lunes, 23 de junio de 2014

Música y contracultura en España (primera parte)




Década de los 60. Los Estados Unidos se encuentras sumidos en la Guerra de Vietnam y numerosos intelectuales, músicos, cineastas, escritores, pero sobre todo muchos jóvenes de toda condición y estrato social muestran, de manera contundente, su rechazo al intervencionismo norteamericano en el continente asiático. Acaba de nacer el movimiento que pasará a la historia como Contracultura. 
En poco tiempo, este corriente de rechazo a las reglas burguesas por las que se rige occidente, que se opone con uñas y dientes a los convencionalismos sociales en boga, empieza a hacerse más y más amplia, exportándose a numerosos países, como Francia, Holanda, Alemania, Checoslovaquia o el Reino Unido.
En apenas unos años, la cultura juvenil alcanza cotas de poder y expansión inimaginables apenas una década antes, y empiezan a florecer nuevas formas de expresarse, de consumir, de vestir, de pensar, en definitiva, de ser y estar en el mundo. Lo nuevo contra lo viejo. Ese parece ser el lema. Y mientras tanto, en todo este maremágnum de cambios y transformaciones sociales, una disciplina destaca sobre todas las demás: la música. 
El rocanrol, “la música del diablo”, una criatura con apenas un puñado de años a finales de los sesenta, y cuyos padres putativos son el country, el góspel y el blues, se ha convertido en la música más poderosa, enérgica, rebelde, y vital que uno pueda imaginarse. Y por si todo esto fuera poco, trae aparejada una fuerte carga sexual, insurreccional y de toma de conciencia con respecto al papel que la juventud tiene en la sociedad. Somos jóvenes y somos diferentes, parecen gritar a los cuatro vientos cientos de muchachos y muchachas por todo el planeta. Nunca antes ser joven había sido tan excitante. Chuck Berry, Elvis Presley, Buddy Holly, The Beatles, The Rolling Stones,  The Kinks, Bob Dylan, Janis Joplin, Jimy Hendrix, The Doors y otros muchos solistas y grupos, principalmente estadounidenses y británicos, pero no exclusivamente, extienden su capacidad de atracción por todo el mundo, y miles de jóvenes se convierten, en cuestión de meses, a la nueva religión del rocanrol. John Lennon, uno de los cuatro miembros del grupo de Liverpool The Beatles y protagonista estelar del movimiento contracultural, declara en una entrevista que su grupo es más famoso en el mundo entero que el mismísimo Jesucristo. Y por mucho que enfurezca a las mentes bienpensantes, no anda demasiado errado en su afirmación.
¿Y en España? ¿Cómo transcurren las cosas en “la reserva espiritual de Occidente”? ¿Se puede hablar de algo parecido al movimiento contracultural en una sociedad tan conservadora y retrógrada como lo es la sociedad española en los años sesenta? No podemos obviar que la España de la época es una férrea dictadura fascista, en la que existe la pena de muerte y cualquier atisbo de libertad individual o colectiva es un espejismo. ¿Y tras la muerte del Dictador? ¿Qué ocurrió? A lo largo de este artículo vamos a tratar de dar respuesta a estas y otras preguntas.

