miércoles, 30 de septiembre de 2009

Lecciones de economía para niños inquietos (I)

Veréis, aunque a priori la cosa parece complicada, en el fondo es bastante simple. Pongamos por caso que yo soy presidente de una comunidad autónoma y gobierno con mayoría absoluta. Pongamos por caso que mi partido necesita pasta gansa para mantener esa mayoría absoluta y no sabemos de dónde sacarla. Pues muy sencillo. Recurro a una empresa dirigida por personas sin ningún tipo de escrúpulos y/o moralidad (más o menos como mis colegas de partido y yo mismo), les concedo trabajo, mucho trabajo (en forma de realización de eventos, ferias de muestras, campañas electorales, etc.) y a cambio ellos , siempre bajo cuerda, me proporcionan la pasta gansa que yo necesito para seguir haciendo mis trapicheos. Ah, y algunos trajes, que a mí me gusta vestir de puta madre, no lo olviden. No se debe olbviar la parte judicial del asunto. Es decir, tener buenos amigos jueces, fiscales y gente de esa ralea. En una palabra, estar bien relacionado. Esto es tan viejo como el mundo. Se llama política. Otra gente lo llama corrupción.

martes, 29 de septiembre de 2009

La otra Larsson

Llevaba tiempo detrás de poder hincarle el diente a este libro, hasta que por fin, el otro día lo saqué de la Biblioteca Pública de Motril y ya lo he podido leer. Asa Larsson es otra autora de novela negra que, al cobijo del éxito de sus compatriotas Henning Mankell y sobre todo Stieg Larsson, ha empezado a ver sus novelas traducidas y publicadas en nuestro país. Y la primera en caer es esta Aurora boreal, una novela del año 2003. Ya sabemos el grado de originalidad que muestran las editoriales: si una triunfa con una novela negra sueca, el resto no parará hasta haber publicado su novela negra sueca. Aunque sea una basura apestosa. En fin, cosas del negocio.
Aurora boreal me ha parecido una obra flojita, la verdad, a pesar de que la contraportada y la solapa interior están repletas de elogios, del tipo “la nueva reina de la novela negra escandinava”, o “los libros de Asa Larsson son pequeños milagros.” Está claro que una cosa es la publicidad y otra muy distinta el contenido real del libro. La cosa es que se lee bastante bien y crea una atmósfera de suspense atractiva. Como si algo muy importante fuese a ocurrir en los próximos segundos, pero van pasando las páginas y eso no llega nunca. Aurora boreal no contiene, a mi juicio, ningún elemento que la convierta en una novela fuera de lo común: no hay ningún personaje que te atrape inexplicablemente (como ocurre en Millenium) hasta identificarte plenamente con él; la trama es bastante sosa y para colmo, hay algunos párrafos pseudopoéticos (por ejemplo, los pasajes que narran sueños) que dan un poco de grima.
La historia que se cuenta en Aurora boreal tiene que ver con el fanatismo religioso. En una comunidad pequeña, Kiruna (la ciudad natal de Asa Larsson), dominada completamente por la religión, aparece brutalmente asesinado el predicador más famoso de Suecia. A partir de ahí, una maraña de intereses creados, negocios fraudulentos, mentiras y hechos que no se cuentan pero que se intuyen, se van interrelacionando. Para mí, lo mejor de toda la novela es este párrafo, con el que estoy completamente de acuerdo:

“La gente débil acostumbra a sentirse atraída por la Iglesia. Y la gente que quiere tener poder sobre la gente débil, también.”

Con los ingredientes que maneja la autora, el resultado podría haber sido una novela mucho más sólida. No sé porqué, pero cuando los autores de novela negrocriminal mezclan asesinatos y religión, no suelen salir bien parados (me ha ocurrido lo mismo con El silencio de los claustros, la última entrega de Alicia Giménez Barlett). Será porque la realidad siempre termina superando a la ficción. Digo yo.

lunes, 28 de septiembre de 2009

Presentación en Granada de la Antología del beso

El próximo miércoles, día 30 de septiembre de 2009, a las 20’00 horas, tendrá lugar en la sede de la Asociación de la Prensa de Granada y de la Fundación Andaluza de la Prensa la presentación del libro Antología del beso. Poesía última española, publicado por la pequeña (en tamaño, no en intenciones) editorial malagueña Mitad-Doble Ediciones. El libro, que fue editado durante la pasada primavera, es un muestrario en el que 83 poetas nacidos entre 1964 y 1978 nos ofrecen su particular visión sobre un tema tan común y a la vez tan maravilloso como es el beso. En la presentación intervendrán el antólogo y autor del prólogo de la obra, el poeta Julio César Jiménez; el editor, Agustín Sierra; y el escritor y catedrático de Literatura Hispanoamericana de la UGR, Álvaro Salvador. El acto se cerrará con una lectura de algunos de los poetas seleccionados en esta antología, entre otros, espero que yo mismo. Dejo uno de los poemas del libro, en mi opinión uno de los mejores: la aportación del poeta onubense antonio Orihuela.

Tengo hambre,
dame un beso.



Acto: Presentación del libro de poemas Antología del beso. Poesía última española.
Día: miércoles 30 de septiembre de 2009
Hora: 20’00 h.
Lugar: Sede de la Asociación de la Prensa y de la Fundación Andaluza de la Prensa (Antiguo Hospital de Peregrinos, C/ Escudo del Carmen, 3.)

jueves, 24 de septiembre de 2009

Ilegal a los siete años

Este mañana he oído en las noticias de la radio algo que me ha dejado pasmado, y mira que ya es difícil asombrarse con lo que se oye o se ve en la televisión. La noticia es más o menos del siguiente modo. Un niño de siete años, de nacionalidad boliviana, ha estado retenido durante dos días en el aeropuerto de Barajas porque no traía una carta de invitación de sus padres, que residen legalmente en nuestro país. El niño, que hasta ahora vivía en Bolivia con su abuelo, se ha tenido que trasladar a Madrid porque el abuelo había fallecido, y claro, no era cuestión de quedarse a vivir solo en su país con siete añitos. Para más inri, el pequeño traía un billete de ida y vuelta y viajaba con su padre. Ha hecho falta la intervención del Defensor del Pueblo para que el pequeño pudiera entrar en nuestro país. Cada día que se pasa me da más asco esta Europa de los mercaderes a la que pertenece España y en la que se retiene a un niño durante dos días en un aeropuerto con la excusa de que es ilegal. Este no es el mundo en el que yo quiero vivir. Ni de coña.

miércoles, 23 de septiembre de 2009

www.pensamiento-único.com

Sí. Quisieron destruirme, aniquilarme
mas siempre permanezco yo, individuo.
José María Fonollosa.

