miércoles, 29 de julio de 2009

41 disparos sobre la piel americana

El día cuatro de febrero de 1999, un hombre llamado Amadou Diallo murió asesinado en las calles de Nueva York. Esto tiene poco de particular. En realidad son cosas que pasan, pensarán algunos. En una ciudad como Nueva York muere gente a cualquier hora del día o de la noche de manera violenta. No obstante, la historia de Amadou sí tiene algo de particular. Y es que este hombre, africano, guineano para más señas, 23 años, que había emigrado a los Estados Unidos buscando la tierra prometida, encontró la muerte a manos de la policía de Nueva York. Amadou recibió 41 disparos cuando cuatro agentes confundieron su cartera con una pistola. Cuarenta y un disparos. No uno, ni cinco, ni veinte. No. Cuarenta y uno. Amadou no era un delincuente, no traficaba con drogas, ni había cometido ningún tipo de delito. Sólo trataba de matricularse en la universidad para estudiar informática y poder buscarse la vida de la mejor manera posible. Muchos son los que han contado la historia de Amadou en canciones, películas, poemas, etc. Bruce Springteen escribió una canción a la que llamó "American Skin (41 shots)" que levantó una terrible polvareda. La Policía de Nueva York intentó por todos los medios silenciar al Boss, pero, evidentemente, no lo consiguió.

viernes, 24 de julio de 2009

Sólo porque te amo, de Langston Hughes

Sólo porque te amo.
Por esa razón
mi alma se llena de color
como las alas de una mariposa.


Sólo porque te amo.
Por esa razón
mi corazón es una hoja de álamo temblorosa
cuando pasas a mi lado.

jueves, 23 de julio de 2009

La grandeza de Omega

El otro día me volví a comprar un ejemplar de Omega, el trabajo conjunto que en 1996 realizaron el cantaor granaíno Enrique Morente y sus paisanos, los Lagartija Nick. Digo que me lo volví a comprar porque ya en su momento, cuando apareció a mediados de los años 90, lo compré, pero me lo robaron y ahora, aprovechando que ha sido reeditado y remasterizado, me lo he vuelto a conseguir. También, quizás, influido por el hecho de que el día 9 de julio los estuve viendo en Córdoba, en el Festival de la Guitarra.
Por cierto, el cd me lo compré en Subterránea, la magnífica tienda de música, tebeos, libros y otras hierbas que mi amigo Paco Cano tiene en Granada, frente al Planta Baja. Os la recomiendo fervorosamente.
En fin, vamos a lo que nos interesa: Omega. Vaya pedazo de disco. Es tremendo. Supongo que ya lo conocéis, pero en el hipotético caso de que no sea así, ya estáis tardando en comprarlo. Mira que los Lagartija Nick no son santos de mi devoción, pero en estas canciones están inconmensurables. En Omega se dan la mano varios universos paralelos: la genialidad poética del Lorca neoyorquino y surrealista; un Leonard Cohen racial y metafísico; el caos absoluto de los Lagartija y la libertad creadora del maestro Morente. De esta amalgama sólo podía surgir un milagro. Y así fue. Trece temazos de los cuales es difícil quedarse con uno, pero donde destacan, sobre todo, el propio "Omega" ("El poema de los muertos" de Federico) con sus samplers de cantaores del primer tercio del siglo XX; "La aurora de Nueva York", con música de Vicente Amigo; la versión del "Aleluya" de Cohen, donde se puede escuchar la voz de una jovencísima Estrella Morente y "Vuelta de paseo", mi tema favorito del cd y probablemente el mejor momento musical de los Lagartija Nick en toda su carrera con un Erick tocando la batería de manera apabullante. Pero esto por decir algo, pues en realidad, desde la primera a la última nota del disco, estremece, escuece y duele. Y al final, te deja como en trance. En ese orden. Obra maestra. Y punto.

miércoles, 22 de julio de 2009

Arte, de Charles Bukowski

cuando el
espíritu
se desvanece
aparece
la
forma

sábado, 18 de julio de 2009

Enterrar a los muertos

La vida te dirá quién es Dios
Ramiro Pinilla

En julio de mil novecientos treinta y seis
María tenía siete años.
Su hermana pequeña, Isabel, tres.
En noviembre de dos mil ocho
son dos ancianas de pelo blanquísimo
y rostro arrugado y bondadoso.
Están en el Informe Semanal
y miran directamente a la cámara
al contar su historia.
La cámara ofrece un plano corto, cortísimo
de unos ojos negros como una noche sin luna.

