domingo, 14 de diciembre de 2014

TVE, tu manipulación es lo primero



Hubo un tiempo, aunque ahora nos parezca un sueño irreal, en que la TVE no era la hediondez putrefacta en que se ha convertido en los últimos tiempos. Hubo un tiempo en que en la televisión pública española, la que pagamos todos los españolitos, y por tanto, nos pertenece a todos y cada uno de nosotros, tenía programas de calidad. Hubo un tiempo en que los informativos no eran la bazofia filofascista en que se han transformado con la llegada al poder de Mariano Rajoy y su Partido Popular. Sí. En serio. Hubo un tiempo en que las cosas de la televisión eran de otra manera muy distinta a como las conocemos hoy.
Que siempre ha existido manipulación en TVE es algo que nadie en su sano juicio puede cuestionar. Por supuesto, en la etapa franquista la manipulación era algo completamente asumido, algo que no tenía que esconderse lo más mínimo. Con la llegada de la feudaldemocracia, todos y cada uno de los gobiernos que han sido, han continuado, de manera más o menos solapada, con la manipulación ideológica. Pero claro, en esto, como en todo lo demás, los hay que lo han hecho con cierta elegancia y otros, como ocurre ahora, que han optado por el estilo más zafio y cutre que se pueda imaginar.
Tal vez la entrevista de hace unos días a Pablo Iglesias haya sido la gota que haya colmado el vaso, pero ni de lejos es lo peor que se ha visto durante esta legislatura en TVE. Si uno tiene el valor de tragarse los telediarios, se encontrará, día sí y día también, con ejemplos que ilustran lo que digo. Cada día TVE está más cerca de parecerse a TeleMadrid o a Canal Nous, probablemente los dos ejemplos más claros de hasta dónde puede llegar la manipulación televisiva. Parecía imposible superar la anterior etapa del Partido Popular, en que Urdaci, Sáenz de Buroaga,  Carlos Dávila, y otros periodistas neocons, eran los reyes de la televisión pública. Pues lo han conseguido. En mi opinión, ahora es incluso peor que en aquella etapa.
Por desgracia, la poca calidad de la programación de TVE no es algo que afecte sólo a los informativos (que también, por supuesto). Los programas informativos son el escaparate de la bazofia que domina en estos momentos la cadena pública española y presentadores como Mariló Montero ejemplifican lo bajo que se puede llegar a caer. Pero es que no hay nada que merezca la pena. Las series de producción propia son una absoluta basura. Los programas culturales brillan por su ausencia y los que hay, están, como no, absolutamente manipulados. No existe un solo programa dedicado a la literatura que merezca la pena. En el que hay, sólo aparecen los autores del sistema, los intelectuales orgánicos, es decir, los que no cuestionan absolutamente nada ni a nadie. Los programas musicales están hechos de refritos, siempre con imágenes de archivo. La mayoría de lo que ponen, ya lo han puesto no una, ni dos, ni tres veces, sino docenas de veces. Y no es raro conectar el televisor y encontrarse a las momias de la música española tipo Raphael, Camilo Sesto, etc. Es como vivir en un deja vu permanente. En cuanto a las películas, qué decir. Pues que las programan una y otra vez. Siempre las mismas. A veces no transcurren ni tres meses entre una y otra proyección.
Recuerdo con absoluta nostalgia programas de mi adolescencia, como La edad de oro o Metrópolis, por poner sólo dos ejemplos de una televisión de vanguardia, donde tenían cabida artistas rompedores, transgresores, que en la televisión de estos días están absolutamente proscritos. También recuerdo buenas series de producción propia, como La huella del crimen o Brigada central. Y cine de calidad, montones de buenas películas. Y como quien dice, eso fue anteayer.
No sé si lo de la televisión española es reversible o ya es del todo imposible recuperarla. Lo que sí tengo cada día más claro es que lo de ahora es malo de solemnidad.   

