lunes, 31 de mayo de 2010

Sangre

Anoche soñé que llovía sangre, una gran tormenta de sangre, sangre a borbotones, mares de sangre. Grandes goterones cubrían el paisaje con un extenso manto de color rojo. Todo se teñía de ese color: los coches, los árboles y las flores, los tejados, los aparcamientos, las pistas polideportivas, las autovías, las estaciones del tren, los perros callejeros y los vendedores de periódicos. Todo rojo. Era un espectáculo de una belleza inusitada, extraña, violenta, psicodélica. Las gotas que caían del cielo tenían una temperatura difícil de explicar: se antojaban cálidas, pero estaban frías como el hielo. También su textura resultaba extraordinaria: al tocar aquella lluvia con los dedos, uno no era capaz de relacionarla con nada conocido anteriormente por el ser humano. Al despertar, me asomé a la ventana a respirar un poco de aire fresco y vi que el cielo se estaba transformando en una gran sábana de terciopelo rojo.

viernes, 28 de mayo de 2010

Ummmmm

Ummmmm, -exclamó el niño, con cara de sorpresa, al entrar en aquella estancia. -¡Aquí huele a poesía! ¡A poesía fresca!

jueves, 27 de mayo de 2010

Por favor

Que alguien se lleve de aquí

toda

esta

mierda,

por

favor

miércoles, 26 de mayo de 2010

Entró en mí...

Entró en mí como un veneno,
navegando por mis venas,
atacando mis células sanas,
controlando mis actos reflejos,
adueñándose, a su antojo, de mi cuerpo.

lunes, 24 de mayo de 2010

Tijeretazo, 1; Impuestazo, 0

Estaba cantado. Después del cruce de declaraciones entre distintos ministros y vicepresidentas del consejo de ministros sobre la subida de impuestos a "los ricos", la gente pensaba que sí, que esta vez sí, que los socialistas no se han vuelto locos y no se han cambiado de chaqueta, que el presidente del gobierno tenía el valor suficiente para subir los impuestos a las clases más pudientes del país. Pero, hete aquí, que no, que el presi, como le gusta llamarlo a la vicepresidenta María Teresa Fernández, dice que este no es el momento. Y entonces, ¿se puede saber cuándo es el momento? ¿No es este, según Zapatero, un momento histórico, en el que todo el país tiene que hacer un esfuerzo considerable para sacar nuestra economía de la crisis (crisis, por cierto, que provocaron los que ganaron mucha pasta especulando en los mercados financieros y con el ladrillo)? Pues así están las cosas. Este no es el momento. Claro. Faltaría más. Este es el momento de congelar las pensiones a los pensionistas, de recortar el sueldo de la gente que trabaja en el sector público, de recortar la ayuda al desarrollo (qué poco se está hablando de esto, pero qué importante es esta medida) y de desmantelar el poquito estado de bienestar que tanto ha costado edificar en la sociedad española. Así que, si hay algún rico leyendo esto, que no se asuste, que Zapatero no lo va a obligar a pagar más por su yate, por su mercedes, por el abrigo de visón que tiene pensado regalarle a su chica, ni por las vacaciones que se va a meter dentro de unas semanas de safari en Tanzania. Ricos de España, no os asustéis, los miembros del consejo de ministros velan por vuestro dinero. Y a los demás, que nos den por culo.

