miércoles, 31 de marzo de 2010

Yo lo haré por los dos

Yo lo haré por los dos. Eso fue lo que dijo aquel hombre. Lo escuché claramente. Fue en el Blue Velvet. Apuraba mi segundo gin-tonic en la barra. Normalmente me siento ante mi primera copa, después llega la segunda, la tercera... En el Blue Velvet suena muy buena música: Charlie Parker, Coltrane, Miles y cada cual va a lo suyo. Por eso me gusta estar allí, perdido en mi laberinto. El tipo tenía pinta de profesor universitario. La chica era atractiva. Piel pálida y cabello oscuro. El contraste producía cierta desazón. Y la frase una curiosidad difícil de saciar.

martes, 30 de marzo de 2010

Blue tango

Esta mañana no nos hemos levantado juntos,

no hemos compartido el café con leche,

las tostadas y el periódico.

No te he visto moverte nerviosamente

por el pasillo, eligiendo algo que ponerte,

ni me has regalado un beso de despedida.

Esta mañana las noticias eran peores

que de costumbre y la temperatura

un poco baja para esta época del año.

Esta mañana la tristeza,

como un okupa silencioso,

se ha instalado a sus anchas

por todos los recovecos de mi casa,

como en un tango de Anibal Troilo,

como en un colegio en los meses de verano,

como en un película española de posguerra.

Me pregunto cómo habrá sido esta mañana para ti.


(De Los poemas del frío, Ediciones Osuna, 2000)

lunes, 29 de marzo de 2010

Mil once

Anoche,
en un telediario de esos
que ponen a las tantas,
comentaron la noticia.
Según la revista Forbes,
en el año dos mil diez,
en este mundo en el que vivimos,
hay mil once personas
cuyas fortunas sobrepasan
los mil millones de dólares.
De hecho,
lo destacable de la noticia
era que la lista había aumentado
en treinta y tres personas
con respecto al año pasado.
Esta mañana
he pasado por el Mercado Municipal
de Motril.
Allí
he visto a una pareja
de raza gitana,
envejecidos prematuramente,
mal vestidos y sucios,
buscando comida
en un gran contenedor de basura,
a las puertas del mercado.
La mujer sostenía en la mano
una lechuga.
A simple vista,
la lechuga parecía comestible,
a pesar de su aspecto,
deslucido y triste.
El hombre sonreía,
sin acabar de creer su propia suerte,
pues ese contenedor
es uno de los lugares más visitados
por los pobres de la ciudad.
Sin embargo,
nada de lo que yo diga o escriba,
tiene la más mínima importancia.
La vida continúa como si tal cosa.
Y no me cabe ninguna duda
de que, el año que viene,
la lista de la revista Forbes
habrá vuelto a aumentar.
Y todos tan contentos.
Sobre todo, los del telediario.

sábado, 27 de marzo de 2010

La poesía es un arma...

Ayer,
la poesía,
Señor Hidalgo,
era un arma
cargada
de futuro.
Hoy,
la poesía,
Señor Hidalgo,
tan sólo
es un arma
cargada
de subvenciones…

…Y mamoneos.


(De Versos de alambre de espino, Alhulia, 2009. Dedicado a la Mafia de la Poesía Contemporánea Española y, en especial, a sus capos, para que sigan amañando concursos, llevándose las subvenciones públicas por la filosa, alabando poemarios que dan ganas de vomitar y comiéndose las pollas unos a otros. Con todo mi cariño.)

viernes, 26 de marzo de 2010

La mariposa

Hoy he visto una mariposa. Pensaba que no era verdad, que las mariposas no eran más que una invención de poetas y biólogos para impresionar a los niños y a las enamoradas. Algo de lo que se hablaba en los libros. Seres mitológicos. Y resulta que no, que es cierto que existen, que son de verdad. Nos hemos cruzado, la mariposa y yo, por la calle. Era aún temprano. Yo subía. Ella bajaba. No he querido parecer muy descarado y la he mirado con disimulo, casi de reojo, por no mosquearla. Nunca me ha gustado esa gente que mira con descaro, clavando los ojos, impávidos, cuando uno pasa por su lado. Así que he tratado de ser discreto. Estaba hecha de colores brillantes y variados: rojo, amarillo, verde; un poco, aquí y allá, de violeta; algunas manchas minúsculas anaranjadas. Volaba sola, en silencio, como si intentara pasar desapercibida. Como si no necesitase coartada. Revestida de inocencia.

miércoles, 24 de marzo de 2010

La ministra de defensa

El abuelo
de la ministra
de defensa
era ácrata,
libertario,
anarquista,
que es tanto
como decir
que no creía
en los ejércitos
como herramienta
para solucionar
los conflictos
entre los seres
humanos,
ni en el Estado
como herramienta
para organizar
sus vidas.
El abuelo
de la ministra
de defensa,
como buen
anarquista,
creía en la libertad
del individuo,
y en la autogestión
y la colectivización
como modelo
organizativo social
ideal.

La nieta
del anarquista,
hoy,
es ministra
de defensa
del gobierno
socialista.
Si el anarquista viviera,
y viera a su nieta
al frente
de las Fuerzas Armadas,
y la escuchara
argumentando
a favor de la presencia
de los soldados españoles
en conflictos lejanos
y oscuros
como el de Afganistán,
seguramente,
movería la cabeza
a derecha e izquierda
o viceversa
y murmuraría
para sus adentros,
joder, joder, joder

lunes, 22 de marzo de 2010

Haiku

Invierno lento:

palabras frías

en la madrugada.

SI esto es un hombre (Primo Levy)

Si esto es un hombre, por qué humilla a otros hombres, por qué los deja morir de hambre, por qué los obliga a caminar desnudos y descalzos por la nieve blanca, por qué los golpea hasta que el dolor pierde su significado.

Si esto es un hombre, por qué da a beber a otros hombres el veneno mortal de su copa dorada, por qué cree ciegamente en la estúpida maldad de los dementes, por qué mancha con sus manos de sangre la piel triste de madres e hijas, por qué se ha convertido en un soldado del ejército de las tinieblas.

Yo me pregunto: Si esto es un hombre, por qué mira hacia otro lado y se calla.

sábado, 20 de marzo de 2010

RAWA tiene la palabra

El próximo martes, día 23 de marzo, a las seis de la tarde, en la Facultad de Derecho de la Universidad de Granada tendrá lugar la Conferencia-Debate sobre la situación de las mujeres en Afganistán, como sabemos, uno de los peores países del mundo para vivir si eres mujer. El acto está organizado por diferentes colectivos feministas, entre los que se encuentra la Secretaría de la Mujer del Sindicato USTEA que es el que a mí me toca más de cerca. RAWA es la Asociación Afgana de Mujeres Revolucionarias y asistirá una delegada de dicha asociación al acto.
Se trata de darle voz a las que habitualmente están silenciadas y despojadas de su derecho a la libertad de expresión, enrre otros muchos derechos. Así que si tenéis un ratito el martes por la tarde, y os pilla cerca de Granada, ya sabéis, dejaros caer por allí. Cuantos más, mejor. Salud.

miércoles, 17 de marzo de 2010

Julia Gay en Barcelona

Este poema nace en marzo
de 1999.
Viajamos en tren hacia Granada.
La radio anuncia la muerte del Poeta.
La poesía es una autopista de peaje.
Algunos días más tarde
leo estos versos suyos
Donde tú no estarías
si una hermosa mañana con música de flores
los dioses no te hubiesen olvidado.

1938, diecisiete de marzo.
Julia vive en Viladrau
pero hoy se encuentra en Barcelona,
donde ha ido a comprar unos regalos
–un libro, un caballo de madera,
quizá unos caramelos–
para la festividad de San José.
Es mediodía de un día
que se despoja poco a poco del invierno,
que se llena de luz mediterránea.
Julia está junto al cine Coliseum,
en el Paseo de Gracia.
Las calles hierven de vida.
A lo lejos se oye el ruido siniestro
de los aviones fascistas,
cada vez más cerca.
De repente, el estruendo mortal
de las bombas asesinas.
Los regalos quedan en el suelo,
teñidos de rojo y tristeza,
y la tarde da paso a la noche
que es oscura y silenciosa y terrible.

Pienso en la mujer, en la madre.
Trato de comprender la angustia del marido,
el miedo del niño,
el odio del poeta.
Pero no lo consigo.
Imagino el último beso de sus labios,
el color de sus ojos
en las tardes de otoño.
Huelo su piel: agua fresca y jabón.
Leo en mi libro
tu figura erguida contra el cielo y la espuma
y anoto al margen
el dolor habita en el rincón más oscuro de la memoria.
Y cierro el libro.

Este poema está incluido en mi libro Los poemas del frío (Ediciones Osuna, 2000). Está dedicado a la memoria del poeta barcelonés José Agustín Goytisolo, que había muerto en marzo del 99. El poema cuenta la historia de Julia Gay, madre de Goytisolo, que murió el día 17 de marzo de 1938 en uno de los múltiples bombardeos que la aviación italiana hizo sobre la ciudad de Barcelona en aquellos días. Los versos "Donde tú no estarías/si una hermosa mañana con música de flores/los dioses no te hubiesen olvidado" pertenecen al poema de Goytisolo “Cercada por la vida”, incluido en su libro El retorno. El verso "tu figura erguida contra el cielo y la espuma" pertenece al Poema XXXI, incluido en el poemario de Goytisolo Final de un adiós.

sábado, 13 de marzo de 2010

Crónica de la soledad

No existe autopista

que no lleve hasta tu casa,

ni noticia en los diarios

que no hable de mi pesar.

No hay manjar exquisito

que no recuerde tu boca,

ni fantasía inconfesable

en la que nuestros cuerpos

no estén muy juntos.

Sin ti sólo quedan

heridas en las manos,

ojeras en el alma.


(De Hablando de amor con el cobrador del frac, Editorial Alhulia, 2004)

jueves, 11 de marzo de 2010

Las gafas de Dylan

Él sólo quería unas gafas. Unas gafas pequeñitas. Unas gafas metálicas y redondas. Unas gafas como las de Dylan en Pat Garret y Billy el Niño. Sólo eso.

martes, 9 de marzo de 2010

Helados de fresa




Ajenas a mi amor,
dos chicas caminan por Gran Vía.
En las manos, bolsas de Zara.
Hablan y ríen. Comen helados de fresa.
Ajenas a mi amor.