jueves, 11 de diciembre de 2014

lunes, 8 de diciembre de 2014

Los jinetes del Apocalipsis contra Pablo Iglesias




El pasado viernes tuvimos ocasión de asistir a un espectáculo televisivo de los que marcan época. En el programa La Noche en 24 Horas, del canal temático 24 horas de TVE, fue entrevistado el Secretario General de Podemos y Eurodiputado, Pablo Iglesias. Si no has tenido ocasión de ver nunca el susodicho programa, ya te advierto que no te has perdido gran cosa. Se supone que el programa, dirigido y presentado por el ¿periodista? Sergio Martín, es un espacio de debate, en el que cuatro ¿periodistas? someten a una serie de preguntas a un personaje público relacionado con la política, la cultura, etc. Por supuesto, cada noche de la semana los entrevistadores tienen su espacio reservado. Es decir, siempre son los mismos y desde que el tal Sergio Martín se hizo cargo del asunto, la pluralidad ideológica brilla por su ausencia. Tengo que confesar que de vez en cuando veo el programa, o mejor dicho, trato de verlo, pues nunca soy capaz de aguantar más de quince o veinte minutos, dada la poca variedad ideológica que allí se respira. Al final siempre acabo cabreándome y apagando la televisión.
No obstante es la noche del viernes cuando la cosa pasa de castaño oscuro. Los cuatro tertulianos de los viernes, Graciano Palomo, Alfonso Rojo, Antonio Papell, y Julio César Herrero, más el presentador, Sergio Martín, están cortados por el mismo patrón. Los cinco son absolutamente conservadores, por más que ellos se definan como liberales o como socialdemócratas, y los cinco tienen opiniones similares ante cualquier tema de actualidad, ya sea la independencia catalana, el proceso de paz en Euzkadi o la corrupción. Y oh, casualidad: esas opiniones siempre están en la onda del gobierno.
Pero como decía al comenzar este artículo, lo del viernes 5 de diciembre, fue algo antológico, digno de figurar en los libros de periodismo o comunicación. Y no precisamente por lo bien hecho que estuvo sino por todo lo contrario, por su falta absoluta de calidad y de ética periodística. Como decimos, en la mesa de debate estaba sentado nada más y nada menos que el chico de moda de la política española, Secretario General de Podemos y Eurodiputado de dicha formación, Pablo Iglesias. Desde el minuto cero Sergio Martín puso las cartas bocarriba: a la yugular y sin piedad. Eso sí, intentando en todo momento no perder la sonrisa y pareciendo muy cortés.
Toda la entrevista transcurrió en los mismos términos. Preguntas reiterativas que nunca se dan por contestadas, agresividad verbal por parte del entrevistador, sonrisitas paternalistas que infravaloran la capacidad intelectual de la persona que está siendo entrevistada, regreso una y otra vez a los lugares comunes (ya sabéis, Venezuela, el comunismo, de dónde van a sacar la pasta para llevar a cabo sus políticas económicas, etc., etc.), y para acabar, un comentario sobre ETA absolutamente fuera de lugar. Peor imposible.
Con todo, lo peor de la noche fue, sin duda, las intervenciones de los cuatro tertulianos. Jamás en mi vida he visto un espectáculo más bochornoso. El primero en preguntar fue el tal Graciano Palomo, un individuo carpetovetónico, con cara de falangista antiguo y modales caciquiles. Graciano hizo de su capa un sayo y se lanzó con una pregunta de nivel: A ver, Pablo Iglesias, eres o no eres comunista.  Ahí, con dos cojones. Más o menos como si uno tiene ocasión de entrevistar al Papa y le pregunta que si es o no es creyente. Antonio Papell empezó su intervención con una disertación sobre la socialdemocracia en España y Francia, para acabar asegurando que eso está más trasnochado y caduco que una película de Paco Martínez Soria, aunque un par de minutos antes no había dudado en definirse como socialdemócrata. Después le tocó el turno a Alfonso Rojo. Y esto ya fue el cénit de la noche. Se enredó en una acusaciones sobre el IVA y no sé qué, que no había por dónde cogerlas. El propio Iglesias nos informó de que Rojo fue condenado hace un tiempo por faltar a la verdad. Ya me dirán qué credibilidad puede tener este individuo. La pregunta de Julio César Herrero tenía tan poco valor periodístico que ni siquiera me acuerdo de lo que dijo.  
La conclusión que saco de todo esto es que me da asco, un asco terrible, tanta manipulación y tanta basura, tanta infamia, tanta hostilidad contra el que no piensa como ellos, tanta agresividad. Me da asco ver estos espectáculos tan sumamente bochornosos en la televisión que pagamos todos. Me da asco que cinco tíos como estos tengan la posibilidad de meterse en las casas de miles de españoles con sus opiniones asquerosas y sus comentarios trasnochados y caducos. Me da asco que encima cobren por decir tantas burradas y tantas estupideces. Me da asco que la televisión pública esté en manos de estos individuos. Me dan asco sus caretos y sus chistecitos. Me dan asco ellos y quienes les pagan.
En fin, que tampoco nos merecemos esta televisión. Que alguien tome nota.  

