miércoles, 18 de febrero de 2015

Arturo Fernández, la jeta más dura del neoliberalismo hispano



¡Qué tipo, el Arturo Fernández! Uno no sabe muy bien si deberíamos encerrarlo en la cárcel bajo siete llaves y tirarlas todas a la Fosa de las Marianas para que no salga en la puta vida de allí o erigirle una estatua —con cargo al erario público, of course, o en su defecto a Bankia, que más o menos en Madrid viene a ser lo mismo— en la plaza más importante de la capital.
Resulta que el que fuera responsable máximo de la patronal madrileña CEIM y en la actualidad ocupa el cargo de presidente de la Cámara de Comercio de Madrid, ha pasado hoy por los juzgados para declarar en calidad de imputado ante el juez Andreu por el saqueo de las tarjetas black de Bankia. Sabemos por lo publicado hasta la fecha en diferentes medios de comunicación que, de los 15 millones y medio de euros que se ventilaron entre 82 consejeros de la caja madrileña, Arturo Fernández contribuyó con 37.200 euros. Y de esa cantidad, 10.495 se los gastó, en su propia cadena de restaurantes. ¿Es o no es un genio? Que te dan una tarjeta libre de impuestos y de control para gastar como si no hubiera mañana, pues qué mejor que ir a comer a tus propios restaurantes.
Cuando ha sido preguntado por el juez Andreu a qué obedecía eso de gastarse diez mil euros en sus propios restaurantes, ni corto ni perezoso, Fernández ha contestado que lo hizo básicamente por dos razones: la primera, porque sus restaurantes son más baratos y la segunda, porque son suyos. Tendría que haber añadido una tercera: Porque me salió de los cojones, señoría. ¿O es que ahora uno no va a poder gastarse diez mil euros en su propia casa? No sé qué opinará el juez de estas respuestas pero a mí, dado que la tercera, que todos sabemos que es la verdadera, es producto de mi mente perversa, sólo me convence la segunda. Porque de baratos, dado el total de la factura, no es que sean muy baratos. Pero aún hay más. Cuando el juez le ha vuelto a preguntar que si esa práctica de consumir en sus propios restaurantes le servía para redondear las cuentas de su empresa, el tío, más chulo que un ocho, no ha dudado en responder con un categórico: Pues sí. Con un par.  
Además de todo esto, Arturo Fernández le ha dicho al juez que no veía nada extraño en que le dieran una tarjeta para gastar sin ningún tipo de justificación y sin ningún tipo de control. ¿Se puede tener más jeta? Sigue leyendo y decide, querido/a lector/a.
Además de los diez mil euros que el propio Fernández invirtió en sus restaurantes, su cuñado Díaz Ferrán (dios los cría y ellos se juntan), se gastó también una buena pasta en comiditas. Entre marzo de 2008 y octubre de 2009, Díaz Ferrán, que como es bien sabido ahora come todos los días gratis en Soto del Real, comió en los restaurantes del cuñado 54 veces. Si las cuentas no me fallan, y os puedo asegurar que no me fallan porque las he hecho con calculadora, cada una de esas comidas de Díaz Ferrán salió por la friolera de 155555 euros. Y todavía tiene el tío la cara dura  de decir ante el juez que sus restaurantes son baratos.
Y estos dos tipos son los mismos que no se cansaban de decir aquello de que los trabajadores habían vivido por encima de sus posibilidades, o aquello otro de que los sueldos tenían que bajar si queríamos ser competitivos, o aquello de que había que trabajar más y ganar menos (los demás, se entiende, ellos trabajar menos y ganar más). Estos dos tipos son los mismos que siempre despotrican contra las subvenciones, contra lo público, pero trincan más que nadie. Y no quiero acabar este artículo sin pedir un deseo: Ojalá que este también acabe comiendo gratis en Soto del Real.

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