El
diecinueve de enero nace Janis Lyn Joplin, hija de un obrero y un ama de casa.
Era el año 1943, un año malísimo para venir al mundo. Nace en Port Arthur,
Texas, EEUU, no muy lejos de México pero tampoco demasiado cerca. Su madre
quería que su hija fuese maestra, pero a su hija ese plan no le gustaba ni un
pelo. A la joven Janis lo que de verdad le gustaban eran las canciones de
Bessie Smith, las de Ma Rainey, las de Billie Holiday, las de Leadbelly. Canciones
hirientes, de esas que chorrean güisqui y sangre y lágrimas y mucho, mucho
dolor. Eso no era muy común para una chica blanca que iba cada domingo a misa. Pero
es que Janis no era una chica normal. Ella era especial. Un día, Janis decidió
que sería cantante, de blues, para ser más precisos. Y se convirtió en
cantante. Grabó varios discos. Tocó por todo el país. A Janis le flipaban las
drogas y una vez en el Chelsea Hotel de Nueva York, conoció a un tipo llamado
Leonard Cohen, judío y canadiense, poeta y cantante, y le hizo una mamada en la
cama, que estaba sin hacer, y ella le dijo, bueno, somos feos pero nos queda la
música. O al menos eso cuenta él en una canción que escribió algún tiempo
después. Vete a saber tú si será verdad o no. Janis tuvo una niñez y una adolescencia
desdichadas, algo bastante frecuente entre los artistas de su país, que lo
pasan muy mal de chicos y luego, de mayores, tienen muchos traumas y problemas
de todo tipo. Janis murió el día 4 de octubre. Era el año 1970. Un día como
otro cualquiera para dejar este asqueroso mundo
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