El músico ambulante,
agotado, se detiene.
Se limpia el sudor.
Bebe un largo trago
de agua fresca.
Respira profundamente
el olor a salitre
que arrastra la tarde.
Luego, silbando una vieja
canción de Radio Futura,
sigue su camino
entre el terciopelo
de las flores
y las blancas paredes de cal.
A lo lejos, el llanto de un niño
quiebra la quietud de la siesta.
(Poema incluido en mi libro La mirada del jazz, Editorial Alhulia, 2006, dedicado, obviamente, al músico más importante de este país: Santiago Auserón.)
Se ha editado el último concierto de Joaquín Sabina
-
Acaba de lanzarse Hola y adiós, un doble álbum que recoge el concierto
final de la gira con la que Joaquín Sabina se despedía de los grandes
escenarios, ...
Hace 1 día
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