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jueves, 11 de marzo de 2010

Las gafas de Dylan

Él sólo quería unas gafas. Unas gafas pequeñitas. Unas gafas metálicas y redondas. Unas gafas como las de Dylan en Pat Garret y Billy el Niño. Sólo eso.

viernes, 29 de enero de 2010

La dulce madurez de Bob Dylan

Nadie puede negar que, a sus casi setenta años, Bob Dylan está en un estado de gracia creativo. Pocas figuras del ámbito artístico —de cualquier disciplina— pueden equipararse al poeta de Duluth. Tan solo en esta primera década del siglo XXI, y ciñéndonos al ámbito literario, Dylan ha puesto en circulación un magnífico libro de memorias, Crónicas Vol. I, ha recopilado todas las letras de sus canciones en un único tomo, titulado precisamente Letras, —aunque más que de letras tendríamos que hablar de poemas, ácidos, ariscos, desconcertantes, desestructurados, feroces, pero poemas al fin y al cabo— y ha visto publicado un conjunto de poemas —ahora sí— que datan de los primeros años sesenta, acompañando las fotos que el fotógrafo Barry Feinstein hiciera de un Hollywood más que sorprendente, en un libro llamado precisamente Fotorretórica de Hollywood: el manuscrito perdido.
En cuanto a la parte musical, en estos últimos años, el viejo Bob nos ha dejado varios discos memorables, algunos de ellos de lo mejorcito de su producción, a nivel de sus mejores obras de los años sesenta y setenta. Desde el año 1997, fecha en que publicó Time out of mind, aquel fenomenal disco que nos devolvió a un músico en plenitud de sus facultades creativas, hasta 2009, han visto la luz Love & Theft (2001), Modern Times (2006) y Together throu life (2008), tres grandiosos discos con material completamente nuevo, en el que el maestro nos regala toda su sabiduría en forma de canciones repletas de blues, de folk, de rocanrol, de country, y con esas letras rebosantes de imágenes asombrosas y de metáforas imposibles que lo han convertido en el mejor escritor de canciones de la música popular.
Por otra parte, durante estos años, han seguido apareciendo diferentes volúmenes de las Bootleg series, que en la actualidad va por el volumen nº 8. Para quien no lo sepa, esta colección está formada por discos repletos de rarezas, tomas alternativas, conciertos buscados durante años por legiones de fans insaciables o simplemente temas que estaban ocultos en discos imposibles de localizar hoy en día, por lo cual el seguidor de Bob Dylan agradece estos regalos como agua de mayo. Al mismo tiempo, Bob ha seguido con apariciones más o menos breves en películas y componiendo canciones para bandas sonoras originales. Mención aparte merece No Direction Home, el documental dirigido por Martin Scorsese en 2005, en el que durante tres horas y con un montón de material inédito, el director italonamericano nos va desgranando detalles de una carrera que dura ya más de cuatro décadas. Durante todos estos años, Dylan ha continuado con su peculiar programa de radio, donde cada semana, durante sesenta minutos, da a conocer algunas de sus canciones favoritas de todos los tiempos y todos los géneros habidos y por haber. Al mismo tiempo, el autor de “Los tiempos están cambiando” sigue inmerso en su “Never Endind Tour” (“Gira interminable”), siempre novedosa, siempre impredecible, donde se pueden disfrutar conciertos como el que dio en la ciudad de Jaén en el verano de 2008, uno de los mejores conciertos de cuantos ha dado en su extensa carrera musical. Como vemos, Bob Dylan tiene cuerda para rato. Ojalá que para mucho rato.