jueves, 20 de mayo de 2010

Cosas que pasan

Aviso a navegantes: lo que voy a contar es completamente real. Me lo contó el otro día una compañera de profesión que trabaja en un colegio de un pequeño pueblo de la costa granadina, en el que hace tan solo dos o tres años no había desempleo y la gente nadaba en la abundancia. Como digo, mi amiga es maestra en este cole y además, su hija pequeña, es alumna del colegio. En el cole hay una niña a la que llamaremos T, de seis años, de origen ecuatoriano, aunque T ha vivido la mayor parte del tiempo en este país. Conviene aclarar que en este cole no hay comedor. Es raro, pero es así. El otro día los niños del colegio vieron a T recoger un trozo de bocadillo que alguien había tirado a la basura y comérselo. Los niños se lo comentaron a mi amiga, que vigilaba el recreo. Mi amiga se acercó hasta T y le preguntó si era verdad aquello que contaban los niños. T agachó la mirada y dijo que sí con la cabeza. Es que mi mamá hoy no me ha echado merienda, contestó. Aquella misma tarde mi amiga tuvo oportunidad de hablar con la mamá de T, una chica amable y simpática, muy trabajadora, pero a la que las cosas, últimamente, no le van nada, pero que nada bien. Según mi amiga, la mamá de T fue muy clara: no trabajo desde hace seis o siete meses, no tengo dinero ni para comer, no tengo ayuda de nadie, ¿qué puedo hacer? Desde aquel día, mi amiga. cada mañana, cuando prepara el bocadillo para su hija, hace otro para T, del mismo tamaño y de las mismas características que el de su hija. Creo que mi amiga está haciendo lo correcto. Por supuesto, yo mismo lo haría, pero todo esto me hace preguntarme algunas cosas: ¿qué pasará cuando, además de T, haya otros niños en la misma situación? ¿Sabe Francisco Álvarez de la Chica, Consejero de Educación de la Junta de Andalucía, que en muchos coles de nuestra tierra se dan siutaciones iguales o peores, si ello es posible, que la de esta niñita? ¿Lo sabe José Antono Griñán? ¿Lo sabe Zapatero? ¿Lo sabe Leire Pajín? ¿Qué coño está pasando en este país? ¿Cómo podemos permitir que ocurran cosas como esta? Creo que no es nada justo que haya gente viviendo estas situaciones tan dramáticas en su lucha diaria por la vida y que, por ejemplo, en la televisión pongan un programa que se llama Mujeres ricas. O que cada día nos estemos enterando de los sueldos multimillonairos y de las pensiones estratosféricas de unos pocos afortunados y que niñitas como T tengan que coger de la basura lo que otros han tirado para poder comer. A mí que no me vengan con monsergas macroeconómicas ni hostias. Lo único que tengo claro es que hay gente que tiene mucha pasta y gente que no pude ni comer todos los días. Y creo que ya va siendo hora de que eso cambie.

