viernes, 30 de abril de 2010

La vida a traición

“¿No es más seguro, incluso más prudente, creer que la vida
carece por completo de sentido?”
Patricia Highsmith
La mirada turbia de la desesperanza.
El último aliento del suicida.
La lluvia herida de la madrugada.
La biblia manoseada del sacerdote pederasta.
El semen agrio del violador.
La lápida negra en la tumba del que murió de cáncer.
La basura guardada en el alma del que no perdona.
El salario mínimo interprofesional.
Las utopías en las que ya nadie cree.
El testamento del avaro.
Las llagas en la boca del que no ha dicho la verdad.
El eclipse en los ojos de quien lo ha visto todo.
Los crisantemos mustios en las avenidas de la muerte.
La máquina de escribir moribunda del escritor
fracasado.
El ángel de la guarda del que ha muerto en una patera.
Las drogas de diseño del hombre de negocios.
El vino barato del vagabundo.
Las piedras usadas para lapidar a la adúltera.
La manera de ver el mundo del disidente.
La corona de espinas del rey de los judíos.
La invisibilidad más absoluta de la miseria.
La mano que toma una pistola y aprieta el gatillo,
una,
dos,
tres
veces.
El primer dolor del recién nacido.
La zona cero en el corazón de quien sufre por amor.
El centro del cerebro del que ha puesto un pie
en el infierno.
El silencio ensordecedor que envuelve al náufrago.
La mentira feroz del capitalismo salvaje.
Las uvas de la ira del soldado americano.
La piel verdosa del obrero fusilado contra el muro
de un cementerio.
La Ley, hecha a medida del poderoso.
El fuego devastador que asoló el Paraíso.
La neblina oxidada que cubre los sueños del perdedor.
El beso de amor del anarquista.
El ego desbordado del triunfador.
La canción triste de las despedidas.
El arte de amar de quien no tiene a quien amar.
El incendio rojo de las palabras.
La soledad del espantapájaros.
El ruido de fondo de la vida cotidiana.
El tiempo lento de quien espera en el corredor
de la muerte.
Las gafas de sol de la estrella de rock.
Los besos postizos de la puta de lujo.
La mirada perdida del yonqui.
La escala de valores del asesino a sueldo.
Las dudas del que no lo sabe todavía.
La verdad que nos hará libres.
Los pies de barro de quien se piensa indestructible.
El imperativo categórico de lo que sí y lo que no.
Los parias de la tierra.
Las mentiras que nos contaron sobre Romeo y Julieta.
Las tetas de silicona de un travesti mejicano.
Las consignas que han pasado de moda.
La profecía que se cumple a sí misma.
La promesa que nunca se cumplió.
La autopsia que se practica sobre el cadáver del amor.
El clavel que tapa la boca del fusil.
Y la muerte, que nos joderá a todos.


(De Versos de alambre de espino, Editorial Alhulia, 2009)

jueves, 29 de abril de 2010

Los volcanes

Hoy
es uno
de esos días
en que estallan
los volcanes.

Así
que es mejor
mantenerse
alerta.
Por si acaso.

martes, 27 de abril de 2010

Camino al Paraíso

¿Al Paraíso?
Sigue recto
unos tres kilómetros.
Encontrarás una glorieta.
Toma la última salida
y continúa otros tres
o cuatro kilómetros
más o menos.
Una vez allí
toma el primer desvío
que hay a la izquierda.
Sigue todo recto
y verás una gasolinera.
Justo al lado
hay un edificio
con un gran letrero
donde se puede leer
en grandes letras rojas:
Bienvenido al Paraíso.
Allí es.

lunes, 26 de abril de 2010

Telediario

El caos se hizo evidente. Una gran nube de humo negro lo envolvió todo. Había cuerpos diseminados por la calzada, algunos enteros, otros completamente fragmentados. Los gritos de los supervivientes eran desgarradores. De repente, la cámara tomó un primer plano de una mochila azul y amarilla con un dibujo de una gatita. La voz del locutor guardó silencio en ese preciso instante pero todo el mundo entendió lo que aquello significaba. Luego, la cámara pasó a un plano general.
Un cliente habitual del bar le grita al camarero que cambie de canal, que ponga los deportes, que ya están hasta los huevos de la puta guerra de Irak.

viernes, 23 de abril de 2010

La bolsa blanca

Sobre el banco verde hay una bolsa blanca. Es de plástico. Una bolsa normal y corriente, de esas que dan en los supermercados cuando hacemos la compra. A simple vista no se aprecia nada que la haga especial, salvo el logotipo de una gran superficie comercial escrito en letras rojas. El hombre que está sentado en el banco de al lado lleva un rato mirándola, sin atreverse a cogerla. Tiene miedo de que alguien lo pueda ver y lo acuse de haberla robado. No sería la primera vez que pasa algo parecido. Menudo bochorno. No obstante, el hombre siente una curiosidad malsana por averiguar cuál es el contenido de la bolsa. ¿Qué habrá dentro?, se pregunta. Porque está claro que hay algo dentro de la bolsa. ¿Será dinero? El hombre descarta esta opción. Le parece que la bolsa es demasiado vulgar para llevar una importante suma de dinero en su interior. Además, él nunca ha tenido tanta suerte. ¿Serán unos documentos importantes, por ejemplo, la escritura de un piso de lujo en el centro de la ciudad, olvidada por su dueño? ¿O tal vez son unos documentos —lucha antiterrorista, lucha contra el crimen organizado— que comprometen la seguridad misma del Estado? El hombre empieza a sentir un ligero dolor de estómago. Y le sudan las manos a pesar de que hace frío. Los nervios, piensa. Siempre que me pongo nervioso, me duele el estómago y me sudan las manos. Y también: Si estuviera aquí mi ex mujer me habría dicho que parezco bobo, dándole vueltas y vueltas a las cosas, sin atreverme a actuar. Hijo, si es que parece que estás alelado. Esa era una de las frases favoritas de mi ex. Mientras piensa todo esto, barre con la mirada todo el parque. No hay nadie. O al menos él no ve a nadie. Así que, por una vez en su vida, decide pasar a la acción. El hombre, con disimulo, se levanta del banco donde está sentado y en unos segundos anda los nueve o diez metros que lo separan del banco donde está la bolsa blanca. Se sienta. La coge. Está temblando. No puede evitarlo. Es superior a sus fuerzas. Vuelve a pasear la vista por todo el parque por si alguien lo ha visto coger la bolsa. Pero el parque está desierto a esas horas. Así que se decide a abrir la bolsa con sus manos temblorosas. Un libro. Eso es lo que contiene la bolsa. Un pequeño libro de bolsillo. Es de color marrón. Se titula Hambre y la persona que lo ha escrito es un tal Knut Hamsun. Resulta evidente que el libro es antiguo. Por el olor y por el color. Huele a papel viejo y las páginas del libro están amarillentas. Pero está nuevo. Además está forrado con un plástico transparente, lo que, sin duda, ha contribuido a su buen estado de conservación. El hombre no ha oído, jamás en su vida, hablar de ese libro. Tampoco de ese autor. Ni una sola vez. Cosa que, por otra parte, no es rara. Hace más de veinte años que no lee un libro. De ningún tipo. Él no es, precisamente, lo que se entiende por una persona culta. Y ahora está allí sentado, en aquel banco verde de aquel parque desierto de aquella ciudad más desierta aún, sosteniendo en las manos un ejemplar viejo de un libro que se titula Hambre y cuyo autor es un tal Knut Hamsun. El hombre se siente un poco decepcionado, para qué negarlo. Hubiese preferido que en la bolsa blanca de plástico hubiese habido cualquier otra cosa: una bufanda de lana virgen, por ejemplo. Eso le habría venido muy bien para combatir el frío de aquel invierno. O un cd de Juanito Valderrama o Antonio Molina. Para él, los dos cantantes más importantes de todos los tiempos. O una revista pornográfica. O incluso un juguete, un trenecito de madera o una pelota de tenis, por ejemplo. Un buen regalo para su nieto. O ya puestos, si al menos el libro hubiese sido una novela del oeste, de las de Marcial Lafuente Estefanía o de las de Silver Kane o aquel otro, cómo se llamaba, ah, sí, Keith Luger. ¡Aquellos sí que eran buenos libros! ¡Aquellas viejas novelas que publicaba Bruguera! Cuando joven, hubo un tiempo en que se aficionó a leer novelas del oeste. Fue en aquella época en que trabajó de vigilante nocturno en una fábrica de ladrillos. Debió ser hacia mil novecientos cincuenta y… Uff, ya había llovido algo desde entonces. Y sin embargo todavía recordaba algunos títulos: La mascota de la pradera, Te enterrarán en día de fiesta, Un puñado de caraduras. Aquellos libros sí que eran entretenidos. Y emocionantes. Ahora, en este mismo momento, el hombre sostiene el ejemplar de Hambre en sus manos. Lo mira por delante y por detrás. Lo observa con detenimiento. Lo pone bocabajo por si, de entre sus páginas, cae un papelito. Busca algún nombre escrito en él que delate su procedencia, que indique quién ha sido su dueño. Alguna dedicatoria. Él nunca ha regalado un libro pero sabe que hay gente que sí lo hace y escribe cosas en ellos del tipo: “Deseo que las páginas de este libro te atrapen como me atraparon a mí.” Y otras cosas por el estilo. Pero no encuentra nada. Absolutamente nada. Ni papelitos, ni dedicatorias, ni nombres. Es como si aquel libro no hubiese pertenecido jamás a nadie. Como si hubiese aparecido allí, en aquel banco verde, dentro de la bolsa blanca de plástico, por arte de magia. De repente, el hombre se da cuenta de que no sabe qué hacer con el libro. Evidentemente puede levantarse en ese preciso instante y largarse, dejándolo allí. Asunto terminado. Pero no es capaz. Simplemente, no puede hacerlo. No tiene motivos para actuar así. O mejor dicho, si actúa así, luego le pesará. Le da un poco de pena abandonar el libro en aquel parque solitario, a aquella extraña hora del día. ¡Cualquiera sabe en qué manos puede caer! Movido por algún extraño resorte, el hombre abre el libro por la primera página y empieza a leer el primer párrafo: “Era el tiempo en que yo vagaba, con el estómago vacío, por Cristiania, esa ciudad singular que nadie puede abandonar sin llevarse impresa su huella…” El hombre siente una agradable sensación en las yemas de los dedos. Es algo muy placentero. Así que sigue leyendo. Al principio le cuesta trabajo. La falta de costumbre, razona el hombre. Ha de hacer un esfuerzo considerable para entender las palabras escritas en las páginas amarillentas. Poco a poco, el hombre se va relajando con la lectura de aquel libro. Y se va adentrando en la historia, en las aventuras y desventuras del héroe, en los pormenores de su existencia. De repente, se da cuenta de que casi ha caído la noche. Y de que ha bajado la temperatura. No sabe cuánto tiempo lleva allí. Pero deben ser unas cuantas horas. Lo único que tiene claro es que se va para su casa, con el libro metido en la bolsa blanca, y que una vez allí, se dará una ducha caliente, y después cenará algo ligero, probablemente una tortilla francesa y una ensalada. Y reanudará la lectura de aquel extraño libro. Un libro que alguien ha dejado abandonado, en una bolsa blanca de plástico, sobre un banco verde de un parque, hasta llegar a la palabra FIN.


