la tradición que los lleva, al mismo tiempo, a coquetear descaradamente con las vanguardias, los aromas mediterráneos que impregnan sus composiciones, los toques fronterizos y unos textos poéticos como pocos se han escrito por estos lares, siendo particularmente destacable la influencia del Lorca más trágico, más cercano a la muerte. No en vano, en aquel primer álbum, destacaba una maravillosa adaptación del Romance lorquiano “Reyerta” al que ellos titulan “Los ángeles del barranco”. A la sombra de aquel primer disco, visitan México, Francia, Portugal y otros países europeos. Hay que destacar el éxito (siempre entre comillas, por supuesto, pues tratándose de La Búsqueda todo es minoritario) que cosecharon en Francia, llegando a participar en festivales de renombre en el país vecino.
En 1991 graban su segundo disco, editado también por Discos DRO: La rueda de la fortuna, con una de las portadas más hermosas de la historia de la música española. Este segundo álbum, grabado con más medios técnicos, y por tanto, con mejor sonido, ahondaba en las mismas coordenadas estéticas que ya hemos mencionado y contenía temas hermosísimos como “Testigos de mi querer”, “Carmencita” o “La rueda de la fortuna”.
Pero un cambio de miembros en la formación y un cambio de compañía discográfica, hace que su siguiente disco, Psicolatin, no aparezca hasta 1996. Ahora se decantan por una pequeña compañía independiente, Disc Medi/Blau, y, aunque las canciones que conforma este álbum, siguen teniendo ese genuino sabor misterioso y exótico de los dos discos anteriores, está claro que ahora el grupo se decanta por otros derroteros. Psicolantin mama directamente de los Rolling Stones de Brian Jones, de aquellos discos donde se funden sin complejos Oriente y Occidente. Diez temazos a cada cual mejor, letras hermosas, rebosantes de belleza, con una sonoridad propia, con una voz profunda y emocionante. Diez temas de los cuales es difícil quedarse con alguno, pero si tuviera que elegir entre uno de ellos, me quedo con “Mi prisión de fuego”, donde la magnética voz de Xisco Albéniz canta versos como: “Mi prisión de fuego serás tú / y mi hogar las tabernas del sur / no necesito nada más / Dios dirá si tengo que pagar.”
Después de Psicolatin, se produce una nueva remodelación entre los miembros de La Búsqueda y un nuevo parón. Hasta que en el año 2004, publican el que hasta la fecha es su último disco: Los penitentes (Grabaciones en el Mar, 2004). Entre ambos discos, Xisco Albéniz compone la banda sonora del cortometraje Zu Vercaufen (2000), del director Pere Salom, con la que gana el Premio a la Mejor Banda Sonora Original en el Festival Internacional de Sitges, concedido por la SGAE en la Sección de Cortometrajes. Los penitentes viene precedido por el CD single Las cosas que no se ven, editado en 2002 por Isladencanta Records.
Los penitentes es una magnífica colección de canciones, trece en total, donde el grupo parece renegar del sonido de su anterior disco, y vuelve a sus orígenes, es decir, al predominio de la guitarra española, a los aires fronterizos con un ligero toque western, a las cuerdas, al gusto poético más lorquiano, o tal vez sería más preciso decir más granadino que nunca, en temas como “Tambores de Boabdil”, “Occidente se muere” o “Mi duende”, donde se habla explícitamente de la Alhambra y de las Alpujarras.
No sabría decir si a día de hoy La Búsqueda sigue existiendo como grupo o si han sucumbido, hastiados ante tanta mediocridad musical con la que nos toca vivir día a día y hartos del desprecio de una industria que no ve más allá de su nariz. Ojalá que no haya sido así y que un día de estos, por sorpresa, se acerquen hasta Granada a regalarnos uno de sus maravillosos conciertos.
sábado, 30 de mayo de 2009
Cañizares, el aborto y el abuso a menores
No voy a negar que en los útlimos años mi sentimiento anticlerical manifiesto y claro se ha ido acentuando. Como se dice en mi pueblo, no quiero a un cura ni en pintura. Pero es que con noticias de este tipo, o con otras relacionadas, como el uso de células madre en medicina, o el posicionamiento de la Conferencia Episcopal contra los matrimonios gays, ¿cómo podría uno estar mínimamente de acuerdo con ellos? En los últimos treinta años, la Conferencia Episcopal ha ocupado claramente el espacio que ha ido perdiendo la extrema derecha y está claro que no se dan cuenta de que la sociedad camina por un lado y la iglesia católica por otro completamente distinto. Lo malo es que no dejan de joder.
jueves, 28 de mayo de 2009
Miami, de Andrés Calamaro (fragmento)
transformaste mi pena en poesía,
ahora puedo lo que no podía,
y también quiero eso que no quería.
Gracias por tu confianza
y por tu inteligencia
por toda tu belleza, amor.
