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jueves, 1 de agosto de 2019

COQUE MALLA, EL TRIUNFO DE LA CONSTANCIA


En 1985, los grupos de la Nueva Ola habían alcanzado el éxito masivo: Alaska y Dinarama, Radio Futura, Gabinete Caligari, Nacha Pop, Los Pistones, Ilegales o La Mode vendían miles de discos. Pero al mismo tiempo, en 1985, algunos de estos grupos que habían aparecido con la intención de renovar el anquilosado panorama musical de este país, ya empezaban a dar muestras de cansancio, de repetición y, lo que es mucho peor, de cierto aburrimiento.
No obstante, un buen puñado de chicos jóvenes, que habían echado los dientes escuchando a los Rolling Stones y a la Velvet Underground, estaba dispuesto a tomar el relevo. Uno de ellos era Jorge Malla Valle, un madrileño de 1969, que pasaría a la historia de la música española con el nombre artístico de Coque Malla.
En 1985, Coque Malla era apenas un niño. Pero ya tenía claro que el rocanrol era la única religión verdadera y que Mick Jagger, Jonathan Richman, Lou Reed o David Bowie eran sus profetas en la tierra. Así que decide formar un grupo. Para ello se junta con Ricardo Moreno, batería; Luis García, que toca el bajo, y Luis Martín, que toca la guitarra y se bautizan como Los Ronaldos.
El 8 de julio de 1987, se publica el primer disco de la banda madrileña, titulado como ellos mismos, Los Ronaldos, grabado durante dos jornadas, con todos los miembros del grupo tocando en directo y producido por Paco Trinidad. Una docena de canciones rebosantes de frescura, de ímpetu juvenil, de fogosidad desbordante. Sorprenden sobremanera las letras de las canciones, cuya autoría corresponde al jovencísimo Coque. Temas como “Guárdalo”; “Sí, Sí”, “Azul blues”, “Eres fresca”, o “Si os vais”, ponen el listón muy alto, y suponen un revulsivo en el rock español.
De este primer disco, la banda va a despachar la nada desdeñable cifra de cincuenta mil copias. Estas cifras de venta les permiten ampliar el presupuesto para la grabación del segundo disco, “Saca la lengua”, producido, igual que su antecesor por Paco Trinidad y que contenía temas como “Adiós papá” o “Por las noches”. Los Ronaldos se han convertido en apenas tres años en uno de los grupos más destacados del panorama musical español.
Para la producción del tercer disco, contratan a uno de sus ídolos de toda la vida: John Cale, de la Velvet Underground. Pero aquello fue un gran error. Cale no conecta con el grupo, coge el cheque y termina dejando que los músicos hagan su santa voluntad. De esta manera, Sabor salado, baja en ventas y, en calidad.
Los primeros noventa supusieron el principio del fin. El cuarto disco, Cero, y el quinto, Idiota, pasan con más pena que gloria. Aún habrá tiempo para grabar un disco en directo, Quiero que estemos cerca, que es el acta de defunción de uno de los grupos más emblemáticos de la historia de la música española.
Pero esto es rocanrol, y parafraseando a Lope de Vega, el que lo ha probado, lo sabe. Y Coque lo había probado. Así que sigue componiendo y escribiendo canciones, tocando por garitos de Madrid. Aquello era un regreso a la casilla de salida. De nada servía su hoja de servicio.
En 1999, Coque Malla publica su primer disco en solitario: Soy un astronauta más. Se trata de una colección de canciones hechas por un cantautor personal e intransferible. En las nuevas canciones hay espacio para los medios tiempos, para la reflexión introspectiva, para mirar hacia dentro, para la poesía de tintes urbanitas, a veces desangelada, a veces esperanzadora. Temas como “Punto cero”, “Tú y yo” o “La mujer sin llave”, son, sencillamente, geniales.
