jueves, 23 de octubre de 2014



No. No. No.
No y no.
Y otra vez no.
Y mil veces no.
Que te quede claro.
No quiere decir sólo no.
Y por si no te has enterado
te lo vuelvo a repetir
una vez más:
No.      

No al dolor.
No a la contaminación.
No a la corrupción.
No a la mentira
y a la infamia.
Un no gigantesco
a un mundo
en el que dos mil
doscientos millones
de seres humanos
viven con menos
de un dólar al día.
Un no gigantesco
a un mundo
lleno de fronteras,
de vallas, de concertinas.
No a que venga el presidente,
el policía y/o el cura
a decirme qué he de hacer,
cómo he de hacerlo,
cuándo y dónde he de hacerlo.
No a la traición.
No a la desesperanza.
No al olvido.
No a la manipulación
y a la mentira. 
No a toda la mierda neoliberal.
No a la castración mental.
No al imperio.
No al fracking.
No a cada una de las cosas 
que no nos deja ser felices.
Sí a todo lo demás.

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