lunes, 14 de septiembre de 2009

Bob Dylan Revisited

El vagabundo borracho me ha robado a mi chica.
Voy a intentar recuperarla
pero no las tengo todas conmigo.
Hoy tengo un día terrible
y necesitaré un golpe de suerte.
La condesa escucha al buhonero,
o eso, al menos, me parece a mí.
Después ella dice que rezará una oración
por todas las personas
que se ganan la vida con el sudor de su frente
y se santigua de manera piadosa.
Hay un hombre en el parque.
Es de noche y llueve a cántaros.
Intenta atrapar puñados de lluvia
con sus manos pequeñas,
mientras grita:
alguien tuvo suerte, pero sólo fue un accidente.
La mujer de la calle tiene los ojos vendados.
Está cantando una vieja canción
que escuchó, cuando era pequeña,
en la emisora de música country.
La luz de una linterna le alumbra el rostro.
Después, la mujer de la calle se descalza
y comienza el baile.
Seis caballos blancos galopan
por los dorados raíles del tren
mientras una locomotora lenta se acerca
desde la otra parte de la pradera.
El pájaro forajido de ojos tristes
lo observa todo desde un sauce llorón.
Luego, levanta el vuelo y se pierde.
Monalisa y su hijo de seis años fueron a la feria.
Él se subió en el tiovivo
y ella le regaló un algodón de azúcar de color rosa.
Durante unas horas fueron felices
pero ya están de vuelta
en su infierno cotidiano de hielo negro.
El viejo enterrador sostenía un libro
en su mano izquierda.
Empezó a caer nieve a cámara lenta.
Aquel hombre volvió su rostro hacia el cielo.
Abrió el libro al azar y leyó en voz alta:
sueña, sueña, pues esto también es verdad.
Memphis Minnie llevaba sobre su cabeza
un hermoso sombrero de piel de leopardo.
La vi pasar conduciendo su flamante coche nuevo,
rojo intenso, reluciente como el cielo
de una noche de verano.
Al pasar junto a mí, me guiñó un ojo y me soltó,
eh, tío, ¿te vienes a dar una vuelta conmigo?
Creo que me he enamorado, sin remedio,
de ese sombrero de piel de leopardo.
Debajo del cartel de neón
hay un hombre que me recuerda a Shakespeare.
Su nombre es Jack Horner.
Viste unos zapatos de tacón cubano y un traje negro.
Es un tipo realmente elegante.
Está hablando con una chica francesa.
Ella le dice: Yo soy amiga de Bob.
Y él contesta: Mentirosa. No te creo.

viernes, 15 de mayo de 2009

BOB DYLAN: PENETRANDO EN EL CORAZÓN DEL LABERINTO (3ª parte y última)