(Dedicado con todo mi cariño y admiración a aquellos autores de novela popular que hicieron, con su imaginación y su incansable pasión por la literatura, que la vida en la dura España de posguerra, fuese un poco más llevadera. Para mi admirado Francisco González Ledesma, sin duda, el mejor.)

jueves, 22 de abril de 2010

Libros como sueños

Cada vez que abres un libro,
Sancho es gobernador de la Ínsula Barataria,
Tom y Huck se bañan en el Mississippí,
mientras Philip Marlowe toma un
gimlet
en un antro de Los Ángeles.
Cada vez que abres un libro
Frederic y Catherine huyen de la guerra por amor,
Ulises busca el camino de regreso a Ítaca
y Celestina, vieja puta, hechiza el joven corazón de Melibea.
Cada vez que abres un libro,
Segismundo sueña que toda la vida es sueño,
Neruda escribe los versos más tristes esta noche
y el doctor Frankenstein juega a ser Dios en su laboratorio.
Cada vez que abres un libro,
Madrid es una inmensa colmena de gris hormigón,
Platero juega con los niños de Moguer
y alguien, en algún lugar, espera a Godot.
Cada vez que abres un libro
el mundo se vuelve un poco mejor.

(De
Desorden, 2001)

Feliz Día del Libro a todas y todos los que entráis por aquí. Ya sabéis, comprad libros, usad las bibliotecas públicas, regalad libros. Y ya puestos, que sean de calidad. Salud)

miércoles, 21 de abril de 2010

Poética (textil)

Quitarse la chaqueta.
Luego la camisa.
Despojarse, primero, de un zapato.
Después del otro.
Los calcetines, también fuera.
Bajarse los pantalones.
Y por último, los calzoncillos.

Desnudo

como mi madre me trajo al mundo.

Como cuando escribo un poema.

martes, 20 de abril de 2010

Miguel Hernández, comunista

A propósito del Centenario del nacimiento del poeta Miguel Hernández (Orihuela, Alicante, 30 de octubre de 1910- Alicante, 28 de marzo de 1942), que conmemoramos este año con numerosos actos a lo largo y ancho de la geografía española, hemos tenido oportunidad de leer en las últimas semanas en la prensa española bastantes artículos en torno a su figura y a su extraordinaria obra poética. Y tengo que confesar que estoy alucinado, cabreado y asqueado. Y es que la mayoría de esos artículos tratan de minimizar, cuando no directamente de ocultar, la militancia política del autor de Viento del pueblo. No sé qué pasa ni por qué razones se hace (aunque, las intuyo, por supuesto) pero ninguno de esos articulistas dice abiertamente que Miguel Hernández fue comunista. De hecho, es moneda corriente que al hablar del insigne poeta alicantino, no se utilice el término “comunista” ni una sola vez. Como si el adjetivo, por sí solo, fuese el detonante de todos los males habidos y por haber. Pues sí, Miguel Hernández fue comunista, y eso, a finales de los años treinta y principios de los cuarenta, tenía un significado simbólico que, no hay que ser muy listo para darse cuenta, no es el mismo que en nuestros días. Miguel Hernández vivió una tremenda evolución personal que lo llevó desde el cristianismo de su juventud a convertirse en el gran Poeta del Pueblo, con sus poemas de combate, de denuncia, de esperanza, de dolor y de tragedia, sobre todo, los que forman sus poemarios El hombre acecha y Viento del pueblo.

En una carta fechada el 29 de noviembre de 1935, su amigo y mentor hasta ese momento, Ramón Sijé, le reprocha, abiertamente, su profundo viraje ideológico, así como su acercamiento poético y estético (su coqueteo con las vanguardias y el surrealismo) a poetas como Neruda, Aleixandre o Alberti: “Transformación terrible y cruel”, la denomina Sijé.

Sin duda la amistad con el poeta chileno Pablo Neruda es importantísima para esa transformación ideológica. Así pues, en los primeros balbuceos de la Guerra Civil, Hernández no duda en alistarse como voluntario en el Quinto Regimiento, de tendencia comunista. En el mes de octubre de 1936, es nombrado Comisario de Cultura del batallón El Campesino, y se le asigna la importante misión de escribir para los milicianos del frente, con el objeto de elevarles la moral. En marzo de 1937 contrae matrimonio por lo civil, lo cual supone toda una declaración de principios, y en agosto de ese mismo año viaja a la Unión Soviética como miembro de una delegación cultural para conocer el teatro que se estaba haciendo en aquellos momentos en la URSS. ¿No supone todo esto un posicionamiento ideológico determinado?

En muchos de esos artículos a los que me refería antes se habla de Miguel Hernández como un “referente estético”. Me parece que reducir la figura de este gran poeta a eso (que también lo es, ojo), es un insulto a su memoria. ¡Qué estuvo en el Quinto Regimiento, por favor! ¡Qué pudo haberse exiliado como hicieron muchos otros y no lo hizo! Hernández optó por quedarse. Quiero creer que, porque además de un magnífico poeta, era un hombre valiente, comprometido hasta la médula con ese pueblo al que veía sufrir ante el avance demoledor del fascismo, o vete tú a saber por qué lo hizo. El resultado es que no se fue cuando pudo haberlo hecho. Y que murió sin renegar de su ideología política, el comunismo.

A nadie con dos dedos de frente se le escapan las razones de esta manipulación. Para los medios de comunicación de masas no existe lo que no se nombra. Es así de simple. Ya lo hemos visto en otros muchos casos. La mentira va creciendo y creciendo, como una gran bola de nieve. No me imagino, por ejemplo, al actual presidente de la Generalitat Valenciana, el ultraconservador Camps, o al Rey, alabando la figura del poeta comunista en uno de esos actos manipuladores y surrealistas (todavía me produce vergüenza ajena ver al pobre viejecito que era Rafael Alberti en sus últimos meses de vida, visitado por el entonces presidente del gobierno José María Aznar). Sin ningún género de dudas, resultarán más fáciles de digerir las alabanzas hacia el intelectual cristiano o hacia el “referente estético” que hacia el poeta comprometido con la lucha trágica del pueblo.

Dejó escrito Miguel Hernández: “Los poetas somos viento del pueblo: nacemos para pasar soplando a través de sus poros y conducir sus ojos y sus sentimientos hacia las cumbres más hermosas”. Eso lo escribió el hombre, el poeta y el comunista. Por ese orden. Le pese a quien le pese.

(Este artículo ha sido publicado en la edición del día 20 de abril de 2010 en Rebelión)

lunes, 19 de abril de 2010

Hasta los cojones de... (II)

- Franco y los fascistas que campan a sus anchas por los juzgados, por el Tribunal Supremo, por el Constitucional y hasta por los de oposiciones. Resulta bochornoso que, treinta y cinco años después de la muerte del ser más abyecto que ha dado este país, siga siendo intocable.
- De los curas pederastas (de los que no lo son, también) por haber abusado de niños y niñas indefensos, por haberles amargado la vida, por ser tan cabrones, y del Papa, que no tiene la valentía ni la humildad necesarias para afrontar la verdad y reparar (si es que tal cosa es posible) el daño irreparable (valga la redundancia) que les han hecho a estas personas.
- De los niños y niñas que hacen la primera comunión por los regalos y de sus padres, que lo consiente.
- De que aún exista la primera comunión.
- De que siempre gobiernen los mismos (aunque el partido sea otro, ahí radica el truco del almendruco) y de que mi voto no sirva absolutamente para nada, porque la Ley electoral es, como casi todo en este país, una gran estafa.
- De que la gente hable de la SGAE sin tener ni puta idea de qué, cómo, cuándo y por qué.
- Del afán recaudatorio de la SGAE.
- De los premios literarios (esto ya lo he dicho antes).
- De los subnormales maleducados (casi siempre son tíos) que pueblan las carreteras españolas, como si les perteneciesen, increpando a los demás, saltándose las normas, insultando y poniendo en peligro la vida de la gente, etc., etc.
- De que en la vida real, al contrario de lo que sucede en las películas americanas, siempre ganen los hijoputas.
- De Cristiano Ronaldo.
- De Fernando Alonso.
- De que Tim Burton malgaste su talento en bodrios como Alicia en el país de las maravillas (Tim, man, what's wrong with you?).
- De los escritores que no saben poner tildes.
- De la TDT de los cojones.
- De que el diario El País ataque a Hugo Chávez y no ataque a Manolo Chaves.
- De los políticos corruptos de hoy y de los de mañana.
- De que nombren Consejero de la Junta de Andalucía o Ministro del Gobierno al tonto del pueblo.
- De que Joaquín Sabina malgaste su talento en bodrios como Vinagre y rosas (Joaquín, man, wtha's wrong with you?).
- De que se hable bien de los muertos, aunque no lo merezcan.

sábado, 17 de abril de 2010

Un zapato rojo

La calle estaba oscura. La temperatura muy por debajo de los cero grados. Algunos gatos próximos a agotar su séptima vida merodeaban por los contenedores de basura, en busca de algo que aliviara el hambre atrasada y aquel terrible frío siberiano. La quietud de la noche amplificaba la sinfonía de maullidos. El camión de la basura iluminó la calle. Se detuvo junto a los contenedores. Dos personas bajaron de él. Cogieron un contenedor. Lo vaciaron. La operación se repitió varias veces. En el tercer contenedor, lo vieron. Un cuerpo de mujer. Sólo llevaba encima un zapato rojo. No hace falta decir que estaba muerta.

viernes, 16 de abril de 2010

Hay días que son una gran estafa

Todo es
confuso como un buque entre la niebla
José Agustín Goytisolo
Hay días en los que:

Ayudas a una anciana a cruzar la calle y luego ella te da
las gracias y te sonríe.