© Fotografía: Susana Delgado Serrano

lunes, 8 de marzo de 2010

Mujeres

Las que amamantaron a sus hijos
con la leche agria del silencio.
Las que sintieron la tristeza
empapándoles los huesos
y escribieron versos de amor.

Mujeres que creyeron,
cada uno de los días de sus vidas,
las falacias de un Dios rencoroso y malvado.

Las que empuñaron la pistola
y después, cautivas y desarmadas,
lo dieron todo por nada.
Las que cantaron y bailaron
y rieron y gozaron en los días de fiesta.
Las que fueron piadosas y dieron limosna.
Las que se recubrieron la piel cuarteada de la mentira
con la piel azulada de la verdad.

Mujeres que jamás se arrodillaron.

Las que amaron con vehemencia,
febrilmente.
Las que trabajaron de sol a sol
para dar de comer a los suyos
y no sucumbieron a la desolación
del hambre y la pobreza.
Las que miraron a las estrellas en las noches claras,
embriagándose de misterio.

Mujeres que aprendieron a leer después del trabajo.

Las que anduvieron por caminos polvorientos,
sin derramar una lágrima, aferrándose,
con uñas y dientes, a la vida.
Las que plantaron árboles y no recogieron sus frutos.

Las que, a pesar de todo,
jamás renunciaron a sus sueños.
Las que siempre dijeron la verdad.

Mujeres que rompieron las cadenas.

(A la memoria de María Luisa Alberro, camarada y amiga. Siempre estarás en nuestros corazones.)

viernes, 5 de marzo de 2010

Juan Madrid, con alevosía y nocturnidad

No cabe duda de que el año 2009 ha sido un magnífico año para Juan Madrid, el escritor malagueño que desde hace unos años ha fijado su residencia en la costa granadina, concretamente en Salobreña. Y digo esto porque el año que recién ha terminado le trajo a Juan Madrid la edición simultánea de dos obras: la novela Bares nocturnos (comentada ya en este blog) y la recopilación de sus Cuentos completos, un libro que reúne sus cinco colecciones de relatos publicados hasta la fecha: Un trabajo fácil, Jungla, Crónicas del Madrid oscuro, Malos tiempos y Vidas criminales. En total más de cien relatos que abarcan cuatro décadas de creación literaria y periodística.
Juan Madrid nació en Málaga, allá por 1947, cuando en este país se pasaba mucha hambre y se fusilaba a la gente en las tapias de los cementerios y en las cunetas. Siendo un niño, su familia se va a vivir a Madrid y la influencia de la gran urbe dejará en el futuro novelista una huella indeleble, rastreable en todos y cada uno de sus libros. Realiza estudios de Historia Contemporánea en la Universidad de Salamanca, y durante unos años se dedica a la docencia, pero el poder magnético de las calles de un país en ebullición (no olvidemos que el Dictador estaba a punto de morir de viejo en su cama) lo absorben irremediablemente, empezando a trabajar como reportero en distintos medios periodísticos.
Entretanto, muere el ogro y comienza lo que se ha dado en llamar la Transición, período de cambios, de ilusiones, de sueños, de esperanzas, para la mayoría de los españoles; pérdida de privilegios, para la pequeña minoría que había gobernado con mano de hierro durante cuarenta años. En esta encrucijada histórica se empieza a hablar de la Nueva Novela Policíaca Española (Paco Ignacio Taibo II dixit), esto es, un grupo de jóvenes narradores que, partiendo de la vieja novela tradicional, pero aplicando nuevos parámetros estilísticos —sobre todo, efectos cinematográficos y literarios procedentes de la novela estadounidense y francesa— va a combatir el tedio y el estancamiento al que había llegado la literatura de vanguardia, perdida en un callejón sin salida. En este contexto, aparece Un beso de amigo, la primera novela de Juan Madrid, cuyo protagonista, Antonio Carpintero, alias Toni Romano, se convertirá en uno de los personajes de ficción más importantes de la novela negra escrita en castellano. Toni Romano es un ex policía, duro, descreído, que no duda en usar la violencia cuando hace falta, y preocupado, ante todo, por su propia supervivencia, un habitante más de esa avenida de los sueños marchitos en la que tan bien se desenvuelve el escritor malagueño.
La obra de Juan Madrid se nutre, principalmente, del realismo social americano (Steinbeck, Doss Pasos, Hemingway, Crane, etc.) y de los pesos pesados del género negro, de Hammett a Chandler, de Himes a Cain, de Thompson a Spillane. Pero no hay que olvidar la gran influencia de la tradición literaria hispana. Y es que para Juan Madrid la influencia de escritores como Baroja (sobre todo el de la trilogía de Las Ciudades o La lucha por la vida) o el Aldecoa de Young Sánchez o Con el viento solano, es de suma importancia. A lo largo de una extensa bibliografía que abarca más de 47 títulos, el autor de Días contados (uno de sus momentos cumbres) ha ido modelando un estilo francamente personal, un estilo “seco, cortante, exacto y medido” (Paco Ignacio Taibo II), “donde violencia y ternura se cruzan por las esquinas a ritmo vertiginoso” (Rafael Conte), que “se sustenta en una inteligente compaginación de invención y realidad, una especial capacidad para recrear esos mundos oscuros del delito” (Luis Mateo Díez), y es que, como escribió hace unos años Javier Goñi en el desaparecido Diario 16, “Juan Madrid tiene un oído especial para pasar al lector historias escuchadas al desgaire de sucios bares de mostradores pringosos, donde nunca se pasa suficientemente la gamuza.”
Juan Madrid, un escritor que conoce a la perfección su oficio, que lo lleva a cabo con alevosía y nocturnidad y que, por todo esto, no deja indiferente a nadie. Uno de los grandes.

miércoles, 3 de marzo de 2010

Presentación de Versos de alambre de espino, en Aguilar









El sábado pasado tuvo lugar en la Biblioteca Municipal de Aguilar de la Frontera la presentación de mis Versos de alambre de espino. Aunque no era el primer acto de este tipo en torno a este libro, tengo que decir que para mí fue algo muy especial, por tratarse de mi pueblo, de mis amigas y amigos de toda la vida, de mi familia. Aunque estaba anunciado para las siete y media, concedimos quince minutos de cortesía para que la gente fuese llegando. Conseguimos un lleno absoluto, a pesar de que hacía una tarde para no dar muchas vueltas por la calle. Me reencontré con gente a la que llevaba un montón de tiempo sin ver, lo cual siempre es un placer añadido. A las ocho menos cuarto empezamos.
En la mesa estuvieron, además de yo mismo, Francisco Juan Martín, concejal de Cultura del Ayuntamiento de Aguilar, con quien comparto amistad desde nuestros tiempos de estudiantes en Granada y que ejerció más o menos de maestro de ceremonias; Diego Igeño, historiador, ensayista, con una magnífica bibliografía a sus espaldas sobre el período de la Dictadura de Primo de Rivera y la II República; y Rafael Quintero, pintor, diseñador, autor de la portada y los dibujos que acompañan los poemas de mi libro. Diego habló de manera detallada sobre mi obra y mi persona. Todo muy clarito y directo. Como a mí me gusta. Y está claro que a los asistentes también les gustó porque así me lo han puesto de manifiesto más de dos. Rafael Quintero habló del libro como objeto artístico. Recordó la figura de algunos importantes diseñadores de portadas del pasado, como Daniel Gil. Fue, según sus propias palabras, “una manera de rendir un humilde homenaje a una gente que tuvo que trabajar en condiciones muy duras, siempre vigilados muy de cerca por la censura franquista.” Después de las palabras de Diego y de Rafa, me tocó a mí leer algunos poemas. Y tras la lectura, firma de ejemplares y charla con la gente que se había acercado por la biblioteca. Quisiera desde aquí dar las gracias a Francisco Toscano, bibliotecario de Aguilar, por su apoyo logístico, por su amabilidad y por ayudarme siempre que se lo he pedido. Pocas personas conozco que se vuelquen tanto con su trabajo. También quisiera agradecer su apoyo a Francisco Juan, a Diego y a Rafa. Y por supuesto, a todas y todos los que se acercaron el sábado hasta la biblioteca. En fin, una tarde magnífica de amistad y poesía.

martes, 2 de marzo de 2010

Dónde está Ángeles




Hoy se cumplen dos años de la desaparición de Ángeles Zurera Cañadillas. El día dos de marzo del año dos mil ocho, hacia las tres de la tarde, un coche se acercó hasta la casa de Ángeles, en Aguilar de la Frontera, en Córdoba, alguien tocó el claxon como advirtiendo de su presencia, y ella, en pijama, sin sus gafas, sin maleta, sin dinero, les dijo a sus hijos que volvía en un momento. Desde entonces nada más se ha vuelto a saber de ella. Nadie la ha vuelto a ver, ni viva ni muerta. Ninguna pista. Ningún rastro. Dos años de búsqueda incesante por parte de sus familiares y amigos, dos años en los que se han repetido las manifestaciones de apoyo reclamando su vuelta, pidiendo a las autoridades que no dejen de buscarla, para que acabe de una vez por todas esta pesadilla que dura ya setecientos días y que para su madre, su padre, su hermano Antonio, su hermana y sus hijos, y para todo el pueblo de Aguilar, dura ya demasiado tiempo. Esta tarde la ciudadanía de Aguilar se volverá a echar a la calle, como lo viene haciendo desde aquel fatídico día, para intentar que el caso no caiga en el olvido, para pedir a las autoridades judiciales, a la Fuerzas de Seguridad del Estado y al Ministerio del Interior que hagan todo cuanto esté en sus manos por encontrar a Ángeles, por esclarecer una desaparición que tiene visos de no haber sido voluntaria. Desde mi Margen Izquierda quiero mandarle un abrazo solidario y fraternal a Antonio Zurera para que sus ánimos no decaigan, para que siga buscando a su hermana con la misma entereza, con la misma dignidad y con las mismas ganas con las que lo ha hecho hasta hoy. Y ojalá que Ángeles aparezca cuanto antes.

