Mostrando entradas con la etiqueta Película. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Película. Mostrar todas las entradas

domingo, 21 de noviembre de 2010

Luis García Berlanga: el dulce placer de la transgresión

El Pasado sábado 13 de noviembre fallecía en su casa de Madrid el director de cine Luis García Berlanga. Tenía 89 años. El legado que deja para la posteridad es extraordinario: 17 películas, entre las que se cuentan un puñado de obras maestras y, sin ningún género de dudas, el gran alegato contra la pena de muerte que fue, que es, que seguirá siendo, El verdugo.
García Berlanga había nacido en la ciudad de Valencia en 1921, en el seno de una familia acomodada. Su padre llegó a ser Gobernador civil de Valencia durante la República. Este hecho, obligó al joven Berlanga a alistarse en la División Azul para luchar en el frente de Rusia, con el objetivo de salvar la vida de su padre. Allí coincidió con Luis Ciges (en la misma situación que Berlanga), que luego participaría como actor en muchas de sus películas. Sobre esta etapa de su vida dijo: “Lo pasé muy mal, fundamentalmente, por dos cosas: por el frío y por el miedo.” Y solía añadir: “Con todo, confieso sentir la satisfacción personal e íntima de no haber disparado un solo tiro en el frente, con lo que tengo la tranquilidad de no haber podido participar directamente en la desgracia de nadie.”
A finales de la década de los cuarenta, se matricula en la Escuela de Cine (su nombre técnico era Instituto de Investigaciones y Experiencias Cinematográficas), donde coincide con Juan Antonio Bardem, y donde algún tiempo después, el mismo Berlanga trabajaría como profesor. Con Bardem dirige, en 1951, a medias, la que sería la primera película para ambos directores: Esa pareja feliz, interpretada por Fernando Fernán-Gómez y Elvira Quintillá. Bardem se encargó de la dirección de actores y Berlanga de la dirección técnica. Con esta película, ambos directores ponen los cimientos de lo que será el cine español en los años venideros. En la película ya se encuentran todos los ingredientes que, posteriormente, el director valenciano iba a desarrollar en sus películas en solitario: el tono cómico para una obra teñida de tragedia y, sobre todo, ese pozo amargo, profundamente adverso, de unos personajes condenados al fracaso, muy a su pesar. También desde el mismo comienzo de su carrera como director, se puede apreciar la importantísima influencia de directores norteamericanos como Capra o Sturges, que estaría latente en toda su filmografía, pero especialmente en la primera etapa.
Se puede hablar de dos etapas bien diferenciadas en el cine berlanguiano: la primera, desde sus comienzos hasta la llegada de la democracia, o tal vez sería más preciso matizar, hasta la muerte de la censura. La segunda, desde La escopeta nacional, rodada en 1977, hasta su última película, Paris-Tombuctú, de 1999. Indudablemente, sus mejores obras datan de la primera época: Bienvenido Mr. Marshall (1953), Los jueves, milagro (1957), Plácido (1961) o El verdugo (1963). La tetralogía formada por estas cuatro películas lo encumbra a la cima del cine europeo, llegando incluso a estar nominado para el Óscar a la mejor película de habla no inglesa por Plácido. Es en esa España negra y cutre del franquismo en la que el director valenciano saca de su interior toda la capacidad que posee de burlar a una censura estúpida y puritana. Cuanto mayor es el control, más se crece Berlanga. El mejor ejemplo, sin duda, lo encontramos en El verdugo, para muchos críticos la mejor película de la historia del cine español. Interpretada por un inconmensurable Pepe Isbert, acompañado por Emma Panella y Nino Manfredi, la película narra la historia de un hombre que por conseguir un piso del Estado, se ve obligado a convertirse en verdugo, en aquella España de garrote vil, con la esperanza incierta de que nunca tendrá que ejecutar a nadie. Para los anales de la historia del cine, permanecerá ese plano secuencia final en el cual, el verdugo es arrastrado por los policías para que cumpla con su deber y ejecute al reo. Todavía hoy, cuando han transcurrido 47 años desde que se hiciera la película, uno no se explica cómo a la censura se le coló aquel guión.
Con la llegada de la democracia el cine berlanguiano, sin cambiar completamente de rumbo, lima asperezas y se hace un poco menos hiriente, menos incisivo. Con todo, algunas de las obras de esta segunda etapa, rozan un altísimo nivel, por ejemplo, La escopeta nacional o La vaquilla, su película sobre la Guerra Civil española. Pero qué duda cabe, en películas como Moros y cristianos o Todos a la cárcel no consigue crear aquellos retratos de personajes arquetípicos de nuestro país, como había hecho en el cine de su primera etapa.
Luis García Berlanga ha sido uno de los más grandes directores que ha dado el cine. Un ser tremendamente lúcido e inteligente, tierno y duro a un tiempo, irónico y trágico, charlatán y erotómano, ácrata y burgués, pícaro y bon-vivant, maestro del humor negro, de la transgresión más feroz, del surrealismo, un genio que cultivó como nadie ese estilo tan hispano llamado esperpento. Luis García Berlanga: un personaje irrepetible.