Desde entonces, la carrera musical de Coque Malla no ha hecho más que agrandarse. Hasta la fecha ha grabado cuatro discos más en estudio y un par de directos. Sueños (2004), La hora de los gigantes (2009), Termonuclear (2011), El último hombre en la tierra (2016). Además un disco en directo con versiones de Rublén Blades, grabado en 2012 y publicado en 2015, la versión low-fi de Termonuclear, titulada Termonuclear en casa de Coque, y su último trabajo hasta hoy, otro álbum en vivo llamado Irrepetible, en el que Coque, aupado, ahora sí, a lo más alto de la cima, repasa algunos de los momentos más emblemáticos de su carrera, acompañado de artistas de la talla de Jorge Drexler, Iván Ferreiro, Amable Rodríguez, Dani Martín, Santi Balmes, o Neil Hammond.  
Coque Malla es uno de los grandes autores de canciones de este país. A la altura de Santiago Auserón, de Antonio Vega, de Kiko Veneno o de Christina Rosenvinge, por citar algunos de mis favoritos. Todos sus discos están repletos de joyas. Sueños es un disco absolutamente experimental, poético, psicodélico y onírico. La hora de los gigantes es una obra de arte inconmensurable en la que el rock y el soul se dan la mano sin estridencias. Termonuclear es un exorcismo, un bálsamo contra el dolor del desamor, contra tanta mierda que nos rodea en la vida cotidiana, un disco perfecto para sentarse a lamerse las heridas y El último hombre en la tierra, es sencillamente, un milagro, el disco que lo ha devuelto a la primera línea, que ha hecho que su autor vuelva a llenar teatros y que crezca como músico. Un disco fabuloso con el que Coque ha disfrutado encima de los escenarios.
A día de hoy, el músico madrileño vive un momento dulce en su carrera. La guinda del pastel la puso en 2018, cuando consiguió el Premio Goya a la mejor canción original por el tema “Este es el momento”, que se puede escuchar en la gran película Campeones, dirigida por Javier Fresser.  
No me gustaría terminar sin hacer referencia a la relación de Coque Malla con el mundo del cine. Como ya hemos dicho, en su vida siempre ha estado latente esa pasión por la interpretación. No en vano es hijo de actriz y de director de teatro. A Coque lo hemos podido ver en varias películas: Dispara, Madregilda, Todo es mentira, El efecto mariposa, Días de cine, Íntimos y extraños: 3 historias y media o Gente en sitios, en mi opinión, su mejor papel y la mejor película en la que ha intervenido
He dejado para el final uno de los momentos álgidos en la carrera del artista madrileño. Me estoy refiriendo a su disco Mujeres. En 2013, Coque decidió grabar un álbum que recopilara algunos de los momentos más brillantes de sus cuatro discos en solitario, pero no lo haría de la manera habitual. Nada de eso. Eso es ir a lo fácil y a él lo fácil, no le sirve. Eligió a diez destacadas artistas para que cada una de ellas interpretara un tema de su discografía: Leonor Watling, Jeannette, Rebeca Jiménez, Ángela Molina, Laura Gómez Palma, Vilma, Amparo Valle, Alondra Bentley, María Rodes y Anni B. Sweet. Mujeres es un proyecto en el que Coque revisa nueve de sus canciones más potentes, y añade una inédita. Aquí la imagen juega un papel fundamental. No en vano, el propio Coque manifestaba en una entrevista con Juan Puchades en la revista Efeeme que “la obra me parece que es el deuvedé, y lo otro es la banda sonora: el verdadero meollo del asunto es la imagen y el audio”. En esa misma entrevista contaba cómo había elegido a esas mujeres para que participaran en su proyecto:
Son tías que me molan, chicas que tienen interés para este proyecto o que intuía que de alguna manera les iba a gustar, o que se iban a sentir cómodas, o yo me iba a sentir cómodo con ellas. Ha sido un proceso muy natural y muy intuitivo. Quería mujeres que tuvieran personalidad, porque si vas a hacer un disco en el que vas a hablar de mujeres, pues tienen que ser mujeres con fuerza, con personalidad y con carácter.