Vivo despertando desde que te encontré.
martes, 26 de mayo de 2009
domingo, 24 de mayo de 2009
EL ESTUDIOSO DE LA SUERTE
Van der Hycke contaba en su tratado, a propósito del dramaturgo británico William Shakespeare, y cito literalmente del Volumen Tercero, página 83, que, “ha quedado ampliamente demostrado, que cada vez que iba a estrenar una nueva obra teatral, Shakespeare llevaba a cabo un ritual para conjurar positivamente a la suerte. Este ritual consistía básicamente en dos partes: en las horas previas al comienzo de la representación, primero se masturbaba frenéticamente en algún lugar discreto del teatro en el que tendría lugar el estreno de la obra, y después se bebía de un solo trago una jarra de cerveza por cada actor que desempeñara un papel, por breve que éste fuera, en la función. Es decir, si en una comedia como El sueño de una noche de verano participaban trece actores, el dramaturgo se tomaba trece jarras de cerveza de otros tantos tragos.” Y añadía Van der Hycke: “Qué duda cabe que, a pesar de la excentricidad del sortilegio empleado por Shakespeare, sobre todo en lo que a la cuestión sexual se refiere, éste podría calificarse de espléndido, pues sin duda su fiabilidad era absoluta, si tenemos en cuenta el éxito que, ya en vida, cosechó el poeta de Stradford-Upon-Avon.”
En el mismo libro se revelaban aspectos similares referidos a otros artistas, y no sólo de escritores, sino de pintores, escultores e incluso científicos. Por ejemplo, cuenta Van der Hycke (Volumen Sexto, página 157), que el polifacético artista italiano Leonardo da Vinci fue uno de los personajes más supersticiosos que nos ha deparado la Historia. De tal manera que si, por ejemplo, una mañana al dirigirse a su estudio, se cruzaba con una persona tuerta, se daba inmediatamente la vuelta, volviendo sus pasos de nuevo hacia su casa, donde se encerraba durante el resto del día, metiéndose en la cama como si de una enfermedad grave se tratase, y no volvía a salir a la calle hasta el día siguiente.
Pero sin duda, el colmo de la superstición lo encontramos en el artista español Gregorio de Valcácer, famoso pintor contemporáneo de Velázquez, que vivió en la ciudad de Toledo y que, aunque hoy prácticamente olvidado, en su época recibió encargos tanto de la nobleza como de la mismísima familia real, alcanzando cierta notoriedad entre los aficionados a la pintura de toda Europa.
Según cuenta Van der Hycke en el apartado de su libro dedicado a los pintores (Volumen Noveno, página 277 y ss.), Valcácer estaba obsesionado con las supersticiones hasta límites insospechados. Además de todas las conocidas –gatos negros, espejos que se rompen, pasar por debajo de una escalera, un salero que se derrama y un largo etcétera– él acuñó otras tantas de su propia invención.
Destaca Van der Hycke que el pintor toledano llegó a quemar uno de sus cuadros más importantes, el conocido como “Su Alteza Real en un día de caza” y, sin lugar a dudas, el que le hubiese abierto las puertas del Olimpo de la pintura europea de la época, porque cuando estaba dándole los últimos retoques, un caballero albino que había llegado a Toledo por aquellos días, visitó su estudio para hacerle un encargo. Y es que en aquel tiempo, una persona albina era considera como un enviado del maligno, un ser diabólico, el mal personificado y, por supuesto, se tenía la férrea convinción de que acarrearía la desdicha a todo aquel que tuviera la desgracia de relacionarse con él. Por esto, Valcácer pensó que aquel cuadro sólo traería desgracias, tanto a él como a aquellos que se lo habían encargado, por lo que la única solución pasaba por destruirlo. Y, en efecto, así lo hizo, renunciando con toda seguridad al éxito y a la fama eterna.
Paradójicamente, no se puede afirmar que el propio Erick Van der Hycke fuese un hombre con suerte ya que, a pesar de haber estudiado durante tanto tiempo –hay quien dice que más de la mitad de su vida la consagró a este proyecto– las mil y una maneras de atraerla, la diosa Fortuna siempre se mostró esquiva con él. Y si no, juzguen ustedes mismos.
Fue expulsado de la Universidad de Amsterdam, donde impartía clases de Filosofía y de Medicina, por sostener públicamente, entre otras muchas cosas, que el hombre era dueño de su propio destino y Dios un mero espectador. Algunos meses más tarde, su esposa lo abandonó cuando él estaba atravesando una terrible crisis, provocada en parte por el despido, y por tanto, se podría afirmar que era el momento en que más la necesitaba. Van der Hycke descubrió –casualmente, como suelen ocurrir estos dramáticos acontecimientos– que su esposa lo había estado engañando desde el mismo día en que contrajeron matrimonio, con numerosos amigos, e incluso con un pariente cercano, un tío del propio Van der Hycke, rico mercader, mecenas de numerosos artistas de la ciudad de Amsterdam. Según contaba la esposa a sus amigas más allegadas, Van der Hycke no la satisfacía en el plano sexual, mientras que con el tío disfrutaba hasta límites insospechados.