Llegaron de madrugada
—cuenta María—.
Me acuerdo como si lo estuviera viendo
ahora mismo.
Mi padre abrió a medio vestir.
Entraron como caballos, dando voces,
culatazos con las escopetas…
Eran siete. Falangistas de nuestro pueblo.
No se me olvidará en la vida.
A mi padre le dijeron de todo:
Ateo cabrón, hijoputa, maricón,
anarquista de mierda.
Nos vamos a follar a tu mujer.
Eso también lo decían.
Mi madre gritaba y lloraba sin parar
con mi hermana Isabel en los brazos.

Ahora,
la cámara enfoca a la hermana menor,
que aún no ha dicho ni una palabra.
Sólo lágrimas transparentes,
diminutas metáforas de una vida silenciada.
María coge la mano de su hermana,
la acaricia,
como si aún fuese una niña chica,
y sigue con su relato:

Se llevaron a mi padre y a mi hermano Miguel.
Tenía quince años
y los ojos más hermosos que he visto en mi vida.
Trabajaba con mi padre en el campo.
Un sol, eso era mi hermano.

En este punto,
María no puede contener las lágrimas
y las deja que salgan en tropel,
mientras se las enjuga con un pañuelo.

Mi padre trató de defenderse,
porque otra cosa no,
pero valiente era como el que más.
Uno de ellos se acercó y le pegó
con la escopeta en la barriga.
Nosotras tres seguíamos llorando y dando gritos.
No me dio tiempo ni a darles un beso.
Los subieron en un camión
con otros vecinos del pueblo
y se alejaron en la oscuridad.
Nunca más volvimos a verlos.
Ni vivos ni muertos.
Durante cuarenta años
no podíamos ni nombrarlos.
Mi madre se murió con esa pena en el corazón.
No pasó ni un solo día sin que llorara por su marido
y por su hijo Miguel.
Cuando llegó la democracia,
el conductor del camión nos señaló
la fosa común,
junto a la carretera,
donde están enterrados.
Lo único que nosotras queremos
antes de morir
es enterrar a nuestros muertos.
Enterrarlos como Dios manda,
en una tumba del cementerio,
enterrarlos como se entierra a las personas,
no como se entierra a los perros rabiosos.
Es lo único que le pedimos a Dios.


Este poema pertenece a mi libro Versos de alambre de espino. Su título está tomado del magnífico libro de Ignacio Martínez de Pisón, Enterrar a los muertos. Está dedicado a todas aquellas personas que, a día de hoy, 18 de julio de 2009, siete décadas después del terrible golpe de estado fascista, tratan de recuperar los restos de algún ser querido fusilado en la Guerra Civil o en la interminable posguerra. Ya sabemos que las trabas burocráticas son tremendas, porque hay mucha gente interesada en correr un tupido velo sobre este macabro episodio, No obstante, creo que merece la pena seguir luchando por recuperar la memoria, y sobre todo, los restos, de todas aquellas mujeres y hombres. Para que su muerte no fuese en vano.

jueves, 16 de julio de 2009

Esta máquina mata fascistas

Érase una vez un joven americano. Tocaba la guitarra. Cantaba canciones. Viajaba por todo su país en trenes de mercancía, desde Seattle hasta Los Ángeles, desde Nueva York a Nueva Orleans. Caminaba sin rumbo por caminos polvorientos o se dejaba empapar por tormentas de verano. Dormía al aire libre y a veces comía y otras veces no. Alegraba con sus viejas melodías de blues y de folk a los recolectores de fruta de California o a los trabajadores de los campos petrolíferos de Texas. Sus canciones hablaban de hombres sencillos, hombres como ellos, de sus inquietudes, de sus problemas, de sus sueños. Este hombre era odiado por los patronos, por los capitalistas, por la policía de cualquier pequeña población. Pero el pueblo trabajador, la gente corriente, las mujeres y los hombres que habían perdido sus hogares durante la Gran Depresión, los que luchaban como titanes para sacar a sus hijos adelante, los que no tenían donde caerse muertos, esos, digo, lo adoraban. Ese hombre se llamaba Woody Guthrie y en la caja de madera de su guitarra se podía leer: Esta máquina mata fascistas.