jueves, 25 de febrero de 2010

Después de la lluvia

Hoy ha sido el primer día de sol
después de la lluvia
de las últimas semanas.
Mi pequeña Adela y yo
hemos bajado hasta el parque.
Había muchos niños
y Adela ha empezado a jugar
mientras se comía
una bolsa de gusanitos.
Yo me he puesto a leer el periódico.
En la sección de “Internacional”
he leído algo que tiene que ver
con unos aviones de la OTAN.
Al parecer, han bombardeado,
por error, objetivos civiles
en Afganistán,
que es lo mismo que decir
(sólo que de una manera
más difícil de entender)
que han muerto veintitantas personas,
entre ellos, siete niños,
que no tenían nada que ver con la historia.
Mientras leo,
me llegan las voces felices de Adela,
las de sus amigos,
y pienso en la suerte
que han tenido estos chavales,
incluida mi hija,
de haber nacido aquí y ahora.
Y pienso en los niños afganos,
pobres criaturas que pagan por pecados
que no han cometido,
niños y niñas (sí, también niñas)
que ya no volverán, jamás,
a jugar en los parques de su país
(aunque no sé si en su país hay parques
donde poder jugar o leer el periódico).
Y pienso en el portavoz de la OTAN,
pidiendo disculpas
por estos “daños colaterales”,
así, entre comillas,
como si el entrecomillado
amortiguara el dolor de las madres
o acaso hiciera que esas vidas rotas
fuesen menos importantes
de lo que son en realidad.
Y me da por pensar que, tal vez,
después de pedir disculpas,
el portavoz de la OTAN
tome a su hija o a su nieta de la mano
y juntos se vayan al parque
(en su país sí que hay parques,
estoy seguro).
Y a lo mejor ella juegue con otras niñas
mientras se come una bolsa de gusanitos,
como hace mi hija en este mismo momento.
Todo eso pienso,
mientras leo la noticia
que, al fin y al cabo,
no es sino un montón de letras
escritas en un papel.
Y si quieres saber la verdad,
no sé ni qué hostias hacer
después de leer la noticia.

miércoles, 24 de febrero de 2010

Escribir un poema

Conducíamos, veloces,
por la autopista,
siempre
hacia el sur.
Las luces rojas y amarillas
de los automóviles
hacían añicos la espesura de la noche
oscura.

Encendiste un cigarrillo.
Dijiste:
Si lo vas a hacer,
abre de par en par
las puertas del poema.
Sólo así puede ser verdad.
Y luego:
Si escribes pistola
has de sentir el frío del metal
en tu piel,
igual que el miedo en tus entrañas
si escribes tormenta.

Sé a qué te refieres —dije yo—.
Es como sentir que tus manos
se mojan al escribir la palabra río.

Porque nada es tan caluroso
como los días de verano
en un poema de Carver.
Porque nada es tan cruel
como la guerra española
en un poema de Alberti.
Porque nada es tan triste
como Lorca
en el amanecer de Nueva York.

Apuraste tu cigarrillo
y me dijiste:
Escribir un poema
es mancharte
los dedos
con el color rojo
de la palabra sangre
o escuchar el sonido melancólico
de la palabra lluvia
repiqueteando en los tejados.
Los versos de tu poema deben
contener todo el universo.

Exactamente así es como es.

Después continuamos en silencio.

Y pensé en los últimos días
de Machado,
cruzando la frontera francesa,
perseguido y derrotado.
Y en Pavese,
abriendo la puerta de un hotel de Turín
decidido a quitarse la vida.
Y pensé
en el viejo Bukowski,
tecleando su máquina de escribir
como si fuese un piano desafinado
en un apartamento solitario
de la ciudad de Los Ángeles.

Y entendí de qué estábamos hablando.

(De Versos de alambre de espino, Editorial Alhulia, 2009)

lunes, 22 de febrero de 2010

Presentación de "Versos de alambre de espino" en Aguilar de la Frontera (Córdoba)

El próximo sábado, día 27 de febrero, a las siete y media de la tarde, en la Biblioteca Pública de Aguilar (C/ Cuesta de Jesús, 4), tendrá lugar la presentación de mi poemario Versos de alambre de espino, con la intervención de Diego Igeño, escritor e historiador, y Rafael Quintero, pintor y artista plástico, autor de los magníficos dibujos que acompañan mis poemas. Después de sus palabras, leeré algunos poemas. Ni que decir tiene que todas y todos los que andéis por allí, quedáis invitados.

viernes, 19 de febrero de 2010

Un poco de autobombo (II)

Hace unos días me enteré de manera casual de la existencia de "Crítica poética y contracrítica", un blog "libérrimo", independiente de cualquier poder fáctico, económico, editorial, etc., que se dedica a la crítica literaria de la obra poética que se publica en nuestro país o, quizás sería más acertado, decir en nuestro idioma. En el propio blog se explica, de manera detallada, las coordenadas por las que se mueven las cinco personas que forman el grupo. Curioseando un poco por las entradas antiguas he visto que no tienen ningún reparo en hacer una crítica negativa a determinados popes de la poesía actual, como Carlos Marzal. También hablan mal de los suplementos literarios, tipo Babelia, y de críticos como García Posadas. Coño, me he dicho, esto promete. Y vaya que promete. Los tíos no tienen ningún empacho en poner a parir a autores del establishment. De igual manera, no tienen ningún problema en alabar un poemario publicado por una editorial pequeñita, de un pequeño pueblo del estado español, de manera casi artesanal y anónima.
Pero vamos a lo que vamos. Resulta que los miembros de este blog han instaurado el Premio Ausias March, para el que ellos consideran el mejor poemario editado durante el año. La votación se lleva a cabo entre todos los libros que hayan recibo durante un determinado período de tiempo. Y la eligen los cinco miembros del blog. La terna del pasado ejercicio estaba formada por 264 libros. Y los premiados han quedado como siguen:
Ganador por unanimidad, es decir, 5 votos: Cuadernos, del poeta recientemente fallecido José María Millares.
Accésit del premio Ausiás March (tres votos): Fámulo, de Francisco Ferrer Lerín y Archivo expiatorio. Poesías completas (1961-2009), de Oscar Hahn.
Finalistas del premio Ausiás March (dos votos): El ave fénix sólo caga canela (y otros poemas), de Ángel Cerviño; Merma, de Benito del Pliego; El camino Ullán, de Eduardo Milán; La marcha de los 150.000.000., de Enrique Falcón y Puerto Rico Digital, de Julia Piera.
A lo que vamos. Uno de estos cinco críticos, en su votación, ha optado por mis Versos de alambre de espino, como uno de los mejores libros de poemas editados en España durante el pasado 2009, lo que no está nada mal. Puede parecer que un único y solitario voto no es nada del otro jueves, pero si tenemos en cuenta que el último poemario de Juan Gelman, el de Rafael Espejo, el de Joan Margarit, el de David González o el de Tomás Segovia, por poner sólo algunos ejemplos de autores de renombre, han obtenido un solo voto, pues qué queréis que os diga, que me parece que está de puta madre. Además hay otros muchos que no han conseguido ni ese solitario voto: Felipe Benítez Reyes, Guillermo Carnero, José Emilio Pacheco, Martínez Lage, Yolanda Castaño, Carlos Marzal y un larguísimo etcétera, por nombrar algunos de los nombres que más cotizan. En fin, no está nada mal para alguien que publica en la más absoluta independencia, apenas sin medios (aunque esto se suple con muchas ganas, ideas frescas, desparpajo y el buen gusto de mi colega Rafael Quintero en todo lo tocante a la parte estética), sin ningún tipo de apoyo institucional, y por encima de todo, algo de lo que estoy ciertamente orgulloso: sin concursos y sin mamoneos. Vamos, que no me llevarán nunca a "La estación azul" de Radio3, ni al programa de Vigorra, pero resulta que los que saben de esto de la poesía, y se atreven a llamar a las cosas por su nombre, me eligen entre los mejores del año. Misterios insondables de la literatura.

jueves, 18 de febrero de 2010

Todo es posible en Granada

Las cosas que pasan en Granada no pasan en ningún otro lugar del planeta Tierra. Y no estoy exagerando. Escribo esto a propósito de la polémica que se ha originado con la exposición "Circus Christi", del artista jiennense Fernando Bayona. Para quien no esté al tanto, lo resumiré brevemente: Bayona ha realizado una serie de cuadros, catorce concretamente, dando su particular visión del Via Crucis de Jesús, o como quiera que se llame el asunto. Estos cuadros estaban siendo expuestos en la Corrala de Santiago, en Granada, una sala de exposiciones perteneciente a la Universidad de Granada. La exposición fue inaugurada el jueves pasado y clausurada el lunes de esta misma semana, con lo que sólo ha permanecido abierta la tarde del viernes. Ni que decir tiene que la visión de Bayona es extremadamente particular y parece ser que esto ha herido la sensibilidad de una gran parte de la población granadina que, por otra parte, ni ha visto ni pensaba ver la exposición. Es vox populi que la gente que profesa la religión católica es muy sensible. Eso es algo congénito al catolicismo. El pobre hombre, Bayona digo, ha recibido cientos de llamadas telefónicas, mails, sms, etc., etc. con amenazas de muerte, de castración y otras lindezas por el estilo. Y es que los católicos son muy buenas personas y muy respetuosos con los que no piensan como ellos.
Todo este asunto me da que pensar. Por ejemplo, con respecto a la Universidad. No me explico cómo la persona responsable ha podido ser tan cobarde y tan políticamente correcto. La Universidad de Granada tendría que haber mantenido la exposición hasta el último día. No creo que Bayona haya obligado a nadie a ver sus cuadros. Para eso está la libertad individual, para ir o no ir a donde a uno le plazca. A mí (y a mucha gente más, me consta) no me gusta la Semana Santa y no voy a verla. Y no por eso le pido a nadie que la clausuren. Y no me gustan otras muchas cosas, por ejemplo, el Canal Sur. Pero no lo pongo y santas pascuas.
También me da que pensar con respecto al colectivo de intelectuales de este país y de esta ciudad. Me pregunto qué hubieran hecho gente como Muñoz Molina (antiislamista confeso), Elvira Lindo, Fernando Savater, etc., si en vez de Bayona y su Vía Crucis, el amenazado, el atemorizado por la turba ultracatólica y antediluviana, ignorante e irrespetuosa, hubiese sido un artista vasco que se hubiese atrevido a criticar el mundo abertzale o cualquier otro artista que se hubiese atrevido a hacer lo mismo que ha hecho Bayona, pero con el Islám. Dios santo. Eso hubiese sido la hecatombe. Manifiestos a favor de la libertad de expresión, caras de preocupación en los telediarios, la libertad de expresión amenazada por los bárbaros que no atiende a razones, y bla, bla, bla. Pero nadie se atreve a decir nada contra los talibanes católicos, porque claro, esos son nuestros vecinos del quinto, los de la tienda de al lado, o a lo mejor, incluso nuestra propia madre.
No conozco personalmente a Fernando Bayona, pero quiero aprovechar para enviarle un saludo cordial, y decirle que a mí, sus cuadros, me parecen muy interesantes, y que no me ofenden en absoluto, es más, me producen un gran placer estético. No dejes que la intransigencia fascista y retrógrada se imponga sobre tu visión del mundo. Aunque a ellos no les guste. Bastante tenemos que aguantar ya.
Salud, Fernando.

