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domingo, 5 de noviembre de 2023

CUANDO LA POESÍA ES UNA PERRA SALVAJE QUE CORRE LIBRE POR EL BOSQUE

Estos días se publica mi nuevo libro de poemas. Un libro que he tardado más de 4 años en completar, al que he dedicado muchas horas de mi vida y del cual, lo voy a decir desde las primeras líneas, me siento profundamente orgulloso. Este libro se titula La poesía es una perra salvaje que corre libre por el bosque y ha sido publicado por la editorial granadina Esdrújula Ediciones, una pequeña editorial independiente, que mima, como buena mamá, las obras que edita. La portada, a cargo de la diseñadora Carmen Álvarez, reproduce un grafiti escrito en una pared, sucia y desconchada, que ya nos advierte de lo que vamos a encontrar en las páginas interiores.

     Se abre esta perra salvaje con un maravilloso prólogo escrito por la poeta y narradora malagueña Isabel Bono, un prólogo que ya nos ofrece pistas de por dónde irán los tiros. Habla Isabel de “estos poemas en carne viva” y añade que “es justo así como vive este poeta. Arde. No escribe sobre el fuego, no escribe desde el fuego, escribe siendo el fuego mismo.” Nadie antes había escrito sobre mis versos con tanta rotundidad y tanta verdad. Porque eso exactamente es lo que he pretendido con los poemas de este libro: escribir siendo el fuego y que todo arda. Porque el fuego destruye, pero a la postre, regenera y transforma. Porque, como escribo en uno de los poemas de este libro, “Como a  Durruti / las ruinas /no nos dan miedo.”

     Los 46 poemas que conforman esta perra salvaje son, en mi opinión, lo mejor que he escrito hasta la fecha. Quizá sea así porque en estos poemas he cambiado la urgencia casi punk que había caracterizado mi obra anterior por una visión más reposada, más meditada de la palabra poética. Todo este libro está impregnado de un lirismo visceral, fiero, pero lirismo al fin y al cabo. Algunos lo llaman madurez. Yo, sin embargo, prefiero llamarlo trabajo duro y bien hecho.

     Releo estos poemas y me reconozco enteramente en ellos. Me veo a mí mismo en cada uno de estos versos. Me siento vivo en estas palabras, es estas oraciones. Y es que estos poemas hablan de las cosas que me preocupan, del mundo que me rodea, inhóspito y feroz, turbio, doloroso, violento las más de las veces, pero también solidario y hermoso, lleno de cosas maravillosas. Hay en las páginas de esta perra salvaje memoria y denuncia; hay reivindicación del feminismo, del ecologismo, del anti-belicismo. Hay, como no podía ser de otra manera tratándose de un libro escrito por mí, música y una profunda reflexión sobre el propio hecho poético.

     Me gustaría invitaros a que leáis este libro, porque creo, sinceramente, que merece la pena hacerlo, porque con toda seguridad, muchas personas que se acerquen a los versos de estos poemas, se van a ver reflejados en ellos, y van a descubrir que, como sostiene la poeta norteamericana Adrienne Rich, la poesía no sirve de nada, si la mujer o el hombre que se adentran en el poema no existe en  esos versos.

     Mi intención al escribir estos poemas era, como señalo en “Ítaca”, el poema que abre este libro, “llegar / sano y salvo / a las playas / de Ítaca.” Yo lo he conseguido. Ahora os invito a todas vosotras, o todos vosotros, a leer este libro. Y ojalá también os ayude a llegar a Ítaca sanos y salvos. 


 

miércoles, 8 de marzo de 2017

Isabel Escudero

Hoy ha muerto Isabel Escudero, poeta feminista y anarquista, que fuera compañera del también poeta y filósofo ácrata Agustín García Calvo. Tuve la suerte de conocer a Isabel en 2014 en Moguer, en el encuentro poético Voces Del Extremo. Aquel día comimos junto con Antonio Orihuela y otra gente en la taberna Los Raposos y allí nos deleitó con unas cuantas historias hermosas y risueñas, como ella misma. Luego por la noche nos deleitó con su magníficos poemas, con esos haikus que te hacían estremecer. Isabel se ha ido este 8 de marzo, como si lo hubiese tneido programado.
Descanse en paz en la Acracia Eterna.