lunes, 23 de noviembre de 2009

La vida al límite

El sábado estuve en el cine viendo Celda 211, la nueva película del director Daniel Monzón, interpretada por Luis Tosar, Alberto Ammann y Antonio Resines, entre otros. Si mal no recuerdo, esta es la tercera película que dirige Monzón, después de El corazón del guerrero y de La Caja Kovak. Y aquí sí que se puede decir aquello de que a la tercera va la vencida. Menudo peliculón ha rodado Daniel Monzón. Basada en la novela homónima de Francisco Pérez Gandul (novela que no he leído, por cierto, pero que trataré de leer en breve) y con guión del propio Daniel Monzón y de Jorge Guerricaechevarría, la peli narra la historia de un motín carcelario en la prisión de Zamora, motín que estalla precisamente el día que, Juan, un nuevo funcionario de prisiones, está a punto de empezar a trabajar en dicha cárcel. Por una de esas casualidades que tiene la vida, el nuevo funcionario de prisiones se ve envuelto en todo el embrollo y el tío se la juega haciéndose pasar por un nuevo preso. No voy a contar nada más. Sólo decir que Luis Tosar interpreta a Malamadre, el preso que dirige el motín, y más o menos, el rey de la cárcel. Un tío súper violento, sin nada que perder, y al que le importa todo, tres leches. Tosar está inconmensurable. Sinceramente, no creo que un actor pueda hacer un trabajo actoral mejor que el de Luis Tosar en esta película. Llevaba yo mucho tiempo sin ver una interpretación tan real, tan creíble, tan emocionante, tan visceral, tan al límite. En mi opinión, el tío está al mismo nivel que un Robert de Niro en Toro salvaje, un Al Pacino en El precio del poder, o un Javier Bardem en No es país para viejos. Pero no sólo Tosar. El resto del reparto está genial. Alberto Ammann interpretando a Juan Olivier, el funcionario de prisiones que, poco a poco, se va transformando; o Antonio Resines, dando vida a Utrilla, otro carcelero, éste violento y macarra, que se pasa las leyes por el arco del triunfo. Por cierto, visto con la perspectiva que da el tiempo, este es el cuarto o quinto papel extraordinario que le recuerdo a Resines, después de sus interpretaciones en, por ejemplo, La buena estrella o La caja 507.
Yo no he pisado una cárcel en mi vida, ni siquiera de visita y no sé si lo que cuenta esta película es real o no, pero lo que tengo clarísimo es que es totalmente verosímil. Todo me resulta creíble, el comportamiento de los presos, su manera de hablar, de moverse, ese ambiente opresivo, claustrofóbico que se debe respirar entre las paredes de una prisión, etc. Lo mismo me sucede con los funcionarios y con el director de la prisión. Si las cosas no son así realmente, deberían de serlo, porque yo salí de la sala convencido al cien por cien.
Durante algunos momentos, Celda 211 me recordó a otra magnífica película, Haz lo que debas, de Spike Lee, aunque en realidad ambas no tengan más parecido que la manera en que la violencia se va extendiendo como un reguero de pólvora, incluso entre la gente que a priori no es violenta. De hecho, al final, la conclusión que yo extraje fue, que la violencia, como decía Martin Luther King, es un acto completamente inútil, que sólo engendra más violencia y de la cual resulta muy difícil escapar. Así que si esta tarde tienes un rato libre y te apetece ver algo grande de verdad, te recomiento que no te pierdas Celda 211, la nueva película del director Daniel Monzón, interpretada por Luis Tosar, Alberto Ammann y Antonio Resines, entre otros. Y luego me lo cuentas.

