jueves, 28 de julio de 2011

El arte del hambre

En el ensayo “El arte del hambre”, Paul Auster resumía así la novela de Knut Hamsun: “Un hombre joven llega a una ciudad. No tiene nombre, ni casa, ni trabajo. Ha venido a la ciudad a escribir. Escribe o, mejor dicho, no escribe: se muere de hambre.
La ciudad es Cristianía (Oslo) en el año 1890. El joven deambula por las calles, la ciudad es un laberinto de hambre y todos los días son iguales. Escribe artículos para un periódico local sin que nadie los solicite. Le preocupa el alquiler, sus ropas harapientas, la dificultad de encontrar algo que comer. Sufre, está siempre al borde de la locura, siempre a punto de derrumbarse.
Sin embargo, escribe. De vez en cuando, logra vender un artículo y puede permitirse un respiro en su miseria. Pero está demasiado débil para escribir con regularidad y rara vez consigue acabar los textos que comienza. entre sus obras inconclusas se encuentran un ensayo titulado Crímenes del futuro, un tratado filosófico sobre el libre albedrío, una alegoría basada en un incendio en una librería (donde los libros representan mentes), una obra de teatro ambientada en la Edad Media: El signo de la Cruz. Es un proceso inevitable: debe comer para poder escribir pero si no escribe, no come, y si no puede comer, tampoco puede escribir. No puede escribir.
Escribe. No escribe. Deambula por las calles de la ciudad, habla solo en público, asustando a la gente. Cuando por casualidad consigue algo de dinero, lo regala. Lo echan de la pensión. Come y luego vomita. Vive un breve romance con una joven, un romance que no conduce a ninguna parte y que sólo le depara humillación. Pasa hambre, maldice al mundo, pero no muere. Por fin, sin razón aparente, coge un empleo a bordo de un barco y abandona la ciudad.”

martes, 26 de julio de 2011

Autobiografía (II)

Yo

a veces

soy una bomba

de relojería.

lunes, 25 de julio de 2011

La manipulación mediática y el atentado de Oslo

La noche del viernes, mientras veía el Canal 24 Horas de TVE, me enteré de los terribles sucesos que habían tenido lugar unas horas antes en el centro de la ciudad de Oslo y en la pequeña isla de Utoya, donde las chicas y chicos del Partido Laborista noruego, que pasaban unos días en un campamento de verano donde se reúnen todos los años para debatir y convivir pacíficamente, habían sido tiroteados indiscriminadamente. Un coche bomba había hecho añicos el centro financiero y político de la capital noruega. Los daños materiales eran visibles. Cristales destrozados por todas partes, coches incendiados, paredes derruidas, etc. Pero también víctimas de carne y hueso, seres humanos que han perdido la vida por encontrarse en el momento y el lugar equivocados. Las imágenes que se veían por televisión ponían los pelos de punta. Un paisaje más propio de una zona en conflicto que de una de las ciudades más tranquilas y acogedoras del mundo. En cuanto a los acontecimientos acaecidos en la isla, son más terribles aún que los del centro de la ciudad, ya que hay más de ochenta personas muertas, asesinadas a tiros los más y otros ahogados al intentar huir a nado de una muerte segura. Una carnicería sin sentido.
Mientras veía las noticias, sobre las once de la noche, en el Canal 24 Horas de TVE, me di cuenta de hasta donde puede llegar la manipulación mediática. Estaba claro que a esas horas aún no había información fiable sobre la autoría de la matanza y si la había, los servicios informativos de TVE, como quedó claro después, no la tenían. A las once de la noche empezaron a hablar de un comando yihadista vinculado a Al Qaeda como posibles autores del atentado. Según TVE, el Departamento de Estado norteamericano (cómo no) había comunicado que un grupo musulmán había asumido la autoría de la matanza.
Apagué las noticias y una hora más tarde volvía a conectar la televisión para ver si se sabía algo más. Sobre las doce de la noche más o menos, ya no eran los yihadistas musulmanes los autores del atentado. Ahora se hablaba abiertamente de grupos anti-sistema. En la noticia que repetían una y otra vez en el Canal 24 Horas, se insinuaba que detrás de todo esto, se encontraban grupos de ideología anarquista o de extrema izquierda. Estoy seguro de que esto no es casual ni gratuito. Todos sabemos lo que está ocurriendo en Europa, la ola de privatizaciones, de ultraliberalismo económico, político y sociológico, cercano al fascismo, que nos están imponiendo desde todos los gobiernos de la Unión Europea. Y también sabemos que la única oposición real a esas políticas viene desde esos denominados grupos anti-sistema, principalmente anarquistas y de extrema izquierda, a los que no está nada mal, aprovechando determinadas circunstancias, desprestigiar y emponzoñar.
Me fui a la cama y cuando me levanté por la mañana, la situación había dado un giro de ciento ochenta grados. Ya se había asumido que el autor de la matanza era blanco y rubio, cristiano, declarado islamófobo y ultraderechista. Nada que ver con los yihadistas ni con los grupos de resistencia anti-sistema. La realidad, que es terca como una mula, acabó imponiéndose. Pero la TVE, una vez más, había aprovechado los terribles sucesos para manipular a la audiencia. En vez de limitarse a exponer los hechos objetivos, sin hacer cábalas sobre autorías hasta que no se aclarase la situación, culparon a quienes nada tenían que ver con todo aquello. Y lo peor de todo es que esta no ha sido la primera vez que actúan así ni será la última.

