lunes, 20 de octubre de 2014

La ardilla que jamás pisaba el suelo



Cuenta la leyenda
—y al parecer
es completamente falso—
que en tiempos,
una ardilla
podía cruzar España,
desde Gibraltar
a los Pirineos,
posándose
de árbol en árbol,
sin pisar jamás el suelo.
Cuenta la Historia,
—y al parecer
es completamente cierto—
que en 1940,
una ardilla
podía cruzar España,
desde Gibraltar
a los Pirineos,
desde Motril
a Bilbao,
desde Murcia
a Pontevedra,
desde Huelva
a Barcelona,
posándose
de cadáver en cadáver,
de fusilado en fusilado,
de preso en preso,
de represaliado en represaliado,
sin pisar jamás el suelo.


jueves, 16 de octubre de 2014

Autorretrato #2



Me llamo Rafael.
Escribo poemas
desde 1.999.
Deambulo,
dando tumbos,
por la vida.
Apuro
cada segundo
de cada minuto
de cada hora
de cada día
como si fuese
el último.
He comprendido
dos o tres cosas.
Hace tiempo
que decidí
plantar cara. 

martes, 14 de octubre de 2014

Romance de las tarjetas negras



Señoras y señoritas,
caballeros y demás,
presten toda su atención
a este cuento singular.  

Hay en Europa un país,
cuyo nombre es España,
donde se roba y se estafa
y, por decreto, se engaña.

Había una Caja en España,
que a los pobres desahuciaba,
les quitaba sus viviendas
y a los ricos se las daba.

A los pobres viejecitos
les vendieron preferentes,
perdieron su dinerito,
perdieron hasta los dientes.

La Caja se llama Bankia,
y allí reinaba un tal Blesa,
un amiguito de Aznar,
con quien compartía mesa.

Como aquello no tiraba
y la cosa iba muy mal,
tuvimos que rescatarla
inyectando capital.

Los que en la Caja mandaban
se gastaron mucha pasta
con unas tarjetas mágicas
a las que llamaban opacas.

Y en esto que un periodista
del chanchullo se enteró,
lo publicó en los papeles
y el país se enfureció.

Viajes, joyas, trajes, caviar,
todo del Corte Inglés,
las tarjetas echaban humo
como en una luna de miel.

Sindicalistas, políticos
de izquierdas y de derechas,
todos metieron la mano
en la cajita maltrecha.

Y había un cabronazo,
de Madrid, el empresario,
robó a manos llenas
como si fuese un corsario.

Y cuando fue preguntado,
con toda su hipocresía,
dijo que no sabía nada,
que ya lo devolvería.

También había un ministro,
al que llamaremos Rato,
gastó medio millón de euros,
¡Ni que fuera Ana Mato!

Y uno que era comunista
al que no voy a nombrar,
se gastó una fortuna,
se olvidó de Carlos Marx.

Y un consejero del Rey,
que fue jefe de su casa,
también tenía tarjetita
y la usaba por la cara.

Y el Ministro de Economía
al enterarse del robo,
dijo que no estaba bien,
que tenían mucho morro.

No sabemos si él quería
otra tarjetita negra
para comprar muchas cosas
sin pagar a tocateja.

Pero no crean ustedes
que alguien lo va a pagar.
Esto es España, señores,
el Reino de Trincarás.

Y aquí termina, amiguitos,
el cuento de las tarjetas,
sacad vuestras conclusiones,
ésta es la moraleja.

No le des tu dinerito
a esos hijos de su madre  
se lo gastarán en juergas
mientras tú, a pasar hambre.

domingo, 12 de octubre de 2014

Fandangos libertarios



A Antonio Orihuela, por onubense y ácrata

Que vivan todos los hombres
Que viven sin dios ni amo,
Que aman al ser humano
Y tienden la mano amiga
Para ayudar a su hermano.

Maldito capitalismo
Que nos lleva a la ruina
Que destroza tantas vidas
Con sus guerras, con su infamia,
Con su muerte y su miseria.

Al ministro de economía
yo le escribo este fandango
para decirle bien claro
que con sus leyes de mierda
al pueblo está asfixiando.

A mí no me gusta el rey
Ni me gustan las princesas
Yo no inclino la cabeza
Ante nada ni ante nadie,
Yo soy una buena pieza. 

Pido una oportunidad
para la paz mundial,
que las bombas y las balas
se cambien por herramientas
de progreso y bienestar.