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martes, 19 de mayo de 2020

Libertad, libertad, gritan los ricos


Ya estamos otra vez. ¿No lo habéis visto en los telediarios? Los ricos quieren libertad. Cada tarde, vestidos con sus mejores galas y envueltos en las banderas rojigualdas, que lo mismo sirven para un roto que para un descosido, salen a las calles de Madrid y de otras ciudades españolas a pedir, ¡qué digo pedir!, a CLAMAR libertad. Porque a los fachas les encanta la libertad, pero sólo la propia, no la de los demás. Por eso se oponen a todo lo que suponga la libertad de los demás: el aborto, el divorcio, que cada cual ame a quien le salga de la nariz, los referéndums de autonomía, etc.  ¿Os acordáis de las manifestaciones contra Zapatero en contra del aborto, del matrimonio gay, de que se acabara la ETA, y del copón bendito? Pues aquí los tenéis de nuevo. Los señoritos-pijo-católico-fascistas-yosoyespañol-español-español y mi-perro-también-lo-es pero mi-cuenta-bancaria-es-suiza, vuelven a las andadas. Ahora piden libertad, sin ira, libertad, porque El Coletas, que es un cabrón totalitario y es el culpable de todo lo que pasa en el mundo mundial e incluso en la galaxia galáctica, les quita la libertad y de camino también les quiere quitar el dinero. Porque ellos, no van a permitir que un desgraciado como El Coletas les quite la libertad, y mucho menos el dinero, hasta ahí podíamos llegar, que para eso hace falta, como mínimo, un traje de militar, unos cuantos años en la Academia de Zaragoza y unos galones de General.
Eso sí que tiene glamur, no un pringao de Vallekas, elegido democráticamente.

sábado, 16 de mayo de 2020

Julio Anguita

Abro el ordenador y me entero de la muerte de Julio Anguita. Julio siempre ha sido un referente político, sindical y humano para mí y para muchas otras personas. Su honradez, su inteligencia, su vehemencia, su pedagogía, su vasta cultura, su actitud ante la política y la vida, que no dejan de ser dos caras de la misma moneda, han supuesto un espejo en el que mirarme, salvando, por supuesto, todas las distancias entre la grandeza de un personaje único, Julia Anguita, y mi mediocridad.
Hoy, cuando me acabo de enterar de que ha muerto, se me vienen a la mente estas palabras de Ernesto Che Guevara:
"En cualquier lugar que nos sorprenda la muerte, bienvenida sea, siempre que ése, nuestro grito de guerra, haya llegado a un oído receptivo, y otra mano se tienda para empuñar nuestro fusil."
Estoy seguro de que Julio Anguita las suscribiría sin dudar. Estoy seguro de que otros anguitas vendrán a empuñar el fusil que deja Julio- Estoy seguro de que otros luchadores vendrán a llenar el hueco que nos deja Julio.

miércoles, 18 de marzo de 2020

ALGUNOS DATOS (OFICIALES) SANITARIOS DE LA ETAPA DE MARIANO RAJOY

Estos datos son reales como la vida misma. Se pueden consultar, buscar, contrastar, porque están en los PGE de esos años. No hay trampa ni cartón. Esto es lo que Rajoy y el PP hizo con la Sanidad Pública de este país. Ahora pueden aplaudir todas las tardes hasta que les sangren las manos, pero no olvidamos lo que hicieron.

- Durante el gobierno de Mariano Rajoy el recorte en sanidad ascendió a la meteórica cifra de 21.000 millones de euros.
- En 2016, el gasto sanitario público en porcentaje del PIB (6,34%) fue el más bajo desde 2009.
- Entre 2010-2014, la atención primaria mermó su financiación en 1.500 millones de euros.
- El decreto de 2012 aprobado por el PP dejó sin cobertura sanitaria a miles de ciudadanos rompiendo el principio de universalidad.
- En 2012 retiraron 873.000 tarjetas sanitarias a residentes extranjeros.
- El aumento de los copagos supuso que un 4,7% de personas que habían recibido una prescripción farmacéutica no la retiraran por problemas económicos, según el CIS referido a 2017.
- A ello se unen las reducciones de personal (9.400 puestos de trabajo menos en los hospitales públicos entre 2010 y 2014); y el cierre de camas hospitalarias (5.600 camas menos entre 2010 y 2014).
- Mientras los centros hospitalarios públicos perdían personal (hasta un 2%), los privados lo aumentaban en un 8,3% (6.698 puestos).

