Primero vinieron a por
el grupo de rock vasco,
pero no dijimos nada porque nosotros no
éramos vascos
ni tocábamos en un grupo de rock.
Luego le tocó el
turno al actor comunista procubano,
pero no dijimos nada porque no
éramos
ni actores ni comunistas ni procubanos.
Al poco tiempo
encerraron a los titiriteros,
pero tampoco esta vez levantamos
nuestra voz,
porque nosotros no éramos titiriteros.
Después la tomaron
con los del hip-hop,
pero como nosotros no éramos los del
hip-hop,
miramos para otro lado y no dijimos ni mú.
A los del hip-hop les
siguieron los tuiteros,
pero no queríamos problemas, así que
seguimos calladitos,
porque nosotros no éramos tuiteros.
Poco después fue el
turno de los activistas sociales,
pero como nosotros no estábamos
en el activismo social,
guardamos un silencio sepulcral.
Al poco tiempo, fueron
a por los periodistas,
pero ese no era nuestro problema
porque
los periodistas estaban en el otro bando.
Luego fueron a por los
humoristas
pero no se oyó ninguna protesta,
porque nosotros
no éramos humoristas.
Y por último vinieron
a por los poetas,
y resulta que nosotros éramos poetas,
pero
para entonces la libertad de expresión
había sido
secuestrada, torturada, violada,
fusilada y yacía, sin vida,
en
un gran charco de sangre roja
y en ese momento
descubrimos
que ya era demasiado
tarde
para poder decir algo.
Con La rubia del bar, sigue el rescate de la obra de Raúl Núñez
-
Desde “Intermitente”, la línea editorial de Efe Eme dedicada a libros no
musicales, continuamos recuperando la obra de Raúl Núñez. Ahora es el turno
de *...
Hace 14 horas
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