El día veintiocho de febrero
del año dos mil doce,
junto al Arroyo del Navajo,
en el Valle de Juárez,
Estado mexicano de Chihuahua,
fue encontrado sin vida
el cuerpo de la joven
Brenda Berenice Castillo García.
Había sido secuestrada
en el corazón mismo de Ciudad Juárez,
a plena luz del día,
el seis de enero del año dos mil nueve.
Brenda había ido hasta allí buscando un empleo.
y lo había hecho ella sola,
Su madre no pudo acompañarla,
como era el deseo de ambas,
porque no tenían dinero suficiente
para pagar dos billetes de autobús.
Aquel fatídico Día de Reyes
en el que Brenda desapareció para siempre,
la muchacha tenía diecisiete años
y un hijo de un mes,
al que alimentaba con la leche,
dulce y tibia,
de sus pechos adolescentes.
Dice el informe del forense que practicó la
autopsia
que los asesinos de Brenda
le sacaron los ojos antes de matarla.
Dice la mamá de Brenda
que los ojos de su hija
eran grandes, oscuros, profundos.
Como el sufrimiento de Ciudad Juárez.
Grande, oscuro, profundo.

No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.