El hombre luce una inquietante sonrisa. Va afeitado con pulcritud. De su oreja derecha cuelga un pequeño aro dorado. Viste con elegancia. Se mira en el espejo y reconoce en él a un hombre satisfecho consigo mismo, un hombre capaz de conseguir cualquier cosa que se proponga. El hombre de la sonrisa inquietante está a punto de salir a la calle a matar a otro hombre. No es nada personal. No tiene nada contra él. Ni siquiera lo conoce. Es, simplemente, un encargo más. El hombre de la sonrisa inquietante se gana la vida matando a otras personas. Es un asesino a sueldo. Pero no uno del montón. Él es el mejor.
Tormentas imaginarias, de 091, poniendo orden a lo imprevisible
-
Carmen K. Salmerón viaja hasta 1993 para rescatar el sexto álbum de estudio
de 091, *Tormentas imaginarias*. Un disco que destacó por su rock sólido y
la...
Hace 20 horas
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.