También sus deudas de juego se multiplicaron escandalosamente hasta que, por último, se arruinó completamente jugando una partida de dados. Por si todo esto fuese poco, y debido a su exacerbada afición a ir de putas, contrajo una terrible enfermedad venérea que lo dejó prácticamente ciego antes de cumplir los cincuenta y lo obligaba a rascarse continuamente cualquier parte de su cuerpo, pero sobre todo sus partes más íntimas, tanto en público como en privado. Como colofón, este hombre sabio que tanto había hecho por ayudar a sus congéneres, murió asfixiado cuando daba cuenta de un muslo de pavo asado y una jarra de cerveza, en una taberna del Barrio Judío de Amsterdam, el día de Nochebuena, ante la indiferencia total de los que lo rodeaban.
martes, 19 de mayo de 2009
VIDAS EJEMPLARES (William Burroughs)
Pies hermosos, de Mario Benedetti
nunca podrá ser fea
mansa suele subirle la belleza
por tobillos pantorrillas y muslos
demorarse en el pubis
que siempre ha estado más allá de todo canon
rodear el ombligo como a uno de esos timbres
que si se les presiona tocan para elisa
reivindicar los lúbricos pezones a la espera
entreabir los labios sin pronunciar saliva
y dejarse querer por los ojos espejo
la mujer que tiene los pies hermosos
sabe vagabundear por la tristeza.
domingo, 17 de mayo de 2009
El pintor cordobés Rafael Quintero y los Versos de alambre de espino
viernes, 15 de mayo de 2009
BOB DYLAN: PENETRANDO EN EL CORAZÓN DEL LABERINTO (3ª parte y última)
BIBLIOGRAFÍA
- Crónicas vol. I, Barcelona: Global Rhythm Press, (2005).
- Tarántula, Barcelona: Global Rhythm Press, (2007).
- Letras, 1962-2001, Barcelona: Global Rhythm Press, (2007).
miércoles, 13 de mayo de 2009
Algunas reflexiones sobre la muerte de Antonio Vega
Estoy seguro de que ya, en estos momentos, en algún lugar perdido, al doblar cualquier esquina, en una de esas estrellas que tanto le gustaba mirar, casi por casualidad, Antonio se ha encontrado con Marga, su Ángel de Orión. La ha tomado de la mano y sonriendo le ha dicho cuánto la echaba de menos y cuánto la ama. Y también le habrá dicho que esta vez estarán juntos para siempre, para toda la eternidad. Que nada ni nadie podrá separlos...
martes, 12 de mayo de 2009
Antonio Vega ha muerto...
sábado, 9 de mayo de 2009
Antonio Vega
Dejo aquí, como homenaje para el gran Antonio, un poema que escribí hace más de diez años y que iba incluído en mi primer poemario, Los poemas del frío. El poema se titula "Tesoros" y estaba dedicado, cómo no, al autor de "Una décima de segundo":
La bondad infinita de tu voz
me hace sentir
un océano de emociones.
Tu sinceridad me conmueve
profudamente.
Me hablas de olas, girasoles
y ángeles caídos.
De lugares maravillosos
donde se recrea tu alma.
Te paseas por el filo
de la navaja
manteniendo un difícil equilibrio
y proyectas tu cuerpo
hacia otras galaxias
sin moverte de tu cama.
En tu mente fluyen canciones
que algún día lo serán,
mezclas acordes,
emborronas partituras
y me muestras fotogramas
de otras vidas.
Buscas tesoros en islas solitarias
sin otro mapa que el de tu imaginación
y me regalas retazos de felicidad
que jamás podré devolverte.
El Plan Bolonia
BOB DYLAN: PENETRANDO EN EL CORAZÓN DEL LABERINTO (2ª parte)
El libro está dividido en cinco capítulos, cinco ensayos sin conexión aparente unos con los otros, con saltos espacio-temporales que pueden descolocar en cierta medida al lector que no esté familiarizado con la biografía de Dylan. En los dos primeros, titulados “Pulir la partitura” y “La tierra perdida”, respectivamente, y en el último, llamado “Río de hielo”, Dylan nos habla de sus primeros tiempos, cuando trataba por todos los medios de abrirse camino como cantante de música folk, aquellos años en que Bob Dylan aún no es ese mito que llegaría a ser sólo un par de años más tarde, convirtiéndose en portavoz de toda una generación y de todo un sistema de valores, por más que le pesara después. Son los años de aprendizaje en Nueva York, intentando tocar en garitos como el Café Wha, el Gaslight y otros lugares emblemáticos del Greenwich Village neoyorquino. Estos tres capítulos están repletos de nombres propios de músicos, de poetas y novelistas, de personajes históricos americanos que influyeron al maestro, que en aquella época era una esponja que absorbía todo a su alrededor para, acto seguido, regurgitarlo convertido en algo completamente distinto. Por estas páginas aparecen nombres como los de Woody Guthrie, Dave Van Ronk, Roy Orbison, Lord Byron, Jack Kerouac, Robert Johnson, Hank Williams, James Joyce, Honore Balzac, Anton Chejov, Archibald MacLeigh y un largo etcétera. Todos ellos, y según escribe el propio Dylan, ayudaron de una u otra manera a que se convirtiera más tarde en el carismático cantautor que todos conocemos.