miércoles, 19 de mayo de 2010

Edgar Neville y la otra Generación del 27

Que Edgar Neville (Madrid, 28 de diciembre de 1999/Madrid, 23 de abril de 1967) fue uno de los pioneros de la industria cinematográfica española es algo que está fuera de toda duda, cuando nos referimos a su faceta como director de cine. Lo que quizá no esté tan claro para muchos cinéfilos, es que también fue pionero al establecer una fecunda y próspera relación entre dos mundos tan, a priori, distantes como son el del cine y el de la literatura, y que esta relación fue llevada hasta extremos que hoy nos resultan sorprendentes.
Desde su juventud, Edgar Neville mostró un gran interés por el arte, en general, y por la literatura, en particular. El origen de este interés lo podemos hallar en el hecho de que en el primer tercio del siglo XX, se asentaron en Madrid numerosos escritores, pintores y pensadores, y se creó un caldo de cultivo intelectual al cual era muy difícil escapar.
Siendo prácticamente un adolescente, Neville escribe una obra teatral titulada La vía láctea, que pasó por los escenarios madrileños con más pena que gloria. A partir de ese momento, nunca dejaría de escribir: novelas, crónicas de guerra, relatos cortos, poesía y, sobre todo, obras de teatro. A lo largo de su vida colaboró en revistas humorísticas como La codorniz o Buen Humor; diarios como El Sol, La Época o ABC, e incluso la mismísima Revista de Occidente, de Ortega y Gasset.
El escritor granadino José López Rubio, en su discurso de ingreso en la RAE en 1983, acuñó el término “La otra Generación del 27” para referirse a un grupo de escritores contemporáneos de los miembros de la Generación del 27 (los Alberti, Lorca, Altolaguirre, Guillén, Cernuda, Prados, etc), entre los que se contaban Miguel Mihura, Antonio de Lara, Jardiel Poncela, el propio López Rubio y, cómo no, Edgar Neville. Como característica principal del grupo, López Rubio destacaba la utilización del humor, colindante con las vanguardias, que tantos discípulos ha dado posteriormente, no sólo en el cine sino también en la literatura de nuestro país. Pensamos, por ejemplo, en Luis García Berlanga, Rafael Azcona, Pedro Almodóvar, Álex de la Iglesia, por referirnos sólo al ámbito cinematográfico. Como ejemplo de ese humor, José María Torrijos hace referencia a un relato de Neville aparecido en la revista Gutiérrez, “sobre la vaca María Emilia, que se enamora de un inspector de Hacienda.”
La obra literaria de Neville está integrada por novelas, como Don Clorato de Potasa (1929) o La Familia Mínguez (1946); relatos cortos y artículos de prensa, recopilados en volúmenes como Eva y Adán (1926),
Música de fondo (1936), Frente de Madrid (1946), Torito Bravo (1955) y Producciones García S.A. (1956). En toda su prosa se puede rastrear con facilidad la influencia de las Greguerías de Ramón Gómez de la Serna, a quien Neville consideraba su maestro, tanto desde el punto de vista intelectual, como del vital. Así mismo, es fácil encontrar influencias del surrealismo.
Neville también cultivó el género poético, creando una poesía en la que se oyen ecos de un modernismo tardío, en la línea de Manuel Machado y Campoamor. Sus poemas son, principalmente, poemas amorosos, retratos de personajes famosos de su época, tales como Lorca, Ortega, Belmonte, la Argentinita, etc. No obstante, el género literario en el que Edgar Neville destaca poderosamente es el teatro. Desde su primer estreno en un teatro comercial en el año 1934, titulado Margarita y los hombres, Neville nunca dejaría de escribir y estrenar, sobre todo en la década de los cincuenta y sesenta. Obras como La niña de la calle del Arenal (1953), Adelita (1955) o La extraña noche de bodas (1963) pasaron, con mayor o menor fortuna, por los escenarios madrileños y por los de otras ciudades españolas.
Sin embargo, las dos obras teatrales que representan el clímax en la carrera de Neville son El baile (1952) y La vida en un hilo (1959). Estas dos obras de teatro también conocieron versiones cinematográficas. Bastante curioso es el caso de La vida en un hilo, que nació como guión para el cine en 1945, siendo un fracaso comercial estrepitoso y, sin embargo, cuando su autor decidió transformarla en obra teatral, consiguió el éxito que se le había negado a la película en el momento de su estreno, haciendo justicia a una historia hermosa y divertida y, posiblemente, la mejor salida de la pluma de su autor. Sin duda, eran otros tiempos.
La vida en un hilo trata de lo que pudo haber sido y no fue, de la influencia que tiene el azar en nuestras vidas, de cómo éstas pueden variar simplemente por elegir a un compañero de taxi o a otro en un momento determinado, y de cómo un acontecimiento tan nimio puede llegar a determinar la felicidad futura.
También fue Neville pionero en tomar prestados textos ajenos para realizar sus películas. Curiosamente, todas las adaptaciones que llevó a cabo como director de cine fueron de obras literarias contemporáneas, dejando a un lado los clásicos, que se ajustaban menos a sus gustos. Entre las más importantes destacan El malvado Carabel, de Wenceslao Fernández Flores; La señorita de Trevélez, de Carlos Arniches (esta obra conocería años más tarde una segunda adaptación realizada por Juan Antonio Barden con el título de Calle Mayor); Santa Rogelia, de Palacios Valdés; La torre de los siete jorobados, de Emilio Carrerre o Nada, de Carmen Laforet, famosa novela que se alzó con el primer Premio Nadal de Literatura, en la que se narran las peripecias de una estudiante recién llegada a la Barcelona de posguerra dentro de una familia nada convencional, y cuya adaptación corrió a cargo de Conchita Montes, el gran amor de Neville durante toda su vida.
Así pues, Edgar Neville compaginó a lo largo de su carrera artística su gran pasión por el cine y por la literatura, sin dejar de lado ninguna de las dos. No me gustaría acabar sin citar unas palabras del director de cine Pedro Almodóvar que, en mi opinión, valoran en su justa medida la obra no sólo de Neville, sino de los demás componentes de “la otra Generación del 27”: “Y no debo olvidarme de una generación que me deslumbran cómo escriben, cómo viven, cómo hacen cine y cómo se divierten, que es una generación extravagante que no se vuelve a dar en España: la de los Neville, Poncela, Mihura, Tono... Me parece una generación inaudita para la España de su tiempo.”