martes, 14 de julio de 2009

Ciento trece años

El día 14 de julio de 1896 (hace exactamente hoy ciento trece años) venía al mundo en la ciudad de León, José Buenaventura Durruti Domange, hijo de Santiago Durruti y Anastasia Dumange. Obrero, militante anarquista desde su juventud, luchador infatigable en pos de la Revolución proletaria, defensor de mil y una causas, rebelde hasta el tuétano, valiente y solidario, perseguido durante toda su vida por "pistolas amarillas y caballos", como cantó el poeta Victoriano Crémer en su "Fábula de Buenaventura Durruti". Una vida vivida al límite, repleta de cárceles, de condenas a muerte, de difamaciones, de hambre y miseria, pero por encima de todo una vida repleta de dignidad, la dignidad que otorgan la razón, la verdad, la honestidad y el valor. Buenaventura Durruti, anarquista...

lunes, 13 de julio de 2009

REALISMO SUCIO (Charles Bukowski)

Sucio.

Como las calles de una gran ciudad.
Como las ropas de un vagabundo.
Como las manos de un psychokiller.
Como el alma del Presidente de los Estados Unidos
de América.
Como los deseos de un pederasta.
Como la parte de atrás del Paraíso.
Como un corazón en descomposición.
Como el cráneo de un suicida que acaba de apretar
el gatillo.
Como las venas de un yonki.
Como las treinta monedas de plata que cobró Judas
el Iskariote.

Sucio.

Eso es.

Completamente sucio.

(Este es otro de los poemas incluido en mi último poemario, Versos de alambre de espino. Este poema está dedicado, obviamente, a la memoria de mi escritor favorito: Charles Bukowski, un tipo que hizo durante toda su vida lo que le salió de la polla, un escritor que jamás se sometió a las reglas macabras del mercado, un poeta que vivió totalmente al margen del establishment cultural norteamericano, dominado por el conservadurismo universitario y por la estupideszdel bestseller. Y a pesar de las críticas malintencionadas de los bienpensantes, su obra perdurará en el tiempo mucho más allá de lo que podamos imaginar. Como los grandes clásicos.)

sábado, 11 de julio de 2009

Contestador automático

Estoy en guerra con tu contestador,
estás llamando al 958363004,
odio la fría voz automática,
en estos momentos no puedo atender tu llamada,
que pretende ser tú,
deja grabado tu mensaje al oír la señal,
y siempre me cuenta las mismas mentiras,
y me pondré en contacto contigo,
pero nunca haces nada parecido,
a la mayor brevedad posible.



Este poema está incluído en mi primer poemario, Los poemas del frío, publicado en el año 2000 por la editorial granadina Ediciones Osuna. Se trata de un primer libro ambicioso, pero imperfecto, como suelen ser casi todas las primeras obras de cualquier autor, pero al que yo tengo bastante cariño y del que creo que tenía una calidad media bastante aceptable. También creo que en sus páginas ya estaban todas las coordenadas que más o menos he ido desarrollando posteriormente. Se puede decir que este libro contiene un puñado de buenos poemas, que no es poco. Además, Los poemas del frío estaba envuelto en una hermosísima, gélida, dura portada de, una vez más, Rafael Quintero. Para quien no lo haya visto nunca, se trata de una serie de agujas que atraviesan un papel, dispuestas a la manera de los versos de un poema. De este libro, el novelista Manuel Villar Raso hizo una reseña que se publicó en la revista Ficciones, y que acababa con este párrafo: "Rafael Calero (...) es lírico y decriptivo a un tiempo. Con palabras sencillas, que suenan en todo momento como disparos de fusil, nos cuenta historias en cada poema y sus frases son de una sensualidad tierna, llevan una fuerza insaciable. Su mundo tiene ciertamente un claro olor a sangre, como si bordeara en cada línea el filo de una navaja; pero sin abandonar en ningún momento ese rico tapiz de aromas, luces y colores que provocan una lectura deslumbradora."
Por supuesto, Los poemas del frío está completamente descatalogado, así que si te encuentras por casualidad un ejemplar en una tienda de segunda mano, píllalo. Creo que merece la pena.

viernes, 10 de julio de 2009

Un poema de Stephen Crane (La traducción es mía)

In the desert
I saw a creature, naked, bestial,
Who, squatting upon the ground,
Held his heart in his hands,
And ate of it.
I said: “Is it good, friend?”
“It is bitter–bitter,” he answered;
“But I like it
Because it is bitter,
And because it is my heart.”