miércoles, 17 de febrero de 2010

El número correcto (Microrrelato tecnológico y un pelín surrealista)

- Si buscas un amor para siempre (aunque ya te avisamos de que nada dura para siempre) que te colme de atenciones y te haga inmensamente feliz, pulsa 1.
- Si buscas unos cuantos polvos divertidos, morbosos, repletos de imaginación, pasión y placer (no necesariamente por este orden), pulsa 2.
- Si buscas tan solo un hombro en el que llorar, pulsa 3.
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martes, 16 de febrero de 2010

El hombre que amaba los perros, de Leonardo Padura

Tengo que confesar que aún, diez días después de acabar su lectura, no me he repuesto del shock emocional que me ha supuesto zambullirme en El hombre que amaba los perros, la última novela del escritor cubano Leonardo Padura. Y utilizo el verbo "zambullir" porque eso es precisamente lo que he hecho, lanzarme de lleno a las páginas de este libro, buscando un minuto libre para seguir por donde lo había dejado, devorando página tras página. Y es que esta novela pertenece a la estirpe de los libros que dejan una huella indeleble en el lector.
Padura es autor de una extensa bibliografía de novela negra. Creador de Mario Conde (nada que ver con el banquero español, eh) ese policía cuyo deseo principal es convertirse en escritor, protagonista de una serie de novelas altamente recomendables como Adiós Hemingway, La neblina de ayer o Pasado perfecto.
En su última novela, El hombre que amaba los perros, Padura lleva a cabo un finísimo ejercicio de malabarismo literario para narrar tres historias diferentes, que al final, unidas por el hilo invisible de la pasión que tres hombres sienten por los borzois (una raza de galgo) rusos, se acaban convirtiendo en una sola. A saber: los últimos años en la vida de León Trostky, la vida de su asesino, el catalan Ramón Mercader y una tercera historia, la de un escritor cubano repleto de frustración a todos los niveles, Iván, que de manera azarosa, se ve relacionado con un hombre que resulta ser el propio Mercader.
Todas las alabanzas que reciba esta novela son pocas y me quedo corto. Una obra maestra. Está bien documentada, reparte leña a diestro y siniestro, a unos y a otros, y desde el punto de vista lingüístico es impecable, algo que no se puede decir de la mayoría de novelas españolas contemporáneas. En fin, un placer desde la primera hasta la última pagina. Los 22 euros mejor gastados de los últimos meses. Lo único malo que tiene este libro es que después uno no encuentra nada que sea capaz de sustituirlo.

viernes, 12 de febrero de 2010

Grupo salvaje

Los niños son la esperanza del mundo

José Martí

Teníamos once o doce años

y nos reuníamos por las tardes

a jugar en la calle.

Era casi el final del otoño,

cuando los días se acortan

drásticamente y el tiempo

empieza a mudar de piel.

Un perro de raza indefinida,

de color negro y manchas blancas,

y con unos ojos repletos de miedo,

llevaba tres o cuatro días

deambulando por el barrio.

Seguramente había sido abandonado

por sus dueños al irse de vacaciones.

Estaba completamente escuálido.

Lo llamamos y le ofrecimos un pedazo

de bocata de salchichón.

El animal miraba agradecido

mientras engullía la comida.

Le pusimos en el cuello

un trozo de cuerda que alguno

de nosotros había encontrado

tirado en la basura.

Nos fuimos al descampado

que había detrás de las casas,

donde jugábamos al fútbol.

Alguien le dio una patada fuerte,

luego otra y otra y otra y otra más, y muchas más.

El pobre animal no se quejaba.

Bueno, algún quejido, pero poca cosa.

Se notaba que estaba acostumbrado

a que la vida lo maltratase.

Entonces alguno de nosotros,

no importa quien, dijo:

Me cago en la hostia. Es duro el hijoputa.

Y alguien, no importa quien, sugirió

que sería una buena idea ahorcarlo.

Fuimos hasta una de las porterías

y pasamos la cuerda por el palo

que hacía las veces de travesaño.

Creíamos que el palo no resistiría,

que se rompería sin remedio

o que la cuerda se partiría.

Lo colgamos y esperamos allí,

de pie, en absoluto silencio,

con los ojos como platos,

como si aquello fuese la mejor

película de la historia del cine,

hasta que el perro dejó de respirar.

Luego volvimos a nuestras casas.

Hacía un poco de frío

y ya era casi de noche.

Al día siguiente teníamos

que ir a la escuela.

jueves, 11 de febrero de 2010

Extraños en un bar

La encontré una tarde de lluvia y poesía,
solitaria, en el bullicio de un bar,
sentada, supuse, ante una taza de té.
Vestía de negro y parecía perdida
buscando el camino de vuelta
entre el humo azul de su último cigarrillo.
Pensé: me gustaría ser su ángel de la guarda.

(Hablando de amor con el cobrador del frac, Editorial Alhulia, 2004)

martes, 9 de febrero de 2010

Deseo de ser punk, de Belén Gopegui

Confieso que tenía ganas de leer este libro. Me sentía atraído por su título y por la foto de Iggy Pop en la portada. Nunca había leído nada de esta autora hasta ahora, que ha caído esta novela en mis manos. Una vez, alguien, en un comentario de este blog, me echó en cara que siempre hablaba bien de los libros que comentaba. Yo le contesté que solía tener buen tino para escoger y casi siempre me suele gustar lo que leo, porque si presiento que algo no me va a agradar, directamente paso de leerlo. Esta vez no voy a hablar bien de este libro. De hecho, Deseo de ser punk, en mi modesta opinión, que quede bien claro, es una mierda. Y no me voy a cortar un pelo a la hora de decirlo. Creo que es una estafa a los lectores. Si este libro, pongamos por caso, lo hubiera escrito yo, y lo hubiera enviado a diferentes editoriales buscando que me lo publicaran, estoy totalmente convencido de que todas lo hubieran rechazado. Pero claro, lo ha escrito Belén Gopegui, que ya tiene una obra (que no conozco ni voy a intentar conocer) y que tiene un cierto tirón. Vamos, lo que se dice un nombre. Pero la historia no vale nada, no emociona, no está bien narrada, y para colmo, esta tía no sabe ni una papa de música. No he podido pasar de la página 53 y esto proque soy generoso y un poco masoquista. Qué diferencia con Saber perder, de David Trueba, cuya protagonista también es una adolescente buscando su lugar en el mundo. No me explico cómo Anagrama ha editado este bodrio. Y si alguien confía en la opinión del que escribe, ni se os ocurra comprar este libro. De nada

lunes, 8 de febrero de 2010

A propósito de Philip Marlowe

Philip Marlowe es el tipo más duro de la ciudad de Los Ángeles. Philip Marlowe puede ser, si se lo propone, el tipo mas violento del estado de California. Philip Marlowe sólo tiene confianza en su botella de bourbon —él sólo bebe bourbon— y en su pistola. Philip Marlowe siempre viste con trajes elegantes, hechos a medida, de colores oscuros, y usa sombrero de ala ancha y gabardina, aunque el calor sea sofocante. Philip Marlowe siempre se enamora de la chica equivocada (Philip Marlowe la suele llamar muñeca) que, por cierto, casi siempre es rubia de bote y cuando habla con Marlowe, acostumbra a echar el humo de su cigarrillo —rubio, of course— a los ojos del detective. Philip Marlowe siempre se queda solo cuando aparece la palabra FIN.

sábado, 6 de febrero de 2010

Al trabajo por la oración

En Motril, la ciudad donde trabajo, se ha puesto en marcha una iniciativa pionera en el mundo entero para acabar con los altos índices de desempleo que tiene la ciudad, en particular, y toda la comarca, en general. ¿Y cómo ha sido eso?, os estaréis preguntando. Pues muy fácil. El ayuntamiento, gobernado en coalición por el PP y el PA, ha pedido un audiencia al Papa (sí, el de Roma) y allá que han enviado a una concejala popular, llamada Elena Vallejo. Y ella, una lumbrera intelectual y además, más chula que un ocho, lo ha visto claro. Para acabar con el paro lo que hay que hacer es rezar. ¿Y quién mejor para rezar que el representante de Dios en la Tierra? Pues eso, que la concejala, ni corta ni perezosa, le ha pedido al Papa que rece por los parados motrileños, por los que no tienen para ir al supermercado a comprar, ni pueden pagar la hipoteca, que por cierto, son la mayoría de los padres y madres del alumnado de mi colegio, No sé qué coño habrá pensado el Papa, pero sí puedo imaginar lo que pensarán los parados de Motril. Que los del ayuntamiento son unos capullos, y que mejor se dejen de tocar los cojones con los rezos y las beaterías y les den un curro o en su defecto, que les llenen el frigorífico de jamón, cervezas y merluza, que eso si está científicamente demostrado que quita el hambre. Y al Papa, que lo dejen tranquilo al pobre hombre, que bastante tiene con lo suyo.

viernes, 5 de febrero de 2010

Mi vida

“Nuestras vidas son los ríos...”
Jorge Manrique
Mi vida
es un río
contaminado
por los vertidos
tóxicos
de tu amor.
Me pregunto
si algún día
irá a dar
a tu mar,
para allí
morir en paz.