Entras en una habitación vacía y se te enturbian, sin
remedio, los ojos.

Lees un verso de Miguel Hernández y te preguntas qué
hará tu hija dentro de veinte años.

Sabes de antemano que no es verdad, aunque te haces el
despistado y finges no saberlo.

Ves en televisión a una tenista que ha ganado el Roland
Garros y piensas en un ángel verde.

Le ayudas a preparar la cena y te dan ganas de besarla
y la besas y después hacéis el amor como si fuéseis
Jack Nicholson y Jessica Lange en El cartero siempre
llama dos veces.

Estás de compras en unos grandes almacenes y anuncian
por la megafonía que un niño rubio, delgado, bajito,
con pecas, de unos siete años de edad, se ha perdido y
está buscando a sus padres y no para de llorar.

Oyes a una compañera de trabajo contar una anécdota
sobre su luna de miel en Cancún y no le haces ni puto
caso.

Recuerdas una noche de verano de mil novecientos
ochenta y seis roja, roja, roja como el Diablo.

(De Versos de alambre de espino, Editorial Alhulia, 2009)

jueves, 15 de abril de 2010

Coqueteos con el jazz

Miles de palabras para agradecer los mil ratos de placer que Tom Waits, Chet Baker, Lou Reed, Leonard Cohen, Robert Allman o Raymond Chandler han sido capaces de inventar. El libro La mirada del jazz recrea con una estética forzosamente nocturna poemas y dibujos dedicados a los genios de la música, la literatura y el cine a quienes el escritor Rafael Calero y el diseñador Colín Bertholet deben "tantas cosas. Con él queremos pagar las deudas por los muchos e intensos momentos de felicidad que estos músicos nos han ido regalando a lo largo de nuestras vidas". Ése es el propósito de los autores de una obra que edita Alhulia y que ya está en las librerías granadinas –se presentó el pasado mes de agosto en el XV Festival de Tendencias de Salobreña y lo hará en el mes de octubre en Granada–. El resultado del trabajo conjunto de dos amigos que una vez miraron al jazz y a quienes el jazz devolvió la mirada, aunque todo comenzase como un coqueteo casual.
"A mí una vez se me ocurrió escribir un poema sobre Chet Baker, uno de nuestros músicos favoritos. Se lo regalé a Colín y él más tarde me mandó una ilustración a partir de ese poema y con lo que la melodía de Baker le inspiraba… Así surgió nuestro libro", como explica Rafael Calero, cordobés afincado en Salobreña y doctor en Filología Inglesa por la Universidad de Granada.
No obstante, además del jazz aparecen otras muchas artes recogidas en la obra. "No entiendo el cine sin la música, o a ésta sin la literatura... Para mí la cultura es unitaria. Dylan, por ejemplo, es un hombre que escribe poemas y luego los canta. David Lynch es otro que hace poesía con una cámara de cine...". Por eso, no sólo se habla de música en el libro, pero es el tema central y sobre todo su razón de ser. "De ahí que escogiésemos el título de La mirada del jazz. Además de porque creo que el jazz es la última música romántica –en el buen sentido de la palabra– que existe, resume más o menos lo que hay dentro", afirma el poeta. Tanto en el contenido como en la estética de la obra.
Si el 'flirteo' con el jazz nació por azar "una noche de humo, de copas, de buena conversación, de risas, de amistad", como recuerdan en el prólogo del libro los autores, ha terminado convirtiéndose en algo muy serio. Cincuenta páginas de auténtico homenaje en el que están "los músicos que nos gustan. Desde autores del jazz clásico a otros del rock, como Tom Waits, mi preferido... Son músicos que tienen algo que decir, gente con un camino personal que no va por sendas trilladas sino que aportan algo muy personal con todo lo que hacen".
"Les debemos mucho a esos buenos músicos. Si escuchas un disco de Bob Dylan 7.000 veces, te dará 7.000 buenos momentos. Además yo, en mi forma de escribir, reconozco su influencia".
Poemas con Robert Johnson, Chet Baker, Tom Waits, Van Morrison, Roy Orbison, Miles Davis, Santiago Auserón, Lou Reed, Billie Holiday, Charlie Parker, John Coltrane, Cole Porter o Leonard Cohen como motivo de inspiración se unen a ilustraciones y fotografías con guitarras, pianos y saxos como protagonistas que dan al libro un sabor a jazz muy intenso. Colores rojos, intensos, que tocan una música sin partitura pero muy elaborada.
El autor de los dibujos, Colín Bertholet, es un belga que lleva viviendo en Salobreña desde los once años y que comparte con Calero no sólo una gran amistad, sino su gusto por la música. De hecho, tiene en Radio Salobreña un programa, Los Martes del Jazz, donde lo demuestra. "Casi todas las ilustraciones han partido de los textos". Describen la visión particular de Bertholet sobre la música.
Así, una melodía de Chet Baker, la voz herida de Billie Holiday, un riff de guitarra de Lou Reed, un verso de esos que te erizan la piel escrito por Leonard Cohen, un instrumento de percusión inventado por Tom Waits o una escena de una película de Robert Allman encuentran por azar en este libro un gracias con mayúsculas de dos admiradores anónimos. "En este sentido –explica Calero–, creo que la mayoría de las cosas chulas de la vida surgen casualmente. Pienso muy parecido a Paul Auster. Las cosas que tienen chispa en la vida aparecen sin una explicación lógica".
Seguramente, tal y como nacieron en la cabeza de los músicos de los que hablan en su libro las increíbles melodías. Incluso los silencios de los que Miles Davis hablaba como los más fuertes de los ruidos.

(Este artículo de Manuela de la Corte apareció publicado en el diario Granada Hoy el día 1 de octubre de 2006)

Por qué...

¿Por qué las historias de degradación y humillación lo harán a uno más popular?

Homer Simpson

miércoles, 14 de abril de 2010

La maestra

Yo tenía una maestra republicana.
Se llamaba María.
Amaba la vida.
Amaba, como Machado, los días azules
y el sol de la infancia.
Y la hierba verde.
Y la nieve blanca.
Nos enseñaba canciones.
Nos contaba cuentos.
Compartía con nosotros su pan y su risa.
Le gustaban los pájaros,
los almendros en flor,
las estrellas fugaces.
Adoraba la poesía:
La de Lorca, la de Góngora, la de Santa Teresa.
Tenía fe ciega en el poder infinito
de las palabras.
Las escribía en la pizarra,
con letra clara:
Palabras como justicia.
Palabras como sueños.
Palabras como libertad.
Palabras hermosas y mágicas.
Yo tenía una maestra jovial, buena, valiente.
Yo tenía una maestra republicana.
Desapareció después de la guerra.


(Este poema lo escribí el año pasado para el homenaje que, desde el Sindicato Ustea, se dio en Granada a las maestras y maestros de la II República Española, uno de los colectivos que padeció con más saña e intransigencia la barbarie fascista, simplemente por tener fe ciega en el poder de la educación y la cultura como arma transformadora de la sociedad, como herramienta de progreso. Hoy, 14 de abril de 2010, septuagésimo noveno aniversario de la instauración de aquella República, los volvemos a recordar).

martes, 13 de abril de 2010

J. D. Salinger: el novelista silencioso

El pasado 27 de enero moría, en su finca de Cornish, en el estado de New Hampshire (E. E. U. U), el escritor Jerome David Salinger (Nueva York, 1919), autor de la famosa novela El guardián entre el centeno, publicada en 1951 y desde entonces una de las obras más célebres de la literatura mundial. Tal vez, la única novela de Salinger deba su celebridad no sólo a su calidad literaria, que la tiene y en grandes dosis, sino también a ciertos motivos extra literarios. No podemos olvidar que Mark Chapman, el hombre que disparó contra John Lennon aquel fatídico 8 de diciembre de 1980 a las puertas del Edifico Dakota, donde el ex Beatle vivía, provocándole la muerte, llevaba un ejemplar de la novela en el bolsillo de su abrigo y se confesó un acérrimo fan del libro, entre cuyas páginas, en palabras del propio asesino, se podían rastrear las razones que lo llevaron a disparar contra el músico británico.

J. D. Salinger fue, qué duda cabe, un escritor peculiar, me atrevería a decir, incluso, lleno de rarezas. Su obra publicada se reduce a El guardián entre el centeno y una docena mal contada de relatos breves, aparecidos principalmente en The New Yorker y recopiladas más tarde en varios volúmenes. Y que conste que no publicaba por la sencilla razón de que no se sentía cómodo haciéndolo. Cualquier editorial del mundo hubiese estado dispuesta a pagar cantidades astronómicas por publicar un libro inédito del escritor neoyorquino. No obstante, a pesar de su rechazo casi enfermizo por no publicar su obra, siguió escribiendo prácticamente toda su vida, apartado del mundanal ruido en su rancho.

Salinger creó uno de los personajes más famosos e influyentes de la literatura norteamericana: Holden Caufield, un adolescente insatisfecho con el mundo que le rodea y asustado con un futuro que no ve nada claro. Durante un par de días, el chico se mueve sin rumbo fijo por las calles de una Nueva York invernal y fría, después de ser expulsado del instituto donde estudia como interno. Caufield sigue la estela de otros héroes —o tal vez, mejor sería calificarlos de antihéroes— de la literatura de los Estados Unidos, como por ejemplo, Huckleberry Finn, el personaje creado por Mark Twain, y antecede a otros jóvenes inconformistas, como al joven Henry Chinasky de La senda del perdedor, la novela en la que Charles Bukowski narraba sus niñez y adolescencia.