En el desierto
Encontré a una criatura, desnuda, bestial,
Que, agachada en el suelo,
Sostenía entre las manos el corazón,
Y lo mordía.
Le pregunté: “¿Está bueno, amigo?”
“Está muy amargo,” me respondió;
“Pero me gusta
Porque está amargo,
Y porque es mi corazón.”

lunes, 6 de julio de 2009

Globalización

Un ejecutivo de una multinacional japonesa deja sin trabajo a quinientos obreros en Linares, Jaén. El motivo alegado es que las previsiones macroeconómicas para este año habían sido erróneas.

Cuatro adolescentes senegaleses mueren ahogados en las luminosas playas de Gran Canaria al hundirse el cayuco con el que pretendían acceder al sueño europeo. Un grupo de turistas suecos miran, entretenidos, sin acabar de entender muy bien de qué va la película, mientras se tuestan al sol y beben ron con coca-cola.

Una familia rumana compuesta por el padre, la madre, y cinco hijos menores de doce años viven debajo de un puente construido con materiales alemanes de primera calidad y mano de obra portuguesa, en Carmona, provincia de Sevilla.

Una mujer de mediana edad pierde las dos piernas al pisar una mina anti-persona en el sur de la República del Congo. Antes de explosionar, en la mina se podía leer el siguiente rótulo: made in the European Union.

En un mercado de Bagdad, un joven soldado americano nacido y criado en Des Moines, Iowa, dispara con su metralleta automática australiana a un comerciante iraquí al que ha confundido con un terrorista suicida.

Un jubilado belga se folla a una niña de siete años en un barrio pobre de Bangkok. Al terminar le da a la madre de la niña una moneda manoseada de un euro.

domingo, 5 de julio de 2009

La mirada del jazz

La música de Louis Armstrong animando todos los burdeles que surcan el Misisipi. La voz hiriente que sale de la garganta de Bessie Smith. La máquina de hacer swing de Count Basie. Duke ellington y sus mil razones para vivir. Sydney Bechet y las viejas melodías de Nueva Orleans. Billie Holiday y su manera única de decir el blues. La poesía vanguardista de Lester Young escrita con su saxo tenor. La tristeza sutil de Sarah Vaughan. Charlie Parker haciendo llorar de belleza a Kerouac en un club de Chicago. Miles Davis, de espaldas al público, tocando “Time after time”. Una habitación mugrienta en un hotelucho de Ámsterdam donde Chet Baker va a saltar por la ventana. Una lágrima azul, bajando, despacio, por la mejilla negra de Nina Simone. Sonny Rollins leyendo, de madrugada, una novela de Chester Himes. Josephine Baker leyendo, de madrugada, un poema de Langston Hughes. La mano izquierda de Django Reinhardt. El alma negra de Benny Goodman. La libertad total de Dizzy Gillespie. Thelonius Monk paseando, el día de Navidad de mil novecientos cincuenta y siete, por las calles gélidas de Harlem. Ella Fitzgerald, que nunca conoció a su padre. La melancolía desgarradora de Bill Evans sentado al piano. Art Blakey y sus antepasados africanos. Ornette Coleman y el significado de la palabra revolución. John Coltrane paseando por caminos que aún no existen. El cáncer de hígado que arrebató la vida de Stan Getz. Fats Waller, viajando en un tren nocturno con destino a la muerte, el quince de diciembre de mil novecientos cuarenta y tres.
Miradas de jazz.

(De La Mirada del Jazz, Editorial Alhulia, 2006)

sábado, 4 de julio de 2009

Un regalo

Hoy te espero.
Sé que no vendrás
y te espero.
Espero que,
de un momento a otro,
suene el timbre
y aparezca
tu sonrisa tierna,
tus ojos transparentes,
abierto, tu vientre, ante mí,
tu sombra erguida
contra la pared,
y, como si tal cosa,
me preguntes:
¿Yo, por qué te quiero tanto?



