miércoles, 18 de junio de 2014

Algunas ideas para el discurso de Felipe VI



¿Alguna idea?, esa ha sido la pregunta que el principito les ha lanzado esta mañana a los periodistas que cubrían el que va a ser uno de sus últimos actos como príncipe, antes de que mañana sea nombrado rey de España, como si aún viviésemos en el siglo XV, en vez de en el XXI. La anécdota ha tenido lugar en una reunión del patronato del Instituto Elcano, donde Felipe de Borbón había acudido para presidir el acto, arropado por lo más granado del neoliberalismo nacional: Felipe González, José María Aznar y José Luis Rodríguez Zapatero, además de los actuales ministros de Exteriores, José Manuel García Margallo; Defensa, Pedro Morenés; y Educación, Cultura y Deporte, José Ignacio Wert, seis tíos a los que ninguna persona de bien les daría ni los buenos días. Antes de entrar en dicha reunión, un periodista le ha preguntado al príncipe que si ya tenía preparado el discurso de mañana, a lo que este ha aprovechado para soltar la bromita.
Pues vale. Yo sí tengo alguna idea para que las use en su discurso. Y se las cedo absolutamente gratis. Que no se diga.
Por ejemplo, el Príncipe de Asturias podría empezar mañana su histórico discurso hablando de la pobreza infantil que asola nuestro país, que ya alcanza la nada despreciable cifra del 30% de la población infantil. En el mismo párrafo podría añadir algunos datos escalofriantes, como por ejemplo,  que España, el país del que él va a ser rey, es el segundo estado de la UE con la tasa de pobreza infantil más elevada, detrás de Rumanía, que ocupa el primer puesto del ranking. También podría decir, ya puestos, que el 24% de las niñas y niños españoles no comen frutas y verduras todos los días, y no porque no les guste, sino porque sus padres no tienen para comprarla.  
También sería magnífico que mañana en su discurso se acordara de las 500.000 familias que han perdido sus hogares desde 2008 hasta este momento por los diferentes procedimientos de ejecución hipotecaria. Me encantaría que se preguntara en voz alta dónde viven ahora esas personas, dónde duermen, dónde hacen sus hijos los deberes que les ponen en el cole. Me gustaría que se preguntara porqué los poderes públicos no cumplen a rajatabla el Artículo 41 de la Constitución española de 1978, esa que tanto gusta a los neoliberales, y que dice, así: Todos los españoles tienen derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada.
Otro tema que le sugiero para su discurso es el paro. Estaría bien que se acordara de los seis millones de parados, de los cuales algunos ya llevan cuatro o cinco años sin trabajar; me gustaría que se acordara de los que cobran 426 euros y me gustaría que se acordara aún más de los que no cobran ni un puto euro y viven de la solidaridad familiar o directamente de la caridad. Me gustaría que no se olvidara de los que un día y otro día y otro día salen a la calle con la esperanza de encontrar un curro aún a sabiendas de que la cosa es bastante complicada. Me gustaría que hablara de la generación perdida (y no me refiero a la de Hemingway) de jóvenes españoles que se han tenido que ir a Alemania u otros lugares a que los engañen, los exploten y los puteen.
También puede hablar en su discurso de la educación pública, de la sanidad pública, de la televisión pública, de la cultura, de cómo el actual gobierno —y otros gobiernos anteriores— se las han ido cargando poco a poco, deteriorando servicios que nos pertenecen a todos, y que ellos están desguazando como si fuese un coche viejo. Podría hablar de  los recortes en becas, en profesorado, en sueldos, en inversión sanitaria, en i+d, etc., etc.  
Otro tema interesante puede ser el de todas esas mujeres que viven acojonadas, amenazadas, maltratadas, puteadas, sin que los poderes públicos hagan nada por ellas (bueno, miento, sí hacen: cuando ya las han asesinado, guardan un minuto de silencio por sus vidas).
También debería hablar del déficit democrático que padece la sociedad española, de las leyes fascistas que el Partido Popular ha aprobado o está a punto de aprobar, y cuyo único fin es acojonar a la gente, acabar con las protestas, y volver a apretar los grilletes. Llegados a este punto, Felipe VI podría tener un grato recuerdo para Carlos y Carmen, para Miguel e Isma, para Iñigo, para Alberto, y para todas las personas que están detenidas, condenadas y encarceladas por su activismo social. Ese sería un gesto que nunca olvidaríamos.
Por supuesto, y dado que su madre es extranjera, el principito no debería olvidarse en su discurso de las mujeres y hombres que vienen de otros países buscando una vida mejor. No debería olvidarse de las vallas de Melilla y Ceuta, no debería olvidarse de los Centros de Internamiento de Extranjeros (los nuevos campos de concentración) y no debería olvidarse, bajo ningún concepto, de las malditas concertinas.
Yo creo que con esos temas ya tiene para escribir un buen discurso del que seguro se hablaría durante mucho, mucho tiempo. Y por cierto, ¿qué opinaría Rajoy de un discurso que tocara todos estos puntos?

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