sábado, 23 de julio de 2011

Autobiografía (I)

Yo

por dentro

soy ingobernable.

miércoles, 20 de julio de 2011

En la puta calle

Esta mañana, la calle Virgen de Lluc del distrito de Ciudad Lineal de Madrid ha amanecido tomada por los efectivos de los antidisturbios. No es que los servicios de inteligencia hayan descubierto un piso franco de ETA ni que un comando de integristas de AlQaeda se haya establecido en el barrio. No, qué va. No es eso. Los antidisturbios estaban allí porque un gran peligro se acechaba sobre el barrio, sobre la ciudad entera y, ante todo, sobre el sistema capitalista.
Una mujer de 53 años, en paro y con dos hijos, uno de ellos con un grado de minusvalía del 77 por ciento y la otra licenciada en paro, no puede pagar su hipoteca. La entidad bancaria que le hizo el préstamo, la Caja de Ahorros del Mediterráneo (CAM), esa misma caja que ha suspendido el examen de la Unión Europea y que por tanto va a ser auxiliada con dinero público, ha comprado el piso en la subasta y ahora ha puesto toda la carne en el asador para que esta mujer y sus dos hijas vayan a la puta calle. Un negocio redondo. Le hace el préstamo, le quita el piso, y a seguir cobrando.
Ya hubo un primer intento de desahucio el día 6 de julio, pero gracias al apoyo de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca, no se pudo llevar a cabo. Sin embargo, esta mañana, la jueza, María Trinidad Cepa Palanca, ha cambiado de estrategia y ha pedido al Ministerio del Interior, con su flamante nuevo ministro al frente, que se dejen de chorradas y que pongan los medios necesarios para que se ejecute el desahucio, no vaya a ser que cunda el ejemplo y la gente se rebote y aquí no pague ni dios. Así que a las ocho de la mañana el barrio parecía un estado paramilitar debido a la presencia de 12 furgonetas de la Policía y 40 agentes antidisturbios (han leído bien, 12 furgonetas y 40 agentes antidisturbios). El desahucio, por supuesto, ha sido todo un éxito.
María José, que así se llama la mujer, ha salido al balcón de su casa a darles las gracias al grupo de unas 200 personas que se ha concentrado allí para defenderla de la avaricia sin límites de la caja y ha aprovechado para matizar que ella no es morosa sino pobre, algo muy distinto. Y es que los tres miembros de esta familia viven con los 688 euros que recibe el hijo al mes (520 por su discapacidad y 168 por la Ley de Dependencia).
Mientras tanto, en la España de Zapatero y Rubalcaba, los miembros de la clase política, sin distinciones, siguen disfrutando de todos y cada uno de sus privilegios, de sus sueldos galácticos, de sus coches oficiales, de sus mangoneos varios, de sus ropas caras, carísimas y de los restaurantes de lujo, mientras un montón de gente carece de lo básico: comida diaria y un techo digno bajo el que cobijarse. Mientras tanto, en la España de izquierdas del PSOE, los ricos son cada día un poco más ricos, y los pobres, cada día un poco más pobres.

