La
lluvia. La noche. El océano. El vino. El deseo. El color azul del cielo. Una
caricia. Una canción. Una novela negra. Una película de Coppola. Los paraísos
perdidos. Un poema. Un verso. Un beso. La derrota. La victoria. Las guitarras
eléctricas. Una rosa roja. Los jazmines blancos. La hierba verde. El agua
fresca. El café amargo. Tu risa. Una lágrima. Un solo de trompeta. La verdad.
La nieve. Los árboles. Las hojas secas. El otoño. Los fines de semana. La
siesta. El amor. El ron de caña. Un cuadro de Picasso. Las bicicletas. La luna
llena. Una manzana. Un mordisco. Tu saliva. Tus uñas en mi espalda. Tus
braguitas sobre mi cama. El silencio. El viento. El teatro. La paz. Nueva York.
La Habana. Los trenes. Las velas de colores. El olor a tierra mojada. La
madrugada. Una cerveza bien fría. Una gota de rocío. Los delfines. Las
ballenas. La comida italiana. Portugal. Las resacas. Los gatos callejeros. Una
chimenea encendida. El pecado. El pescado. El reggae. El mes de abril. Los
castillos góticos. El tango. Tu nombre. Tu pelo. Tus ojos. Tu pijama. El
corazón. Una muñeca de trapo. La curiosidad. El pan caliente. Las sorpresas.
Las mañanas. La radio. Las estrellas fugaces. El carnaval. Los disfraces. El
pastel de chocolate. Paul Auster. Los sábados por la noche. La belleza. El
universo. Un paseo matinal. Los largos días de verano. Las calles bulliciosas.
El relato corto americano. Las infusiones. Los acantilados. Los bombones. Las
mariposas. Los haikus. Los cortometrajes. El sur. Bob Dylan y tú.
Javier Márquez Sánchez se interna en el Madrid de los 60 en una intensa
novela negra
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Efe Eme acaba de publicar en “Intermitente” (nuestra colección no musical), *Una
oración por los condenados*, la nueva novela de Javier Márquez Sánchez.
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Hace 16 horas
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