lunes, 17 de mayo de 2010

El Rey y la sanidad pública

Como ya sabrá (casi) todo el mundo en este país, a Juan Carlos I de Borbón y Borbón, alias el Rey, el Monarca, el Soberano, Su Majestad, etc., le acaban de extirpar un nódulo benigno del pulmón derecho. La operación se llevó a cabo en el Hospital Clínic de Barcelona. El pasado sábado, en el programa de TVE Informe Semanal pusieron un reportaje sobre la operación, en el que entre otras personas, habló Laureano Molins, Jefe de cirugía torácica del Clínic, o sea, el cirujano que intervino al Rey. También se pudieron escuchar declaraciones de la Reina, del Principito, y de otras personalidades de la cosa pública. Hacia el final del reportaje aparecieron unas imágenes del momento en el que al Rey le dieron el alta. En la pantalla se vio un plano americano del hombre saludando al personal sanitario, bromeando con ellos —tan campechano, tan buena gente él, siempre con una palabra amable en los labios, — y debía estar diciendo algo muy gracioso porque todos se partían de risa. Se ve por las imágenes que emitieron en la televisión que antes de salir del hospital el Rey hizo unas declaraciones públicas. Muy emocionado, dio las gracias varias veces a todo el mundo: médicos, enfermeras, gente de la limpieza, periodistas, etc., etc. Y aquí viene lo sorprendente: El Rey hizo una alocución alabando la sanidad pública española. Tengo que confesar que me sorprendió muy gratamente que el Rey se hubiese sometido a una operación en un hospital público, sabiendo como sabemos, que tanto él como los demás miembros de su familia siempre han mostrado una gran querencia hacia la sanidad privada (y no sólo por la sanidad, también, cómo no, por la educación privada). Por poner un ejemplo ilustrativo, todos sus nietos han nacido en hospitales privados y todos estudian en colegios elitistas. Pero según la información que daba el Informe Semanal, no cabía ninguna duda: Hospital Clinic de Barcelona. Sanidad pública. Financiado con la pasta de todos. En fin, parece que algunas cosas están cambiando, pensé.

Sin embargo, como uno es desconfiado por naturaleza, y sobre todo en asuntos relacionados con el Jefe del Estado y con su familia, me pongo a rascar un poco en la superficie de la noticia y me entero de que nones, que el Rey no ha sido intervenido en un hospital público, sino en uno privado. ¿Y cómo se come esto?, os estaréis preguntando en este momento. Pues muy sencillo. Resulta que el Hospital Clínic de Barcelona dispone de lo que se podría denominar una zona VIP, situada en su séptima planta. Un área privada, de pago, dentro del hospital público, en la que trabajan los mismos profesionales y en la que se utilizan los mismos equipos. La diferencia es que los que entran en esa zona tienen que pagar, y no poco, por cierto. A cambio disponen de diecisiete habitaciones individuales, equipadas lujosamente, con camas para los acompañantes, conexión a internet, cuartos de baño hechos con materiales antideslizantes, sofás y un montón de detallitos más que hacen que estar allí sea algo poco menos que encantador. Y por supuesto, un personal sanitario que rebosa simpatía y amabilidad por los cuatro costados. Coño, para que se hagan una idea, ¡hasta la comida es buena!