lunes, 18 de julio de 2011

Antonio Orihuela: desterrando la impostura

Mi primer contacto con la obra de Antonio Orihuela (Moguer, Huelva, 1965) fue a través de aquella antología titulada Feroces, que editó DVD cuando el siglo XX agonizaba en su lecho de muerte y de cuya selección se encargó la poeta extremeña Isla Correyero. Por aquella época, yo era aún un poeta inédito que estaba buscando un camino propio. Digo esto porque recuerdo que los poemas de Orihuela incluidos en aquella antología supusieron para mí un shock de los que dejan huella indeleble en el alma. Lo primero que pensé fue que Antonio, sin duda, era un poeta al que había que prestar mucha atención. Y es que en aquel puñado de poemas encontré una mirada única, personal e intransferible. La mirada de un poeta radicalmente comprometido con el ser humano, de una honestidad apabullante, un poeta que se declaraba, sin ambages ni medias tintas, libertario.
Desde aquel primer acercamiento a la obra del poeta onubense, he ido siguiendo su rastro siempre que he tenido ocasión, aquí y allá, en portales de internet, en antologías o a través de sus propios libros, libros como Perros muertos en la carretera, Comiendo tierra, Narración de la llovizna, Aserrando corazones con los ojos, La ciudad de las croquetas congeladas, Tú quién eres tú, Para una poética de las luciérnagas, Durruti en Budilandia o Poemas para el combate, una preciosísima edición de coleccionista editada en Granada por el profesor José Antonio Fortes.
Antonio acaba de publicar un nuevo poemario. Todo el mundo está en otro lugar, que así se titula la obra, ha sido publicada por la editorial tinerfeña Baile del Sol, y recopila la producción poética de Orihuela de los últimos tiempos. Estamos ante una obra extensa (en tamaño, casi trescientas páginas, algo insólito por estos lares para un libro de poemas) e intensa. Y es que Antonio Orihuela es, a día de hoy, y ya es hora de que alguien lo diga en voz alta, el mejor poeta de cuantos pululan por estas tierras ibéricas y, probablemente, uno de los mejores de cuantos escriben en castellano. Y ahí están los versos de este libro para demostrarlo.
En Todo el mundo está en otro lugar Antonio sigue su propio camino, ahondando en esa poesía de la conciencia en la que, junto con otros poetas como David González, Isabel Pérez Montalbán, Enrique Falcón, Eladio Orta o Jorge Riechmann, ha sido englobado. Desde la misma portada del libro (un rebaño de ovejas a las que suponemos viendo la televisión con gafas para ver en tres dimensiones), el poeta de Moguer nos muestra todas sus cartas, sin guardarse nada en la manga. Y es que en estos nuevos poemas, Orihuela continúa el plan que se trazó cuando comenzó a escribir poesía, esto es, plantar cara al capitalismo, en un intento de derribarlo, que él sabe totémico, cuasi imposible, denunciando su juego sucio, sus falacias, sus trucos baratos de feria; o combatir la deshumanización en la que se encuentra sumido el ser humano contemporáneo, desde una postura vital comprometida, aunque no carente de cierto hedonismo, como demuestra en estos versos del poema “El final del cuento”, uno de los más certeros de todo el libro:

Ahora es tiempo de decir que no queremos seguir así,

que queremos trabajar poco, comer bien y follar mucho,

y para esto no necesitamos ni al capitalismo

ni a sus sindicatos

Antonio se mantiene firme en esa guerra feroz, por desigual, que se ha propuesto mantener contra el sistema capitalista y sus secuaces: los políticos, los banqueros, los explotadores de toda condición y pelaje, los maltratadores, los mass media manipuladores y corruptos, los que, en definitiva, están acabando con el planeta Tierra. Y lo hace con su mejores herramientas, el lenguaje y una poesía que toma la forma de largo poema narrativo (“The blank generation”, “Aquí viene la gente de gris”, “Telepizza, el secreto está en la pasta”) o de breve reflexión cercana al haiku (“Porvenir”; “Seguiriya”, “Políticos”). Me gustaría destacar, sobre todo, el lirismo de poemas como “Landó” o “Fervor de ti”, una vertiente esta de la que ya nos fue dejando pistas en otros libros anteriores pero que nunca, como ahora, destacaba de manera tan sobresaliente.
Estoy completamente seguro de que jamás veremos a Antonio Orihuela recogiendo el premio de la Crítica ni el Premio Nacional de Poesía, aunque por méritos literarios ocupe la primera línea de salida. Todos sabemos, o al menos intuimos, cómo funciona el circo. Tampoco creo que le importe mucho. Lo suyo es escribir poesía, de la que araña la piel y se clava por ahí dentro, porque como él mismo dice, lo único importante es que las cosas que escribimos “se extiendan, ayuden a desterrar la impostura y a hacer explotar las máscaras del poder, nos sirvan para perder el miedo y, sobre todo, acompañen a los movimientos sociales en los que estamos para cambiar este mundo injusto. Si valen para eso, misión cumplida.”