martes, 17 de enero de 2017

La música militante y combativa de Zapata

El primero que me habló de Zapata fue el poeta extremeño Eladio Méndez. Fue una madrugada del pasado verano. Nos encontrábamos en la Peña del Cante Jondo de Moguer, con motivo del encuentro poético Voces del Extremo que organiza en su pueblo el poeta Antonio Orihuela y la Fundación Zenobria Juan Ramón.
-Tienes que oírlo, es buenísimo, -me dijo Eladio con esa pasión que le pone a todas las cosas que merecen la pena.
Cuando volví a casa, me puse manos a la obra y busqué en internet algún vídeo suyo. Y me di cuenta rápidamente de que Eladio no había exagerado ni un miligramo. Lo que estaba viendo y escuchando en mi ordenador me encantó. Aquella música, aquel artista, aquellos poemas musicados merecían la pena.
Como me ocurre siempre que me quedo colgado con un disco o con un libro, me puse manos a la obra para saber más sobre su autor y para conseguir su material. Y esto, amigas y amigos, es lo que descubrí.
Zapata es el proyecto personal de Emiliano Domínguez. Y Emiliano Domínguez es, nada más y nada menos, que el hijo de José Domínguez, El Cabrero. Y El Cabrero es, con toda seguridad el cantaor de flamenco más comprometido, libertario, honesto y auténtico que ha dado este arte en toda su historia. Así que, con estas credenciales, la cosa pintaba bastante bien. Y es que si uno es el hijo de ese padre, si uno ha mamado de esa fuerza de la naturaleza, de ese lirismo combatiente y de esa poesía de la libertad y del compromiso, pues qué queréis que os diga, que a la fuerza tiene que acabar saliendo eso por algún sitio. ¿O no?
Y sin embargo, no sería justo quedarnos sólo en la anécdota familiar. Porque Zapata tiene vida por sí mismo, como viene demostrando en cada uno de sus conciertos y en el único disco que ha grabado hasta la fecha, el magnífico Poesía en resistencia.
Poesía en resistencia fue publicado en el año 2012 por Atípicos Utópicos, el sello que se encarga también de publicar los trabajos discográficos de El Cabrero. Entre los diez temas que componen el disco, en mayor o menor medida, hay rock, hay canción de autor, hay folk, hay reggae, hay flamenco, hay músicas étnicas, y sobre todo hay pasión y calidad. Todas las músicas fueron compuestas por Emiliano Domínguez, que se encargó también de los arreglos, de tocar los teclados, los pianos, la percusión y la guitarra; la batería la tocó José Mena y el bajo, Manolo Nieto. Y luego están las colaboraciones de lujo, porque en este disco hay muchas y muy buenas colaboraciones. Empezando por el gran Juanjo Pizarro, uno de los mejores guitarristas de este país, como ya demostró en su etapa como Mercenario en aquel mítico grupo sevillano Dogo y los Mercenarios, o en los mismísimos Pata Negra, junto a Raimundo y Rafael Amador. Pizarro tomó el control de la grabación y se encargó de la producción y metió algunos solos magistrales en varios temas. Además entre los surcos de este disco se pueden rastrear las huellas de gente importante, como Fernando Madina, cantante del grupo sevillano Reincidentes; Kutxi Romero, Ignacio Astarida, El Pechuga, Andrés Herrera, El Pájaro y el violinista Alexis Lefebvre. Como digo, colaboraciones de lujo que ponen el listón muy, muy alto.
Y luego están las letras. ¿Qué se puede decir si las palabras de un disco son en su origen poemas escritos por autores de la talla de Antonio Machado, Luis Cernuda, Mario Benedetti, Rafael Alberti y Miguel Hernández? Pues que uno está apostando a caballo ganador. Así de claro. Diez poemas de estos cinco grandes de la poesía castellana. Poesía del compromiso, poesía militante, poesía del ser humano. ¿Se puede pedir más?
Para acabar, sólo decir que estamos deseando que a Poesía en resistencia le siga el segundo disco, y sobre todo, estamos deseando tener la oportunidad de ver a Zapata encima de un escenario, regalándonos toda esa energía, toda esa rabia, toda esa poesía que lleva en su herencia genética. A ver si hay suerte, y se cumple nuestro deseo bien pronto.

sábado, 14 de enero de 2017

Nuevo libro

Estos días ando preparando mi nuevo libro. Estamos en la fase de maquetación y portada. El encargado de esta parte es el genial Mario Padilla.
El título del libro: "Cuando atraviesas el fuego, lamíendote los labios."
La editorial: Ediciones del Ejército Rojo.
Fecha aproximada de edición: mediados de marzo.
Seguiremos informando.