(Desorden, 2001)

jueves, 4 de febrero de 2010

miércoles, 3 de febrero de 2010

Ella camina confusa

Ella camina confusa.
Se mueve despacio
por una calle
que gira vertiginosa.
Se cruza con gente triste:
otras mujeres,
otros hombres.
Rostros feroces
que no miran
a los ojos.
Ella entra en un bar
y pide un café.
Luego
siente un leve
estremecimiento
en el cruce
de caminos
de su alma,
pues sabe que,
en unos segundos,
empezará a caer
una terrible tormenta
de pétalos muertos.

martes, 2 de febrero de 2010

Un buen negocio

Anoche estuvo en mi casa el Ratoncito Pérez. Le dejó a mi niña, bajo la almohada blanca, unas monedas y una piruleta con forma de gatita. A cambio se llevó un diente. Creo que hizo un buen negocio.

lunes, 1 de febrero de 2010

La banda sonora de una parte de mi vida (III)

Hoy dejo una pequeña lista de diez discos internacionales que me han hecho vibrar en algún momento de mi vida.

1. Days like these, de Van Morrison.
2. Shelter from the storm, de Bob Dylan.
3. I'm your man, de Leonard Cohen.
4. The Queen is dead, de The Smith.
5. Berlin, de Lou Reed.
6. Mystery girl, de Roy Orbison.
7. Heartattack and vine, de Tom Waits.
8. The River, de Bruce Springsteen
9. Tonight is the night, de Neil Young.
10. Heroes, de David Bowie.

sábado, 30 de enero de 2010

Sol de invierno

Hoy es sábado. Un sábado frío de un mes de enero que ya agoniza. Son las once de la mañana y yo estoy sentado al sol, leyendo un relato de Juan Madrid que trata sobre un poli corrupto y facha. La banda sonora la pone Milla Jovovich, una versión del "Satélite del amor" de Lou Reed. La mañana es típicamente invernal, pero se está bien al sol. Me he acordado de un poema que escribí hace años. Era un poema que hablaba de un ángel enfermo de cáncer, un ángel que bajaba, una mañana de enero muy parecida a la de hoy, hasta la playa y allí se sentaba en la arena, al sol de invierno, y abría al azar un libro de poemas de Juan Ramón Jiménez, y leía un poema que trataba de la muerte.
Hoy es sábado. Un sábado de enero normal y corriente, con sus miserias y sus grandezas, pero al mismo tiempo es un día extraordinario. Y lo que lo hace único es el simple hecho de estar ahora, en este preciso instante, aquí, a unos cientos de metros del mar Mediterráneo, respirando esta luz azul y este frío invernal, dejándome acariciar por el sol de invierno, que lo hace todo un poco mejor, o tal vez, un poco menos malo. Y tengo en las manos un libro de Juan Madrid y la música suena en mi cabeza, y es, quizás, por todo esto, que no importa tanto que enero se desangre poco a poco.

viernes, 29 de enero de 2010

La dulce madurez de Bob Dylan

Nadie puede negar que, a sus casi setenta años, Bob Dylan está en un estado de gracia creativo. Pocas figuras del ámbito artístico —de cualquier disciplina— pueden equipararse al poeta de Duluth. Tan solo en esta primera década del siglo XXI, y ciñéndonos al ámbito literario, Dylan ha puesto en circulación un magnífico libro de memorias, Crónicas Vol. I, ha recopilado todas las letras de sus canciones en un único tomo, titulado precisamente Letras, —aunque más que de letras tendríamos que hablar de poemas, ácidos, ariscos, desconcertantes, desestructurados, feroces, pero poemas al fin y al cabo— y ha visto publicado un conjunto de poemas —ahora sí— que datan de los primeros años sesenta, acompañando las fotos que el fotógrafo Barry Feinstein hiciera de un Hollywood más que sorprendente, en un libro llamado precisamente Fotorretórica de Hollywood: el manuscrito perdido.
En cuanto a la parte musical, en estos últimos años, el viejo Bob nos ha dejado varios discos memorables, algunos de ellos de lo mejorcito de su producción, a nivel de sus mejores obras de los años sesenta y setenta. Desde el año 1997, fecha en que publicó Time out of mind, aquel fenomenal disco que nos devolvió a un músico en plenitud de sus facultades creativas, hasta 2009, han visto la luz Love & Theft (2001), Modern Times (2006) y Together throu life (2008), tres grandiosos discos con material completamente nuevo, en el que el maestro nos regala toda su sabiduría en forma de canciones repletas de blues, de folk, de rocanrol, de country, y con esas letras rebosantes de imágenes asombrosas y de metáforas imposibles que lo han convertido en el mejor escritor de canciones de la música popular.
Por otra parte, durante estos años, han seguido apareciendo diferentes volúmenes de las Bootleg series, que en la actualidad va por el volumen nº 8. Para quien no lo sepa, esta colección está formada por discos repletos de rarezas, tomas alternativas, conciertos buscados durante años por legiones de fans insaciables o simplemente temas que estaban ocultos en discos imposibles de localizar hoy en día, por lo cual el seguidor de Bob Dylan agradece estos regalos como agua de mayo. Al mismo tiempo, Bob ha seguido con apariciones más o menos breves en películas y componiendo canciones para bandas sonoras originales. Mención aparte merece No Direction Home, el documental dirigido por Martin Scorsese en 2005, en el que durante tres horas y con un montón de material inédito, el director italonamericano nos va desgranando detalles de una carrera que dura ya más de cuatro décadas. Durante todos estos años, Dylan ha continuado con su peculiar programa de radio, donde cada semana, durante sesenta minutos, da a conocer algunas de sus canciones favoritas de todos los tiempos y todos los géneros habidos y por haber. Al mismo tiempo, el autor de “Los tiempos están cambiando” sigue inmerso en su “Never Endind Tour” (“Gira interminable”), siempre novedosa, siempre impredecible, donde se pueden disfrutar conciertos como el que dio en la ciudad de Jaén en el verano de 2008, uno de los mejores conciertos de cuantos ha dado en su extensa carrera musical. Como vemos, Bob Dylan tiene cuerda para rato. Ojalá que para mucho rato.

jueves, 28 de enero de 2010

Un poquito de censura, por favor.

Hace unos días dejé una breve relato en el blog titulado "Háblame de tu coño", en el que un chico pedía a una chica que le hablara, como no, de su coño. El texto estaba escrito en un tono medio surrealista medio onírico. En cualquier caso mi intención al escribirlo era que tuviese un lado poético. No sé si lo conseguí o no. Visto lo visto, y leído lo leído, resulta evidente que no. Alguna gente, escudándose en el anonimato, empezó a dejar comentarios de muy mal gusto. Es por ello que decidí eliminarlo. A mí, sinceramente, me importa un bledo que la gente critique mi obra. Ya estoy acostumbrado. Y me parece hasta bien. Sin embargo, no estoy dispuesto a permitir que alguien, de manera anónima, insulte a otra gente, ni deje comentarios de mal gusto. Que quede claro que este es un blog principalmente literario. Es decir, subjetivo. Por supuesto, no se obliga a nadie a entrar aquí ni mucho menos a leer lo que yo escribo. A quien no le guste, que lea otras cosas. Así de simple. Pero, please, que no venga a tocar las pelotas, que es de muy mal gusto. Así que por ahora, voy a hacer algo que jamás se me había ocurrido: moderar los comentarios. Si la gente no es capaz de usar su libertad de expresión para expresarse, respetando las opiniones ajenas, aunque difieran radicalmente de las suyas, pues que le vamos a hacer, tendremos que defendernos. Y es que por mucho que estemos en el siglo XXI, este sigue siendo un país cuartelero y fascistoide.
Salud

martes, 26 de enero de 2010

Las últimas cosas

Después de todo, estamos casi perdidos
en este inmenso y caótico laberinto...
Las farolas apagadas en la calle,
la vida que pasa sin apenas detenerse,
como un autobús en hora punta.
Y la noche que ruge desesperadamente
a todo aquél que se cruza en su camino.
Los límites se diluyen en el tiempo,
perdida toda esperanza de sobrevivir.

(Desorden, 2001)

viernes, 22 de enero de 2010

Después...

Después de sus labios,
todo fue un espejismo.
El corazón, un puente derruido.
La razón, un callejón sin salida
La vida, una jornada laboral de quince horas.

jueves, 21 de enero de 2010

Antonio Vega: Mis cuatro estaciones, de Juan Bosco

Siete meses después de la muerte de Antonio Vega, acaecida en Madrid el día 12 de mayo de 2009 a causa de un cáncer de pulmón, llega a las librerías españolas este libro escrito por Juan Bosco, persona cercana al músico madrileño, sobre todo en los últimos años de vida del autor de canciones míticas de la música española como “Chica de ayer”, “Atrás”, “Una décima de segundo” o “Lucha de gigantes”. El libro, publicado por Lunwerg Editores, está dividido en cuatro partes, titulada cada una de ellas como una de las estaciones del año, y dedicada a una etapa en la vida de Antonio. Al mismo tiempo, se reproduce una extensa entrevista, bastante jugosa, en la que Bosco y Vega hablan de lo divino y lo humano, sin censura, con toda la libertad con la que pueden hablar dos buenos amigos delante de unos cafés: música y músicos, guitarras y lutieres, drogas, enfermedades, amores y desamores, dinero y, como no, tratándose de un libro sobre Antonio Vega, la astronomía, su gran pasión, no podía faltar.
No se trata de una biografía al uso ni de un ensayo sobre la obra de Vega, pero algo de todo esto hay en las hermosas páginas de Mis cuatro estaciones. Un libro rico en anécdotas de todo tipo, sobre todo relacionadas con la época de Nacha Pop y la movida madrileña. Numerosas fotos, algunas de ellas inéditas hasta este momento, y un emotivo prólogo de Basilio Martí, teclista de la banda de acompañamiento de Antonio Vega durante dieciocho años y probablemente la persona que más y mejor lo conocía. Un libro imprescindible para los fans de este gran compositor que, junto a la obra de Álex Fernández de Castro, Nacha Pop: magia y precisión (Editorial Milenio, 2002), y a la de Diego Manrique, titulada simplemente Antonio Vega (SGAE y Luca Editorial, 1993) nos ayudarán a conocer en detalle la obra de uno de los grandes mitos de la música española contemporánea. Totalmente recomendable. A disfrutarlo.