domingo, 15 de marzo de 2020

LO PÚBLICO, LO PRIVADO Y EL COVID-19


¿Cuál es la moraleja? Esa es la pregunta que les hago siempre a mis alumnos y alumnas cuando leemos un cuento en clase. Y esa es la pregunta que cabría preguntarse en esta situación que estamos viviendo.
Y LA MORALEJA ES ESTA: Si algo nos va a enseñar la crisis sanitaria del COVID-19 es que lo privado no sirve en los casos de absoluta necesidad, como ahora. Ni quieren ni pueden. Lo privado es lo individual, y lo individual, es evidente, sólo sirve para uno mismo. Durante mucho tiempo el neoliberalismo, representado en nuestro país por las políticas hiperagresivas del Partido Popular (pero no nos engañemos: neoliberales han sido Ciudadanos, el PSOE, el PNV, CIU, CC, y prácticamente todos los que han gobernado), se ha dedicado a desmantelar la sanidad pública, privatizando siempre que fuera posible. El ejemplo más evidente es el de Madrid, donde el desastre de las privatizaciones llevadas a cabo por Esperanza Aguirre es absolutamente descorazonador. Ahora, cuando tanto se necesita un sistema sanitario fuerte, capaz de dar una respuesta a la altura de las circunstancias, muchos descubren que hacen falta muchos más medios, materiales y humanos, para combatir la enfermedad. Sería cómico si no fuera por la gravedad histórica que estamos viviendo, ver a Casado y otros ilustres neoliberales pidiendo, ahora sí, la intervención del Estado, cuando hasta hace diez minutos, la intervención estatal era poco menos que el demonio de todas las políticas. Todo sería muy diferente si durante las últimas décadas se hubiese apostado por lo público, contratando al personal necesario, pagándoles lo que merecen, abriendo hospitales públicos, equipándolos con la tecnología necesaria. Sin embargo, se hizo todo lo contrario: se recortó en personal (se les contrató mal y nunca), se eliminaron cientos de camas, etc., etc.
Y lo mismito, lo mismito, ocurre con la educación. Pero de eso hablaremos otro día. 

martes, 21 de enero de 2020

ADOCTRINAMIENTO

Estoy desolado. Tristón. Hecho mierda. A mi niña, que me la han adoctrinado. Esto lo veía yo venir, os lo juro. Mi hija, de 16 años, cursa Primero de Bachillerato en la rama de Humanidades en un IES público. Pues llega ayer la menda del instituto y así, como si tal cosa, sin vaselina, va, y me suelta:
-Papá, quiero decirte algo.
Yo, que estaba comiendo espaguetis a la boloñesa, pensé (en un ejercicio espontáneo de lo que James Joyce denominaba “flujo de conciencia”): ésta ha roto el móvil y quiere que le compre otro.
Pero no, no iban por ahí los tiros. Lo que me ha dicho es que ella IDOLATRA a un tipo de Granada que escribe versos y obritas de teatro, de esas con mensaje. Por lo visto el individuo en cuestión, además de maricón y muy sensible, se maneja muy bien con el lenguaje y encima, y esto es lo peor con diferencia, es, no se lo pierdan, lo que se viene conociendo como socialanarcobolcheviquebolivarianoprocubanofeminazifiloetarrayquiereromperEspaña, o sea, que quiere imponer la dictadura progre. Entonces yo, con la parsimonia que me caracteriza, la he mirado fijamente a los ojos y le he pedido que me dijera el nombre de ese individuo:
-Federico García Lorca, -ha contestado.
Y después ha añadido:
-Papá, ese hombre escribió:

Debajo de las multiplicaciones
Hay una gota de sangre de pato.