Bienvenido al pensamiento único.
Aquí ya es el futuro.
Olvídate de palabras
que antaño lo fueron todo:
endecasílabo, vanguardia, humanismo,
soneto, altruismo, ternura, artístico.
Tendrás que aprender a convivir
con insólitos anglicismos:
Lobby, enterprise, software,
merchandising, corporation.
Deberás familiarizarte
Con la jerga de los medios:
Multinacional, macroeconomía, índice
de ventas, neoliberalismo, aldea global.
Dejarás a un lado lo que quede de tu individualidad.
A partir de este momento
eres un número en una fría estadística,
un potencial consumidor,
un código de barras.
El nuevo milenio pertenecen
a los que son como tú:
Conservador, competitivo,
concluyente, consecuente.
Aquí está prohibido soñar,
usar la imaginación,
expresar la creatividad.
Enterremos de una vez a Don Quijote.
No necesitamos locos idealistas
que pongan el mundo patas arriba.
Destruyamos la belleza.
Aborrezcamos la cultura.
Nada de poesía.
No es rentable desde un punto de vista económico.
Solo best-sellers contrastados:
Más de cien mil ejemplares
vendidos en un mes.
No lo dudes.
Únete a nosotros.
No tienes nada que perder.



Este poema está incluido en la antología Versos para un fin de milenio, obra que publicó el Ayuntamiento de Motril en el año 2001. Fue uno proyecto ideado, auspiciado y llevado a cabo por el poeta Miguel Ávila Cabezas. En él, cincuenta y nueve voces distintas (en edad, sensibilidad, género, ideología, etc., etc.) ofrecían, tanto en prosa como en verso, su visión de fin de milenio que por aquellos días estaba tan en boga. Está fue mi aportación en verso.

martes, 22 de septiembre de 2009

Parafraseando a Boris Vian

No escribas poemas idiotas incluso si a los idiotas les gustan.

lunes, 21 de septiembre de 2009

El último caso de lnspector Méndez

En los inicios de los años ochenta, el crítico Juan Antonio de Blas definió a Francisco González Ledesma como el “primero de nuestros escritores policiacos”. Hoy, veintitantos años más tarde, me atrevo a afirmar sin ningún tipo de dudas que Francisco González Ledesma no es sólo el mejor autor de novela negra: Es el mejor escritor español vivo y probablemente uno de los mejores en lengua castellana, y eso abarca cualquier género literario. A sus ochenta y dos años (nació en 1927 en el barrio de Poble Sec de la ciudad de Barcelona, en el seno de una familia de tradición republicana, represaliada tras la Guerra Civil), González Ledesma está en el mejor momento de su carrera, como lo demuestra No hay que morir dos veces, la extraordinaria novela que publicó hace unos meses y con la cual cierra, por ahora, la serie de novelas sobre el Inspector Ricardo Méndez y la ciudad de Barcelona.
Hagamos un poco de memoria: Nuestro hombre es autor de una extensa obra literaria, que comenzó con Sombras viejas, Premio Internacional de Novela José Janés en 1948 (como anécdota, señalar que el presidente del jurado que le otorgó el premio fue el novelista estadounidense William Somerset Maugham), y Los Napoleones, ambas prohibidas por la censura franquista. Esto le puso las cosas muy difíciles, pero como quería ser escritor a cualquier precio, sólo le quedó la opción de parapetarse tras el pseudónimo de Silver Kane, y dedicarse a la literatura de quiosco, escribiendo una novela por semana durante más de quince años para la Editorial Bruguera. Empezó cobrando 1.500 pelas y al final de su etapa como narrador pulp cobraba 14.000 pesetas. Su especialidad eran las novelas del oeste y las de gánsters, aunque también publicó obras de tema político y de espionaje. Durante la década de los cincuenta fue guionista de tebeos, creando la serie de El inspector Dan, un personaje muy famoso en la España de la época. González Ledesma también ha trabajado como abogado y como periodista en diarios como La Vanguardia y El Correo Catalán. De este bagaje surge, tras la llegada de la democracia a nuestro país, un extraordinario novelista, que había permanecido agazapado en espera de su momento.
Con la recuperación de las libertades y la muerte de la censura por aburrimiento, Francisco González Ledesma recupera su propio nombre y comienza a publicar una serie de novelas de género negro: Expediente Barcelona, Las calles de nuestros padres (donde el Inspector Méndez es por primera vez protagonista absoluto), La Dama de Cachemira, Crónica sentimental en rojo (que fue galardonada con el Premio Planeta en el año 1984, cuando aún el Premio Planeta deparaba este tipo de sorpresas y no había que ser un famosillo televisivo de medio pelo para ganarlo), El pecado o algo parecido, Cinco mujeres y media, Dios en cada esquina, Méndez, Una novela de barrio (galardonada en 2007 con el Premio Internacional de Novela Negra RBA) y la última entrega, la ya citada No hay que morir dos veces. No obstante, González Ledesma ha seguido publicando bajo pseudónimo, en esta ocasión el elegido fue Enrique Moriel, y las novelas, La ciudad sin tiempo y El candidato de Dios.
Como decía al principio, su última novela, No hay que morir dos veces, es, en mi opinión su mejor obra. De hecho me la he leído en apenas diez horas, prácticamente de un tirón, pues la trama, magníficamente trenzada, atrapa al lector como si este hubiese caído en una tela de araña, impidiéndole que abandone el libro si no es en caso de emergencia. Y es que la edad no ha hecho que nuestro hombre pierda facultades, más bien al contrario. Como los buenos vinos, el tiempo sólo ha servido para poner las cosas en su sitio. González Ledesma se ha acabado convirtiendo en un autor de pulso firme, hábil con las palabras, y con ese sentido del humor que lo hace único. Veamos algunos ejemplos extraídos de la novela:

Los ojos de Gabri eran inexpresivos y fríos. Sus músculos se marcaban poderosos bajo la camisa, ya que en la cárcel no había tenido otra distracción que leer, hacer gimnasia y evitar que le dieran por el culo. En las tres cosas —decían sus compañeros— había tenido éxito, aunque normalmente a la que te descuidabas sólo tenías éxito en dos. (Pág. 40)

O este otro:

En la torre de más allá, un hombre de unos treinta años, que por su edad debería trabajar, se estaba rascando las pelotas. Era una labor juiciosa y lenta, pensó Méndez. Al fin y al cabo, mientras te rascas las pelotas no haces daño a nadie. (Pág. 145)

Otra de las especialidades de Francisco González Ledesma son los diálogos, de los cuales podemos encontrar auténticas maravillas en No hay que morir dos veces. Veamos esta conversación entre Méndez y el empresario Linares:

(…)Pero al margen de esta alta misión social, usted no debe saber para que sirve el dinero, Méndez.
No tengo la menor idea —reconoció él.
Pues ante todo sirve para tener poder. Con dinero se construyen imperios; sin dinero sólo se construyen barricadas.
Y poesías.
Las poesías a que usted se refiere son lo que queda de la última barricada, lo que queda cuando todos sus defensores ya han muerto.
Estoy aprendiendo mucho de usted, señor Linares
Es que no todo el mundo habla tan claro como yo. (Pág. 248)

Por no faltar, no falta ni siquiera un pequeño guiño/homenaje a Negra y criminal, la tienda especializada en género negro de Barcelona, en lo que ya se va convirtiendo en una costumbre entre los autores del género en nuestro país:

Y sonrió recordando esa pequeña librería cerca del puerto, Negra y criminal, en la que un cartel decía; “Terminantemente permitido fumar.” (Pág. 136)

¿Y qué decir de ese mítico inspector llamado Ricardo Méndez? Pues que debe ser el único madero del mundo que siente un calambre en el alma al ver “una pistola Mauser de las luchas anarquistas de los años veinte.” Y es que en el fondo Méndez es más ácrata que Durruti y Ascaso juntos. Hace lo que le sale de los cojones, contraviniendo todas las órdenes de sus superiores. Bebedor infatigable de coñac de garrafa y de orujo casero, desconfía absolutamente del poder establecido, léase jueces, políticos e incluso policía. Espectador de un mundo que día a día se desploma, acorralado por la postmodernidad y la vida de diseño. Pero ha vivido tanto en esas calles del Barrio Chino que su sexto sentido no suele dejarlo en evidencia.
En mi opinión, No hay que morir dos veces es la mejor novela publicada en lo que llevamos de año, y sinceramente, dudo mucho que en los tres meses y pico que quedan para navidad, se publique algo con la fuerza, el humor y la sensibilidad de esta novela. Francisco González Ledesma: El mejor escritor español vivo. Luego no digas que no te avisé.

viernes, 18 de septiembre de 2009

LOS ATARDECERES ROJOS DE POLEY


Vendrá la muerte y tendrá tus ojos
Cesare Pavese

A Vicente Núñez, in memoriam


Vendrá la muerte y tendrá tus ojos,

predijo el poeta.

Y así será, la muerte vendrá,

una tarde calurosa del verano andaluz.

Se acercará hasta tu cama

y te pedirá que la acompañes.

Y tú lo harás, sabio como eres,

pues no ignoras que no cabe oposición.

Y además ¿para qué?

Vendrá la muerte terrible

y no sólo tomará el brillo de tus ojos

entre sus manos oscuras.

Se llevará con ella

todas las mañanas del mundo,

todas las copas de vino sagrado,

una pequeña parte de Grecia y Roma,

todo el silencio que guardas en tu interior.

Pero no todo te acompañará en tu viaje.

La muerte jamás podrá robarte

ese río de hermosos poemas

que, despacio, desciende por tu cuerpo,

ese elixir privilegiado

que los dioses sensibles te ofrendaron,

y que luego, algún día, degustaremos

en la soledad de nuestros dias solitarios,

cuando nos aferremos desesperadamente

a lo único que queda, el dolor, inmenso

como una manada de elefantes africanos.

La muerte no te quitará jamás el privilegio

de haber visto los atardeceres rojos de Poley

o las estrellas tímidas que cuelgan allá arriba;

de haber oído las notas inquietas

de un Impromptus de Shubert,

de sentir el desgarro que produce

un verso de Aleixandre,

de haber amado al amanecer,

cuando más extraño resulta el amor.

Siento tanto que esta tarde estival

estuvieras en el lugar equivocado

en el momento más inoportuno.

Siento de veras que el año dos mil dos

no sea nunca más el año dos mil dos,

que todo termine tan de repente,

sin tan ni siquiera darnos tiempo

a rearmar a nuestros ejércitos.

Vendrá la muerte y tendrá tus ojos.

Así es. Así será por siempre.

Pero no le concedamos el honor

incierto del olvido.

Nos queda la belleza de la palabra escrita.

De la tuya.

De la de otros que han sido como tú.

Vendrá la muerte, qué duda cabe,

pero sólo se llevará una pequeña parte de ti.

Ésa es tu victoria.

Ésa es nuestra recompensa.



Este poema lo escribí a la muerte de Vicente Núñez, poeta cordobés muy cercano a la estética del Grupo Cántico. No está incluído en ningún libro, aunque sí ha sido publicado en alguna revista poética.