A pesar de que durante cinco décadas ha permanecido completamente oculto para el gran público, sin fotos, sin entrevistas de ningún tipo, sin apariciones en televisión, Salinger ha llegado a vender en todo el mundo 60 millones de ejemplares de su única novela, convirtiéndose en todo un icono para miles de personas que lo veneraban como uno de los más grandes narradores de su tiempo. No está nada mal para un tipo que confesaba odiar la fama con todas sus fuerzas.

lunes, 12 de abril de 2010

Una noche con Javier Krahe

Hay cosas imperdonables. Por ejemplo: que yo, a mis cuarenta tacazos recién cumplidos, aún no hubiese visto al ínclito Javier Krahe en concierto. Pero ese grave error ya ha sido subsanado. El hecho en sí tuvo lugar el pasado sábado, 10 de abril, en la Sala Palo Palo de Marinaleda. Para empezar tengo que confesar que mi sorpresa fue tamaño XXL al ver la sala. La Palo Palo es un bar pequeñito, súper acogedor, en el corazón mismo de esta Andalucía de paro y propaganda, en una de las pocas poblaciones que resiste ahora y siempre al invasor. La sala tiene una programación mensual alucinante, orientada básicamente hacia los sonidos duros y cosmopolitas, que viene funcionando ya desde hace bastante tiempo. Así que confieso que da una cierta pelusilla ver que poblaciones pequeñas como Marinaleda apuestan por la cultura mientras que, por poner sólo un ejemplo, Salobreña o Motril, donde vivo y trabajo respectivamente, con una población mucho más numerosa, no tienen lugares de estas características para ver conciertos. Pero claro, Marinaleda es otra historia.
En fin, a lo que vamos. Para abrir boca, estaba el grupo de Marchena La Bejazz, un quinteto de flamenco, jazz, bossa, y otras sonoridades parecidas que me gustaron bastante. Dominando sus instrumentos consiguieron mantener la atención del público durante los cuarenta y cinco minutos que estuvieron sobre el escenario. Para despedirse tocaron una extraordinaria versión de "La leyenda del tiempo" del gran Camarón, más cercana a Nueva Orleáns que a Jerez.
Y después de La Bejazz, Krahe y sus muchachos: Javier López de Guerena (guitarra), Fernando Anguita (contrabajo) y Andreas Prittwitzs (clarinete, saxofón, flauta, etc.). Krahe hizo un repaso a sus treinta años de carrera, desgranando algunos de sus temas más "famosos" (no sé si hablando de este artista se debe usar este adjetivo), como "Piero de la Francesca", "Abajo el Alhzeimer", "Ron de caña" y una magnifica versión de "La tormenta" de Brassens. Pero también hubo tiempo para los nuevos temas: cayeron, si la memoria no me falla, al menos cinco, entre los que destaca un ingeniosísimo "Me gustas Democracia porque estás como ausente", donde la fina ironía del maestro arrancó un fortísimo aplauso entre el público de Marinaleda. Entre tema y tema, varios guisquis, un montón de cigarrillos y comentarios ingeniosos, divertidos, agudos e inteligentes, algo que cada día se echa más de menos. Una noche magnífica con el genial Krahe. Tardío, pero cierto.

viernes, 9 de abril de 2010

Vivito y coleando

Me equivoqué con él. La persona que nos puso en contacto, me había dicho que nunca, bajo ningún concepto, fallaba. Ni el más mínimo error. Cuando lo conocí sentí que aquella mirada fría, impenetrable y asesina, se clavaba en mis ojos. ¡Y aquella sonrisa! Se me heló el alma sólo con ver su sonrisa. Le hice el encargo, pagué por adelantado y me dijo que no me preocupara más, que lo diera por hecho. Pero esta vez si falló. Han pasado casi dos meses y el cabrón de mi marido sigue vivito y coleando. Esta vez el sicario no cumplió su parte del trato.

martes, 6 de abril de 2010

Desnuda



Desnuda al fin como la noche
.
Alfons Cervera

Así te pienso yo.
Desnuda.

Como la espuma de una pena frágil.
Como el aroma de la nostalgia.
Como un beso empapado en vino.

Así te he deseado.
Desnuda.

Como los ojos caníbales de la tristeza.
Como el sonido quebradizo de una armónica.
Como la muerte que acecha, inmóvil.

Así te sueño yo.
Desnuda.

Como un poema vagabundo de Bukowski.
Como el silencio frío de las despedidas.
Como un viejo corazón hecho trizas.

Así te gozo yo.
Desnuda.

Como un lienzo en blanco, inmenso.
Como la arena perenne del desierto.
Como el reflejo fugaz en un espejo.

Así te busco yo.
Desnuda.


© Fotografía: Susana Delgado Serrano

Declaración de principios

(...) al fin y al cabo, cuando uno logra escribir lo que desea, más allá de toda convención, el espíritu sale indemne; la real gana resuelve como el mejor de los antibióticos.

José Luis Moreno-Ruiz, en el prólogo a El sudor de la pistola 13, poemario de Javier Corcobado, publicado en el año 1995 por Ediciones Libertarias.

sábado, 3 de abril de 2010

Los que leen en los parques

Sin duda, uno de los grandes placeres de la vida es leer sentado tranquilamente en un parque. Si es otoño o invierno, me gusta hacerlo bajo los débiles rayos del sol; en primavera y verano, busco el cobijo que proporciona la sombra natural de un árbol. Pocas cosas me resultan tan placenteras como tener en mis manos un buen libro y dejar que vayan pasando las horas sentado en un parque, enfrascado en la lectura.
Pero últimamente me he dado cuenta de que a la gente no le gusta, (o sería más acertado decir, no le gustamos) los que leemos en los parques. Las miradas de desprecio son más que elocuentes. Miradas de asco, incluso de odio, me atrevería a calificarlas. Hay diferentes grados de desprecio en esas miradas, dependiendo básicamente de lo que se esté leyendo. No se odia lo mismo al que lee un periódico deportivo que al que lee un periódico económico. Tampoco es lo mismo sostener entre las manos una revista del corazón que, pongamos por caso, un tebeo. Si eres adulto y lees un tebeo, te expones a una lapidación pública. El libro supone el estadio más avanzado del desprecio. La gente, cuando ve a alguien sentado en el parque, leyendo un libro, lo primero que piensa es, ¿y este por qué coño no leerá en su casa?
Algunas veces creo que, en los parques, se tolera más a los exhibicionistas y a los traficantes de droga que a los lectores. Es como si el que lee en los parques, por el simple hecho de sostener un libro entre sus manos, les recordase y les reprochase a los demás, la ignorancia en la que viven sumidos.
También me he dado cuenta de que a los miembros de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado tampoco les gusta ver lectores en los parques. Les resultan sospechosos. No sabría muy bien decir por qué ocurre esto, pero es evidente de que, los que leemos en los parques, levantamos sospechas. Lo sé por experiencia propia. Si estoy sentado en un parque y pasa por allí una pareja de la Policía Local, me miran como si acabase de robar una sucursal de Caja Granada, con toma de rehenes incluida. Y no digamos la Guardia Civil. Me miran al pasar y hacen preguntas del tipo, ¿Qué hace con ese libro en las manos?, o ¿No tiene usted nada mejor que hacer? Y a veces, si en el banco donde yo estoy leyendo, hay una ancianita sentada, haciendo punto de cruz, o hablando a voces por el móvil con su novio, se acercan hasta ella y le preguntan amablemente, señora, ¿le está molestando este individuo con su libro?
En estas ocasiones, acabo sintiéndome un ser pérfido. Un malandrín culpable de algún delito extraño y surrealista, pero delito al fin y al cabo. Así que he puesto en marcha una estrategia. Cuando los veo acercarse, con sus gafas de sol y su sonrisa brillante en los rostros, escondo el libro y hago como que observo a los patos o que echo de comer a las palomas, o simplemente que pienso en cosas tales como la hipoteca, la liga de campeones o las previsiones macroeconómicas del gobierno para el próximo año. De esta manera, paso desapercibido, me vuelvo uno más camuflado entre la masa, disimulando entre la multitud y los agentes acaban pasando de largo y sin sospechar mi infame conducta de lector empedernido. Cuando pasa el peligro, vuelvo a coger el libro de entre los arbustos o de dondequiera que lo hubiera escondido y continúo leyendo por el sitio exacto en el que me había quedado. El resto de la gente, por supuesto, sigue odiándome. Pero al menos no me dan tanto miedo como los uniformados. Por ahora.

miércoles, 31 de marzo de 2010

Yo lo haré por los dos

Yo lo haré por los dos. Eso fue lo que dijo aquel hombre. Lo escuché claramente. Fue en el Blue Velvet. Apuraba mi segundo gin-tonic en la barra. Normalmente me siento ante mi primera copa, después llega la segunda, la tercera... En el Blue Velvet suena muy buena música: Charlie Parker, Coltrane, Miles y cada cual va a lo suyo. Por eso me gusta estar allí, perdido en mi laberinto. El tipo tenía pinta de profesor universitario. La chica era atractiva. Piel pálida y cabello oscuro. El contraste producía cierta desazón. Y la frase una curiosidad difícil de saciar.

martes, 30 de marzo de 2010

Blue tango

Esta mañana no nos hemos levantado juntos,

no hemos compartido el café con leche,

las tostadas y el periódico.

No te he visto moverte nerviosamente

por el pasillo, eligiendo algo que ponerte,

ni me has regalado un beso de despedida.

Esta mañana las noticias eran peores

que de costumbre y la temperatura

un poco baja para esta época del año.

Esta mañana la tristeza,

como un okupa silencioso,

se ha instalado a sus anchas

por todos los recovecos de mi casa,

como en un tango de Anibal Troilo,

como en un colegio en los meses de verano,

como en un película española de posguerra.

Me pregunto cómo habrá sido esta mañana para ti.


