Cuando ella le dijo
que ya no lo amaba,
que había otro hombre,
que aquello era el fin,
se fue hasta el desván,
buscó la escopeta,
metió dos cartuchos
y sin pensarlo un segundo,
disparó a bocajarro
contra la pantalla extraplana
—cuarenta y dos pulgadas,
sonido envolvente,
tdt incorporado—
del maldito televisor.
Era lo menos que podía hacer.
(Versos de alambre de espino, Editorial Alhulia, 2009)
7 POEMAS de SANAR LA HERIDA de ALFREDO SALDAÑA
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LA HERIDA DEL MUNDO
Que el pensar no deje de consolarte,
que no te obnubile el fervor
cuando la pasión te ciegue.
Ve, acércate y hurga con ...
Hace 19 horas
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