jueves, 17 de septiembre de 2009

Polvo de ángel

A principios de la década de los noventa, El Ángel (de nombre real Ángel Caballero), un tipo que había tocado en Los Escaparates, un grupo sin éxito de la movida madrileña, en el que coincidiría con un desconocido aún Eduardo Benavente, y que escribía poemas desgarradores sobre la desesperación, el dolor y la heroína, se reencuentra con Ana Curra, la hermosísima teclista de los Pegamoides y de los añorados Parálisis Permanente. Ana, que tras la muerte de Eduardo Benavente había sido pareja del fotógrafo Alberto García Alix, era superviviente de mil batallas. No hace falta decir que Ana y El Ángel, dos almas gemelas, se enamoraron perdidamente. Por aquella época, y tras largos años de adicción al caballo, El Ángel enferma de SIDA. Él sabe que la enfermedad es imparable y que le queda poco tiempo de vida. No es de los que se autoengañan. Según cuenta su amigo César Scappa, en el libro Los hijos del rock, de Salvador Domínguez, “En 1993, cuando sintió que iba a morir, le entró tal energía vital que en un año hizo todo lo que no le había dado tiempo a hacer antes. Recopilo apuntes, memorias, recuerdos; lo ajustó, maquetó, y publicó un libro y un disco doble.”
Así es. En julio de 1993, y ayudado por César Scappa, El Ángel entra en los Estudios Central de Sevilla, acompañado por un grupo que se hace llamar Los Volcánicos. En realidad, los miembros de Los Volcánicos no son otros que algunos miembros de ese mítico grupo sevillano llamado Los Mercenarios, es decir, Juanjo Pizarro, que toca la guitarra y Miguelito Suárez, al bajo. Completaban la formación el propio César Scappa, a la otra guitarra y un jovencísimo Tony Jurado, a la batería. El mismísimo Dogo Rojo se encargó de hacer coros y Ana Curra de tocar el teclado y hacer coros.
De aquellas sesiones grabadas bajo el infernal calor andaluz de 1993, Nuevos Medios, el sello independiente que dirige Mario Pacheco y que se había dedicado sobre todo a los jóvenes flamencos y a grupos más o menos intelectuales como los Golpes Bajos o La Mode, publica un doble cd titulado Polvo de ángel, producido por Juanjo Pizarro, Ana Curra y El Ángel. Un hermoso título para un disco duro, triste, desgarrador. Un álbum que contiene quince trallazos, todos compuestos por El Ángel, excepto una versión de “Sister Ray”, el mítico tema de la Velvet Underground. Musicalmente, Polvo de ángel es un disco cuasi punk, salpicado por ramalazos de glam rock aquí y allá, pero también con un exquisito sabor a garaje sesentero, presente sobre todo en las teclas de Ana Curra y en la guitarra whawha. Pero lo que destaca sobre todo en el aspecto musical son las guitarras de Pizarro y Scappa: guitarras potentes, afiladas, salvajes, callejeras. La voz cadavérica de El Ángel pone la piel de gallina en más de un momento del disco y cuando se oye la inconfundible voz de Dogo Rojo en los coros, la adrenalina se dispara hasta el infinito.
¿Y las letras de las canciones? Ah, amigo mío, eso ya son palabras mayores. Ya ha quedado dicho que El Ángel era poeta. Además un poeta bastante original, dueño de un universo particular, en el que la mezcla de lo callejero y lo onírico es la principal seña de identidad. Autor de un libro hoy mítico, titulado Los planos de la demolición, publicado por aquellos mismos días por la editorial El europeo, que dirige Borja Casani. Es verdad que las canciones que conforman Polvo de ángel giran básicamente en torno a la vida en las calles de la gran ciudad, y es por ello que están rebosantes de heroína, de camellos, prostitutas, y en general, perdedores de todo pelaje y condición, es decir, más o menos el universo que compartían por aquella época bandas como Dogo y Los Mercenarios, Desechables, o Burning, por poner algún ejemplo más o menos famoso. Lo que no es menos cierto es que en el momento en que este álbum se publicó, este tipo de canciones no eran políticamente correctas. NI la letra ni la música. No podemos olvidar que 1994 fue el año de la explosión del indie español, con grupos como Australian Blonde o El regalo de Silvia. Yo creo que gente como Dogo o El Ángel, a día de hoy, hubiesen tenido quizás un éxito más rotundo, al amparo de autores que han tratado la misma temática en la poesía, en el relato corto o en novelas y canciones. O tal vez no, quién sabe. Como dice mi amigo Juanfran Molina, “no entiendo cómo se nos pudo pasar este disco cuando salió publicado.” Prácticamente me gustan las quince canciones de este cd, y entre sus surcos, hay versos realmente hermosos. Hoy en día es prácticamente imposible hacerse con una copia, o yo al menos no lo he conseguido. Y eso que lo he intentado hasta recurriendo a Nuevos Medios, pero no ha habido suerte. Lo mismo ocurre con el único poemario que El Ángel publicó en vida. Si el pobre levantara la cabeza y viera que esos poemas en el año 2009 cuestan cincuenta eurazos y que, en su momento, se devolvieron prácticamente todas las copias, se caería de espaldas. En fin, si encuentras una copia del cd o del libro por ahí, no seas tonto y hazte con ella. Aunque sólo sea para vendérmela a mí (o para regalármela).

miércoles, 16 de septiembre de 2009

Escuela pública versus escuela concertada

Ahora que comienza un nuevo curso escolar, no me gustaría dejar pasar la oportunidad de señalar algunas diferencias existentes en nuestro país entre la escuela pública y la escuela privada que son dignas de ser denunciadas ante el Tribunal Internacional de La Haya. Vaya por delante que para escribir este artículo he utilizado datos extraídos de “La Iglesia y el sistema escolar”, de Vicenç Navarro.
Vamos a empezar por lo más obvio: en España existen tres tipos de escuelas: públicas (sostenidas con fondos públicos, en torno al 65% de los centros), privadas (sostenidas con fondos privados, en torno al 5% de los centros) y concertados (sostenidos con fondos públicos, en torno a un 30% de los centros). Como los centros privados están financiados con dinero privado, no me interesan lo más mínimo. Es obvio que son centros de transmisión ideológica (de la derechona, se comprende), pero no vamos a entrar a valorarlos.
Las diferencias esenciales se dan entre la escuela pública y la concertada. En general, la escuela concertada (magnífico eufemismo para referirse a un sistema escolar exclusivo pero pagado por todos) recibe a un 30% del alumnado, aunque en las grandes ciudades los datos son completamente inversos (por ejemplo, en la ciudad de Granada). Este 30% del alumnado pertenece, en palabras de Navarro al grupo de población “de renta superior (burguesía, pequeña burguesía y clase media profesional de renta alta)” mientras que “el 70% restante (clase trabajadora y clase media de renta media y baja) los matricula en la escuela pública.” Primera consecuencia: la escuela española es muy clasista.
Esto, que en principio puede parecer algo inocuo, tiene, en realidad mucha importancia. Como señala Vincenç Navarro en su artículo, es la manera más simple de reproducir la estructura de clases del país. De las escuelas privadas-concertadas saldrán los cuadros de mando de las grandes multinacionales, bancos, legisladores, jueces, militares de carrera, creadores de opinión, científicos, etc. Es decir, los que controlan el cotarro. De la escuela pública, en cambio, salvo honrosas excepciones, saldrán maestros, mecánicos, camareros, carpinteros, vendedores de seguros, sindicalistas, amas de casa, y sobre todo, parados, muchos parados. No hay que ser un lince para darse cuenta de por dónde van los tiros.
Otro dato importante: del treinta por ciento de centros privados-concertados, el setenta por ciento pertenece a la iglesia católica. El treinta por ciento restante, son de carácter laico (cooperativas, etc.) No es de extrañar que la Conferencia episcopal defienda sus negocios con uñas y dientes, teniendo en cuenta el volumen de dinero que se debe mover detrás de estas cifras. Seguimos con los datos: el alumnado inmigrante está matriculado prácticamente al cien por cien en centros públicos, excepto que sea alumnado con un alto poder adquisitivo. Por ejemplo, hijos de deportistas, músicos, o gente por el estilo. Todos los demás, de cabeza a la escuela pública.
Más datos: En palabras de Navarro, tan ciertas como que detrás de un día viene otro, el alumnado de la escuela concertada recibe un 32% más de dinero que el de la escuela pública, ya que el Estado invierte 2.700 millones de euros al año en la concertada. Lo que aún no he logrado entender es el por qué de esta inversión, por muchas vueltas que le doy al asunto.
Y todo este sistema-negocio apoyado por el Partido Popular, Convergencia y Unió, el Partido Nacionalista Vasco, y sí, como no, el Partido Socialista Obrero Español, entre otros. Por lo que se ve, no son capaces, o simplemente no quieren plantar cara a la iglesia católica para acabar con sus chollos. ¿Y qué conclusión se puede sacar de todo esto? Vincenç Navarro lo dice alto y claro: “La reforma educativa de los gobiernos progresistas tiene que, además de incrementar sustancialmente el gasto público en educación, eliminar esa polarización social que está reproduciendo una estructura totalmente clasista que afecta negativamente la calidad del sistema educativo.” Así de fácil. O así de complicado. Según se mire.

