martes, 30 de agosto de 2011

Muerte

muerte mezquina

muerte caótica

muerte agónica

muerte indómita

muerte sonámbula

muerte orgullosa

muerte lasciva

muerte vieja

muerte descalza

muerte sedienta


hija de puta


al fin y al cabo

siempre


serás

muerte.

(para ti, que eternamente permanecerás conmigo)

sábado, 27 de agosto de 2011

Autobiografía (V)

No quiero ser

aire sombra

nieve llanto polvo

aullido himno plegaria


no quiero ser inscripción

en la piedra


hoy

sólo quiero ser eclipse.

domingo, 21 de agosto de 2011

La culpa de la crisis

Para Mariano Rajoy la culpa de la crisis la tiene José Luis Rodríguez Zapatero.
Para José Luis Rodríguez Zapatero la culpa de la crisis la tienen los americanos.
Para los americanos la culpa de la crisis la tiene el politburó del Partido Comunista Chino.
Para el politburó del Partido Comunista Chino la culpa de la crisis la tienen los responsables del FMI.
Para los responsables del FMI la culpa de la crisis la tienen los países pobres.
Para los países pobres la culpa de la crisis la tienen las multinacionales.
Para las multinacionales la culpa de la crisis la tienen Hugo Chávez y Fidel Castro.
Para Hugo Chávez y Fidel Castro la culpa de la crisis la tiene el presidente de los EE. UU.
Para el presidente de los EE. UU. la culpa de la crisis la tiene el ex presidente de los EE. UU.
Para el ex presidente de los EE. UU la culpa de la crisis la tienen los talibanes.
Para los talibanes la culpa de la crisis la tienen los consumidores de cocaína.
Para los consumidores de cocaína la culpa de la crisis la tiene la Interpol.
Para la Interpol la culpa de la crisis la tiene la Unión Europea y, en especial, su presidente, Durao Barroso.
Para la Unión Europea y, en especial, para su presidente, Durao Barroso, la culpa de la crisis la tiene el máximo mandatario de la UEFA, Michel Platini.
Para el máximo mandatario de la UEFA, Michel Platini, la culpa de la crisis la tiene Joaquín Sabina.
Para Joaquín Sabina la culpa de la crisis la tiene Federico Jiménez Losantos.
Para Federico Jiménez Losantos la culpa de la crisis la tienen los defensores de los derechos del pueblo tibetano.
Para los defensores de los derechos del pueblo tibetano la culpa de la crisis la tienen los parados de larga duración.
Para los parados de larga duración la culpa de la crisis la tienen los menores de 25 años.
Para los menores de 25 años la culpa de la crisis la tienen los diputados del grupo mixto.
Para los diputados del grupo mixto la culpa de la crisis la tienen los países productores de petróleo.
Para los países productores de petróleo la culpa de la crisis la tiene el cine español.
Para el cine español la culpa de la crisis la tiene el Estado de Israel.
Para el Estado de Israel la culpa de la crisis la tienen los sindicatos mayoritarios, UGT y CC. OO.
Para los sindicatos mayoritarios, UGT y CC. OO, la culpa de la crisis la tiene el proletariado díscolo.
Para el proletariado díscolo la culpa de la crisis la tiene el diario El País.
Para el diario El País la culpa de la crisis la tienen los cantantes horteras, tipo Alejandro Sanz y David Bisbal.
Para los cantantes horteras, tipo Alejandro Sanz y David Bisbal, la culpa de la crisis la tienen los internautas.
Para los internautas la culpa de la crisis la tiene la SGAE.
Para la SGAE la culpa de la crisis la tiene la familia real.
Para la familia real la culpa de la crisis la tiene el ex marido de la infanta Elena, Jaime de Marichalar.
Para el ex marido de la infanta Elena, Jaime de Marichalar, la culpa de la crisis la tienen los médicos que lo atendieron por urgencias cuando lo del ictus.
Para los médicos que atendieron a Jaime de Maricharlar por urgencias cuando lo del ictus la culpa de la crisis la tienen los que van a las urgencias por cualquier tontería.
Para los que van a las urgencias por cualquier tontería la culpa de la crisis la tienen los productores de comida basura.
Para los productores de comida basura la culpa de la crisis la tienen los que maltratan a sus mujeres.
Para los que maltratan a sus mujeres la culpa de la crisis la tiene el cura que los casó.
Para el cura que los casó la culpa de la crisis la tienen los inmigrantes que ostentan otros creencias distintas a las católicas, apostólicas y romanas.
Para los inmigrantes que ostentan otros creencias distintas a las católicas, apostólicas y romanas la culpa de la crisis la tiene Mariano Rajoy, que no los quiere aquí.
Y vuelta a empezar.