sábado, 31 de diciembre de 2016

Antonio Orihuela: trazando la senda de la desobediencia

No nos cabe ninguna duda de que en los últimos tiempos, el poeta y ensayista onubense Antonio Orihuela está en estado de gracia. En 2016, este año que se nos acaba, el autor de El amor en los tiempos del despido libre ha visto cómo varias obras suyas llegaban a las estanterías de las librerías de todo el país. A la publicación de su último poemario, Salirse de la fila (Amargord, 2016), hay que añadir los ensayos El ojo no visto del mundo (Amargord, 2016) una recopilación de textos en prosa y en verso de su paisano el Premio Nobel de Literatura, Juan Ramón Jiménez, de cuya selección y compilación se ha encargado el propio Orihuela y La caja verde de Duchamp y otras estampas cifradas (El Desvelo Ediciones, 2016), una colección de 21 ensayos, en la que este Doctor en Historia por la Universidad de Sevilla lleva a cabo un recorrido por la historia del arte, desde la Grecia clásica hasta la posmodernidad más reciente, estableciendo un diálogo, no exento de ironía — me atrevería a decir que incluso el humor está presente en muchas páginas de este libro—, y siempre rebosante de esa actitud crítica, anticapitalista y libertaria, tan certera e incisiva, que se ha convertido en marca de la casa.

Se publica estos días el Diario del cuidado de los enjambres (Enclave, 2016). Se trata de un libro en el que el autor mezcla la poesía, el ensayo político, artístico e histórico, la poesía visual, y otras mil historias que, a buen seguro, a nadie con un mínimo de sensibilidad, dejará indiferente. La prioridad de esta obra no es otra que ir dejándonos (a todos y todas los que quieran unirse al enjambre) miguitas de pan para poder elegir el camino correcto para escapar del absurdo, malévolo y fracasado sistema capitalista. Desde la primera página, Orihuela nos deja ver sus cartas, pues aquí no hay trampa ni cartón, y nos hace partícipes de sus intenciones: 

Este libro no pretende convencer a nadie de nada, por eso se dirige a los amigos, a los que de alguna manera se comprometen, atienden a señales parecidas, nos complementan con su desear, su pensar y su hacer.

Así pues, Orihuela hace un llamamiento a todas esas personas que comparten un espacio ideológico, un espacio vital, un espacio de confrontación contra el capitalismo que, poco a poco, nos lleva a un precipicio del que cada vez resulta más complicado escapar:

Este libro se dirige a los compañeros que han dicho basta y andan reescribiendo la realidad, rompiendo con el capitalismo, haciendo emerger la vida como proceso y como potencia de la libertad, la dignidad, la belleza, la bondad y la comunidad.

Y un poco más adelante, añade:

Este libro quiere desafiar el estado de cosas, su indignidad y su orden policial, mostrar algunas señales para los que quieran seguir la senda de la desobediencia, para los que quieran vivir entrelazados, afectados, mancomunados, habitables, concretos.

Este Diario del cuidado de los enjambres está compuesto por 30 ensayos (y otros tantos poemas), cuya extensión varía desde las siete u ocho líneas de los titulados “Utopías” o “Descolonizar”, hasta las varias páginas de “El cemento de la ideología” o “La invención de la gitanería flamenca”. También hay en estos ensayos una gran variedad temática: en ellos se habla de poesía, de neoliberalismo, de internet y de la ciberrealidad en la que se halla inmersa media humanidad, de ecología, de la manera en que el fascismo se ha arraigado en la sociedad española actual, de los medios de comunicación/manipulación de masas, de la invivible ciudad moderna, y de otros muchos temas que, de una u otra manera, nos afectan, como seres humanos del aquí y el ahora.  

Hay algunos momentos de gran interés en las páginas de esta nueva obra de Orihuela. En el ensayo titulado “La fiebre del enjambrazón” se puede leer: “(…) el tiempo del enjambre ha llegado, es necesario abandonar la colmena y, en compacto vuelo, extender sobre el horizonte un manto dorado en busca de la rama del árbol donde construiremos nuestro nuevo hogar a base de respeto y afectos, autogestión y asamblearismo, responsabilidad y esfuerzo compartidos, renuncia al egoísmo y alegría de estar juntos sirviéndonos unos a otros, por supuesto, sin líderes.”