martes, 15 de septiembre de 2009

El apocalipsis según Cormac McCarthy

El nombre de Cormac McCarthy está rodeado de misterio. Sólo han trascendido pequeños detalles de su autobiografía y ni siquiera podemos estar completamente seguros de que sean ciertos. Sabemos, por ejemplo que nació en la ciudad de Providence, en Rhode Island, en 1933. Sabemos que se crió en Knoxville y que acudió a la Universidad de Tenessee durante dos cursos, hasta que en 1953 se alista en las Fuerzas Armadas para permanecer allí cuatro añitos. Después se reincorpora a la vida civil y decide regresar a la Universidad con la intención de convertirse en escritor. Se dice de él que detesta las entrevistas y, sobre todo, hablar de literatura. De hecho se dice que sólo ha concedido una entrevista en su ya larga carrera como escritor. En ella afirmaba que el primer libro que había leído en su vida fue a la edad de veintiún años. Está claro que con todos estos antecedentes sólo podía surgir un tipo genial.
Cormac McCarthy es autor de más de una decena de novelas. Su estilo, cercano a la tradición gótica sureña de autores como William Faulkner, Truman Capote, Flannery O`Connors o Carson McCullers, se caracteriza por una prosa densa, difícil, poco complaciente con el lector, pero valiente y honesta, en la que la violencia se expande por los cuatro puntos cardinales de la obra. Sus personajes tienen muy poco que perder y suelen vivir bordeando el filo de la navaja o sobrepasándolo directamente. Ya vimos, por ejemplo, cómo se las gastaba Anton Chigurh, el escalofriante psicópata asesino de No es país para viejos, que en la versión cinematográfica de los hermanos Cohen interpretó de manera magistral Javier Bardem. Otras obras de McCarthy son: El guardián del vergel, Hijo de Dios, Meridiano de sangre, Suttree y la Trilogía de la frontera, integrada por las novelas Todos los caballos hermosos, En la frontera y Ciudades de la llanura.
En el año 2007, McCarthy fue galardonado con el Premio Pulitzer por una novela que, en mi opinión, es la mejor salida de la pluma de este novelista, y que el tiempo pondrá en el lugar que se merece: entre lo mejor de la literatura de las últimas décadas. Estoy hablando, por supuesto, de La carretera.
La carretera es una novela que deja una huella indeleble en el lector. Aviso a navegantes: Que nadie se acerque a este libro esperando encontrarse con un bestseller. Nada más lejos de la realidad. Mientras la lees, esta novela se va metiendo en tu interior, urgando por ahí dentro, tocando los resortes que toda obra de arte debería tocar para que uno se estremezca de dolor o placer, depende. En La carrertera, McCarthy nos describe un mundo terrible: El planeta ha sufrido una catástrofe atómica y apenas queda un puñado de seres humanos sobre la faz de la tierra. Todo se ha vuelto frío, oscuro, gris, silencioso. En algún país que no se nombra en toda la novela, pero que suponemos debe ser los Estados Unidos, un hombre y su hijo, se dirigen hacia el sur, caminando unos pocos kilómetros diarios, sin apenas alimentos, vestidos con harapos pestilentes, empujando un carrito de supermercado donde llevan todas sus posesiones. Tanto el padre como el hijo parecen recién salidos “de un campo de exterminio.” Muertos de hambre, cansados, asustados. Dos cadáveres caminando sin saber muy bien hacia dónde ni por qué. Sólo porque su instinto de supervivencia así lo ordena, pero envidiando a los muertos. En su peregrinar, pernoctan a la intemperie, cubiertos por un trozo de lona desgastado. Todo escasea, especialmente la comida y el agua, pues la de los ríos y arroyos está contaminada por la radioactividad. Bajo estas circunstancias, no es difícil imaginar que los seres humanos, los pocos que han sobrevivido, se han vuelto despiadados, como animales acorralados que se defienden con uñas y dientes. Nadie se fía de nadie. Y la práctica del canibalismo está a la orden del día. Un mundo completamente abandonado por Dios, parece decirnos el autor. Aquí y allá, el hombre va dejando retazos de recuerdos de su vida anterior: Sus padres, su esposa, su niñez pescando en el río. Una vida que jamás volverá.
A pesar de la dureza de la prosa de Cormac McCarthy y de la desazón que esta produce en el lector, las páginas de La carretera están impregnadas de un hermoso lirismo. Algunos pasajes son poemas en sí mismos. Tengo que decir que la he vuelto a leer por segunda vez dos años después, pues las noticias de la adaptación cinematográfica empujan a ello. Supongo que la traslación a imágenes de las palabras de McCarthy no habrá sido empresa fácil, pero confieso que estoy deseando que se estrene la película. Ya veremos si ha merecido la pena la espera.