El tercer capítulo, titulado “New Morning” (al igual que el álbum que publicó en 1970), narra las vicisitudes que vivió precisamente en los meses inmediatamente anteriores y durante la grabación de dicho disco. Estamos en los primeros años setenta y Bob Dylan está completamente harto de que su público lo considere una especie de personaje mesiánico, portavoz de su generación. Él, por su parte, sólo desea vivir con su familia una vida hogareña, alejada de las grandes metrópolis americanas, en la tranquilidad que le ofrece un pequeño pueblo desconocido, rodeado de una naturaleza salvaje y paradisíaca, donde pueda pescar, jugar al baloncesto o el baseball o salir de picnic con sus hijos. Son los años en los cuales cambia constantemente de residencia y en los que tiene que recurrir incluso a las armas para poder defenderse de fanáticos que llegan al extremo de rebuscar en su basura en busca de información sobre su ídolo.
La cuarta parte, tal vez la más atractiva desde el punto de vista de un melómano, se titula “Oh, Mercy”, y al igual que en el tercer capítulo, narra diferentes aspectos de las sesiones de grabación del álbum homónimo, producido por Daniel Lanois. En 1987 Dylan era un músico de vuelta de todo, apático, desgastado, sin fuerzas prácticamente para darle la vuelta a una situación que lo estaba asfixiando vital y artísticamente. Ya no disfrutaba tocando en directo y apenas era capa de coger un bolígrafo y escribir unos versos decentes. Dylan cuenta cómo salió de ese pozo en el que se estaba ahogando, qué hizo para reinventarse de nuevo y catapultar una carrera que agonizaba hasta el lugar de privilegio en que se encuentra en la actualidad.
A diferencia de Tarántula, Crónicas vol. I es un libro claro y conciso, en algunos pasajes me atrevería a decir que llega a ser diáfano, que no se pierde en vericuetos lingüísticos, y que no necesita de dobles lecturas para comprenderlo en toda su extensión, un libro de una lucidez extrema, que atrapa al lector desde los primeros párrafos y ya no lo suelta hasta que se termina. Si los volúmenes siguientes van a ser de esta categoría literaria, que a nadie le quepa la menor duda: ya estamos deseando que se publiquen.
jueves, 7 de mayo de 2009
BOB DYLAN: PENETRANDO EN EL CORAZÓN DEL LABERINTO (1ª parte)
Con todo esto, es evidente que cada vez resulta más complicado decir algo original sobre este músico que revolucionó el concepto de música popular. No obstante, vamos a hablar sobre tres libros que han sido publicados recientemente en nuestro país por la editorial barcelonesa Global Rhythm Press. En este caso, la originalidad radica en que estos tres libros son obra del propio Dylan, es decir, él es el autor del contenido de esos libros, mostrando otra faceta artística de su personalidad que no es demasiado conocida popularmente.
El primero de estos libros es Tarántula, una obra escrita en 1966, (año en que Dylan parió también uno de sus discos emblemáticos, el extraordinario Blonde on blonde), pero que no fue editada hasta 1971, entre otros motivos, debido al misterioso accidente de motocicleta que lo tuvo fuera de juego durante unos años. No es la primera vez que este libro se publica en nuestro país (existen dos ediciones anteriores, una de 1976, traducida por un tal Horacio Quinto y editada por Producciones Editoriales Juan José Fernández Ribera y otra de 1996, editada por Ediciones Júcar en su popular colección Los Juglares), pero en esta nueva edición de Global Rhythm Press, se ha encargado de la traducción el gran Alberto Manzano, uno de los más importantes traductores —sino el que más, y si alguien piensa que exagero no tiene más que echar un vistazo a su obra como traductor— del imaginario pop de nuestro país. Como anécdota debemos decir que durante muchos años circularon entre los fans copias piratas de Tarántula como si se tratase del más espectacular de los conciertos de Dylan.
Tarántula ha sido comparada con el Finnegans Wake de James Joyce y con otras obras de vanguardia. Por ejemplo, Emanuele Bevilacqua en su Guía de la Generación Beat, escribió que el libro “acusa a su manera la influencia de William Burroughs” y que en sus páginas “Dylan mezcla la escritura automática con la técnica del cut-up formulada por Burroughs.” Para otros autores, como Howard Sounes, Tarántula no deja de ser un intento fallido por parte de Dylan de escribir una novela, y que ésta, no responde en absoluto a las expectativas que los seguidores del músico tenían. De esta manera se expresa Sounes sobre la obra de Dylan: “El libro estaba compuesto por breves fragmentos de versos libres sin signos de puntuación. Aparecían frases familiares de las letras de las canciones, así como nombres famosos. A veces las metáforas eran llamativas, otras veces resultaban divertidas pero se trataba del libro menos comercial de cuantos hubiesen sido escritos: ciento treinta y siete páginas llenas de notas de contraportada de un álbum de Dylan que no existía.”