lunes, 18 de enero de 2010

Muerte accidental de un trompetista

El trompetista -cuarenta y dos años, aspecto desaliñado,soltero y sin compromiso- tocaba en un combo de jazz. Como cada tarde a la misma hora, se dirigía al ensayo. Llevaba prisa, por lo que no se detuvo ante el semáforo en rojo. No vio el autobús verde de la empresa municipal de transportes, ni el conductor del autobús -cincuenta y cuatro años, casado, dos hijos, una suegra a la que odia, sólo un año para acabar de pagar la hipoteca- lo vio a él. Ahora, el trompetista yace bocabajo sobre el asfalto rojo y caliente, esperando, ajeno a toda esta historia, a que llegue el juez de guardia -treinta años, número uno de su promoción, traje caro y gestos de triunfador, a punto de casarse con una rubia de bote que prepara oposiciones a notaría- para levantar el cadáver.

domingo, 17 de enero de 2010

viernes, 15 de enero de 2010

Los libros arden bien

Aquel día hacía un frío del copón. De hecho, no recordaba haber vivido otro día tan frío como aquel en los cincuenta y pico años de su vida. Era sábado. El primer sábado del mes de enero del año 2010. Así que no había tenido que ir a trabajar. Se había levantado sobre las ocho y media de la mañana y había preparado el desayuno. Café con leche, tostadas con aceite de oliva y un yogur natural sin azúcar, con un par de cucharaditas de miel. Más o menos lo que desayunaba todos los días, los festivos y los laborables, porque para el desayuno, al contrario que para otras muchas cosas, era un tío muy metódico. Nada más echar un pie al suelo se dio cuenta de que la temperatura era extremadamente baja. Los días previos habían sido muy, muy fríos, pero lo de hoy, pensó, es ya demasiado. Se asomó a la ventana del dormitorio y vio que una gran nevada cubría toda la calle, los coches, los árboles, los tejados de las casas. Así que se abrigó bien, como si fuese a salir. Sin embargo, no tenía intención de poner un pie fuera de su casa. Pasaría todo el día sentado en su mejor sillón, en el salón, frente a la chimenea, leyendo un buen libro. No veía mejor plan.
Se le ocurrió después de desayunar. Por una asociación de ideas difícil de explicar, se acordó de Pepe Carvalho, aquel detective privado que antes había sido agente de la CIA, comunista y romántico, amante de la gastronomía, gallego y catalán a partes iguales, gran amigo de otro catalán universal, el escritor Manolo Vázquez Montalbán, que en algún que otro libro, había narrado las desventuras de Carvalho por el mundo, que era tanto como decir por el Barrio Chino de Barcelona. Carvalho solía encender las chimeneas prendiéndole fuego a algún libro de los miles que dormían en su biblioteca. Estaba hasta los cojones de libros y había decidido que la mejor utilidad que podían ofrecerle a estas alturas de la vida, era esa, encender el fuego. Así que el hombre pensó que él, que también era un gran amante de los libros, se podría permitir, siquiera una vez en la vida, encender la chimenea valiéndose de algún libro. Lo difícil sería, sin duda, elegir uno.
Primero habría que resolver un tema en absoluto baladí. El género literario. Porque, estaba claro, no era lo mismo quemar una novela, un ensayo, un poemario o un libro de texto. Luego, habría que pensar si el libro elegido sería una traducción o un libro original. Y si era original, ¿en qué idioma? Porque el hombre estaba seguro de que no ardería igual un ejemplar de Ulises, de James Joyce en su idioma original, es decir, en inglés, que un ejemplar de Ulises, de James Joyce en la traducción al castellano de José María Valverde. Eso cualquiera lo sabía.
Estaba el hombre tratando de abrirse camino entre todas estas cuestiones cuando de repente lo vio con toda claridad. Ya lo tenía. Cómo no lo había pensado antes. Había perdido ya unos minutos preciosos dilucidando todas estas cuestiones y el libro estaba allí, en la estantería, esperando a ser devorado por las llamas, diciéndole a gritos, quémame, quémame.
Se levantó del sofá, el desayuno a medias, y se dirigió hasta la biblioteca. Recordaba perfectamente el estante exacto donde estaba el elegido. Allí continuaba desde que tres años antes lo abandonara. Lo había empezado tres veces y tres veces había tenido que dejar de leerlo. No consiguió superar más de cuarenta o cincuenta páginas. Los libros arden mal, del escritor gallego Manuel Rivas, ese era su título, editado por Santillana Ediciones Generales, S. L. en el año 2006. Un libro escrito en gallego pero traducido al castellano por Dolores VIlavedra, aunque la edición que el hombre tenía, la que había comprado y por la cual había pagado en torno a 25 euros, aquella que estaba a punto de ser pasto de las llamas, era del Círculo de Lectores. Sin duda, una buena edición, con tapa dura y sobrecubierta, algunas fotos e ilustraciones, y un bonito diseño. El hombre recordaba que con este libro hizo algo impensable con cualquier otra obra. Algo que jamás antes había hecho. Le concedió tres oportunidades. Incluso sacó otra versión de la Biblioteca Pública pensando que el problema estaba en la edición que él había comprado, en el tipo de letra (garamond) o el tamaño (punto 10). Hasta que no le quedó más remedio que aceptar la triste realidad. No podía con el libro porque era una puta mierda. Así de claro. Era una bazofia pretenciosa y aburrida, escrita sin sentimiento y sin chispa. Pretendía ser un homenaje a la gente de la cultura, sobre todo escritores y editores, durante la II República Española y, en opinión del hombre, no era más que un insulto a la memoria de estos hombres y mujeres, personas que tanto habían hecho por el progreso de este país, muchos de ellos pagando con su propia vida. Aquella gente se merecía algo mejor. La novela, por llamarla de alguna manera, era un subproducto típico de la factoría Alfaguara, la editorial del Grupo Prisa, donde se publicaba la peor literatura en castellano de todos los tiempos. Para colmo el hombre recordaba nítidamente que Los libros arden mal había acaparado premio tras premio aquella temporada. Pero aquello no le sorprendía. Los premios los otorgaban los mismos escritores de Alfaguara, los mismos que escribían sus artículos en El País, y salían en los programas de Canal+ y Cuatro. Como diría Tarantino, no paraban de chuparse las pollas los unos a los otros, aunque luego, a la espalda, se odiaban de una manera vehemente y cuasi enfermiza. Eso lo explicaba todo, porque lo que era la calidad literaria, brillaba por su ausencia. El hombre también recordaba que después de intentar leer este libro, había leído Braille para sordos, de José María Mijangos, y ¡ay!, aquello era harina de otro costal. Este sí que tenía chispa, estilo, clase. Una historia bien contada, mejor estructurada. Una obra genial que pasó completamente desapercibida para la crítica literaria (estas dos palabras juntas le daban ganas de vomitar, pensó) y que, ironías del destino, sólo unos pocos lectores con criterio pudieron degustar.
Así que el hombre abrió la puerta de la estantería, cogió el libro y se fue al salón, donde estaba la chimenea. Arrancó unas cuantas páginas, y las colocó estratégicamente entre los trozos de madera de olivo seca. Luego tomó un mechero entre los dedos y prendió una hoja, luego otras más, y otra más, y otra y otra… Y aquello empezó a arder. Y cuando ya había una llama más o menos esperanzadora, echó a la chimenea el resto del libro. Y este empezó a arder con una gran llama roja, chisporroteante, vivaz. Y el hombre se quedó allí mirando, como un niño, feliz por haber vengado la memoria republicana, pensando que hasta el título era una gran estafa al lector, porque al menos este libro, ardía de puta madre.

jueves, 14 de enero de 2010

Tom Waits. La coz cantante, de Barney Hoskyns

La editorial catalana Global Rhythm publicó en los últimos días del año pasado el libro de Barney Hoskyns, Tom Waits, La coz cantante. Biografía en dos actos. Hoskyns es, sin duda, uno de los mejores críticos musicales del momento. Ha trabajado para publicaciones de primera categoría tales como Mojo, Rolling Stones y Uncut y ha escrito libros, entre otros, sobre el rock californiano de los años sesenta y setenta. Pero no nos engañemos, no es lo mismo escribir sobre un grupo de cara amable como, pongamos, los Eagles, que hacerlo sobre un tipo como Tom Waits, tan celoso de su vida privada que no te lo va a poner nada fácil. De hecho, el músico californiano no concedió al autor de esta biografía ni una sola entrevista, ni un maldito e-mail ni una simple llamada telefónica. Así que al bueno de Barney no le ha quedado más remedio que tirar de archivo y, cuando ha sido posible, entrevistar a los viejos colaboradores y amigos de Tom. Y digo cuando ha sido posible, porque en más de una ocasión, gente que se había comprometido a participar contando sus vivencias junto al músico beat, se echaron atrás en el último momento, como fue el caso de Elvis Costello o el mismísimo Keith Richard.
El contenido del libro es apabullante. Un análisis exhaustivo de la obra waitsoniana, disco a disco, tema a tema, aportando anécdotas jugosas sobre las sesiones de grabación, sobre los músicos que participaron en ellas, sobre los métodos de composición, sobre las giras, sobre la relación de Waits con el mundo del cine, ya sea como compositor de bandas sonoras o como actor, sobre Kathleen Brennan, la esposa de Tom, y desde hace veinte años, su mano derecha, sobre sus diferentes pleitos con el mundo de la publicidad, sobre su relación con otros músicos, como Bruce Springteen, Roy Orbison, Bob Dylan, Neil Young, etc. En definitiva, sobre las andanzas de nuestro hombre en cuatro décadas de una de las carreras musicales más personales del mundo del rock.
Sólo le pondría un pero al libro, bueno, más que al libro, a la edición. Y es algo que me viene ocurriendo con casi todos los libros editados por Global Rhythm. Y es lo poco cuidadas que están las traducciones. Esta, concretamente, ha sido realizada por José Serra. Como muestra un botón. En la página 351 se puede leer: “En 1995 el cantante canadiense Holly Cole grabó un disco de versiones muy personales, Temptation, que abarcaba veinte años de la obra de Waits (…)”. El único problema es que Holly Cole es una mujer. Por lo demás, muy bien.

martes, 12 de enero de 2010

Silencio

Mis labios en su cuello.
Mis manos en su pelo.
Su boca. Mi cuerpo.
Mi deseo. Su deseo.
Silencio.

lunes, 11 de enero de 2010

Mi amor

Tan utópico
Tan vibrante
Tan pirado
Tan decimonónico
Tan elíptico
Tan imprevisible
Tan posmoderno
Tan eufórico
Tan psicodélico
Tan pasional
Tan vertiginoso
Tan hiperbólico
Tan terapéutico
Tan shakesperiano
Tan extremoduro
Tan mitológico
Tan ecológico
Tan crepuscular
Tan desmesurado
Tan atávico

Mi amor,
al borde del abismo

viernes, 8 de enero de 2010

Después de ti

¿Después de ti, qué queda?

