Echo la vista atrás y te veo. Es el último verano de los años ochenta.
Estamos en un concierto de El último de la fila. El grupo está cantando
”Huesos” y tú bailas, rebosante de sensualidad, con la camiseta roja
mojada. Felicidad en estado puro.
martes, 30 de mayo de 2017
jueves, 25 de mayo de 2017
NOSOTROS HABLAREMOS DE TI
A la memoria de Paco Vallejo
Nosotros hablaremos de ti
cuando arda el mundo y las
llamas nos iluminen con su luz
y lloremos de belleza.
Nosotros hablaremos de ti
cuando suenen los blues
hirientes
y el rocanrol salvaje haga añicos
el silencio espeso de la noche.
Nosotros hablaremos de ti
cuando veamos a lo lejos
los días felices
y los lobos aúllen en el
bosque.
Nosotros hablaremos de ti
cuando se afilen las
guitarras eléctricas
y cantemos una canción de
Pepe Risi.
Nosotros hablaremos de ti
cuando los libros de poesía
ya no nos besen con su
lengua cálida.
Nosotros hablaremos de ti
cuando la nostalgia, con su
aspecto de ave carroñera,
nos sobrevuele y nos devore.
Nosotros hablaremos de ti
cuando Lapido escriba otra canción que hable de flores
y alambre
de espino.
Nosotros hablaremos de ti
cuando recordemos los
trenes que nunca cogimos,
cuando veamos partir los
trenes que nunca cogeremos.
Nosotros hablaremos de ti
en las horas más frías del
invierno
en las más calurosas del
verano.
Nosotros hablaremos de ti
cuando una mujer hermosa,
con un vestido rojo
y unas gafas de sol negras,
cruce la calle esparciendo su aroma.
Nosotros hablaremos de ti
las tardes de tormenta
mientras alguien murmura una
plegaria.
Nosotros hablaremos de ti
un sábado por la noche
o un domingo por la mañana.
Nosotros hablaremos de ti
en la oscuridad
mientras esperamos a que
nuestros deseos se hagan realidad.
Nosotros hablaremos de ti
cuando la melancolía saque
sus uñas
y arañe nuestras espaldas.
Nosotros hablaremos de ti
cuando llegue octubre
y la luz del sol empiece a
marchitarse.
Nosotros hablaremos de ti
cuando seamos viejos
y hayamos sido derrotados
por la vida.
Nosotros hablaremos de ti
un día y otro día y otro
día
y otro días más.
Sí.
Nosotros hablaremos de ti
cuando hayas muerto.
MORIR EN PRIMAVERA
Hoy estoy muy triste. Ayer murió Paco Vallejo.
Desde que me vine a vivir a la costa de Granada, Paco se había
convertido en uno de mis mejores amigos. Nos juntábamos de vez en
cuando. Yo tomaba un café con leche y él una manzanilla y hablábamos
durante horas. Siempre de los mismo. Lo que nos había hecho amigos: el
rocanrol.
En nuestras charlas indefectiblemente aparecían los mismos nombres: Radio Futura, Ilegales, Nacha Pop, Parálisis Permanente, Kiko Veneno. Y sobre todo 091 y José Ignacio Lapido. Paco era un fan fatal de los Cero. Qué digo, un fan fatal. Paco era EL FAN FATAL. Coleccionaba material relacionado con ellos. Tenía un montón de cosas: entradas, todos sus discos por triplicado, posters, entrevistas en la prensa, púas de guitarra.
Nos vimos por última vez el domingo 5 de mayo. Subimos Gerardo Carrasco y yo a su casa, a Molvízar, para estar con él un rato. Le regalé un disco de un grupo granadino de los años ochenta, Sesión de Noche. Cuando lo vio, empezó a reír y me dijo que ya lo tenía, pero que se lo quedaba. Estuvimos allí con él un par de horas. Hablando, sobre todo, de música, como si, “en cualquier lugar la muerte” no estuviera esperando, agazapada, con sus ojos de hiena. Antes de irnos, nos regaló a cada uno de nosotros un disco. A Gerardo, “Armarios y camas”, de la Dama se esconde. A mí, “Morir en primavera”, de Loquillo y los Trogloditas. Y me escribió, dentro, estas palabras: ”¡Siempre amigos, Rafa!
Esta madrugada me he despertado pensando en mi amigo, al que ya no volveré a ver nunca más, y con quien ya no podré hablar más de sus adorados 091. Y me ha dado por pensar en el título del disco que me regaló: “Morir en primavera”, y he reparado en que había algo de premonitorio en aquel acto. Paco ha muerto en primavera, aunque esta primavera se haya puesto el disfraz de verano.
Paquito, no te puedes imaginar lo afortunado que me siento de haberte conocido, de haber compartido contigo todas esas horas de buena conversación y toda esa pasión desbordada que ponías en la vida. Que la tierra te sea leve, mi queridísimo amigo.
En nuestras charlas indefectiblemente aparecían los mismos nombres: Radio Futura, Ilegales, Nacha Pop, Parálisis Permanente, Kiko Veneno. Y sobre todo 091 y José Ignacio Lapido. Paco era un fan fatal de los Cero. Qué digo, un fan fatal. Paco era EL FAN FATAL. Coleccionaba material relacionado con ellos. Tenía un montón de cosas: entradas, todos sus discos por triplicado, posters, entrevistas en la prensa, púas de guitarra.
Nos vimos por última vez el domingo 5 de mayo. Subimos Gerardo Carrasco y yo a su casa, a Molvízar, para estar con él un rato. Le regalé un disco de un grupo granadino de los años ochenta, Sesión de Noche. Cuando lo vio, empezó a reír y me dijo que ya lo tenía, pero que se lo quedaba. Estuvimos allí con él un par de horas. Hablando, sobre todo, de música, como si, “en cualquier lugar la muerte” no estuviera esperando, agazapada, con sus ojos de hiena. Antes de irnos, nos regaló a cada uno de nosotros un disco. A Gerardo, “Armarios y camas”, de la Dama se esconde. A mí, “Morir en primavera”, de Loquillo y los Trogloditas. Y me escribió, dentro, estas palabras: ”¡Siempre amigos, Rafa!
Esta madrugada me he despertado pensando en mi amigo, al que ya no volveré a ver nunca más, y con quien ya no podré hablar más de sus adorados 091. Y me ha dado por pensar en el título del disco que me regaló: “Morir en primavera”, y he reparado en que había algo de premonitorio en aquel acto. Paco ha muerto en primavera, aunque esta primavera se haya puesto el disfraz de verano.
Paquito, no te puedes imaginar lo afortunado que me siento de haberte conocido, de haber compartido contigo todas esas horas de buena conversación y toda esa pasión desbordada que ponías en la vida. Que la tierra te sea leve, mi queridísimo amigo.
domingo, 21 de mayo de 2017
viernes, 19 de mayo de 2017
jueves, 18 de mayo de 2017
Dolor y poesía
La vida
está hecha
de dolor
y poesía,
un noventa
y nueve
por ciento
de dolor
y el uno
por ciento
restante,
poesía
está hecha
de dolor
y poesía,
un noventa
y nueve
por ciento
de dolor
y el uno
por ciento
restante,
poesía