sábado, 15 de febrero de 2014

Padre Walt Whitman


Padre Walt Whitman,
que estás en los cielos,
santificado sea tu nombre,
déjanos entrar en tu Reino
de la espiga, del dondiego, de la lila.
Bienaventurado seas por siempre,
viejo y hermoso Walt Whitman, 
por habernos dejado en herencia el verso libre.
Bendigo el día, la hora, el minuto
en el que se te ocurrió, tenaz Walt Whitman,
romper las reglas absurdas,  
que atenazaban, bajo su yugo, a la Poesía.
Alabado sea el verso libre, ahora y siempre,
porque yo, poeta del siglo XXI,
sin él, no existiría.
Y alabado sea tu nombre,
carnal y sensual Walt Whitman,
voz profética de la auténtica poesía,
poesía del pueblo,
poesía para el pueblo,
poesía que se levanta, altanera,
contra los estúpidos y los violentos.
Poesía de combate,
poesía, siempre, en lucha,
poesía que hace sonar con fuerza
el gong de la rebelión,
poesía que se une a los fugitivos
y a los que traman y conspiran  
en las bulliciosas calles del Harlem neoyorquino,
en las revolucionarias calles de Caracas,
en las frías calles de Estocolmo,
en los calurosos y superpoblados callejones
de la Franja de Gaza,
en tantos y tantos lugares de todo el mundo.
Turbulento y dionisíaco Walt Whitman,
bienaventurado sea,
por los siglos de los siglos,
tu nombre magnífico,
telúrico y adámico,
y tu barba blanca,
inundada de mariposas multicolores y exóticas.
Bendito seas, hermoso bardo de Poumanok,
porque te cantaste a ti mismo,
y con ese canto nos demostraste
que tú y sólo tú eras el centro del poema,
que tú y sólo tú eras el centro del universo,
y nos enseñaste que nada de cuanto existía
era tan importante como tu cuerpo luminoso
raíz de amaranto, hilo de seda, horquilla y vid…
Creo en ti, Walt Whitman,
Padre Todopoderoso de la poesía fraternal,
origen épico del grito desgarrado,
génesis divina del verso contemporáneo,
porque recorriste andando
con tus botas de piel de ciervo
los polvorientos caminos
que atraviesan la tierra americana,
y dormiste a raso en sus verdes praderas,
y empapaste tus ropas humildes
con las gotas de lluvia, con los copos de nieve, 
y oíste en la noche el aullido del coyote. 
Tú, poeta de la vida y del amor.
Tú, que te sabías más grande
que la más grande de las deidades.
Tú, que nos regalaste la palabra nueva.
Tú, que te tumbaste sobre la hierba
sólo para escuchar cómo sonaban
el canto del grillo,
el bronco oleaje del mar,
los redobles de tambor
en el campo de batalla,
la niebla y la tempestad.
Oh, Walt Whitman, padre universal,
poeta de la naturaleza,
poeta de la gran ciudad,
poeta del asfalto y del cheque sin fondo,
poeta del deseo, del orgasmo, del fracaso,
supremo hacedor del verso americano.
Todos te llamamos Walt,
camarada, compañero, amigo, padre, hermano,
y te sentimos carne de nuestra carne,
sangre de nuestra sangre,
alma de nuestra alma.
Todos hemos nacido de ti,
de tu semilla ardiente como lava roja,
de tus palabras complejas y contradictorias,
de tu verso largo,
sin rima, sin métrica, sin reglas,
pletórico de música,
de ritmo, de dulzura, de fuerza, de magia. 
y en ti nos reconocemos, nosotros,
hijos bastardos de tu poesía palpitante.
Yo te admiro, Walt Whitman. 
A ti, que te atreviste a proclamar abiertamente
la necesidad política del arte y del artista. 
A ti, que fuiste hombre y mujer,
granjero y trabajador de fábricas y muelles,
prostituta y presidente,
americano y ciudadano del mundo.
A ti te canto esta noche de estrellas y luciérnagas
porque fuiste valiente
y te bañaste junto a veintiocho muchachos
que se bañaban en la playa
y tu mano invisible acariciaba sus cuerpos
y tu lengua de fuego lamía sus sexos.
¡Tacto ciego, amoroso y combativo!
Tacto preñado de apetito.
Por eso te canto, 
Apolo circunspecto, homosexual y carismático.
a ti, que anhelabas ser un hombre del pueblo,
que pusiste voz a los oprimidos
y preferías mil veces la compañía de tipos rudos
que asistir a fiestas elegantes.
A ti te canto, oh capitán mi capitán,
porque tus labios pronunciaron la palabra libertad,
y me abriste los ojos,
y me enseñaste a mirar todo cuanto me rodea,
y me enseñaste que la hormiga es perfecta
y que una vaca, un ratón, una rana,
una insignificante brizna de hierba veraniega,
un diminuto huevo de zorzal,
son parte fundamental del milagro cotidiano de estar vivos.
Tú, Sócrates de Brooklyn,
poeta del cuerpo, poeta del alma,
te sentiste satisfecho
porque viste y bailaste y reíste y cantaste.
Tú, Walt Whitman,
un americano, un tipo duro, un cosmos,
te pusiste de pie y te arremangaste,
y cuidaste con tus manos milagrosas
al soldado herido en la lucha fratricida
y mojaste sus labios con un paño húmedo
y limpiaste la sangre de su joven rostro
y le diste de comer fruta fresca,
y ayudaste a ser libre al esclavo fugitivo,
aquel que llegó a tu puerta cojeando,
agotado y sediento, y tú le ofreciste cobijo
y lavaste sus pies magullados
y curaste con emplastes sus llagas sangrantes
y limpiaste su piel sudorosa
y le ofreciste una cama cálida y ropa limpia
y se sentó contigo a la mesa
y comió de tu pan y bebió de tu vino.
A ti, pues, pájaro herido,
que atravesaste tu pene con una aguja candente,
te traigo mi poema, y ante tu altar hago mi ofrenda.
Dios todopoderoso del verso moderno,
bárbaro del amor, espíritu libérrimo,
porque tuyos fueron los goces del cielo,
los tormentos del infierno,
porque también yo, como Pablo Neruda,
Toqué una mano y era la mano de Walt Whitman.
Porque también yo, como Hart Crane,
nunca he de soltar mi mano de la tuya, Walt Whitman.
Porque también yo, como León Felipe,
te llamo Walt, Walt, Walt.
Porque también yo, como Ezra Pound,
vuelvo a ti como un niño crecido.
Porque también yo, como Federico García Lorca, te sigo viendo
Anciano hermoso como la niebla.
Porque también yo, como Rubén Darío, te llamo
sacerdote que alienta soplo divino.
Porque también yo, como Allen Ginsberg, quiero saber
¿En qué dirección apunta tu barba esta noche?
Porque también yo, como Fernando Pessoa, te digo que
Soy de los tuyos, tú bien lo sabes, y te comprendo y te amo.
Porque también yo, como Pablo de Rohka, afirmo,
golpeándote la espalda: 
eres NUESTRO hermano, NUESTRO hermano Walt Whitman.
Porque también yo, como José Martí, os propongo:
Oíd a Walt Whitman.
Porque también yo, como Jorge Luis Borges,
os exhorto a que lo gritéis a los cuatro vientos:
Yo fui Walt Whitman.  

