martes, 20 de marzo de 2012

Políticos: un relato surrealista

A menudo sueños con políticos. Están en campaña electoral. Van por pueblos y ciudades, saludando a la gente. Reparten abrazos a discreción. Sonríen como hienas. Critican en el adversario lo que en ellos son grandes cualidades. Hacen promesas que saben a ciencia cierta que jamás cumplirán. Toman en sus brazos a los niños pequeños y los besan intentando demostrar a la audiencia cuán buenas personas son, rebosantes de los más puros sentimientos. Hablan y hablan sin parar. Y mienten. Constantemente. Cuanto más hablan, más mienten. Hablan de crear puestos de trabajo, de defender el sistema público de pensiones, la escuela pública, la sanidad pública, la cultura. Todo mentira. Una gran mentira. En realidad todo eso se la trae floja. Al final acabarán haciendo todo lo contrario de lo que habían prometido.
También visitan fábricas sin parar: de pan, de coches, de muebles, de ladrillos. Da igual. Lo importante es visitar una fábrica. Para muchos de ellos, esas serán las únicas fábricas que van a pisar en sus putas vidas. Otras veces van a los mercados y allí reparten besos, saludos y propaganda electoral. Papeles que nadie va a leer y que cuestan una pasta gansa. Otras veces los veo hablando en mítines. Palabras huecas, vacías, con las que echan la culpa de todo a los demás: al gobierno anterior o al gobierno que llegará, o al copón bendito. Eso es lo de menos. Cualquier cosa con tal de no admitir sus errores, sus fracasos, sus incompetencias, sus miserias.
A menudo sueño con políticos. Terribles pesadillas. Vienen hacia mí con sus trajes de diseño y sus rostros artificiales a pedirme que los vote, porque si les doy mi voto, si deposito en ellos mi confianza (esta es una frase que se repite una y otra vez en mi sueño), mi vida será mucho mejor de lo que haya imaginado jamás. Se acercan a mí con sus eslóganes artificales, frases hechas que no sgnifican una mierda, y que ha inventado algún cerebrito en un despacho equipado con las más modernas tecnologías. Evidentemente se trata de algún espabilado que no tiene ningún contacto real con la calle, con los problemas de la gente o con el sufrimiento cotidiano de los que tienen que salir a diario a buscarse la vida. No obstante, a ellos, a los políticos, todo esto les da igual. Ellos seguirán acercándose a mí con la intención de embaucarme como si fuera subnormal.
Lo malo de todo esto es que cuando despierto, los políticos siguen allí, sonriendo, pidiendo mi voto, prometiendo y mintiendo. Y no hay forma de escapar de ellos.

3 comentarios:

  1. a qué sí? no te lo puedes ni imaginar
    salud

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  2. Política es el arte de obtener dinero de los ricos y votos de los pobres, con el fin de proteger a los unos de los otros.

    Noel Clarasó

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