Lo que vamos a ver hoy aquí, Mujeres, de Coque Malla, es una película documental dirigida por Gonzalo Visedo y Rodrigo López Casas, que surgió de la grabación del disco Mujeres. Sin embargo, no es sólo eso. También es un viaje por la carrera de este genial artista, por sus canciones, por sus reflexiones, por sus contradicciones, por sus relaciones de pareja, por su vida cotidiana. En palabras de Beatriz Martínez, en la revista Fotogramas,

el músico se interna en una investigación personal en torno a la eterna dicotomía entre hombres y mujeres para hablar con sus partenaires femeninas y con sus amigos sobre el significado del amor, el dolor de la separación, la importancia del sexo o la estabilidad de la pareja. Además, nos abre la puerta de su intimidad en el momento en el que acaba de ser padre y se abre una nueva etapa en su vida.

Durante 85 minutos asistiremos a la gestación de un proyecto que ocupó varios años y muchas horas de trabajo en la vida del músico madrileño. Ensayos y conversaciones y paseos por la ciudad y pasión desbordada y creatividad a raudales y música y poesía, mucha, mucha poesía. Sólo por la presencia de esas dos grandísimas figuras que son Ángela Molina y Jeannette, esta película ya merecería la pena, pero es que hay mucho más, como vais a tener ocasión de comprobar.
Mujeres es un documento visual perfecto para adentrarse en el universo personal de uno de los grandes músicos de habla hispana. Un artista que, desde aquel lejano día de 1985 en que decidió coger una guitarra y dedicarse en cuerpo y alma al rocanrol, ha sido, como cantaba Miqui Puig, “la banda sonora de una parte de mi vida”, de las vidas de muchos de nosotros. Un músico que, a la vuelta del verano, publicará su nuevo disco titulado ¿Revolución?, que ya estamos deseosos de degustar. Un músico genial, ambicioso, ecléctico, excepcional, capaz de tocar sin más compañía que la de su guitarra acústica, o en formato de grupo de rock, o acompañado por un cuarteto de cuerda o arropado por la Orquesta Sinfónica de Madrid. Un cantautor que va alcanzando, paso a paso, cada una de las metas que se propone, y que ha hecho de la constancia su mejor arma y que a mucha gente, entra la que me cuento, nos gusta a rabiar. Señoras y señores, con todos vosotros, las Mujeres, de Coque Malla.

(Texto de presentación de la película MUJERES, DE COQUE MALLA, en la XXVIII edición del Festival Tendencias de Salobreña, el 31 de julio de 2019)