(De Los poemas del frío, Ediciones Osuna, 2000)

lunes, 29 de marzo de 2010

Mil once

Anoche,
en un telediario de esos
que ponen a las tantas,
comentaron la noticia.
Según la revista Forbes,
en el año dos mil diez,
en este mundo en el que vivimos,
hay mil once personas
cuyas fortunas sobrepasan
los mil millones de dólares.
De hecho,
lo destacable de la noticia
era que la lista había aumentado
en treinta y tres personas
con respecto al año pasado.
Esta mañana
he pasado por el Mercado Municipal
de Motril.
Allí
he visto a una pareja
de raza gitana,
envejecidos prematuramente,
mal vestidos y sucios,
buscando comida
en un gran contenedor de basura,
a las puertas del mercado.
La mujer sostenía en la mano
una lechuga.
A simple vista,
la lechuga parecía comestible,
a pesar de su aspecto,
deslucido y triste.
El hombre sonreía,
sin acabar de creer su propia suerte,
pues ese contenedor
es uno de los lugares más visitados
por los pobres de la ciudad.
Sin embargo,
nada de lo que yo diga o escriba,
tiene la más mínima importancia.
La vida continúa como si tal cosa.
Y no me cabe ninguna duda
de que, el año que viene,
la lista de la revista Forbes
habrá vuelto a aumentar.
Y todos tan contentos.
Sobre todo, los del telediario.

sábado, 27 de marzo de 2010

La poesía es un arma...

Ayer,
la poesía,
Señor Hidalgo,
era un arma
cargada
de futuro.
Hoy,
la poesía,
Señor Hidalgo,
tan sólo
es un arma
cargada
de subvenciones…

…Y mamoneos.


(De Versos de alambre de espino, Alhulia, 2009. Dedicado a la Mafia de la Poesía Contemporánea Española y, en especial, a sus capos, para que sigan amañando concursos, llevándose las subvenciones públicas por la filosa, alabando poemarios que dan ganas de vomitar y comiéndose las pollas unos a otros. Con todo mi cariño.)

viernes, 26 de marzo de 2010

La mariposa

Hoy he visto una mariposa. Pensaba que no era verdad, que las mariposas no eran más que una invención de poetas y biólogos para impresionar a los niños y a las enamoradas. Algo de lo que se hablaba en los libros. Seres mitológicos. Y resulta que no, que es cierto que existen, que son de verdad. Nos hemos cruzado, la mariposa y yo, por la calle. Era aún temprano. Yo subía. Ella bajaba. No he querido parecer muy descarado y la he mirado con disimulo, casi de reojo, por no mosquearla. Nunca me ha gustado esa gente que mira con descaro, clavando los ojos, impávidos, cuando uno pasa por su lado. Así que he tratado de ser discreto. Estaba hecha de colores brillantes y variados: rojo, amarillo, verde; un poco, aquí y allá, de violeta; algunas manchas minúsculas anaranjadas. Volaba sola, en silencio, como si intentara pasar desapercibida. Como si no necesitase coartada. Revestida de inocencia.

miércoles, 24 de marzo de 2010

La ministra de defensa

El abuelo
de la ministra
de defensa
era ácrata,
libertario,
anarquista,
que es tanto
como decir
que no creía
en los ejércitos
como herramienta
para solucionar
los conflictos
entre los seres
humanos,
ni en el Estado
como herramienta
para organizar
sus vidas.
El abuelo
de la ministra
de defensa,
como buen
anarquista,
creía en la libertad
del individuo,
y en la autogestión
y la colectivización
como modelo
organizativo social
ideal.

La nieta
del anarquista,
hoy,
es ministra
de defensa
del gobierno
socialista.
Si el anarquista viviera,
y viera a su nieta
al frente
de las Fuerzas Armadas,
y la escuchara
argumentando
a favor de la presencia
de los soldados españoles
en conflictos lejanos
y oscuros
como el de Afganistán,
seguramente,
movería la cabeza
a derecha e izquierda
o viceversa
y murmuraría
para sus adentros,
joder, joder, joder

lunes, 22 de marzo de 2010

Haiku

Invierno lento:

palabras frías

en la madrugada.

SI esto es un hombre (Primo Levy)

Si esto es un hombre, por qué humilla a otros hombres, por qué los deja morir de hambre, por qué los obliga a caminar desnudos y descalzos por la nieve blanca, por qué los golpea hasta que el dolor pierde su significado.

Si esto es un hombre, por qué da a beber a otros hombres el veneno mortal de su copa dorada, por qué cree ciegamente en la estúpida maldad de los dementes, por qué mancha con sus manos de sangre la piel triste de madres e hijas, por qué se ha convertido en un soldado del ejército de las tinieblas.

Yo me pregunto: Si esto es un hombre, por qué mira hacia otro lado y se calla.

sábado, 20 de marzo de 2010

RAWA tiene la palabra

El próximo martes, día 23 de marzo, a las seis de la tarde, en la Facultad de Derecho de la Universidad de Granada tendrá lugar la Conferencia-Debate sobre la situación de las mujeres en Afganistán, como sabemos, uno de los peores países del mundo para vivir si eres mujer. El acto está organizado por diferentes colectivos feministas, entre los que se encuentra la Secretaría de la Mujer del Sindicato USTEA que es el que a mí me toca más de cerca. RAWA es la Asociación Afgana de Mujeres Revolucionarias y asistirá una delegada de dicha asociación al acto.
Se trata de darle voz a las que habitualmente están silenciadas y despojadas de su derecho a la libertad de expresión, enrre otros muchos derechos. Así que si tenéis un ratito el martes por la tarde, y os pilla cerca de Granada, ya sabéis, dejaros caer por allí. Cuantos más, mejor. Salud.

miércoles, 17 de marzo de 2010

Julia Gay en Barcelona

Este poema nace en marzo
de 1999.
Viajamos en tren hacia Granada.
La radio anuncia la muerte del Poeta.
La poesía es una autopista de peaje.
Algunos días más tarde
leo estos versos suyos
Donde tú no estarías
si una hermosa mañana con música de flores
los dioses no te hubiesen olvidado.

1938, diecisiete de marzo.
Julia vive en Viladrau
pero hoy se encuentra en Barcelona,
donde ha ido a comprar unos regalos
–un libro, un caballo de madera,
quizá unos caramelos–
para la festividad de San José.
Es mediodía de un día
que se despoja poco a poco del invierno,
que se llena de luz mediterránea.
Julia está junto al cine Coliseum,
en el Paseo de Gracia.
Las calles hierven de vida.
A lo lejos se oye el ruido siniestro
de los aviones fascistas,
cada vez más cerca.
De repente, el estruendo mortal
de las bombas asesinas.
Los regalos quedan en el suelo,
teñidos de rojo y tristeza,
y la tarde da paso a la noche
que es oscura y silenciosa y terrible.

Pienso en la mujer, en la madre.
Trato de comprender la angustia del marido,
el miedo del niño,
el odio del poeta.
Pero no lo consigo.
Imagino el último beso de sus labios,
el color de sus ojos
en las tardes de otoño.
Huelo su piel: agua fresca y jabón.
Leo en mi libro
tu figura erguida contra el cielo y la espuma
y anoto al margen
el dolor habita en el rincón más oscuro de la memoria.
Y cierro el libro.

Este poema está incluido en mi libro Los poemas del frío (Ediciones Osuna, 2000). Está dedicado a la memoria del poeta barcelonés José Agustín Goytisolo, que había muerto en marzo del 99. El poema cuenta la historia de Julia Gay, madre de Goytisolo, que murió el día 17 de marzo de 1938 en uno de los múltiples bombardeos que la aviación italiana hizo sobre la ciudad de Barcelona en aquellos días. Los versos "Donde tú no estarías/si una hermosa mañana con música de flores/los dioses no te hubiesen olvidado" pertenecen al poema de Goytisolo “Cercada por la vida”, incluido en su libro El retorno. El verso "tu figura erguida contra el cielo y la espuma" pertenece al Poema XXXI, incluido en el poemario de Goytisolo Final de un adiós.

sábado, 13 de marzo de 2010

Crónica de la soledad

No existe autopista

que no lleve hasta tu casa,

ni noticia en los diarios

que no hable de mi pesar.

No hay manjar exquisito

que no recuerde tu boca,

ni fantasía inconfesable

en la que nuestros cuerpos

no estén muy juntos.

Sin ti sólo quedan

heridas en las manos,

ojeras en el alma.


(De Hablando de amor con el cobrador del frac, Editorial Alhulia, 2004)

jueves, 11 de marzo de 2010

Las gafas de Dylan

Él sólo quería unas gafas. Unas gafas pequeñitas. Unas gafas metálicas y redondas. Unas gafas como las de Dylan en Pat Garret y Billy el Niño. Sólo eso.

martes, 9 de marzo de 2010

Helados de fresa




Ajenas a mi amor,
dos chicas caminan por Gran Vía.
En las manos, bolsas de Zara.
Hablan y ríen. Comen helados de fresa.
Ajenas a mi amor.


© Fotografía: Susana Delgado Serrano

lunes, 8 de marzo de 2010

Mujeres

Las que amamantaron a sus hijos
con la leche agria del silencio.
Las que sintieron la tristeza
empapándoles los huesos
y escribieron versos de amor.

Mujeres que creyeron,
cada uno de los días de sus vidas,
las falacias de un Dios rencoroso y malvado.

Las que empuñaron la pistola
y después, cautivas y desarmadas,
lo dieron todo por nada.
Las que cantaron y bailaron
y rieron y gozaron en los días de fiesta.
Las que fueron piadosas y dieron limosna.
Las que se recubrieron la piel cuarteada de la mentira
con la piel azulada de la verdad.

Mujeres que jamás se arrodillaron.

Las que amaron con vehemencia,
febrilmente.
Las que trabajaron de sol a sol
para dar de comer a los suyos
y no sucumbieron a la desolación
del hambre y la pobreza.
Las que miraron a las estrellas en las noches claras,
embriagándose de misterio.

Mujeres que aprendieron a leer después del trabajo.

Las que anduvieron por caminos polvorientos,
sin derramar una lágrima, aferrándose,
con uñas y dientes, a la vida.
Las que plantaron árboles y no recogieron sus frutos.

Las que, a pesar de todo,
jamás renunciaron a sus sueños.
Las que siempre dijeron la verdad.

Mujeres que rompieron las cadenas.

