domingo, 27 de abril de 2014

Reseña de “Un mundo lleno de canciones de amor espantosas”


Inspirado en el relato “Alzheimer”

Córdoba, 2051.
En vísperas de la incorporación de la República Andaluza como trigésimo noveno estado de la Confederación Libre Europea.
Dos estudiantes finalizan su preparación físico-intelectual realizando incursiones más allá de la zona de seguridad. El ejercicio completo consiste en la recuperación de libros y en su posterior clasificación.

—Procedamos con la última pieza.
—Por fin.
—Anda, no te quejes. Supuesto título: Un mundo lleno de canciones de amor espantosas. Supuesto autor: Rafael Calero Palma. Supuesta empresa editorial: Alhulía. Año: 2014. Esto no se supone, se ve claro.
Paró un momento para utilizar el inhalador.
—Y lo vamos a incluir en la sección de Ficciones verdaderas, subsección de Historia,… ¿Qué ocurre?, ¿algún problema?, ¿lo incluimos en la subsección de Periodismo?
La estudiante adoptó un gesto escéptico.
—Lo cierto es que no estoy segura.
—¿Cómo que no? Los fragmentos que se han salvado no tienen otro sentido que Ficción verdadera.
—Pues yo pienso otra cosa: esto debe ser eso que llaman literatura.
—¡Qué dices! Eso es un mito y, si no lo es, no seremos nosotros quienes encontremos un testimonio de literatura. Deja eso a los chairmen.
—Vale, no vamos a quebrarnos la cabeza, pero observemos los fragmentos. Son demasiado duros, ¿no crees?, no es verosímil que estas cosas ocurrieran,… Es todo muy forzado, muy dramático, las cosas no pudieron ser así, eso es fruto de una mente febril. Ya sabes, nos han enseñado que había algunos, llamados poetas, muy exaltados.
El estudiante jugueteó con el inhalador, algo nervioso.
—Te he dicho que es un mito, al menos para la mayoría. Ten en cuenta, además, que de alguna manera tuvimos que llegar hasta aquí, de algún modo saltaron las ataduras antiguas.
—Sí, pero a las formas de sociedad se llega normalmente de forma paulatina, por reformas. Ninguna sociedad ha aguantado esas situaciones tan graves sin estallidos terribles. ¿Hemos aprendido en la escuela que pasara algo?
—No, aparte de alguna gamonada aquí o allá, no pasó nada, ni aquí en Andalucía ni en toda España ni en ningún sitio.
El estudiante frunció el ceño y reflexionó unos segundos.
—Te concedo que algunas cosas me suenan raras, pero a mí todo lo de aquella época y todo lo que hemos visto más allá de la valla de seguridad me resulta incomprensible. Aunque yo estoy aquí por obligación, no para darle vueltas a las cosas. Eres una escrupulosa.
—Y tú un frívolo. ¿Qué es eso que te suena raro?
—Desde que menciona la Ley de Reclusión Obligatoria  en realidad no cuestiono nada. Sin embargo, si me pongo a pensarlo un poco hay ciertas cosas… En el fragmento “El sueño europeo de Fátima” habla de inmigrantes que viven sin control absoluto de la seguridad del Estado, lo pasan muy mal, pero andan libres. En otro apartado habla el tal Calero de una Plataforma de Afectados por la Hipoteca; si no supiéramos que había asociaciones que podían ir en contra de las empresas, me costaría creerlo. O eso de que una empleada tuviera capacidad digital y acceso a internet y al mismo tiempo no pudiera disponer libremente de su cuerpo en el mercado de órganos. Es inaudito.
—¿Tú lo ves? Son situaciones que no se tienen en pie. Esto no podía ser así hace un puñado de años, cuando nuestros padres eran adolescentes.
Ahora fue ella, tras un acceso de tos, quien sacó su inhalador e inspiró intensamente.
—Para serte sincera también tengo mis dudas. Hay fragmentos que me han recordado mucho a los informes psico-sociales sobre los riesgos de la adicción a la intervención del Estado. Creo que esos apartados sobre el Estado del Bienestar son reportes de psiquiatras o sociólogos competentes sobre cómo producía miseria y violencia. También me ha llamado mucho la atención el fragmento sobre el Consejo de Ministros, parece un manual de la Nueva Sociedad Libre. Desde luego, ahí no hay literatura ninguna, ni siquiera Ficción verdadera, es pura ciencia.
Ambos estudiantes quedaron en silencio y cavilosos. Se miraron serios.
—En cualquier caso, es un gran libro. Acabo de entender por qué los sub-ciudadanos y los pobres no deben aprender a leer y nosotros sí.
—Desde luego.

César Fernández Le Gal 

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