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miércoles, 17 de septiembre de 2014

Donde habitan mis demonios




Cada letra de tu nombre
es una astilla de plata
que se clava en la piel desesperada
de mi pecho,
y penetra hasta lo más hondo de mí,
hasta el más oscuro
de mis rincones,
ese lugar donde hueso y carne
se entrelazan fuertemente,
ese lugar donde habitan mis demonios,
los que van desnudos por mi casa,
los que permanecen en silencio
en noches silenciosas,
los que apagan la luz
y, agazapados, esperan.
Si tú no estás,
mis días son navajas de afeitar;
mis noches, cucarachas ensangrentadas
que corren por el suelo.

Este poema está incluído en mi libro Hablando de amor con el cobrador del frac, (Salobreña, Granada: Editorial Alhulia, 2004)

sábado, 13 de septiembre de 2014

Una mujer cruza un paso de cebra y un hombre la mira con nostalgia



Hace unos días, muy de mañana, la vi.
Cruzaba, distraída, un paso de cebra
ante la mirada ausente de un taxista
que masticaba en silencio sus derrotas.
Las manos sumergidas en los bolsillos
melancólicos de su abrigo; de su pelo
caían pequeñas gotas de luz amarilla
que se perdían en la nada.
Hubiera dado cualquier cosa por
un hola, qué tal, cómo te va,
un ya nos veremos, hasta luego,
un llámame uno de estos días.
Pero no hubo nada: ni palabras,
ni sonrisas, ni inútiles gestos de complicidad.
Tan sólo las cenizas inmóviles de la indiferencia,
las huellas ásperas del desencanto.
Y seguí mi camino pensando en el amor,
ese helado de fresa derretido en el asfalto.
(De Hablando de amor con el cobrador del frac, Editorial Alhulia, 2004)

jueves, 20 de junio de 2013

Pacto con el Diablo



He vendido
mi alma
al Diablo
a cambio
de tu amor.
Él piensa
que ha salido
ganando.
Yo estoy
completamente
seguro
de que no.

(De Hablando de amor con el cobrador del frac, Editorial Alhulia, 2006)

viernes, 11 de junio de 2010

Poema tonto para que me quieras más (si puede ser)

Este poema no es verde,
ni es rojo, ni de color azul.
No tiene forma de esfera,
ni es un octógono,
ni tan siquiera es triangular.
No se encontrarán aquí
hermosas metáforas,
símiles complicados,
encabalgamientos
con forma de serpiente.
Por no tener
carece incluso
de los más elementales
fundamentos
del arte poético:
rima, ritmo, métrica,
altisonantes juegos semánticos.
En este poema
no hay versos
del tipo
la noche es un telón que anuncia el final de la obra,
o del tipo,
tus ojos me guían en el fuego de la tarde estival.
Este poema no es nada más
que una excusa (tonta)
para pedirte
que me quieras más
(si puede ser).

(De Hablando de amor con el cobrador del frac, Editorial Alhulia, 2006)

sábado, 13 de marzo de 2010

Crónica de la soledad

No existe autopista

que no lleve hasta tu casa,

ni noticia en los diarios

que no hable de mi pesar.

No hay manjar exquisito

que no recuerde tu boca,

ni fantasía inconfesable

en la que nuestros cuerpos

no estén muy juntos.

Sin ti sólo quedan

heridas en las manos,

ojeras en el alma.


(De Hablando de amor con el cobrador del frac, Editorial Alhulia, 2004)

jueves, 11 de febrero de 2010

Extraños en un bar

La encontré una tarde de lluvia y poesía,
solitaria, en el bullicio de un bar,
sentada, supuse, ante una taza de té.
Vestía de negro y parecía perdida
buscando el camino de vuelta
entre el humo azul de su último cigarrillo.
Pensé: me gustaría ser su ángel de la guarda.

(Hablando de amor con el cobrador del frac, Editorial Alhulia, 2004)

jueves, 2 de julio de 2009

Mañana seré humo

María atravesó el espejo
mordiéndose los labios,
en busca de un sendero
q
ue llevara al otro lado.
Palpó a tientas en la semioscuridad
de aquel espacio geométrico
y allí, adivinó,
una estrella emergente
de color amarillo
y un beso de papel celofán,
no sabía muy bien
si naranja o rojo.
Se descalzó suavemente
sintiendo en sus pies
la calidez de un instante lejano
y garabateó sobre un muro,
Mañana seré humo,
con el dedo corazón
de su mano derecha.
Después se sentó a descansar
silbando una canción
que aprendió siendo muy niña
y ese momento
se congeló eternamente
en algún punto perdido
de su memoria.
Y súbitamente entendió
toda la magia
que se esconde
en las pequeñas cosas,
como el fuego purificador
que todo lo limpia,
como una lágrima transparente
que se escurre papel abajo,
como una uña inexperta
que se clava, ansiosa,
sobre la piel morena
que cubre el hueso,
como las olas nerviosas
que rompen en la playa.

Este poema está incluído en mi libro Hablando de amor con el cobrador del frac,
(Salobreña, Granada: Editorial Alhulia, 2004)