lunes, 9 de noviembre de 2009

Más cine, por favor

Hoy voy a dajer una lista de mis treinta películas favoritas del cine español. Me ha llevado unos cuantos días elaborarla y, como todas las listas, está cargada de subjetividad. El orden en que aparecen es cronológico.

1. La vida en un hilo, de Edgar Neville (1945).
2. Surcos, de José Antonio Nieves Conde (1951).
3. Calle mayor, de José Antonio Bardem (1956).
4. El cebo, de Ladislao Vajda (1958).
5. Viridiana, de Luis Buñuel (1961).
6. Atraco a las tres, de José María Forqué (1962).
7. El extraño viaje, de Fernando Fernán-Gómez (1964).
8. El verdugo, de Luis García Berlanga (1964).
9. La caza, de Carlos Saura (1965).
10. El espíritu de la colmena, de Víctor Erice (1973).
11. Furtivos, de José Luis Borau (1975).
12. El desencanto, de Jaime Chávarri (1976)
13. Queridísimos verdugos, de Basilio Martín Patiño (1977).
14. Arrebato, de Iván Zulueta (1979).
15. El crack, de José Luis Garci (1981).
16. ¿Qué he hecho yo para merecer esto?, de Pedro Almodóvar (1984).
17. Los santos inocentes, de Mario Camus (1984).
18. Amanece, que no es poco, de José Luis Cuerda (1988).
19. Amantes, de Vicente Aranda (1991).
20. Belle Époque, de Fernando Trueba (1992).
21. La ardilla roja, de Julio Médem (1993).
22. Días contados, de Imanol Uribe (1994).
23. El día de la bestia, de Álex de la Iglesia (1995)
24. El último viaje de Robert Rylands, de Gracia Querejeta (1995).
25. La buena estrella, de Ricardo Franco (1997).
26. Flores de otro mundo, de Icíar Bollaín (1999).
27. En construcción, de José Luis Guerín (2001).
28. Soldados de Salamina, de David Trueba (2002).
29. La caja 507, de Enrique Urbizu (2002).
30. Los lunes al sol, de Fernando León de Aranoa (2002).