jueves, 18 de agosto de 2011

Autobiografía (IV)

Yo

cuando hago ¡bum!

produzco una onda expansiva

devastadora.

martes, 16 de agosto de 2011

Concurso de poesía "Serie B"

Durante la celebración de la XXIV Semana Negra de Gijón, LABoral Centro de Arte y Creación Industrial a través de su LABoratorio de la paLABra y en colaboración con la Semana Negra de Gijón y con El Gaviero Ediciones convocaron el Segundo Certamen de Poesía Serie B. La idea de los convocantes era promocionar esos otros géneros poéticos que se mueven fuera de los ambientes más o menos establecidos: ciencia ficción, género negro, western, terror. Aunque no soy de participar en concursos poéticos, decidí enviar un poema. A parte de la cuantía económica, me atraía bastante el hecho de que el premiado tenía que ir un par de días a la Semana Negra de Gijón. Parece ser que se han recibido doscientos poemas. Mi poema, titulado "Jesús, el nazareno", ha sido uno de los cinco finalistas, junto con "The Getaway", de Ramón Bacuñana, "Rubia de bote con pistola", de Isabel Bono, "El universo feliz", de Rafael Valera y "Proceso a carne humana" de Estíbaliz Espinosa, que finalmente ha sido el poema ganador.
Si te apetece leer los poemas, pincha aquí y juzga tu mismo.

domingo, 14 de agosto de 2011

Dos correos electrónicos sobre "El Placer de ver morir a un ángel"

En los últimos días, he recibido dos correos electrónicos, procedentes de dos amigos, a propósito de mi último libro, El placer de ver morir a un ángel. No me resisto a publicarlos en el blog.

1)
He leído tu libro, al menos, 7 u 8 veces en este tiempo. Me ha parecido magnífico aunque breve. Cuando lo termino, me queda la sensación de querer más... Por eso quizá lo inicie de nuevo. Dicen que lo breve, si bueno, dos veces bueno... Echo en falta unas gotas de esperanza, de felicidad, de energía positiva, de encuentro -no de constante búsqueda-… Cualidades tan humanas también, ¿no?

No me parece ni mejor ni peor que libros anteriores. Me gustan todos. Me parece más homogéneo en cuanto a su contenido. Se diría que es un todo. Un relato fragmentado en pequeños poemas. Desde luego no me deja indiferente. Es, para mi gusto, de una exquisita originalidad. Duro y amable a la vez. Denota fuerza y debilidad. Contradicciones, humanidad…

2)
Estimado Rafa:
Hoy que estoy un poco más tranquilo te escribo para darte las gracias.
Hace días que tengo ganas de escribirte, tras leer tu último poemario "El Placer de ver morir a un ángel".
Creo que la poesía es la forma más humana de expresar "eso" que cuesta tanto explicar; algunos lo han llamado alma, otros, emoción, sentimiento... Creo que es simplemente la esencia de lo humano, de lo que nos hace ser con los otros.
He leído con emoción tu libro, como te digo, especialmente esas perlas donde en tres, cuatro o cinco versos bajas al fondo de la soledad y el sufrimiento humano. No (te) haces muchas concesiones a la esperanza, es cierto, pero quizás este sea realmente la esencia de los tiempos en que vivimos. Ángeles, hombres, solitarios... míseros y poderosos... heridos y expulsados a la tierra sin piedad.
Bueno, lo dicho, gracias por expresar tan bien, lo que yo siento...