(Nota: Para escribir este poema, he tomado prestadas imágenes y palabras de Manuel Villar Raso, Pablo Neruda, Hart Crane, León Felipe, Ezra Pound, Federico García Lorca, Rubén Darío, Allen Ginsberg, Fernando Pessoa, Pablo de Rohka, José Martí, Jorge Luis Borges y, por supuesto, del propio Walt Whitman.)


martes, 11 de febrero de 2014

El juego de las versiones: La noche inventada



La (preciosa) canción que os propongo hoy en este juego de las versiones se titula “La noche inventada” y es el tema que abría Un soplo en el corazón, el primer y único disco que grabaron los donostiarras Family, un dúo formado por Javier Aramburu, que se encargaba de la voz, de tocar las guitarras y de las programaciones, y que más tarde se convirtió en el más reclamado diseñador de portadas de la música española, e Iñaki Gametxogoikoetxea, que tocaba el bajo y también hacía programaciones. Family funcionaron apenas tres años con este nombre (antes se hacían llamar El joven lagarto y antes de eso, La insidia). En 1993 publicaron Un soplo en el corazón, un disco maravilloso, de lo mejor que se ha hecho por estos lares, que ya se ha convertido, por derecho propio, en un disco mítico de la música cantada en castellano.
Un soplo en el corazón se grabó en los estudios Vulcano, cuyos propietarios son Fangoria. Y es que tanto Alaska como Nacho Canut nunca ocultaron la pasión que sentían por Family, llegando a grabar juntos una versión del tema “El signo de la cruz”, de la Décima Víctima para un flexisingle para el Club Fan Fatal. Family fue un grupo muy particular. Nada de fotos, nada de entrevistas, nada de vídeos, nada de actuaciones en directo. En fin, nada de nada. Sólo un puñado de canciones de las que perviven para siempre.
En el año 2003 la revista Rockdeluxe publicó una versión del disco en el que cada canción era interpretada por un artista diferente: Parade, Chucho, Astrud, Fanforia, Los Planetas, La buena vida, Nosotras, la monja enana, entre otros, participaron en el experimento.
Las versiones que os propongo son cuatro: la primera es la versión original de lospropios Family. Después os propongo la del grupo de punk rock Los Intronautas, donde tocaba el bajo Nacho Canut, en clave de punk ramoniano. La tercera versión es la de Ana D + Kamauri que es la versión que se incluía en el álbum de homenaje que publicó Rockdeluxe. Y para acabar, la versión del grupo TheYellow Melodies. A disfrutar de esta pequeña joyita.    