sábado, 16 de julio de 2011

Perversión lingüística

Antes

los llamaban

esclavos.


Ahora

los llamamos

inmigrantes.

viernes, 15 de julio de 2011

Cualquier día de estos

ay,

ya veréis

cualquier día de estos.

jueves, 14 de julio de 2011

Mi último poemario en "Palabras Diversas"

El número 30 de la revista literaria digital Palabras Diversas que dirige Luis E. Prieto y que acaba de ser publicado estos días, se hace eco de la aparición de mi nuevo poemario El placer de ver morir a un ángel (Huerga y Fierro Editores, 2011). En el apartado "Noticias culturales" de la revista aparece una breve semblanza de mi libro, junto a otros contenidos como la concesión al músico canadiense Leonard Cohen del Príncipe de Asturias de las Letras 2011, la reciente muerte del escritor y político Jorge Semprún, o una "Carta abierta en defensa de la poesía escrita en Español". Dejo el enlace por si alguien le apetece darse una vuelta por Palabras Diversas. Os la recomiendo.

http://www.palabrasdiversas.com/palabras/noticias.asp

martes, 12 de julio de 2011

Las mentiras de Rubalcaba

Lo de Alfredo Pérez Rubalcaba no tiene nombre. No sé si considera que la gente es tonta o el tonto es, directamente, él por pensar que los electores van a picar en el anzuelo tan burdo que lanzó el pasado sábado en su discurso en el Palacio Municipal de Congresos de Madrid. Después de llevar varios años en el gobierno de la nación, primero como Ministro de Interior y más tarde también como Vicepresidente Segundo, va ahora y dice, en un discurso que sonaba ampuloso, falso y embaucador, que sí, que él es el hombre, que precisamente la persona que este país necesita para salir del embrollo en el que andamos metidos es él, porque nadie como él encarna los valores de la socialdemocracia y de la solidaridad y bla, bla, bla. Y todo eso, como si él, durante estos ocho años de gobiernos socialistas capitaneados por Zapatero y subcapitaneados por él mismo (¿o ha sido al revés?), no hubiese tenido la menor responsabilidad. Vivir para ver.
De todas las lindezas que el sábado soltó en el discursito de marras, a mí, supongo que como a la mayoría de los que lo hemos visto en televisión, la que me sorprendió de una manera especial fue esa de que él tiene la receta para acabar con el paro. Hace falta tener la cara dura para decir algo así. Casi cinco millones de parados y ahora resulta que el Vicepresidente del Gobierno de España tiene la receta para acabar con el paro. Y el tío, día sí y día también, departiendo con Zapatero y no se le ha ocurrido contársela. Digo yo que ya podría haberle echado un cable a su jefe y haberle contado cuáles son las medidas necesarias para crear empleo, si tan claro lo tiene.
No obstante, no fue esta la única ocurrencia que el sábado el ya ex Vicepresidente lanzó en su discurso. De esta manera, nos contó que ya tiene ultimado o casi, un programa electoral, y según dijo, va a ser la leche de izquierdoso, tanto que Ángela Merkel y Nicolas Zarkosy, mucho nos tememos, le van a retirar el saludo. Rubalcaba anunció que si llega a ser Presidente del gobierno establecerá un impuesto sobre el patrimonio, para que paguen más lo que más tienen. La medida me parece magnífica. El único problema es que ese impuesto ya existía y su gobierno lo abolió. También anunció su intención de cambiar la ley electoral, porque, resulta evidente, está pensada para que gobiernen siempre los mismos y distorsiona la pluralidad política del estado español. Lástima que durante todos estos años no se le haya ocurrido cambiarla, a pesar de que esa medida es un clamor popular. También hizo una defensa férrea del sistema público de salud (“no voy a acordar nada que debilite nuestro sistema de salud. Y nada es nada.”, argumentó), ese mismo sistema al que ellos no acuden cuando están enfermos, o de la escuela pública, esa misma en la que jamás pondrán un pie ni sus hijos ni sus nietos, porque entre otras cosas, sus leyes la han convertido en una megabasura.
Rubalcaba habló en su discurso de igualdad de oportunidades, de defender “a los que progresan con esfuerzo y no a los que lo hacen engañando y especulando” (esto me suena de algo), de poner freno a los paraísos fiscales, de la solidaridad con los que lo están pasando mal, de la igualdad entre hombres y mujeres, de apoyar a los que pierden su vivienda porque no pueden hacer frente al pago de la hipoteca, de bancos y cajas, de inversión pública, de recortes, de pensiones y, habló, sobre todo, de la firmeza férrea en las convicciones. De todo eso habló Rubalcaba. Lástima que las palabras no sirven para nada. Porque al fin y al cabo lo que cuenta son los hechos. Y los de Rubalcaba, como los del gobierno al que ha pertenecido durante mucho tiempo, han ido en la dirección contraria.