Gracias a vosotros dos, amigos, de corazón.

jueves, 11 de agosto de 2011

Miedo y asco en Poyales del Hoyo

Lo que ha ocurrido estos días en el pequeño municipio abulense de Poyales del Hoyo me produce un profundo asco. Por más que lo intento, no encuentro otra palabra para describir lo que siento al ver las imágenes de un grupo numeroso de fascistas atacando a las doscientas personas que se habían concentrado para protestar por el atropello que el alcalde del pueblo había perpetrado, unos días antes, contra la tumba de un grupo de mujeres y hombres fusilados durante la guerra civil. Es increíble ver cómo, en esos pueblos de la España profunda, la Ley de la Memoria Histórica, simplemente, no se cumple y los delincuentes campan a sus anchas.
Todo este asunto del enterramiento y las fosas comunes denota que los asesinos y sus descendientes no han perdido la impunidad de la que gozaron durante tanto tiempo. No sólo asesinaron, represaliaron, pisotearon y violaron durante cuatro décadas. Ahora también quieren silenciar la razón con esos comportamientos de matones de patio de colegio, amenazando a la gente con matarles los perros, prenderles fuego a sus viviendas y a sus coches, y en definitiva, hacerles la vida imposible, argumentando que no son del pueblo ni tampoco “buenos españoles”. Y para más inri, liderados por los concejales del Partido Popular. Vivir para ver.
No quiero pensar que esta gentuza representa al Partido Popular. No puede ser cierto. Lo digo sinceramente. Conozco a gente que milita en el PP y ni por asomo son tan cerriles. Los asesores de Mariano Rajoy deberían decirles a estos energúmenos que van haciendo gala de su catolicismo militante, y van a misa y creen en Dios, que en este país a la gente hay que enterrarla en los cementerios, que por cierto, también se llaman camposantos. Por algo será. No me explico cómo pueden ser tan malas personas. No puede ser que los dirigentes de un partido democrático permanezcan impasibles ante estos comportamientos filonazis, ante las amenazas nada veladas, ante las agresiones físicas y la violación del derecho a manifestarse públicamente y a expresarse libremente de la gente.
Ya estoy completamente harto de escuchar el argumento de que hay que olvidarse de los muertos y de la Guerra Civil. No. A los muertos no se les olvida. Ni aquí ni en ningún lugar del mundo. A los muertos se les recuerda. Cada uno a los suyos. Y se les lleva flores al cementerio. Y algunos, los que tienen creencias religiosas, ofrecen misas en su honor para conmemorar su memoria y su recuerdo. Y ya está bien de venir con la monserga de que en los dos bandos se cometieron tropelías. Sí. Así fue. Pero da la casualidad de que los restos de todas las personas de derechas que fueron asesinados descansan en cementerios. Y si aún queda alguien de derechas enterrado en una cuneta, sus familiares tienen todo el derecho del mundo a sacarlo de ahí y darle una sepultura digna. Y yo los apoyo completamente en su reivindicación.
Por último un consejo. Si eres de izquierdas y pasas cerca de Poyales del Hoyo u otros municipios de la zona, ve con cuidado. No se te ocurra detenerte a echar gasolina o a comer en un bar. Allí a los rojos no nos quieren bien. Podrían lincharte. Luego no quieren que los llamen fachas.

martes, 9 de agosto de 2011

Che Guevara

El Che Guevara se delataba, como todos, por los ojos. Recuerdo su mirada limpia, como recién amanecida, esa manera de mirar de los hombres que creen.