(A la memoria de María Luisa Alberro, camarada y amiga. Siempre estarás en nuestros corazones.)

viernes, 5 de marzo de 2010

Juan Madrid, con alevosía y nocturnidad

No cabe duda de que el año 2009 ha sido un magnífico año para Juan Madrid, el escritor malagueño que desde hace unos años ha fijado su residencia en la costa granadina, concretamente en Salobreña. Y digo esto porque el año que recién ha terminado le trajo a Juan Madrid la edición simultánea de dos obras: la novela Bares nocturnos (comentada ya en este blog) y la recopilación de sus Cuentos completos, un libro que reúne sus cinco colecciones de relatos publicados hasta la fecha: Un trabajo fácil, Jungla, Crónicas del Madrid oscuro, Malos tiempos y Vidas criminales. En total más de cien relatos que abarcan cuatro décadas de creación literaria y periodística.
Juan Madrid nació en Málaga, allá por 1947, cuando en este país se pasaba mucha hambre y se fusilaba a la gente en las tapias de los cementerios y en las cunetas. Siendo un niño, su familia se va a vivir a Madrid y la influencia de la gran urbe dejará en el futuro novelista una huella indeleble, rastreable en todos y cada uno de sus libros. Realiza estudios de Historia Contemporánea en la Universidad de Salamanca, y durante unos años se dedica a la docencia, pero el poder magnético de las calles de un país en ebullición (no olvidemos que el Dictador estaba a punto de morir de viejo en su cama) lo absorben irremediablemente, empezando a trabajar como reportero en distintos medios periodísticos.
Entretanto, muere el ogro y comienza lo que se ha dado en llamar la Transición, período de cambios, de ilusiones, de sueños, de esperanzas, para la mayoría de los españoles; pérdida de privilegios, para la pequeña minoría que había gobernado con mano de hierro durante cuarenta años. En esta encrucijada histórica se empieza a hablar de la Nueva Novela Policíaca Española (Paco Ignacio Taibo II dixit), esto es, un grupo de jóvenes narradores que, partiendo de la vieja novela tradicional, pero aplicando nuevos parámetros estilísticos —sobre todo, efectos cinematográficos y literarios procedentes de la novela estadounidense y francesa— va a combatir el tedio y el estancamiento al que había llegado la literatura de vanguardia, perdida en un callejón sin salida. En este contexto, aparece Un beso de amigo, la primera novela de Juan Madrid, cuyo protagonista, Antonio Carpintero, alias Toni Romano, se convertirá en uno de los personajes de ficción más importantes de la novela negra escrita en castellano. Toni Romano es un ex policía, duro, descreído, que no duda en usar la violencia cuando hace falta, y preocupado, ante todo, por su propia supervivencia, un habitante más de esa avenida de los sueños marchitos en la que tan bien se desenvuelve el escritor malagueño.
La obra de Juan Madrid se nutre, principalmente, del realismo social americano (Steinbeck, Doss Pasos, Hemingway, Crane, etc.) y de los pesos pesados del género negro, de Hammett a Chandler, de Himes a Cain, de Thompson a Spillane. Pero no hay que olvidar la gran influencia de la tradición literaria hispana. Y es que para Juan Madrid la influencia de escritores como Baroja (sobre todo el de la trilogía de Las Ciudades o La lucha por la vida) o el Aldecoa de Young Sánchez o Con el viento solano, es de suma importancia. A lo largo de una extensa bibliografía que abarca más de 47 títulos, el autor de Días contados (uno de sus momentos cumbres) ha ido modelando un estilo francamente personal, un estilo “seco, cortante, exacto y medido” (Paco Ignacio Taibo II), “donde violencia y ternura se cruzan por las esquinas a ritmo vertiginoso” (Rafael Conte), que “se sustenta en una inteligente compaginación de invención y realidad, una especial capacidad para recrear esos mundos oscuros del delito” (Luis Mateo Díez), y es que, como escribió hace unos años Javier Goñi en el desaparecido Diario 16, “Juan Madrid tiene un oído especial para pasar al lector historias escuchadas al desgaire de sucios bares de mostradores pringosos, donde nunca se pasa suficientemente la gamuza.”
Juan Madrid, un escritor que conoce a la perfección su oficio, que lo lleva a cabo con alevosía y nocturnidad y que, por todo esto, no deja indiferente a nadie. Uno de los grandes.

miércoles, 3 de marzo de 2010

Presentación de Versos de alambre de espino, en Aguilar









El sábado pasado tuvo lugar en la Biblioteca Municipal de Aguilar de la Frontera la presentación de mis Versos de alambre de espino. Aunque no era el primer acto de este tipo en torno a este libro, tengo que decir que para mí fue algo muy especial, por tratarse de mi pueblo, de mis amigas y amigos de toda la vida, de mi familia. Aunque estaba anunciado para las siete y media, concedimos quince minutos de cortesía para que la gente fuese llegando. Conseguimos un lleno absoluto, a pesar de que hacía una tarde para no dar muchas vueltas por la calle. Me reencontré con gente a la que llevaba un montón de tiempo sin ver, lo cual siempre es un placer añadido. A las ocho menos cuarto empezamos.
En la mesa estuvieron, además de yo mismo, Francisco Juan Martín, concejal de Cultura del Ayuntamiento de Aguilar, con quien comparto amistad desde nuestros tiempos de estudiantes en Granada y que ejerció más o menos de maestro de ceremonias; Diego Igeño, historiador, ensayista, con una magnífica bibliografía a sus espaldas sobre el período de la Dictadura de Primo de Rivera y la II República; y Rafael Quintero, pintor, diseñador, autor de la portada y los dibujos que acompañan los poemas de mi libro. Diego habló de manera detallada sobre mi obra y mi persona. Todo muy clarito y directo. Como a mí me gusta. Y está claro que a los asistentes también les gustó porque así me lo han puesto de manifiesto más de dos. Rafael Quintero habló del libro como objeto artístico. Recordó la figura de algunos importantes diseñadores de portadas del pasado, como Daniel Gil. Fue, según sus propias palabras, “una manera de rendir un humilde homenaje a una gente que tuvo que trabajar en condiciones muy duras, siempre vigilados muy de cerca por la censura franquista.” Después de las palabras de Diego y de Rafa, me tocó a mí leer algunos poemas. Y tras la lectura, firma de ejemplares y charla con la gente que se había acercado por la biblioteca. Quisiera desde aquí dar las gracias a Francisco Toscano, bibliotecario de Aguilar, por su apoyo logístico, por su amabilidad y por ayudarme siempre que se lo he pedido. Pocas personas conozco que se vuelquen tanto con su trabajo. También quisiera agradecer su apoyo a Francisco Juan, a Diego y a Rafa. Y por supuesto, a todas y todos los que se acercaron el sábado hasta la biblioteca. En fin, una tarde magnífica de amistad y poesía.

martes, 2 de marzo de 2010

Dónde está Ángeles




Hoy se cumplen dos años de la desaparición de Ángeles Zurera Cañadillas. El día dos de marzo del año dos mil ocho, hacia las tres de la tarde, un coche se acercó hasta la casa de Ángeles, en Aguilar de la Frontera, en Córdoba, alguien tocó el claxon como advirtiendo de su presencia, y ella, en pijama, sin sus gafas, sin maleta, sin dinero, les dijo a sus hijos que volvía en un momento. Desde entonces nada más se ha vuelto a saber de ella. Nadie la ha vuelto a ver, ni viva ni muerta. Ninguna pista. Ningún rastro. Dos años de búsqueda incesante por parte de sus familiares y amigos, dos años en los que se han repetido las manifestaciones de apoyo reclamando su vuelta, pidiendo a las autoridades que no dejen de buscarla, para que acabe de una vez por todas esta pesadilla que dura ya setecientos días y que para su madre, su padre, su hermano Antonio, su hermana y sus hijos, y para todo el pueblo de Aguilar, dura ya demasiado tiempo. Esta tarde la ciudadanía de Aguilar se volverá a echar a la calle, como lo viene haciendo desde aquel fatídico día, para intentar que el caso no caiga en el olvido, para pedir a las autoridades judiciales, a la Fuerzas de Seguridad del Estado y al Ministerio del Interior que hagan todo cuanto esté en sus manos por encontrar a Ángeles, por esclarecer una desaparición que tiene visos de no haber sido voluntaria. Desde mi Margen Izquierda quiero mandarle un abrazo solidario y fraternal a Antonio Zurera para que sus ánimos no decaigan, para que siga buscando a su hermana con la misma entereza, con la misma dignidad y con las mismas ganas con las que lo ha hecho hasta hoy. Y ojalá que Ángeles aparezca cuanto antes.

jueves, 25 de febrero de 2010

Después de la lluvia

Hoy ha sido el primer día de sol
después de la lluvia
de las últimas semanas.
Mi pequeña Adela y yo
hemos bajado hasta el parque.
Había muchos niños
y Adela ha empezado a jugar
mientras se comía
una bolsa de gusanitos.
Yo me he puesto a leer el periódico.
En la sección de “Internacional”
he leído algo que tiene que ver
con unos aviones de la OTAN.
Al parecer, han bombardeado,
por error, objetivos civiles
en Afganistán,
que es lo mismo que decir
(sólo que de una manera
más difícil de entender)
que han muerto veintitantas personas,
entre ellos, siete niños,
que no tenían nada que ver con la historia.
Mientras leo,
me llegan las voces felices de Adela,
las de sus amigos,
y pienso en la suerte
que han tenido estos chavales,
incluida mi hija,
de haber nacido aquí y ahora.
Y pienso en los niños afganos,
pobres criaturas que pagan por pecados
que no han cometido,
niños y niñas (sí, también niñas)
que ya no volverán, jamás,
a jugar en los parques de su país
(aunque no sé si en su país hay parques
donde poder jugar o leer el periódico).
Y pienso en el portavoz de la OTAN,
pidiendo disculpas
por estos “daños colaterales”,
así, entre comillas,
como si el entrecomillado
amortiguara el dolor de las madres
o acaso hiciera que esas vidas rotas
fuesen menos importantes
de lo que son en realidad.
Y me da por pensar que, tal vez,
después de pedir disculpas,
el portavoz de la OTAN
tome a su hija o a su nieta de la mano
y juntos se vayan al parque
(en su país sí que hay parques,
estoy seguro).
Y a lo mejor ella juegue con otras niñas
mientras se come una bolsa de gusanitos,
como hace mi hija en este mismo momento.
Todo eso pienso,
mientras leo la noticia
que, al fin y al cabo,
no es sino un montón de letras
escritas en un papel.
Y si quieres saber la verdad,
no sé ni qué hostias hacer
después de leer la noticia.

miércoles, 24 de febrero de 2010

Escribir un poema

Conducíamos, veloces,
por la autopista,
siempre
hacia el sur.
Las luces rojas y amarillas
de los automóviles
hacían añicos la espesura de la noche
oscura.