En mi opinión, Tarántula no es otra cosa que un gran poema surrealista. Y es desde esta aproximación desde la cual se le puede extraer todo el jugo que sus páginas contienen. Si a alguien se le ocurre leerlo como una novela, difícilmente pasará de las primeras páginas, pues su estructura no responde a la idea convencional que el lector puede tener del término novela. De cualquier forma, los textos que conforman este primer intento de Dylan por escribir ficción, no se alejan de la línea poética de las canciones que el bardo de Duluth compuso por aquellos mismos años. El lector avispado ya sabrá que me estoy refiriendo a las canciones que componían sus álbumes Bringing It All Back Home, Highway 61 Revisited y, por supuesto, el ya mencionado Blonde on Blonde. Así pues, Tarántula es de carácter obligado para quienes deseen captar toda la esencia de Dylan en el período mágico de la década de los sesenta.
domingo, 3 de mayo de 2009
UN ANCIANO TARAREA UNA CANCIÓN EN EL PUENTE DE BROOKLYN (Walt Whitman)
Hoy, día veintiséis de marzo de mil ochocientos noventa y uno, Walt Whitman ha enfilado sus pasos cansados hacia el puente de Brooklyn. La gente que se cruza con él por la calle lo ve con la misma imagen que años más tarde lo soñará Federico García Lorca. Desde el puente, deja que su mirada se pierda en las turbias aguas del río. Con la mano derecha acaricia su enorme barba blanca rebosante de mariposas multicolores. Y empieza a tararear una canción.
LA APUESTA POR LA CULTURA EN LA II REPÚBLICA ESPAÑOLA
Eduardo Haro Tecglen
Desde los primeros momentos del Nuevo Régimen, los dirigentes republicanos apostaron decididamente por la cultura. Las medidas de carácter educativo y cultural puestas en marcha por la República tuvieron que ver, principalmente, con la construcción de nuevas escuelas y con lo que se dio en llamar las Misiones Pedagógicas.
Lo republicanos españoles estaban dispuestos a que España dejara atrás su atraso secular, y para ello había que terminar, antes que nada, con el analfabetismo galopante que asolaba el territorio nacional. Gabriel Jackson estima que la mitad de la población de este país no sabía ni leer ni escribir en 1931. Para el Gobierno Republicano provisional el objetivo prioritario era la construcción, en cuatro años, de 27.000 escuelas de educación primaria que atendieran a un millón y medio de niñas y niños que no estaban escolarizados. Tanto Marcelino Domingo, primer Ministro de Instrucción Pública, como su sucesor al frente del Ministerio, Fernando de los Ríos, pusieron toda la carne en el asador para que su plan de construcción de escuelas, sobre todo en las zonas rurales, arribara a buen puerto. Para que nos hagamos una idea, ahí están los datos. Desde 1909 hasta la caída de la Monarquía, se construyeron 11.128 escuelas. Desde abril de 1931 hasta diciembre de 1932, se edificaron 9.600 nuevas escuelas. Y lo mismo ocurrió con la contratación de maestros. Sólo en los primeros meses se contrataron 7000 nuevos maestros, a los que se les subió el sueldo un 15 por ciento entre 1931 y 1933. Sin embargo, ambos ministros tuvieron que enfrentarse a numerosos problemas, sobre todo relacionados con la Iglesia Católica, decidida a defender con uñas y dientes (como se vio unos años después) los privilegios ancestrales de los que gozaban en materia educativa e incapaz de comprender, como sostiene Gabriel Jackson, que el objetivo prioritario de aquellas medidas era "proporcionar un mínimo de educación a todos los niños de España."
El otro gran hito cultural de la II República fueron las Misiones Pedagógicas. Si tuviésemos que explicarle a alguien completamente ajeno al tema qué significaron las Misiones, nada más esclarecedor que las palabras del periodista y escritor Eduardo Haro Tecglen en su libro El niño republicano: "iban por pueblos de hambre y miseria, y desde una cultura elevada llevaban romances, canciones, representaciones, a gentes que no sabían, literalmente, leer: pero que de pronto entendían, se veían a sí mismos representados, y a sus problemas: y reían, y gozaban." Esa era el objetivo principal de las Misiones Pedagógicas: acercar la cultura a personas que por su condición social y, sobre todo, por su situación geográfica, jamás habían tenido contacto con algo parecido a la alta cultura. El Patronato de las Misiones Pedagógicas estuvo presidido por Manuel Bartolomé Cossío e integrado por figuras de la talla intelectual y moral de Antonio Machado, Pedro Salinas, Luis Bello o Rodolfo Llopis, entre otros.
Desde mayo de 1931 en que fueron creadas, las Misiones Pedagógicas ofrecieron diversos servicios itinerantes, tales como bibliotecas (se repartieron más de cinco mil bibliotecas y más de medio millón de libros), obras de teatro, museo, cine, guiñoles y música. Todo ello gestionado, dirigido, puesto en marcha por personas que no cobraban por hacer este trabajo, es decir, hombres y mujeres que estaban allí por puro altruismo.
