domingo, 30 de septiembre de 2012
viernes, 28 de septiembre de 2012
Subjetividad
El otro
día dejé en el blog una reseña sobre el libro Mil violines del escritor Kiko Amat. En ella, hablaba (mal, por
supuesto) de varios grupos, entre ellos Queen, Dire Straits y Supertramp.
Además de los dos comentarios que me han enviado al blog recordándome que no
tengo ni puta idea de música y que en toda mi vida me he leído dos libros y
medio, y con ese bagaje ya me permito opinar, he recibido unos cuantos correos
electrónicos, acordándose de una gran parte de mi árbol genealógico.
Uno de
ellos venía a decir, más o menos, que soy una especie de súper villano,
miserable y sin corazón, un personaje malvado digno de una novela de Dickens,
tipo Mr. Scrooge, de los que van quitando a los niños los huevos kínder en el
parque, o meando en las fuentes públicas. Un tipo odioso que se permite decir
que Queen, en opinión de esta persona, el grupo más grande habido y por haber, es,
en la mía, una gran mierda.
He observado
que la mayoría de la gente se mosquea cuando alguien se atreve a decir que el
artista que tanto les gusta es, sencillamente, una basura. Y tengo que confesar
que no lo entiendo. No entiendo que alguien a quien le guste Queen se moleste
porque yo —o Kiko Amat, o cualquier otro— diga que su grupo favorito es malo de
solemnidad. Para empezar, los gustos musicales, como cualquier otro, son la
esencia de la subjetividad. En segundo lugar, si eres seguidor de Queen ya
deberías estar acostumbrado (y vacunado) ante este tipo de comentarios. Y en
tercer lugar, ¿qué puede importar que yo diga que Queen o Supertramp son una
mierda? Si a ti que lees esto te gustan, pues no se hable más. A escuchar “I want to
break free” o Kind
of magic” hasta
que los polos se descongelen.
Creo que
lo que subyace en el fondo de ese enfado es el efecto metonímico de la
afirmación. A la gente en general le mosquea que los demás cuestionen sus
gustos estéticos, sobre todo los musicales, como si afirmando que el artista de
sus entretelas es una mierda lo estuvieras insultando directamente a él. Pues
no es así. Es tan simple como que cada cual tiene sus gustos, sus preferencias,
sus pasiones. Hay gente a la que le enloquece Leonard Cohen y otros que pierden
el culo por Georgie Dann. Hay gente a los que nos encantan los Kinks y a otros
Supertramp (a Zp le gusta Supertramp, ¡¡¡puajjjjj!!!), a unos nos gusta Miles
Davis y a otros King Africa. Es sólo cuestión de gusto. De buen o mal gusto. Ya
está.
lunes, 24 de septiembre de 2012
Los mil violines de Kiko Amat
Estimado Kiko Amat:
Este fin de semana me he leído tu libro Mil violines (Y otras crónicas sobre pop y
humanos). En realidad no me ha ocupado el fin de semana, porque lo he leído
en un plisplas: menos de un día para trescientas páginas mal contadas. Esto significa,
sí, amigo Kiko, que tu libro me ha gustado mucho. De ahí que, más que leerlo,
lo haya devorado, quedándome el sábado por la noche hasta las tantas,
enfrascado en el librito de marras y madrugando el domingo por la mañana para
ver si me lo acababa a la mayor rapidez. Y todo eso, te lo confieso, a pesar de
lo que dices de uno de mis ídolos de toda la vida, el genial Tom Waits
(¡¡¡compadre, si yo hubiese sido Naranja, te corto los huevos antes que
deshacerme de mi colección de discos de Tom Waits!!!). Pero bueno, qué le vamos
a hacer, como decían en la escena final de Con
faldas y a lo loco, “Nobody is perfect”. Ni siquiera un tío que demuestra a
lo largo de 14 capítulos y varios extras que tiene un buen gusto del copón, y
que sabe de música pop más que el mismísimo John Peel, que ya es decir.
Tengo que admitir sin rubor que muchos de
los nombres que aparecen en tu libro no los conozco. A muchos de esos músicos o
grupos no los he escuchado en mi puta vida, y probablemente no lo haré jamás
(yo también soy de los que mandan a la mierda el canon, aunque sea el tuyo). Y
sin embargo me encanta tu libro. Me encanta tu actitud ante la música que,
básicamente, es la mía. Me encanta tu fanatismo de coleccionista, que se parece
al mío (aunque mi colección es muuuuuuucho más pequeña que la tuya) y me
encanta esa pasión desbordada que transmites y contagias en cada párrafo. Te
confieso que una vez intenté leer una de tus novelas (Cosas que hace bum, Anagrama, 2003) y no tuve cojones de pasar de
la página 35 ó 40. Pero Mil violines
es otra cosa. Mil violines trata
sobre mí, sobre lo que sentía cuando no era más que un chavalín de 15 años y
empezaba a entusiasmarme con el rocanrol. Y habla de mí, algunos años más
tarde, cuando ya tenía asumido que no era como la gente normal que me rodeaba. Y habla de mí, ahora, que ya tengo 42 tacos
y, en lo que a la música se refiere, sigo siendo como un adolescente
descerebrado (esto es lo que piensa mi madre y me lo suelta cada vez que tiene
ocasión). Tío, ¿qué más te puedo decir? Que sí, que llevas razón, que Queen son
una MIERDA, y los Dire Straits y Supertramp y Mike Oldfield. Y que Morrisey es
una nenaza llorona, pero el muy cabrón ha escrito algunas de las mejores
canciones de la historia del pop, y por eso yo también soy fan a la contra y
que Enemigos de lo ajeno, es un disco
para quitarse el sombrero, pero lo que hicieron después El último de la fila no
se lo recomiendo ni a mi peor enemigo, y que a mí también me molaban La Granja y Los Negativos y
Brighton 64, y que tengo que buscar esa canción que dices que es buena de Nana
Mouskuri, porque me cuesta creerlo, pero lo voy a comprobar y si es cierto lo
que dices, quiero disfrutar de ella.
Y ya está. Eso es todo lo que te quería
decir. Y dicho queda.
jueves, 20 de septiembre de 2012
domingo, 16 de septiembre de 2012
viernes, 14 de septiembre de 2012
Perseguir al poema
Perseguir al poema,
como aquel loco capitán
perseguía a la gran ballena
blanca.
Con ahínco, con desmesura.
Siempre tras él.
Siempre tratando de darle caza.
lunes, 10 de septiembre de 2012
domingo, 2 de septiembre de 2012
Clases de escritores
Acuérdate
de que hay muchas clases de escritores —empezó a contar con los dedos que logró
convocar—: los buenos escritores y los malos escritores, los escritores con
dignidad y los escritores sin dignidad, los escritores que escriben y los que
dicen que escriben, los escritores hijos de puta y los que son personas
decentes…
Leonardo Padura