sábado, 9 de julio de 2011

Descuartizado

Lo arrancó con sus manos tímidas.

Lo colocó sobre la piedra de la cocina.

Cogió, después, el cuchillo más afilado

de cuantos tenía a mano.

Con mano firme empezó a cortar.

Pequeños trozos de carne oscura

materia derrotada en descomposición.

Y allí quedó, sobre la piedra inerte,

descuartizado, hecho pedazos,

pobre corazón.

martes, 5 de julio de 2011

El poder de un poema

Walt Whitman, el gran poeta estadounidense, considerado unánimemente el padre de la poesía moderna, escribió un poema titulado “No te detengas”. En ese poema hay unos versos que dicen así:


No dejes de creer que las palabas

y las poesías

si pueden cambiar el mundo.


Somos muchos los que seguimos pensando que estos versos del gran bardo norteamericano siguen siendo absolutamente válidos y que, efectivamente, las palabras y los poemas pueden cambiar el mundo. De hecho, el poder de la poesía es incuestionable. A lo largo de la Historia, han sido numerosos los poetas que, usando la fuerza del poema, han plantado cara a la tiranía, a las situaciones más injustas, pagando cara su osadía, muchas veces, con estancias más o menos prolongadas en cárceles, en campos de concentración e incluso con sus propias vidas.
La lista de poetas asesinados en tiempos de guerra, bajo dictaduras o en períodos históricos convulsos, es tan extensa que daría para varios artículos. Por nombrar sólo a unos pocos, quizás el más famoso de todos ellos sea, sin duda, Federico García Lorca, fusilado por los fascistas españoles en los albores de la Guerra Civil española. También el alicantino Miguel Hernández, muerto en la prisión de Alicante, en la posguerra, cuando se le había conmutado la pena de muerte por una condena a cadena perpetúa.

En la antigua Unión Soviética, bajo el mandato de Stalin, fueron numerosísimos los poetas represaliados. Quizás el más importante de todos ellos sea Osip Mandelstam, quien se atrevió a escribir un poema denunciando las atrocidades cometidas por el mismísimo Stalin. Esta osadía le costó varios años de destierro siberiano, y al final, como no podía ser de otra manera, la muerte en diciembre de 1938 cuando se encontraba preso en Vladivostock. También fueron represaliados otros poetas como Boris Pasternak, Marina Tsvietáieva o Anna Ajmatova.

En la Alemania nazi, los poetas judíos y los opositores al régimen de terror impuesto por Adolf Hitler, fueron brutalmente perseguidos, torturados y, las más de las veces, aniquilados en campos de exterminio. Algunos de los más importantes, fueron los poetas polacos Stanisław Grzesiuk, Stanisław Staszewski o Itzhak Katzenelson, entre otros.

Cuento todo esto a propósito del correo electrónico que recibí el otro día. Me lo enviaba Amnistía Internacional y en el mismo se hacían eco de lo que le está ocurriendo a la poeta de Bahrein, Ayat al-Qarmezi. Ayat tiene 20 añitos y su delito ha sido leer públicamente un poema en la plaza de la Perla de Manama, capital del Estado, en la que se pedían reformas al rey Hamad bin Isa al Khalifa, jefe de Estado de Bahrein. Parece ser que los versos que han ofendido a las autoridades han sido estos:


"Somos la gente que va a matar la humillación y a asesinar la miseria

¿No oye sus llantos? ¿No oye sus gritos?"