domingo, 9 de febrero de 2014

El día después



Como todo el mundo debe saber ya a estas alturas hasta en el más recóndito rincón del estado español, ayer, ocho de febrero de dos mil catorce, la infanta Cristina de Borbón y Grecia, la segunda hija del Juan Carlos de Borbón, Rey de España por la gracia del general Franco y de la CIA, séptima en la línea de sucesión al trono, Duquesa de Palma, esposa del ex jugador de balonmano  y crack de las finanzas, Iñaki Urdangarín, y trabajadora de la Fundación La Caixa, pasó por los Juzgados de Palma de Mallorca —sin duda, los juzgados más famosos de este país, desbancando del ranking a los de Marbella— citada por el juez José Castro.
La infanta Cristina asistió al Juzgado como imputada por tejemanejes varios, entre otros, diversos delitos relacionados con la evasión fiscal y el blanqueo de capitales, delitos que supuestamente habría cometido en su condición de copropietaria de la sociedad Aizoon, de la que es dueña al cincuenta por cierto, con su marido, el ex jugador de balonmano, quien, como ya he señalado unas líneas más arriba, en su calidad de crack financiero, presuntamente se encargaba de desviar dinero público hacia dicha empresa, pensando que nadie se iba a enterar de la movida y que ese dinerito, le iba a permitir vivir, nunca mejor dicho, como un Duque.
Hoy, nueve de febrero, pasará a la historia de España como el día después. El día de la resaca. El día de los titulares en la prensa. El interrogatorio duró cinco horas y se formularon cuatrocientas preguntas. Y todo transcurrió según el guión previsto. Sabemos, por las declaraciones de algunos de los abogados que estuvieron allí dentro, que la Infanta se mostró esquiva, poco concreta, eludiendo dar respuestas tajantes a preguntas que, a priori, planteaban pocas dudas. Sabemos que el Fiscal Anticorrupción, de quien uno no sabe muy bien de qué parte está, parecía por momentos, miembro del equipo de abogados defensores. Y sabemos que estos, los abogados defensores, quedaron satisfechos con el resultado del interrogatorio y piensan que la infanta fue taxativa, firme, serena en sus respuestas al juez Castro.  Como digo, todo según el guión previsto.
A todo esto, la movilización de policías para salvaguardar la seguridad de la Infanta —había más de doscientos agentes, algunos de ellos llegados de fuera de Palma— le costó al erario público una buena pasta. Así que además de cornudos, apaleados, como reza el refrán.
A mí, personalmente, lo que más me jode de todo el asunto de la Infanta, de su marido, de Noos y de Aizoon, aparte de que hayan chorizado todo lo que presuntamente han chorizado, es la ambición sin límites que demuestra tener esta gentuza. No se conforman con vivir de puta madre, ellos y sus hijos, sin pegar un palo al agua, a costa de todos los españoles. Parece que eso no es suficiente para ellos. Mientras que en los tiempos asesinos que nos han tocado en suerte, la mayoría de la gente va sobreviviendo a duras penas, ellos siguen con sus carísimos viajes, con sus restaurantes de lujo, con sus viviendas de nueve millones de euros, por poner sólo algún ejemplo ilustrativo. Mientras que la mayoría de los españoles vivimos hipotecados hasta las cejas, estrangulados por bancos que nos roban inmisericordemente, la infanta Cristina recibe un préstamo de 12 millones de euros de su papaíto, el Rey del Reino de España. Y entonces a mí, al conocer ese dato, me asalta esta duda: si el papaíto está en disposición de prestar a la hija 12 millones de euros, ¿a cuánto asciende su riqueza?