lunes, 2 de marzo de 2015

Francisco González Ledesma: Descanse en paz.



Para todos los amantes de la novela negra española hoy es un día maldito. Ha muerto Francisco González Ledesma, el Boss, el Jefe de la Banda, como tan cariñosamente lo bautizó Paco Camarasa, dueño de la librería Negra y criminal de Barcelona. Y no por esperada la noticia tiene menos impacto. El creador del inspector Méndez deja tras de sí un legado que quita el hipo. Novelas como Las calles de nuestros padres, Expediente Barcelona, Crónica sentimental en rojo, Una novela de barrio, o Peores maneras de morir, su última obra, su testamento literario, donde se despedía, como sólo los más insignes escritores saben hacerlo, a lo grande. Nunca tuve la suerte de conocerlo en persona pero para mí es como si lo hubiera conocido. He leído toda su obra y siempre que he tenido ocasión he dicho que, en mi opinión, era el escritor español más importante de los últimos años.
En los últimos años he escrito varios artículos sobre su imponente figura literaria, sobre su obra, sobre su mejor creación, el inspector Méndez, ese policía medio ácrata, medio lumpen, que solía caminar por las calles del Barrio Chino barcelonés con los bolsillos llenos de libros. Para mí, la publicación de cada uno de sus libros suponía un momento de fiesta. Los esperaba como agua de mayo. El vacío que deja su muerte en miles de lectores será difícil de llenar. No en vano, Francis González Ledesma era, sin duda, el jefe de la banda. Y eso es algo que no podemos decir de todo el mundo. Descanse en paz.  



http://mimargenizquierda.blogspot.com.es/2009/09/el-ultimo-caso-de-lnspector-mendez.html

viernes, 27 de febrero de 2015

Insomnio (en Andalucía)



Andalucía es un país de más de ocho millones de cadáveres (según las últimas estadísticas).

A veces en la noche me despierto y me da por pensar que aquí, nunca cambia nada, todo permanece inmutable, por los siglos de los siglos: los jornaleros en paro, las duquesas explotadoras, los políticos corruptos, los exiliados de dentro y los exiliados de fuera,

y paso largas horas oyendo a los estúpidos que dirigen el cotarro, oyendo sus estupideces, escuchando sus mentiras, blablabla, siempre las mismas, siempre nuevas,

y paso largas horas oyendo a los mediocres, que esparcen por doquier su mediocridad, por los cuatro puntos cardinales de esta tierra secular, tierra de fenicios y romanos, tierra de filósofos y doctores árabes, que ahora yace sumida en la oscuridad,

y paso largas horas preguntándome el porqué de tanta ignominia, el porqué de tanta pasividad, el porqué de tanta miseria moral (y también económica) y el porqué de tanta estupidez,

por qué nos vamos pudriendo, más de ocho millones de cadáveres, más de ocho millones de mujeres y hombres, en esta tierra llamada Andalucía, por qué se pudre todo a nuestro alrededor.

Dime, ¿quién se aprovecha miserablemente de tanta podredumbre? ¿Quién obtiene beneficios de nuestra quietud, de nuestra incapacidad, de nuestra mediocridad? ¿Quién abona su huerto con nuestro dolor y nuestra putrefacción?

Hace siglos que tus fértiles tierras de cultivo permanecen inertes, yermas, vacías, mientras ocho millones de cadáveres vamos dejando un rastro de hedor a nuestro paso, mientras ocho millones de cadáveres nos vamos muriendo, una y otra vez, una y otra vez, y ya no se ve ningún pequeño rosal de día,

y todas las azucenas se han vuelto letales en Andalucía.

Nota: este poema está basado en el poema “Insomnio”, que abría el libro Hijos de la ira, de Dámaso Alonso.

miércoles, 18 de febrero de 2015

Arturo Fernández, la jeta más dura del neoliberalismo hispano



¡Qué tipo, el Arturo Fernández! Uno no sabe muy bien si deberíamos encerrarlo en la cárcel bajo siete llaves y tirarlas todas a la Fosa de las Marianas para que no salga en la puta vida de allí o erigirle una estatua —con cargo al erario público, of course, o en su defecto a Bankia, que más o menos en Madrid viene a ser lo mismo— en la plaza más importante de la capital.
Resulta que el que fuera responsable máximo de la patronal madrileña CEIM y en la actualidad ocupa el cargo de presidente de la Cámara de Comercio de Madrid, ha pasado hoy por los juzgados para declarar en calidad de imputado ante el juez Andreu por el saqueo de las tarjetas black de Bankia. Sabemos por lo publicado hasta la fecha en diferentes medios de comunicación que, de los 15 millones y medio de euros que se ventilaron entre 82 consejeros de la caja madrileña, Arturo Fernández contribuyó con 37.200 euros. Y de esa cantidad, 10.495 se los gastó, en su propia cadena de restaurantes. ¿Es o no es un genio? Que te dan una tarjeta libre de impuestos y de control para gastar como si no hubiera mañana, pues qué mejor que ir a comer a tus propios restaurantes.
Cuando ha sido preguntado por el juez Andreu a qué obedecía eso de gastarse diez mil euros en sus propios restaurantes, ni corto ni perezoso, Fernández ha contestado que lo hizo básicamente por dos razones: la primera, porque sus restaurantes son más baratos y la segunda, porque son suyos. Tendría que haber añadido una tercera: Porque me salió de los cojones, señoría. ¿O es que ahora uno no va a poder gastarse diez mil euros en su propia casa? No sé qué opinará el juez de estas respuestas pero a mí, dado que la tercera, que todos sabemos que es la verdadera, es producto de mi mente perversa, sólo me convence la segunda. Porque de baratos, dado el total de la factura, no es que sean muy baratos. Pero aún hay más. Cuando el juez le ha vuelto a preguntar que si esa práctica de consumir en sus propios restaurantes le servía para redondear las cuentas de su empresa, el tío, más chulo que un ocho, no ha dudado en responder con un categórico: Pues sí. Con un par.  
Además de todo esto, Arturo Fernández le ha dicho al juez que no veía nada extraño en que le dieran una tarjeta para gastar sin ningún tipo de justificación y sin ningún tipo de control. ¿Se puede tener más jeta? Sigue leyendo y decide, querido/a lector/a.
Además de los diez mil euros que el propio Fernández invirtió en sus restaurantes, su cuñado Díaz Ferrán (dios los cría y ellos se juntan), se gastó también una buena pasta en comiditas. Entre marzo de 2008 y octubre de 2009, Díaz Ferrán, que como es bien sabido ahora come todos los días gratis en Soto del Real, comió en los restaurantes del cuñado 54 veces. Si las cuentas no me fallan, y os puedo asegurar que no me fallan porque las he hecho con calculadora, cada una de esas comidas de Díaz Ferrán salió por la friolera de 155555 euros. Y todavía tiene el tío la cara dura  de decir ante el juez que sus restaurantes son baratos.
Y estos dos tipos son los mismos que no se cansaban de decir aquello de que los trabajadores habían vivido por encima de sus posibilidades, o aquello otro de que los sueldos tenían que bajar si queríamos ser competitivos, o aquello de que había que trabajar más y ganar menos (los demás, se entiende, ellos trabajar menos y ganar más). Estos dos tipos son los mismos que siempre despotrican contra las subvenciones, contra lo público, pero trincan más que nadie. Y no quiero acabar este artículo sin pedir un deseo: Ojalá que este también acabe comiendo gratis en Soto del Real.

domingo, 15 de febrero de 2015