lunes, 14 de septiembre de 2009

Bob Dylan Revisited

El vagabundo borracho me ha robado a mi chica.
Voy a intentar recuperarla
pero no las tengo todas conmigo.
Hoy tengo un día terrible
y necesitaré un golpe de suerte.
La condesa escucha al buhonero,
o eso, al menos, me parece a mí.
Después ella dice que rezará una oración
por todas las personas
que se ganan la vida con el sudor de su frente
y se santigua de manera piadosa.
Hay un hombre en el parque.
Es de noche y llueve a cántaros.
Intenta atrapar puñados de lluvia
con sus manos pequeñas,
mientras grita:
alguien tuvo suerte, pero sólo fue un accidente.
La mujer de la calle tiene los ojos vendados.
Está cantando una vieja canción
que escuchó, cuando era pequeña,
en la emisora de música country.
La luz de una linterna le alumbra el rostro.
Después, la mujer de la calle se descalza
y comienza el baile.
Seis caballos blancos galopan
por los dorados raíles del tren
mientras una locomotora lenta se acerca
desde la otra parte de la pradera.
El pájaro forajido de ojos tristes
lo observa todo desde un sauce llorón.
Luego, levanta el vuelo y se pierde.
Monalisa y su hijo de seis años fueron a la feria.
Él se subió en el tiovivo
y ella le regaló un algodón de azúcar de color rosa.
Durante unas horas fueron felices
pero ya están de vuelta
en su infierno cotidiano de hielo negro.
El viejo enterrador sostenía un libro
en su mano izquierda.
Empezó a caer nieve a cámara lenta.
Aquel hombre volvió su rostro hacia el cielo.
Abrió el libro al azar y leyó en voz alta:
sueña, sueña, pues esto también es verdad.
Memphis Minnie llevaba sobre su cabeza
un hermoso sombrero de piel de leopardo.
La vi pasar conduciendo su flamante coche nuevo,
rojo intenso, reluciente como el cielo
de una noche de verano.
Al pasar junto a mí, me guiñó un ojo y me soltó,
eh, tío, ¿te vienes a dar una vuelta conmigo?
Creo que me he enamorado, sin remedio,
de ese sombrero de piel de leopardo.
Debajo del cartel de neón
hay un hombre que me recuerda a Shakespeare.
Su nombre es Jack Horner.
Viste unos zapatos de tacón cubano y un traje negro.
Es un tipo realmente elegante.
Está hablando con una chica francesa.
Ella le dice: Yo soy amiga de Bob.
Y él contesta: Mentirosa. No te creo.

jueves, 10 de septiembre de 2009

La larga marcha hacia la anarquía

“El anarquismo no es una foto fija, ni tiene una sola cara, y presenta matices muy variados, (…) pues los movimientos sociales pueden ser varias cosas al mismo tiempo.”. Así de contundente se muestra Javier Paniagua Fuentes, profesor de Historia del Pensamiento y de los Movimientos Sociales y Políticos en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la UNED, probablemente uno de los intelectuales españoles que más tiempo y trabajo ha dedicado el estudio del Anarquismo como movimiento social y sindical desde el siglo XVIII hasta la actualidad. Y el fruto de todo ese esfuerzo es La larga marcha hacia la anarquía (Pensamiento y acción del movimiento libertario), una magnífica obra editada en 2008 por la editorial Síntesis. A través de siete capítulos y casi cuatrocientas páginas, el profesor Paniagua Fuentes lleva a cabo un exhaustivo estudio sobre el pensamiento ácrata, sus fundamentos filosóficos, las figuras intelectuales más importantes del anarquismo, no sólo español sino internacional. Así mismo, analiza la huella que el anarquismo ha dejado en movimientos sociales más recientes como el Mayo del 68 o ya en nuestros días el Movimiento antiglobalización o el movimiento okupa. Mención especial merecen los capítulos dedicados al anarquismo como movimiento de vanguardia durante la Segunda República española y al anarquismo durante la Guerra Civil, cuando por primera vez, los anarquistas tuvieron el poder real en sus manos y se pusieron en marcha las colectividades en Aragón, Andalucía, Cataluña y otros lugares del estado español. No hace falta decir que, por las páginas de este ensayo, pasan todos los grandes nombres de la causa anarquista: desde Bakunin a Abad de Santillán, de Joseph Proudhon a Errico Malatesta, de Federico Urales a Anselmo Lorenzo, de Federica Montseny a Emma Goldman. Todos y cada uno de los nombres que aportaron algo al pensamiento ácrata y que creyeron ciegamente en la idea de un mundo libre, donde el hombre no fuese un lobo para el hombre, aparecen por estas páginas. Resulta altamente estimulante ver, tras la lectura de este libro, que muchas de las reivindicaciones históricas de los anarquistas están hoy plenamente asimiladas en nuestra vida cotidiana: el antirracismo, el feminismo, el naturismo y el ecologismo, el pacifismo, etc. Y es que es de justicia histórica decir bien alto que los viejos anarquistas fueron los primeros en luchar por un mundo donde la igualdad real entre los seres humanos y la democracia auténtica y participativa fuese algo palpable, y no sólo palabras escritas en papel o dichas en un mitin. Por eso este libro está recomendado para todas esas personas que aún creen en la posibilidad de otro mundo diferente al que nos ha tocado en suerte. Porque no nos merecemos lo que nos ha caído encima.

martes, 8 de septiembre de 2009

Los hombres que no amaban a las mujeres

Este post no va de literatura. No tiene nada que ver con un libro de novela negra ni con novelistas suecos que triunfan después de morir. Este post no cuenta la historia de una chica friqui ni de un periodista honrado. Este post no habla sobre la primera parte de ninguna trilogía de éxito mundial.
Este post tiene que ver exactamente con eso: con los hombres que no amaban a sus mujeres.
En lo que va de año, en nuestro país, cuarenta mujeres han sido asesinadas por sus parejas o ex-parejas. La última, anoche en Utiel, un pueblo de Valencia. Además se da la terrible coincidenica de que esta vez el asesino es un Guardia Civil. Cada dos o tres días una mujer pierde la vida en España por violencia de género y da igual que viva en Málaga, Vigo, Badalona o Donosti. En eso sí que somos todos iguales. En cualquier región de este país se mata a las mujeres de la misma manera. Está claro que algo no está funcionando porque el problema, en vez de remitir, va en aumento. Hoy una en Utiel, ayer en Alicante, el viernes en Vélez-Rubio (Almeria) y así hasta cuarenta sólo en este dos mil nueve. Muchas de ellas son inmigrantes que han venido de otros países buscándose la vida; pero otras son españolas. Así que me da por pensar que el problema no tiene que ver con nacionalidades ni con razas, religiones, culturas, etc. Creo, sinceramente, que el problema tiene que ver, más bien, con el ser humano, con su maldad intrínseca.
No obstane, este problema tiene solución, pues lo mismo que prácticamente se ha terminado con el problema del terrorismo vasco (para mí es igual de grave o tal vez más) mediante la presión policial y con determinadas leyes, también a este terrible problema se le puede plantar cara. Pero para ello hace falta voluntad política y no sólo buenas palabras de la ministra de turno.
Y dentro de tres días, otra.