sábado, 17 de octubre de 2009

Las aberraciones del sistema capitalista

El pasado viernes pasaron en el programa "Versión Española" de La 2, la película El método, dirigida por el director argentino Marcelo Piñeyro y basada en la obra teatral de Jordi Galcerán. Por motivos que no vienen al caso, se me escapó cuando fue estrenada en las salas de cine, así que ayer a las diez de la noche estaba sentado delante de la pantalla de mi televisor para ver la que, intuía, sería una gran película. Y es que una peli en la que se junta tal elenco de actores y actrices (Carmelo Gómez, Adriana Ozores, Eduardo Noriega, Natalia Verbeke, Ernesto Alterio, Eduard Fernández, Najwa Nimri Pablo Echarri) y dirigidos todos ellos pro un director que cuenta en su haber con películas de la grandeza de Caballos salvajes o Tango feroz, a la fuerza tiene que ser buena.
Dejando a un lado los hallazgos cinematográficos de la película, que los tiene y bastante buenos, lo que de verdad me subyugó fue lo que se cuenta en la pantalla. Un grupo de gente, cuatro hombres y dos mujeres, todos ellos directivos de otras empresas, son convocados a una prueba para hacerse con un puesto de trabajo mejor, se supone, que el que ya tienen. Al iniciarse la prueba les hacen firmar unos documentos informándoles de que serán evaluados según el Método Gronhölm. Por supuesto, nadie tiene ni idea de en qué consiste dicho método de selección de personal. Pero todos acceden. A medida que avanza la película, van descubriendo, o mejor dicho, vamos descubriendo, todos a un tiempo, aspirantes y espectadores, cuáles son las características del dichoso método: son los propios demandantes, mediante una serie de pruebas, quienes van decidiendo quién sigue adelante o quién es expulsado de la sala, perdiendo todas las posibilidades de conseguir el empleo. Ah, se me olvidada, ente ellos hay un caballo de Troya de la empresa, que está allí para dinamizar, que dirían ellos, el trabajo sucio. La película es una denuncia del sistema capitalista, de sus malas artes, de su deshumanización, de su ambición sin límites, de sus aberraciones con respecto a los trabajadores. La empresa hará todo —sea lícito o no— cuanto esté en sus manos para ver con qué tipo de gente está tratando. Y en cuanto a los aspirantes, qué se puede decir de semejante fauna. Todo vale con tal de conseguir el empleo, parece ser el lema de todos ellos. No importa si tienen que delatar a algún compañero, no importa cuántos codazos habrá que dar para abrirse paso, no importan los cadáveres que vayan quedando en el arcén. Aquí nadie entra a valorar las consecuencias morales de sus decisiones, con tal de ser el elegido o la elegida. El colmo de la degradación llega cuando a la hora del almuerzo, la empresa les lleva comida en mal estado. Y todos acaban comiéndola —o mejor dicho, engulliéndola— porque piensan que eso, precisamente, es lo que la empresa espera de todos y cada uno de ellos. Lo peor del caso es que según contó el director de la película en el debate posterior a su emisión, todo está basado en hechos reales e incluso se cortaron un poco a la hora de plasmarlo en el guión, porque en ese tipo de selección de personal se les piden a los aspirantes cosas tan increíbles que dejan de ser verosímiles. De cualquier manera, no hay que ser un lince para saber que eso es así, lo estamos viendo todos los días en nuestros centros de trabajo. Me contaba hace poco un amigo que es empleado de unos grandes almacenes de este país, que durante la última huelga general que hubo en España, la dirección de la empresa reunió a toda la plantilla unos días antes y les dijeron, así, con todas la letras y sin cortarse un pelo, que el derecho a la huelga era, efectivamente, un derecho, pero que en esa empresa, se valoraría muy positivamente a las personas que no lo secundaran. Con la precariedad laboral que tenemos encima y con los sindicatos mayoritarios que nos representan, no hace falta decir que allí nadie fue a la huelga.
He hablado al principio del grupo de actores y actrices de la película: Están todos muy bien (coño, si hasta Najwa Nimri, la actriz más plana que existe en este país, se salva), pero para mí, destacan dos sobre todos los demás: Eduard Fernández, un pedazo de actor como la copa de un pino —todavía me conmueve su actuación el Smoking room, otra película en la misma onda que El método—, y sobre todo, la inconmensurable Adriana Ozores: Esta mujer ha ido creciendo como actriz película a película. Yo no tengo dudas de que, hoy por hoy, es la mejor actriz española. El día que trabaje con Pedro Almodóvar, todo el mundo se dará cuenta. Mientras tanto, sólo unos pocos lo decimos. Aquí tiene un papel cortito, pero intenso. Con esa mirada y esa elegancia natural que la caracteriza, no cabe duda, de que es maravillosa.
En resumen, que mi intuición no me falló y pasé un par de horas de puta madre viendo El método. Lo malo es que mientras dormía he tenido una terrible pesadilla. He soñado que el sistema capitalista me engullía hasta tal extremo que me nombraban director de selección de personal de El Corte Inglés. Uf, qué miedo.