Y ya me ha roto todos los esquemas.
Del disgusto que me he llevado, sólo me he podido comer el plato de espaguetis, dos naranjas (tamaño XXL), medio kilo de nueces y después, un café con leche, porque no me pasaba nada más.
Moraleja: esto me pasa por no usar el pin parental de los cojones. ¿Alguien se sabe el teléfono de Hazte oír, para que me pongan encontacto con un buen exorcista?

jueves, 18 de abril de 2019

La educación en Portugal

Leo en "El País" una entrevista con TIAGO BRANDÃO RODRIGUES, MINISTRO DE EDUCACIÓN PORTUGUÉS y no me queda más remedio que morirme de envidia. En Portugal el gobierno socialista apoyado por comunistas y ecologistas, ha consegiido en un tiempo récord convertir la educación portuguesa en un referente mundial educativo, con medidas que son fáciles de aplicar y que se podrían poner en marcha aquí YA.

Dice el artículo:

"La prensa internacional describe hoy a Portugal como la “estrella emergente en educación” por sus avances en el Informe PISA. Al cambio de siglo, se situaban en la cola y en el último logró 501 puntos en Ciencias (493 los escolares españoles), 498 en Lectura (496) y 492 en Matemáticas (486). Y el país destaca también en la autonomía de los centros, la innovación pedagógica, la gratuidad de los libros de texto o la intensa formación del profesorado."

Una de las medidas estrella tiene que ver con los cnetros concertados. Señala el periodista al respecto:

P. Las subvenciones para los centros concertados llevan camino de desaparecer en su país.

Y contesta el Ministro:

"R. Había 79 colegios concertados que consumían 140 millones al año y la ley dice que deben de existir donde la escuela pública no cumple su función. Hemos quitado la subvención para el próximo curso a 49 de ellos y gastaremos 45 millones. En Santa María de Feira, a 30 kilómetros de Oporto, había un centro privado que recibía casi seis millones de euros y al lado cuatro escuelas públicas casi desiertas. No tenemos un afán excluyente, solo cumplimos con la ley."

Que tomen nota los políticos españoles, Pero que la tomen ya, no dentro de 25 años. Porfa, porfa, porfa.

domingo, 10 de febrero de 2019

La venezuelización de España



Hoy hemos asistido al primer acto de la venezuelización de España. La han puesto en marcha los trillizos naziliberales: Albertito, Pablito y el del caballo (no digo su nombre porque ya lo dijo Mamadou en su genial vídeo: nombrarlo acarrea siete años de mala suerte). El plan consiste en sacar al facherío a la calle a decir que el gobierno no es legítimo, que el presidente es un felón (son carcas hasta para el uso del lenguaje), a pedir la abolición del aborto, y la reposición en TVE de la filmografía completa de Mariano Ozores. Todo aderezado con mogollón de banderas made in China hechas de plástico barato. En breve se referirán a él como “dictador”, como hicieron en Venezuela los colegas fachas de estos fachas con Nicolás Maduro, y si Sánchez aguanta mucho, pedirán que intervenga el ejército, la guardia civil, la policía nacional y hasta protección civil. Después vendrá lo de la ayuda humanitaria. Se repartirá básicamente en el barrio de Salamanca. Será caviar y burbon de Kentucky. En las 3000 viviendas el menú será distinto: mortadela y vino peleón. Al final uno de los trillizos naziliberales, está aún por determinar quién de ellos será, se autoproclamará Presidente del Gobierno. A Sánchez no le hará ni puta gracia. Y tratará de defender su legitimidad con uñas y dientes. Pero ya será demasiado tarde porque Donald Trump, junto con los gobiernos de Argentina, Colombia, Canadá, Alemania, Francia, y otros mamporreros del imperio yanqui, habrán invadido España y habrán llevado a Sánchez, a Carmen Calvo, a Grande Marlaska, a Borrel (sí, también a él, aunque gritará con todas sus fuerzas mientras le ponen los grilletes, que él no es culpable, que él se llevó el salivazo de Rufián) a Guantánamo, con el mono naranja incluido y los torturarán obligándoles a oír sin parar, las treinta horas del día (en Guantánamo los días tienen treinta horas) los discos de Alejandro Sánz, Juanes, Miguel Bosé, y los vídeos de Boris Izaguirre. En Venezuela tienen petróleo, pero aquí tenemos algo mucho más importante y estratégico: gin tonics baratos. Que no se os olvide.