Según Malcolm Smart, director del Programa para Oriente medio y el Norte de África de AI, “Ayat al Qarmezi va a ser llevada a juicio por el simple hecho de expresar su opinión abiertamente y de forma pacífica. Su caso representa un ataque vergonzoso y funesto a la libertad de expresión. Deben retirarse los cargos presentados contra ella y debe quedar en libertad de inmediato”.
La poeta se enfrenta a una larga condena por el simple hecho de manifestar su opinión, sin haber cometido delito alguno. Y es que hoy, al igual que en la España fascista, en la Rusia estalinista o en la Alemania Nazi, los tiranos siguen teniendo mucho miedo al poder de las palabras. Y al de los poemas. Hay cosas que nunca cambian.

domingo, 3 de julio de 2011

Camarón

El día 2 de julio de 1992, moría, tras unos meses de enfermedad, a los cuarenta y dos años de edad, la figura más carismática del flamenco contemporáneo, José Monge Cruz, Camarón de la Isla. Unos meses antes, la prensa española se hacía eco de la noticia: el cantaor gaditano padecía una grave neumonía que, a la postre, acabaría con su vida.
Recuerdo que aquel caluroso y ya lejano día de julio, escuché la noticia en Radio3 y, no por esperada, fue menos traumática. Yo había llegado a la música de Camarón, como mucha otra gente de mi generación, a través del grupo sevillano Pata Negra (el grupo de flamenco-blues de los hermanos Raimundo y Rafael Amador) y de Kiko Veneno, autor de algunos de los temas más populares de Camarón, por ejemplo, al archiconocido "Volando voy".
Qué duda cabe de que Camarón fue la figura totémica del mundo del flamenco, influencia confesa de todos los flamencos que han llegado después. Ahí está su discografía para confirmarlo, tanto sus primeros trabajos acompañado por la guitarra siempre magistral de otro gaditano universal, Paco de Lucía, siguiendo la senda de la ortodoxia flamenca, mamada desde la más tierna infancia en la fragua paterna y en la Venta de Vargas, como sus trabajos revolucionarios producidos por otro visionario del arte flamenco, el gran Ricardo Pachón.
En mi modesta opinión, los dos grandes discos de Camarón pertenecen al mismo período histórico, y son, como no podía ser de otra manera, cara y cruz de la misma moneda. En 1978, Camarón se pone a las órdenes de Pachón, y con la ayuda de un puñado de músicos carentes por completo de prejuicios, paren La leyenda del tiempo. Aunque en su contexto histórico, el disco fue un absoluto fracaso comercial, todos los que de una u otra manera participaron en él, han contado siempre que han tenido ocasión, que sabían que estaban haciendo Arte con letras mayúsculas y que aquel disco trascendería aquel momento histórico. Entre los surcos de ese disco, se encuentran todos los ingredientes del flamenco del siglo XXI: desde la fusión natural de músicas diversas, sobre todo jazz y flamenco, a esa pasión por la poesía, en especial la lorquiana. Todo está en este disco sublime: lo antiguo y lo moderno, lo popular y lo culto, lo figurativo y lo impresionista. Absolutamente todo. Para mí, otro de los grandes discos de Camarón también data de esta misma época, aunque fue publicado algunos años más tarde. Se trata de Flamenco vivo, una muestra grabada durante el verano de aquel lejano 1978, por distintos escenarios de la geografía andaluza. Es un disco breve en minutos pero rico en matices y en pasión. Acompañado únicamente por la guitarra de un jovencísimo Tomatito, me atrevería a decir que muy pocos discos de flamenco pueden competir en grandeza con este. En el verano del 78, no había otra voz que se pudiese comparar a la de Camarón, y probablemente ningún otro cantaor gozaba de la sabiduría ancestral y de los recursos técnicos para cantar como lo hacía José Monge. Y ahí quedan las bulerías, las alegrías, los fandangos y los tangos de Flamenco vivo para hacernos una idea de cómo cantaba el maestro por aquellos días. Salvaje, anárquico, impredecible, excepcional. Camarón.