Años sesenta. La invasión de los conjuntos
En España, la introducción del rock tuvo lugar a través de las bases aéreas que el ejército norteamericano tenía en Zaragoza, Torrejón de Ardoz (Madrid) y Morón de la Frontera (Sevilla), además de la base naval de Rota (Cádiz). Fue aquí donde aterrizaron los primeros discos de Elvis Presley, Bill Haley o Chuck Berry, y fue aquí donde los jóvenes españoles entraron en contacto por vez primera con los nuevos ritmos y con las nuevas melodías además de con algunas sustancias psicotrópicas. De esta manera, numerosos grupos empiezan a proliferar por todas las ciudades españolas: Los Sirex, Lone Star, Los Salvajes, Los Brincos, Los Bravos, Los Pop Tops, Los Ángeles, Los Pekenikes, Los Canarios (al frente de los cuales estaba un jovencísimo Teddy Bautista, que años después protagonizaría el escándalo en el que se ha visto envuelta la SGAE recientemente), Los Cheyenes, Los Relámpagos, Los Mustang, y un largo etcétera. También existieron algunos solistas, entre los que destacan, sin lugar a dudas, el granadino Miguel Ríos (Mike Ríos en sus comienzos) y el valenciano Bruno Lomas, quien fallecería en un accidente de tráfico en 1990.  Y para no ser menos que en la vecina Francia, también las chicas se apuntaron al carro de la modernidad. Entre estas chicas yeyés, como se las llamaba entonces, destacan Conchita Velasco, (que popularizaría la famosa canción “Chica ye-ye” compuesta por Augusto Algueró), Rocío Dúrcal, Silvana Velasco, Marisol o Gelu. En general, todos estos chicos y chicas eran jóvenes pertenecientes a familias de clase media-alta, bastante aburguesados, que estudiaban en colegios privados y que carecían por completo de compromiso social y de carga ideológica y cuya rebeldía venía marcada, básicamente, por la longitud de su pelo. En lo musical, se limitaron a plagiar con más o menos acierto a los originales foráneos. No podemos olvidar tampoco que la escasísima industria musical de la época estaba en manos de compañías dominadas por gente que supuraba nacional-catolicismo por cada poro de su piel. Toda este período queda magistralmente retratado en la novela Soul man (Lengua de trapo, 2009) de José María Mijangos, un libro imprescindible para entender cómo llegó el rock a España. 

(El artículo "Música y contracultura en España" apareció publicado en el número de abril/2014 de la revista mejicana Generación
                                         

viernes, 20 de junio de 2014

Una pequeña satisfacción



Esta tarde me he llevado una pequeña satisfacción, de esas que hacen que uno se reafirme en sus convicciones y ayudan a que se recarguen las pilas. Había salido a llevar a mi hija a una fiesta de cumpleaños y después me he acercado a Artemis, la tienda de camisetas de mi amiga María, para recoger una camiseta que me había hecho. Cuando he llegado, la tienda estaba aún cerrada y me he sentado en la puerta a esperar a que llegara María y abriera. Mientras esperaba ha pasado un chico con su pareja. A este chico lo conozco de encontrarme con él en algunas presentaciones de libros de las que se hacen en la librería 1616 Books, de aquí de Salobreña. Al pasar junto a mí, la pareja me ha saludado y ha seguido su camino. Pero tres o cuatro segundos más tarde, se han vuelto los dos y el chico me ha dicho que su mujer, que al contrario de lo que ocurre con él, no es lectora compulsiva, se había leído mi último libro, Un mundo lleno de canciones de amor espantosas. Entonces la chica me ha comentado que le había encantado el libro y que le había parecido una obra valiente y necesaria. Y él, antes de continuar su camino, ha añadido, sonriendo, Rafa, no dejes nunca de escribir.