La tercera y última entrega publicada al unísono por Global Rhythm Press y la Editorial Alfaguara es Letras, 1962-2001, el libro que compila todas las canciones que Bob Dylan ha publicado entre los años 1962 y 2001, en realidad, todas las letras de su discos excepto las del último álbum, el magnífico Modern times. Podemos decir que en este libro se encuentra la verdadera esencia de Bob Dylan, aquello por lo que sin duda pasará a la historia de la música popular, sus extraordinarios versos. En palabras de Francisco García, uno de los dylanitas más importantes de nuestro país, autor del libro Bob Dylan en su edad de oro (1997-2007), Letras, 1962-2001 es el más importante “canon actualizado del que se dispone y supone un libro de referencia imprescindible para cualquier aficionado. “
No es esta la primera traducción al castellano de las canciones de Bob Dylan, pero sí la más completa. Publicado en una edición bilingüe de lujo, de la traducción se han encargado Miguel Izquierdo y José Moreno, (aunque en un principio el traductor iba a ser el escritor argentino Rodrigo Fresán, por razones que no han trascendido éste abandonó el proyecto cuando ya estaba prácticamente acabado), 1280 páginas conteniendo las versiones originales en inglés y su correspondientes adaptaciones al castellano, todas las canciones originales incluidas en los álbumes oficiales más algunas que sólo están grabadas en maqueta, como “Long Ago”, “Ain’t A-Gonna Grieve” o “Guess I’m Doing Fine”. Además las canciones llevan anotaciones y comentarios escritos por Alessandro Carrera, autor de la versión italiana del libro, que ayudan a entender en toda su extensión el imaginario del autor. Este sí es el gran libro de uno de los poetas más interesantes y originales de cuantos ha dado la lengua inglesa a lo largo de su existencia. Y no piense nadie que exagero. Los versos de Dylan son majestuosos, ingeniosos, épicos, hermosos, humorísticos, apocalípticos, burlones, míticos. En ellos abundan las metáforas extravagantes, los juegos de palabras asombrosos, las imágenes surrealistas dignas del mejor Buñuel. Letras 1962-2001 es un gigantesco laberinto que cubre cuatro décadas de escritura, y en el que Bob Dylan nos ayuda a penetrar paso a paso, despacio, sin precipitarnos, como se deben hacer las cosas que importan en esta vida, con toda la tranquilidad que una empresa de estas características merece, hasta llegar hasta su mismísimo corazón. Un libro en el que se puede rastrear el origen de la genialidad de su autor: desde las fuentes bíblicas a las canciones infantiles, desde el Don Juan de Lord Byron a los Sonetos de Shakespeare, desde las películas de John Huston a la prensa diaria. En estas páginas están todas las caras de Bob Dylan: su posicionamiento social y político en temas como “Masters of war” o “The lonesome death of Hattie Carroll”; la introspección de “My back pages” o “Chimes of freedom”; el simbolismo de “Maggie’s farm” o “Love minus zero”; el existencialismo apocalíptico de “Desolation row”; las metáforas surrealistas de “Rainy day women #12 & 35” o “Stuck inside of Mobile with the Memphis blues again”; el desgarro amoroso de “Shelter from the storm” o “Tangled up in blue”. Las obras completas de uno de los grandes, porque Dylan, como los grandes maestros, es capaz de inspirarse en el acontecimiento más importante pero también en el más banal, pues no debemos olvidar que una de las principales características de los genios es que son capaces de penetrar en el corazón del laberinto cuando los demás no hemos empezado siquiera a caminar.

BIBLIOGRAFÍA
- Crónicas vol. I, Barcelona: Global Rhythm Press, (2005).
- Tarántula, Barcelona: Global Rhythm Press, (2007).
- Letras, 1962-2001, Barcelona: Global Rhythm Press, (2007).

sábado, 9 de mayo de 2009

BOB DYLAN: PENETRANDO EN EL CORAZÓN DEL LABERINTO (2ª parte)