martes, 19 de junio de 2018

Esa extraña fruta llamada Billie Holiday


En los diccionarios ingleses de sinónimos debería de existir una entrada con el nombre de Billie Holiday, y al lado de este nombre deberían estar escritas palabras como pasión, sentimiento, dolor, ritmo, melancolía, adicción, cárcel, autenticidad, melodía, gardenias, blues, jazz. Porque decir Billie Holiday es decir todas esas palabras a un tiempo y aún más.
Billie Holiday vivió apenas 45 años, pero en esa corta vida dejó como legado una carrera como cantante que tumba de espaldas. Su vida es una mezcla inseparable de elementos legendarios y de realismo sucio, pero tan sucio que ni el mejor de los escritores del género hubiese sido capaz de inventarlo. En muchas ocasiones resulta complicado separar la leyenda de la realidad cuando hablamos de Billie, poner a un lado de la balanza lo que de verdad ocurrió de lo que ha sido inventado y ha llegado hasta el presente.
Lo que se sabe con seguridad es que nació en Filadelfia, en 1915 y que su verdadero nombre fue Eleonora Fagan. También sabemos que al nacer la niña, su madre, Sadie, tenía veinte años y su padre, el guitarrista de jazz Clarence Holiday, veintidós. No es difícil imaginar que con esas edades lo último en lo que estaban pensando era precisamente en criar a una pequeña. Así que la niña pasa su infancia entrando y saliendo de los hogares de acogida, abandonada mil y una veces por su madre, porque el padre se largó en los primeros días de vida del bebé y hasta veinte años más tarde no vuelve a reaparecer en esta historia. En aquella época no era extraño que la gente de su raza fuera de un lado para otro. De esta manera, madre e hija muy pronto se trasladaron a Baltimore, en el estado de Maryland, una de las ciudades americanas con el índice más alto de población negra. Pero tampoco este sería el lugar definitivo. La pequeña Eleonora acabaría en Nueva York, en el barrio de Harlem, barrio negro por excelencia.
Allí, en uno de los lugares más duros para que una niña crezca, fue violada por un vecino, cuando tan solo tenía once años. Imaginad por un instante qué  experiencia tan traumática, cuánto miedo y dolor tuvo que sentir la pequeña. De hecho, jamás desaparecería del todo el terror que experimentó aquel día. Un poco después de la violación empieza a trabajar como chica de la limpieza en un burdel neoyorquino. Y es aquí, entre prostitutas y chulos, donde comienza su amor incondicional por el jazz.