miércoles, 18 de junio de 2014

Algunas ideas para el discurso de Felipe VI



¿Alguna idea?, esa ha sido la pregunta que el principito les ha lanzado esta mañana a los periodistas que cubrían el que va a ser uno de sus últimos actos como príncipe, antes de que mañana sea nombrado rey de España, como si aún viviésemos en el siglo XV, en vez de en el XXI. La anécdota ha tenido lugar en una reunión del patronato del Instituto Elcano, donde Felipe de Borbón había acudido para presidir el acto, arropado por lo más granado del neoliberalismo nacional: Felipe González, José María Aznar y José Luis Rodríguez Zapatero, además de los actuales ministros de Exteriores, José Manuel García Margallo; Defensa, Pedro Morenés; y Educación, Cultura y Deporte, José Ignacio Wert, seis tíos a los que ninguna persona de bien les daría ni los buenos días. Antes de entrar en dicha reunión, un periodista le ha preguntado al príncipe que si ya tenía preparado el discurso de mañana, a lo que este ha aprovechado para soltar la bromita.
Pues vale. Yo sí tengo alguna idea para que las use en su discurso. Y se las cedo absolutamente gratis. Que no se diga.
Por ejemplo, el Príncipe de Asturias podría empezar mañana su histórico discurso hablando de la pobreza infantil que asola nuestro país, que ya alcanza la nada despreciable cifra del 30% de la población infantil. En el mismo párrafo podría añadir algunos datos escalofriantes, como por ejemplo,  que España, el país del que él va a ser rey, es el segundo estado de la UE con la tasa de pobreza infantil más elevada, detrás de Rumanía, que ocupa el primer puesto del ranking. También podría decir, ya puestos, que el 24% de las niñas y niños españoles no comen frutas y verduras todos los días, y no porque no les guste, sino porque sus padres no tienen para comprarla.  
También sería magnífico que mañana en su discurso se acordara de las 500.000 familias que han perdido sus hogares desde 2008 hasta este momento por los diferentes procedimientos de ejecución hipotecaria. Me encantaría que se preguntara en voz alta dónde viven ahora esas personas, dónde duermen, dónde hacen sus hijos los deberes que les ponen en el cole. Me gustaría que se preguntara porqué los poderes públicos no cumplen a rajatabla el Artículo 41 de la Constitución española de 1978, esa que tanto gusta a los neoliberales, y que dice, así: Todos los españoles tienen derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada.
Otro tema que le sugiero para su discurso es el paro. Estaría bien que se acordara de los seis millones de parados, de los cuales algunos ya llevan cuatro o cinco años sin trabajar; me gustaría que se acordara de los que cobran 426 euros y me gustaría que se acordara aún más de los que no cobran ni un puto euro y viven de la solidaridad familiar o directamente de la caridad. Me gustaría que no se olvidara de los que un día y otro día y otro día salen a la calle con la esperanza de encontrar un curro aún a sabiendas de que la cosa es bastante complicada. Me gustaría que hablara de la generación perdida (y no me refiero a la de Hemingway) de jóvenes españoles que se han tenido que ir a Alemania u otros lugares a que los engañen, los exploten y los puteen.
También puede hablar en su discurso de la educación pública, de la sanidad pública, de la televisión pública, de la cultura, de cómo el actual gobierno —y otros gobiernos anteriores— se las han ido cargando poco a poco, deteriorando servicios que nos pertenecen a todos, y que ellos están desguazando como si fuese un coche viejo. Podría hablar de  los recortes en becas, en profesorado, en sueldos, en inversión sanitaria, en i+d, etc., etc.  
Otro tema interesante puede ser el de todas esas mujeres que viven acojonadas, amenazadas, maltratadas, puteadas, sin que los poderes públicos hagan nada por ellas (bueno, miento, sí hacen: cuando ya las han asesinado, guardan un minuto de silencio por sus vidas).
También debería hablar del déficit democrático que padece la sociedad española, de las leyes fascistas que el Partido Popular ha aprobado o está a punto de aprobar, y cuyo único fin es acojonar a la gente, acabar con las protestas, y volver a apretar los grilletes. Llegados a este punto, Felipe VI podría tener un grato recuerdo para Carlos y Carmen, para Miguel e Isma, para Iñigo, para Alberto, y para todas las personas que están detenidas, condenadas y encarceladas por su activismo social. Ese sería un gesto que nunca olvidaríamos.
Por supuesto, y dado que su madre es extranjera, el principito no debería olvidarse en su discurso de las mujeres y hombres que vienen de otros países buscando una vida mejor. No debería olvidarse de las vallas de Melilla y Ceuta, no debería olvidarse de los Centros de Internamiento de Extranjeros (los nuevos campos de concentración) y no debería olvidarse, bajo ningún concepto, de las malditas concertinas.
Yo creo que con esos temas ya tiene para escribir un buen discurso del que seguro se hablaría durante mucho, mucho tiempo. Y por cierto, ¿qué opinaría Rajoy de un discurso que tocara todos estos puntos?