El segundo libro que edita Global Rhythm Press es el volumen autobiográfico Crónicas vol. I, publicado en los Estados Unidos el cinco de mayo de 2004 y en nuestro país un año después. El libro fue escrito durante los ratos muertos que el músico pasa en los hoteles de medio mundo entre concierto y concierto y tratándose del Bob Dylan ya se pueden imaginar que no es un libro de memorias al uso. Se trata más bien de una serie desordenada de acontecimientos vitales, pero sin seguir un orden lineal como haría cualquier otro autor que se propusiera contarnos su vida. Para empezar, desde el mismo título ya se nos avisa de que nos enfrentamos a una visión incompleta de la vida de Dylan, pues estamos ante un volumen I, por lo cual se da por sentado que a este primer volumen seguirá alguno más.
El libro está dividido en cinco capítulos, cinco ensayos sin conexión aparente unos con los otros, con saltos espacio-temporales que pueden descolocar en cierta medida al lector que no esté familiarizado con la biografía de Dylan. En los dos primeros, titulados “Pulir la partitura” y “La tierra perdida”, respectivamente, y en el último, llamado “Río de hielo”, Dylan nos habla de sus primeros tiempos, cuando trataba por todos los medios de abrirse camino como cantante de música folk, aquellos años en que Bob Dylan aún no es ese mito que llegaría a ser sólo un par de años más tarde, convirtiéndose en portavoz de toda una generación y de todo un sistema de valores, por más que le pesara después. Son los años de aprendizaje en Nueva York, intentando tocar en garitos como el Café Wha, el Gaslight y otros lugares emblemáticos del Greenwich Village neoyorquino. Estos tres capítulos están repletos de nombres propios de músicos, de poetas y novelistas, de personajes históricos americanos que influyeron al maestro, que en aquella época era una esponja que absorbía todo a su alrededor para, acto seguido, regurgitarlo convertido en algo completamente distinto. Por estas páginas aparecen nombres como los de Woody Guthrie, Dave Van Ronk, Roy Orbison, Lord Byron, Jack Kerouac, Robert Johnson, Hank Williams, James Joyce, Honore Balzac, Anton Chejov, Archibald MacLeigh y un largo etcétera. Todos ellos, y según escribe el propio Dylan, ayudaron de una u otra manera a que se convirtiera más tarde en el carismático cantautor que todos conocemos.
El tercer capítulo, titulado “New Morning” (al igual que el álbum que publicó en 1970), narra las vicisitudes que vivió precisamente en los meses inmediatamente anteriores y durante la grabación de dicho disco. Estamos en los primeros años setenta y Bob Dylan está completamente harto de que su público lo considere una especie de personaje mesiánico, portavoz de su generación. Él, por su parte, sólo desea vivir con su familia una vida hogareña, alejada de las grandes metrópolis americanas, en la tranquilidad que le ofrece un pequeño pueblo desconocido, rodeado de una naturaleza salvaje y paradisíaca, donde pueda pescar, jugar al baloncesto o el baseball o salir de picnic con sus hijos. Son los años en los cuales cambia constantemente de residencia y en los que tiene que recurrir incluso a las armas para poder defenderse de fanáticos que llegan al extremo de rebuscar en su basura en busca de información sobre su ídolo.
La cuarta parte, tal vez la más atractiva desde el punto de vista de un melómano, se titula “Oh, Mercy”, y al igual que en el tercer capítulo, narra diferentes aspectos de las sesiones de grabación del álbum homónimo, producido por Daniel Lanois. En 1987 Dylan era un músico de vuelta de todo, apático, desgastado, sin fuerzas prácticamente para darle la vuelta a una situación que lo estaba asfixiando vital y artísticamente. Ya no disfrutaba tocando en directo y apenas era capa de coger un bolígrafo y escribir unos versos decentes. Dylan cuenta cómo salió de ese pozo en el que se estaba ahogando, qué hizo para reinventarse de nuevo y catapultar una carrera que agonizaba hasta el lugar de privilegio en que se encuentra en la actualidad.
A diferencia de Tarántula, Crónicas vol. I es un libro claro y conciso, en algunos pasajes me atrevería a decir que llega a ser diáfano, que no se pierde en vericuetos lingüísticos, y que no necesita de dobles lecturas para comprenderlo en toda su extensión, un libro de una lucidez extrema, que atrapa al lector desde los primeros párrafos y ya no lo suelta hasta que se termina. Si los volúmenes siguientes van a ser de esta categoría literaria, que a nadie le quepa la menor duda: ya estamos deseando que se publiquen.

jueves, 7 de mayo de 2009

BOB DYLAN: PENETRANDO EN EL CORAZÓN DEL LABERINTO (1ª parte)