Y ahora yo me pregunto: ¿a qué viene decir que el Rey ha estado en un hospital público? ¿A qué viene esa alabanza hacia la sanidad pública, cuando en realidad, a esta gente, la sanidad pública le importa un rábano? Está claro que detrás de esas declaraciones de Juan Carlos de Borbón se esconde una estrategia bien orquestada. Se trata de mostrar una imagen de la corona como una institución cercana al pueblo, con sus mismos problemas y con sus mismas soluciones para esos problemas. Que usted enferma y tiene que ser operado en la sanidad pública, no se preocupe, si hasta el Rey de España ha sido operado en esa sanidad pública tan denostada y criticada. Y si la sanidad pública es buena para esta gente, imagínate para nosotros, pobres plebeyos. Por supuesto que este hombre tiene todo el derecho del mundo a acudir a lo privado para que le resuelvan sus problemas, pero claro, jode un poco que el dinero para costear esos servicios privados proceda de las arcas públicas. Y mucho más en estos tiempos de tijeretazos en el sector público y en lo social. Y sobre todo, lo que jode, lo que molesta sobremanera, lo que no tiene nombre, es que nos traten como a tontos y nos cuenten milongas. Por favor, que alguno de esos mil quinientos asesores de dios sabrá qué que pululan por Madrid le cuente al Rey que se ha operado en un hospital privado, exclusivo, VIP, para ricos, en el que la gente normal y corriente como tú y como yo, jamás en nuestra puta vida vamos a entrar. Y ya puestos que alguien le explique la diferencia entre público y privado. Más que nada para evitar confusiones. Gracias.