sábado, 14 de junio de 2014

Algunas situaciones en las que nunca veremos a un rey (se llame Juan Carlos o se llame Felipe)



Durante las cuatro décadas que el Borbón ha sido jefe del estado por obra y gracia del general Franco (o como diría mi amigo Juanito, el Ronchas, porque al Dictador le salió de los cojones) al rey lo hemos visto en miles de lugares distintos, visitando países lejanos y dándose garbeos por la península. Lo hemos visto riendo con sus amiguetes los jeques árabes (seguro que cuando está con ellos en privado se cuentan chistes de tías y de homosexuales, del tipo ¿Cuántas piedras hacen falta para lapidar a una mujer adúltera? y otros por el estilo). También hemos tenido ocasión de verlo haciéndole la rosca a diferentes presidentes yanquis y a sus señoras esposas; lo hemos visto en inauguraciones de todo tipo: desde guggeheims a expos, pasando por macro obras, al estilo de los viejos faraones egipcios; lo hemos visto en mundiales de fútbol y en olimpiadas; lo hemos visto en Palma de Mallorca (ah, qué tiempos aquellos en los que las Islas Baleares eran el paraíso soñado por la familia real) navegando en su célebre yate Bribón (¡el menda que eligiera el nombre fue todo un visionario!); lo hemos visto saliendo de hospitales (siempre privados, aunque alguna vez trataron de hacerlos pasar por públicos); lo hemos visto pidiendo perdón con la boca chica, tras matar al pobre elefante de Botsuana; lo hemos visto en actos castrenses, y por verlo, lo hemos visto hasta haciendo de superhéroe salvador de la patria, en la ya lejana noche del 23F.
No obstante, como señalaba el otro día Sabino Cuadras en el Congreso de los Diputados en su turno de palabra durante la votación de la Ley de Abdicación, al rey siempre lo hemos visto, fuera cual fuera la situación, rodeado de ricos, porque el rey de España, no tiene nada que ver con las clases populares. Es más, al rey las clases populares, como dice mi amigo el ínclito Ronchas, se la refanfinflan.  
He estado dándole vueltas al asunto, pensando lugares donde nunca hemos visto y nunca veremos al rey, ni al que se va, ni al que viene, o lo que es lo mismo, ni al que nos impuso el fascismo, ni al que nos impone ahora el neoliberalismo.
Al rey no lo veremos nunca, por ejemplo, en un barrio chabolista, rodeado de niños sucios, sin zapatos, que conviven con ratas y con basura. En estos lugares, normalmente no hay nada que inaugurar. Tampoco lo veremos intentando parar un desahucio, ayudando a una familia en paro, que no puede pagar la hipoteca, lanzando consignas del tipo, Botín, mamón, no seas tan ladrón. Al rey nunca lo veremos, así vivamos mil años, en una oficina de empleo, en una cárcel o en un Centro de Internamiento de Extranjeros. Tampoco lo veremos jamás ocupando una finca cordobesa de la Duquesa de Alba, compartiendo el pan y el vino con los jornaleros que llevan a cabo la ocupación. Jamás lo veremos durmiendo en la calle, comiendo en un comedor social, vendiendo pañuelos de papel en un semáforo, pidiendo comida en el banco de Alimentos, rebuscando comida caducada en un contenedor de basura en la puerta del Mercadona o el Carrefour, manifestándose contra la crisis, contra los recortes, contra las bases americanas en suelo patrio (él, que tanto ama a España) o viajando en una patera, en busca de una vida mejor.
En fin, mucho me temo que no, que la vida no nos dará jamás la satisfacción de ver al rey en ninguna de estas situaciones. Pero no me negaréis que estaría muy bien ¿O no?