Encendiste un cigarrillo.
Dijiste:
Si lo vas a hacer,
abre de par en par
las puertas del poema.
Sólo así puede ser verdad.
Y luego:
Si escribes pistola
has de sentir el frío del metal
en tu piel,
igual que el miedo en tus entrañas
si escribes tormenta.

Sé a qué te refieres —dije yo—.
Es como sentir que tus manos
se mojan al escribir la palabra río.

Porque nada es tan caluroso
como los días de verano
en un poema de Carver.
Porque nada es tan cruel
como la guerra española
en un poema de Alberti.
Porque nada es tan triste
como Lorca
en el amanecer de Nueva York.

Apuraste tu cigarrillo
y me dijiste:
Escribir un poema
es mancharte
los dedos
con el color rojo
de la palabra sangre
o escuchar el sonido melancólico
de la palabra lluvia
repiqueteando en los tejados.
Los versos de tu poema deben
contener todo el universo.

Exactamente así es como es.

Después continuamos en silencio.

Y pensé en los últimos días
de Machado,
cruzando la frontera francesa,
perseguido y derrotado.
Y en Pavese,
abriendo la puerta de un hotel de Turín
decidido a quitarse la vida.
Y pensé
en el viejo Bukowski,
tecleando su máquina de escribir
como si fuese un piano desafinado
en un apartamento solitario
de la ciudad de Los Ángeles.

Y entendí de qué estábamos hablando.

(De Versos de alambre de espino, Editorial Alhulia, 2009)

lunes, 22 de febrero de 2010

Presentación de "Versos de alambre de espino" en Aguilar de la Frontera (Córdoba)

El próximo sábado, día 27 de febrero, a las siete y media de la tarde, en la Biblioteca Pública de Aguilar (C/ Cuesta de Jesús, 4), tendrá lugar la presentación de mi poemario Versos de alambre de espino, con la intervención de Diego Igeño, escritor e historiador, y Rafael Quintero, pintor y artista plástico, autor de los magníficos dibujos que acompañan mis poemas. Después de sus palabras, leeré algunos poemas. Ni que decir tiene que todas y todos los que andéis por allí, quedáis invitados.

viernes, 19 de febrero de 2010

Un poco de autobombo (II)

Hace unos días me enteré de manera casual de la existencia de "Crítica poética y contracrítica", un blog "libérrimo", independiente de cualquier poder fáctico, económico, editorial, etc., que se dedica a la crítica literaria de la obra poética que se publica en nuestro país o, quizás sería más acertado, decir en nuestro idioma. En el propio blog se explica, de manera detallada, las coordenadas por las que se mueven las cinco personas que forman el grupo. Curioseando un poco por las entradas antiguas he visto que no tienen ningún reparo en hacer una crítica negativa a determinados popes de la poesía actual, como Carlos Marzal. También hablan mal de los suplementos literarios, tipo Babelia, y de críticos como García Posadas. Coño, me he dicho, esto promete. Y vaya que promete. Los tíos no tienen ningún empacho en poner a parir a autores del establishment. De igual manera, no tienen ningún problema en alabar un poemario publicado por una editorial pequeñita, de un pequeño pueblo del estado español, de manera casi artesanal y anónima.
Pero vamos a lo que vamos. Resulta que los miembros de este blog han instaurado el Premio Ausias March, para el que ellos consideran el mejor poemario editado durante el año. La votación se lleva a cabo entre todos los libros que hayan recibo durante un determinado período de tiempo. Y la eligen los cinco miembros del blog. La terna del pasado ejercicio estaba formada por 264 libros. Y los premiados han quedado como siguen:
Ganador por unanimidad, es decir, 5 votos: Cuadernos, del poeta recientemente fallecido José María Millares.
Accésit del premio Ausiás March (tres votos): Fámulo, de Francisco Ferrer Lerín y Archivo expiatorio. Poesías completas (1961-2009), de Oscar Hahn.
Finalistas del premio Ausiás March (dos votos): El ave fénix sólo caga canela (y otros poemas), de Ángel Cerviño; Merma, de Benito del Pliego; El camino Ullán, de Eduardo Milán; La marcha de los 150.000.000., de Enrique Falcón y Puerto Rico Digital, de Julia Piera.
A lo que vamos. Uno de estos cinco críticos, en su votación, ha optado por mis Versos de alambre de espino, como uno de los mejores libros de poemas editados en España durante el pasado 2009, lo que no está nada mal. Puede parecer que un único y solitario voto no es nada del otro jueves, pero si tenemos en cuenta que el último poemario de Juan Gelman, el de Rafael Espejo, el de Joan Margarit, el de David González o el de Tomás Segovia, por poner sólo algunos ejemplos de autores de renombre, han obtenido un solo voto, pues qué queréis que os diga, que me parece que está de puta madre. Además hay otros muchos que no han conseguido ni ese solitario voto: Felipe Benítez Reyes, Guillermo Carnero, José Emilio Pacheco, Martínez Lage, Yolanda Castaño, Carlos Marzal y un larguísimo etcétera, por nombrar algunos de los nombres que más cotizan. En fin, no está nada mal para alguien que publica en la más absoluta independencia, apenas sin medios (aunque esto se suple con muchas ganas, ideas frescas, desparpajo y el buen gusto de mi colega Rafael Quintero en todo lo tocante a la parte estética), sin ningún tipo de apoyo institucional, y por encima de todo, algo de lo que estoy ciertamente orgulloso: sin concursos y sin mamoneos. Vamos, que no me llevarán nunca a "La estación azul" de Radio3, ni al programa de Vigorra, pero resulta que los que saben de esto de la poesía, y se atreven a llamar a las cosas por su nombre, me eligen entre los mejores del año. Misterios insondables de la literatura.

jueves, 18 de febrero de 2010

Todo es posible en Granada

Las cosas que pasan en Granada no pasan en ningún otro lugar del planeta Tierra. Y no estoy exagerando. Escribo esto a propósito de la polémica que se ha originado con la exposición "Circus Christi", del artista jiennense Fernando Bayona. Para quien no esté al tanto, lo resumiré brevemente: Bayona ha realizado una serie de cuadros, catorce concretamente, dando su particular visión del Via Crucis de Jesús, o como quiera que se llame el asunto. Estos cuadros estaban siendo expuestos en la Corrala de Santiago, en Granada, una sala de exposiciones perteneciente a la Universidad de Granada. La exposición fue inaugurada el jueves pasado y clausurada el lunes de esta misma semana, con lo que sólo ha permanecido abierta la tarde del viernes. Ni que decir tiene que la visión de Bayona es extremadamente particular y parece ser que esto ha herido la sensibilidad de una gran parte de la población granadina que, por otra parte, ni ha visto ni pensaba ver la exposición. Es vox populi que la gente que profesa la religión católica es muy sensible. Eso es algo congénito al catolicismo. El pobre hombre, Bayona digo, ha recibido cientos de llamadas telefónicas, mails, sms, etc., etc. con amenazas de muerte, de castración y otras lindezas por el estilo. Y es que los católicos son muy buenas personas y muy respetuosos con los que no piensan como ellos.
Todo este asunto me da que pensar. Por ejemplo, con respecto a la Universidad. No me explico cómo la persona responsable ha podido ser tan cobarde y tan políticamente correcto. La Universidad de Granada tendría que haber mantenido la exposición hasta el último día. No creo que Bayona haya obligado a nadie a ver sus cuadros. Para eso está la libertad individual, para ir o no ir a donde a uno le plazca. A mí (y a mucha gente más, me consta) no me gusta la Semana Santa y no voy a verla. Y no por eso le pido a nadie que la clausuren. Y no me gustan otras muchas cosas, por ejemplo, el Canal Sur. Pero no lo pongo y santas pascuas.
También me da que pensar con respecto al colectivo de intelectuales de este país y de esta ciudad. Me pregunto qué hubieran hecho gente como Muñoz Molina (antiislamista confeso), Elvira Lindo, Fernando Savater, etc., si en vez de Bayona y su Vía Crucis, el amenazado, el atemorizado por la turba ultracatólica y antediluviana, ignorante e irrespetuosa, hubiese sido un artista vasco que se hubiese atrevido a criticar el mundo abertzale o cualquier otro artista que se hubiese atrevido a hacer lo mismo que ha hecho Bayona, pero con el Islám. Dios santo. Eso hubiese sido la hecatombe. Manifiestos a favor de la libertad de expresión, caras de preocupación en los telediarios, la libertad de expresión amenazada por los bárbaros que no atiende a razones, y bla, bla, bla. Pero nadie se atreve a decir nada contra los talibanes católicos, porque claro, esos son nuestros vecinos del quinto, los de la tienda de al lado, o a lo mejor, incluso nuestra propia madre.
No conozco personalmente a Fernando Bayona, pero quiero aprovechar para enviarle un saludo cordial, y decirle que a mí, sus cuadros, me parecen muy interesantes, y que no me ofenden en absoluto, es más, me producen un gran placer estético. No dejes que la intransigencia fascista y retrógrada se imponga sobre tu visión del mundo. Aunque a ellos no les guste. Bastante tenemos que aguantar ya.
Salud, Fernando.

miércoles, 17 de febrero de 2010

El número correcto (Microrrelato tecnológico y un pelín surrealista)

- Si buscas un amor para siempre (aunque ya te avisamos de que nada dura para siempre) que te colme de atenciones y te haga inmensamente feliz, pulsa 1.
- Si buscas unos cuantos polvos divertidos, morbosos, repletos de imaginación, pasión y placer (no necesariamente por este orden), pulsa 2.
- Si buscas tan solo un hombro en el que llorar, pulsa 3.
- Si buscas una amistad a prueba de bombas, larga y duradera, pulsa 4.
- Si buscas una persona que te acompañe para ir de compras, con buen gusto, para que te ayude a elegir los zapatos perfectos, los mejores vaqueros o el complemento ideal, pulsa 5.
- Si buscas la combinación perfecta de todas las opciones anteriores, sentimos decirte que no te podemos ayudar.
Gracias por tu llamada, bip, bip, bip...