¿Una cama muerta?

¿Una herida abierta?

¿Un café frío?

¿El dolor de no tocarte?

¿El placer de recordarte?

¿Un sinfín de tonterías?

¿Drogas que ya no me ayudan?

¿Noches vacías, días inciertos?

¿Tristes canciones de amor?

¿Espejos que recuerdan tu rostro?

Dime, no tengas miedo,

¿Después de ti, qué queda?


(Este poema está incluido en mi plaquette El amor es un helado de fresa derretido en el asfalto, publicado por el Ayuntamiento de Priego de Córdoba en el año 2006, en una colección que dirigió mi amiga Isabel Rodríguez.)

jueves, 7 de enero de 2010

La pasión de Juan Madrid por los bares nocturnos




La última novela de Juan Madrid (Málaga, 1947) se titula Bares nocturnos. Aparecida hace tan solo unos meses y simultáneamente a la publicación de un volumen que recoge los Cuentos completos del autor más negro de la literatura española. Bares nocturnos es un libro magnífico y la prueba más evidente de ello es que me lo he devorado en poco más de cuatro horas. Y es que una vez que lo empiezas resulta complicado dejarlo a un lado.
Se podría decir que este libro pertenece a la saga de Toni Carpintero (alias Toni Romano, el personaje fetiche de Juan Madrir y al que ha dedicado varias obras) pero sin ser exactamente una novela protagonizada por Carpintero, aunque su autor le rinde un merecido homenaje dejándolo participar en lo que podríamos llamar (usando una terminología cinematográfica) un cameo. El verdadero protagonista de la novela es Silverio San Juan, el hijo de Juanita San Juan, amiga/amante de Carpintero, al que ya conocimos en otras novelas de la saga, cuando era un niño o más tarde, un adolescente. Silverio se gana la vida en la Agencia de Detectives Draper, donde antaño trabajara el propio Carpintero, dedicado sobre todo, al cobro de morosos. Sin comerlo ni beberlo se ve inmerso en un plan para robar unos diamantes valorados en veinte millones de euros. Por el camino encontramos a ex-militares africanos, monjas y ONGs, y sobre todo un mundo, el de la vida nocturna madrileña, que sucumbe a los cantos de sirena de la modernidad. Bares nocturnos es la crónica de una muerte anunciada, la de un mundo (o tal vez sería mejor hablar de submundo) que vive de noche, en bares oscuros repletos de nicotina, donde la música de Miles, de Coltrane o de Chat Baker es la banda sonora perfecta, y donde tiene todo lugar todo tipo de trapicheos, incluidos los carnales. Un tipo de vida que, nos dice Juan Madrid, ya está en peligro de extinción.
Con su habitual estilo seco, cortante, directo como un puñetazo al estómago y tan descreído, visceral, lacónico y romántico como nos tiene acostumbrados, Juan Madrid hace una foto fija de la sociedad actual, de sus vicios, de sus tejemanejes, de sus corruptelas, de su pasión desaforada por Don Dinero, el único dios verdadero. Es difícil que alguien se aburra con este libro entre las manos. Y el año empieza de puta madre con obras como esta. Lo malo es que el listón se queda muy, muy alto.

martes, 5 de enero de 2010

Mata a la televisión

Sal a la calle y busca el sol.
Escribe en las paredes con pintura roja.
Tatúate en el hombro derecho un verso de Lou Reed.

Compra flores y plántalas en el asfalto.
No dosifiques tus besos, ni tus caricias, ni tus abrazos.
No digas nada en presencia de tu abogado.

No des codazos para llegar más lejos.
Aprende a diferenciar a los buenos de los malos.
Lanza los dados cuando estés preparado.

Coge tus alas y vuela, vuela alto.
Invierte todo tu esfuerzo en ser feliz.
Date una vuelta por tus sueños.

Canta canciones de cuna cuando estés borracho.
Lee libros que aún no se hayan escrito.
Sé siempre tú, no te defraudes.

Ámate por encima de todo.
Y si las cosas se ponen muy feas, no lo dudes:
Mata a la televisión.


(Este poema pertenece a mis Versos de alambre de espino. Es una declaración de intenciones para el año que recién estrenamos. Así que ya sabes lo que hay que hacer si las cosas se ponen muy feas...)

domingo, 3 de enero de 2010

Anoche

Anoche soñé contigo. Llevabas un vestido ajustadísimo, medias de rejilla, taconazos. Un pañuelo anudado al cuello. Todo de color negro. Tu mirada felina me impresionó. Eras la viva imagen de la protagonista de un tango del Polaco Goyeneche.

miércoles, 30 de diciembre de 2009

El nuevo año

Me gustaría desearos a todas y todos los que entráis en mi Margen Izquierda lo mejor para el nuevo año. Ojalá que sea un año abundante en cultura, que haya montones de buenas novelas, de versos y poemas electrizantes, de canciones que nos hagan sentirnos vivos, de películas que nos devuelvan la esperanza. Ojalá que seamos capaces de enfrentarnos a la injusticia social, que combatamos a muerte la insolidaridad, la pobreza y la estupidez; que denunciemos a los corruptos y levantemos nuestra voz contra todo lo que degrada al ser humano. Ojalá que sigan existiendo miradas que nos conmuevan, labios que nos apasionen, caricias que nos subyuguen. Que cada uno busque sus razones para seguir adelante, porque como cantaba Billy Bragg, "la lucha continúa". Salud y todo lo mejor para 2010.

domingo, 27 de diciembre de 2009

El cuaderno rojo

Había preparado café, bien cargado, como a ella realmente le gustaba. Sirvió una taza grande, de color verde y le añadió un poco de leche desnatada. Nada de azúcar. Hacía más de veinte años que siempre tomaba el café sin azúcar, experimentado una sensación extraña en el primer sorbo, para luego paladearlo lentamente, sorbito a sorbito. Hacía unos minutos que se había dado una ducha caliente y llevaba puesto un pijama de color naranja sobre las braguitas y el sujetador de color negro. Se descalzó y después se sentó en el sofá y tomó el bolígrafo entre sus dedos. Abrió el cuaderno rojo. Empezó a escribir: "¿Qué música sonaba el último día? Yo sólo escuchaba su respiración entrecortada y profunda, sus suspiros, sus susurros, el palpitar de su corazón cuando apoyaba mi cabeza sobre su pecho, las gotas de lluvia sobre los cristales." Se detuvo un instante y bebió un pequeño sorbo de café. Releyó las frases que acababa de anotar. Sí. Le gustaban. Continuó escribiendo: "Ahora sé por qué nunca hago el amor con música. Me distrae para oír sus sentimientos, para oler el sudor de su piel, para sentir el recorrido de sus manos." Lo releyó todo otra vez. Se sentía extraña escribiendo aquello. Tomó entre sus manos la taza y volvió a beber. Sintió la misma extraña emoción que sentía últimamente cada vez que pensaba en aquel hombre, en sus ojos, en sus tonterías, en el movimiento de sus manos. Y escribió una última frase antes de cerrar el cuaderno rojo y apurar de un solo trago la taza de café: "La vida está hecha de pequeñas transgresiones."

sábado, 26 de diciembre de 2009

Algunas noches...

Algunas noches me descubro aullando a la luna.
En el pueblo se organizan batidas
y cuadrillas de hombres salen en mi busca,
armados hasta los dientes, para darme caza.
Yo, como una sombra, me oculto entre los árboles.

miércoles, 23 de diciembre de 2009

Su piel

Su piel,
como fuego ardiente,
como escarcha fría,
dulce y mortal.
Heroína pura.

martes, 22 de diciembre de 2009

Frío

Hoy,
aquí,
al sur del Sur,
cuando la temperatura
roza los cero
grados centígrados,
y ha llovido todo el día,
me he acordado de ti,
de tus manos cálidas
jugando
en mi espalda,
de tus uñas febriles
dibujando
una serpiente roja
en mi piel,
de tus ojos negros
desnudos
de cintura para arriba,
del olor a fruta fresca
de tu cuerpo,
del sabor adictivo
de tus besos.
Y he arrancado a sudar.

