domingo, 21 de octubre de 2018

UNA NOCHE DE PLENITUD


Anoche tuve ocasión de vivir uno de esos momentos extraordinarios que la vida, de vez en cuando, nos ofrece: un concierto de Diego Vasallo.
Diego, que se prodiga poquísimo en directo, ha tocado dos noches consecutivas en Granada. Ha sido en un pequeño local, La Expositiva, que está en la calle Cárcel Alta, junto a Plaza Nueva. Un sitio chulísimo donde programan teatro y lecturas poética entre otras actividades culturales.
La actuación de Diego Vasallo fue de matrícula de honor. Venía en formato de trío, acompañado por Fernando Macaya, que como es habitual en él, tocaba la guitarra eléctrica y hacía voces y Pablo Fernández, que tocaba el ukelele, la percusión, la batería, y hacía voces, y el propio Diego, a la voz, la guitarra y la armónica, instrumento que apareció en tres temas, apenas unos segundos, pero puso el toque de elegancia que necesitaban esas canciones.
El repertorio del concierto —18 canciones— se centró en los dos últimos álbumes: Baladas para un autorretrato y Canciones en ruinas. Del primero tocó “Se me olvida”, con la que comienza el concierto, “Fe para no creer”, “Que todo se pare”, “Cada vez” y “Todo lo bueno”; del segundo, “A ras de noche”, “Así”, “Ver para no creer” y “Gardel”. También sonaron en el pequeño escenario temas más antiguos, como “La vida mata”, “La vida te lleva por caminos raros”, “Prometedores naufragios”, de Los abismos cotidianos y algunas más antiguas aún, como “Collar de lunas” y “Perlas falsas”, de Canciones de amor desafinado, y  “Canciones que no hablan de amor”, de Criaturas, su primer disco en solitario e incluso sonó una versión remozada, con nuevos versos, de “Juegos de amor”, un tema de la etapa Cabaret Pop. El momento Duncan Dhu lo puso con “Llora guitarra”, tema del último álbum del grupo, el extraordinario El duelo, con el que puso el punto y final al concierto.   
La música que nos trajo anoche y el viernes el cantautor donostiarra a Granada fue, básicamente de raíz americana: blues y rockabilly, como no podía ser de otra manera. Todo ello aderezado con unas gotitas de jazz, canción de autor, ecos mediterráneos, bolero, tango y muchas otras cosas más. Tengo que decir que Diego en directo es muy bueno. Todo estaba donde tenía que estar, cada arreglo, cada palabra, cada detalle, por minúsculo que fuera. No en vano este hombre atesora tras de sí una experiencia de tres década con uno de los mejores grupos que ha dado la música española. Durante todo el concierto, los ecos de Tom Waits, de Elvis, de Leonard Cohen, de Bob Dylan, de Roy Orbison, de Billie Holiday, pero también los de Paco Ibáñez, Ovidi Montllor o los de su admirado Luis Eduardo Aute revolotearon por la sala, brotando de esas maravillosas canciones, mezclándose con el público, mientras Diego y compañía daban, aquí y allá, pinceladas de un gusto exquisito.
Diego Vasallo es, desde que publicó Canciones de amor desafinado, uno de mis favoritos. Me compro cada nuevo disco, cada libro, los raros y los menos raros, y en los últimos tiempos se ha convertido, para mí, en uno de los imprescindibles. A estas alturas ya había perdido la esperanza de verlo tocar en directo. Así que anoche, cuando terminó el concierto, me sentía lleno de gozo y plenitud. Y no era para menos. Había visto al fin un concierto del gran Diego Vasallo. Y no me defraudó.  

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