martes, 8 de diciembre de 2015

Fantoches



Yo no vi el debate. Es más, me olvidé por completo del debate. No sabía ni la hora a la que iba. No me interesaba. No me interesaba nada de nada. No voy a perder ni un segundo de mi tiempo escuchando a cuatro fantoches (tres fantoches y una fantocha, dado que el cuarto fantoche, el principal, ni siquiera estaba), contando mentiras, hablando sobre futuribles que jamás se cumplirán, ofreciendo datos que, en el mejor de los casos, no son ni siquiera verdad. Todos ellos me parecen unos impresentables.
Sáenz de Santamaría ha formado parte de uno de los gobiernos más despiadados que ha tenido este país. A ella y a sus compañeros de gobierno y de partido les debemos la situación comatosa en que se encuentra el estado de bienestar. Ahora pueden decir lo que quieran pero sólo han gobernado para una plutocracia. Y todo eso por no hablar de la banda de ladrones que cobijan en sus filas. Sus resultados están ahí y eso no mienten: millones de desahuciados, millones de parados, infelicidad a espuertas. Ojalá se pudran en el infierno.
Pedro Sánchez es el heredero directo del zapaterismo, o lo que es lo mismo, cómo decir una cosa y hacer todo lo contrario. Un ejemplo ilustrativo de ahora mismo: hoy he entrado en la página web del PSOE, porque sentía curiosidad por saber quién es el candidato o candidata al congreso por Granada, y veo con asombro que han puesto un mensaje contra las cláusulas suelo de las hipotecas, esas que según la ministra de economía de Zapatero, Elena Salgado, no se podían quitar porque la economía española se hundiría. Podríamos poner trescientos ejemplos como este. Y quizás no cubriríamos todas sus mentiras.
De Albert Rivera sólo voy a decir que es un tipo que me da miedo. Esa carita de niño bueno y esos modales de colegio de pago no pueden esconder nada bueno. Mi abuelo, que llegó a vivir 92 años y que a su manera era un hombre bastante sabio, decía siempre que no hay nada peor en la vida que la gente que nada y guarda la ropa, que era como decir, pero con otras palabras, que uno no se puede fiar de los ambiguos. Y Rivera, otra cosa no, pero ambiguo lo es hasta las trancas. Se nota a la legua que está deseando pillar cacho. Siempre se le ha visto esa ambición en el brillo de los ojos. Y ahora que la varita mágica de las encuestas le ha dicho que está a punto de conseguirlo, no va a permitir que nada ni nadie se lo joda.
Pablo Iglesias, con quien a priori podría tener bastantes puntos de encuentro, me ha defraudado soberanamente. Su proyecto podría haber sido un soplo (real) de aire fresco, con planteamientos absolutamente democráticos, y en torno al cual se podría haber articulado un proyecto real de cambio de la gente y para la gente. Desde el primer momento pensé que Podemos era IU 2. 0, pero al final he visto que no, que tan solo es PSOE 2. 0.
Resumiendo: que no vi el debate. Ni falta que hizo.

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