Una de esas Misiones Pedagógicas recaló por tierras granadinas. En el verano de 1933, concretamente del 14 de julio al 1 de agosto, las Misiones visitaron las Alpujarras y en lugares como Cañar, Soportújar, Pitres, Mecina, Fondales, Busquístar, Pórtugos, Trevélez y Bérchulez, se pudo ver por primera vez una película de Charlot, escuchar una sinfonía de Beethoven, o ver una reproducción de un cuadro de El Greco. Como anécdota hay que destacar que un joven José Val del Omar, actuó en calidad de cineasta para rodar un documental de aquellas jornadas.
Unido íntimamente al espíritu de las Misiones Pedagógicas estuvo el proyecto de teatro universitario liderado por Federico García Lorca: La Barraca. La idea del poeta y dramaturgo granadino no era otra que poner al pueblo llano en contacto con el mejor teatro que había dado la historia de la literatura, o como señala Ian Gibson, llevar un poco de “esperanza a comunidades que a veces daban la impresión de vivir todavía en la Edad de Piedra.”
Como ya sabemos, todo esto quedó truncado por el golpe militar del 18 de julio de 1936 y por la posterior Guerra Civil, con la barbarie que conllevó. Miles de maestros y maestras, de escritores, de intelectuales y gente de la cultura, fueron asesinados, encarcelados, depurados, silenciados, o simplemente se vieron obligados a exiliarse para salvar su vida. Para recordar la memoria de todas las personas que de una u otra manera pusieron su granito de arena para que aquellos proyectos fuesen una realidad, el Sindicato USTEA, junto con la Diputación de Granada y la Residencia de Estudiantes, ha puesto en marcha la exposición “Misiones Pedagógicas” que, entre el 1 y el 29 de abril, se puede visitar en la casa museo Ángel Ganivet, en la Cuesta de los Molinos. Sin duda, una gran ocasión para reconciliarnos con la memoria.
Este artículo apareció publicado en la edición impresa del Diario Ideal el día 12 de abril de 2009.
viernes, 1 de mayo de 2009
El psoe y la izquierda
jueves, 30 de abril de 2009
25 títulos de la literatura norteamericana que cualquier persona decente debería de leer antes de que el mundo se vaya a la mierda
- Trilogía de Nueva York, de Paul Auster.
- La Carretera, de Cormac McCarthy.
- Tener y no tener, de Ernest Hemingway.
- Las uvas de la ira, de John Steinbeck.
- El Gran Gatsby, de Francis Scott Fizgerald.
- Las aventuras de Huckleberry Finn, de Mark Twain.
- El guardián entre el centeno, de J. D. Salinger.
- El largo adiós, de Raymond Chandler.
- La canción del verdugo, de Norman Mailer.
- A sangre fría, de Truman Capote.
- Extraños en un tren, de Patricia Highsmith.
- Matar a un ruiseñor, de Harper Lee
- El halcón maltés, de Dashiel Hammett.
- ¿De qué hablamos cuando hablamos de amor?, de Raymond Carver.
- Pregúntale al polvo, de John Fante.
- Trópico de Cáncer, de Henry Miller.
- El cielo protector, de Paul Bowles.
- La pared vacía, de Elisabeth Sanxay Holding.
- El corazón es un cazador solitario, de Carson McCullers.
- La historia de Sailor y Lula, de Barry Gidford.
- La conjura de los necios, de John Kennedy Toole.
- 1280 almas, de Jim Thompson.
- ¿Acaso no matan a los caballos?, de Horace McCoy.
- Mis rincones oscuros, de James Ellroy.
miércoles, 29 de abril de 2009
Juan Perro y El Joraique: El origen de una canción
“Me pareció perfecto para construir una leyenda cantable, al estilo de los corridos o de las baladas célticas. Es un renegado y su figura está cargada de una sensualidad fantasiosa”, declaró el músico en el diario El País a propósito de este personaje.
Ni que decir tiene que Santiago quedó tan deslumbrado por la figura del monfí que acabó por escribir un romance en versos octosílabos al que puso música e incluyó en su disco de 2000, Mr. Hambre.
martes, 28 de abril de 2009
Un poema es una ciudad, de Charles Bukowski
un poema es una ciudad llena de calles y cloacas,
llena de santos, héroes, pordioseros, locos,
llena de banalidad y embriaguez,
llena de lluvia y truenos y períodos
de ahogo, un poema es una ciudad en guerra,
un poema es una ciudad preguntando a un reloj por qué,
un poema es una ciudad ardiendo,
un poema es una ciudad bajo las armas
sus barberías llenas de borrachos cínicos,
un poema es una ciudad donde Dios cabalga desnudo
por las calles como Lady Godiva,
donde los perros ladran en la noche y persiguen
la bandera; un poema es una ciudad de poetas,
muchos de ellos muy similares
y envidiosos y amargados...
un poema es esta ciudad ahora,
a 50 millas de ninguna parte
a las 9:09 de la mañana,
el sabor a licor y cigarrillos,
sin policía, sin amantes, caminando por las calles,
este poema, esta ciudad, cerrando sus puertas,
fortificada, casi vacía,
enlutada sin lágrimas, envejecida sin pena,
las montañas rocosas,
el océano como una llama de lavanda,
una luna carente de grandeza,
una leve música de ventanas rotas...
un poema es el mundo...
y ahora pongo esto bajo el cristal
para el loco escrutinio del editor
y la noche está en cualquier lado
y lánguidas damas grises se alinean
el perro sigue al perrro al estuario
las trompetas anuncian los patíbulos
mientras los hombrecillos deliran sobre cosas
que no pueden hacer.