En “El cemento de la ideología” (para mi gusto el capítulo más certero y clarividente de todo el libro), nos dice que en el neoliberalismo, “no hay más moral que el mal porque el mal es la única actividad que puede asegurar el bien propio.” Y unas páginas más adelante, en el mismo ensayo, su autor afirma con absoluta rotundidad algo que muchos ya sabíamos y llevamos mucho tiempo denunciando: “(…) hace mucho que vivimos en un Estado totalitario”, lo que ocurre es que “falta un dictador como  personaje central del drama, tal vez por eso, están todo el día dando la matraca con Hitler, Stalin o Kim Jong-un”. Y casi al final del ensayo, nos exhorta a escapar: “(…) lo importante, lo absolutamente prioritario ahora mismo es salir de esa casa en llamas que es el neoliberalismo.” 

Se cierran las páginas de este libro con el que, en mi opinión, es el mejor poema que Antonio Orihuela ha escrito hasta la fecha (y eso es decir mucho en un poeta con una obra como la suya): “Que el fuego recuerde sus nombres”. Una manera extraordinaria de ponerle el punto y final a un magnífico libro.

El Diario del cuidado de los enjambres es por momentos una reflexión sobre el estado de las cosas, pero también a ratos, se torna en grito de rabia, en exabrupto contra tanto bastardo que anda suelto en los consejos de administración de las grandes empresas, en los gobiernos de toda índole, en el mundo cultural, en las editoriales, en las direcciones de las televisiones y de los periódicos. Un libro que nos puede ayudar a pensar hacia dónde queremos ir y quiénes queremos que sean nuestros compañeros de viaje, siguiendo los postulados libertarios y ácratas de su autor. Un libro más que necesario, un libro imprescindible.

sábado, 24 de septiembre de 2016

Juan Gabriel Jiménez Cebrián, escribiendo poesía sobre las cosas que de verdad importan



Hay poetas que jamás verán su nombre escrito en el Babelia ni en ningún otro suplemento literario del establishment. Hay poetas que nunca optarán al Premio Loewe o al Premio de la Crítica o a cualquier otro premio poético de esos que apestan a enchufismo (ni falta que hace). Hay poetas que, aunque vivan ciento quince años, en su vida van a conseguir una beca de tal o cual fundación. Hay poetas que no buscan las palmaditas en la espalda. Hay poetas que pasan olímpicamente de los mamoneos institucionales. Hay poetas a los que se las trae floja el Babelia y el Premio Loewe y las becas y las instituciones y las palmaditas en la espalda y los mamoneos institucionales de todo tipo. No nos engañemos. No es que haya muchos poetas así, pero haberlos, los hay. 
Yo conozco a uno de ellos. Se llama Juan Gabriel Jiménez Cebrián.
Hay poetas que escriben sus poemas desde la honestidad más radical. Hay poetas que se entregan por completo en cada uno de sus versos. Hay poetas que hacen de la brevedad, de la sinceridad, de la sencillez, su bandera. Hay poetas que miran a su alrededor con la mirada de un niño, pero eso sí, de un niño muy inteligente, muy sensible y muy libre. Hay poetas que hacen poesía hasta cuando van a cagar. Hay poetas que pasan de lo políticamente correcto, de lo estéticamente correcto, de lo poéticamente correcto. No nos engañemos. No es que haya muchos poetas así, pero haberlos, los hay.
Yo conozco a uno de ellos. Se llama Juan Gabriel Jiménez Cebrián.
Hay libros de poemas que caen en tus manos y cuando los lees te provocan un seísmo por ahí dentro. Hay libros de poemas que son pequeños tesoros llenos de palabras mágicas. Hay libros de poemas que hacen que te preguntes “¿y por qué coño no se me ha ocurrido a mí este verso? Hay libros de poemas que te hacen pensar, que te hacen reír, que te hacen sentirte mucho mejor de lo que sueles estar, que te hacen querer llegar al último verso para volver al principio y empezar otra vez, y llegar al final y volver a empezar otra vez, y así una y otra vez. Hay libros de poemas cargados de sinceridad, de pureza, de fuerza, de integridad. Hay libros de poemas en los que la belleza campa a sus anchas. Hay libros de poemas en los que las cosas que de verdad importan son el fuego del hogar, una tarde de lluvia, un pequeño ratón de campo, una brizna de hierba veraniega, un árbol gigante, una mirada furtiva o la luna en cuarto menguante. Hay libros de poemas herederos de la poesía inmortal de Whitman, de Issa, de  Thoreau. No nos engañemos. No es que haya muchos libros de poemas así, pero haberlos, los hay.
Yo acabo de leer uno de estos libros. Se titula  Naturalezas vivas. Y es el primer poemario que publica el poeta extremeño Juan Gabriel Jiménez Cebrián, Juangra, editado hace apenas unas semanas por la pequeña editorial onubense Crecida.
Hay libros de poemas que no se pueden comprar en el Corte Inglés. Hay libros de poemas que no serán jamás el número uno de la lista de ventas. Pero también hay libros de poemas que se salen de lo manido, que son un soplo de aire fresco dentro del manoseado mundo de la poesía española contemporánea. Hay libros de poemas tan libres que parece mentira que existan. Hay libros de poemas que son un regalo para los sentidos. Hay libros de poemas que todo lector de poesía debería de leer. Hay libros de poemas muy, muy buenos. Tan buenos que dan envidia (sana).
Yo acabo de leer uno de estos libros de poemas. Es un libro sorprendente, con poemas breves, intensos, asombrosos, alegres, plenos. Se titula Naturalezas vivas. Y lo ha escrito Juan Gabriel Jiménez Cebrián. Toma nota y búscalo por ahí. Tanta belleza no puede ser sólo patrimonio de unos pocos afortunados.  