jueves, 20 de agosto de 2009

Enemigos públicos, de Michael Mann

Anoche estuve en el cine viendo la última peli de Michael Mann, Enemigos públicos, interpretada, entre otros, por Johnny Depp y Marion Cotillard. La película cuenta la vida de John Dillinger entre 1933 hasta su muerte, acaecida en julio de 1934. Dillinger fue un famoso atracador de bancos que puso en jaque a la policía americana durante un tiempo. Mann ha intentado contar una historia al estilo de las viejas pelis de gansters de los años treinta. Estéticamente la película es asombrosa. Me encantó la escena del primer atraco al banco, por ejemplo. También la banda sonora, con la canciones de la gran Billie Holiday o la ambientación, con esos trajes tan elegantes y esos coches de época que quitan el hipo. No obstante, tengo que decir que no conecté con el personaje de John Dellinger. En mi opiinión no deja de ser un robabancos de tres al cuarto, obsesinado con la idea de ser millonario. Carece por completo de ese halo romántico de otros forajidos míticos, bien sean de ficción o reales. Aunque también es verdad que durante la época de la Gran Depresión, Dillinger era admiradísimo, casi tanto como se odiaba a los banqueros. Decía Carlos Boyero hace unos días en El País que esta película tenía todos los ingredientes para ser un clásico a la altura de Uno de los nuestros, El último refugio, Al rojo vivo, El precio del poder o incluso El padrino. En mi opinión, la película de Mann está bastante bien y uno pasa un rato excelente viéndola. Pero de ahí a ser un clásico hay un gran trecho.

domingo, 14 de junio de 2009

Flores de luna

El viernes pasado, en el programa Versión española de la 2, pasaron la película documental Flores de luna, de Juan Vicente Córdoba, guionista, productor y director de varias películas, entre las que destacan Aunque tú no lo sepas y A golpes. Tengo que empezar por decir que la película, a) me sorprendió en muchos aspectos; b) me encantó; c) me dejó un amargo sabor de boca.
Para quien no esté al tanto, Flores de luna cuenta la historia del barrio madrileño del Pozo del Tío Raimundo, en Vallecas. A través de varias generaciones de habitantes del barrio. Juan Vicente Córdoba hace una radiografía de lo que fue, de lo que es y de lo que pudo haber sido. Los más mayores van contando cómo llegaron a un lugar que era tan solo el campo, en medio de la nada, procedentes de las zonas latifundistas de Andalucía y Extremadura, y cómo haciendo un esfuerzo titánico consiguieron levantar sus chabolas, consiguieron llenar sus barrigas y las de su prole, y cómo prosperaron, aunque fuera de manera humilde y trabajando de sol a sol. Por supuesto, estos hombres y mujeres, sentados ante la cámara de cine, nos hablan de un mundo que de tan lejano, a veces parece ficticio. Pero, joder, no nos engañemos, aquel mundo era real como la luz del sol. La película destaca, ante todo, el alto grado de solidaridad de aquellas personas que nada tenían, pero que si hacía falta, prestaban a sus propios hijos con tal de que unos recién llegados levantaran cuatro paredes y la policía no las echara abajo. Y frente a la solidaridad, el esfuerzo, la capacidad de superación de aquellos primeros colonos del Pozo, está la incultura, el racismo, la insolidaridad, la pereza, la autocomplacencia, la adoración del Dios Dinero por parte de la juventud actual del barrio. Y es que por poner sólo un ejemplo, el Pozo del Tío Raimundo es, a día de hoy, uno de los lugares con más fracaso escolar de España (setenta por ciento, que se dice pronto). Hay un momento en la película en el que un hombre de una cierta edad comenta: "Nosotros, que carecimos de todas las oportunidades, nos moríamos por tener cultura, y los jóvenes, que lo han tenido todo en sus manos para conquistarla, la desprecian." Así de deprimente es el asunto Pero aún hay más. Los nietos de aquel lumpen proletariado procedente de los arrabales andaluces y extremeños más miserables y desarraigados, los nietos de aquellos anarquistas, comunistas, socialistas, odian con todas sus fuerzas a los ecuatorianos, a los rumanos, a los marroquíes, que como sus abuelos hace unas décadas, vienen hoy buscando una vida mejor, porque según dicen, "huelen mal y vienen a quitarnos el trabajo". Vivir para ver.
Mención aparte merece el Padre Llanos, toda una institución en el barrio. El Padre Llanos, de quien se recuperan imágenes y entrevistas de hace tiempo, evolucionó desde la ideología fascista (fue confesor del mismísimo Franco) en la posguerra hasta su afiliación al Partido Comunista a finales de los años setenta. Un tío que decidió dejar la riqueza y la seguridad que le ofrecía Madrid, para convertir a los rojos del Pozo y que acabó, oh, dulce providencia, convertido en rojo. Y es que la vida tienes estas cosas.