CONTRA LA DESMEMORIA HISTÓRICA: TRES LIBROS SOBRE BUENAVENTURA DURRUTI
Pero hay cosas que, por mucho que se intenten esconder, son del todo imposibles. Por ejemplo, no se puede ocultar que en el verano de 1936 en Cataluña, Aragón y otros lugares de España, tuvo lugar lo que la filósofa francesa Simone Weil define como “una época extraordinaria, una de esas épocas que no han durado mucho hasta ahora, en las cuales los que siempre han obedecido toman todo a su cargo.” De esta manera, los anarquistas ibéricos socializaron las fábricas, los grandes almacenes, los hoteles y restaurantes, colectivizaron las granjas, el campo y las bodegas más importantes, pusieron a disposición del pueblo los empresas de transporte y los ferrocarriles, abolieron el uso del dinero y la propiedad privada e instauraron, siquiera por unos meses, el comunismo libertario. Por primera vez en la historia de España, el pueblo, la clase trabajadora, era la dueña de sus decisiones, de los medios de producción, de sus movimientos, de su libertad.
Con toda seguridad, una de las personas más determinantes para que eso ocurriese fue Buenaventura Durruti, el anarquista leonés afincado en Barcelona. Como señala Enrique Tierno Galván, mucho se ha hablado y escrito sobre nuestra Guerra Civil, y se han recuperado muchas personalidades que han permanecido sepultadas por el olvido ignominioso de la Historia, no obstante, se hace necesaria una profunda revisión del anarquismo y el papel que este jugó en todo ese período histórico. Así pues, urge recuperar la figura de Buenaventura Durruti, porque, como señala el historiador José Luis Gutiérrez Molina “la existencia de Durruti no es sino la de otros miles de revolucionarios españoles que empeñaron sus vidas en la conquista de una sociedad más justa. Recordando a Durruti, lo hacemos también a los demás que no por anónimos tienen menos importancia. La trascendencia del anarquista leonés no radica en su excepcionalidad, sino en haber sido uno más entre muchos.” Durruti fue un hombre de acción. Su obra maestra, sin duda, fueron sus hechos, su manera de ser y estar, su fuerte personalidad, su elevada altura moral. Aunque la bibliografía sobre Durruti no es tan amplia como un personaje histórico de su magnitud merece, existen varias referencias para conocer a fondo la vida y la obra del líder anarcosindicalista. Vamos a ver aquí tres aproximaciones a la figura de un personaje cuya vida, en sí misma, fue una auténtica novela de aventuras.
En primer lugar, tenemos la obra El corto verano de la anarquía (Vida y muerte de Durruti), del escritor —ensayista, poeta, dramaturgo, guionista de documentales cinematográficos, ganador del Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades en 2002— alemán Hans Magnus Enzensberger. Este libro no es ni un ensayo, ni una biografía, ni una novela. No es nada de esto y lo es todo al mismo tiempo. En realidad se trata de un libro-collage, pues contiene fragmentos, visiones, reflexiones de otros escritores o historiadores, de amigos, de familiares de Durruti, o de personalidades que, en mayor o menor medida, tuvieron algún tipo de relación con el revolucionario leonés. A comienzos de la década de los setenta, Enzensberger recopiló diferentes textos, artículos de prensa, entrevistas, para ofrecernos una visión nueva sobre la vida y la muerte (como señala el subtítulo del libro) de Buenaventura Durruti. Entremedias, el filósofo alemán intercala lo que él denomina “Comentarios”, sobre diferentes aspectos relacionados con el tema principal. De esta manera, Enzensberger diserta sobre los orígenes del anarquismo ibérico, sobre la II República, sobre la Guerra Civil, sobre el ejército miliciano, etc., etc. En realidad, el autor se limita a transcribir una novela colectiva que se nutre de la información que aportan numerosos testigos oculares que estuvieron allí y que, a menudo, expresan puntos de vista diametralmente opuestos sobre el mismo acontecimiento (por ejemplo, sobre la muerte de Durruti acaecida en la defensa de Madrid, en noviembre de 1936). El corto verano de la anarquía, que ya desde su mismo título pretende ser un homenaje a aquellos meses veraniegos de 1936 donde más cerca se estuvo de alcanzar la Utopía, no pretende ser una minuciosa biografía de Durruti, sino ofrecer una panorámica histórica del personaje y por extensión de la organización sindical a la que pertenecía, la CNT-FAI.