miércoles, 24 de agosto de 2016

Antonio Orihuela, ayudando a construir el mundo nuevo

El poeta onubense Antonio Orihuela (Moguer, Huelva, 1965) está, estos días, doblemente de actualidad. Hace apenas unos meses, la editorial madrileña Amargord publicó Salirse de la fila, su más reciente libro de poemas. Y tan sólo hace unos días, esta misma editorial, acaba de poner en circulación El ojo no visto del mundo, una recopilación de textos en prosa y en verso del Premio Nobel de Literatura, Juan Ramón Jiménez, de cuya selección y compilación se ha encargado el propio Orihuela.
Antonio Orihuela es una voz imprescindible dentro de la actual poesía española (por mucho que el oficialismo no se entere o no se quiera enterar, que esa es otra), una voz necesaria como el aire que respiramos o el agua que bebemos, una voz en la que muchos y muchas, entre los que me incluyo, nos miramos y nos vemos reflejados. Decía hace unos meses el poeta de Moguer en una entrevista que merecía la pena “continuar cavando nuestra común trinchera hecha de vínculos, de complicidades, de ánimos sobre el mundo futuro libre, anticapitalista, solidario, sostenible y decrecentista que tenemos que construir.”
Salirse de la fila, el último poemario de Antonio Orihuela hasta la fecha, reincide en la particular manera que el autor de El amor en los tiempos del despido libre tiene de enfrentarse al mundo actual, este que nos ha tocado en suerte (aunque más acertado sería decir, en desgracia) usando su arma más certera: la poesía. Orihuela, partiendo de unos postulados libertarios, lleva a cabo una profunda crítica a este sistema, inhumano y cruel, violento y consumista, despilfarrador e insolidario, contaminante y repugnante, que responde al nombre de capitalismo y en el que el hombre, definitivamente, se convierte en el principal depravador del propio hombre. Frente a esta violencia gratuita y desgarradora con la que el sistema trata de ejercer su control, Antonio Orihuela propone al lector, parafraseando sus propias palabras, una nueva manera de “trenzar vínculos y complicidades, de insuflar ánimos, de descubrir nuevos compañeros de viaje, de generar nuevos proyectos, de expandir ilusiones”.
A través de las 161 páginas que forman Salirse de la fila (por cierto, precioso título que ya nos va dando pistas sobre por dónde van los tiros de estos poemas) Orihuela va dejando sus versos, reflexivos unas veces, gritos de rabia, otras, a los que ya nos tiene acostumbrados a sus numerosísimos lectores. Poemas que ponen de manifiesto las injusticias laborales, los desahucios, los recortes sociales, los cortocircuitos de la vida moderna. Poemas que nos hablan de los que han perdido el empleo, de los que han perdido las viviendas, de los que han perdido la vida buscando la Tierra Prometida (llámese Europa, llámese Estados Unidos de América) que nunca es tal, sino más bien, más injusticia, más insolidaridad, más dolor y más miseria. En definitiva, poemas que gravitan alrededor de los de abajo, los olvidados, que decía Buñuel, los que siempre, de una u otra manera, acaban perdiendo.
No obstante, en Salirse de la fila también hay momentos para el amor (un tema al que el poeta no nos tenía demasiado acostumbrados), para el humor, para detenerse un momento en el camino y echar la vista atrás. Destacan sobremanera los poemas que podríamos denominar “mejicanos”, escritos tras el viaje que el poeta onubense realizó el año pasado por el país americano. Mención aparte merece esa serie de haikus que pone el punto y final a un libro que, en mi opinión, supone un punto de inflexión en la ya longeva carrera de este extraordinario poeta.
Por otra parte, como señalábamos al principio de esta reseña, Orihuela se ha encargado de la selección y de la edición de El ojo no visto del mundo, de Juan Ramón Jiménez. La antología fue presentada recientemente en los encuentros poéticos Voces del Extremo que el propio poeta coordina en su pueblo natal y que se celebran bajo el auspicio de la Fundación Zenobia Juan Ramón Jiménez. Según confesaba el propio compilador en dicha presentación, el objetivo principal que se perseguía con este libro no era otro que desmontar esa falacia que nos presenta a un Juan Ramón Jiménez aislado en su jaula de oro, sin preocuparse por nada ni por nadie, y buscando simplemente la belleza por la belleza. Así, Orihuela, que ha buceado tanto en la obra editada del Premio Nobel como en cientos de páginas inéditas, ha sacado a la luz a un poeta comprometido con su tiempo, con sus congéneres, con el medio ambiente, etc. Un libro altamente recomendado para todos aquellos que piensan que Juan Ramón es sólo el autor de Platero y yo, y en el que descubrirán a un escritor reflexivo, combativo, solidario, y, ante todo, profundamente humano.
Dos buenas maneras de aproximarse a la carrera de uno de los grandes poetas contemporáneos: Salirse de la fila y El ojo no visto del mundo. Yo que tú no me las perdería.

