El sonido
incandescente de una guitarra eléctrica se derrama por la habitación. Con veintisiete
dólares en el bolsillo, espera al camello para volver a sentirse el hijo
bastardo de Jesucristo. Dentro de un rato, volará de un sitio a otro o se paseará
por el lado más salvaje. Más tarde, solo, beberá y llorará y después tan solo
será un lobo herido en la nieve, un soldado yanqui mutilado en Vietnam, el
espíritu errante de Edgar Allan Poe, un hombre asustado entre las ruinas de Berlín,
o tal vez, el tipo que disparó a John Fitzgerald Kennedy en Dallas. Ya está listo
para atravesar el fuego.
Este poema pertenece a mi libro La mirada del jazz (Editorial Alhulia, 2006) y está dedicado a
Lou Reed (Freeport, Long Island, Nueva York, 2 de marzo 1942 -
27 de octubre de 2013) uno de los músicos más importantes e influyentes de la
historia de la música contemporánea. Lou Reed acaba de morir hace unas horas.
Descanse en paz.
como coñac, como equinoccio de las raíces arrojadas contra la noche
ResponderEliminarjodida la boca que habla, cuando ya se está listo para cruzar el fuego... ya nadie alcanzará, ni una sombra encima, ni un pecado
que allí... nos ciegue, porque fue furor.
Amén
ResponderEliminarCual Blues Circusntancial en Re sostenido, sin clave de sol, caminas Lou al borde del camino...adiós Lou Reed...nos estamos viendo.
ResponderEliminarGracias Eduardo por esas hermosas palabras.
ResponderEliminarRafa
Pues sí, seremos muchos en todo el mundo los que echaremos de menos a una de las figuras capitales de la música contemporánea.
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