martes, 3 de noviembre de 2015

Felicidad quimicamente pura



Decreto, a partir de hoy,
el estado de felicidad en mi vida.
Quedan abolidos
el odio y el rencor
que produce la lucha de clases,
las broncas en el curro,
la mala hostia al volante.
Desde este mismo instante,
no cuestionaré el orden social imperante
y acataré, de buena gana,
lo que diga el gobierno,
lo que manden mis jefes,
lo que imponga el guardia civil de tráfico.
Asentiré, obediente,
ante cualquier tipo de orden,
por absurda que sea,
por malvada que me parezca.
Desde hoy seré solamente,
un borreguito más de la manada,
balaré pacífica, ordenadamente,
mientras veo la televisión
y consumo productos globalizados.
Decreto, a partir de este mismo momento,
el estado de felicidad total,
absoluta, extrema.
Una felicidad de una pureza inigualable,
una felicidad químicamente pura.

(Poemas de destrucción masiva, Editorial Alhulia, 2015)

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