(De Versos de alambre de espino, Editorial Alhulia, 2009)

lunes, 21 de diciembre de 2009

Veinte años con los Simpsons

El pasado día 17 de diciembre la serie de animación Los Simpsons cumplió veinte años. Fue un 17 de diciembre pero de 1989, cuando la cadena estadounidense Fox emitía por primera vez un capitulo de esta familia disfuncional americana. En nuestro país, si la memoria no me falla, los primeros capítulos pudimos verlos a principios de 1991. Los emitían en la 2 y a las once de la noche, dentro de algún programa de esos que nadie recuerda. En cambio, las aventuras y desventuras de Homer, Bart, Lisa, Marge y la pequeña Maggie, han resistido durante dos décadas, que se dice pronto. Más de cuatro cientos capítulos, cientos y cientos de personajes invitados han pasado por la serie, desde científicos a poetas, pasando por músicos, deportistas, actores y actrices, e incluso presidentes de los iuneitidsteits. Durante todo este tiempo, otras series magníficas han llegado y se han ido, como Friends, Los Soprano, Futurama (también creada por Matt Groening), pero los Simpsons han resistido, al pie del cañón, siempre en vanguardia. Algunos de estos capítulos son sencillamente gloriosos, de lo mejor que se ha creado en ficción televisiva. Bien es cierto que en las últimas temporadas el nivel no es tan alto como al principio, pero joder, siguen estando mucho mejor que cualquier otra serie que se tercie. Así que esperemos que duren otros cuantos años más y nos hagan pasar ratos tan divertidos como los que hemos tenido hasta ahora. Larga vida a los Simpsons.

domingo, 20 de diciembre de 2009

Cuando Patricia Highsmith se llamó Claire Morgan

En 1952, una novela titulada El precio de la sal llegó a las librerías estadounidenses. La firmaba una autora completamente desconocida: Claire Morgan. El libro narraba una historia de amor entre dos mujeres, una chica joven, llamada Therese, y una mujer no mucho mayor que ella, pero casada, cuyo nombre era Carol. Lo insólito del argumento no radicaba en que el libro tratase el amor lésbico, sino en el final del libro. Por primera vez en la literatura norteamericana (y probablemente en la de cualquier otro país) un libro en el que una mujer se enamora de otra mujer termina de manera esperanzadora, positiva, incluso feliz. Y es que hasta la publicación de este libro, en la narrativa mundial, la homosexualidad era un tremendo tabú, y los personajes homosexuales no podían aparecer como personas felices, con éxito en su vida laboral y personal, sino como desgraciados, enfermos mentales, futuros suicidas o simplemente depravados. Así que ya podemos imaginar el cambio tan radical que supuso la aparición de esta novela a la hora de enfrentarse a la homosexualidad en la literatura.
Durante un tiempo, el libro, cuya primera edición había sido en tapa dura, obtuvo algunas críticas “serias y respetables” pero unas ventas discretas. Sin embargo, un año después, cuando se hizo una edición de bolsillo, las ventas se dispararon, llegando a la nada despreciable cifra de un millón de ejemplares vendidos y se supone que muchos más lectores. La pequeña editorial que lo había lanzado, The Naiad Press, empezó a recibir cientos de cartas dirigidas a Claire Morgan, en las que el público expresaba su sentir hacía la historia de amor entre Therese y Carol. Muchas de estas cartas eran auténticos gritos de desesperación por parte de personas solitarias, atrapadas en pequeñas poblaciones donde ser homosexual o lesbiana era visto como el peor de los castigos.
Treinta y dos años después, es decir, en 1984, El precio de la sal fue reeditada, pero esta vez con un título distinto: Carol. La sorpresa vino cuando, en vez de Claire Morgan, el libro venía firmado por Patricia Highsmith, en ese momento, una escritora consagrada de novela negrocriminal y lesbiana militante. La nueva edición venía precedida por un prólogo de la propia autora, explicando las razones que la llevaron a escribir una novela como Carol y a publicarla bajo pseudónimo. Esa novela está traducida a nuestro idioma (Traducción de Isabel Núñez y José Aguirre), y publicada en la magnífica colección Compactos de Anagrama (nº 144). Y es altamente recomendable.

sábado, 19 de diciembre de 2009

He llegado...

He llegado a tu vida para hecerte feliz, le dijo el chico mirándola a los ojos. He llegado a tu vida para hacerte feliz, repitió. Ella sonrió y apuró su copa de un trago.

jueves, 17 de diciembre de 2009

Las olas

Las olas empaparon mis botas, mis calcetines, los bajos de mi pantalón. No consiguieron borrar las ganas de verte. Un perro, a lo lejos, empezó a ladrarme. Creo que el hijoputa se reía de mí. Varios autobuses se detuvieron en el paseo marítimo. Se bajaron varios grupos de turistas japoneses, con sus cámaras fotográficas último modelo y/o sus cámaras de vídeo. Ahora soy el chico más triste de las televisiones de Japón. Yo y mis botas mojadas por el agua salada de las olas.

lunes, 14 de diciembre de 2009

Todo el infortunio....

El filósofo, científico, matemático y escritor francés Blaise Pascal (1623-1662) dejó escrito: "Todo el infortunio del hombre procede de una sola cosa, de no saber estarse tranquilamente en su habitación."

viernes, 11 de diciembre de 2009

Dirección prohibida

Últimamente, con demasiada frecuencia, me asalta la extraña sensación de que voy conduciendo mi coche a toda hostia por una autopista desconocida y además en dirección prohibida.

jueves, 10 de diciembre de 2009

Autostop

Esta mañana,
mientras conducía, despacio, hacia el trabajo,
he visto a una chica despampanante
que hacía autostop en el arcén.
Era alta,
una gran melena oscura y rizada caía sobre su espalda,
ojos negros, brillantes como estrellas fugaces,
largas piernas enfundadas en medias de malla,
cuerpo de estatua griega.
Perfección geométrica.
Al pasar junto a ella
no he podido evitar detenerme.
He abierto la puerta derecha de mi coche
y he puesto la mejor de mis sonrisas.
Le he preguntado a dónde se dirigía
y después la he invitado a subir.
Ella
se ha sentado en el asiento del acompañante
y mirándome a los ojos se ha presentado:
Hola, me llamo Tristeza. Eso ha dicho.
Bienvenida a mi mundo, Tristeza, he contestado,
sosteniéndole la mirada.
Y nos hemos ido juntos.

martes, 8 de diciembre de 2009

El hombre luce una inquietante sonrisa (II)

El hombre luce una inquietante sonrisa. Va afeitado con pulcritud. De su oreja derecha cuelga un pequeño aro dorado. Viste con elegancia. Se mira en el espejo y reconoce en él a un hombre satisfecho consigo mismo, un hombre capaz de conseguir cualquier cosa que se proponga. El hombre de la sonrisa inquietante está a punto de salir a la calle a matar a otro hombre. No es nada personal. No tiene nada contra él. Ni siquiera lo conoce. Es, simplemente, un encargo más. El hombre de la sonrisa inquietante se gana la vida matando a otras personas. Es un asesino a sueldo. Pero no uno del montón. Él es el mejor.

domingo, 6 de diciembre de 2009

sábado, 5 de diciembre de 2009

Tres deseos

Un beso de tu boca.

Un beso de tus labios.

Un beso de tu lengua.

Después,
sólo humo,
humo gris
que se desvanece en la tarde.

viernes, 4 de diciembre de 2009

Presentación en Córdoba de "Versos de alambre de espino"

El próximo vienes, 11 de diciembre de 2009, tendrá lugar la presentación de mis Versos de alambre de espino, en la ciudad de Córdoba. El sitio elegido es el "Espacio social y cultural al borde", que está en la calle Conde de Cárdenas, 3. Empezaremos sobre las ocho de la tarde y la presentación correrá a cargo de mi amiga Emiliana Rubio. Después nos tomaremos unas cervecillas o una copilla de vino. Ya sabes, si te pilla por Córdoba y te interesa la poesía o simplemente te apetece pasarte por allí, estás invitada o invitado, tanto da.

jueves, 3 de diciembre de 2009

Reseña de Versos de alambre de espino en el diario Granada Hoy

En la edición de hoy, 3 de diciembre de 2009, del diario Granada Hoy, aparece esta reseña que el poeta Rafael Espejo dedica a mi poemario Versos de alambre de espino.

Radiografías de temporada

Rafael Calero presenta 'Versos de alambre de espino', donde reconoce la devoción explícita a Lorca, Pavese o Bukowski

Rafael Espejo / Granada |
zoom

Rafael Calero.

A partir del siglo XX, con el boom demográfico y democrático de las sociedades, las líneas paralelas de lo culto y lo popular han engrosado tanto que por fuerza se tocan en algunos puntos, intentaré explicarme. Si por un lado el aperturismo informativo está aniquilando el valor del conocimiento, el acceso a la educación ha invertido la pirámide de analfabetismo global; si por un lado las tradiciones ya no son unívocas (ni por géneros, ni por naciones ni por épocas), ese mismo eclecticismo está borrando las huellas de la identidades colectivas en favor de las individuales: los grupos ahora están compuestos de una suma de unidades.

Y esto, en el caso que nos ocupa, se traduce en una multiplicidad de voces tal que hoy resulta imposible distinguir una poesía genuinamente española, o americana, o francesa. Y no sólo porque entre ellas, repito, prime más un espíritu de época que una idiosincrasia cultural, sino porque incluso dentro de cada rótulo habría que distinguir casi tantos epígrafes como autores. Ya digo, cada cual se va modulando su propia multitradición a partir de la cultura que consume.

La última entrega de Rafael Calero Palma, presentada hace unas semanas en Granada, es un ejemplo claro de libro hijo de su tiempo: desestructurado, elíptico, comprometido. Y, claro, mestizo: en sus poemas reconoce explícitamente la devoción a autores tan dispares como Lorca, Carver, Alberti, Umbral, Pavese, Bukowski, Miguel Hernández, Kerouac; asoman músicos como Neil Young, Elvis, Tom Waits, Mozart, Bob Dylan, Kurt Cobain o Fito Páez; cineastas (Coppola, Jessica Lange, Jack Nicholson), personajes de ficción (James Bond, don Quijote), personajes históricos (Judas Iscariote), pintores (Picasso), etc. Digamos que el poemario viene rabioso de modernidad. Y si sus palabras quieren tomar el pulso a lo inmediato lo hacen en línea recta, sin merodeos, en un descarado tú a tú: referencias deportivas (el Barça, Roland Garros), histriónicas citas de Pedro Solbes o de Ana Blanco (presentadora del telediario), líricas denuncias a los contratos basura, etc. El culturalismo de esas referencias junto a lo políticamente incorrecto de su idioma. Lo popular y lo culto, como decía al principio.