viernes, 14 de mayo de 2010

Carta abierta a Leire Pajín

Estimada Leire Pajín:
No sé muy bien cuál es la razón, pero últimamente siempre acaba usted apareciendo en mis conversaciones. Se habla de usted, por ejemplo, cuando en el descanso del trabajo tomamos un café y comentamos las medidas anticrisis que ha puesto en marcha el gobierno de Zapatero. Se habla de usted cuando el tema es la juventud de los políticos profesionales. Se habla de usted cuando se trata el tema de los salarios millonarios. Pero sobre todo se habla de usted cuando cualquiera quiere poner un buen ejemplo de lo que es vivir (de puta madre) sin dar un palo al agua. Como puede ver, a los españoles nos gusta hablar de usted. El único problema de todo esto es que lo que se suele decir de usted no es, precisamente, agradable. No sé cuánto de real existe en lo que se comenta a propósito de su sueldo (aunque más preciso sería hablar de “sus sueldos”, a tenor de lo que se dice por ahí) o si todo es una leyenda urbana, una especie de mito propagado por los del PP (hay que ver lo envidiosos que son estos tíos y la mala leche que se gastan) y por los curas, para desprestigiar a una política progresista (yo sé que a usted le gusta usar esta palabra para referirse a sí misma, por eso la uso, sin ánimo de ofender) con tan buena estrella como es usted (tan apañá, que dicen en mi tierra). Y es que se oyen unas cosas que ponen los pelos de punta. Se oye, por ejemplo, que usted, por ser senadora por la Comunidad Valenciana cobra 5.500 euros al mes. También se oye por ahí que usted, por ser Secretaria de Organización del Partido Socialista (un inciso: ¿este era el de Pablo Iglesias, verdad?) cobra 6.500 euros mensuales y que además, a todo esto, hay que añadir los 103.000 euros anuales que recibe como compensación de cuando fue Secretaria de Estado de Cooperación Internacional (un cargo que le venía como anillo al dedo, oiga usted). Además me ha dicho un pajarito que usted cobra 1823 euros mensuales en concepto de dietas y manutención, a pesar de que usted come prácticamente de gorra día sí y día también, teniendo en cuenta la gran cantidad de saraos, presentaciones de “cosas” diversas, mítines, reuniones, etc., etc., a los que usted, por motivos obvios (inherentes al cargo), asiste todos los días. Vamos, que usted sale mes sí y mes también a unos 20.000 euros. Resumiendo: si hemos de hacer caso a lo que se dice por ahí, en mi opinión, usted gana mucho dinero al mes. Tanto que no tendrá tiempo ni para gastarlo. Y todo eso con apenas 35 años. En cambio, mi padre, que tiene 78 y que ha trabajado toda su vida en el campo en condiciones durísimas, no llega a una pensión de 600 euros y el gobierno de su amigo Zapatero se la va a congelar (y para más inri mi padre es de los que confió en su amigo Zapatero y puso su pequeño grano de arena para que su amigo de usted fuese Presidente del Gobierno de España). Por otra parte, yo, que acabo de cumplir 40, que he estudiado la mayor parte de mi vida duramente para labrarme un futuro, con becas del Estado (evidentemente, por motivos obvios), trabajando los fines de semana y durante los períodos vacacionales, que acabé una carrera y conseguí aprobar una oposición estudiando duramente, que trabajo en un colegio situado en un barrio marginal (al que por cierto, el gobierno de su amigo José Antonio —llamadme Pepe, por favor— Griñán, no ayuda en absoluto) con todo lo que ello implica, gano 1780 euros al mes y el gobierno de su amigo Zapatero (a quien no voté, por cierto, porque yo estoy a la izquierda de usted y de su amigo Zapatero) me lo va a bajar un 5%. Así que qué puedo decir. Pues que usted y sus sueldos me dan una envidia tremenda (como buen español que soy, aunque no sea nada patriótico, sí que soy bastante envidioso) y, al mismo tiempo, me tocan los cojones. También puedo decir que usted de socialista tiene lo mismo que yo de científico astrofísico y que, en mi opinión, a usted habría que quitarle todos esos sueldos y dejarle una cantidad de, pongamos por caso, dos mil euros, que no está nada mal (aún así, usted seguiría ganando más que la mayoría de la gente de este país). También le puedo decir que usted y los que son como usted me producen, a partes iguales, asco y rabia. Y también le puedo decir que usted y los que son como usted tienen un morro del copón. Y que yo y los que son como yo, somos unos capullos integrales, básicamente por consentir que existan personas como usted y los que son como usted. En fin, usted ya me entiende. A propósito, los que me rodean dicen que me estoy volviendo una persona muy radical. Y a veces hasta yo mismo lo creo.
Salud

jueves, 13 de mayo de 2010

Y al final...

Y al final, la crisis la pagaron los de siempre.
Zapatero, vete a tomar por culo.

jueves, 6 de mayo de 2010

El agravoqui

Me gusta soñar con cosas que no existen. Desde que tengo uso de razón ha sido así. Nunca me han gustado los sueños como reflejo de lo cotidiano. Para que se me entienda con claridad: no me gusta soñar con vacas. O con árboles frutales. O con estadios de fútbol llenos hasta la bandera de forofos vociferantes. Eso siempre me ha parecido algo muy vulgar y a mi sólo me atrae lo extraordinario, lo que rompe la norma, lo que se sale de lo común, lo que va y viene por senderos extraños, lo que se bifurca y después se vuelve a bifurcar y luego otra vez y así hasta el infinito. Últimamente tengo un sueño recurrente. En él aparece un gigantesco agravoqui, ya sabéis, ese pájaro cuyas plumas son mitad fuego, mitad nieve, que come solamente pétalos de tulipán —sus favoritos son los de color negro— y bebe agua de tormenta recién caída del cielo. En mi sueño, el agravoqui me mira a los ojos y con una voz gutural que recuerda a un viejo cantante de música country, me dice: creo que contigo no tengo futuro.