martes, 5 de mayo de 2015

Las Poiesis anarquistas. O poemas para cuestionarnos nuestros quehaceres desde las raíces


Hace unos días nos dio por sumergirnos en el último libro escrito por el polémico profesor José Antonio FORTES que lleva por título La ideología mata. Cinco intervenciones y que ha sido editada por la novísima editorial Cotali (Colectivo de Trabajadores Anónimos del Libro) en su colección Fulminantes. Teníamos algunas noticias un tanto dispersas de alguna que otra de esas intervenciones allá donde se produjeron. Nos llegaban comentarios, rumores, recortes de prensa de lo más variopintos y con una sarta de infundios y gazapos. Pero hemos de decir que nos hemos quedado un tanto turulatas y estupefactas al leer, por escrito y por nosotras mismas, algunas de las presuntas tesis que pretende defender –sin argumentar– dicho profesor en ese boceto literario. Nos ha llamado la atención, especialmente, cuando de manera bastante sintomática ante un público cercano a los planteamientos anarcosindicalistas de la CNT, llegó a postular que hablar de literatura anarquista viene a ser algo así como un oxímoron. Esta última palabra, pese a su procedencia originaria de la lógica aristotélica, se ha puesto de moda últimamente gracias a la labor pedante de ciertos y determinados grupúsculos academicistas.
J. A. Fortes no parece muy proclive a definir bien las palabras que usa, pese a que diga que sus tesis procedan ora de Marx ora de Althusser, no nos queda ni siquiera claro lo que quiere decir cuando habla de clases sociales o de lucha de clases. Regalar toda la historia de la literatura a la clase burguesa nos parece excesivo. Quizás el ya jubilado profesor de la Universidad de Granada  crea que eso está más que fundamentado en el pésimo y farragoso ensayo de su maestro Juan Carlos Rodríguez Teoría e Historia de la Producción Ideológica. Las primeras Literaturas burguesas. Una obra editada por vez primera en 1975 en las imprentas de Ramón Akal y de la que habría que desmontar su pésima arquitectura intelectual. En un recién rescatado poema Javier Egea descalificaba como “maldito mamotreto” a semejante tocho.  Lástima que ni sea este ni el momento de proceder a tan necesaria tarea de desmitificación.
En La ideología mata Fortes sostiene que (todos) los intelectuales están en contra del movimiento obrero. Una lectura muy singular de la obrita Los escritores contra la Comuna de Paul LIDSKY  que como cuenta, al parecer, le rompió en exceso sus esquemas previos. Y que desde que la conoció la tomó como modelo de sus incursiones “policiales” por los inframundos de las historias de la literatura.
Pues bien, para mostrar que eso de que hacer literatura anarquista no tiene porqué ser un acto imposible nos cae en estos días primaverales como por arte de magia el último libro –de otro profesor y doctor en Filología inglesa por la Universidad de Granada– como es Rafael Calero Palma. Cuyo título es bastante impactante: Poemas de Destrucción Masiva. Pues, como si de una Guerra de Alta (¿o baja?) Intensidad se tratara nos mete de lleno en los problemas reales de nuestro convulso y atormentado tiempo histórico.
Lo primero que queremos hacer es felicitar a la pequeña editorial Alhulia de Salobreña por editar obras de poesía de este tenor. Ya que son tan necesarias para tiempos  tan malos para la lírica como los que suceden a diario. Hay que tener un fuerte valor de compromiso social para dar a luz una obrita como la de Rafael Calero Palma. Breve y militante. No sabríamos decir si la poesía escrita que nos ofrece su autor es hija de la soledad y la impotencia personal para poder decir en voz alta lo que se siente y se piensa donde se debiera de decir y manifestar con urgencia o si esos versos militantes han sido creados al calor de las luchas colectivas y como tales se reflejan. Pero eso será tema que con delicadeza y ternura se verá con el correr de los días venideros.