Eduardo Galeano

lunes, 8 de agosto de 2011

Memorias de un anarquista cordobés que jamás aprendió a bailar

Ahora que se cumplen 75 años desde que el ejército español, dirigido por un puñado de generales fascistas, se levantó en armas contra el legítimo gobierno de la II República española, es un buen momento para hacer balance de las numerosísimas publicaciones que han visto la luz en los últimos años sobre la contienda civil española, muchas de ellas de marcado carácter local. La gran mayoría de estos libros ha servido para que, todos los que por edad no vivimos los terribles años de la guerra y la posguerra, podamos conocer las durísimas condiciones de vida a las que tuvieron que hacer frente los que la perdieron.
Uno de estos libros es El guerrillero que no pudo bailar: Resistencia anarquista en la posguerra andaluza. Se trata de un libro de memorias publicado en el año 2004 por la editorial Silente en su colección de Memoria Histórica. A cargo de la edición de estas memorias del guerrillero anarquista José Moreno Salazar estuvo el profesor Victoriano Camas Baena, quien también es autor de una “Nota” que sirve para contextualizar, de manera brillante, la historia que se narra en el libro. La obra se completa con un breve prólogo escrito por José Miguel Marinas.
Pero lo verdaderamente importante de esta obra, lo que conmueve hasta el tuétano, lo que atrapa al lector y lo sacude incluso cuando han pasado varios días desde que se acaba su lectura, es, por supuesto, su contenido. En apenas ciento treinta páginas, el autor de estas memorias, el propio guerrillero, nos va contando de una manera amena, muy cercana a la tradición oral, los pormenores de su vida como maquis, en la cárcel, en la clandestinidad e incluso en la transición y la democracia.
Contado en primera persona y en presente (lo que le otorga una gran rapidez narrativa y un estilo cuasi cinematográfico), José nos va desgranando mil y un detalles de una vida entregada a la causa del proletariado, a la defensa de unos derechos, laborales, sociales, en definitiva, humanos, que en aquella época, simplemente, no existían para los pobres. Desde muy joven José se va a entregar en cuerpo y alma, en su pueblo natal, Bujalance, en la provincia de Córdoba, a la defensa férrea de los principios libertarios. En el Ateneo Libertario de su pueblo, entra en contacto con los ambientes ácratas. Ya sabemos que en Bujalance y en otros pueblos de la comarca, las ideas revolucionarias de Bakunin habían echado profundas raíces. Y es en ese mismo Ateneo y en la sede de la CNT del pueblo, donde conoce a los hermanos Rodríguez, Francisco, Juan y Sebastián, tres claros ejemplos de hombres cabales, honestos hasta la médula, valientes, anarquistas hechos de acero, que poco o nada tienen que envidiar a otros revolucionarios de fama mundial como Durruti, Ascaso o García Oliver. Para los hermanos Rodríguez y sus camaradas la guerra no terminó el día uno de abril de 1939, porque su grupo, Los Jubiles, siguieron combatiendo contra el fascismo desde Sierra Morena, hasta que fueron asesinados en los primeros días de enero de 1944, tras ser delatados por un traidor del propio grupo.
No quiero rebelar detalles que puedan estropear la lectura de este libro, ya que se lee de un tirón y como si de una novela de aventuras se tratase, con el añadido que da saber que los hechos que allí se cuentan son tan reales como el aire que respiramos. Muy esclarecedoras son las páginas que explican las palizas en las cárceles y en los cuarteles de la Guardia Civil, las torturas, el hambre sistemática al que se ven arrastrados los luchadores antifranquistas. Después de leer estas memorias, no queda más remedio que reafirmarse en la tesis de que el régimen franquista se sostuvo durante tanto tiempo por el uso sistemático de la fuerza bruta no sólo contra todo aquel que se atreviera a desafiarlo, sino contra todo lo que se moviera.
Un libro altamente recomendado para recordar que hubo un tiempo, no muy lejano, en el que un puñado de hombres y mujeres dieron los mejores años de su vida, los de la juventud (de ahí la referencia al baile en el título), por defender unos ideales en los que creían ciegamente y, por extensión, por defender la libertad de todo un país. No hace falta decir que muchos de ellos pagaron con la propia vida su osadía. José Moreno Salazar fue uno de esos anarquistas que tuvo en vilo al ejército vencedor durante más de cuatro años, aunque él logró sobrevivir. Un hombre extraordinario. Por eso tenemos el deber moral de recordarlo. A él y a todas las mujeres y hombres que fueron como él.

sábado, 6 de agosto de 2011

John Fante: oro en el basurero (IV)

