Para acceder al artículo, pincha aquí.
Y si lo quieres leer en francés, aquí.
domingo, 30 de diciembre de 2012
viernes, 28 de diciembre de 2012
La lista negra
Yo estoy
en la lista negra. Me lo ha dicho un amigo que la ha visto. O por decirlo de una manera más precisa, me lo
ha dicho el amigo que escrito mi nombre en la lista negra. Este amigo no es el
responsable directo de la lista negra. En absoluto. Él es tan solo el
funcionario encargado de escribir los nombres que le van dictando. De hecho, si
algún superior descubriera, casualmente, que mi amigo me ha hecho partícipe de
esta información, no sólo perdería su empleo ipso-facto, sino que él mismo
pasaría a formar parte de la lista negra, con todas las consecuencias. El
procedimiento, con más o menos variaciones, es como sigue. Suena el teléfono en
un despacho aséptico de paredes blancas y muebles baratos, que es donde trabaja
mi amigo. Este lo descuelga y alguien a quien no conoce, cuyo rostro no ha
visto nunca, una persona con la que no ha cruzado más de cinco o seis palabras
en todos estos años, le dice un nombre y unos apellidos. Sólo eso. Un nombre y
unos apellidos. Con eso es suficiente. No se necesita nada más. No son
necesarias direcciones, ni datos laborales, ni filiaciones políticas o
sindicales. Luego, él escribe el nombre en la lista y ya está. A partir de ese
momento, la persona cuyo nombre figura en la lista pasa a ser poco menos que un
proscrito, un ángel caído en desgracia y expulsado del Paraíso, un producto
caducado arrojado al contenedor, un juguete con el que ningún niño volverá a
jugar.
Me ha
dicho mi amigo que si uno tiene la mala suerte de que su nombre sea inscrito en
la lista negra, su vida no vale una mierda y se convertirá en poco menos que un
infierno. Jamás recibirá ayuda de ningún tipo. Todas las puertas permanecerán
cerradas. A su paso sólo hallará obstáculos imposibles de salvar, puentes derruidos,
simas profundas rebosantes de lava ardiente. Como si sobre él hubiese caído una
maldición digna del Antiguo Testamento.
Desde el
momento en que uno pasa a formar parte de la lista negra, su día a día es algo
terrible. Cualquier problema, por nimio que pueda parecer a priori, será, en la
práctica, imposible de solucionar. La burocracia tejará a torno a él una
telaraña espesa e indestructible, gris y opaca, imposible de atravesar. Un
manto de pesadumbre caerá sobre él. La vida se tornará una carrera de
obstáculos. Detrás de uno, vendrá otro, y a este, seguirá otro más, y así una y
otra vez, una y otra vez, como un círculo sin principio ni final. Me ha dicho
mi amigo que durante los años que lleva desempeñando su trabajo como escribidor
de nombres en la lista negra, ha conocido casos de gente que, al no poder
superar la angustia ocasionada por esta situación, han terminado por sucumbir,
poniendo fin a sus vidas. Bien es cierto que esos casos son extremos, pero no
es menos cierto que la mayoría de la gente cuyos nombres figuran en la lista
negra, no acaban con sus vidas por simple cobardía, porque carecen del valor
necesario para ello. También dice mi amigo que, aunque la situación no es
completamente irreversible, en todos estos años, sólo ha conocido un par de
casos en que sus nombres han sido borrados de la lista negra tras ser inscritos
en ella. Por todo lo cual, es mejor no albergar falsas esperanzas que terminarán
por añadir más infelicidad, más dolor, más desesperación a una situación ya de
por sí, infeliz, dolorosa y desesperada: Estar en la lista.
martes, 25 de diciembre de 2012
Ciclón
El viento
soplaba
con la fuerza
de un ciclón,
me dijo.
Ese día
me quedé
sin corazón.
A veces sopla un viento triste y frío...
A veces sopla un viento triste y frío...
(De Tarareando canciones de Radio Futura)
lunes, 24 de diciembre de 2012
El privilegio del ex
¿Será
verdad que uno nunca deja de ser policía?, se preguntó, aunque conocía la
respuesta: ni policía, ni hijo de puta, ni maricón, ni asesino tienen el
privilegio del ex.
Leonardo Padura
martes, 18 de diciembre de 2012
Poemas contra la desesperanza
El próximo viernes, 21 de diciembre, estaré leyendo una
selección de algunos de los poemas contemporáneos que más me emocionan en la
librería Reciclaje, en la calle san Jerónimo, en Granada. Será a las ocho de la
tarde y me acompañará la maravillosa violinista Eva Calero, que pondrá el
contrapunto musical a los versos. Entre los poemas elegidos, los hay de Antonio
Orihuela, Jorge Riechmann, Isabel Bono, Silvia Delgado, Miguel Ávila Cabezas,
Isabel Pérez Montalbán, Gonzalo Escarpa, Charles Bukowski y alguno mío. Animaros
y pasaros por allí. Seguro que merece la pena.
lunes, 17 de diciembre de 2012
Algunas reflexiones sobre "El llanto, la sangre, el fuego" (Artículo de Miguel Ávila Cabezas)
Para acceder al artículo, pincha aquí.
domingo, 16 de diciembre de 2012
Domingo
Desde el instante
en que te fuiste
todos mis días
se han vuelto
y ya lo dijo Bukowski,
los domingos
matan más hombres
que las bombas.
Y sabrás que la guerra
no ha hecho más que empezar.
(De Tarareando canciones de Radio Futura)
jueves, 13 de diciembre de 2012
Infinito
No hay más leña que la que arde.
No hay más leña que la que arde.
No hay más leña que la que arde,
me dijo.
Y así hasta el infinito
Perdona,
no tiene importancia,
te he clavado mi navaja…
(De Tarareando canciones de Radio Futura)