Pues como el propio escritor señala en sus poemas ni él mismo cree que lo que escribe en esa obra pueda, en verdad, llamarse poesía. Y, sin embargo, nosotras sí que creemos y pensamos que lo que hemos leído puede y debe llamarse poesía. Porque el autor nos regala con sencillez y mucha humildad los trucos de sus poiesis literarias. Y recordemos que para los griegos la poiesis venía a ser algo así como el fruto material de nuestro inteligente trabajo humano. O sea, hacer cosas buenas, bellas y justas a conciencia: para que ayuden a los demás a hacer otras cosas que sean también buenas, bellas y justas. Algo así como poder llamar al pan, pan; y, al vino, vino. Utilizar las palabras para que nos ayuden a comprender el mundo en el que habitamos a diario. Si el pan está hecho de manera artesanal es porque es producto de un sabio arte sano hecho a conciencia. Es ridículo que los panaderos amasen el pan sólo para panaderos como si sólo su trabajo tuviera sentido para competir en un concurso de méritos entre ellos. Y así de ridículo resulta escribir literatura sólo para literatos. Aunque hoy eso sea hasta norma y, por supuesto, moda de la que parece hasta imposible salir.
Los poemas de Rafael Calero están hechos a sabiendas de que quieren ser pan para aquellos que pasan hambre de palabras, sed de buenas ideas, escasez de buenos quehaceres. Y cuando en alguno de ellos encontramos algún que otro exabrupto no debemos olvidar que la rabia también forma parte de la materia prima con la que se amasa nuestra sentimentalidad más cotidiana.
La Oda a Walt Whitman en forma de Padre Nuestro es ejemplar de lo que queremos decir. Hace falta cambiar, transformar nuestras relaciones sociales de explotación. Y es bueno aprender de gente como el poeta norteamericano. Es un excelente modelo para enfrentar la necesidad de vislumbrar y construir una Academia Internacional de Trabajadores Libertarios que se haga realidad contra la endogámica Universidad escolástica que se resiste a fallecer en nuestros días. Esta se basa en el monoteísmo patriarcal, heterosexual, jerárquico, mercantil, tanatocrático y pornocapitalista. La posibilidad de una escritura anarquista que cuestione desde las raíces los principios (el arjé que dirían algunos filósofos griegos y que, desde los tiempos más antiguos, estarían presos de las lógicas platónicas del poder monológico, autoritario y dictatorial) de gobierno de nuestras comunidades políticas. La acracia es fundamental para poner patas arriba el dominio de la muerte en las poiesis militaristas de la economía crematística dominante.
Poemas de destrucción masiva es un librito muy pequeño en formato, pero muy grande en lo que pretende acometer. No es nada fácil desmontar tanta ruina, tanta podredumbre en un puñado de poemas. Pero nos regala suficiente pólvora para empezar a cuestionar desde las raíces las razones de esta malograda suciedad nuclear pornocapitalista.
Hoy es más que urgente pensar en la impotencia plebeya de nuestras poiesis en las suciedades nucleares regidas por el caótico negocio de las basuras crematísticas.
Parece que el viejo profesor José Antonio FORTES nos quiere decir que la ideología mata en su por ahora último librito. Pero pese a su contumaz positivismo de los hechos no nos ayuda a pensar en nada, ninguna cuestión relevante acerca de qué ideología es la que mata. El título ya de por sí es lamentable y parece fruto del fundamentalismo científico propio de las nauseabundas suciedades nucleares de explotación, gasto y consumo del actual pornocapitalismo tanatocrático. Qué ideología es la que mata. Ya para colmo de males parece ser que con el término ideología quiere referirse a la materia real o materia prima con la que se hace la presunta literatura.