La rabia de vivir

Camino de Los Ángeles es la primera novela de la saga de Arturo Bandini que John Fante escribió pero, paradójicamente, fue la última en ser publicada, ya que no vería la luz hasta 1985, cuando su autor ya había muerto y su esposa, Joyce Fante, encontró el manuscrito entre los papeles de su marido. En 1936, cuando el autor terminó el libro, escribió una carta a su amigo Carey McWilliams en la que afirmaba que la novela, por fin, “está terminada y yo estoy encantado” Después, admitía sin ambages que una parte del contenido de la obra “pondría de punta los pelos del culo de un lobo. Puede que sea demasiado fuerte; quiero decir que carece de “buen gusto”. Pero no me importa.”
Pero a los que sí pareció importarles fue a los directivos de las tres editoriales que rechazaron el manuscrito: Alfred. A Knopf, Vanguard Press y Story Press, argumentando que era “demasiado provocativa” e “indigna de ser publicada”. John Fante sufrió una terrible decepción pues había puesto todas sus esperanzas en su primera novela. Por este motivo, estuvo a punto de quemar el manuscrito, pero por fortuna, se contuvo.
En Camino de Los Ángeles nos encontramos a un Arturo Bandini de dieciocho años. Vive en la pequeña población de San Pedro, el puerto de Los Ángeles, “en una casa de vecindad, al lado de un lugar lleno de filipinos”, con su madre, viuda, y su hermana Mona, una chica dos años menor que él, guapa, más alta que Bandini, con el pelo y los ojos negros, una chica “muy limpia” cuyo máximo deseo es convertirse en monja, aunque su madre se lo impide. Arturo y ella se llevan como “el perro y el gato.” Son los años más terribles de la Gran Depresión que asola los Estados Unidos. Desde el inicio de la novela, Bandini pasa por varios trabajos: cavando zanjas, friegaplatos, dependiente de una tienda de comestibles, ayudante de camionero, etc., pero en ninguno prospera, y siempre acaba abandonándolos por iniciativa propia o siendo despedido por incompetente. Finalmente, por mediación de su tío Frank, ul hermano de su madre que, de vez en cuando, los ayuda con unos dólares, consigue un empleo en una fábrica de conservas. Allí se convertirá en el único americano entre mexicanos, filipinos y japoneses.
Entre trabajo y trabajo, Bandini va a la biblioteca pública y lee los libros de Friedrich Nietzsche, de Oswald Spengler, de Henri Bergson o de Knut Hansum, aunque reconoce abiertamente que lo hace “sin entender ni jota”, pero eso no le importa lo más mínimo, pues disfruta con el “rugiente encadenamiento de palabras que recorría las páginas con sombrío y misterioso estruendo.”
Arturo Bandini sueña con ser escritor y hacerse millonario con la venta masiva de sus obras para, de esta manera, vivir como viven los ricos. Pero su vida no tiene nada que ver con eso. Su vida se reduce a un horrible trabajo en “Industrias Pesqueras Soyo”, a coleccionar revistas de mujeres hermosas y a pelearse con su madre y su hermana. Bandini vive en un mundo completamente irreal que él ha creado a su imagen y semejanza.
Ante este panorama, no es de extrañar que Arturo Bandini diga: “Me odiaba tanto que me senté pensando las peores cosas de mí. Finalmente me sentí tan despreciable que lo único que podía hacer era echarme a dormir.” O esta otra frase: “Por entonces yo estaba dispuesto a suicidarme”.
El Bandini que transita por las páginas de Camino de Los Ángeles es un personaje solitario (“Lo hacía siempre, hablar conmigo mismo en voz alta, murmurando con vehemencia”); emocionalmente inestable, fantasioso y patrañero, machista (“Hay que aniquilar a las mujeres. Aniquilarlas radicalmente”); con ramalazos xenófobos ("cómo yo, un chico blanco, podía estar entre esa masa de ignorantes filipinos y mexicanos"); anti-católico (“Todo el que dé crédito a lo del parto de una virgen y a lo de la resurrección es un completo idiota que tiene convicciones sospechosas”) e intolerante. No es de extrañar que en la década de los treinta esta novela fuese rechazada varias veces y que tuviésemos que esperar hasta los años ochenta para poder leerla. "Es muy cruda, tiene frases que incluso ahora saltan y golpean el pecho", escribió Stephen Cooper, biógrafo de John Fante, sobre esta novela. Y es que, sin ningún tipo de dudas, es una obra que destila rabia en cada una de sus páginas.

jueves, 4 de agosto de 2011

Espejos

El amor


muy al contrario

de lo que ocurre

con los vampiros

o con el odio


sí se refleja

en los espejos.