Desde hace unos años la figura de Bob Dylan ha alcanzado tal magnitud que es imposible aproximarse a ella sin sentir vértigo. Ocupa portadas en revistas especializadas y de información general, es objeto de películas como la que recientemente dirigió Martin Scorcese, No direction home, sus recitales —no olvidemos que desde el mes de junio de 1988 está inmerso en la “Gira de nunca acabar” que lo lleva a actuar en cualquier ciudad del mundo un día sí y otro también— se cuentan por llenos absolutos, sigue editando álbumes absolutamente demoledores que le han hecho estar de nuevo en la cresta de la ola, se le otorgan premios como el Príncipe de Asturias de las Artes y se le nomina al Premio Nobel de Literatura; su obra y su vida están siendo estudiadas hasta el más mínimo detalle. Por poner un solo ejemplo, si se introduce su nombre en el buscador de internet Google, aparecen más de 25.800.000 entradas. Y como señala Felipe Cabrerizo, existen más de cinco mil libros dedicados a estudiar algún aspecto de la ingente obra del genio de Minnesota. Cada vez resulta más normal encontrarse con uno de esos fans que se han dado en llamar “dylanitas”, y que no son otra cosa que adoradores extremos del ídolo, es decir, fans que siente una veneración cuasi religiosa por todo lo que tenga que ver con el autor de “Blowin in the wind”, comparándolo sin ningún tipo de pudor con personajes de la talla de Ghandy o el mismo Jesucristo.
Con todo esto, es evidente que cada vez resulta más complicado decir algo original sobre este músico que revolucionó el concepto de música popular. No obstante, vamos a hablar sobre tres libros que han sido publicados recientemente en nuestro país por la editorial barcelonesa Global Rhythm Press. En este caso, la originalidad radica en que estos tres libros son obra del propio Dylan, es decir, él es el autor del contenido de esos libros, mostrando otra faceta artística de su personalidad que no es demasiado conocida popularmente.
El primero de estos libros es Tarántula, una obra escrita en 1966, (año en que Dylan parió también uno de sus discos emblemáticos, el extraordinario Blonde on blonde), pero que no fue editada hasta 1971, entre otros motivos, debido al misterioso accidente de motocicleta que lo tuvo fuera de juego durante unos años. No es la primera vez que este libro se publica en nuestro país (existen dos ediciones anteriores, una de 1976, traducida por un tal Horacio Quinto y editada por Producciones Editoriales Juan José Fernández Ribera y otra de 1996, editada por Ediciones Júcar en su popular colección Los Juglares), pero en esta nueva edición de Global Rhythm Press, se ha encargado de la traducción el gran Alberto Manzano, uno de los más importantes traductores —sino el que más, y si alguien piensa que exagero no tiene más que echar un vistazo a su obra como traductor— del imaginario pop de nuestro país. Como anécdota debemos decir que durante muchos años circularon entre los fans copias piratas de Tarántula como si se tratase del más espectacular de los conciertos de Dylan.
Tarántula ha sido comparada con el Finnegans Wake de James Joyce y con otras obras de vanguardia. Por ejemplo, Emanuele Bevilacqua en su Guía de la Generación Beat, escribió que el libro “acusa a su manera la influencia de William Burroughs” y que en sus páginas “Dylan mezcla la escritura automática con la técnica del cut-up formulada por Burroughs.” Para otros autores, como Howard Sounes, Tarántula no deja de ser un intento fallido por parte de Dylan de escribir una novela, y que ésta, no responde en absoluto a las expectativas que los seguidores del músico tenían. De esta manera se expresa Sounes sobre la obra de Dylan: “El libro estaba compuesto por breves fragmentos de versos libres sin signos de puntuación. Aparecían frases familiares de las letras de las canciones, así como nombres famosos. A veces las metáforas eran llamativas, otras veces resultaban divertidas pero se trataba del libro menos comercial de cuantos hubiesen sido escritos: ciento treinta y siete páginas llenas de notas de contraportada de un álbum de Dylan que no existía.”
En mi opinión, Tarántula no es otra cosa que un gran poema surrealista. Y es desde esta aproximación desde la cual se le puede extraer todo el jugo que sus páginas contienen. Si a alguien se le ocurre leerlo como una novela, difícilmente pasará de las primeras páginas, pues su estructura no responde a la idea convencional que el lector puede tener del término novela. De cualquier forma, los textos que conforman este primer intento de Dylan por escribir ficción, no se alejan de la línea poética de las canciones que el bardo de Duluth compuso por aquellos mismos años. El lector avispado ya sabrá que me estoy refiriendo a las canciones que componían sus álbumes Bringing It All Back Home, Highway 61 Revisited y, por supuesto, el ya mencionado Blonde on Blonde. Así pues, Tarántula es de carácter obligado para quienes deseen captar toda la esencia de Dylan en el período mágico de la década de los sesenta.