viernes, 1 de noviembre de 2013

Lou Reed, listo para trascender el tiempo




El pasado domingo una triste noticia se apoderó, primero de internet, y un momento después, ya se había extendido como lo hace el fuego en verano, imparable, por todas las redacciones de todos los periódicos del mundo, por todas las cadenas de televisión, por todas las emisoras de radio. Y es que la noticia, para qué negarlo, no era moco de pavo. Había muerto Lou Reed. 
Lou Reed. Un icono. Un símbolo. Una figura capital de la música contemporánea. Un pilar imprescindible de la cultura desde los años sesenta del pasado siglo. El santo grial del rocanrol animal, como escribió Calamaro. El yonki, bisexual y mal encarado, que sobrevivió a su propia leyenda. Lou Reed. El tipo que, junto con John Cale, puso en funcionamiento The Velvet Underground, uno de los grupos fundamentales del rocanrol. El tipo que cantó a los chutes de heroína. El tipo que se paseó por el lado más salvaje de la vida y volvió, vivito y coleando, aunque eso sí, con unos cuantos kilos de menos, para contarnos lo que por allí, entre el lumpen-proletariat, habían visto sus ojitos. El tipo de cuya cabeza brotaron temas como “Walk on the Wilde Side”, “Romeo and Juliet”, “Heroin”, “Sweet Jane”, “Caroline says”, “Dirty Boulevard”, “Perfect Day”, “The Gift”, “Sister Ray”, “Sex with Your Parents”, “Vicious”, “Kill Your Sons” “All Tomorrows Parties”, “Satellite of Love”, “The Day JFK Died” y tantas y tantas canciones que, prácticamente, sería imposible enumerarlas todas. El tipo que grabó discos maravillosos, afilados e hirientes, unas veces; dulces y comerciales, otras; pero siempre honestos, siempre repletos de verdad y de pasión, porque nunca te dejaban indiferente. Estoy hablando de discos como Transformer, como Berlin, como Magic and Loss, como Rocanrol animal, como Growing up in Public, como New York, como The Bells, como The Blue Mask, como aquel primer disco de Velvet Underground, cuya portada mostraba el plátano más famoso del globo terráqueo, salido de la mente calenturienta de Andy Warhol. El tipo que fundía como nadie, poesía y rocanrol. Sí, has leído bien: POESÍA. Y ahora es cuando a muchos de los lectores de este artículo les toca decir, que no, que la poesía es otra cosa. Que Lou simplemente escribía canciones, algunas muy buenas, pero canciones al fin y al cabo. Pues no, amigas y amigos. Siento llevaros las contraria, pero precisamente POESÍA, y de la buena, muy buena, es lo que escribía el gran Lou. Y lo digo bien clarito y sin complejos.
Y es que hablar del escritor de canciones Lou Reed es hacerlo de uno de los más grandes poetas del siglo XX y de lo que llevamos de este siglo XXI. Y a los versos me remito. Y si tú, caro lector, eres uno de esos incrédulos que opinan que no hay poesía en el rocanrol, te invito a que busques y te hagas con un ejemplar de Atraviesa el fuego. Todas las canciones, el precioso libro en edición bilingüe que en el año 2000 recopilaba todas las letras escritas por Lou, tanto para su grupo, los revolucionarios The Velvet Underground como para sus discos en solitario o sus trabajos acompañado de John Cale, como aquel majestuoso Songs for Drella, el trabajo en el que, tras varios lustros, los dos genios se volvían a juntar para conmemorar la figura de su amigo Warhol.  
“…cuando pasas por el fuego lamiéndote los labios…” o “…en lo alto hay una puerta, no un muro…” o “Atrapado entre las estrellas desfiguradas” o “…reflejar lo que eres, en caso de que no lo sepas…” o “Manda la oscuridad a paseo” o “no es momento para tragarse la rabia”, son algunos de los versos que escribió Lou Reed. Y no seré yo quien diga que no los hay mejores que estos. Seguro que sí. Pero a mí, como lector, me resulta difícil encontrarlos.
Hace unos años, Lou Reed y el dramaturgo Robert Wilson pusieron en pie el proyecto Time Rocker. Solía decir Lou Reed que el objetivo de ambos, con esa obra, era “transcender el tiempo, cruzarlo y cruzar sus diversos límites y mundos”. Desde el pasado domingo, la figura inconmensurable del músico neoyorquino ya está, por derecho propio, en otro plano de la realidad. Ya ha transcendido el tiempo y ha cruzado sus límites. Ya ha conseguido su objetivo. Descanse en paz. 

martes, 29 de octubre de 2013

Un ángel despistado



Un ángel despistado

va por la calle

vagando entre la multitud,

tarareando la melodía

de una canción

de Lou Reed

que se llama

Canto fúnebre del ángel negro.



Nadie ha reparado

en el extraño color
de sus alas.

(Este poema está incluido en mi libro El placer de ver morir a un ángel (Ediciones Huerga y Fierro, 2009) y esta dedicado a la memoria del genial Lou reed, por todas esas maravillosas canciones y esos discos llenos de energía y rabia.)

domingo, 27 de octubre de 2013

Poema triste (Lou Reed)



El sonido incandescente de una guitarra eléctrica se derrama por la habitación. Con veintisiete dólares en el bolsillo, espera al camello para volver a sentirse el hijo bastardo de Jesucristo. Dentro de un rato, volará de un sitio a otro o se paseará por el lado más salvaje. Más tarde, solo, beberá y llorará y después tan solo será un lobo herido en la nieve, un soldado yanqui mutilado en Vietnam, el espíritu errante de Edgar Allan Poe, un hombre asustado entre las ruinas de Berlín, o tal vez, el tipo que disparó a John Fitzgerald Kennedy en Dallas. Ya está listo para atravesar el fuego.

Este poema pertenece a mi libro La mirada del jazz (Editorial Alhulia, 2006) y está dedicado a Lou Reed (Freeport, Long Island, Nueva York, 2 de marzo 1942 - 27 de octubre de 2013) uno de los músicos más importantes e influyentes de la historia de la música contemporánea. Lou Reed acaba de morir hace unas horas. Descanse en paz.