lunes, 7 de septiembre de 2009

La venganza de los malditos

A veces me da por pensar que ocurriría si, en cualquier ciudad importante de España, tuviera lugar algo parecido a lo que Charles Bukowski planteaba en su relato “La venganza de los malditos”, incluido en su libro Hijo de Satanás. En este cuento, Bukowski nos presenta a Tom y Max, dos vagabundos de la ciudad de Los Ángeles. Una noche, mientras duermen en una pensión de mala muerte, rodeados de cincuenta o sesenta vagabundos, tan jodidos que “ni siquiera valía la pena tirarles una bomba encima”, Tom le cuenta a Max un plan en el que viene pensando desde hace tiempo: Se le ha ocurrido reclutar a los vagabundos de la ciudad, formar un gran ejército de zombies sociales, para todos juntos, dirigirse a unos grandes almacenes, los más importantes de la ciudad, y una vez allí, tomar todo aquello que la sociedad de consumo les ha negado. Según Tom, el asunto será como “una especie de venganza de los malditos. Un desfile de deshechos.” En su mente de vagabundo borracho lo ve “casi como una película.” Al día siguiente, los dos tipos, ni cortos ni perezosos, ponen en marcha su plan. Van reclutando a cuanto vagabundo encuentran por la calles, y como una procesión de desheredados, bajan hasta el centro de la ciudad para llevar a cabo el saqueo de los grandes almacenes elegidos. El ejército de vagabundos entra en la tienda y va tomando todo cuanto les apetece, ante la mirada atónita de los clientes y de los empleados; abrigos de piel, chupas de cuero, zapatos caros, bolsos, puros, güisqui y todo tipo de artículos de lujo. Al final todo se desmadra y, por supuesto, la policía entra a saco, con las pistolas en la mano. En mi imaginación, suelo cambiar a los vagabundos por parados, que por desgracia en nuestro país son un grupo bastante numeroso. Imaginaros, por un instante, a todos los parados de Cartuja, a los de la Chana y el Zaidín, a los de del barrio de los Pajaritos, a todos los marginados, a los yonkis y sin techo, entrando en el Alcampo, o mejor aún, en el Hipercor, que es mucho más pijo y exclusivo. Uf, sólo de pensarlo se me erizan los pelos del cogote. ¡Qué visionario, el gran Bukowski!

viernes, 4 de septiembre de 2009

Diego Vasallo no miente

Desde hace unos años, cuando alguien me pregunta por mis músicos favoritos, siempre incluyo en la lista el nombre de un tipo que suele causar asombro: Diego Vasallo. Como ya sabéis, Vasallo formó parte durante tres lustros de los Duncan Dhu, un grupo que hizo unos cuantos discos magníficos, alguno malo, y alguno simplemente, medianito. Como compositor, ya merecería pasar a la historia de la música en español, por ser el autor de aquel himno de los años ochenta titulado “Cien gaviotas”, una canción que, en mi opinión, está a la altura de otros temazos de la época, como “Déjame” de Los Secretos, “La chica de ayer” de los Nacha Pop, “Escuela de Calor”, de los Radio Futura o “Cuatro rosas” de los Gabinete Caligari. Pero es que Diego firmó otras muchas grandes canciones de los Duncan, en solitario o a medias con Mikel Erentxun, la otra mitad del grupo. Y no podemos olvidar su faceta como cantante, ya que a partir del álbum autobiografía, Diego solía poner voz —una voz melancólica, repleta de matices— a sus propias composiciones. Así que de ahí a formar su propio grupo (en realidad el grupo era el propio Diego acompañado de músicos de estudio), había sólo un paso. Y ese paso lo acabó dando para formar Cabaret Pop, un grupo que al principio tenía una línea musical cercana a la música tecno, pero que, poco a poco, fue evolucionando, hacia un pop muy personal, con influencias de la canción de autor, de los Beatles, del rock californiano, etc., y que acabó facturando discos tan buenos como aquel Diego Vasallo y el Cabaret Pop, publicado en 1995 y que ya dejaba ver lo que se avecinaba en un futuro nada lejano. Ese fue el último álbum que Diego publicaría bajo el seudónimo de Cabaret Pop. A finales de 1996 aparece Criaturas, ya bajo su nombre. Un disco bastante potable, que en mi opinión merece la pena ser redescubierto con todos los honores, ya que contiene canciones memorables, como “Canciones que no hablan de amor” o “Criaturas salvajes”, dedicada al novelista Truman Capote.
No obstante, el triple salto mortal sin red viene de la mano de Canciones de amor desafinado, el álbum que Diego publica en el año 2000. Todo en este disco es bonito. Desde el título, que me encanta, a la portada, pasando por cada uno de los once temas que lo componen. SI tengo que elegir uno, cosa difícil, me quedo con “Ascensores al cielo”, el tema en el que lo acompaña mi admirado Luis Eduardo Aute. Un disco muy triste, pero ¡qué cojones!, hermoso hasta el paroxismo y donde están presentes todas las influencias de nuestro hombre: la chanson francesa, el pop de los años sesenta, la canción de autor, la poesía contemporánea, Chabela Vargas y un largo etcétera. Todo ello bien mezclado, bien agitado y servido con un gusto exquisito. Dos años más tarde, Diego, acompañado de Suso Saiz, un músico heterodoxo que había militado en Esclarecidos y en La orquesta de las Nubes, productor de numerosos discos del pop español más arriesgado, graba El cuaderno de pétalos de elefante, un disco-libro experimental, adornado con dibujos de Vasallo, donde Suso pone música a los poemas minimalistas de Diego. Pero retrocedamos en el tiempo por un momento. En 2001. Diego y Mikel deciden volver a poner en marcha el proyecto Duncan Dhu, para darle el digno final que merece. De esa reunificación sale Crepúsculo, un tremendo cd con una preciosa portada de Javier Aramburu, y con temas como “Nunca me enamoraría de noche (Jack Nicholson no miente)”, una pequeña gema que pone el listón de la composición muy, pero que muy alto.
Tras el final de Duncan Dhu, Diego continúa con su carrera en solitario. Y lo hace dejando a un lado los agobios de las giras, la presión del mercado, etc. Y es que Diego Vasallo es, como dice su amigo Suso, el único músico español que estando en la cima, ha decidido de manera voluntaria volver a bajar. Porque no debemos olvidar que Duncan Dhu era un grupo de ventas masivas, con miles de fans, y Diego decidió poner punto y final a todo eso. En 2005, Diego se vuelve a meter en un estudio y nos regala otra obra maestra del pop español: Los abismos cotidianos. Una colección de canciones muy cercanas a la perfección, con colaboraciones de Leonor Wantling y Christina Rosenvinge. Esta vez Diego rinde tributo a su idolatrado Enrique Urquijo, versionando ”Demasiado tarde”, uno de los temas que Enrique grabó con Los Problemas. También se incluyen en este cd el poema de Pablo Guerrero “Rosas que arden”, al que Diego pone música, y el tema “La vida te lleva por caminos raros”, que su amigo Quique González incluye en su disco Avería y redención #7. En 2006 Diego riza el rizo y publica dos proyectos simultáneos. Por una parte, lanza un disco recopilatorio, Las huellas borradas 2000-2006, una especie de “pequeños éxitos”, con alguna sorpresa, como es la colaboración del ya mencionado Quique González cantando uno de los temas. Por otra parte, Diego, junto con el poeta Roger Wolfe, firma La máquina del mundo. Once poemas del poeta gijonés de origen británico, musicados e interpretados por Vasallo y donde también se puede escuchar algún recitado de Roger Wolfe. Un disco sorprendente que nos muestra otra faceta distinta de Diego. Un disco, y lo digo porque he hecho la prueba, que a toda la gente que se lo he dado a oír, acaba alabándolo sin remisión.
De momento, hasta aquí llega la historia. Diego Vasallo sigue viviendo en su Donosti natal, donde se dedica a pintar, estudiar Arquitectura, componer hermosas canciones de pop eterno, escribir poemas en verso libre y fundirse la pasta que ganó girando por todo el mundo con Duncan Dhun, aquel grupo de rockabilly acústico que tres chavales formaron para dar rienda suelta a su pasión por los Violent Femmes a principios de los ochenta. Mi consejo es que dejes a un lado los prejuicios bobos y te hagas con alguno de sus discos. O con todos. Y a disfrutar.