La vida de Billie fue intensa, repleta de drogas, de prostitución, de alcohol, de sexo (se confesaba abiertamente bisexual cuando ese era un gran tabú social), de viajes a lo largo y ancho de los Estados Unidos, de violencia, de marginación, de segregación racial. Y sin embargo, también fue una vida rica en belleza, en pasión, en amor, en emociones compartidas, en gritos de rabia con forma de canción. En 1933 pone por primera vez un pie en un estudio de grabación, acompañada por el genial clarinetista Benny Gooman. Desde entonces hubo decenas de grabaciones. Cientos de canciones. Personales e intransferibles, porque así era su voz: un regalo de los dioses. Nadie jamás ha cantado como Billie. Y probablemente, nadie volverá a hacerlo nunca. Era como si las gardenias que adornaban cada noche su pelo negro, le transmitieran una fuerza mágica para estar en el escenario, para comunicarse con el público, para transmitir emoción a raudales. Aunque fuese colocada hasta las cejas.
Compartió escenario y estudios de grabación con los mejores músicos de jazz de la época: Count Basie, Lester Young, Artie Shaw, Art Tatum, Charlie Shavers, Oscar Peterson, Duke Ellington, Miles Davis, Coleman Hawkins, Gerry Mulligan y muchos, muchos más.  Algunas de las canciones que grabó están entre lo mejor que se ha grabado en la historia de la música, de cualquier estilo musical. Canciones como monumentos imperecederos levantados con la voz, obras de arte que seguirán existiendo por tiempo indeterminado, mientras el ser humano siga emocionándose con ese sentimiento extraño e inmaterial al que llamamos belleza. Estoy hablando de temas como “Strange fruit”, “My man”, “Gloomy Sunday” o “God Bless the Child”, por citar solo una minúscula parte de lo que cantó. La lista es, obviamente, interminable.
Lady Day, apodo con el que se la conocía, murió un caluroso día de verano de 1959, en la ciudad de Nueva York, a causa de una cirrosis hepática causada por décadas de intensa adicción al alcohol, a la heroína, a la cocaína.  Es el riesgo que hay que correr cuando se es una yonki de largo recorrido. Murió sola y pobre, haciendo honor a la leyenda, como había ocurrido con Bessie Smith, su maestra y gran inspiración. Más de tres mil personas asistieron a su funeral, que se celebró en la Capilla de San Pablo, en Nueva York. Fue enterrada en  la misma tumba en la que descansaban los restos de su madre, en el cementerio de Saint Raymond. En 1960, sus restos fueron exhumados y enterrados, esta vez, en una tumba para ella sola. 
Desde entonces se han escrito decenas de libros biográficos, se han rodado documentales sobre su figura y películas de ficción, se han escrito cientos de poemas, de canciones dedicadas a la voz más particular del jazz, porque su música, su manera de cantar, los avatares de su vida, siguen levantando pasiones.
Aún hoy, cuando han pasado tantos años de su muerte, la influencia de Billie en la música popular es tan profunda que no hay ningún cantante de jazz, e incluso de otros estilos, hombre o mujer, que escape a ella. Desde Martirio a Silvia Pérez Cruz, desde Casandra Wilson a Madeleine Peyroux, desde José James a Guru. Ninguno de ellos existiría si no hubiese existido antes la gran Billie Holiday.