El problema de la escritura de Fortes es su inconsistencia. No define. No delimita. No conceptualiza. No se sabe nunca a qué se refiere con sus palabras. Cree que es claro y nítido. Y, por desgracia, sólo provoca confusión mental. Hace malabarismo conceptual. Y en sus libros hay multitud de ejemplos.
Pues no existe la literatura en singular. Existen muchos tipos o géneros de literatura. Preso de los límites categoriales de las Facultades universitarias no puede entender que hasta la filosofía o las ciencias de cualquier campo son literatura. Suele entender que esta es solo la referida a la producción de poemas, de dramas teatrales o novelas. Y con la ideología le pasa algo similar. Cree saber lo que esa palabra conlleva de por sí, pero no analiza ni su historia ni su contrabando comercial. Y las palabras, como se diría antaño, las carga también el diablo. Y sus significados son todo menos claros, diáfanos y evidentes.
Qué ideología es la que mata. Si queremos responder brevemente a esa pregunta, tendríamos que ser muy precisos. Y saber que es la ideología del mercado libre la que más muertes por segundo provoca a diario en las suciedades tanatocráticas del pornocapitalismo. Eso del mercado libre sí que es un oxímoron. Cualquiera que se las vea con la Ética de un pensador como Spinoza puede darse cuenta de ese brutal y criminal sinsentido. La libertad sólo es aplicable a sujetos humanos que posean voluntad. Es el deseo, subrayaba el sabio amstelodamo, la esencia de lo humano. Sin ese no saber qué hacer a cada instante de la vida no se puede hablar realmente de libertad. Y el mercado carece de voluntad y racionalidad. Por lo tanto, ni una piedra inanimada ni una mercancía (como pueda ser un coche, un misil o una lavadora) pueden ser asociadas a la humana libertad. Ésta es hija del azar, la indecisión, la encrucijada de caminos donde no está claro qué senda se ha de tomar. Por tanto, es un cuento que una máquina como el mercado pueda ser libre y actuar por sí sola.
Y al mercado como elaboración social de los humanos le ocurre algo similar a lo que les pasa a las armas o a los poemas. Que se pueden convertir en instrumentos de destrucción masiva.
Nos queremos imaginar a un escritor como Rafael Calero Palma intentando tomar la palabra en un Círculo podemista. Y viendo su impotencia personal y su frágil quehacer, refugiarse en su soledad a escribir sus versos militantes. Y cual Gabriel Celaya, en tiempos de la dictadura militar del genocida Francisco Franco, soñar que la poesía debiera ser un arma cargada de futuro. Y más que soñar con el inasible futuro, pensarla hoy en nuestro agobiante presente de Bribones borbónicos, como un arma de autodefensa popular de destrucción masiva. Hacer sus poemas como un arma defensiva que oponer a la asfixia letal de las criminales armas ideológicas (y, por supuesto, no sólo ideológicas) del pornocapitalismo tanatocrático reinante es su gran regalo. Aprendan de sus trucos para robarle la cartera ideológica a este puto y criminal sistema. Y, quizás algún día podamos recuperar algo más que las palabras y nuestras poéticas esperanzas.

Isa Bellaciao
& Plebeya Roja Ladina
Academia Internacional de L@s Trabajadores Libres
La Caleta de Salobreña, 1 de mayo de 2015


martes, 2 de diciembre de 2014

Todas las tardes otoñales de domingo



Adela lee tumbada en el sofá,
y se ríe con fuerza,
con esa risa suya,
contagiosa y tierna,  
febril y rugiente,
llena de color,
que sólo es posible en la infancia
y que el paso del tiempo
se encargará de dinamitar.

Yo estoy escribiendo abajo.
Desde aquí,
la escucho reír.

Poco a poco
la última tarde
de noviembre
de este año
dos mil catorce,
esta tarde dominical,
fría y absurda,
como al fin y al cabo son
todas las tardes otoñales
de domingo,
languidece.  
Y la noche
espera agazapada,
oscurísima
e imprecisa.
Siempre al acecho.