domingo, 14 de junio de 2009

Flores de luna

El viernes pasado, en el programa Versión española de la 2, pasaron la película documental Flores de luna, de Juan Vicente Córdoba, guionista, productor y director de varias películas, entre las que destacan Aunque tú no lo sepas y A golpes. Tengo que empezar por decir que la película, a) me sorprendió en muchos aspectos; b) me encantó; c) me dejó un amargo sabor de boca.
Para quien no esté al tanto, Flores de luna cuenta la historia del barrio madrileño del Pozo del Tío Raimundo, en Vallecas. A través de varias generaciones de habitantes del barrio. Juan Vicente Córdoba hace una radiografía de lo que fue, de lo que es y de lo que pudo haber sido. Los más mayores van contando cómo llegaron a un lugar que era tan solo el campo, en medio de la nada, procedentes de las zonas latifundistas de Andalucía y Extremadura, y cómo haciendo un esfuerzo titánico consiguieron levantar sus chabolas, consiguieron llenar sus barrigas y las de su prole, y cómo prosperaron, aunque fuera de manera humilde y trabajando de sol a sol. Por supuesto, estos hombres y mujeres, sentados ante la cámara de cine, nos hablan de un mundo que de tan lejano, a veces parece ficticio. Pero, joder, no nos engañemos, aquel mundo era real como la luz del sol. La película destaca, ante todo, el alto grado de solidaridad de aquellas personas que nada tenían, pero que si hacía falta, prestaban a sus propios hijos con tal de que unos recién llegados levantaran cuatro paredes y la policía no las echara abajo. Y frente a la solidaridad, el esfuerzo, la capacidad de superación de aquellos primeros colonos del Pozo, está la incultura, el racismo, la insolidaridad, la pereza, la autocomplacencia, la adoración del Dios Dinero por parte de la juventud actual del barrio. Y es que por poner sólo un ejemplo, el Pozo del Tío Raimundo es, a día de hoy, uno de los lugares con más fracaso escolar de España (setenta por ciento, que se dice pronto). Hay un momento en la película en el que un hombre de una cierta edad comenta: "Nosotros, que carecimos de todas las oportunidades, nos moríamos por tener cultura, y los jóvenes, que lo han tenido todo en sus manos para conquistarla, la desprecian." Así de deprimente es el asunto Pero aún hay más. Los nietos de aquel lumpen proletariado procedente de los arrabales andaluces y extremeños más miserables y desarraigados, los nietos de aquellos anarquistas, comunistas, socialistas, odian con todas sus fuerzas a los ecuatorianos, a los rumanos, a los marroquíes, que como sus abuelos hace unas décadas, vienen hoy buscando una vida mejor, porque según dicen, "huelen mal y vienen a quitarnos el trabajo". Vivir para ver.
Mención aparte merece el Padre Llanos, toda una institución en el barrio. El Padre Llanos, de quien se recuperan imágenes y entrevistas de hace tiempo, evolucionó desde la ideología fascista (fue confesor del mismísimo Franco) en la posguerra hasta su afiliación al Partido Comunista a finales de los años setenta. Un tío que decidió dejar la riqueza y la seguridad que le ofrecía Madrid, para convertir a los rojos del Pozo y que acabó, oh, dulce providencia, convertido en rojo. Y es que la vida tienes estas cosas.

2 comentarios:

  1. Yo esta la vi aquí en Madrid y también me dejó sabor agridulce. Me fijé también en esas frases que has citado, al final creo que es lo que te queda, la sensación de que de ahí sólo se puede salir gracias a la cultura que desprecian.
    Si te gusta el cine documental "Septiembres", de 2007 también te puede gustar. Es una perspectiva diferente de la vida entre rejas, más humana y más real y sin buscar el impacto social, como ocurre en los reportajes.
    Lo del cura rojo lo conocía y me hacía recordar el libro de Giovani Guarechi.

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