Cuando ella le dijo
que ya no lo amaba,
que había otro hombre,
que aquello era el fin,
se fue hasta el desván,
buscó la escopeta,
metió dos cartuchos
y sin pensarlo un segundo,
disparó a bocajarro
contra la pantalla extraplana
—cuarenta y dos pulgadas,
sonido envolvente,
tdt incorporado—
del maldito televisor.
Era lo menos que podía hacer.
(Versos de alambre de espino, Editorial Alhulia, 2009)
ardor guerrero
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estos días de entrañable ardor guerrero
Von der Leyen está trabajando más que nunca en su vida
por la mañana hace unas declaraciones
y por la tarde...
Hace 13 horas
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