martes, 16 de febrero de 2010

El hombre que amaba los perros, de Leonardo Padura

Tengo que confesar que aún, diez días después de acabar su lectura, no me he repuesto del shock emocional que me ha supuesto zambullirme en El hombre que amaba los perros, la última novela del escritor cubano Leonardo Padura. Y utilizo el verbo "zambullir" porque eso es precisamente lo que he hecho, lanzarme de lleno a las páginas de este libro, buscando un minuto libre para seguir por donde lo había dejado, devorando página tras página. Y es que esta novela pertenece a la estirpe de los libros que dejan una huella indeleble en el lector.
Padura es autor de una extensa bibliografía de novela negra. Creador de Mario Conde (nada que ver con el banquero español, eh) ese policía cuyo deseo principal es convertirse en escritor, protagonista de una serie de novelas altamente recomendables como Adiós Hemingway, La neblina de ayer o Pasado perfecto.
En su última novela, El hombre que amaba los perros, Padura lleva a cabo un finísimo ejercicio de malabarismo literario para narrar tres historias diferentes, que al final, unidas por el hilo invisible de la pasión que tres hombres sienten por los borzois (una raza de galgo) rusos, se acaban convirtiendo en una sola. A saber: los últimos años en la vida de León Trostky, la vida de su asesino, el catalan Ramón Mercader y una tercera historia, la de un escritor cubano repleto de frustración a todos los niveles, Iván, que de manera azarosa, se ve relacionado con un hombre que resulta ser el propio Mercader.
Todas las alabanzas que reciba esta novela son pocas y me quedo corto. Una obra maestra. Está bien documentada, reparte leña a diestro y siniestro, a unos y a otros, y desde el punto de vista lingüístico es impecable, algo que no se puede decir de la mayoría de novelas españolas contemporáneas. En fin, un placer desde la primera hasta la última pagina. Los 22 euros mejor gastados de los últimos meses. Lo único malo que tiene este libro es que después uno no encuentra nada que sea capaz de sustituirlo.

viernes, 12 de febrero de 2010

Grupo salvaje

Los niños son la esperanza del mundo

José Martí

Teníamos once o doce años

y nos reuníamos por las tardes

a jugar en la calle.

Era casi el final del otoño,

cuando los días se acortan

drásticamente y el tiempo

empieza a mudar de piel.

Un perro de raza indefinida,

de color negro y manchas blancas,

y con unos ojos repletos de miedo,

llevaba tres o cuatro días

deambulando por el barrio.

Seguramente había sido abandonado

por sus dueños al irse de vacaciones.

Estaba completamente escuálido.

Lo llamamos y le ofrecimos un pedazo

de bocata de salchichón.

El animal miraba agradecido

mientras engullía la comida.

Le pusimos en el cuello

un trozo de cuerda que alguno

de nosotros había encontrado

tirado en la basura.

Nos fuimos al descampado

que había detrás de las casas,

donde jugábamos al fútbol.

Alguien le dio una patada fuerte,

luego otra y otra y otra y otra más, y muchas más.

El pobre animal no se quejaba.

Bueno, algún quejido, pero poca cosa.

Se notaba que estaba acostumbrado

a que la vida lo maltratase.

Entonces alguno de nosotros,

no importa quien, dijo:

Me cago en la hostia. Es duro el hijoputa.

Y alguien, no importa quien, sugirió

que sería una buena idea ahorcarlo.

Fuimos hasta una de las porterías

y pasamos la cuerda por el palo

que hacía las veces de travesaño.

Creíamos que el palo no resistiría,

que se rompería sin remedio

o que la cuerda se partiría.

Lo colgamos y esperamos allí,

de pie, en absoluto silencio,

con los ojos como platos,

como si aquello fuese la mejor

película de la historia del cine,

hasta que el perro dejó de respirar.

Luego volvimos a nuestras casas.

Hacía un poco de frío

y ya era casi de noche.

Al día siguiente teníamos

que ir a la escuela.

jueves, 11 de febrero de 2010

Extraños en un bar

La encontré una tarde de lluvia y poesía,
solitaria, en el bullicio de un bar,
sentada, supuse, ante una taza de té.
Vestía de negro y parecía perdida
buscando el camino de vuelta
entre el humo azul de su último cigarrillo.
Pensé: me gustaría ser su ángel de la guarda.

(Hablando de amor con el cobrador del frac, Editorial Alhulia, 2004)

martes, 9 de febrero de 2010

Deseo de ser punk, de Belén Gopegui

Confieso que tenía ganas de leer este libro. Me sentía atraído por su título y por la foto de Iggy Pop en la portada. Nunca había leído nada de esta autora hasta ahora, que ha caído esta novela en mis manos. Una vez, alguien, en un comentario de este blog, me echó en cara que siempre hablaba bien de los libros que comentaba. Yo le contesté que solía tener buen tino para escoger y casi siempre me suele gustar lo que leo, porque si presiento que algo no me va a agradar, directamente paso de leerlo. Esta vez no voy a hablar bien de este libro. De hecho, Deseo de ser punk, en mi modesta opinión, que quede bien claro, es una mierda. Y no me voy a cortar un pelo a la hora de decirlo. Creo que es una estafa a los lectores. Si este libro, pongamos por caso, lo hubiera escrito yo, y lo hubiera enviado a diferentes editoriales buscando que me lo publicaran, estoy totalmente convencido de que todas lo hubieran rechazado. Pero claro, lo ha escrito Belén Gopegui, que ya tiene una obra (que no conozco ni voy a intentar conocer) y que tiene un cierto tirón. Vamos, lo que se dice un nombre. Pero la historia no vale nada, no emociona, no está bien narrada, y para colmo, esta tía no sabe ni una papa de música. No he podido pasar de la página 53 y esto proque soy generoso y un poco masoquista. Qué diferencia con Saber perder, de David Trueba, cuya protagonista también es una adolescente buscando su lugar en el mundo. No me explico cómo Anagrama ha editado este bodrio. Y si alguien confía en la opinión del que escribe, ni se os ocurra comprar este libro. De nada

lunes, 8 de febrero de 2010

A propósito de Philip Marlowe

Philip Marlowe es el tipo más duro de la ciudad de Los Ángeles. Philip Marlowe puede ser, si se lo propone, el tipo mas violento del estado de California. Philip Marlowe sólo tiene confianza en su botella de bourbon —él sólo bebe bourbon— y en su pistola. Philip Marlowe siempre viste con trajes elegantes, hechos a medida, de colores oscuros, y usa sombrero de ala ancha y gabardina, aunque el calor sea sofocante. Philip Marlowe siempre se enamora de la chica equivocada (Philip Marlowe la suele llamar muñeca) que, por cierto, casi siempre es rubia de bote y cuando habla con Marlowe, acostumbra a echar el humo de su cigarrillo —rubio, of course— a los ojos del detective. Philip Marlowe siempre se queda solo cuando aparece la palabra FIN.

sábado, 6 de febrero de 2010

Al trabajo por la oración

En Motril, la ciudad donde trabajo, se ha puesto en marcha una iniciativa pionera en el mundo entero para acabar con los altos índices de desempleo que tiene la ciudad, en particular, y toda la comarca, en general. ¿Y cómo ha sido eso?, os estaréis preguntando. Pues muy fácil. El ayuntamiento, gobernado en coalición por el PP y el PA, ha pedido un audiencia al Papa (sí, el de Roma) y allá que han enviado a una concejala popular, llamada Elena Vallejo. Y ella, una lumbrera intelectual y además, más chula que un ocho, lo ha visto claro. Para acabar con el paro lo que hay que hacer es rezar. ¿Y quién mejor para rezar que el representante de Dios en la Tierra? Pues eso, que la concejala, ni corta ni perezosa, le ha pedido al Papa que rece por los parados motrileños, por los que no tienen para ir al supermercado a comprar, ni pueden pagar la hipoteca, que por cierto, son la mayoría de los padres y madres del alumnado de mi colegio, No sé qué coño habrá pensado el Papa, pero sí puedo imaginar lo que pensarán los parados de Motril. Que los del ayuntamiento son unos capullos, y que mejor se dejen de tocar los cojones con los rezos y las beaterías y les den un curro o en su defecto, que les llenen el frigorífico de jamón, cervezas y merluza, que eso si está científicamente demostrado que quita el hambre. Y al Papa, que lo dejen tranquilo al pobre hombre, que bastante tiene con lo suyo.

viernes, 5 de febrero de 2010

Mi vida

“Nuestras vidas son los ríos...”
Jorge Manrique
Mi vida
es un río
contaminado
por los vertidos
tóxicos
de tu amor.
Me pregunto
si algún día
irá a dar
a tu mar,
para allí
morir en paz.

(Desorden, 2001)

jueves, 4 de febrero de 2010

miércoles, 3 de febrero de 2010

Ella camina confusa

Ella camina confusa.
Se mueve despacio
por una calle
que gira vertiginosa.
Se cruza con gente triste:
otras mujeres,
otros hombres.
Rostros feroces
que no miran
a los ojos.
Ella entra en un bar
y pide un café.
Luego
siente un leve
estremecimiento
en el cruce
de caminos
de su alma,
pues sabe que,
en unos segundos,
empezará a caer
una terrible tormenta
de pétalos muertos.

martes, 2 de febrero de 2010

Un buen negocio

Anoche estuvo en mi casa el Ratoncito Pérez. Le dejó a mi niña, bajo la almohada blanca, unas monedas y una piruleta con forma de gatita. A cambio se llevó un diente. Creo que hizo un buen negocio.

lunes, 1 de febrero de 2010

La banda sonora de una parte de mi vida (III)

Hoy dejo una pequeña lista de diez discos internacionales que me han hecho vibrar en algún momento de mi vida.

1. Days like these, de Van Morrison.
2. Shelter from the storm, de Bob Dylan.
3. I'm your man, de Leonard Cohen.
4. The Queen is dead, de The Smith.
5. Berlin, de Lou Reed.
6. Mystery girl, de Roy Orbison.
7. Heartattack and vine, de Tom Waits.
8. The River, de Bruce Springsteen
9. Tonight is the night, de Neil Young.
10. Heroes, de David Bowie.