La segunda obra se titula, simplemente, Durruti 1896-1936. Escrita por Rai Ferrer y con prólogo del que fuera alcalde socialista de Madrid, Enrique Tierno Galván, fue publicada en 1985, y es un libro bastante curioso, pues está profusamente ilustrado con dibujos del propio autor, ya que es un experimentado dibujante de cómics, diseñador editorial, realizador de cubiertas de libros en distintas editoriales, etc. No se trata de un tebeo a la manera tradicional, sino de un libro de estampas, que en palabras de su autor “está realizado a imitación de los folletos que llevaron la “idea” hasta los confines de la piel de toro”. Ferrer, que nació unos años después de acabar la Guerra Civil, confiesa que no oyó hablar de Buenaventura Durruti hasta 1955 (en aquellos tiempos de represión feroz el solo hecho de pronunciar tal nombre podía acarrearle a uno graves problemas), y que sería su madre la primera persona que le puso tras la pista del líder anarcosindicalista, definiéndolo como “Un trabajador y un revolucionario… Por eso lo mataron…” El autor, en una breve introducción, explica que su objetivo al escribir esta obra fue hacer “un canto a los trabajadores. Un libro con un solo nombre en portada; pero con millones de protagonistas. Tal como Durruti deseaba.” Y luego añade. “A lo largo de sus páginas se habla de la CNT y de los pensamientos de la clase obrera. De sus miserias y de sus grandezas. De sus enemigos irreconciliables y de la revuelta permanente.” Un libro muy ameno para adentrarse en la vida de un personaje realmente fascinante.
La tercera de las obras que nos ocupan es un ensayo que me atrevería a calificar de extraordinario. Durruti en la Revolución española es una pormenorizada (más de 700 páginas) biografía del líder obrero, escrita por Abel Paz (seudónimo de Diego Camacho) un anarquista que tan solo con quince años vivió de primera mano muchos de los acontecimientos que luego ha narrado como cronista y que ha consagrado su vida a estudiar, analizar y difundir por todo el mundo el pensamiento libertario y los logros de la Revolución Social española. La obra, prologada por el historiador José Luis Gutiérrez Molina, autor de numerosas investigadores sobre el anarquismo y la historia social contemporánea de nuestro país, está dividida en tres partes, que, en palabras del propio prologuista, “reproducen las etapas del pueblo español en su camino por su emancipación”: “El rebelde”: va desde el nacimiento de Durruti el 14 de julio de 1896 hasta la llegada de la II República; “El militante”: desde el 14 de abril de 1931 hasta el día del golpe de estado fascista, el 18 de julio de 1936; “El Revolucionario”: desde el 19 de julio de 1936 hasta el 20 de noviembre de ese mismo año, día de su muerte. Se cierra el libro con un apéndice titulado “Las muertes de Durruti”, en el cual se ponen de manifiesto las diferentes versiones que circulan sobre la muerte de Durruti acaecida mientras él y los miembros de su Columna defendían la capital de España del asedio fascista. Por último, encontramos una extensísima bibliografía de gran utilidad para quienes estén interesados en profundizar en el tema del anarquismo, las luchas sociales en España o la Guerra Civil. Para Gutiérrez Molina, este ensayo “es un instrumento válido para redefinir la consideración histórica de la guerra española, sacar a la luz los aspectos menos conocidos del conflicto, desbrozar el camino para estudiar el desarrollo de los elementos revolucionarios presentes y sus protagonistas y, en definitiva, situar el conflicto español como el último, por el momento, de los más profundos intentos de transformación social ocurrido en el solar europeo.”
El trabajo de Abel Paz para escribir este libro fue casi detectivesco: tuvo que realizar miles de entrevistas con personas que habían conocido y convivido con Durruti (desde su compañera Emilienne Morin a su hermana Rosa o su hija Colette; numerosos compañeros de la CNT, como Juan García Oliver o Federica Montseny; miembros de su Columna, como Francisco Subirats o Ricardo Rionda); tuvo que llevar a cabo una minuciosa búsqueda de documentos prácticamente desaparecidos por razones más que evidentes; se hizo necesario regresar a una España a la que le estaba totalmente prohibido acercarse debido a su condición de exiliado político, etc. Sin embargo, el resultado mereció la pena, pues el libro de Abel Paz es la biografía más exhaustiva que se ha escrito de Durruti hasta la fecha y, mucho nos tememos, que será prácticamente imposible superarla.
Escribe Gutiérrez Molina en su introducción a Durruti en la Revolución española: “Porque a pesar de los intentos de minusvalorar, despreciar, cuando no ignorar, la extensión, persistencia y arraigo de las ideas ácratas en nuestra sociedad cualquier observador que se aproxime a nuestro pasado más reciente no podrá dejar de observar la presencia de mujeres y hombres que, desde distintas organizaciones y planteamientos, han mantenido las ideas libertarías.” Estos tres libros son un buen antídoto contra la desmemoria histórica. Tres libros que tratan de poner la historia en su sitio. Tres libros altamente recomendables.