domingo, 7 de diciembre de 2014

Algunas frases de la Constitución española de 1978 para descojonarse de la risa (o no, según se mire)



Como todos sabéis, hoy se cumplen 36 años desde que en 1978 se aprobara la Constitución española. Un texto sagrado para algunos, que lo invocan de manera interesada, sobre todo para que nada cambie y todo siga siendo como ha sido hasta ahora, absolutamente favorable para sus intereses. Hoy me he puesto a leer el texto constitucional y ¡coño, qué sorpresa me he llevado! He descubierto que en realidad es un libro absolutamente delirante con el que te descojonas de la risa. ¿Qué no te lo crees? ¿Qué un texto jurídico no puede ser hilarante y divertido? Que sí, créetelo. Para muestra un botón. Ahí van unas cuantas perlas, que son para partirse de la risa:
En el Artículo 1 encontramos estas dos magníficas frases: “España se constituye en un Estado social y democrático…” y “La soberanía nacional reside en el pueblo español…”. Dos mentiras como dos catedrales, pues de todos es sabido que España de estado social, nada de nada, y que la soberanía nacional reside en los mercados y en el gobierno alemán, es algo que ya nadie pone en duda.
En el artículo 6 se dice que la estructura interna y el funcionamiento de los partidos políticos “deberán ser democráticos”. Si has militado alguna vez en un partido político, ya sabes dónde está el chiste.
El artículo 14 es uno de los más desternillantes, ya que establece la igualdad de todos los españoles ante la ley. Por supuesto que todos los españoles somos iguales ante la ley, pero como decía Orwell, unos son más iguales que otros. Mientras que al ex ministro Matas le conceden el tercer grado en unas semanas, Paco, el Pollo, un chico de mi barrio que atracó un estanco porque llevaba cuatro años en paro y tenía tres hijos a los que no podía darles de comer, se pudre en la cárcel con una condena de once añitos.
El artículo 16 establece que “Ninguna confesión (religiosa) tendrá carácter estatal”, algo que en la práctica es absolutamente falso pues todos sabemos que la iglesia católica goza de privilegios que nadie más tiene, tales como no pagar impuestos, controlar una gran parte del sistema educativo, etc., etc.
En el artículo 31 se puede leer: “Todos (los españoles) contribuirán al sostenimiento de los gastos públicos de acuerdo con su capacidad económica mediante un sistema tributario justo…” algo absolutamente cómico, si tenemos en cuenta las SICAV, las amnistías fiscales, las evasiones de impuestos y otras movidas de la ingeniería fiscal, inventadas por los ricos para no pagar impuestos.
En el punto 2 de ese mismo artículo 31 se puede leer: “El gasto público realizará una asignación equitativa de los recursos públicos, y su programación y ejecución responderán a los criterios de eficiencia y economía.” ¿A alguien le suena una cosita llamada recortes puesta en marcha por los gobiernos del PSOE y el PP, o eso lo he soñado yo?  
El artículo 35 es, sin duda alguna, la joya de la corona: “Todos los españoles tienen el deber de trabajar y el derecho al trabajo, a la libre elección de profesión u oficio, a la promoción a través del trabajo y a una remuneración suficiente para satisfacer sus necesidades y las de su familia (…)” No me dirán que no tiene guasa el asunto. Para mear y no echar gota, oiga.  
El artículo 39 señala que “Los niños gozarán de la protección prevista en los acuerdos internacionales que velan por sus derechos.” Leyendo este artículo me asalta una duda: ¿Sabrá el señor Rajoy, a la sazón Presidente del Gobierno de España, que en su país hay dos millones y medio de niños que pasan hambre?
El artículo 47 también es antológico, digno de figurar en las mejores antologías del humor: “Todos los españoles tienen derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada”. Sin palabras.
El artículo 128 hace referencia a la riqueza nacional y dice expresamente que “Toda la riqueza del país en sus distintas formas y sea cual fuere su titularidad está subordinada al interés general.” Lo que pasa es que la mayoría de las veces el interés general se confunde con el interés de las empresas del IBEX 35.  
En el punto 5 del artículo 159 se lee: “Los miembros del Tribunal Constitucional serán independientes e inamovibles en el ejercicio de su mandato.” ¿Independientes los miembros de TC? Pues va a ser que no…
En fin, esto es sólo una pequeña muestra de lo que contiene la Constitución de 1978, un texto a medio camino entre el surrealismo y el humor berlanguiano.