domingo, 3 de junio de 2018

Las Vulpes, inventando el femipunk


El día 16 de abril del año 1983, sábado para más señas, yo tenía 13 años. No recuerdo cómo fue aquel día: si brilló el sol o llovió intensamente; si hizo frío o calor. No recuerdo si tuvo lugar algún acontecimiento trascendental o fue un día más de tantos. Y sin embargo recuerdo perfectamente que aquel sábado por la mañana, recién levantado, desayunando, todavía en pijama y medio adormilado, tuve oportunidad de ver en la televisión uno de esos momentos que se graban en la retina y permanecen para siempre: la actuación de Las Vulpes.
El programa en cuestión se llamaba Caja de Ritmos y lo dirigía el gran Carlos Tena, toda una referencia en el periodismo musical de este país. Tena tenía ya en 1983 una larga carrera profesional a sus espaldas, tanto en radio como en televisión. Había dirigido otros programas musicales como Popgrama o Música maestro. Pero es que el guionista del programa era nada más y nada menos que Diego A. Manrique, el periodista musical número uno de la historia de este país. Cuenta la leyenda que Manrique fue quien eligió al grupo vizcaíno para que apareciera en el segundo programa, pues según contaba el propio Carlos Tena, él no tenía ni idea de quiénes eran estas chicas hasta que Diego le habló de ellas. Caja de ritmos se había estrenado la semana anterior, o sea, el sábado 9 de abril. El plato principal para el segundo programa era un grupo enteramente femenino procedente del País Vasco, de Barakaldo (Vizcaya) para más señas. Cuatro chicas de entre 17 y 21 años, que se habían bautizado con el simbólico nombre de Las Vulpes (zorra en latín).
Cuando grabaron la actuación para Caja de Ritmos, la formación definitiva de Las Vulpes apenas llevaba siete meses funcionando. Tras algunos intentos fallidos de formar un grupo exclusivamente de chicas, la que sería la formación definitiva de la banda, se había juntado en el verano de 1982. Mamen, Loles, Lupe y Begoña. Cuatro punkis con las ideas muy claras. Durante esos siete meses, las cuatro chicas habían estado prácticamente encerradas en un local de ensayo junto a una serrería, ensayando duro, aprendiendo a manejar con cierta soltura los instrumentos, horas y horas aporreando la batería, el bajo y la guitarra. Gritando a toda hostia. Allí, enclaustradas entre cuatro paredes, habían abrazado la religión del punk y adoraban, sobre todas las cosas, a Johnny Rotten, su único dios verdadero, cantante y líder absoluto de los Sex Pistols, la banda que en 1977 había llevado su anárquico rocanrol a las cotas más altas de nihilismo, bajo el eslogan de “No future”. La banda londinense habían escandalizado a la biempensante sociedad británica hacía un lustro con temas como “Anarchy in the UK”, “Pretty Vacant” o la celebérrima “God Save The Queen”, temas todos ellos incluidos en su único álbum, Never Mind The Bollocks (Virgin, 1977). Durante aquellos meses de duros ensayos, las chicas ponen en pie un repertorio bastante potente. Y graban un par de maquetas que mueven por todo el  País Vasco. Poco a poco se van haciendo un nombre en una incipiente escena punk vasca. En una entrevista que les hizo la periodista Rosa Montero para El País algunos días después de su única aparición en televisión, contaban que su repertorio hasta aquel momento consistía en tan solo trece canciones, trece disparos certeros contra la Iglesia católica, contra el machismo imperante en la sociedad española, contra la hipocresía pequeño-burguesa, contra los políticos de derechas y de izquierdas, contra la amenaza nuclear, “contra todo”. En este repertorio había, como no podía ser de otra manera, varias versiones de Los Ramones, de Eddie Cochran, UK Subs y The Stooges.
“Me gusta ser una zorra”. Así se titulaba la libérrima adaptación que Loles, guitarrista del grupo, había hecho del “I wanna be your dog”, el mítico tema que Iggy Pop había compuesto en 1969, para el álbum de debut de su banda, The Stooges, y de cuya producción se encargó otra leyenda del rock: John Cale. En 1983, Loles tenía 18 años, pero la letra de la canción había sido escrita 3 años antes, o sea, cuando la chica tenía 15 años. En la entrevista de Rosa Montero, la autora del texto se mostraba tajante: “si tú me dices que soy una zorra sólo porque soy distinta a ti, porque no quieres comprenderme, entonces yo gritaré que me gusta ser una zorra.” La letra de la canción empezaba con estos versos:

Si tú me vienes hablando de amor,
Qué dura es la vida, cual caballo me guía.
Permíteme que te dé mi opinión,
Mira, imbécil, que te den por culo.
Me gusta ser una zorra,
Me gusta ser una zorra,
Me gusta ser una zorra,
Me gusta ser una zorra,
¡Cabrón!

Después continuaba con una aseveración contundente (esta fue la parte que más mosqueó a los meapilas del ABC, probablemente porque sus podridas meninges de machos hispanos no podían soportar la idea de que una chica prefiriera masturbarse a estar con un tío):

Prefiero masturbarme, yo sola en mi cama,
Antes que acostarme con quien me hable del mañana,
Prefiero joder con ejecutivos.
Que te dan la pasta y luego vas al olvido.
Me gusta ser una zorra
Me gusta ser una zorra
¡Mamón!