Este poema está incluido en mi libro Desorden, un breve poemario (contenía sólo quince poemas, la mayoría de ellos, además, muy breves) publicado en una edición no venal en el año 2002 por la Concejalía de Cultura del Ayuntamiento de Salobreña, y fue fruto de una iniciativa cultural que yo mismo puse en marcha y dirigí durante un año, un Aula poética por la que pasaron otros poetas de diferentes sensibilidades como José Luis González Vera, Miguel Ávila Cabezas, Anunciatta Vinuesa o Enrique Morón. Ni que decir que el libro es completamente inencontrable.

jueves, 2 de julio de 2009

Mañana seré humo

María atravesó el espejo
mordiéndose los labios,
en busca de un sendero
q
ue llevara al otro lado.
Palpó a tientas en la semioscuridad
de aquel espacio geométrico
y allí, adivinó,
una estrella emergente
de color amarillo
y un beso de papel celofán,
no sabía muy bien
si naranja o rojo.
Se descalzó suavemente
sintiendo en sus pies
la calidez de un instante lejano
y garabateó sobre un muro,
Mañana seré humo,
con el dedo corazón
de su mano derecha.
Después se sentó a descansar
silbando una canción
que aprendió siendo muy niña
y ese momento
se congeló eternamente
en algún punto perdido
de su memoria.
Y súbitamente entendió
toda la magia
que se esconde
en las pequeñas cosas,
como el fuego purificador
que todo lo limpia,
como una lágrima transparente
que se escurre papel abajo,
como una uña inexperta
que se clava, ansiosa,
sobre la piel morena
que cubre el hueso,
como las olas nerviosas
que rompen en la playa.

Este poema está incluído en mi libro Hablando de amor con el cobrador del frac,
(Salobreña, Granada: Editorial Alhulia, 2004)

miércoles, 1 de julio de 2009

La banda sonora de una parte de mi vida II: canciones

En un post anterior dejé una lista de treinta discos españoles que han marcado alguna etapa de mi vida. Hoy dejo una lista de canciones, que, de igual manera, han supuesto un punto de inflexión en algún momento de mi existencia. He intentado hacer una lista de temas más o menos poco machacados, dejando a un lado las canciones que pueden resultar más obvias. (tipo "La chica de ayer", "Déjame" o "Cadillac solitario"). (¡¡¡Coño, me acabo de dar cuenta de que cada día me parezco más al protagonista de Alta fidelidad, aquella magnífica novela de Nick Hornby, en la que el tío se pasaba la vida haciendo listados de sus cosas favoritas!!!)
Y sin más dilación estas son las treinta elegidas:

1. La mala rosa, de Los Esclarecidos.
2. El futuro, de Kiki D'aki
3. Disco pocho, de Derribos Arias.
4. El dolor o la nada, de Nacho Vegas.
5. Corazones de cartón, de Enrique Urquijo y Los Problemas.
6. Gheishas en Madrid, de Ariel Rot.
7. Procuro olvidarte, de Bambino.
8. Haffa Cafe, de Luis Eduardo Aute.
9. No será, de Fangoria.
10. En tu nuca, de Estereocéano.
11. Un error de apreciación, de La Dama se esconde.
12. La edad de oro, de Loquillo y Trogloditas.
13. Sábado a la noche, de Moris.
14. Días de escuela, de Asfalto.
15. Mi primer amor, de Albert Pla.
16. Ese pedazo de onda, de Les Sales Biscuits.
17. La línea del frente, de Kortatu.
18. El lobo López, de Kiko Veneno.
19. Estación espacial, de Parade.
20. Mi rock perdido, de Los Rodríguez.
21. Nunca me enamoraría de noche (Jack Nicholson no miente), de Duncan Dhu.
22. Segundo premio, de Los Planetas.
23. Enamorados de Varsovia, de Los Ilegales.
24. Se nos rompió el amor, de Bernarda y Fernanda de Utrera.
25. El invierno secreto, de Santi Campos y Los Amigos Imaginarios.
26. Sol de mediodía, de Pablo Guerrero.
27. Rosa's Motel, de Las Ruedas.
28. Sin ti, de Los Elegantes.
29. La costa oeste, de Los Cardíacos.
30. El Polígono Sur, de Dogo y Los mercenarios.