jueves, 3 de septiembre de 2009

La bancarrota del capitalismo

Hasta hace bien poco, el único dios verdadero del Liberalismo, esa religión que ha dominado en solitario el mundo durante el último cuarto de siglo, era el Dios Mercado. Para cualquier liberal, y no me estoy refiriendo exclusivamente a los ultras o neocons, tipo Esperanza Aguirre, sino incluso para muchos liberales que militan en el partido socialista, el Dios Mercado tenía la capacidad de regular absolutamente todo: los precios, la calidad, la oferta y la demanda, etc. “Dejemos que el mercado imponga su ley”, se decía cada vez que alguien preveía el más mínimo atisbo de intervencionismo económico. Pero, he aquí que, con la terrible crisis económica que nos asola, los precios de la vivienda subieron hasta límites insospechados y junto con el gran timo del euro, el sistema capitalista, el mismo que adoraba al becerro de oro de la No-Intervención económica, se ve suplicando cuasi de rodillas que el Estado intervenga para salvar los restos del naufragio del capitalismo salvaje. Y es que el Dios Mercado ha actuado. Y el hijoputa lo ha hecho de manera drástica. Lo malo del asunto es que, como ya ocurriera con el crack del 29, se ha llevado por delante a los más débiles, a los tontos que se creyeron a pies juntillas que podían tener un BMW o un Audi comprado a plazos con el sueldo de un peón albañil o de un camarero. Y se lo creyeron porque así se lo contaron en el banco, en el concesionario de coches o en las grandes superficies. En fin, las mentiras del capitalismo. Mientras tanto, los que pagaban el BMW o el Audi al contado, los que compraron casas de varios millones de euros, los millonarios, esos siguen teniéndolos. Que la crisis no es igual para todos. ¿O te creías que sí?

martes, 1 de septiembre de 2009

Huye rápido, vete lejos, de Fred Vargas

"Esta novela de Fred Vargas es sin duda la mejor". Esta frase, escrita en una crítica del diario Le Nouvel Observateur, hace referencia a Huye rápido, vete lejos, una de las novelas policíacas de la escritora francesa Fred Vargas, perteneciente a su serie sobre los crímenes en la ciudad de París y el comisario jefe Jean Baptiste Adamsberg y su equipo.
Debo confesar mi ignorancia y admitir que, hasta hace unos meses, no tenía ni la más mínima idea de quién era Fred Vargas. La primera vez que leí su nombre, fue, como tantas otras veces, en el blog de Negra y criminal, ese reducto de buen gusto disfrazado de librería de género policíaco, ubicada en la Ciudad Condal y dirigida por el detective Paco Camarasa, un tío que se toma su trabajo con pasión desbordada. En un primer momento pensé, para qué voy a negarlo, que Fred Vargas era un hombre y supuse, erróneamente, que era cubano y que pertenecía al grupo de otros magníficos narradores cubanos de serie negra, como Lorenzo Lunar o Amir Valle. Pero, ohlala, resulta que Fred Vargas es el seudónimo de Fréderique Audoin-Rouzeau, una científica parisina nacida en 1957, que en sus ratos de ocio escribe novelas policíacas, que además están de puta madre. Además de la novela que nos ocupa, algunos de los títulos que ha publicado en nuestro país son: Lo que tarda en morir un idiota, Que se levanten los muertos, Sin hogar ni lugar, Bajo los vientos de Neptuno, La tercera virgen o Los cuatro ríos (esta en forma de cómic).
Huye deprisa, vete lejos es, en mi opinión una obra magnífica. Bien construida, muy bien escrita y, ante todo, verosímil, aunque está regada con unas gotitas de realismo mágico. Pero no se preocupen, que esas gotitas no la vuelven indigesta. Lo de que sea verosímil no es algo baladí, pues para mí, cualquier buena novela de género negro que se precie debe ser ante todo, creíble. El comisario Adamsber es un personaje entrañable. Un tipo despistado, incapaz de memorizar el nombre de sus más inmediatos colaboradores, pero con una clarividencia mental para resolver los enigmas, que tira de espaldas.
Ignoro si las demás novelas de Vargas son tan buenas como la que nos ocupa, porque aún no las he leído. Pero en unos meses tendré la solución al enigma. Palabra de lector compulsivo.