miércoles, 5 de mayo de 2010

Poética (kafkiana)

Escribir

para no

amanecer

convertido

en insecto.

lunes, 3 de mayo de 2010

Martirio, personal e intransferible

A mediados de la década de los ochenta, había un programa musical (que tiempos aquellos en que había programas musicales en la televisión) en TVE (por aquella época la única) que se llamaba Planta Baja y que, si la memoria no me falla, presentaba un tipo llamado Enrique Simón. Allí la vi por primera vez. Se hacía llamar Martirio y se había propuesto, con la ayuda de Kiko Veneno, revitalizar un género que, por entonces, no vivía sus mejores momentos. Me refiero, por supuesto, a la copla. Con su imagen postmoderna, parapetada tras unas enigmáticas gafas de sol y un sinfín de peinetas a cada cual más marciana, Martirio cantaba las letras, a medio camino entre el surrealismo y el costumbrismo, de un Kiko que andaba buscando su camino propio, después de la maravillosa etapa venenosa, junto a los hermanos Amador.
Viene esta introducción a cuento porque, en estos días, Martirio o Maribel Quiñones, tanto monta, celebra nada más y nada menos que su vigésimo quinto aniversario por los escenarios de medio mundo. Y lo hace a lo grande. Primero con un magnífico disco, grabado en directo, en la sala Luz de Gas de Barcelona y titulado, como no podía ser de otra manera 25 años en directo y además, pregonando ese mismo espectáculo por los cuatro puntos cardinales.
El viernes pasado, última noche de abril, tuvimos ocasión de verla sobre el escenario del Teatro Calderón de Motril. Para un aforo de unas ciento cincuenta personas, Martirio fue desgranando un puñado de canciones que, por derecho propio, forman parte del imaginario colectivo de este país. Acompañada por una instrumentación minimalista, (Jesús Lavilla, al piano, y Raúl Rodríguez, a la guitarra, por cierto, ¡vaya pedazo de músicos!), Martirio demostró que no se necesita más, para llenar un escenario. En las casi dos horas que dura el espectáculo, van cayendo, una tras otra, todas las magníficas canciones que la han hecho tan grande: desde aquellas primeras composiciones de Kiko (“El productor”, “Madurito interesante” o “Estoy mala”) hasta sus personalísimas versiones de los clásicos de la copla de toda la vida: “Ojos verdes”, “La bien pagá”, “Mi marío” o la extraordinaria “Torre de arena”, con unos arreglos jazzísticos que la convierten en uno de los momentos álgidos del concierto. Pero hay mucho más en estos conciertos de aniversario. Hay homenajes nada velados. Por ejemplo, a Carlos Cano (“María la portuguesa”); a Carlos Gardel (“Volver”) a Miguel de Molina (“Compuesta y sin novio”), a su Huelva natal (alucinantes esos “Fandangos” de Toronjo casi a ritmo de rockabilly) Hay, como ya hemos dicho, copla, hay jazz, hay flamenco, hay tango, hay bolero, hay son, y hay mucho, pero que mucho, swing. Y sobre todo, lo que hay, es sentimiento a flor de piel. Todo esto, metido en una coctelera, bien agitado, mezclado con una pizca de humor, otro poquito de cabaret, un chorrito de complicidad con el público, buen gusto a raudales, y una voz que se sabe heredera de toda una tradición y que emociona como pocas; todo esto, repito, bien mezclado, y servido en un teatro, se llama Martirio. Y uno sale del concierto con la sensación de que ha asistido, por un instante, a un ritual único, y que por allí, por la semioscuridad de aquel teatro, se ha visto pasar a Billie Holiday y a Concha Piquer y a Carlos Cano y a Nina Simone y a Compay Segundo y a Pericón de Cai. Y uno sale de allí con un regustillo en la boca y unas cosquillas en el estómago que, si no lo son, se parecen mucho a la felicidad.
Y el próximo cinco de noviembre, en Salobreña. Allí estaremos.