Y acababa con una alusión nada velada al cantante neoyorquino Lou Reed:

Dejando ahora mi profesión,
Te pido un deseo de todo corazón,
Quiero meter un pico en la polla,
A un cerdo carroza llamado Lou Reed
Me gusta ser una zorra.

En el artículo de Rosa Montero, se aclaraba el porqué de esta estrofa final de la canción: ¿Y el final? Bueno, el final ese del pico en la polla de Lou Reed pensaron en quitarlo, porque no pega con el resto. Fue una broma, una tontería. Por entonces había venido Reed a Madrid y Lupe tuvo que pintárselas de todos los colores para poder reunir dinero para verle: se tuvo que desplazar haciendo dedo, en fin, una movida. Y luego el Lou Reed cogió y cantó sólo siete canciones, el muy guarro, y encima el tío había dicho en una ocasión que a Johnny Rotten había que meterle un pico en la polla, a Johnny Rotten, nada menos, a quien tanto admira Lupe. Así es que ella se calentó y terminaron la canción con esa estrofa, "quiero meter un pico en la polla a un cerdo carroza llamado Lou Reed", por chorizo. Una tontería, vamos.
Sobre los versos más polémicos de la letra de la canción, los que hacían referencia a la masturbación, las chicas opinaban: "Nos gusta ser como somos y pensamos que a nadie debe escandalizar que digamos que nos masturbamos, porque eso es natural, eso lo hace todo el mundo. Es más fuerte poner películas violentas u obligar a niños a seguir determinado tipo de religión". Lo que demostraba que ellas eran las más sensatas de toda esta movida.
Lo que ocurrió después de la emisión de “Me gusta ser una zorra” en el programa Caja de Ritmos forma parte de la memoria colectiva de toda una generación de teleespañolitos. El diario monárquico, ultraconservador y católico-talibán ABC escribió una editorial atacando al grupo, al director del programa y, de paso, a los mandamases de RTVE. Hubo querellas criminales, visitas a los juzgados, preguntas en el congreso, réplicas y contrarréplicas, y otras historias casposas de las que, tan a menudo, pasan por aquí y que tienen que ver, cómo no, con ataques furibundos contra la tan cacareada libertad de expresión. De aquellos lodos vienen estos polvos.
A rebufo de la polémica, Las Vulpes grabaron un single con dos canciones: “Me gusta ser una zorra”, en la cara A, e “Inkisición”, en la cara B, editado por la discográfica independiente Dos Rombos. Se despacharon doce mil copias de aquel disco en apenas unas semanas, y hoy en día, es un artefacto bastante cotizado en el mercado del coleccionismo discográfico. Y sin embargo, los meses que siguieron estuvieron más cerca de ser una pesadilla que de un sueño placentero: conciertos en los que no cobraban, ultraderechistas boicoteando sus actuaciones, garrulos que pensaban que aquellas tías eran unas putas dispuestas a follar con el primer anormal que apareciera, y otras lindezas por el estilo. Así que al poco tiempo, decidieron poner fin a aquella historia y seguir cada una por su camino.
En el año 2005, las 3 supervivientes de la formación original (Lupe había muerto en 1993) se volvieron a juntar y grabaron un disco en directo que se llamó Me gusta ser (Ohiuca, 2005), con el que intentaban saldar viejas deudas Han pasado 35 años de toda esta historia y durante estos años la leyenda de Las Vulpes no ha hecho más que aumentar de tamaño. Se han hecho numerosas versiones de su tema estrella, y su influencia se puede rastrear en bandas de chicas tanto en el estado español como en otros países de Hispanoamérica. Nombres como los de Les Biscuits Sales, Las Perras del Infierno, Molly G, Las Furias, Rotten Nuttes, Las Ultrasónicas, Las Sexpeares, Selene, Akelarre y muchas, muchas más han seguido el camino iniciado por Mamen, Loles, Lupe y Begoña y se reconocen como herederas directas de la banda de Barakaldo. No en vano ellas fueron las pioneras del femipunk y eso, siempre supone un plus.