viernes, 24 de mayo de 2013

Grandes derrotas y pequeñas victorias (Crónica de una lectura poética en Ronda)





El pasado viernes, 10 de mayo, estuve en la ciudad malagueña de Ronda, invitado por el Ateneo Republicano de dicha ciudad para hacer allí una lectura pública de mis poemas. Tras un par de horas de viaje en coche atravesando un paisaje de ensueño, llegué a Ronda a eso de las cinco y media de la  tarde. Habíamos quedado a las siete, así que me senté a tomar un café en la terraza de una cafetería, mientras terminaba de leer la novela Suicidio perfecto, de Petros Markaris y hacía tiempo hasta que Enrique, factótum del ateneo, un comunista de los pies a la cabeza, extraordinaria persona, todo él amabilidad y camaradería, y un trabajador incansable en pos de un mundo más humano, me recogiera. 
 
Cuando llegó y tras los saludos de rigor, nos dirigimos hacia el Centro cívico san Rafael, lugar donde se iba a celebrar la lectura poética. Llevé a cabo un repaso por mis libros de poemas, leyendo algunos de los versos que más me gustan, los más sociales, los más combativos, de cuantos he escrito hasta la fecha. Me sentí muy cómodo leyendo, y la gente me hizo preguntas y comentarios muy enriquecedores. Para la mayoría de ellos suponía su primer acercamiento a mi obra, y según me comentaron después, tomando una cerveza, les había resultado muy interesante, sobre todo la mezcla de lirismo y poesía sociopolítica.

Después de la poesía, nos acercamos a una taberna del pueblo a tomar una cerveza. Allí seguimos hablando, por supuesto, de literatura, de música, de la situación política, del paro y de otras muchas cosas. Es, en esos momentos, cuando uno puede tomar el pulso a los pueblos y a los seres humanos y cuando la entropía comienza a funcionar. 
Durante las pocas horas que pasé en Ronda, conocí a José Guerrero. Este hombre es uno de los catalizadores del 15M en la ciudad de Ronda. Se trata de un tipo de unos cuarenta y tantos años, menudo y nervioso. Lleva barba que ya pinta canas y luce una gorra albertiana que va muy bien con su talante libertario y combativo. Es electricista de profesión, en paro, como tantos y tantos otros, aunque ahora tiene unas gotitas de esperanza de encontrar algo por la zona de Madrid, donde según él, aún hay una pequeña oportunidad para la gente de su profesión. ¡Para que luego nos vengan los empresarios con el cuento de que la gente no quiere moverse de su casa para currar! Allí en su pueblo, en estos momentos, sólo encuentra alguna chapuza muy de tarde en tarde, y la mayoría de las veces, la hace gratis porque se trata simplemente de arreglos en casas de ancianos o parados que no es que no quieran pagar, es que ni siquiera pueden.   

Mientras que yo desayunaba y él se tomaba un café solo, lo bombardeé con mil y una preguntas sobre el pueblo y la zona en general. Me hizo una radiografía bastante nítida de la situación en que se encuentra Ronda, una ciudad de unos treinta y cinco mil habitantes, gobernada por una alcaldesa del Partido Popular, que idolatra a Esperanza Aguirre, coaligada con los andalucistas. Por lo que pude ver, Ronda es una ciudad muy conservadora y pequeñoburguesa, donde los legionarios se vuelven omnipresentes (confieso que me dio cierto repelús ver a tantos tíos vestidos de militares, lo que me hizo pensar que estaba en una ciudad tomada por el ejército más que en una ciudad abierta y acogedora de la provincia de Málaga) y en la que llevar a cabo una labor de concienciación y lucha colectiva es toda una proeza. En Ronda, a día de hoy, hay más de seis mil demandantes de empleo. Unos datos que tumban de espaldas. En el pueblo la industria es escasa, lo mismo que la agricultura y la ganadería, y todo ello, a pesar de que el vino de la comarca ya aparece nombrado en la literatura latina. La mayoría de la gente trabaja en el sector del turismo, o sea, muchos camareros/as y dependientes/as en los comercios locales. Y poca cosa más. Cuando llega la temporada alta del turismo en la Costa del Sol, un gran número de personas prepara el petate y se va para la capital, o para poblaciones como Marbella, Fuengirola, etc., a buscarse las habichuelas como buenamente pueden o les dejan. Ronda no es sino el espejo de otras poblaciones andaluzas y españolas. 

Cuando le pedí a José que me hablara del 15M, me contó que básicamente están centrados en el tema de los desahucios, pues es lo más importante y lo más urgente. Según los datos que maneja la asamblea del 15M, en lo que va de año, ya se han producido más de 40 desahucios, y calculan que para finales de este 2013, habrán alcanzado la terrible cifra de doscientos. Y todo ello, a pesar de las protestas, las sentadas, las reuniones y todas las movidas que el colectivo está llevando a cabo, que no son pocas. José me contó, con un brillo en los ojos y una sonrisa en los labios, que el lema del 15M en Ronda es Parados, sí; quietos, nunca. No obstante, no todo eran malas noticias, pues la asamblea del 15M había detenido varios desahucios y había conseguido que los bancos aceptaran la dación en pago en varias ocasiones. Sin duda, pequeños triunfos que hacen que la lucha sea menos amarga, como él mismo reconoce.
Nos pedimos otro café y seguimos hablando, ahora también con el camarada Enrique, que se ha unido a nosotros. Y en la conversación aparecen datos, números, nombres propios, partidos políticos y sindicatos. Hablamos de lealtades y de traiciones. De grandes derrotas y pequeñas victorias. Los dos se quejan de lo desigual y duro que es el combate en una población tan conservadora como Ronda, de lo difícil que resulta remar cuando un viento huracanado sopla completamente en contra. Y yo sé muy bien, por mi propia experiencia, de lo que me están hablando.
Cuando llega el momento de irme, nos fundimos en un abrazo fraternal y les pido a los dos, a José y a Enrique que no decaigan, que aguanten, que sigan en la lucha, codo con codo con aquellas mujeres y hombres del pueblo que no están dispuestos a dejarse derrotar por la desgana y la indiferencia, una de las mejores armas con que cuenta el capitalismo para desmoralizar al adversario. Tal vez ellos, cegados por la cercanía de los árboles, no acierten a ver lo importante que es su lucha, a pesar de todos los sinsabores y amarguras que les pueda reportar y los pocos éxitos y las escasas alegrías que les depara. Y los dos me dicen que por ahora, mal que les pese a muchos, no está entre sus planes más inmediatos tirar la toalla.  


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