Hoy he visto una mariposa. Pensaba que no era verdad, que las mariposas no eran más que una invención de poetas y biólogos para impresionar a los niños y a las enamoradas. Algo de lo que se hablaba en los libros. Seres mitológicos. Y resulta que no, que es cierto que existen, que son de verdad. Nos hemos cruzado, la mariposa y yo, por la calle. Era aún temprano. Yo subía. Ella bajaba. No he querido parecer muy descarado y la he mirado con disimulo, casi de reojo, por no mosquearla. Nunca me ha gustado esa gente que mira con descaro, clavando los ojos, impávidos, cuando uno pasa por su lado. Así que he tratado de ser discreto. Estaba hecha de colores brillantes y variados: rojo, amarillo, verde; un poco, aquí y allá, de violeta; algunas manchas minúsculas anaranjadas. Volaba sola, en silencio, como si intentara pasar desapercibida. Como si no necesitase coartada. Revestida de inocencia.
Con La rubia del bar, sigue el rescate de la obra de Raúl Núñez
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Desde “Intermitente”, la línea editorial de Efe Eme dedicada a libros no
musicales, continuamos recuperando la obra de Raúl Núñez. Ahora es el turno
de *...
Hace 5 horas
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