Las olas empaparon mis botas, mis calcetines, los bajos de mi pantalón. No consiguieron borrar las ganas de verte. Un perro, a lo lejos, empezó a ladrarme. Creo que el hijoputa se reía de mí. Varios autobuses se detuvieron en el paseo marítimo. Se bajaron varios grupos de turistas japoneses, con sus cámaras fotográficas último modelo y/o sus cámaras de vídeo. Ahora soy el chico más triste de las televisiones de Japón. Yo y mis botas mojadas por el agua salada de las olas.
al viento le digo...
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(gracias, querido summers)
Si yo fuera el gobernante de un país en el que en un día escapan 49.000
personas, ¿no sería el momento de preguntarme si no ser...
Hace 11 horas
"El chico más triste de las televisiones de Japón", me gusta esta frase. Me gusta tu blog, tiene fuerza y belleza, aunque a veces toca aspectos que producen escozor. Me gusta pasear por tu margen izquierda.
ResponderEliminarJavier